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[Pasado][Fic] Parte 4. Paraíso - Versión para impresión

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[Pasado][Fic] Parte 4. Paraíso - Triana Tempesta - 02-09-2023

Hace 6 años

Ya llevaba tres años estudiando medicina. Desde que descubrí la enfermedad de Bart, se había convertido en mi prioridad, la cual, por primera vez en mi vida, no era contentar a mi madre ni llamar la atención de mi hermano. Además, mi madre había desistido con mis clases de tiro, así que me había podido centrar en mis entrenamientos con la espada. Nunca me había sentido tan feliz pudiendo hacer lo que me gustaba, aunque la enfermedad de Bart arruinaba bastante esa sensación. Había leído muchos libros, había preguntado a varios médicos y me había pasado horas pensando e investigando, pero todavía no tenía claro qué era lo que le ocurría. Por lo menos, había conseguido comprender mínimamente aquella enfermedad y le había conseguido una medicina que parecía que le servía, por el momento, para suavizar los síntomas.

Durante estos tres años me había dedicado casi por completo a estas actividades, pero había algo más, algo que no le había contado a nadie. Por todas las historias que Bart me había contado, era evidente que lo único que le haría feliz en este momento sería reunirse con su tripulación, sin embargo, el miedo a conocer la verdad le impedía averiguar qué había sido de ellos. Sabía que no le gustaría nada lo que estaba haciendo, pero se lo debía. Y la curiosidad me estaba matando. Como conocía la fecha y el lugar del altercado del que me habló y en el que perdió a su banda, gracias a una noticia de la época conseguí saber que solo los miembros de una banda pirata fueron encarcelados, pero no era la de Bart. Estuve leyendo más noticias y preguntando para intentar averiguar algo más. Por el momento, no había encontrado nada más. Nadie había vuelto a oír hablar de los Piratas Black. Lo más probable era que se hubiesen disuelto y que resultasen imposibles de localizar, así que había perdido la esperanza.

Un día, aburrida en mi habitación, decidí escribir una historia sobre un famoso capitán pirata llamado Black Bert aficionado a los puros, un enfrentamiento, la misteriosa desaparición del capitán y la búsqueda de su tripulación, ahora comandados por el segundo al mando, el gyojin navegante Calamardo. Bart me había contado que su segundo al mando era un gyojin calamar, no había estado muy imaginativa ni inspirada en aquella historia, pero era algo entretenida. Para mi gusto, faltaba drama y mujeres, pero no quería adornarla demasiado hasta el punto de que fuese irreconocible. Tal vez me metiese en un lío, pero nadie me podía acusar de nada por una historia. Siempre podía decir aquello de “cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia”. Cuando la terminé, la firmé con mi nombre y la envié a una revista en la que se solían publicar relatos cortos para el entretenimiento de la gente. Era lo menos que podía hacer por Bart, me daba rabia que su historia acabase cayendo en el olvido y yo fuese la última y única en recordarle. Meses después ya no recordaba lo del relato, continué entrenando y estudiando, mi rutina habitual. Un día, el den den mushi de la casa sonó. No había nadie en casa y todavía no había llegado mi profesor, así que fui hacia la entrada para descolgarlo convencida de que sería para mi madre o mi hermano.

—¿Sí?

—… ¿Vive ahí Triana Tempesta? —preguntó una voz de hombre algo ronca que no se escuchaba demasiado bien. Parecía que había un sonido de fondo que no me permitía escuchar con total claridad.

—Sí. Soy yo. ¿Qué ocurre?

—Solo quería felicitarte por tu historia, somos un grupo de admiradores.

Me quedé un rato en silencio extrañada. Al principio ni recordaba de qué historia estaba hablando, pero cuando caí en la cuenta dudé todavía más de aquello. Se trataba de una historieta simple enviada a una revista de tres al cuarto cuyas lectoras eran, en su mayoría mujeres desesperadas. No comprendía demasiadas cosas, cómo eso había podido haber juntado a más de un fan, cómo habían conseguido llamarme a casa y, lo peor del todo, la voz del tipo era realmente siniestra. Más que un admirador tenía pinta de timador o secuestrador de niñas, tal vez fuera eso lo que pretendía.

—Gracias —respondí secamente dispuesta a colgar cuando caí en la cuenta de que podía aprovechar la situación para destapar a ese hombre y a su banda criminal. Seguro que tenía una, porque también se oían más voces de fondo. —¿De dónde sois?

—Somos de un lugar que seguro que te suena. Creo que tienes un amigo que es de aquí. Montecristo. Es un lugar precioso, aunque suele haber mucha niebla.

Nada más escuchar aquel nombre se me vino Bar a la cabeza. Era su marca de puros favorita y no me sonaba que ningún lugar tuviese ese nombre. Además, el hombre había dicho que tenía un amigo que procedía de allí. Estaba convencida de que no había escrito nada relativo a los puros en mi historia, era imposible que esos supuestos fans conociesen algo así. Tenía que ser una casualidad, pero tampoco podía quitarme de la cabeza su comentario sobre la niebla.

—Siento si te hemos molestado. Solo queríamos decirte que nos ha encantado la historia y que la leímos juntos en nuestro club de lectura, se llama Romeo y Julieta. ¿Te gusta el nombre? Seguro que a tu amigo también le gusta. Es un fenómeno, cualquiera que lo conozca diría que podría ser el rey del mundo.

De nuevo, me lanzó otros mensajes que me recordaban a Bart: dos nuevas marcas de puros que solía fumar. Eso y la forma tan extraña de expresarse terminaron de convencerme de que esa gente conocía a Bart y trataban de decirme algo, pero no entendía qué era. —No molestáis. ¿De qué conocéis a mi amigo? Parecéis muy cercanos.

—Ah, es un viejo amigo. Yo solo soy un simple escritor, en lugar de sangre parece que corre tinta por mis venas, yehehehe. Tengo aquí a otros amigos, una mujer a la que le convendría ponerse a dieta y otro hombre más ciego que un topo, pero en realidad somos como cincuenta personas.

No me lo podía creer. Dudaba que aquello fuese una especie de trampa, por lo visto sabían cómo encontrarme, si querían sacarme información no tenían más que venir a por mí o dejar de dar tantas vueltas en sus mensajes. En cambio, parecían bastante recelosos, dándome las pistas justas para que captase su mensaje. A medida que hablaba no dejaba de recordar las historias de Bart sobre su tripulación, pero todavía dudaba de si, acaso, mi cabeza me estaría jugando una mala pasada para hacerme pensar lo que quería creer. ¿Podría ser que aquel hombre tras el den den mushi fuese el segundo al mando de Bart, el calamar navegante? Los otros dos que había mencionado podían ser Fat Betty y John el tuerto. Conocía todas sus historias. Antes de dejarme llevar tenía que asegurarme para no ponernos en peligro.

—¿Podrías… darle recuerdos de nuestra parte? —me preguntó antes de que pudiese contestarle.

—Claro. ¿Queréis que le mande algún mensaje? —respondí sin pensar demasiado en lo que estaba haciendo. Sabía que no debería, pero si eran ellos no podía mandar solo un saludo. Tenía que hacer algo más, conseguir sacar a Bart de aquí.

—¿Podrías decirle que siempre le hemos buscado?

—Se lo podéis decir vosotros. ¿Podéis llamar mañana por la mañana a la misma hora?

Tras un largo silencio, obtuve respuesta. —No sé si es buena idea.

—Solo es una llamada. Con un segundo de llamada bastará para que veáis que podéis mandar el mensaje vosotros mismos.

—¿Con quién estás hablando? —la voz de mi hermano resonó a mi espalda por toda la casa. Colgué el den den mushi al instante y me giré rápidamente. —A ti qué te importa. Con una amiga —respondí para que me dejase en paz lo antes posible. No sabía cuánto habría escuchado, pero estaba segura de que no había dicho nada comprometedor. Sabía que podía estar tranquila y, sin embargo, su mirada inquisitoria conseguía ponerme de los nervios. Sin decir nada más me fui hacia mi cuarto para encerrarme y no tener que verle más el tiempo que estuviese en casa. Aparenté normalidad hasta que llegó la tarde y me marché para ver a Bart y llevarle su medicina, pero no le conté nada de la llamada. No quería hacerle ilusiones, no sabía si llamarían mañana o, ni siquiera, si eran quienes yo pensaba.

Al día siguiente continué con la rutina. Esperé a que mi madre y mi hermano se fuesen de casa para coger el den den mushi, guardarlo en un bolso grande y salir hacia la cueva de Bart. Cuando llegué ya no me quedó más remedio que contarle todo. En su rostro pude ver reflejado el enfado y la duda, pero también el alivio y la alegría. Lo único que me preocupaba era que el den den mushi no volviese a sonar, lo cual era lo más probable. Sin embargo, a Bart no parecía importarle demasiado, con que existiese la posibilidad de que su banda estuviese con vida y en libertad le bastaba. Repentinamente, un sonido procedente del caracol hizo que pegase un bote. Descolgué de inmediato. —¿Sí? —la voz al otro lado no se hizo esperar. —¿Triana? —preguntó el mismo hombre que ayer. En ese momento, el rostro de Bart cambió por completo. —¿Kosei? —dijo refiriéndose a aquella voz. No me lo podía creer, eso solo podía significar que los habíamos encontrado. O, más bien, ellos a nosotros. —¡CAPITÁN! —las voces de decenas de personas resonaron por el caracol y Bart comenzó a llorar y reír al mismo tiempo. La felicidad también se me contagió, pero no duró demasiado tiempo. Por lo menos ambas partes de la banda sabían que la otra continuaba con vida, pero su reencuentro era improbable. Si los piratas se acercaban a la isla serían detenidos y Bart no podía viajar solo. Mientras ellos rememoraban viejos tiempos y se ponían al día, yo no podía dejar de pensar en cómo solucionar aquello, hasta que tuve una idea.

—Tenéis que venir a por él —les dije a través del caracol. Todos se quedaron en silencio, lo cual aproveché para explicarme mejor. —Tiene que ser dentro de un mes, hay fiestas y la gente y los marines no estarán tan pendientes, pero no podéis venir por el puerto principal, sino por la zona oeste. Ocultad vuestra bandera y esconded el barco en esa zona de la isla, Bart irá y os marcharéis en silencio y sin que nadie se entere —pronuncié apresuradamente, esperando que pudiesen llevar la tarea a cabo. Bart me miró, incrédulo, pero asintió con la cabeza. —¿Estás segura? —me preguntó. Le respondí de la misma forma, moviendo la cabeza de arriba debajo de forma enérgica. Ninguno de ellos parecía convencido, a pesar de la alegría que supondría un reencuentro entre ambas partes. —Hacedme caso. La banda de los piratas Black estará pronto unida.