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Estimados pasajeros en los próximos minutos anclaremos en Samba :: Presente Absoluto - Maria Merlot - 13-10-2025 Narrador / María Merlot
Día 24 de Otoño, año 16. ………………………………. “Estimados pasajeros, capitanes de vuestra propia aventura en este mar azul. Aquí su anfitriona, Mai Dai, con un anuncio especial, y que nos entristece y alegra en partes iguales. Tengo el placer de informarles que hemos llegado a aguas territoriales del Reino de Samba. Si salen a cubierta podrán observar la isla, cuyo principal atractivo es el rio kilométrico que la divide en dos. También encontrarán frondosas selvas y los mejores productos a base de Caña de Azúcar. Recuerden empacar sus pertenencias y disfrutar de los últimos minutos de nuestra travesía. Los invitamos a pasar por nuestros agentes de viaje y reservar desde ya para próximas salidas. Pi Pii Pii Estimados pasajeros, aquellos con mascotas a bordo, deben recogerlas por la puerta de desembarque #6.” ¿Dónde está María? En su habitación. La travesía había sido mágica, y aunque fue rápida, ella la sintió muy lenta, pero ya estaban a punto de desembarcar, por lo que se ducho, recogió el cabello en una cola alta, se puso la camisa morada que su Hermano Jurado (Jensen Valentine) le regaló con una frase en letras mayúsculas que rezaba:
“TENGO UN HERMANO LOCO, Y NO ME DA MIEDO USARLO”
Luego se puso uno de los dos pares de botas reforzadas que había en su maleta, en cada bota se guardó una daga, y el tanto en la parte de atrás, muy bien escondido entre su ropa. En la parte de abajo llevaba un pantalón corto que dejaba al descubierto sus largas y preciosas piernas; y una que otra escama azulada; fue en la cinturilla del pantalón dónde se colocó los guantes.
Ella venía de vender sus armas antiguas, esas no le servirían de nada porque aún no era lo suficientemente fuerte para maniobrarlas pero logró adquirir otras por un buen precio y mejor ajustadas a sus capacidades físicas. Flash Back. 30 Minutos antes. La chica se quedó viendo sus dos maletas por un largo rato, no podía cargar con tanto, no era práctico, así que decidió pasar por la casa de empeño que había en el Crucero para realizar unas transacciones antes de desembarcar. Así llegó al sitio, rodando una maleta en cada mano. Al entrar el olor del humo la hizo estornudar. ¿Qué manía tienen con fumar? Bajo el mar esos hábitos no se veían.
— ¿Holaaaaaaaaaaa? — llamo, el sitio estaba vacío, obviamente todos debían estar en cubierta viendo aparecer la Isla del Reino de Samba. La mujer caminó hasta llegar a la barra de atención e hizo sonar la campanita… varias veces, pero con melodía. — Ya, ya. Una sola vez es suficiente aunque eso sonó muy armonioso, Señorita — dijo un desgarbado hombrecito que salió "de quién sabe dónde" con un cigarro en la boca, así que de ahi venia el olor. — Gracias, Buen Viejito. Quiero vender algo… — dijo yendo al grano con una gran sonrisa, tomando una de las maletas y colocándola sobre la mesa — Una espada, un Tanto, botas, guantes, daga… y la maleta también. Todo de muy buena calidad, y con enorme valor sentimental, tanto que mi corazón se quedará aquí. Es más espero poder recuperarlas a mediano plazo, quizás dentro de uno o dos años, si puede guardarlas hasta entonces, se lo agradecerá mi achicopalado corazoncito por toda la eternidad... — solicitó, la sonrisa fácil habia desaparecido y quedo fue una mirada distante, como si pensará en algo sobre el futuro incierto. Todos habían hecho sacrificios y este era el suyo. Así fue como vendió aquello que valoraba... y a cambio le recomendaron otras piezas protección y defensa personal que mejor se adaptarían a ella. Claro ella no iba a pelear con nadie, pero si debía defender a sus nakamas debía ir preparada... Fin del Flash Back
RE: Estimados pasajeros en los próximos minutos anclaremos en Samba :: Presente Absoluto - Odeth - 13-10-2025 Ok-¿Pero a ti cuando te va a entrar en la cabeza que no quiero nada contigo? mira que he intentado ser maja, pero lo tuyo pasa limites de intensidad.
Mire a Juancho con un ramo de rosas en la mano y al girar mi cara mi el reino de samba... ¡por fin!
Estimados pasajeros, capitanes de vuestra propia aventura en este mar azul. Aquí su anfitriona, Mai Dai, con un anuncio especial, y que nos entristece y alegra en partes iguales. Tengo el placer de informarles que hemos llegado a aguas territoriales del Reino de Samba. Si salen a cubierta podrán observar la isla, cuyo principal atractivo es el rio kilométrico que la divide en dos. También encontrarán frondosas selvas y los mejores productos a base de Caña de Azúcar. Recuerden empacar sus pertenencias y disfrutar de los últimos minutos de nuestra travesía. Los invitamos a pasar por nuestros agentes de viaje y reservar desde ya para próximas salidas.
Pi Pii Pii Estimados pasajeros, aquellos con mascotas a bordo, deben recogerlas por la puerta de desembarque
-¡¡CAPITAN!! ¿Dónde estas? Sali corriendo en busca de mi equipaje para poder cambiarme y recoger, se veía bonito desde el crucero el reino … ¿Cómo será en verdad ?
El pobre Juancho me miraba triste... pero mi corazon no le iba a pertenecer nunca, pobre Juancho espero que encuentre a alguien que lo quiera de verdad. Mi corazón daba vuelcos de adrenalina y alegria , un sitio más que conocer, nuevas caras , comida , ropa diosss me muero por algo de buena comida, aprender ¡nuevas recetas ! Cosas nuevas que poder hacer en el barco.
¿Donde iremos ? No lo sé pero me moría de ganas de saltar ya del barco y verlo todo. Las tiendas, los restaurantes, las plazas, la selva y las plantaciones de caña de azúcar. Ya me sentía como toda una pirata, dejando corazones rotos en cada puerto.
RE: Estimados pasajeros en los próximos minutos anclaremos en Samba :: Presente Absoluto - Onizuka Jin - 13-10-2025 Día 24 de Otoño.
Año 16.
Actualidad.
Los rayos de sol no alcanzaban donde el pelinegro se encontraba, una vez más, en su camarote. La desnudez lo acompañaba junto a una mujer que todavía se peleaba para encontrar las prendas de ropa que quedaron por el suelo después de todo el revolcón de aquella noche. Ahora se encontraba todavía medio dormido, boca abajo, con un "Mmmm..." como queja por la falta de sueño. La risita de la mujer mientras terminaba de acomodarse su sujetador lo hizo removerse un poco más en la cama, incorporando ligeramente su espalda. Su pecho se encontraba al descubierto, su rostro estaba cargado de sueño, pero nada amenazante, solo las características ojeras que ya lo acompañaban desde... Ya ni sabía cuándo, probablemente su infancia. ![]() —¿Qué hora es?
Su voz, profunda y seria, captó la atención de la mujer, quien ahora se acomodaba la camiseta, con las piernas completamente al descubierto. —No sé, quizás ya sea primera hora de la mañana. Parece que pronto llegaremos a tierra firme. — Se volteó, poniéndose boca arriba en la camita del camarote, con un brazo sobre su frente, palpando el escritorio hasta encontrar su Den-Den Mushi. Tenía que dar aviso a su jefe, pero no mientras estuviera esa mujer en su camarote. Solo contempló el objeto por algunos segundos antes de dejarlo a un lado de la cama, sentándose en ella y ahora palpando para alcanzar su cajita de metal, abriendo para contar con el sueño la cantidad de cigarrillos que le quedaban para reponer más. —¿Le espera alguien, Onizuka-san? Quizás podríamos volver a vernos y tener una cita si... —Soy un hombre ocupado. — su falta de empatía fue brutal, suficiente para que la mujer comprendiera que no estaba siendo deseada fuera de su cama, solo lo vio encender el cigarrillo, con toda la naturalidad del mundo, antes de una sonrisa algo más vacía. —De todas formas... Llevo un local no muy lejos de aquí. Si cambia de opinión estaré encantada de recibirlo. Lo único que recibió como respuesta esta vez fue silencio, mientras Jin finalmente sacaba las piernas de las sábanas, revelando por completo su desnudez, nada que no hubiera visto la mujer, con los kanjis de su clan tatuados tras su espalda como si fueran su propia piel, algo que había hecho su propio jefe tiempo atrás. ![]() —Vete. Tengo que hacer una llamada. La mujer terminó de vestirse, abandonando el camerino, no sin antes lanzarle una sonrisita triste. —Hasta la próxima. Jin inhaló el humo en sus pulmones, sacudiendo la mano despreocupadamente como despedida, ahora marcando el Den-Den Mushi, directamente a su jefe. —Estoy por llegar a Samba. — mientras hablaba, encontró sus propios calzoncillos, poniéndoselos mientras esperaba la respuesta al otro lado del aparato. —Ha sido rápido. —Ha parecido una eternidad. — la confianza ahora no parecía la misma de cuando se habían visto en persona, sino mayor. —Nuestros hombres de Samba te estarán esperando. ¿Tienes al cirujano contigo? —Vinimos en el mismo barco, pero no hablamos de negocios. Había demasiados turistas y aparentemente un par de imbéciles que lo conocían. Hay que mantener el perfil bajo para pasar desapercibidos. ¿Lo necesitabas? Estará en su camerino, a saber. Se volvió a olvidar de mi cara. Desde el Den-Den Mushi solo hubo un silencio, uno más largo de lo previsto. —¿Estás seguro de que merece la pena alguien que parece olvidarlo todo? —Lo he visto trabajar, y también sus productos. No lo habría contratado si no fuera el caso. Parece que cuando se trata de trabajar no se le pasa una, pero cuando se trata de reconocer rostros es un desastre. Tomó sus propios pantalones del suelo, escuchando ahora pasos fuera de su camerino. terminó de acomodarse el traje, calmado, paciente, pasando los dedos por su cabello para que quedara perfectamente peinado, su aspecto impecable de siempre. —Bien, cuando te hayas reunido con los hombres avísame de nuevo. — no dio respuesta alguna, la orden ya estaba dada, solo terminó la comunicación, acomodándose la corbata frente a un espejo. Como de costumbre, impecable, sin una sola arruga en su ropa, un hábito adquirido al que se había habituado. Salió finalmente del camerino, terminando de dar la última calada a su cigarrillo mientras ascendía escaleras arriba, donde en un inicio se había encontrado con el resto. Se acercó a uno de los laterales, pudiendo sentir el olor del mar, escuchar el sonido de las olas de forma más clara que estando encerrando. La brisa se sentía agradable. Algo extraño, no estaba habituado a la tranquilidad, a no tener a mil ojos tras su espalda. Pero por supuesto, aquello iba a durar poco. Sus ojos pudieron ver la isla en la lejanía a medida que el barco se acercaba cada vez más y más. Pronto debería encontrarse con los hombres que lo esperaban allí, buscar a Hyákinthos y una excusa para separarlo del resto. Solo pensar ya en todo lo que debía hacer nada más bajar ya lo cansaba. Siempre parecía ser un hombre que solo se escudaba entre otros, pero siempre tenía que mover los hilos, moverse de un lado a otro, preparar que no hubiera errores y, en caso de haberlos, tenía que limpiarlos. Dejó caer su cabeza, viendo las olas, la voz saliendo de un megáfono en forma de Den-Den Mushi que anunciaba que la llegada estaba cerca. Lo único que tenía que hacer era tomar sus armas y tomar su cofre, luego encontrar a Hyákinthos y todo acabaría... Ya habían pasado unos días que se le hacían ahora demasiado cortos. RE: Estimados pasajeros en los próximos minutos anclaremos en Samba :: Presente Absoluto - Thrym - 13-10-2025 El sol de otoño entraba por los ventanales del crucero con un brillo cálido que pintaba el comedor en tonos dorados. Era el mediodía perfecto, hora en la que el cuerpo empieza a pedir comida incluso si ya comiste hace poco… y por suerte para mi, esta no era una de mis preocupaciones: Tenia el estomago contento, ocupado, y en paz. Frente a mí se extendía un banquete que habría hecho llorar de emoción a cualquier hombre famélico: langostas recién hervidas, filetes de pescado tan blancos como la nieve, camarones del tamaño de mis pulgares y una montaña de arroz con mariscos que parecía pensada para alimentar a una familia entera. Una familia humana, claro. Para mí era apenas un buen almuerzo. Mientras partía una cola de langosta con los dedos, miré por la ventana y ahí estaba, majestuosa en la distancia: la silueta del Reino de Samba. Habíamos estado navegando dos días completos desde que partimos, y si algo aprendí en este tiempo es que el crucero era tan lujoso como lento. No me molestaba, en realidad. Tenía comida, cama, y camisas hawaianas limpias, así que no podía quejarme. Hacía unas horas, antes de venirme al buffet, ya había hecho mis cálculos: con las corrientes del suroeste y la velocidad del barco, llegaríamos justo después del almuerzo. Así que, como buen previsor, ya tenía mi equipaje listo. No es que tuviera mucho: entre el hacha; mis elementos de navegación y un pequeño saco de ropa, ahora lleno con camisas hawaianas, la carga se aligeraba bastante, pero me gustaba sentir que no dejaba nada tirado. Claro que, conociendo a mis compañeros, había un 99% de probabilidades de que terminara cargando también sus valijas. Miré una vez más por la ventana, viendo cómo el barco comenzaba a girar suavemente para alinearse con el puerto. Ya casi llegábamos. Me pasé una mano por la barba, satisfecho, y terminé lo que quedaba en el plato. —Bueno… ya va siendo hora del desembarco.— Dije para mí mismo, empujando hacia atrás la silla y dejando escapar un pequeño eructo satisfecho. Me levanté con calma, dándole una última mirada a la isla que nos esperaba. RE: Estimados pasajeros en los próximos minutos anclaremos en Samba :: Presente Absoluto - Hyákinthos - 13-10-2025 En el casco blanco del barco el sol ilumina a los viajeros, les anuncia de un nuevo día y, con ello, la voz proveniente del megáfono se alza para comunicar lo que, para los simples turistas es el fin de la diversión en el mar; sin embargo, para él, es el inicio real de la aventura.
No durmió, algo que puede notarse en las ojeras ocultas tras el vidrio de los lentes. No fue por nervios, fue simple estrategia, después de todo, si la noche anterior se hubiera atrevido a cerrar sus ojos, sería imposible estar despierto ahora, más estando en una habitación individual, en donde nadie se tomaría la molestia de sacarlo del mundo de los sueños.
Sus cosas estaban recogidas en las maletas que trajo consigo, de hecho, durante el viaje, lo único que movió de su sitio fue la ropa que se cambió durante su estadía en el crucero, asegurándose de que el dinero, sus guantes de pelea —los caros— y sus insumos médicos permanecieran lo más seguro posibles, aun así, dio un último vistazo a sus cosas antes de atreverse a pensar si quiera en salir.
Los rayos entraban por la ventana y, desde ahí, podía ver el puerto de una isla que se le hacía vagamente familiar. ¿Acaso había estado antes ahí? Olvidó revisar su libreta de notas, en donde anotaba sus recorridos a cada isla y ahora no era el momento, porque más temprano que tarde el barco anclaría en puerto.
Suspiró y, por última vez, se recostó en la cómoda cama del crucero, al mismo tiempo que sus dientes se aferraban con fuerza a la piel de su labio inferior. Su mente, aunque vaga, aún tenía presente el plan de zarpar desde Samba hacia mares más peligrosos, pero, aunque no pudiera recordar las caras ni nombres de los compañeros que se supone que viajarían con él, no podía evitar preguntarse si en verdad estaban listos, si en verdad eran un grupo, porque, a fin de cuentas… ¿Cómo es que sus apariencias se deslizaban tan fácil de su mente aún? Si fueran más unidos… ¿Los recordaría? Incluso aún podía discernir los rostros, aunque borrosos, de esa antigua tripulación que traicionó hace años.
El sabor de su propia sangre, sumado al sonido de la sirena del barco, anunciando su próximo arribo a puerto, lo hizo reaccionar. Por impulso se sentó en la cama y, antes de ponerse en pie, rebuscó en el bolsillo de su pantalón un frasco con perfume de menta que, nada más con abrirse, llenó el cuarto con un fuerte olor a menta y, a pesar de que sería algo notable para la mayoría, el pelirosa se vio obligado a llevar el producto directo a su nariz para inhalarlo hasta que su cerebro estuviera satisfecho con la acción y su cuerpo decidiera que era el momento ideal para salir al pasillo.
Cerró bien la puerta de la habitación y, sin saber en realidad hacia dónde dirigirse, tomó cualquier dirección por el pasillo hasta encontrarse con un grupo de gente a la que simplemente decidió seguir, no por nada peligroso, solo porque supuso que, al igual que él irían a cubierta o, en su defecto, al restaurante.
Pronto estuvo en la cubierta, recostado al barandal, fijándose en el ir y venir de las olas y luego en las nubes blancas como el algodón. Parecía un buen día para desembarcar, por ello, decidió que, aunque sus manos estuvieran cubiertas con guantes de combate y calzara unas botas de cuero para el mismo fin, se relajaría, a fin de cuentas, si nada los molestó durante el viaje, nada los molestaría ahora, así que podía darse el lujo de relajarse antes de que tocaran puerto oficialmente. Solo había algo que faltaba: encontrarse con su tripulación.
—Jmmm —. Su cabeza se movió en busca de rostros conocidos, una misión que falló casi tan pronto como empezó; sin embargo, lejos de alterarse, se quedó en la baranda del barco, cruzado de brazos y esperando a que, por obra y gracia de alguna entidad superior, alguien de su tripulación pudiera reconocerlo y llevarlo de la mano hasta…hasta…bueno…a donde fueran a arribar.
RE: Estimados pasajeros en los próximos minutos anclaremos en Samba :: Presente Absoluto - Lucarne Ashveil - 13-10-2025 El hombre apoyo sus codos sobre la baranda del crucero. La brisa marina le despeino un poco y sus ojos dorados se perdian en ese horizonte tan intrigante como hermoso. En los altavoces se escuchaba la señal de llegada hacia su destino. El reino de Samba, se distinguía a la vista. Una extensión verde y dorada dividida en un rio inmenso hasta perderse en montañas. A sus ojos, aquella isla tenia toda la pinta de estar viva. La fuerza de la selva, la dulce caña de azúcar y el sonido de tambores incesantes. Una maravilla. No era la primera vez que iba a pisar una nueva tierra, pero algo en esa isla le resultaba distinto. ¿Tal vez fuera la calma antes de la tormenta? Pues cada nuevo puerto siempre trae consigo peligros y experiencias por igual. Toda belleza escondía filo: Y el reino de Samba, aunque aparentemente alegre no iba a ser la excepción. A su alrededor, el bullicio aumentó de golpe. Los pasajeros corrían de un lado a otro recogiendo equipaje, permaneció quieto. A lo lejos, visualizó rostros familiares: Onizuka Jin, impecable como siempre, siempre fumando como si fuera chimenea; Hyákinthos, recargado en la baranda, posando como modelo francés. Y por último Maria, Odeth y aquel gigante que casi usa el crucero de tabla de surf. « ¿Que les esperaba...? » El viento movió su dirección, invadiendoles con el aroma dulce del ron y la caña molida. Muy diferente a Kuraigana donde habitaba la soledad y olores de descuido. Enderezo su postura y ajustó la correa donde llevaba su espada. — Odeth... ¿Ya comiste? Te noto ansiosa. — Dijo, al saludarle. —Y vamos llegando — murmuró, con una media sonrisa que apenas curvó sus labios— Aquí es donde realmente todo comienza —. El altavoz volvió a sonar, indicando que el desembarco comenzaría por la puerta de estribor. Se aparto ligeramente de la puerta, esperando que sus compañeros estuvieran listos. — Oye Thyrm... No me digas que de verdad usaras ese exótico traje de Santa. — Dijo, muy en serio. — Jin, deja de fumar tanto tus pulmones van a necesitar haki a este paso — Le arrancó el cigarro y respiro hondo. — Merlot, mantente gordita y bonita — Posteriormente tomó la mano de Odeth, aunque era mucho más grande. — Te sientes perdida, pero hallarás el camino con nuestro respaldo. Eres importante, eres necesaria. No eres una ancla, porque sé que puedes elevarnos —. Y finalmente, abrazó a Hyak —Buen trabajo... Me alegra coincidir contigo en esta vida —. RE: Estimados pasajeros en los próximos minutos anclaremos en Samba :: Presente Absoluto - Maria Merlot - 13-10-2025 Narrador / María Merlot
………………………………. “Estimados pasajeros, capitanes de vuestra propia aventura. Aquí su anfitriona, Mai Dai, con un anuncio especial y esperado por todos ustedes. Hemos arribado a la isla del Reino de Samba. Les agradecemos desembarcar de forma ordenada por las puertas asignadas en cada boleto, no olviden retirar por la puerta #6 a sus mascotas. También, en nombre del Capitán Feliciano Happ, y su segundo al mando, Palomo Palomino, y de toda la tripulación, queremos agradecerles por habernos elegido para su viaje desde la Isla del Karate. Esperemos verlos en una próxima oportunidad. Disfruten su estadía en esta azucarada isla.” ………………………….. El sol brillaba, el día era precioso y qué mejor para observar que desde la cubierta el anclaje del gran navío. Estaba apoyada en la baranda con su maleta con ruedas a su lado, no había visto a sus compañeros de tripulación pero estaba bien, porque eventualmente siempre se encontraban, y la verdad es que el gigante era el faro de todos, el punto de referencia porque por su altura se veía desde cualquier sitio. El movimiento del mar la hizo pensar en el pasado, en lo que vivió hasta este punto de su vida. ¿Qué estaría haciendo Inarichan? ¿Dónde estaría cautivando con su flauta su Kami? ¿Rackham estaría cocinando a su tripulación? ¿Unnie estaría acariciando las cuerdas de su guitarra? ¿Rojo estaría pensando en ella? Tantas preguntas, pocas respuestas, lo cierto es que… posiblemente no se volverían a ver, y si lo hicieran todo sería diferente, las personas y las situaciones cambiaban, para bien o para mal.
![]() La mirada descendio a su camisa, el morado no combinaba con su cabellera azulada pero no le importaba, esa camisa era su objeto más valioso, porque se lo había regalado alguien desde lo más profundo de su corazón. Debía admitir algo, que saberse cerca de su hermano jurado la hacía sentir segura pero ahora estaba muy lejos, en una ubicación incierta. Solo esperaba que una vez del otro lado, sus caminos volvieran a cruzarse, es lo que más anhelaba en ese momento. Por ahora, solo tenía una misión, mantenerse cerca de Algodón de Azúcar, porque con su problema de memoria podría perderse en la multitud de Samba.
El barco atracó, los turistas empezaban a descender. María hizo lo mismo. En el muelle vio a Juancho quien le sonrió y le aseguro que tenía un amigo en su persona, que si volvía... le daría todos los descuentos que quisiera, y más si traía a la hermosa Odeth. Alguien sin duda quedó muy flechado por la oni, y no había forma de culparlo, porque ella era sublime. Viendo por encima de su hombro, intentó encontrar a alguien de su tripulación pero no veía nada distintivo. Hasta que la cabellera rosada hizo acto de presencia a lo lejos, lo que causó que una sonrisa se extendiera en sus labios. Camino entre la multitud, arrastrando la maleta consigo, y al llegar a su posición lo llamo — Algodón de Azúcar… Algodón de Azúcar… ¿Disfrutaste del viaje? Casi no te vi. ¿Por qué no fuiste a la piscina? Estaba deliciosa el agua, y habían frappes ilimitados me tome uno de fresa, durazno, limon, maracuyá… uno de chicle color celeste como mi cabello. Y uno de frutillas de color rosado como tu cabello — le comento con toda la adoración que le tenia mientras sus ojos ambar brillaban — ¡Yuju! … Algodón de Azúcar, aquí María Merlot, tu Preciosa Sirena — le comento por si se había perdido entre su diatriba mientras inclinaba la cabeza haciendo que su largo cabello recogido en una cola alta, cayera hacia un lado dandole una imagen celestial de su belleza al hombre olvidadizo. Ahora solo quedaba reunirse con los demás… y así fue, con Fantasma dando indicaciones y ella solo sonriendo bonita y gordita, aunque eso último si le resultó extraño... ¿Debía acaso comenzar una dieta? Salgo del Tema. Libero mi Presente Absoluto. RE: Estimados pasajeros en los próximos minutos anclaremos en Samba :: Presente Absoluto - Odeth - 13-10-2025 “Estimados pasajeros, capitanes de vuestra propia aventura. Aquí su anfitriona, Mai Dai, con un anuncio especial y esperado por todos ustedes. Hemos arribado a la isla del Reino de Samba. Les agradecemos desembarcar de forma ordenada por las puertas asignadas en cada boleto, no olviden retirar por la puerta #6 a sus mascotas. También, en nombre del Capitán Feliciano Happ, y su segundo al mando, Palomo Palomino, y de toda la tripulación, queremos agradecerles por habernos elegido para su viaje desde la Isla del Karate. Esperemos verlos en una próxima oportunidad. Disfruten su estadía en esta azucarada isla.”
El barco atracó suavemente en la costa, y al bajar, lo primero que me golpeó fue el aire cálido, cargado de sal y ritmo. La isla de Samba era un estallido de color y vida. Las casas, pintadas con tonos vivos —rojos intensos, amarillos brillantes, azules que parecían robarle el tono al mar—, daban la sensación de que todo estaba en constante movimiento, incluso cuando el viento no soplaba. El suelo parecía vibrar con cada paso, como si la música nunca dejara de sonar, aunque aún no la hubiera escuchado.Avancé por la calle principal con una sonrisa inevitable. Mis ojos iban de un lado a otro: puestos con frutas tropicales, telas danzando al viento, y aromas dulces y picantes que despertaban mi apetito. Mi estómago gruñó al instante; lo primero que pensé fue en probar algo local, quizás un plato con marisco recién pescado o alguna fruta jugosa que gotee azúcar al morderla. Mientras caminaba, decidí buscar algo de ropa. No necesitaba comprar nada, pero me gustaba observar. Las tiendas estaban llenas de camisas ligeras, vestidos con estampados imposibles, y sombreros tejidos a mano. Me imaginé vistiendo alguno de esos conjuntos, mezclándome con los colores del lugar, y por un momento casi me olvido de que solo estaba mirando. Los colores brillaban por todas partes, y entre las calles llenas de vida, un pequeño perro de pelaje dorado cruzó corriendo frente a mí, moviendo la cola con entusiasmo. Llevaba un pañuelo rojo al cuello y parecía tan feliz como los músicos que tocaban a lo lejos. Sonreí al verlo; su alegría resumía perfectamente el espíritu de la isla. Seguí mi camino, con hambre y curiosidad, rumbo a encontrarme con María Merlot bajo el sol de la tarde. Samba prometía aventuras… y algo me decía que la isla apenas estaba empezando a mostrarnos su verdadero ritmo. RE: Estimados pasajeros en los próximos minutos anclaremos en Samba :: Presente Absoluto - Onizuka Jin - 13-10-2025 Sus dedos de la mano libre frotaban sus ojos mientras terminaba de organizar mentalmente todo lo que tenía que hacer. Lo primero era encontrar a Hyákinthos, llevarlo consigo para mostrarle el nuevo laboratorio, hablar con él sobre los términos, los viajes que probablemente todavía se venían encima. En esos días había podido conocer mejor a otras personas. Mayormente se había intentado enfocar en aquellos inútiles que parecían conocer a Hyákinthos, enfocándose a quien llamaba “capitán”, o se hacía llamar de ese modo. Ashveil. En cuanto sus pies descendieran por Samba, él mismo se encargaría de buscar información sobre ese individuo. Dudaba que fuera secreto y, en caso de tener algo que ocultar, lo descubriría mediante los múltiples contactos que el propio clan conocía. Daba la última calada a su cigarrillo, ahora con la llegada cada vez más cerca. Sus ojos, afilados, con las ojeras dibujadas bajo sus ojos (algo habitual ya), solo veían cómo las personas se iban preparando, cuando él mismo ya había hecho aquello mismo con su cofre la noche anterior. No había mucho que reorganizar, además de sus propios Berries, sus armas y obviamente los objetos necesarios. Todavía tenía otros asuntos más que atender… Y una voz lo interrumpió. No, no solo era una, en realidad eran muchas más. Ashveil, aquel extraño que parecía apegado de alguna extraña forma a la Oni, incluso su mercancía. Había percibido con claridad una obsesión de llamar a Hyákinthos de ella por llamarlo “algodón de azúcar”. Ya ni mencionar las comidas infinitas de aquel gigante, conocido como Thrym. No es que hubiera podido hablar mucho con un gigante que a duras penas podía mirar sin alcanzarle parte de su pie de altura. La simpatía del gigante era legendaria, desde luego. En algún que otro momento lo llegó a imaginar con esos órganos, ¿cuánto costarían? Y más un tamaño como aquel… No había visto demasiados de semejante tamaño, sino más pequeños. Esos, por supuesto, fueron pensamientos que se guardó para sí mismo. Sopló el humo, escuchando a sus espaldas la voz de Ashveil dirigirse directamente a él. Sus ojos se voltearon en su dirección, en silencio, viendo que además le había incluso ahorrado el tener que encontrar a Hyákinthos. Lo miró de reojo, posiblemente, otra vez, se habría olvidado de él. Ya se estaba comenzando a habituar a aquella desagradable sensación. Tomó el cenicero, sin aviso alguno, tomando a la fuerza la muñeca de Ashveil. El cigarro entre sus labios, sin siquiera mirarlo directamente, y posicionó el cenicero en la palma de la mano del hombre. Sus ojos descendieron hasta la altura del menor. Pese a todo, su actitud se mantenía sorprendentemente calmada. ![]() —Escúcheme bien, jovencito. Para usted soy solo Onizuka.
Sopló el humo del cigarrillo directamente al rostro del joven, apagando el cigarrillo en la misma mano que había colocado el cenicero. No le faltaron ganas de apagarlo directamente en su piel y, sin embargo, era consciente de que aquello atraería atenciones indeseadas, más cuando estaban por terminar de bajar del crucero, donde había demasiados desconocidos. —Que sepa qué hago con Hyákinthos no le da usted derecho a tratarme como un amigo de toda la vida, así que cuide sus palabras. Lo que haga o deje de hacer con mi vida privada o mi negocio no es asunto suyo. Si quería romper el cigarro, lanzarlo contra el suelo, tirárselo a la cara e incluso insultarlo, eso resultaba completa y completamente irrelevante. Solo esperó a que el espectáculo terminara, tanto de Ashveil con Hyákinthos como la misma María Merlot, quien parecía una acosadora detrás de un hombre con problemas de amnesia. Los dejó por algún tiempo, yendo a por su cofre por cuenta propia, justo antes de irse, y se acercó a Hyákinthos, interrumpiendo a la mujer… o más bien a aquella mercancía que usaría más adelante. Por ahora las cosas tuvieron que retrasarse a consecuencia de la falta de orden de aquellos hombres que habían solo estropeado todo, por no mencionar el encuentro con Han, que solo había alargado las cosas a un punto de que su cliente ya había perdido la paciencia. Eso no significaba que hubiera dejado de servir, solo que el momento llegaría más adelante. ![]() —Hyákinthos.
Su tono de voz sonó casi autoritario, de forma inconsciente, la voz que tanto temía aquella mujer y el primer día la había hecho huir. Se acercó al pelirrosa, acercándose a su oído con calma. —Soy quien te contrató. Jin. — sí, de nuevo se lo recordaba, ahora ya habituándose de nuevo a ser olvidado, y no dudaba que seguramente aquel día había ocurrido otra vez. —Ven conmigo. Nos están esperando. No sabía si recordaría ese detalle, la preparación de todo antes de cualquier otra cosa. Se apartó, mirando de nuevo a la mujer, sin saber si huiría, sin apartarse ahora del pelirrosa. Había cosas que ya tenía que comenzar a mover. Los ojos se elevaron de nuevo ante el anuncio que llegó a continuación. Ya habían llegado. Cuando bajara con Hyákinthos, tenía que volver a llamar a su jefe, y hacer que hablara también con él. Una silenciosa promesa que debía acelerar antes de lo previsto, por mucho que no le agradase la idea. Por supuesto, no planeaba separarse de él, a saber si se volvería a perder por alguna parte, o si olvidaría siquiera que tenían que encontrarse. ![]() —Te guiaré para que no te pierdas, Hyak.
Y con eso, ya estaba más que listo para bajar del crucero, tomando su cofre, con los ojos siguiendo al cirujano que había contratado, prevenido de que tenía que tener una pequeña conversación con su superior. Su calma, como de costumbre, se mantenía intacta, incluso con el cansancio y la falta de sueño. Ninguna novedad.
Novedad sería quizás sea lo que fuere a ocurrir en esa isla... o en los días posteriores.
RE: Estimados pasajeros en los próximos minutos anclaremos en Samba :: Presente Absoluto - Hyákinthos - 14-10-2025 Pasos.
Murmullos.
Voces.
El movimiento de los pasajeros crea la sinfonía caótica del ir y venir de viajeros apresurados, ansiosos, emocionados.
Tantas personas, tantas caras y a ninguno lo reconoce.
O eso es lo que piensa hasta que alguien se le acerca con familiaridad.
Ahí están de nuevo esos cabellos celestes que con cada día que pasa se encargan de hacerse espacio en alguna esquina de su mente.
No…No es solo su cabello. Su voz, las irises del tono de un amanecer brillante, el rostro risueño. Verla de cerca le hace pensar que, poco a poco, se ha acostumbrado a su presencia etérea…si tan solo pudiera tenerla en mente por más tiempo.
—¿Algodón de azúcar? —Su actitud de modelo que parece posar para la cámara se esfumó en cuanto se separó de la baranda del barco y se señaló a sí mismo, confundido al escuchar un sobrenombre al que aún no se acostumbra del todo. —¿Te refieres a mí? —La chica le hablaba de frente, sin detenerse, mirándolo con una expresión que gritaba “emoción” y él…él solo la miró con curiosidad, ladeando su cabeza y escuchando con bastante atención las palabras que salían sin cesar de la boca de la peliceleste.
—Lo disfruté…o eso creo —. No podía decir que la había pasado mal, tampoco es que tuviera una opinión muy marcada sobre el viaje, mucho menos cuando había durado tan poco. —No fui a la piscina porque el sol ha estado muy fuerte, me hace daño…hace que mi piel se ponga roja…no me gusta cuando pasa eso —. Explicó con una voz tan tranquila como monótona. —En los restaurantes también había barra libre…pero creo que escuché personas quejarse porque la comida se acababa muy rápido…Me pregunto por qué habrá pasado eso…Se supone que es un crucero de lujo…debían prever la cantidad de pasajeros —. No es que en ese momento el pelirosa tuviera en mente al coloso pelirrojo como para hacer la sinapsis que llevaba a la explicación del “misterio” de la comida escasa.
Se quedó meditando la situación. La voz de la peliceleste se hizo lejana, ahora no era más que un barullo que con facilidad se confundía con el resto de las voces en el barco, hasta que…
“¡Yuju! … Algodón de Azúcar, aquí María Merlot, tu Preciosa Sirena.”
—¿Eh? —Esa “presentación” lo trajo a tierra. Su siempre nublada mente hizo conexión con la voz, con las palabras, con el nombre e incluso con la especie de la mujer que tenía frente a él. Algo en su cerebro hizo “click” al mismo tiempo que sus ojos se abrían ¿Por qué? Por impresión, por simple impresión, una que aun no comprendía, pero que significaría mucho los próximos días. Sus irises brillaron y, de pronto, a su mente vinieron escenas de un pasado no tan lejano en donde, en medio de las maderas viejas de un barco, en una “celda”, estaba sentado junto a la chica, simplemente hablando o quitándole algunas escamas brillantes de su espalda…entonces… ¿Ella es parte de esa tripulación tan dispareja?
—María Merlot —. Pronunció el nombre con lentitud, probando cada sílaba para, nuevamente, intentar memorizarlo…si recordó esos leves momentos en la tripulación, tal vez esta vez sí guardara en su memoria el nombre de la chica. —Mi bella sirena —. Tomó su mano con suavidad antes de plantarle un beso en el dorso de esta como si se presentara ante ella por primera vez. —Necesitaré que me hables más seguido, así tu preciosa voz permanecerá más tiempo en mi mente.
Alguien más se acercó también, de hecho, sin que se diera cuenta, pronto se vio rodeado de personas cuyo rostro tampoco recordaba pero que se comportaban con una familiaridad que lo hizo enseguida entender de quienes podía tratarse.
Fue en el muchacho moreno quien se fijó primero. Algo en él, en su voz, empieza también a resultarle tan familiar como con María y, ahí aparece de nuevo esa misma sensación, ese cosquilleo en su cerebro que hace que la densa niebla mental se desvanezca para dar paso a memorias recientes, cotidianas, cosas que no suele conservar por demasiado tiempo en su cabeza.
Un escalofrío lo recorre, más aún cuando las palabras del castaño se dirigen a la semi sirena a su lado… ¿Gordita? Él no la veía muy gorda, de hecho, le parecía que así estaba perfecta…Tal vez debía considerar hacer un expediente médico para cada miembro de la tripulación, así estaría más seguro de lo que iba a decir ahora.
—Merlot es bonita, pero no es gordita…tal vez necesite lentes…eh… ¿Capitán? —¿Cómo más llamarlo? A diferencia de la peliceleste, el nombre del chico no había sido pronunciado recientemente, por lo que brillaría por su ausencia en su memoria, aunque…tal vez la contextura de Merlot sería lo menos preocupante de todo.
Ahí estaba un sujeto de cabellos negros con aura intimidante. ¿Su nombre? Ni idea. ¿Lo conocía? Pues…no podía decirlo con exactitud. ¿Era parte de la tripulación? Estaba cerca, así que era probable, pero… ¿Por qué la necesidad de reaccionar tan arisco por un simple consejo? Y…un momento… ¿Había dicho su nombre?
—Onizuka entonces… ¿De dónde dice que me conoce? —Por inercia su mano se movió a su muñeca para apretarlo con fuerza, aunque…algo tarde, eso no le impidió al pelinegro apagar el cigarrillo en el cenicero que colocó sobre las manos del más chico, pero al menos le permitió alejar la mano del otro muchacho…de todos modos, dudaba mucho que llevara sus acciones más allá de eso. —Él tiene razón…Debo apoyarlo, el humo del cigarrillo daña los pulmones…también otros órganos…es un desperdicio y más si expone a otros a lo mismo…solo expande su cáncer —. Su voz seguía siendo monótona, aunque en su mirada había un dejo de seriedad… ¡Ah! Cómo detestaba a las personas con problemas de salud, son pésimos productos…aunque, bien por el pelinegro, ese mal hábito suyo lo salvaba de su bisturí, aunque no de un cáncer.
Notó que el pelinegro se alejó un poco y, en ese momento de distracción, el pelirosa sintió que unos brazos lo rodearon... ¿Qué? ¿Por qué?
No estaba acostumbrado a ese tipo de afecto, no tan directo, alguien como él no debe crear lazos, no debe…pero…entonces… ¿Por qué reaccionaba? Sus brazos respondieron con lentitud antes de corresponder al abrazo, no con un abrazo tan efusivo, pero si dándole un par de palmaditas en la cabeza al de pelo castaño.
—¿Gracias? —La confusión se instauró en su rostro al punto de morderse el interior de la boca para procesar las palabras. —Pero no lo entiendo… ¿Cómo te puede alegrar coincidir con alguien como…yo? —Estaba seguro de que si viajaban juntos entonces el chico conocía sus malas mañas.
Se separó y esperó una respuesta del más chico, aunque casi al instante el pelinegro volvía a aparecer, de nuevo pronunciando su nombre en una clara señal de que ya se conocían.
—Onizuka —. Antes de voltearse escuchó la voz del hombre contra su oído… ¿Quién lo contrató? —¡Oh! Onizuka Jin…—Se giró para verlo de frente, solo para intentar que algo de su rostro se quedara grabado en su memoria esta vez, aunque…fuera del trabajo, lo dudaba mucho. —Mil disculpas…si tan solo hubiera empezado por ahí esto habría sido más rápido y… ¿Quién se supone que nos espera?
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