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One Last Time - Pasado - Hyakinthos - Jensen Valentine - 26-10-2025 Las nubes grises se juntaban arremolinándose en el oscuro cielo nocturno mientras que se llenaban de carga estática. De estas empezó a caer una fría y fuerte lluvia que lentamente apagaba el fuego que ardía en el muelle. Esta lluvia venía con fuertes vientos huracanados, truenos y relámpagos. Aquella noche en isla Karate el tiempo atmosférico estaba fuera de control y era una locura estar fuera de casa o del lugar de hospedaje de las personas. Y aun asi un bote empezaba a naufragar a varios metros de la orilla de la playa mientras los tres botes que lo perseguían empezaban a acercarse cada vez más.
-La puta que nos pario Cherry, recuérdame nunca más pasarte el control de una embarcación, eres un peligro al timón – dijo el pistolero de la capucha roja saltando al mar arrastrando a su amigo médico y acercándose a la orilla para huir de quienes los perseguían. Pero ¿cómo habían terminado en ese embrollo para empezar?
Todo había empezado varias horas antes, cuando el cielo estaba despejado y el sol calentaba con sus rayos a la gente de isla Karate. Aquel día el pistolero de la capucha roja conocido como Jensen Valentine había citado a su buen amigo Hyakinthos, Cherry para los amigos, a uno de los mejores restaurantes de toda la isla. Tenía una importante misión que encomendarle, además de que pronto se marcharía con una nueva tripulación por lo que el tiempo exigía que hablaran cuanto antes.
Jensen llego temprano al restaurante mientras acariciaba a Cerbero, su pistola de triple cañón. No estaba de más estar preparado por si acontecían problemas. Mientras esperaba miraba por la ventana a la gente pasar, nadie destacaba hasta que unos cabellos rosas hicieron su aparición. Jensen sonrió saliendo a la calle donde se encontró con su viejo amigo Cherry.
-Siempre es bueno verte querido Cherry, pasa, tenemos mucho de qué hablar y muy poco tiempo.
RE: One Last Time - Pasado - Hyakinthos - Hyákinthos - 26-10-2025 —¿Y cómo esto es mi culpa? ¡Te lo he dicho! ¡Te dije que era mala idea darme el timón, pero no hiciste caso! —Golpeó con fuerza la madera del barco, pero no, no es que estuviera enojado con el pelinegro, estaba enojado con el clima, con sus perseguidores y, por supuesto, con él mismo, a fin de cuentas, no podía hacer algo tan simple como mantener el control de un navío pequeño, ¿qué clase de hombre del mar era entonces? Difícil de clasificar y, para qué negarlo, aquello lo avergonzaba tanto como para morder el interior de su boca con fuerza, castigándose por su descuido.
Sus manos bajaban una y otra vez, moviendo consigo un balde con el que buscaba sacar el agua del bote que empezaba a hundirse, una tarea inútil y parecía que su amigo pelinegro se había dado cuenta antes que él.
Sus manos soltaron el balde de madera cuando sintió un tirón en la parte de atrás del cuello de su ropa, un tirón que no solo lo sostuvo de su chaqueta morada si no de su camisa blanca, un tirón con la fuerza suficiente para hacerlo perder el equilibrio y obligarlo a caer al mar.
Tragó agua salada antes de alzar su cabeza y una maldición quedó a medio decir cuando una ola le tiró más agua en la cara. Chasqueó la lengua, se supone que solo iban a hablar, entonces… ¿Cómo terminaron así?
¿Cómo es que tenían tanta facilidad para meterse en líos?
***
Mordía con insistencia el interior de su labio inferior mientras miraba su libreta de notas en medio de las calles de Karate. El pequeño pueblo era siempre un laberinto para él, no importa cuantas veces recorriera sus calles, no importa cuantas veces se detuviera a pedir indicaciones, siempre acababa del lado contrario o en un sitio que consideraba demasiado peligroso para sus estándares.
El nombre del restaurante, escrito en mayúsculas y subrayado en tinta roja, resaltaba en la página y, por quinta vez, mostraba la anotación a un desconocido distinto, esta vez a un hombre con traje de marine y un parche en su ojo, quien, al ver el rostro tan confundido del médico cuando se le dieron unas cuantas indicaciones simples, suspiró resignado antes de sonreír para ofrecerle llevarlo el mismo al sitio.
—Me viene bien caminar algo, estar parado en un mismo sitio es agotador —. Objetó el marine cuando el pelirosa intentó negarse. Al final se encogió de hombros y, como un niño perdido, aceptó la ayuda, a fin de cuentas, el sujeto de uniforme era de buen ver, así que ¿Por qué no disfrutar de su compañía durante la caminata? Seguro sería larga y extenuante, así que…
Doblaron hacia la calle de al lado, dieron unos cuantos pasos y, repentinamente, el nombre escrito en la libreta apareció en grande y en letras cursivas en un letrero enorme que ocupaba buena parte de la decoración del edificio… ¿Cómo era posible que no lo hubiera encontrado?
Sintió su rostro arder de vergüenza y rogó porque el marine no lo hubiera notado, aunque eso era imposible, pues al ver su reflejo en el vidrio pulcro de uno de los vitrales del restaurante, notó la rojez de sus mejillas. Suspiró, cansado, era claro que una vez más quedaba en evidencia su total falta de orientación.
Agradeció al marine, quien se despidió con una sonrisa para luego dar la media vuelta, haciendo que su chaqueta blanca de capitán hondeara al viento antes de perderse entre las calles, aunque, en ese gesto, sin que el oficial se diera cuenta un sobre pequeño cayó al suelo y, para el momento en que el médico lo notó, el otro hombre había doblado la esquina y tanto el rostro perfilado y el cabello cobrizo del marine empezaron a nublarse en su memoria.
Se agachó para tomar el pequeño sobre y, al moverlo, sintió algo pesado dentro, no parecían papeles, si no algo más contundente, quizá metálico. Observó el sobre por unos segundos sin atreverse a abrirlo aun y lo guardó en su bolsillo, tal vez el sujeto con el que se encontraría, el tal Johan (Jensen), podría ayudarlo a descubrir que era, así sería más divertido.
Iba a dar un paso dentro del local, pero las ropas rojizas de un hombre de cabello negro funcionaron como bandera para advertirle que ese sujeto que salía del restaurante y lo saludaba con tanta familiaridad debía ser quien lo había citado.
—Ah…sí, es bueno verte también…eh… ¿Johan? Rojo…mejor te llamaré Rojo, sí —Si en verdad se conocían, seguramente el pelinegro entendería la confusión. —¿Y a qué te refieres con poco tiempo? Ni siquiera es medio día —. Miró hacia arriba, sobre el cielo no se vislumbraban ni siquiera nubes blancas, era tan celeste como el inmenso mar, incluso podía decirse que causaba temor, como si fuera un poco de calma antes de que se desatara una tormenta.
—Como sea… ¿Llevas mucho tiempo esperando? Acabo de llegar, un amable marine tuvo que guiarme ¿No podías elegir un sitio más céntrico para encontrarnos? Llegar aquí es como cruzar un laberinto —. Por supuesto que esto es una exageración, el restaurante se encontraba en una buena zona, es él quien no lograba ubicarse. —Por cierto… ¿Por qué no entramos? Quiero mostrarte algo —. Metió una de sus manos a su bolsillo y sacó el sobre que antes se le cayó al marine. —Pertenece al marine que me trajo, antes que pienses mal, no se lo robé, se le cayó…no sé que sea, pero está algo pesado, parece un objeto metálico, algo largo…como una llave o algo más…no lo sé… ¿Lo vemos dentro? Tal vez nos lleve a un sitio interesante o tal vez no, pero vale la pena averiguarlo —. Sacudió el sobre un par de veces, haciendo que algo tintineara dentro y con ese gesto y una sonrisa en su rostro cruzó el umbral del restaurante, esperando que el pelinegro fuera tras él.
Karmas
RE: One Last Time - Pasado - Hyakinthos - Jensen Valentine - 15-11-2025 -Tenemos poco tiempo por lo que debo contarte – dijo el pistolero pelinegro entrando al restaurante, debía contarle a Cherry de sus planes, pero el pelirosado tenía entre manos un asunto más interesante. –Un sobre de un marine. ¿Si sabes que ellos huelen y saben a calcetín sucio? – pregunto quitándole el sobre de las manos y abriéndolo. Dentro había un mapa, una carta y una llave pesada de metal.
-Vamos a ver… dice “al vicealmirante Davidson, es de mi agrado informarle que la infiltración en la banda mafiosa conocida como “La Familia Stevens” ha sido un total éxito. Adjunto a usted un mapa de los escondites de dicha mafia donde guardan los bienes robados. También aclararle que la operación “Limpieza” comenzara hoy al atardecer cuando ataquemos la sede central marcada con rojo en el mapa, la llave que le entrego es de la bóveda donde está el mayor tesoro que la familia Stevens posee, ubicada en su sede central. Por favor disponga de refuerzos para dicha operación además de contingentes para atacar los distintos escondites y recuperar los bienes robados. Confió en que el cabo Ramírez podrá entregarle oportunamente esta carta. Sin otro particular me despido atentamente, firmado X.” – termino de leer la carta preguntándose quien sería el tal X.
-Esto es un tesoro, debemos ir a los escondites antes que la marina para robarles antes – dijo Jensen levantándose y agarrando del brazo a su amigo Cherry arrastrándolo fuera del restaurante siguiendo el mapa para ir al sitio más cercano.
Por otra parte, el capitan Ramírez hacia ingreso en el cuartel local de la marina, saludando con una sonrisa de victoria al vicealmirante Davidson. –Señor tengo buenas noticias – dijo el marine tuerto rebuscando entre sus ropas antes de ponerse pálido. Había perdido la mayor clave de información de la operación más importante de su carrera. –Ay no…
-Vamos Cherry no te separes de mi o te perderás – dijo Jensen llegando al primer sitio del mapa cuando de pronto se volteo y no vio a su amigo. –Ay no… otra vez no – susurro tomándose la cabeza.
RE: One Last Time - Pasado - Hyakinthos - Hyákinthos - 10-12-2025 —¿AAAAAAH? —Inevitablemente alzó su tono de voz haciendo que los comensales del restaurante lo miraran extrañados, claramente no acostumbrados a un escándalo de esa magnitud en un sitio que, a vista de muchos, se veía medianamente decente. El médico guardó silencio de inmediato y se mordió su lengua para evitar volver a soltar algún comentario o grito que descolocara a los demás, al mismo tiempo que agachó la cabeza avergonzado por su actitud, pero, no era su culpa, a fin de cuentas, fue el pelinegro quien lo llevó a actuar de esa manera. —No podemos hacer eso, es un mal plan, pésimo, terrible ¿Quieres que nos atrapen por meternos en algo que no nos importa? —Sus preguntas susurradas solo debían llegarle a su compañero el cual, justo en ese momento lo jaló del brazo como si estuviera hecho de papel ¿Qué le pasaba hoy? Incluso el mesero que venía para dejarles agua en la mesa quedo a medio camino entre la cocina y sus puestos, mirando confundido como el de capucha roja arrastraba al médico consigo. —¿Qué pasa contigo, Johan? ¿Te has puesto a pensar que tal vez ya hay marines en esos lugares? Además… ¿No escuchaste lo que tú mismo dijiste? Se infiltraron en una pandilla de mafiosos, así que si no nos matan los marines lo harán ellos. Solo somos dos, me niego a ir —. Movió la cabeza varias veces de un lado a otro en una clara negación, por más que sus pasos siguieran la misma dirección en la que el pelinegro se movía, como si su cuerpo fuera capaz de contradecir su mente. —Debimos quedarnos en el restaurante y hablar de lo que sea que querías que habláramos… ¿No? Dijiste que teníamos poco tiempo, sé que tengo mala memoria, pero no es tan terrible para no recordar algo que me dijiste hace unos minutos y…
De repente se detuvo en seco en medio de uno de los estrechos callejones por el que se movían en ese lado del pueblo, todo con el fin de seguir el camino señalado por el mapa, el cual, como era evidente, era manejado por el pistolero pelinegro.
Sus ojos se posaron sobre alguien al final de uno de los callejones, en la salida de uno para ser exactos, en el lado luminoso del camino, en donde todavía pululaban algunas que otras personas que, seguramente, vivían cerca de ese sitio y, ese instante fue el tiempo suficiente para divisar una mata de pelo cobrizo en la lejanía.
¿Lo reconocía?
El uniforme pulcro de la marina vestía al sujeto y, por algún motivo, que en este momento se llamará curiosidad, sintió unas inmensas ganas de ir hacia donde estaba el hombre… ¿Por qué? Porque era evidente que de algo podía recordarlo —de antes de llegar al restaurante, por supuesto — y, por eso, al verlo refunfuñar en la lejanía, tuvo el impulso de acercarse.
No, no es como que quisiera ayudarlo, era solo que algo le decía que podía sacar provecho de la situación, aunque, ahora que lo pensaba, no estaba solo, se supone que el pistolero pelinegro lo acompañaba ¿No? Entonces…si él lo siguió hasta este punto al azar en un mapa raro encontrado en la calle, suponía que el pelinegro no tendría problema en hacerle un favor también…era simple lógica.
—Eh...Johan…no, Rojo —. Se giró sobre sus talones para encarar al otro hombre, pero solo bastó ver por encima del hombro para notar que la figura de capucha roja se había desvanecido con el viento. —¿Eh? ¿Rojo? —Miró en todas las direcciones, desorientado y confundido, aun no entendía como es que se habían separado si hacía solo segundos que estaban uno al lado del otro ¿Qué les pasó? —Mierda, mierda, mierda… ¡Aaah! Por este tipo de cosas no me gusta hacer este tipo de trabajos ¿En qué pensaba él de todos modos? Meternos en ese sitio sería lo peor que podíamos hacer…tsk… ¿Y ahora donde carajo se supone que estoy?
Nunca había estado en esa zona de la ciudad y eso era más que evidente. Por instinto acomodó mejor sus guantes de combate sobre sus manos antes de decidir caminar hacia en donde antes vio al marine de cabellos cobrizos…Grave error.
Un estallido de pólvora, el viento silbando y una bala pasando justo al lado de su cara fue lo que se ganó al ir en esa dirección. Quedó estático, pegado a la pared más cercana mientras que su rostro se giraba apenas para ver el agujero que se había creado en el cemento por culpa de una bala que, evidentemente, había sido de advertencia, porque dudaba mucho que alguien pudiera fallar a esa distancia.
—¡Tú! ...espera… ¿Tú? Eres el del restaurante ¿no? —El marine a prisas, evidenciando interés tanto en su voz como en el único ojo que le servía. —¿Me estabas siguiendo? Je…Claro, debía suponer que un niño bonito como tu solo era una trampa para algo más…Fuiste tú ¿No es así? Eres quien me quitó el sobre que tenía conmigo —. Las manos del marine sujetaron con fuerza la camisa del médico, atrayéndolo más hacia él mismo mientras lo zarandeaba levemente.
—¿Qué? ¡No! Debía ver a un amigo en ese restaurante y me dijo que viniéramos a esta zona de la ciudad, de todos modos… ¿A qué te refieres? ¿Sí nos conocemos? ¡Ah! Ya decía que de algo te sacaba —. Su voz, a pesar de la situación, sonó más calmada de lo esperado, como el de una persona que genuinamente empieza a darse cuenta de las respuestas de un acertijo y que, en lugar de emocionarse, lo analiza con tranquilidad.
—No juegues conmigo…perdí algo muy importante justo después de juntarme contigo ¿Crees que soy idiota? —Esta vez solo una de las manos del marine lo sostuvo, mientras que con la otra le apuntaba con la pistola directamente a la sien.
El médico sudó frío y un escalofrío lo invadió desde el lugar en donde la pistola tocaba su cabeza hasta el resto de su cuerpo. Apretó los dientes y también sus puños. No mentía, esta vez sí que no mentía.
—Si hubiera robado lo que dices haber perdido ¿Por qué te buscaría? ¿No sería eso estúpido de mi parte? Tsk…tengo mala memoria y soy pésimo para ubicarme, pero no soy un idiota para desafiar a alguien con más poder que yo —. ¿Poder? Tenía unos cuantos amigos que le debían un par de favores y que seguro estarían gustosos de cobrarlos cuando había un marine de por medio, pero eso no lo tenía que saber el otro hombro. —Escucha, solo quiero encontrar a mi compañero…lleva una chaqueta roja que parece haber visto más décadas que tu y yo juntos y tiene el cabello negro largo y algo despeinado. No me preguntes por su nombre, lo conozco como Rojo y no puedo decirte como se ve su rostro porque no puedo recordarlo —. Ni la forma de sus facciones ni el grosor de sus labios ni siquiera el color de sus ojos.
—¿Y por qué habría de creerte? —Presionó el arma con más fuerza contra su sien y el pelirrosa no pudo hacer más que tensarse y cerrar sus ojos antes de escuchar el ruido de lo que parecía ser una explosión en un sitio cercano.
El capitán retrocedió por inercia y el pelirrosa respiró a profundidad al sentirse libre. —Tal vez te conviene hacerlo ¿Dices que eso era algo importante? Si te ayudo a recuperarlo tal vez los dos salgamos de esto ¿No lo crees? A fin de cuentas, no tengo que ser un experto para saber que ambos estamos en un territorio peligroso. Ni tu ni yo deberíamos estar aquí.
El capitán “Ramírez” miró desde su lugar en el callejón y se dio cuenta de que varias personas empezaron a movilizarse hacia el punto desde donde se escuchó la explosión.
Puede que ni el capitán “Ramírez” ni Hyak lo supieran, pero esa explosión venía justamente del segundo sitio que estaba marcado en el mapa.
Algo había empezado, tal vez algo más allá del poder de los dos piratas y el capitán marine.
RE: One Last Time - Pasado - Hyakinthos - Jensen Valentine - 15-12-2025 No entendía como podía haberlo perdido, solo se había soltado de el medico un segundo y ya no estaba por ningún lado, Jensen se empezó a frotar las manos tratando de calmarse, no servía de nada estar nervioso. - ¿Por qué siempre te pierdes Cherry? – suspiro volviendo entre sus pasos, necesitaba encontrar al pelirosa para poder ir juntos a los lugares secretos que apuntaba en el mapa, eran al menos diez escondites sin contar con aquel marcado con una gran X.
-Si no nos apuramos la marina nos ganara el mandado, vamos Cherry aparece – dijo el pistolero de la capucha roja empezando a correr mirando en todas direcciones.
Por otra parte, en el escondite mafioso más cercano a la cafetería se encontraba Isabel, la primogénita de la familia Stevens. Era una mujer rubia con una sonrisa pícara que mezclaba lo seductivo con lo asesino. Vestía un traje rojo como la sangre y jugueteaba entre sus manos con una daga mientras caminaba en círculos alrededor de Alex, un traficante de una banda rival que había aparecido poco tiempo atrás, quien estaba amarrado a una silla.
-La mejor forma de hacer que tus jefes dejen de tratar de oponerse a nosotros es mandando un mensaje Alexito, lo siento por tu cara, era bonita y muy bien proporcionada, pero la familia es lo más importante – diría antes de introducir la punta de la daga en uno de los ojos del hombre amarrado y amordazado. Escucharlo gritar ahogadamente por la mordaza le daba un placer enorme a la mujer quien tenía mucho cuidado con no clavar la daga muy profundo, quería que Alex sufriera y ella era especialista en esas prácticas.
La rubia sonreía con malicia viendo a su presa cuando de pronto una explosión la mando al piso. Todo el cuarto se llenó de humo y antes de que pudiera decir nada una ráfaga de disparos proveniente de una ametralladora por poco la manda al otro mundo. Isabel se arrastró hasta detrás de unas cajas mientras sacaba su denden mushi y se contactaba con su familia, debían saber que los estaban atacando.
Jensen sintió la explosión y corrió hasta el lugar, había dos tipos con ametralladoras disparando hacia el recinto mientras un tercero se paraba entre ambos pistoleros. El hombre era bajo y gordo, sus manos estaban llenos de anillos y su sonrisa hacia ver que tenía varios dientes menos además de algunos dientes de oro. –Maten a todos chicos, no podemos permitir que Alex le cuente nuestros planes a la familia Stevens, destruyan todo y a todos – dijo el tipo regordete, claramente tenia poder y recursos para hacer un ataque asi a plena luz del día.
Jensen maldijo mientras miraba el mapa. Aún quedaban nueve sitios que podían atacar por lo que decidió que ese no era su problema y se metió por un callejón donde vio a su amigo Cherry siendo sujetado por un marine, eso hizo que la sangre de Jensen ardiera mientras sacaba a Cerbero, su pistola de triple cañón, y disparaba intuitivamente entre medio de los ojos del marine, haciendo explotar su cabeza.
-Cherry, que malas juntas tienes. ¿Que haces con un sucio y asqueroso marine? – dijo acercándose a su amigo y pateando el cadáver del marine –Vamos, tenemos que saquear unos cuantos escondites mafiosos.
RE: One Last Time - Pasado - Hyakinthos - Hyákinthos - 16-12-2025 Sangre.
Conocía bien la textura de la sangre.
Así como era fácil para él identificar la estructura de la carne humana.
Era su trabajo lidiar con ella a diario.
Cortar.
Rebanar.
Suturar.
Claro, siempre lo hacía protegiéndose bien, usando guantes, mascarillas, lentes.
Evitaba a toda costa que cualquier tipo de fluido cayera sobre él, era anti higiénico, innecesario, asqueroso.
No, no malentiendan, no es que sintiera asco por la sangre, pero conocía los riesgos de que esta cayera libremente sobre la piel, a fin de cuentas, podía ser un gran trasmisor de enfermedades, de virus, de infecciones.
Por eso, cuando sintió el líquido sobre su piel y los pedazos de cerebro embarrando su rostro, su primera reacción fue quedarse quieto, completamente quieto, procesando por al menos un segundo lo que acababa de pasar, antes de que el cuerpo del marine cayera a sus pies, generando el ruido seco que provocan los cuerpos inertes.
—¿Ah? —La voz de Jensen llegó alta y clara a sus oídos, aun ni había pasado demasiado tiempo para que lo olvidara. —¿Aaaaah? ¿Dónde te habías metido? ¿Y por qué llegas matando a este hombre? —No es como que le importara el sujeto a sus pies, le preocupaba que pudieran vincularlo al asesinato de un marine…nada más y nada menos que un marine y, quizá, con rango de capitán, algo que podía notar por la capa que cargaba. —¡No, no, no! No puede ser… ¡Ah! Si alguien nos ve podríamos ir a la cárcel o peor aún, podrían tomarnos una foto y saldríamos en uno de esos carteles de se busca ¡No, no, no! No puedo tener una recompensa, Johan —. De nuevo, tuvo que inventarle un nombre al pelinegro. —¡Ah! He escapado por años de tener un cartel de se busca, siempre intento ser discreto —. Para este punto había empezado a caminar de un lado a otro, aunque sin salirse del callejón en donde estaban, no podía correr el riesgo de alejarse de nuevo del pelinegro.
Quedarse solo sería terrible.
—¡Ya! ¡Ya está! Tienes razón, tenemos que saquear…espera ¡No! Tenemos que irnos de aquí ahora mismo —. No pensó dos veces y tomó a Jensen de la mano, obligándolo a caminar hacia el otro lado del callejón, al sitio menos concurrido, todo esto mientras con su otra mano se limpiaba los trozos de carne y la sangre de la cara.
—Tsk…si alguien me tomara una foto así, sería terrible, al menos si voy a tener un cartel de recompensa espero salir bien y no tan…sucio… ¡Que asco! ¿Sabes que puedo defenderme solo? Podría haberme quitado al marine de encima si lo hubiese querido ¡Agh! No me molesta que lo mates, pero al menos avísame para alejarme —. Hablaba mientras caminaba hasta que llegaron al final del callejón y salieron a una calle vacía, bueno, mejor dicho “vacía”, pues minutos antes se escucharon los pasos apresurados de personas que corrían en dirección al sitio de la explosión y, el resto, quizá los pobres diablos que no estuvieran involucrados se refugiaban en sus casas, se podía sentir las miradas sobre la espalda, la sensación palpable de que alguien vigilaba.
RE: One Last Time - Pasado - Hyakinthos - Jensen Valentine - 16-12-2025 - ¿Asi es como agradeces que te salve de un sucio marine? Que feos modales tienes – dijo Jensen soplando el humo que expelía Cerbero, su pistola de triple cañón, luego del disparo que había acabado con el capitán de la marina. –Los marines son enemigos, hay que matarlos apenas los veamos, especialmente cuando amenazan a amigos tan especiales como tú – dijo dandole una sonrisa a su colega medico antes de quitarle trozos del cerebro del capitán de la marina que habían terminado en su rosado cabello. –Muy bien, vámonos, tenemos que saquear unos cuantos escondites de la mafia – dijo el pelinegro tomando de la mano a su amigo Cherry y caminando lejos de aquel sucio callejón.
Caminaron por varias calles, doblaron en unas cuantas e incluso se metieron debajo de un puente, todo siguiendo el mapa hacia el lugar de la X, el escondite más codiciado de todos los de la lista, pues si iban a robar mejor que fuera en grande. Finalmente llegaron al sitio, estaba cerca de un canal que conectaba con la bahía de la isla Karate.
-Quédate detrás mío y trata de no perderte – dijo Jensen viendo como había dos guardias en la entrada, tomo una gran piedra y la arrojo contra la copa de uno de los arboles cercanos, haciendo volar a las aves que estaban en este. La conmoción de las aves le dio la apertura perfecta para correr y taclear a uno de los guardias mientras le disparaba al otro esparciendo sus sesos en el pavimento.
-No sabes con quien te estas metiendo, la familia Stevens te hará pagar caro por tu ataque – gruño el guardia en el piso antes de que Jensen lo pateará, noqueándolo. –Muy bien Cherry, el momento de la verdad, dame la llave – dijo recibiendo la llave de su compañero e introduciéndola en la cerradura del depósito, al abrir se encontraron un maravilloso tesoro.
Oro, plata, gemas preciosas y sacos de dinero, todo adornado por varias pinturas de artistas de renombre y jarrones valiosos, entre otros artículos de la gran colección que tenían ante sus ojos.
-Mira esto Cherry, es mejor que ganarse la lotería, coge unos sacos y guardemos todo lo que podamos – dijo Jensen con una sonrisa de oreja a oreja.
RE: One Last Time - Pasado - Hyakinthos - Hyákinthos - 19-12-2025 Normalmente, ante la lógica simplista de Jensen de ver a los marines como enemigos en lugar de como potenciales aliados, habría protestado y, por supuesto, habría dado su punto de vista más neutral o, mejor dicho, más conveniente; sin embargo, no había caso y tampoco tiempo para perder, pues, dentro de todo lo que dijo el pelinegro, tenía razón, debían irse y, a estas alturas, le daba igual si era para saquear o para volver al barco, pero debía alejarse de ese cadáver si no quería ser relacionado con el crimen.
Malditos piratas. Siempre tan salvajes en su actuar.
Y, aun así, él era uno de ellos y, por si fuera poco, se estaba dejando guiar por otro hacia algún punto marcado en el dichoso mapa que, lamentablemente, se le había ocurrido recoger del suelo minutos antes. Ojalá pudiera retroceder el tiempo.
Más explosiones, más ruido de pólvora. Gritos de personas insultándose o tal vez llorando, a estas alturas era imposible de saber y, si tenía que ser sincero, tampoco era algo que le interesara, si había una guerra entre grupos mafiosos y los marines, pues que se mataran entre ellos, a fin de cuentas, tanto su compañero como él solo serían los oportunistas que se encargarían de llevarse lo que otros deseaban antes de que esos otros llegaran a la escena.
—¿Por qué te saltas tantos puntos del mapa? Hasta yo puedo ver que hemos pasado por varios puntos rojos… ¿Ya te dio miedo seguir con tu propia idea? —La malicia con la que dirigió la pregunta tuvo que tragársela cuando llegaron a una casa enorme situada justo al lado de un risco que, por lo que podía ver, conectaba con un canal que tenía salida al mar. Un buen escondite si le preguntaban al médico, a fin de cuentas, parecía una casa común y corriente, con la única diferencia de tener un par de guardias en la entrada.
—Tsk…no pienso perderme, no es como que tenga cinco años —. Si en algo era bueno era siendo sigiloso, así que, se mordió sus labios con fuerza para evitar hablar y, tal como le dijo Jensen, se quedó un par de pasos atrás de él, aunque no necesariamente estaba quieto, después de todo, se encargaba de vigilar los alrededores. Todo estaba desperado, pero algo no cuadraba del todo. —¿Solo un par de guardias? Imposible —. Su voz salió en un susurro que, aunque de por si fue bajo, fue aplacado por el ruido de la roca que el pistolero pelinegro lanzó hacia los árboles. —Espera… ¡Johan!
Tarde. Su advertencia llegó tarde. La acción había empezado y, con ello, no le quedaba más que actuar en consecuencia a los actos del otro pirata.
—¡Maldición! —Siguió a Jensen, quien rápidamente se encargó de uno de los sujetos; sin embargo, el otro…notó como lo noqueó de una patada, pero eso no era suficiente. —Si vas a hacer algo termínalo al menos —dijo antes de sacar de su bolsillo un bisturí y agacharse para cortar, primero, con una precisión digna de cirujano, la piel del cuello, para luego, con un poco más de presión, traspasar la carne, los músculos y llegar a las venas yugulares.
La sangre empezó a salir sin control, sin nada que la frenara, el cuello del guardia se había convertido en una fuente que nadie llegaría a detener. No era necesario que el médico se quedara para saber que ese hombre moriría más temprano que tarde, así que se levantó, limpió el bisturí con su pantalón y lo volvió a guardar en su bolsillo, no sin antes meterlo en un pequeño estuche, para no cortarse él mismo por descuido.
—¿Llave? ¡Ah sí! La cosa esa que encontramos —. De su otro bolsillo sacó la llave que el pelinegro solicitaba y la entregó sin poner ninguna excusa, aunque algo seguía incomodándolo demasiado…No podía creer que el lugar más llamativo en el mapa fuera el que tuviera menos vigilancia… ¿En verdad todos se habían movilizado por culpa de la explosión de antes? Si era así, no podía convenirles más, pero, no dejaba de ser extraño. —¿De verdad crees que esa llave funcione aquí? Había muchos otros sitios en el mapa…
De nuevo tuvo que tragarse sus palabras al ver la puerta del depósito trasero de la casa, a la que habían logrado entrar con demasiada facilidad, se abrió sin poner ninguna resistencia. Suspiró. No tenía más remedio que seguir con el saqueo, solo esperaba que en verdad hubiera algo interesante.
—Más te vale que el tesoro de esta gente valga la…
Sin palabras. Si antes tuvo que tragarse sus palabras, ahora simplemente se las arrebataban, no había manera de que pudiera terminar la frase que tenía en su mente cuando dio el primer vistazo al interior del depósito.
Era enorme. No, no solo era enorme. Era brillante, era una fortuna, una digna de una familia tan importante como la que supuestamente eran estos tipos a los que perseguía la marina.
Tragó saliva mientras avanzaba por el sitio, no sin antes haber cerrado la puerta. No podía creer lo que veía, casi que sus ojos tenían el símbolo de “berries” dibujados, con eso tendrían para sobrevivir mucho tiempo en esta o en cualquier otra isla sin tener que esforzarse en hacer algún tipo de trabajo.
—Imposible…pensé que sería una pérdida de tiempo, pero te has lucido, Johan —. Al mirar a su alrededor podían notarse estantes ordenados, baúles y cajas acomodados de tal manera que era fácil entender que, quien sea que hubiera dispuesto los tesoros en la habitación, no contemplaba perder nada, pues, incluso, había joyas que tenían el nombre del artesano que las confeccionó y, en los baúles, se podía leer la cantidad de berries de los que disponían o, bien, el tipo de piedra preciosa que guardaban.
Así como le dijo Jensen, tomó una bolsa que, como todo lo demás, estaban bien dispuestas en uno de los estantes, tal vez las usaban para transportar riquezas de vez en cuando y ahora ellos, los oportunistas, las usarían para llevar esas mismas riquezas hacia su barco… ¿Sería necesario compartirlas o podría ser su pequeño secreto?
Abrió uno de los baúles y dentro encontró varias joyas, entre ellas collares de oro, anillos, aretes, incluso cinturones con buenas hebillas.
—¿Qué dices, Johan? —Se colocó un choker de plata con intrínsecos tallados y una joya de un intenso rojo en el centro, un par de brazaletes que le iban a juegos y unos aretes que parecían estar hechos con la misma joya que brillaba en el collar. —¿Crees que debamos compartir esto con nuestro compañeros? Porque desde mi punto de vista, aunque no haya visto mi reflejo, sé que a mi y solo a mí, estas joyas me quedarían así de bien —. Terminó de arreglarse colocándose varios anillos en sus dedos y, el resto, lo metió en la bolsa que antes había agarrado de uno de los estantes, para luego moverse hacia otro de los baúles en los que no abundaban joyas, pero si billetes, no monedas, billetes.
Metió cuantos pudo en la bolsa y, cuando notó que esta estaba lo bastante llena, tomó otra, casi olvidándose por completo que estaban en territorio delicado, ahora se dedicaba a examinar con paciencia el tesoro como si se tratara de alguna de sus víctimas y, por él, podía seguir así toda la tarde…o al menos eso es lo que tenía en mente, pero, como siempre, las cosas nunca salen como las planea…aunque, para empezar, ni siquiera había planeado esto…ni siquiera debería estar ahí.
Ruido.
De nuevo ruido.
Esta vez no venía desde las calles que habían dejado atrás, venía de cerca, demasiado cerca.
—¡Johan! —Fue un grito de alerta que buscaba advertirle al pelinegro que dejara de hacer lo que sea que estuviera haciendo. —Debemos irnos, ahora —. Tal vez el pelinegro también había escuchado la conmoción afuera, las palabras que no llegaban a escucharse del todo pero que indicaban que ya no estaban solos.
Dio un par de pasos hacia atrás, eso sí, sin soltar ninguna de las dos bolsas que tenía en sus manos, a fin de cuentas, no iba a dejar el tesoro por el que “lucharon”, por más que se sintiera acorralado en ese momento.
Había escaneado el lugar con su mirada y, en apariencia, la única salida era la misma puerta por la que habían entrado, pero no estaba seguro si sería una buena idea salir como si nada estuviera ocurriendo en el exterior. Sopesó sus opciones, tenía que poner sobre la balanza la situación, tampoco es como que pudieran quedarse dentro de esa bodega demasiado tiempo.
—¡Hey, Rojo! ¿Aún tienes balas? Tal vez las necesitemos y… ¿Ah? —Sin querer había dado otro paso más hacia atrás cuando una voz autoritaria en el exterior, de alguien que parecía comandar a un grupo de soldados y que, definitivamente, sonaba como un marine dando órdenes, se escuchó en el interior de la bodega…en otro momento habría maldecido su suerte, pero tuvo que dar gracias por haber dado ese paso, después de todo, algo importante descubrió. —¿Qué es esto?
Miró hacia el suelo mientras que con uno de sus pies golpeaba con suavidad el lugar en donde estaba parado. El ruido que hacía no se escuchaba como el cemento firme, de hecho, ni siquiera tenía que hacerlo sonar para darse cuenta de que no era cemento, eso era madera y, por el sonido que hacía, del otro lado no había nada o, al menos, eso aparentaba.
—Una puerta…es una puerta… ¡Ayúdame a abrirla! —Le ordenó a Jensen casi con desesperación y esperó a que el chico estuviera a su lado para mover la pesada puerta en el suelo que, al abrirla del todo, dejó ver que bajo ellos estaba ese mismo canal que habían visto cuando llegaron a la casa por primera vez —. Una ruta de escape…
Fue lo único que alcanzó a decir antes de que la puerta de entrada fuera derribada con una patada.
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