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Un cuervo sobrevuela Samba [autonarrada t1] - Versión para impresión

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Un cuervo sobrevuela Samba [autonarrada t1] - Fyodor - 14-10-2025

Día 27
Otoño año 16
12:30 am 

El reino de Samba no podía ser más diferente al de Briss. El sol bañana con su intensa luz cada rincón de la vibrante y colorida capital y, pese a estar en otoño, mi vestimenta llamaba la atención de cualquiera con el que me cruzaba debido al calor que seguía imperando en aquella isla.

-¿Dónde tu'vah tan arropado, mijo? ¡Tenemoh ehtoh diah la ihla llenita de godoh! -El aviso de una amable voz femenina, pero con un característico y extraño acento, llegó a mis oídos mientras paseaba tranquilo, consiguiendo que girase mi cabeza en busca de la dueña de aquella voz. Encontrando a una joven de unos 20 años, de piel morena, pelo rubio y ojos azules que se encontraba sentada en un taburete, tomando el sol frente a una tienda de flores llena de vibrantes colores. - ¡Tah en llamah y con abrigo! ¡Tu ereh un machango, mijo! ¡Cana ríah Cana ríah Cana ríah! - Acabó con una gran carcajada mientras la gente de la calle empezaba a mirarnos debido a la escandalosa local. Por mi parte, yo me había quedado parado en medio de la calle, sin saber muy bien cómo reaccionar pues la mitad de lo que había dicho no sabía que significaba, pero su amistoso y cercano acento no daba señal de hostilidad, pero si de burla.

-Que no se te olvide la mascara. -Le respondí mientras me quitaba mi característica máscara de calavérico aspecto, revelando con ello mi desfigurado rostro que en esos momentos estaba en forma de mueca mientras sacaba la lengua en una tétrica y burlona sonrisa. 

Esto provocó que la joven muchacha se cayera del taburete debido al susto por ver de sorpresa mi desfigurado rostro. Aunque no tardó ni 2 segundos en levantarse y arrojarme un ramo de flores autóctonas de la selva Anozama mientras despotricaba y me insultaba en su extraño dialecto.

- Fyofyofyofyo. ¡Gracias por las flores, pero prefiero los bichos! -Le respondí riéndome, tras agarrar al vuelo el ramo y pegarle un bocado para desayunar la extraña libelula que estaba entre sus flores, tirando de nuevo el ramo a su tienda antes de continuar mi camino tras ese pequeño y gratuito aperitivo.

Pese a la belleza del entorno la gente era igual en todas las islas y, como era normal cuando me pasaban situaciones similares, la gente de la calle me lanzó miradas de desaprobación por haber molestado a aquella pobre y hermosa joven autóctona siendo yo un extranjero de rostro tan desagradable. Pero esto no me suponía ningún problema al estar ya acostumbrado desde pequeño a recibir ese trato despectivo, por lo que continúe mi camino, volviendo a ponerme mi mascara e ignorando los cuchicheos y los malos gestos de la gente.

Después de casi una hora paseando por aquella enorme ciudad en la que pude analizar la distribución de la misma, la cantidad de gente que me iba encontrando y su clase social, los soldados de aquél reino y los diferentes tipos de comercios, acabé llegando a una armería oculta en un pequeño callejón cercano al palacio y a la que llegue gracias a las indicaciones de un amable anciano.

-¡Buenos y soleados días! ¿Hay alguien por aquí? -Pregunté tras llegar al pequeño mostrador, habiendo visto en ese pequeño paseo desde la entrada todas las armas a distancia, entre las que destacaban unas hermosas cerbatanas, y municiones y armas de fuego, pero sin haber visto ni un sólo alma.

- Ya voy... Ya voy... Putos jóvenes que prisa tienen todo el puto rato, colega. No hace falta tanta urgencia, colega. Joder, que no se va a acabar el mundo porque tarde 2 putos segundos más en contestar, colega. -Una ronca y grave voz vino de la pared que tenía justo enfrente, dejándome impresionado por no poder encontrar en aquella pared ninguna pista sobre una puerta escondida. Aunque mi sorpresa fue mayor cuando un pequeño y anciano tontatta de 20 centímetros, con más barba que cuerpo, gafas de sol y vestimenta juvenil, apareció saltando desde una de las estanterías en la que había estado limpiando una elegante ballesta que tenía a la venta por un precio que preferí no ver. - Bonitas armas, si señor, colega. No suelen verse armas de esa calidad por aquí, colega. - Empezó con su característico tono de voz sin presentarse siquiera, señalando el rifle que tenía a mi espalda y a Sekator, la cual se encontraba ligeramente a la vista para alguien de su tamaño debido a un pliegue de mi abrigo.

- Pues precisamente estaba buscando un nuevo arma para mí colección. Últimamente he tenido unas cuantas peleas y, debido a mi oficio, me acabaré metiendo en muchas más fyofyofyo. - Empecé con mi característico tono amistoso pese a su malhablada forma de hablar, reconociendo también la habilidad del tontatta a la hora de ver la calidad de un arma y desenfundandolas para enseñárselas. -Esta extraña pistola fue un regalo de un miembro de mi familia, pero acabé dejándola relegada a un segundo plano cuando salí al mar y me hice con este rifle de calidad superior, el cual encajaba perfectamente con mi estilo de francotirador y me hizo ganar muchas batallas. -Continué mientras notaba en el pecho la cruz de mi madre y bajo la atenta mirada del tontatta que trataba de entender con un gesto de extrañeza en el rostro hacia donde iba mi explicación y que tenía que ver eso con él o su tienda. - Me he dado cuenta de que no quiero que esté regalo se convierta en un simple adorno, pero tampoco quiero vender este rifle debido a su calidad, a que me ha salvado la vida recientemente y a que es un tipo de arma que encaja mejor conmigo que una pistola o una escopeta. Por lo que la única solución que he visto es guardar este rifle y comprar otro de menor calidad que me obligue a usar más la pistola que me regalaron. -Concluí, sin estar muy seguro de como había expuesto lo que necesitaba y viendo a través de mi mascara como el pequeño y excéntrico tontatta me miraba como si estuviese aún más loco que él y posiblemente acertaba al pensarlo pues, cuanto más me escuchaba, más idiota y menos sentido le encontraba a la explicación que quería dar.

-He dejado de escucharte a la puta mitad, colega. Sólo sé que estás como una puta cabra de Elbaf y no quieres usar un arma que es cojonuda por no se que mierda que me suda los cojones colgantes que tengo y no sé porqué me la cuentas, colega. -Contestó el tontatta, manteniendo su tono alegre pero malsonante y analizando y viendo con extremo detalle las dos armas que había dejado sobre el mostrador. - Si quieres pillarme un arma aquí tienes a patadas, colega. Mientras me pagues a mí me la suda 3 pares de cojones que sea un arma que no vale ni para tomar por culo para usarla tu o porque quieres dársela a los niños del Centro de baile o danza o como coño se diga si eso es lo que quieres, colega. -Pese a las palabras malsonantes, aquél pequeño y anciano tontatta no podía caerme mal. Se veía que en realidad amaba su trabajo y era un enamorado de las armas que se encendía igual de fácil que la mecha de un cañón. - En esa puta fila de ahí tienes los rifles de puta peor calidad y sin nada que los haga puto especiales, por lo que eres libre de escoger el que más te rasque las bolas, colega. Pero a mí déjame en paz, que me has puesto de un mal humor de tres pares de cojones de wotan viendo que no quieres usar un puto arma que es preciosa y que está diseñada de puta madre por no se que mierda, colega.- Respondió el tontatta, señalando malhumorado el pasillo más alejado y escondido de la tienda, como si se avergonzara de tener armas de calidad tan pobre y sin los excéntricos modelos que él mismo diseñaba y que exhibía con orgullo por toda la tienda, destacando sobretodo las cerbatanas que vi al entrar.

10 minutos después estaba saliendo por la puerta de aquella armería y dejando atrás al extraño y malhablado armero que se despidió con su característica forma de hablar, deseándome suerte en mi viaje y avisándome de que estaría atento a los periódicos para ver si un loco cómo yo se metía en muchos líos con su arma.

El camino de vuelta a la habitación del hotel preferí hacerlo por el aire, por lo que me coloqué bien los dos rifles en mi espalda para que no me molestasen con el movimiento de mis alas y, después de dar un potente salto que me elevó por encima de las elegantes casas de azulejo con plantas selváticas que caracterizaban a la capital, desplegué mis alas para elevarme hasta unos 100 metros de altura, convirtiéndome a vista de los ciudadanos de a pie en otro extraño pájaro de la selva Anozama que sobrevolaba su ciudad.

Desde esa altura y gracias a mí prodigiosa vista pude tener una visión más global en la que el mundo se veía de forma muy diferente a como se veía en tierra. A esa altura podía apreciar la diferencia de clases que imperaba dentro de aquella selvática isla, con los barrios más pobres y humildes pegados a la orilla del río y con la ciudad, repleta de elegante arquitectura y gente adinerada, estando en la zona más alejada del enorme río que partía la isla en 2.

Off



RE: Un cuervo sobrevuela Samba [autonarrada t1] - PX-5 - 14-10-2025

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Aventura Autonarrada: Completada
RECOMPENSAS:

— Puntos Mugiwara: 5

— Reputación: 10

— Berries: 10.000

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