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Vámonos que nos vamos [Viaje entre islas, P.A.] - Stroud Nanashi - 12-10-2025 [Isla del Kárate,
día 23 de otoño,
año 16]
El aire cálido del amanecer aún conservaba el aroma del incienso quemado en los templos durante la noche. La Isla del Kárate despertaba poco a poco, a un ritmo aparentemente menos frenético que el de Roshwan. Pese a que ya amanecía, apenas se podía ver a nadie por los puertos; la isla se tomaba las cosas con calma, desperezándose tranquilamente antes de comenzar su día. A lo lejos, se podían oír los tambores taiko de los templos despertando a sus habitantes. El muelle, cubierto de humedad, relucía como un espejo, solo interrumpido por las huellas oscuras de quienes caminaban sobre su superficie. De las casas cercanas empezaba a emanar el olor de arroz cocido y sopa, la base de comidas como el desayuno. El palo mayor del Royal Quiver chasqueaba con el estandarte azul de la Marina, rígido ante la brisa del sureste, que a su vez disipaba la densa niebla que se había formado durante la noche, fruto de la enorme humedad. Mientras los demás dormían, Stroud Redgrave salió a cubierta, desperezándose y deseando haberse traído un barril de café desde Roshwan. Tal vez no fuese mala idea agenciarse un poco antes de partir, ya que, de todas formas, era buena idea reponer provisiones. Permaneció allí durante algunos minutos, dejando que el aire frío del amanecer lo despertase del todo, sus manos ceñidas a la barandilla. Comprobó que un par de cabos críticos siguiesen firmes, en su sitio, extendió el tablón de madera y bajó al puerto. Aún eran pocas las tiendas que habían abierto, pero las del puerto eran siempre las primeras. En cualquier isla con cierto bullicio, el puerto era siempre la zona más atractiva para un comerciante: era donde surgían las necesidades de última y de primera hora, donde los marineros llegaban a horas intempestivas, donde nuevos navíos repletos de necesidades que cubrir llegaban en cualquier momento. Stroud extrajo del bolsillo delantero de su camisa una pequeña lista, lisa y perfectamente doblada, como hacía él las cosas, y la recorrió de arriba a abajo. No era demasiado larga, pero más les valía tener provisiones de sobra a bordo, por si la travesía se alargaba inesperadamente, o por si no podían comprar algunas cosas antes de partir de Samba. Previsión, previsión, previsión. Al cabo de un par de horas, junto al Royal Quiver se acumulaba toda la compra de Stroud: un pequeño contenedor de aceite para lámparas, un pequeño cargamento de sal marina, tres barriles de agua dulce, dos barriles completos de raciones navales, llenos de galletas duras, carne salada, pan de centeno y frutas deshidratadas, y, finalmente, un saquito de café. En aquella isla, conseguir todo aquello a buen precio resultaba infinitamente más sencillo que en Roshwan, comprensible dada la abundancia de recursos como aquellos. De dos en dos, Stroud fue cargando todos los barriles, debidamente marcados con el sello de la Marina, en el Royal Quiver. Moja llegaría de un momento a otro, y debían estar preparados para partir lo antes posible.
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RE: Vámonos que nos vamos [Viaje entre islas, P.A.] - Moja - 12-10-2025 El amanecer bañaba el puerto con una luz dorada suave, filtrándose entre las nubes bajas como si el cielo despertara junto con los barcos. El aire olía a sal, madera húmeda y cuerda recién tensada. En medio de la actividad cotidiana, pescadores preparando redes, marineros cargando suministros, gaviotas revoloteando con chillidos, Moja caminaba en silencio, su paso firme marcando un contraste con el bullicio a su alrededor. Vestía su uniforme impecable, con la capa doblada sobre el hombro izquierdo y su mochila de lona perfectamente asegurada. Cada botón brillaba, cada pliegue estaba en su sitio. No había dudas en su andar. En su bolsillo interior llevaba la carta, arrugada por el tiempo, pero aún legible: “Soldado Moja, se le ordena incorporarse a la División 84. El Barco partirá hacia el Reino de Samba el día señalado. Preséntese en el puerto al amanecer.” Frente a él, destacando sobre los demás buques, se alzaba el Royal Quiver, con su casco blanco y azul cortando la niebla matinal. Sus velas estaban recogidas, pero todo en la embarcación transmitía preparación. Al pasar junto a la entrada del pequeño mercado pesquero, un hombre mayor, de piel curtida por el sol y el salitre, levantó la mano en señal de saludo. Era Taro, un pescador con quien Moja había intercambiado pocas palabras, pero suficientes para ganarse un respeto mutuo. -Así que hoy te vas- dijo el hombre, sujetando una red enrollada al hombro. Moja asintió. -Sí. División 84- Su voz era serena, sin adornos. Taro lo miró unos segundos y luego soltó una pequeña risa por la nariz. -Siempre tan directo. Que el mar no te trague, soldado- -Tampoco pienso dejar que lo intente- respondió Moja, con una leve inclinación de cabeza que en él equivalía a una sonrisa. La despedida no necesitó más palabras. Un simple gesto, firme y breve. Ambos sabían que, en el puerto, las despedidas largas se disuelven como espuma. Moja continuó su camino hasta la pasarela del Royal Quiver. Subió al barco sin mirar atrás, con el ritmo exacto de quien avanza hacia una misión más, ni glorificada ni temida. Una vez en cubierta, se ubicó en un costado, cerca de la barandilla, y observó en silencio cómo el puerto comenzaba a hacerse más pequeño. Las sogas se soltaron, las velas se abrieron con un golpe seco, y el Royal Quiver empezó a avanzar lentamente, rompiendo la superficie tranquila del agua. El viento marino golpeó el rostro de Moja. No sonrió, pero sus ojos se mantuvieron fijos en el horizonte, donde el Reino de Samba esperaba. Una nueva etapa comenzaba, y para él, era tan clara como una orden escrita. Sin discursos. Sin rodeos. Solo rumbo y deber. RE: Vámonos que nos vamos [Viaje entre islas, P.A.] - Kibai - 12-10-2025 Kibai abrió los ojos al notar los primeros rayos del sol sobre su rostro. Aunque la niebla había colaborado a que la noche fuese relativamente fresca, a comparación con Roshwan era un auténtico placer el pasar la noche al aire libre. Tumbado cuan largo era sobre el bauprés del Royal Quiver, la marea matutina mecía suvemente la nave, mientras un cielo que ya estaba acabando de despejarse y una suave brisa de Levante parecía animar a la División 84 a partir. Poniéndose en pie de un salto, el mink se apresuró a trepar por el cabo que unia el foque al bauprés para llegar hasta la altura de la vela y contempló el horizonte. El cielo se mantenía en un perfecto azul, sin asomo alguno de nubes hasta dónde alcanzase la vista, con las aguas cercanas a la isla agitándose pausadamente, reflejando la luz del sol en brillantes tonos verdosos. A su espalda, los últimos jirones de niebla parecían intentar agarrarse cerca de la montaña, pero durarían poco tiempo más. "Un día perfecto para zarpar" se dijo Kibai, mientras se quitaba la capa y la camisa, hacía un pequeño hatillo con ellas ayudándose del cinturón al que ataba a Raimei y lo dejaba caer a cubierta, varios metros más abajo. Casi al mismo tiempo que el improvisado bulto golpeaba las tablas de madera, el mink se lanzó de un salto hacia el agua desde lo alto del mastil, cayendo como una flecha contra el agua. El impacto fue prácticamente mínimo dado el gran movimiento del agua cerca de la nave, y la visibilidad bajo ella era perfecta. Kibai buceó varios metros hacia el fondo, tratando de maximizar el uso del oxígeno con cada brazada. No se quitaba de la cabeza su conversación con el sargento Stroud, hacía ya varios días. Si por algún casual él, u otro compañero que hubiese consumido algún tipo de Akuma no Mi caían al agua, daría igual que fuesen soldados rasos o el mismísimo Almirante de la Flota, se hundirían irremediablemente hasta el fondo, sin posibilidad de salvarse por ellos mismos. "Por suerte, no a todos los gatos nos disgusta el agua" pensó Kibai mientras se quedaba quieto viendo a un banco de peces de reluciente color plateado pasando por su lado. Con una idea repentina iluminándole la cabeza, subió a la superficie a coger aire, trepó a cubierta y agarró una de las redes que mantenían unidas las caja de suministros. Provisto de su nuevo equipo, Kibai saltó de nuevo al agua, antes de volver a zambullirse bajo la nave de nuevo con una vigorosa patada. Una vez estuvo a cierta profundidad, extendió la red ayudándose de su cola, y esperó con los ojos semicerrados, tratando de controlar la presión que comenzaba a crecer en su pecho. Cuando creía que ya no iba a aguantar más, su paciencia se vio recompensada cuando un banco de los mismos peces plateados nadó por delante de él. Agitando vigorosamente su cola, Kibai lanzó la red. Aunque la mayoría de peces se apartaron y consiguieron huir, uno de ellos no tuvo tanta suerte y se quedó enredado en los cordajes. Sintiendo que el pecho le iba a explotar, Kibai se apresuró a subir hacia la ya más intensa luz matinal que brillaba sobre su cabeza. Al romper la superfice del agua, tomó una intensa bocanada de aire y tosió varias veces, reprendiéndose mentalmente por haber esperado tanto. SIn embargo los coletazos que sentía contra su pierna pronto alejaron aquellos pensamientos de su cabeza. Sujetando firmemente la red, nadó hasta la escalera de madera del muelle y subió hasta tocar suelo firme. Sacudiéndose la cabeza vigorosamente, Kibai localizó al Sargento Redgrave, ya de pie sobre cubierta y le hizo un gesto con la mano señalando su captura. "Buenos días señor! Le apetece un pescadito para desayunar?" Sin embargo, cuando se disponía a subir a bordo, sus bigotes se agitaron al captar un olor muy distinto al resto, pero aún así, tremendamente familiar. Un aroma que hacía mucho que su olfato no captaba, uno muy parecido al suyo propio. Girándose sobre sus talones, Kibai vio a un otro mink, una pantera, de pelaje completamente oscuro, vistiendo con ropa de la Marina, que se acercaba a su dirección sosteniendo una capa y una mochila de lona. "Vaya, vaya," dijo Kibai cuando el otro felino se detuvo frente al Royal Quiver. "Esto si que no me lo esperaba para nada. ¿Eres el último integrante de la 84, no? Nunca hubiese pensado que fuésemos a ser dos. Desde luego esto hace el ciaje mucho más interesante..." Kibai cambió la red a su mano izquierda y se sacudió una vez más para acabar de liberarse de las gotas de agua que seguían adheridas a su pelaje. "Pero dónde están mis modales? Soy Kibai, es un placer. Tienes hambre? Acabo de pescar el desayuno. No es mucho, pero al menos es fresco, lo echaremos de menos dentro de unos cuantos días si no nos cruzamos a más peces..." RE: Vámonos que nos vamos [Viaje entre islas, P.A.] - Bertram Gaufrid - 12-10-2025 El joven arquero había llegado a Isla Karate a recoger al último integrante de la división antes de poner rumbo a Samba para su nuevo destino, ordenado por los superiores para avanzar hacia el Gran Line dejando atrás los pequeños problemas de los mares tranquilos y avanzando hacia tierras y aguas más peligrosas, con mayor presencia de amenazas y enemigos, y todos ellos más fuertes que los que se encuentran actualmente en el camino de los marines. Durante el tiempo que estuvieron esperando el arquero se limita a comprobar el estado de su arma y sus flechas, manteniendo un control exhaustivo de ello pues ya aprendió la lección de lo que ocurre si no cuenta con municiones en ese entrenamiento donde se ganó el apoyo de un contramaestre por su enorme voluntad y determinación, además de mantener su honor en todo momento. El barco permanece en el muelle mientras la división termina los preparativos, no pueden irse sin más, han de tener cuidado con las provisiones, el estado del barco y en cierta medida asegurarse que tienen todo a punto para el viaje, un descuido puede ser letal en determinadas situaciones. Mientras el resto buscaba descansar en la bodega, el joven cazador prefiere el aire libre, siendo que se acomoda en el puesto de vigía para dormir mientras su montura se encuentra en cubierta descansando pacíficamente en un lugar donde no estorba ni desequilibra el barco. Por costumbre el joven suele dormir relativamente temprano y se despierta temprano también, salvo que esté en situación de necesitar mantener turnos de guardia o en una cacería nocturna, cuando suele despertar más tarde para mantener un tiempo de descanso apropiado. Finalmente estaba por llegar el día de partida, siendo que Bertram se levanta temprano para ver a Stroud encargarse de reabastecer el barco mientras Kibai se dedica a pescar, en lo que llega Moja, el nuevo integrante de la división siendo saludado primeramente por Kibai. Bertram desciende a cubierta con calma y camina mientras se rasca tras la cabeza antes de decir -Bienvenido a bordo recluta, estos dos son los otros miembros de la división, marchamos todos a Samba para poner rumbo al Grand Line, espero estén todos listos, sir.- RE: Vámonos que nos vamos [Viaje entre islas, P.A.] - Stroud Nanashi - 12-10-2025 "¡No me vendría mal!," afirmó el Marine ante la oferta de Kibai. Un poco de pescado con pan de centeno fresco era un desayuno que le apasionaba, típico de Spider Miles. "¡Dame un momento, que lo estoy poniendo todo a punto!". Stroud terminó de colocar los barriles con provisiones en la bodega del barco, atándolos todos entre sí con un poco de cuerda y asegurándolos como pudo al suelo, permitiendo el menor movimiento posible. Era fundamental que la comida y, sobre todo, el agua potable estuviesen a salvo, o todo lo a salvo que se pudiese. Aquella goleta no era ningún monstruo de la navegación, pero Stroud sabía que tenía lo que hacía falta para la travesía que se les avecinaba. Dio un par de palmaditas sobre la pared de la bodega, como quien acariciaba la cabeza de un perro que se había portado bien, pensando en las reparaciones que necesitaría el navío una vez llegasen a Samba. Caminó hasta el otro lado de la lúgubre bodega, encendiendo un par de lámparas de aceite, y colocó su carpeta y su estuche de instrumentos náuticos sobre la superficie barnizada de la mesa, que, colgando de un par de cadenas y dos bisagras, podía plegarse y pegarse a la pared para optimizar el espacio. A falta de una cabina de navegación dedicada, aquel lugar le iba estupendamente. Levantó la vista, dando un golpecitos sobre el cristal del barómetro de pared y comprobando el nivel del mercurio, anotándolo mentalmente. La presión había bajado ligeramente, pero no lo suficiente para augurar una tormenta en la proximidad. Desplegó metódicamente sus mapas y la carta náutica, fijándolas con pequeñas piedrecitas para que no se moviesen, y comenzó a examinarlas con detenimiento, marcando con compás y regla paralela el rumbo hacia el Reino de Samba, trazando una línea recta entre las islas. No sería una travesía demasiado complicada. En su cuaderno de bitácora, anotó las coordenadas iniciales, el viento y la temperatura aproximada. A continuación, salió de la bodega, e hizo una pequeña lectura rápida con su sextante, midiendo la altura de una de las estrellas tempranas del día, calibrando su posición. Todo salía conforme a lo que había calculado. A continuación, caminó por la cubierta, comprobando las cuerdas del timón, la adecuada orientación de las velas, y observando el horizonte con su catalejo, evaluando la claridad del cielo y la dirección de las corrientes superficiales. Todo auguraba una travesía tranquila. Volvió a su improvisada cabina de navegación y anotó un par de detalles en su cuaderno, corrigiendo mínimamente algunos cálculos en el margen del mapa. Su lado más precavido le hizo marcar algunas potenciales rutas de emergencia en caso de que dieran con alguna tormenta inesperada; era fundamental tener una vía de escape, y más cuando él mismo se convertiría en un ancla en el instante en que cayese al agua. Limpiándose una gota de sudor que le caía de la sien, finalizó sus cálculos y suspiró, sus calculadores ojos oscuros recorrieron las cartas de navegación de arriba a abajo, asegurándose de que todo estuviese en su lugar. Finalmente, limpió metódicamente sus herramientas con un pequeño trapo antes de volver a guardarlas en su estuche. Por las rendijas de la bodega se colaban ya las luces más doradas y anaranjadas del amanecer, justo antes de que el sol brillase en todo su esplendor. Absorto como había estado en sus funciones de navegación, se percató repentinamente de que un par de voces conversaban arriba. Salió por las escaleras, y vio cómo llegaba el felino Moja, un mink más en la tripulación, junto a Kibai y Bertram, que le daban la bienvenida. "¡Parece que va con prisa!," afirmó, con su voz siempre característicamente monótona. "Bienvenido al Royal Quiver, soldado. Sargento Stroud Redgrave," se presentó cordialmente, haciendo un saludo militar y tendiéndole una mano firme. "Tienes café y galletas en la bodega, con el resto de provisiones. Partimos en nada, todos a sus puestos," dijo con una autoridad calmada, haciendo un ademán con la cabeza en dirección a los cabos y las velas. Deshizo el nudo de uno de los cabos de estribor, antes de colocarse tras el timón. "Con un poco de suerte, pasado mañana llegaremos a tierra. Bertram, verifica las amarras y libera el cabo de proa antes del próximo cambio de viento," comenzó a recitar, como si repasase una lista mental, mientras él mismo empezaba a poner el timón a punto. "Kibai, cuando notes el tirón, libera la escota de babor, que el casco no se incline más de la cuenta. Moja, ve recogiendo las defensas de costado y asegúralas en la bodega. ¡Partimos!". En cuestión de pocos minutos, el Royal Quiver salía del puerto de la Isla del Kárate, y la División 84 al completo finalmente ponía rumbo al Reino de Samba. RE: Vámonos que nos vamos [Viaje entre islas, P.A.] - Moja - 12-10-2025 La brisa marina era constante, húmeda y salada, golpeando suavemente el rostro de Moja mientras recorría la cubierta del Royal Quiver. El barco crujía con un ritmo predecible, como si respirara. Era un sonido que no distraía, más bien lo centraba. El olor a pescado rompió el patrón del aire salado. Moja giró ligeramente la cabeza, en la popa, Kibai, un Mink leopardo de pelaje moteado, se acercó a presentarse y ofrecerle un poco de pescado fresco. -Buenas, soy Antonio Montoya Jara, aunque todos me conocen como Moja.- se presentó la pantera. Acto seguido asintió con la cabeza al ofrecimiento de pescado del mink. Su estomago rugía con fuerza, ya que con las prisas no había tenido tiempo de desayunar. Mientras se acomodaba la capa sobre el hombro, escuchó pasos firmes acercándose, descendiendo a cubierta. Eran pasos pesados, pero seguros, de alguien acostumbrado a moverse en cubierta. Moja giró la cabeza ligeramente y un hombre de complexión robusta y cabello rojizo intenso, se aproximaba con un andar tranquilo. Moja lo reconoció al instante. Habían coincidido tiempo atrás cuando habían decidido su nuevo destino. Era la persona que le había entregado la carta hacía ya meses, un hombre eficaz, con buen instinto y mirada de cazador. Moja se enderezó y saludó con precisión militar. -Sargento Bertram. Es un honor servir bajo su mando.- De pronto el ultimo miembro que le quedaba por conocer a Moja, hizo acto de presencia. Era el sargento Stroud, era el navegante de la división, así que sus vidas dependían de su maestría a la hora de maniobrar el barco hacia nuestra nueva aventura. -Encantado sargento Stroud.- le respondió Moja a su presentación. No había mas tiempo para presentaciones o charlar. El sargento Stroud empezó con sus indicaciones. -Entendido, sargento.- Sin más palabras, Moja dejó a un lado su capa, ajustó las mangas y se dirigió a la borda. Las defensas colgaban aún, moviéndose suavemente con el vaivén del barco. Se agachó, revisó la primera cuerda y comenzó el trabajo con precisión metódica: soltar, subir, asegurar, enrollar. Cada movimiento era limpio y medido, como si siguiera un manual invisible. Era el momento de zarpar, comenzaba su nueva vida en la división 84. RE: Vámonos que nos vamos [Viaje entre islas, P.A.] - Bertram Gaufrid - 13-10-2025 El arquero vio como todos los miembros de la división parecían estar ya presentes en el Royal Quiver, el fiel navío que los acompañará al principio de su aventura, siendo que más adelante podrían mejorar la embarcación para poder aguantar mejor los viajes entre las islas del nuevo destino que les espera. Una vez se encuentran todos en cubierta Moja se presenta de forma formal y respetuosa como un verdadero miembro de la marina, algo que el primer marine que vio combatir Bertram no poseía para nada, seguramente por la falsa sensación de poder que le daba su familia en la isla. Es el típico marine que apenas gana confianza de la gente y solo se ve rodeado de gente que quiere aprovecharse de su posición. Mientras se presentan Kibai parece ofrecer pescado a todos los presentes, aunque en el caso del pelirrojo no tiene hambre todavía y no cree es momento de desviar la atención y quedarse a cocinar, toca preparar el barco para partir. Bertram al ver el saludo que le dirige Antonio responde con el saludo militar diciendo -Es un honor tener un soldado fiel y tan diestro bajo mis órdenes. En esta división la jerarquía viene dada por la organización, pero todos tienen derecho a dar su opinión y a corregirme, no tengo la respuesta a todo y siempre estaré abierto a vuestras aportaciones, sir.- Tras eso Stroud empieza a dar órdenes de como manejar el barco para el viaje, siendo que la llegada está prevista para dentro de dos días. Sin perder tiempo el pelirrojo empieza a comprobar todo lo que le indica el navegante y se prepara a partir, ya queda poco para adentrarse en una de las travesías más complicadas según los rumores. Una vez tiene todo en su sitio el joven arquero se rasca tras la cabeza y se coloca en el palo mayor observando el horizonte, esperando que el viaje sea tan tranquilo como el de partida de Roshwan. RE: Vámonos que nos vamos [Viaje entre islas, P.A.] - Kibai - 13-10-2025 Kibai se crujió las falanges, haciendo amplios círculos con ambos brazos para desentumecerse. "Al lío pues!" Apoyándose en el suelo con las cuatro extremidades, dio un salto hacia la jarcia de babor y empezó a trepar por ella hasta la altura de las velas, dónde aguardó sentado a que el cabo que unía el Royal Quiver al muelle fuese liberado para que la nave puediese zarpar. Desde su particular buena posición, Kibai echó un último vistazo hacia la Isla Kárate. Si todo iba bien, pasaría mucho, mucho tiempo hasta que volviese a navegar aquellas aguas. Cuando el sargento Gaufrid soltó el cabo de proa, el mink comenzó a soltar los nudos que matenían las velas recogidas contra el palo mayor. En cuanto el familiar chapuzón del cabó resonóen sus oídos, Kibai cerró los ojos, ocncentrándose profundamente para notar mejor la próxima ráfaga de viento. A los pocos segundos, los pelos de su espalda, aún húmedos por su chapuzón mañanero, se erizaron al notar la brisa que venía de Levante. Con una sonrisa, soltó los cabos, desplegando la vela mayor, que con un satisfactorio crujido extendió el símbolo de la Marina en toda su superfice. Acto seguido, valiéndose de los stays que sujetaban los dos palos, pasó a hacer la misma maniobra con el palo de mesana. Agarrándose del mástil para mantener el equilibrio, el mink bajo la mirada hacia cubierta, dónde el Sargento Stroud, dándole la espalda, se afanaba en maniobrar el timón mientras el hipopótamo mascota del sargento Gauffrid parecía mantener su talante calmado, bien posicionado en el centro de la nave para no comprometer su equilibrio. Kibai, satisfecho de ver que todo iba (nunca mejor dicho) viento en popa, soltó su acostumbrado rugido al cielo para anunciar la partida de la Dvisión 84. "Velas desplegadas, señor, partimos hacia Samba! Y después, al Grand Line!" RE: Vámonos que nos vamos [Viaje entre islas, P.A.] - PX-5 - 13-10-2025 Resultado del viaje:
Zona:
- Blues: 4
Navegante:
- Stroud (Navegante 1): -2
Barco:
- Goleta: -1
Riesgo total: 1
- La Goleta sufre 1500 PVs (3000 - 1500 = 1500 PV restantes) -
Cierro petición y tema.
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