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Los buenos vinos | Pasado | Jerome - Dharma - 13-10-2025 Hora: 10:15a.m. | Isla Organ
Durante sus viajes en los Blues, Dharma tenia la misión propia de investigar, comprender y observar como funcionaban las distintas sociedades y culturas a las cuales visitaba. Al final la distinción era mínima, aun en los blues casi todos se comportaban de la misma manera, quizá algo en los seres vivos ya los predisponía a esa búsqueda del compañerismo, así como algunas veces de la violencia. Hoy un día tranquilo amaneciendo en una isla muy interesante, de donde provienen los mejores vinos que se pueden disfrutar. El pelinegro oriundo de Wano, era un degustador de cualquier cosa que tuviera buen olor, sabor y no contenga insectos. De ahí en fuera podría probar la variedad de alimentos y bebidas que el mundo pueda ofrecer.
Andando por las peculiares calles con brisa fresca dada la hora del día, con un caminar relajado como de costumbre, estirando su cuerpo de a poco, girando su cabeza lentamente mientras seguían sus pies avanzando, así se veía a este peculiar "monje" de cabellos oscuros, al menos sus ropajes deseaban ayudarle a fingirlo, el hombre que oscilaba en una altura que alcanzaba los 220cm, un cuerpo que incitaba al temor al verlo, pero todo oculto bajo unos ropajes bastante tradicionales, un "yukata" de un tono rojo muy profundo y oscuro con finos detalles en blanco con rojo y unos pantalones negros; junto a calzado cómodo de color negro también. Andando bajo el sol, con sus manos cruzadas pero ocultas en cada una de las mangas contrarias, una caminata que no incitaba a mostrarse con prisa, pero tampoco a alguien que parecía lento. Su mirada era sumamente relajada y cálida acompañada de un par de orbes esmeralda, que reflejaban por breves instantes la luz solar de la isla. Portaba su espadón Rudra, el cual era visible entre las sujeciones donde era resguardada a lo largo de su espalda, ya que su visita en esta isla era netamente de placer. Además de que no seria bien visto alguien que pretender parecer pacifico portar un arma de filo, que aunque era natural ver gente así, al menos el trataba de portar su espaldón de esa manera, para no llamar de más la atención, en un día tan tranquilo. | ¿Entonces este vino es de puros frutos rojos?| Con un tono animoso y agradable, sostenía con gracia y elegancia una copa de cristal, que uno de las vinaterías le había ofrecido, al parecer tenia la pinta de alguien que tenia algunos recursos, donde un señor de edad mayor, muy amablemente le contaba de que estaba hecho el vino, cuanto tiempo tardo en crearse y demás detalles. Dharma se mostro interesado, probando con detalle, degustando el sabor del vino, | Gracias... tiene muy buen sabor creo que le podría gustar a mis compañeros... Volveré | Musito con seriedad y una voz apacible, no tan usual en el, pero con su mano tomaba una hoja que estaba en una mesa afuera de la vinatería, era propaganda, mientras caminaba por dicha calle, en dirección a una de las avenidas donde se podía observar la totalidad de los valles y prados así ver la inmensidad de la isla llena de viñedos. Era un día agradable, incluso para los estándares de él. RE: Los buenos vinos | Pasado | Jerome - Jerome Caonabo - 14-10-2025 El sol me había despertado con su maldito calor, clavándome sus dedos ardientes en el lomo como si quisiera probar cuánto podía resistir antes de gruñir y lo hizo, claro que lo hizo. —¡Grrrrrrr! ¡Auuuuuh!— gruñí, sacudiendo el polvo de mi melena como si el aire mismo me estuviera retando. Había llegado a esta dichosa Isla Organ sin mapa, sin rumbo y sin maldita idea de cómo, un pescador me había dicho que aquí se hacía el mejor vino del South Blue y bueno, ¿qué guerrero se respeta si no conoce el sabor del vino de sus viajes? Magagagagaga. Caminaba por las calles empedradas como un lobo entre ovejas. Mi cuerpo, negro y brillante bajo el sol, destacaba entre tanto humano pálido que olía a uva fermentada y rutina. El aire era dulce, con notas de barril viejo y madera húmeda. Podía oler el trabajo de generaciones destilado en cada botella y, por todos los mares, aquello me hizo sonreír. Había algo de combate en el vino, paciencia, fuego, tiempo, tres cosas que pocos dominan. Pero mi estómago rugía más fuerte que mis pensamientos. Me acerqué a una vinatería que exhalaba el perfume denso del mosto, y justo ahí lo vi, un tipo alto como un árbol, vestido como monje pero con una espada que gritaba guerra en silencio. Su postura tranquila, sus manos ocultas, su mirada serena. Bah, esas miradas suelen esconder un infierno dentro. Mi hocico se movió por instinto; su olor era limpio, pero tenía el regusto metálico de quien ha probado sangre y sobrevivido para contarlo. —Vaya, vaya—murmuré, arrimándome a la barra y tomando sin permiso una copa que algún ingenuo había dejado servida —Este vino sabe a historia vieja y a huesos molidos, no está mal. —Di un trago largo, dejando que el líquido rojo manchara mis colmillos —¡Pero le falta espíritu! ¡Le falta pelea! ¡Magagagagaga!— Algunos clientes se sobresaltaron; otros fingieron no verme. Yo, en cambio, clavé mis ojos ámbar en el del yukata rojo. Había algo en su calma que me irritaba y me intrigaba al mismo tiempo, un hombre así no pasea con una espada tan grande si no espera usarla algún día. —Tú, el de la mirada serena —dije, avanzando un paso, el suelo crujiendo bajo mis garras —Dicen que el vino de esta isla puede despertar hasta a los muertos ¿Qué te parece si comprobamos si también puede calmar a los vivos? —Incliné la cabeza, una sonrisa torcida rasgándome el rostro —Brindemos por el día o rompámoslo en pedazos, lo que venga primero. ¡Magagagagaga! — El viento del valle me aulló de vuelta. Y yo, cómo no, le respondí con un rugido. RE: Los buenos vinos | Pasado | Jerome - Dharma - 14-10-2025 Como el caos cortando el silencio, había murmullos, había gente hablando, vendedores intentando persuadir a cualquier cliente potencial. Sin embargo, algo creaba una distinción diferente. Dharma podía escuchar una voz y más que eso un tipo de respiración un tanto diferente, conforme se acercaba, el monje tomaba sutilmente de la pequeña copa que le habían dado a degustar, teniendo cuidado con el líquido que le presentaban, saboreándolo antes de beberlo. Si bien el oriundo de Wano no era un experto catador de vinos, tenía cierto gusto por disfrutar de las cosas sin llegar al exceso. Eso era parte de la filosofía que había generado a lo largo de los años y lo definía en mucha de las situaciones de la vida.
Casi instintivamente el pelinegro acomodo sus músculos, los de la espalda y hombros con un ligero movimiento de estos, como si fuera un calentamiento, mostrando una postura aún más erguida preparándose para cualquier situación, la confianza solo existía para sí mismo. No es que fuera hostil simplemente nunca le gustaba mostrarse como algo débil, pero era obvio, su propio cuerpo expresaba voluntad y poder. Además de su poderosa espada Rudra, que, si bien era tan común como cualquier otra, tenía en su nombre el valor que él le decidía dar. | Bro...| Musito el pseudo monje, en un tono normal, sin alterarse ni susurrando. con el volumen tan regulado que parecía el mismísimo viento hablando o alguna divinidad. | Tienes toda la razón a este vino le falta un poco más de experiencia.| Se refería a que le faltaban años en barricas, pero era una forma cordial de entablar la conversación con el desconocido. Dharma era inteligente no mostraba sus emociones con facilidad ni su forma de ser, la pasividad de expresarse hacia un contraste con su apariencia férrea.
Los ojos verdes del pelinegro y su rostro con lentitud y gracia se posaron sobre aquel ser que había dicho todas esas palabras, además de una risa peculiar. Si bien la propia risa del espadachín también era diferente, no solía reír por cualquier cosa. Aun así, le pareció interesante la manera de mostrarse de aquello que parecía un lobo humanoide de colores oscuros. Ya había visto a algunos a lo largo de su vida, recordaba un poco el nombre. Mink, una tribu especial desarrollada con inteligencia, no eran bestias sin cerebro, eran otro tipo de ser que existía en el vasto y diverso mundo que azotaba en esta existencia. Dharma lo sabía, tenía conocimientos varios, no por nada profesaba una tarea e idea también. El ser un erudito no era solo conocer el pasado e intentar predecir el futuro, también le dejaba saber este tipo de cosas un tanto más peculiar.
| ¿Cuál es tu nombre? | Expreso Dharma en su tono neutral con su voz grave, sus ojos esmeraldas, aunque algo pequeños y medio ocultos en una mirada suave y una sonrisa muy tenue, una paz extraña era la que irradiaba de él. Ante todo, siempre había que tener educación, además era interesante saber un poco más de este tipo, eso es lo que pensaba el monje. | Creo que podrías comprobar que tan bueno es ¿no? y yo podría simplemente observarlo. | Era una extraña invitación a la convivencia, mientras Dharma dijo eso, comenzó a caminar dentro del establecimiento, ubicándose en una mesa al fondo a la derecha, si bien algunos clientes estaban tanto espantados por las vociferaciones del lobo, parecían muy preocupados de ver a un tipo con aparente paz portando una enorme espada, tan grande como el mismo. No deseaba intimidar a nadie, así que el espadachín tomo una de las sillas junta a la mesa, eran 4, sentado en la que dejaba ver hacia la entrada y daba su espalda a la pared, como esperando a su nuevo conocido, con calma, esperando una respuesta de este.
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