Nakama no Mi - Foro Rol de One Piece
[Pasado] People help the people | Uker - Social - Versión para impresión

+- Nakama no Mi - Foro Rol de One Piece (https://nakamanomi.com)
+-- Foro: Mundo (https://nakamanomi.com/forumdisplay.php?fid=3)
+--- Foro: South Blue (https://nakamanomi.com/forumdisplay.php?fid=7)
+---- Foro: Reino de Sorbet (https://nakamanomi.com/forumdisplay.php?fid=302)
+----- Foro: Iglesia Austro (https://nakamanomi.com/forumdisplay.php?fid=306)
+----- Tema: [Pasado] People help the people | Uker - Social (/showthread.php?tid=2314)



[Pasado] People help the people | Uker - Social - Runin D. Kitay - 24-10-2025


Siempre a la misma hora, siempre en el mismo lugar, siempre tomados de la mano agradeciendo una vida que parecía tan complicada como dolorosa. ¿A qué se aferraban? ¿Por qué sonreían a pesar de las cosechas infructíferas o de los impuestos que crecían como espuma de mar? El aburrimiento ante la cotidianidad se convirtió en críticas personales que derivaron en escepticismo sazonado con insana curiosidad. Se dió cuenta de ello la primera vez que decidió dejar de explorar la zona para seguir el sonido de las campanadas que anunciaban la siguiente misa.

La alegría desbordante, las rodillas contra la madera y esas miradas llenas de esperanza provocaron incomodidad en la mujer de tez morena que hacía mucho no tenía nada a lo que aferrarse. Cuando alguien le tocó el hombro para hacerla reaccionar, los ancianos se abrazaban unos a otros, una señora parecía esperar el mismo gesto en retribución a algo que Runin seguía sin comprender así que, desconfiada, se levantó y se retiró. ¿De dónde había nacido esa actitud de buenos samaritanos que ayudaban al prójimo? Asqueroso.

La siguiente semana la campana volvió a escucharse y ella volvió a acudir. Esa vez pareció menos interesada en las personas y más atenta a las palabras. ¿Qué significaba tener un dios? ¿Para qué servía creer en uno? ¿Hacía que las personas fueran mejores? Alguna vez su padre, en medio de una borrachera, le dijo que “Los ancianos no se redimen porque sienten que deben cambiar, lo hacen porque ya no tienen fuerza para seguir haciendo maldades” ¿Alguno de los ancianos en la sala habría hecho maldados de joven y esperaba la absolución de su creador?

Ese día Runin no dió abrazos pero miró a la misma anciana, asintió y le tocó la mano, muy por encima.

La próxima vez no escuchó las campanadas, no, fue en medio de la semana porque decían que iba a haber una pequeña liturgia. Llegó tarde como para escuchar a varias personas cantar canciones en comunión o para beber del vino prometido, pero temprano para que el lugar se mantuviera abierto y sereno. Repentinamente sintió calma. Un par de personas rezaban en silencio o susurrando, ella pretendió sentarse sin hacer ruido aunque le fue imposible así que ignoró las miradas ajenas, cerrando los ojos, respirando con comodidad hasta casi quedarse dormida.

Ese día descubrió que la iglesia del pueblo era increíble para recuperar las horas de sueño perdidas, la calma realmente era algo que apreciaba.

El domingo llegó y la nueva misa también, esta vez llegó demasiado temprano como para que iniciara pero muy tarde como para dormir un poco sin llamar la atención. Cruzó sus piernas sin importarle ir de acuerdo a algún código de vestimenta establecido, miró alrededor a ver si la anciana ya estaba pero no, ella no había llegado y estaba segura que, de hacerlo, volvería a sentarse a su lado. Adelante estaban un par de personas ensayando alguna canción.

Runin no debería estar ahí pero tampoco es como si tuviera un lugar específico al que pertenecer así que hizo lo que mejor hacía: Mirar y, a veces, juzgar. Un rostro constante apareció frente a sus ojos, lo había visto en cada ocasión que había llegado a la iglesia Austro, aunque no había tenido el interés de conversar sobre la nueva buena. Relamiendo los labios en un movimiento lento y suave, se inclinó hacia adelante en su asiento, haciendo que la madera emitiera sonidos.

—Hey, cariño. —Trató de llamar la atención del hombre. —Cariño~ —Volvió a repetir mientras agitaba su cabello hacia un costado. Volvió a humedecer sus labios. —¿No es hora de la reunión semanal? Si no estoy mal ya debería haber llegado la gente, pero no veo casi a nadie. —La voz escapó con un deje de desinterés, como si quisiera restarle importancia al detalle

[Imagen: vEnJXv0.png]

—¿Hoy nos perderemos el sorbo de vino dominguero?

Bromeó. Viéndolo bien, era atractivo, así qué, descaradamente, sacó pecho, sentándose correctamente contra la madera, sonriendo y, quizá, tarareando la melodía que entonaban los coristas en sus prácticas.




RE: [Pasado] People help the people | Uker - Social - Rackham Uker - 24-10-2025


No creía que hubiera algo ahí arriba, no creía que hubiera algo, una vida, una persona, esperándolos después de la muerte. No era creyente, su familia no lo había sido, en su pueblo existía una iglesia, pero nunca le prestó atención porque le parecía aburrido. Para la mentalidad de un niño de 7 años, era imposible entender por qué alguien querría ir a quedarse sentado y en silencio durante todo ese tiempo cuando podrían estar jugando con sus amigos.

Ahora, como adulto, aún no creía en esas cosas, pero se trataba de un lugar que le generaba paz. Tal vez era la tranquilidad, tal vez era la esperanza de que las almas de su familia estuvieran en un lugar mejor, de que pudieran escucharlo pedir disculpas, de que estén para él si todo su camino se truncaba y perecía antes de conseguir su objetivo.

Aún así, en esa ocasión no estaba ahí para eso. ¿Qué hacía en una iglesia si no era para seguir al menos un poco los ritos de la religión? Lo habían contratado para conseguir alimento, así como preparar bastante comida. Al parecer, la iglesia haría un evento benéfico más tarde ese día, así que habían contratado a unos cuantos cocineros, entre los que se encontraba el Rackham, para poder hacer una gran cantidad de platos simples. Ahora solo estaba esperando que le dijeran que todo estaba bien, y que le dieran la pequeña paga que dijeron que iban a darle. No le importaba el dinero, pero intentó rechazar el pago y no quisieron aceptar eso, así que solo le quedaba esperar.

Cerró sus ojos, estaba algo agotado, había trabajado desde temprano, en cuanto volviera a casa podría aprovechar para dormir un poco antes de ir a trabajar. Fue en ese momento que una voz llegó a sus oídos. La ignoró en un inicio, no era la voz de la señora que lo había contratado, supuso que no tenía que ver con él, pero el llamado volvió, lo que lo hizo abrir los ojos y mirar en esa dirección. Una mujer joven, hermosa, con un cabello negro que caía por debajo de sus caderas, algo que descubrió al mirarla de arriba a abajo con rapidez. - ¿Yo? -.

No era normal que la gente se le acerque, al menos no los desconocidos, y mucho menos que se dirijan a él llamándolo “cariño”. La única persona que hacía eso era una anciana de su pueblo en Flevance, quien nombraba de esa manera a todos los niños del lugar. - Oh, no lo sé, en verdad no soy creyente, solo estoy aquí por trabajo -. Habló con una sonrisa, incluso si no conocía a la mujer, moviéndose un poco en su asiento para dejarle lugar para que se sentara a su lado si quería. - Puedo asumir que tú tampoco vienes seguido -. Nadie que acudiera a misa rigurosamente lo llamaría “reunión semanal”. - Mi nombre es Uker, Rackham Uker -. Se presentó, extendiéndole su mano con un guante para poder saludarla. - ¿Y el tuyo? -.

- Oh, ¿solo estás aquí por el vino? -. Rio ante la broma, soltando una pequeña risita, casi silenciosa, tampoco quería perturbar la paz del lugar. - A decir verdad, al no venir seguido, no creo poder tomar, al menos entiendo que funciona así -. Como que solo pueden beber del vino aquellos sin pecados, y el no asistir a la misa era un pecado. - Pero creo que conozco una manera de tomar vino, si quieres puedo… -.

Antes de que pueda continuar, una mujer adulta llegó a su lado. - Uker, querido -. El joven se volteó, sonriendo a la recién llegada, quien se paró a su lado. - Señorita Deligth, ¿hubo algún problema? -. La mujer rio un poco, sin ocultar su sonrisa hacia ambos jóvenes. - Todo lo contrario, trajiste mucha más comida de lo que esperábamos, solo con tu parte podremos alimentar a todas las personas -. El hombre sonrió, moviendo una de sus manos frente a él, a forma de negativa. - Ustedes dieron los ingredientes, yo solo hice mi trabajo, así como todos los demás -.

La mujer le entregó una bolsa con varias monedas, bastantes, pero no las suficientes como para pagar por haber cocinado para una iglesia entera, y cualquiera podría notar eso. - En verdad, desearíamos pagarte más por lo que haces por nosotros -. El muchacho miró las monedas, volviendo a sonreír dulcemente. - No se preocupe, en verdad, no es nada -. Antes de que la mujer pudiera volver a agradecerle, observó a Runin. - Oh, lo siento por interrumpirlos -. Dijo, llevando una de sus manos a su boca para taparla. - Los dejaré seguir hablando -. Y, así como había llegado, así de rápido se marchó.

La gente comenzaba a llegar, ya iba a comenzar la misa, por lo que el cocinero simplemente se guardó la bolsa de monedas en el interior de su abrigo, el cual llevaba puesto pese al calor que hacía, y se levantó del asiento. - No me corresponde estar aquí. Conozco un buen lugar para beber si eso quieres -. Una anciana se acercó a ellos, parecía conocer a la joven, por lo que Uker la saludo con un movimiento de su cabeza, antes de volver su mirada a la chica que le había hablado. - Te espero afuera, si es que quieres, claro -. Dicho eso, sus pasos tranquilos y decididos lo guiaron fuera del lugar, esquivando a la banda de personas que ingresaban.

Esperó afuera, recostado contra una de las paredes del lugar. Las campanas sonaron, el rito comenzaba, y el muchacho no sabía si la mujer desearía seguir hablando con él o no, o si debería esperarla hasta que la misa terminara. Aún así, la esperó, todo el tiempo que hiciera falta, hasta que ella salió por la puerta, reencontrándose. - Como dije, conozco de un buen lugar para tomar vino, ¿te interesa? -.

La guio hacia uno de los costados del gran edificio, uno tapado del resto de la ciudad y las personas de su interior. Ahí, en el suelo junto a la pared, había una compuerta, un par de puertas de madera que llevaban al sótano de la iglesia. Increíblemente, no había candado o algo que detuviera las puertas de abrirse, por lo que el hombre simplemente abrió una y observó a la mujer, extendiéndole su mano por si necesitaba, o simplemente quería, ayuda para bajar las escaleras.

No fueron muchos escalones, en menos de diez segundos ya estaban en el sótano, rodeados de barriles de vino, columnas y algunos muebles que contenían vasos en su interior. - Suelen contratarme para cocinar en sus eventos, a cambio, me dejan andar por aquí y tomar un poco -. Se acercó a uno de los muebles y tomó dos vasos, de un dorado que parecían ser de oro, de esas copas que usaban para colocar el vino sagrado durante la misa. En cuanto llenó ambos recipientes con vino proveniente de un barril, y se lo entregó a la mujer, esta pudo darse cuenta de que no era oro ni metal, solo eran imitaciones de plástico. - Son útiles, si no cualquiera querría robar de la iglesia -.


RE: [Pasado] People help the people | Uker - Social - Runin D. Kitay - 11-11-2025


¿Qué significa ser “creyente” más allá del aspecto espiritual? ¿Una sola causa cuenta con la capacidad de apoderarse de cierto léxico? Cuestiones que bajo ninguna circunstancia rozan sus labios, aunque, en ocasiones, su mente sí. Lo que sí logra dibujar en la comisura de sus labios es la tenue sonrisa que le dedica al nuevo conocido. Le observa de arriba hacia abajo, con la indelicadeza de quien quiere ser descubierta. ¿Trabajo? Definitivamente algún tipo de monje o padre, no es.

Tantea el asiento. Al sentarse cruza las piernas y eleva con ligereza los hombros. Ciertamente ella tampoco parece ser excesivamente creyente, no del aspecto religioso, al menos.

[Imagen: fSs0ltf.png]

—Kitay, Runin Kitay.

Estira la mano mas no aprieta en demasía, no, es más un roce suave pero intencionado. —Asumes bien, querido. ¿Aunque no te parece excesivo y apresurado creer que no me verás más seguido por aquí? Quizá encuentre una razón para hacerme creyente de algo. —Menciona en una expresión directa que denota tanta diversión como ironía, un poco de burla para espolvorear la mezcla.

—Exacto. Mi razón es el vino, cariño. Fufufufu~ —Las risas se unen, quedas pero existentes. El desazón de la primera decepción aparece. ¿No pueden dar vino gratis a todos? ¿Qué clase de comunidad vacía era esa? La expresión no merma a pesar de las ideas vanas porque su nuevo conocido tiene soluciones. ¡Soluciones! Agradable.

La conversación se ve interrumpida por uno de los tantos ancianos necesitados de fe que empiezan a inundar el lugar con expresiones cansadas pero plácidas, con risas viejas y concordantes. Runin siente algo extraño por dentro. En algún momento su “madre y padre” le dijeron que los mayores solo son buenos porque no tienen energía para continuar haciendo maldades. ¿Todas esas personas buscaban el perdón de los pecados o simplemente anhelaban la paz? Está bien, todos necesitan sosiego.

Cierta fibra curiosa atraviesa a la fémina. ¿Así que trabaja en ello? ¿Le está invitando a dejar los rezos y continuar navegando en el pecado de la gula? Está a punto de levantarse mas cierta presencia se interpone en el deseo mundano. El hombre se aleja a pasos largos pero no apresurados, la espalda recta y la amabilidad de quien está dispuesto a obsequiar su tiempo a causas inexactas. Le agrada. No lo conoce y le agrada. Como la sensación de poder hablar con un desconocido durante un par de horas aunque su presencia sea irrelevante en el contexto original y global de la vida misma.

La anciana se sienta junto a Runin y ella no puede hacer más que moverse ligeramente para darle paso. Nuvia, es su nombre. Lleva un vestido sencillo, bordado en margaritas de tela a modo de parches mas el atuendo es blanco, lo ha lavado con esmero y se nota en las manos envejecidas. Habla sobre lo bien que huelen los alimentos que compartirán ese día o de lo bonita que es la gorra que la señora Delight ha decidido usar esa mañana.

Se atreve a tocar la pierna de Runin para acercarse y contarle secretos que parecen chismes pero en realidad son inocentadas que logran hacer sonreír a la morena. ¿No se habrá quedado dormido el señor Delacour que debía hacer la oración de entrada? ¿La señora Lucio no se vé increíblemente regia cuando está por tocar la pandereta? ¿Joshue se habrá olvidado la letra de la nueva canción de la iglesia? Runin no sabe nada de ello pero le gusta escuchar, aunque los nombres se terminarán borrando de su interés en alguna cercana o lejana ocasión.

La liturgia pronto dará inicio y la fémina observa la puerta de entrada antes de ver el altar que se encuentra al frente. La vista se diluye entre una y otra, como una corriente que está a punto de convertirse en remolino. —Nuestro dulce señor jamás nos obliga a correr constantemente tras él, a veces se hace a destiempo, a veces avanza tanto que lo perdemos y, en ocasiones, caminamos juntos en el mismo recorrido por años, mi niña. — Nuvia mira a Runin con sus ojos envejecidos pero más vivos que nunca. —Solo una vez se es joven. —Y la mirada chocolate vuelve a ver el exterior antes de ponerse de pie.

Nuvia tiene razón, no hace falta crear enigmas demasiado sofisticados para tomar decisiones en la vida, de cualquier manera la amazona siempre tiende a tomar los caminos más largos y sinuosos. Runin está por retirarse, antes de hacerlo, regresa la mirada a la mujer anciana, se agacha un poco y, como nunca, la envuelve un par de segundos entre sus brazos. No aprieta, no se aferra, es otro tipo de avance, uno más pequeño. —La paz, Nuvia, cariño. —Levanta los hombros antes de alejarse de ella, recibiendo una risa por parte de la mujer.

[Imagen: atEL38u.jpeg]

—La paz, mi niña.

La iglesia ajusta sus puertas y ella siente la tibieza del trópico. ¿Realmente le ha esperado aunque ha tardado? La amabilidad no conoce límites, al parecer. Los labios se humedecen y las plataformas resuenan cuando pasa junto al peli azabache. —Nunca nadie se había preocupado tanto por mi, cariño. —Bromea siguiendo al más alto. La compuerta no parece segura y ella parpadea con sospecha.

¿Seguir a un hombre a un sótano junto a una iglesia?

¿Por qué no?

Sostiene la mano de Uker y para su sorpresa, la madera no cruje en demasía. La explicación es más que suficiente, no parece mal intencionado o mentiroso, los ancianos no lo han visto como tal.

El lugar, aunque encerrado, se puede considerar acogedor. ¿Oro? ¿En un lugar como aquel? El aroma a vino endulzó sus fosas nasales y al tocar el vaso se rió de sí misma: Plástico. Está bien. No demora en beber un ligero sorbo para constatar la amargura del alcohol mas eso no sucedió, sabía bien, tan bien como un domingo de iglesia. La mirada barrió el lugar hasta encontrar una butaca. —Ahora entiendo por qué no has cobrado demasiado allá arriba. Cuidado te acabas el vino en un fin de semana, cariño. —Vuelve a sonreír.

—¿Así que eres cocinero? ¿Qué has hecho hoy para deleitarnos? He estado por aquí algunos cuantos días pero no te había visto. —Trata de hacer algo de conversa mientras cruza las piernas y vuelve a beber otro silencioso sorbo. —No creo poder pasar por alto a alguien como tú. —La mirada es intensa aunque esta vez hace un gesto hacia arriba. —Tan alto, me refiero. —Claro…

Runin parece disfrutar del nuevo silencio, del aroma de la comida bien envuelta y de las papas guardadas que no parecen tener tierra alrededor. El perfume a vainilla de la fémina empieza a llenar el ambiente también.

[Imagen: PNw8Rmr.png]

—¿Siempre invitas forasteras a este santuario del vino? Arriba te van a juzgar si lo haces a menudo, señor no creyente.

No lo juzga, no, pero si le brilla la mirada con cierta mofa.



RE: [Pasado] People help the people | Uker - Social - Rackham Uker - 16-11-2025

Rio ante el comentario ajeno, mientras que ambas copas comenzaban a llenarse de la bebida oscura, y cuyo olor llenó sus fosas nasales por un momento. - Bueno, no suelo beber, así que digamos que esto es una ocasión especial -. Su sonrisa no se borró de su rostro mientras se acercaba a la mujer, que ahora se sentaba en una butaca cercana. El hombre, por su lado, prefirió apoyarse contra una mesa a su lado, dejando su copa descansar junto a él y mirando a la muchacha mientras le hablaba. - ¿Cómo yo? -.

Era una duda genuina, pero la sonrisa en su rostro lo hacía parecer un simple juego. Dio un sorbo a su bebida mientras escuchaba la explicación ajena, para luego responderle de forma calmada. - No soy tan alto, en verdad, ¿segura que no fue otra cosa lo que te atrajo? -. Tal vez su mechón en el cabello, que mucha gente había tildado de extraño, pero su altura no se le hacía nada destacable. Su maestro, el hombre que lo sacó de las calles, era muchísimo más alto, y algunos de su tripulación también, incluso siendo humanos. - En cuanto a lo que preparé, solo es un risotto de verduras, no debía ser algo muy elaborado y tenía que aprovechar al máximo cada ingrediente que me dieron -.

Volvió a beber. No daba más que sorbos pequeños al vaso de plástico, era alguien que no buscaba tomar para pasarla bien, y tampoco tenía nadie con quien hacerlo desde que tuvo la edad adecuada para poder tomar. - A diferencia de lo que pueda parecer, no hago cosas como esta. No tengo conocidos o amigos, y tampoco me fijo mucho en las personas, así que no suelo preocuparme por invitar a nadie a hacer nada -. Esa expresión de tranquilidad que mantenía parecía extraña al escucharlo hablar así. Había aceptado que nadie quisiera estar cerca de él hace mucho tiempo, a no mantenerse cerca de la gente y encariñarse con ellos.

Cada que podía considerar familia a alguien, cosas malas pasaban.

- Así que… digamos que es mi primera vez. Discúlpame si cometo o cometí algún error al invitarte -. Por eso no se había sentado a su lado, tampoco quería incomodarla , simplemente le pareció alguien con quien tener una charla junto a una copa de alcohol.

- Dijiste que eras forastera -. Ahora era su turno de hacer preguntas, buscando sacar charla de algún lado. - ¿Vienes de otra isla? ¿Otro mar? -. Mientras cuestionaba, su mano volvió a dejar la copa a su lado. - Es la primera vez que te veo, y  yo tampoco podría olvidarme al ver a alguien como tu -. Observó el rostro ajeno por un instante, sus ojos que parecían buscar alguna flaqueza en él, sus labios voluminosos, todo le parecía muy… 

[Imagen: Qg9ZuKq.jpeg]
- Hermosa, quiero decir -

Debió su mirada un momento, con un tono rojizo asomándose lentamente por sus mejillas. Desde que era un niño no había interactuado con mujeres, no de esa manera. Tal vez el alcohol le estaba afectando, pero solo había tomado media copa, sabía que podía soportar el alcohol. - Lo siento por eso, yo… creo que no me pude resistir -. Tapó la mitad inferior de su rostro con su mano al terminar de hablar, buscando esconder lo ruborizado que estaba, pero solo logrando hacerlo más evidente aún.

- Fuera de eso… -. Si, rápido, cambia el tema como si nadie hubiera notado lo que acaba de pasar. - Siempre suelo hacer esta pregunta, al menos es algo que me da curiosidad, sobre todo de gente que viene de islas diferentes. ¿Tienes alguna comida preferida? ¿Algún platillo que elijas sobre los demás? -. Sonrió mirando a la dama, aún con un poco de rojo en sus mejillas, pero en una notable menos cantidad. - Soy cocinero, asía que me gustaría aprender muchos platillos de cada cultura y cada isla que visite y tal vez… -.


- Tal vez pueda cocinar para ti en algún momento -

En ese momento, un sonido proveniente de la parte de arriba llenó el lugar. La ceremonia había empezado, los cantos religiosos de todas las personas que asistieron a la misa resonaban en todo el edificio como si de un verdadero coro se tratara. El cocinero sonrió, mirando hacia el techo, como si pudiera ver a través de la madera y presenciar el “espectáculo” desde ahí abajo. - Oye, ¿crees que nos escuchen si hacemos ruido aquí? -.


RE: [Pasado] People help the people | Uker - Social - Runin D. Kitay - 05-01-2026

¿Una ocasión especial? La tentativa mirada de la fémina delinea las expresiones del nuevo conocido, como si deseara levantar una expedición en torno a la honestidad y la mentira. Cada frase es devuelta a modo de incrédulas cuestiones y vocablos que a primera vista parecen contener más de un sentido. La sonrisa de la fémina se asienta, la mirada se agudiza y los labios se humedecen por acto reflejo. ¿Deliberado coqueteo? ¿Inocencia intacta? ¿Irrelevante casualidad?

La respuesta deja de ser relevante cuando el disfrute se hace presente. La mirada chocolate asciende y desciende sin compromiso o aparente vergüenza, no existe adyacente recato. —Podría darte más de una respuesta a esa pregunta, cariño. —Inclina el rostro hacia un costado, provocando que su largo cabello se mueva en el proceso. Podría jugar con él, mentir o ser sarcástica pero decide mostrar algo de honestidad mezclada con picardía.



—En general eres absurdamente atrayente.

Las palabras del ajeno reverberan en la mente y sentidos de la fémina. ¿Una inocente mentira, propia de aquellos que pretenden engatusar? No.Los vocablos fluyen con un ritmo desprovisto de vacilación, como si estuviera dejando arrastrar por un pensamiento persistente, de esos que la mente urde con tanta constancia que, con el tiempo, terminan convirtiéndose en verdades absolutas.

—Al contrario, me ofendería si te hubiera mirado fijamente y me hubieras ignorado, cariño, fufufu. —Enderezándose en el asiento levanta la copa de plástico para disfrutar del amargo, profundo y tentador sabor de la bebida alcohólica. Ah. Quizá ha demostrado algo de costumbre o anhelo hacia la bebida porque esta parece vaciarse repentinamente. —¿Qué puedo decir? El mar me queda un poco corto. —Encoge los hombros con parsimonia sin saber por dónde comenzar o si es necesario hacerlo.

Los labios se hidratan entre sí, está a punto de volver a hablar cuando Uker gana la palabra de una manera que provoca cierta satisfacción entremezclada con sorpresa. ¿Qué tan honesto puede llegar a ser el hombre que tiene al frente? Parece mayor a ella, quizá por algunos pocos años, mas el sonrojo en sus facciones no es un invento estratégico. Inconscientemente Runin tapa su rostro con la copa dorado, escondiendo una sonrisa encantada. El hombre continúa hablando y ella escucha con atención aunque su mente persiste en las coloradas mejillas.

—Primero que nada… Tienes prohibido volver a disculparte conmigo, Rachham Uker. Si me vas a elogiar… —La amazona abandona la butaca para colocarse de pie, un par de pasos son suficientes para acercarse al más alto. Con una mano sostiene la copa vacía, con la otra acaricia el pecho del ajeno mientras el rostro asciende para mirarlo con franqueza y fijeza. —hazlo levantando el mentón y sosteniendo tu palabra, cariño. —Las palabras exhalan cerca, parece a punto de decir algo más cuando levanta la copa hacia el rostro de Uker, alejándose en el proceso.



—¿Me sirves otra copa de vino, cariño?

Ella también puede cambiar abruptamente de tema. —Vengo de una isla lejana de la que no conozco demasiado pero me crié en Samba, entre caña de azúcar y jabalís a los que les daba caza, entre música y la oscuridad nocturna de la selva. —Rememorar esa época parece tan cercana como lejana, una realidad que parece un sueño o una pesadilla.

—Tú eres un cocinero y yo una exploradora. Podría cazar algo para ti o encontrar alimentos y podrías cocinarme a cambio. —Acaricia despreocupadamente un saco que parece contener harina, se ensucia un poco. —Porque, por favor en la que hablas parece que quieres que nos vemos después de hoy. Algo osado para alguien que habla sobre hacer ruido. Normalmente las personas que lo hacen desaparecen durante la noche. —Vuelve a acercarse al hombre de oscuras hebras, interesada acaricia el mechón blanquecino, la mirada brilla contra la del más alto en un cúmulo de intensidad, diversión y expectación.


—¿O prefieres cocinarme ahora? Soy una persona de gustos sencillos en la cocina, mi platillo es el pan de queso; pero acepto papas hervidas con zanahoria y maíz. —Intenta convencer, ciertamente siente hambre y el vino no hace más que abrirle el apetito; aunque la verdad irrefutable tras ello es querer verlo utilizar su concentración y sus manos en algo tan lejano para ella como es la cocina. Por alguna razón esa idea le parece atractiva, íntima.


RE: [Pasado] People help the people | Uker - Social - Rackham Uker - 06-01-2026

Las palabras de la mujer lo hicieron quedarse completamente pasmado, si tuviera la copa en su mano ahora mismo estaría en peligro de caer al suelo y derramar sobre este, y sus zapatos, todo ese brebaje. - ¿Atrayente? -. Nunca se había considerado guapo, pocas personas se lo habían dicho hasta ahora, palabras que incluso tomó como una mentira, camuflada entre palabras bonitas para intentar llegar a él. Tal vez no era más que eso, por lo que se decidió a no hacer mucho escándalo por solo una palabra, pero por sus mejillas comenzaba a asomarse un color rojo bastante característico. - Ok, esa es una respuesta, pero dijiste que podrías dar más de… -.

No pudo volver a hablar antes de que ella se levantara y se le acercara. Le dio una orden, palabras a las que Uker no tuvo otra respuesta más que un suspiro leve. No quería cortar el momento, el tacto ajeno en su pecho se sentía extraño, que sus miradas se cruzasen comenzaba a ser natural, ella le pedía que la halagara sin preocupaciones y…

La misma mujer cortó el acercamiento, pidiendo más alcohol. Uker volvió a quedarse en silencio, tomando la copa ofrecida y mirando el interior vacío, como esperando encontrar algún agujero por donde la bebida pudiera escaparse. No lo había, simplemente había estado perdido en sus pensamientos y no había notado como ella devoró la sustancia sin problema. - ¿Samba? Estuve varios años en esa isla, una lastima no haberte encontrado en ese entonces -. Mientras le hablaba, tomó la botella de vino que antes había ocupado y volvió a servir en la copa ajena, acercándose a la mujer en cuanto tuvo lista su bebida.

La dejó acariciar su cabello, mientras le habla de planes para compartir una comida juntos. No, tal vez no juntos, pero el hombre sonríe mientras ella rescata de sus palabras que tal vez quisiera encontrarla luego. - Creo que puedo cuidarme por mi mismo en la noche, aunque... -. Baja la copa con líquido oscuro, ofreciéndosela a la muchacha, sin dejar de verla a los ojos. - Podría olvidarme de que precauciones debo tomar si es que tú piensas desaparecerme -. Aún si sus mejillas estaban completamente rojas, no aparta su mirada de la mujer, no pide disculpas por sus comentarios, así como ella misma lo pidió.

- Puedo cocinarte cuando quieras, pero… -. Deja la botella de alcohol en una estantería cercana, da dos pasos al frente y obliga a la morocha a retroceder suavemente, dejándola atrapada entre él y los barriles de vino. - ¿Conoces algún lugar a donde pueda hacerlo? -. Una de sus manos se apoya contra los barriles detrás de la mujer, cerrando aún más la distancia entre ellos. - Soy un gran cocinero, pero necesito instrumentos. Tengo algunos en mi casa, pero dudo de que quieras acompañar a un extraño a su hogar -. Su rostro volvió a acercarse al de ella, su diferencia de altura hacía que no fuera incómodo. Sus caras estaban cerca, podía sentir la respiración ajena chocando contra su cuerpo, y muy seguramente ella pudiera sentir la suya. - Así que… -.

Con su mano libre atrapó una de las manos de la mujer, con delicadeza más que con apuro. La llevó con tranquilidad a su cuerpo, dejando que ella sintiera sus músculos y sus cicatrices a través de la fina tela ajustada a su torso, su camiseta. - ¿Dónde planeas llevarme? -. Volvió a acercar su rostro a ella para decir eso, lo suficiente para poder decirlo en un susurro y que aún así la muchacha pueda escucharlo pese al ruido de la misa en los pisos superiores.

[Imagen: p0GHCKB.jpeg]

- Pero creo que no querrias nada conmigo -. Se separó de ella, de golpe y plumazo, con una sonrisa en la cara y caminando de nuevo hacia la mesa donde estaban como si no hubiera pasado absolutamente nada. - ¿Verdad? -. Sabía bien lo que hacía, esa mueca lo mostraba, suficiente para hacerle entender a la mujer que tampoco iba a ser fácil de atrapar. - Si quieres comer mi comida podrías simplemente esperar al final de la misa, a menos que prefieras algo más único -. Levantó una ceja y volvió a tomar de la copa que antes había dejado a un lado, ocultando su rostro por un momento, pero manteniendo su mirada fija en ella, esperando su respuesta, su movimiento.


RE: [Pasado] People help the people | Uker - Social - Runin D. Kitay - 18-02-2026


”Hiciste bien en no encontrarme.”

El número de personas que conocen a la pequeña Runin se reduce a un puñado al que poco o nada ha vuelto a ver en su vida; y es justamente así como desea que continúe siendo. No es una época que desee rememorar, al menos no del todo, porque lo único bueno que tuvo ya no existe. Lo único que le queda es una copa de vino que vuelve a rellenarse y la curiosidad insaciable de quien busca respuestas en todo aquel —y en todo aquello— capaz de ofrecérselas. ¿Qué tipo de réplicas podrá obtener de Rackham Uker? ¿Cuántas emociones, y cuáles de ellas, se reflejarán entre ambos?

”Aprende rápido.”

Irrelevante se torna el carmín que tiñe los inocentes pómulos del hombre ante la osadía de los vocablos que profesa. Ligera, entrañable y gustosa es la sonrisa que la fémina expresa ante el caballero sin armadura que la atrapa entre los barriles de vino y su presencia. El labio perfila la comisura de su propio labio, indagando en la postura ajena, en la mirada profunda y chispeante, en el íntimo matiz de su voz. ¿Está jugando? ¿Probando la existencia de límites y asimilando la comprensión del entorno?

"¿Conoces algún lugar a donde pueda hacerlo?"



—¿Seguimos hablando de comida, cariño?

La vergüenza no es propia de quien se sincera en acciones y palabras, destiladas con la dulzura de quien busca encandilar, mas no ser encandilada. La invitación navega en el ambiente, ondulante, retorciéndose alrededor y enroscándose entre ambos como si de un peligroso elixir se tratase. El aroma a vino de sus hálitos se funde con el del perfume que no duda en filtrarse por cada rincón de la bodega, impregnando incluso en las vestimentas del fornido hombre, quien toma su mano y la guía con deliberada lentitud y prudencia sobre sus ropajes.

¿Cuántas invitaciones es capaz de emitir sin necesidad de mostrarse en evidencia? ¿Cuántas verdades y mentiras esconde el inocuo rostro que se atreve a acercarse provocando que la mirada chocolate descienda hacia los labios de su interlocutor? Las voces externas parecen cercanas cuando Uker decide susurrar creando algún tipo de cúpula que tan solo pueda encerrar a ambos. Un pasaje seguro que súbitamente desaparece, expulsando cualquier intención y denotando un juego que jamás podrá ser una sola persona.

—Rackham Uker. —Pronuncia y el nombre del hombre parece vibrar en la punta de su lengua. —Conozco tu nombre, significa que ya no somos tan desconocidos. —El aire regresa a sus pulmones, aunque este nunca le faltó en primer lugar.  La copa de vino es sujetada con gracilidad, menea el contenido de la copa sin atreverse a beberlo, no sin antes evaluar la sonrisa desafiante que el más alto parece dedicar.

—¿Un hombre carente de decisión que necesita obtener más de un empujón para empezar a moverse? —La falsedad de un gesto curioso y pensativo hace mella en las juveniles expresiones de la fémina; nada puede arrebatar el encanto de la burla tras los vocablos expuestos, como si la sorpresa y la intriga se volvieran uno. Al cabo de un segundo vuelve a sonreír dejando de parecer ingenua para degustar la diversión en su paladar, así como un sorbo más de vino.

—No lo sé, Uker, no parece que supieras qué es lo que quiero. —Niega, escondiendo una risilla que se estampa sobre el plástico bañado en ámbar. —No soy una mujer de multitudes, cariño. Entre más únicas se presenten las situaciones de la vida, mejor para mí. —Esta vez la copa no se vacía con prontitud, no. Deposita el recipiente sobre uno de los barriles, procediendo a acercarse al ajeno.



—¿Te gusta mostrar los dientes pero no atacar?

Esta vez es la amazona quien baja los decibeles de su voz. Sus pasos la llevan hasta él, sus dedos ascienden hasta arrebatarle el alcohol. —¿Disfrutas llamándote un gran chef para después acobardarse ante un platillo exclusivo? —Niega. Los labios de la morena se presionan contra la copa antes de beber de ella, solo un ligero sorbo. —¿Me temes, Uker? —Los oscuros orbes no se despegan de él.

—No deberías hacerlo, no muerdo… mucho. —Bromea sin dar tregua; la izquierda se posa sobre el torso del ajeno, volviendo a sentir la cicatriz en el mismo, sus falanges descienden y ascienden con la lentitud propia de quien trata con lo vulnerable. —Ser una cazadora no te convierte en mi presa, cariño. A menos que te entregues a mi en bandeja de plata. —La fémina logra ponerse de puntillas, tan solo un poco, lo suficiente como para hablar al oído del ajeno. —Solo cazo hasta donde el interés me llama. No lo pierdas de vista, Uker.