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[Social][Pasado] Nuevos compañeros en la isla - Akira Raito - 27-10-2025 Día 23 de Otoño, Año 16
—¡Soldado Raito! En cinco minutos preséntese en la entrada del cuartel —gritó el teniente, obligando al joven a presentarse en la mayor brevedad posible. Casi era la hora de la cena, estaba ya sin el uniforme y a la espera de que abrieran la puerta del comedor. El estómago le rugía, pero su apellido había sonado por todos los altavoces de la base y debía presentarse. Por suerte, cuando se trataba de temas de urgencia siempre guardaban un menú completo para los cadetes que por cualquier circunstancia ajena a ellos, no habían podido sentarse en la mesa.
—¡Soldado Raito, señor, presente! —dijo con un potente tono de voz y manteniendo una posición formada—. ¿A que se debe que se requiera mi presencia, señor? —preguntó con curiosidad, a la espera de que aquella pequeña reunión terminara a la mayor brevedad posible. —Bien Raito, soy conocedor de que, en cada rato que tenéis libre, mientras el resto de tus compañeros se agrupan para entrenar o tomar algo mientras se cuentan sus vidas, tu te pierdes por la isla —arqueó las pobladas cejas para que pudiera mirarle directamente a los ojos—. ¡Sí, señor! Si me deja justificarme, es que siempre que pongo la oreja se encuentran hablando de los mismos temas, me conozco bien la isla y se donde perderme entre las palmeras para ir a tomar el sol —le mantuvo al teniente una mirada seria. —No necesita justificarse joven, por eso le he llamado a usted. No solo es de esta isla, sino que además le gusta descubrir hasta el más mínimo milímetro de ella. Mañana llega un nuevo grupo de soldados a la isla, cadetes, como tú. Formaran bajo nuestra bandera a primera hora de la mañana, en el puerto. Allí le espero. Y prepárese un itinerario, será usted quien les guíe hasta el cuartel mientras les explica los principales lugares de interés de la isla. Y ahora váyase a cenar, escucho su estómago desde aquí. —¡De acuerdo, señor, allí estaré! —y con una leve reverencia, corrió a los comedores, ceno bien a gusto, se duchó y se tumbó en la cama. Cogió el sueño rápidamente, tenía algo importante por lo que querer dormirse pronto. Quizá entre esos nuevos cadetes se encontraban sus nuevos compañeros de división. Todavía llevaba poco en el cuerpo como para que le asignaran alguna formación, pero si conseguía cumplir con su tarea de enseñarles la isla y explicarles cómo funcionaba el cuartel para los nuevos ingresos, quizá su nombre empezaría a sonar por los pasillos. Se durmió con una sonrisa. A la mañana siguiente, de un salto se puso en pie. No le gustaba llevar el uniforme y había conseguido llegar a un acuerdo con sus superiores siempre y cuando vistiera con prendas azules con detalles blancos, perfecto para su dogi, sus guantes y sus zapatos. Había tenido suerte. Se metió el documento que acreditaba que era marine en el bolsillo y echó a correr en dirección al puerto. Una vez allí, apiló unos cinco barriles en torre y se subió a ellos, manteniendo el equilibrio y fijando la vista en el horizonte mientras sujetaba un palo con una bandera de la Marina, para que se le viera bien mientras esperaba que atracara el barco en el muelle. Ya veía el buque a lo lejos, era enorme. Y Akira, con una sonrisa que enseñaba los dientes, empezó a ondear la bandera mientras veía como empezaban a bajar sus nuevos compañeros. Entre ellos solo un par llamó su atención, un gigante de no se sabe cuantos metros que era prácticamente del tamaño del puerto, y un cangrejo rojo, un color que destacaba bastante entre tanto uniforme blanco. Al lado del gigante, la cabeza del cangrejo parecía el punto de mira de un francotirador. Akira empezó a reírse solo—. Tchakikikikiyah. Ay… RE: [Social][Pasado] Nuevos compañeros en la isla - Juan Sebastian - 27-10-2025 Día 23 de Otoño, año 16
Tras solicitar alistarse en la marina, Juan fue enviado al South Blue, donde era más necesaria la integración de nuevas fuerzas en comparación con el pacífico East Blue. Extrañaría su antiguo hogar, pero él pensaba —¿Acaso un héroe puede tenerle miedo al cambio?—. Tras un largo viaje y ya en el South, cogió el último barco antes de llegar a su destino.
El barco era grande, mucho más grande que los que veía en los puertos de Isla Organ, y por supuesto mucho más grande que el Balandro de sus padres. Durante los días de viaje se le dio la tarea de limpiar el fondo del barco, era raro tener un gyojin entre las filas y los superiores no estaban dispuestos a dejar pasar esa oportunidad. Para Juan era una tarea estupenda, lo que otros veían como "limpiar" él lo veía como un festín de percebes deliciosos y bajo agua, no tenía que soportar las voces imperativas de la cubierta a los nuevos reclutas. Había una buena cantidad de reclutas, la mayoría estaban nerviosos y eran fácilmente irritables, era mejor no hablar mucho con ellos. Sus intentos de animar el ambiente no daban resultado, pero eso no iba a aguarle la fiesta, estaba un paso más cerca de su sueño. Entre todos los reclutas, uno destacaba notablemente sobre el resto, era un hombre inmenso. El gyojin siempre había sido notablemente más grande que la gente a su alrededor, pero este tipo era casi 4 veces su tamaño. No parecía tan tenso como los otros —Claro ¿Cómo va a estar asustado por algo como esto alguien tan ridículamente grande?— Pensó, antes de dirigirse a saludarlo. Era un tipo serio, pero no sintió hostilidad en él, le agradaba ese sujeto y pensó que sería buena idea hacer buenas migas con él una vez llegaran a la isla.
Al caer la noche recibió un aviso —Mañana llegaremos a nuestro destino a primera hora, todo el mundo en pie en cuanto salga el sol— Ante esto Juan respondió de forma instintiva —Los cojones— Se disculpó al instante después de recibir un sólido puñetazo de su superior, no había sido el primero este viaje. Se hacía tarde y sabía que debería dormir pronto para evitar una riña por quedarse dormido, pero decidió quedarse en la cubierta hasta tarde, el olor a sal y la brisa del sur eran agradables y mirar las estrellas mientras pensaba en su futuro agitaba el corazón debajo de ese duro caparazón. Al despertarse, y tras una merecida bronca por quedarse dormido, empezaron los preparativos para la hora de desembarcar, y mientras movía cajas de un lado para otro, pudo percatarse de una pequeña y energética figura en el puerto de la isla que zarandeaba de un lado a otro una bandera de la Marina. No esperaba una bienvenida tan simpática y eso le alegró aún más el ánimo. Al amarrar en el puerto, el timonel del barco exclamó —Hemos llegado a nuestro destino, Baterilla—. Al bajar al puerto con todos los reclutas, pudo ver de cerca al hombre que les estaba saludando montado en una pila de barriles, a pesar de no llevar el uniforme estándar, se podía suponer que era marine por los colores de su ropa y la bandera que llevaba, su risa era agradable y confiada. Aunque de una forma completamente distinta, le transmitía lo mismo que aquel hombre gigante, era diferente al resto de marines que se había encontrado hasta ahora y no podía esperar a conocerlo. RE: [Social][Pasado] Nuevos compañeros en la isla - Develio Torum - 27-10-2025 El final del viaje no llegó con el tañido de una campana o el grito jubiloso de un vigía, sino con un cambio sutil en la vibración bajo las enormes suelas de sus sandalias. Durante semanas, el constante y rítmico balanceo del buque de transporte de la Marina había sido la única constante, el latido del corazón del océano. Ahora, ese latido se ralentizaba, se volvía perezoso. La tierra estaba cerca. Mientras los otros reclutas, una masa de uniformes blancos y nervios juveniles, se agolpaban en la proa, empujándose unos a otros para obtener la primera visión de su nuevo hogar, Develio Torum permanecía en la popa. Apoyado contra un mamparo reforzado, su silueta recortada contra el cielo matutino era tan inamovible como una isla en sí misma. Se había quitado metódicamente las gafas, los cristales del tamaño de platillos, y los limpiaba con un paño de gamuza con la misma concentración que dedicaría a una sutura delicada. El mundo, para él, siempre necesitaba ser enfocado con la máxima claridad. Desde su privilegiada atalaya, la isla se reveló no como una mancha en el horizonte, sino como una entidad estructurada. Vio primero la espina dorsal del cuartel principal, un edificio funcional de hormigón y acero. Luego, el patrón ordenado de los barracones, los campos de entrenamiento meticulosamente rastrillados y las torres de vigilancia. Un organismo diseñado para la eficiencia, no para la comodidad. Su mente clínica lo analizó instintivamente: las defensas parecían sólidas, los caminos anchos y despejados. Buena logística para la evacuación de heridos en caso de un ataque. Entonces, su mirada se posó en el muelle. Entre el personal de tierra que se movía con propósito, una anomalía destacaba. Una figura solitaria, encaramada en lo alto de una inestable torre de cinco barriles de madera. Un joven. Un marino. Era un despliegue de una excelente propiocepción y un centro de gravedad bien controlado, pero inherentemente imprudente. La base era irregular; una ráfaga de viento inesperada o un mal cálculo en la distribución del peso podría resultar en una caída de varios metros. Develio calculó mentalmente las probables lesiones: fractura de tibia y peroné, posible esguince de tobillo de tercer grado, contusiones múltiples... un desperdicio innecesario de recursos médicos y de personal. El joven ondeaba una bandera de la Marina. Un faro para el barco que llegaba. Develio registró el gesto. Lo catalogó como "exuberancia juvenil". Entonces, el sonido llegó a través del agua, una vocalización aguda y entrecortada, una serie de chasquidos guturales que se rompían en el aire. La risa del chico. Era un dato auditivo inusual. Develio lo archivó en su memoria sin darle más importancia. La pasarela de desembarco bajó con un estruendo metálico. Se hizo a un lado, su enorme presencia creando un vacío a su alrededor mientras la marea de reclutas ansiosos descendía. Él siempre era el último. Esperó pacientemente hasta que la rampa estuvo despejada antes de poner su peso sobre ella. La estructura gimió en protesta, el metal combándose audiblemente. Sus pasos no eran pasos, eran percusiones sordas, THUD... THUD... THUD, cada una un recordatorio de la escala a la que el mundo no estaba diseñado para él. Al llegar al muelle de piedra, la sólida e inmóvil tierra bajo sus pies fue un bienvenido alivio después de semanas en el mar. Se irguió, su cabeza eclipsando el pequeño tejado de la oficina del capitán del puerto. Ahora podía ver la escena con total claridad. El joven del dogi azul y blanco seguía en equilibrio sobre su precaria atalaya. Abajo, el resto de los reclutas comenzaban a formarse. Entre ellos, el llamativo caparazón carmesí de su compañero de viaje, el de la raza de los cangrejos, creaba un vívido contraste con los uniformes. La yuxtaposición de formas y tamaños era notable. Desde la perspectiva de Develio, el marino de la torre de barriles y el ser con forma de cangrejo a su lado parecían dos piezas de un juego extraño, colocadas por una mano invisible. El punto y el gigante, un contraste visual que no evocaba en él ni humor ni asombro, simplemente observación. Ignoró la risa y la ostentación del comité de bienvenida. Ignoró las miradas de los otros reclutas, miradas que hacía tiempo que había aprendido a interpretar no como miedo, sino como una curiosidad abrumadora. Sus ojos, ahora protegidos tras sus lentes, escanearon más allá del puerto, buscando la inevitable señal de una cruz roja sobre un edificio. Buscando el lugar al que realmente pertenecía. Un nuevo puesto. Nuevas variables. Nuevos cuerpos que, con el tiempo y la inevitable fricción del deber, necesitarían ser reparados. Y él, Develio Torum, estaría allí para hacerlo. Ese era su único y verdadero itinerario. O eso pensaba, un impulso, lo llevó una vez ordenaron romper filas hacia la torre improvisada de barriles y advertir a Akira. -Eh chico, como te caigas espero que tus huesos suelden bien, a los oficiales no les gusta ver de baja a nadie por ser imprudente.-Comenzó a quitarse las gafas y guardarlas en su saco del cinto con una delicadeza digna de un relojero.-Deja que te ayude-Le tendió su mano como una plataforma por la que bajar.-No dudes compañero, y tú echa una mano quitando todos esos barriles, seguro que con esas tenazas tienes fuerza de sobra- Añadió al gyojin a su lado, al parecer habían desembarcado a la vez y se habían dirigido al mismo tipo. RE: [Social][Pasado] Nuevos compañeros en la isla - Akira Raito - 28-10-2025
Referencia de estaturas
Con la bandera en alto y moviéndola de un lado a otro, sin ni siquiera seguir un orden concreto para que el aire que le diera permitiera diferenciar con claridad de que se trataba. Pero era blanca con color azul, así que desde el barco lo pudieron diferenciar bien. Pronto un par de sargentos que estaban a cargo de los cadetes les dieron la orden de romper filas y dirigirse hacia donde se encontraba Akira, que se estaba secando las lagrimas de los ojos. Y retomó la compostura mostrándose a sus nuevos compañeros como si fuera una figura de autoridad, con una mano en la cintura y clavando el palo de la bandera en el suelo. Los estaba esperando. —¡Bienvenidos a Baterilla! Un gusto conocerlos —esbozó una sonrisa, girando la cabeza hacia todos y cada uno de los reclutas para ubicarlos bien. Enseguida aquel gigante le dirigió la palabra, lo que le obligó a mirar hacia arriba. Aquel buen hombre le tendió la mano como si fuera una plataforma para bajar, a la que subió, de nuevo, de un salto. Volvió a mirar hacia arriba, eran tan grande, que para que le escuchara bien tendría que gritar—. No os preocupéis por los barriles. —¡Bien! ¡Ya os han debido de informar, mi nombre es Raito, Akira Raito! Y voy a ser quien se encargue de enseñarles la isla y de presentarlos en la base. Aquí tenemos varios lugares de interés, como el volcán, el pueblo, el faro, muchas playas preciosas y este muelle donde nos encontramos ahora —volvió a mirar hacia arriba, asegurándose de que su enorme compañero no se sintiera excluido—. ¡Grandullón! ¡¿Me escuchas bien desde ahí arriba?! —y se giró a los que tenía más o menos a su misma altura—. ¡Camaradas! ¡¿Qué ha hecho que queráis convertiros en marines?! —se cruzó de brazos esperando a escuchar sus historias. Tenían que conocerse bien si iba a hacer de guía turístico, no tenía intención de ir directamente al cuartel, pero quería ahorrarse que alguno de ellos le causara problemas. Confiaba en que los marines eran buena gente, pero siempre tenía que haber alguien un poco más depresivo que el resto que se encargaría de que aquella maravillosa excursión se transformara en una actividad aburrida y pedante. —Bueno... Esto... ¡Raito! El resto te lo dejamos a ti, zarpamos de nuevo —dijo uno de los sargentos acordándose del apellido del grumete gracias a su presentación. A lo que este respondió con el saludo militar, extendiendo su mano derecha a la altura de sus ojos, sin llegar a apoyar sus dedos sobre su cara, al dar media vuelta, estiró un poco la espalda y movió el cuello de lado a lado.
—¡Bueno, soldados! ¡Me da igual qué orden seguir! Así que... ¡Los que primero quieran dirigirse al cuartel que levanten la mano! ¡Si sois mayoría, iremos directamente, y después os enseñaré la isla! ¡No se cuánto tiempo os vais a quedar, pero son órdenes del teniente el que estéis familiarizados con el estilo de vida que se lleva en Baterilla! ¡Que es muy bueno! ¡Y que ubiquéis sin necesidad de un mapa las zonas más concurridas o de mayor interés! ¡Por si pasa cualquier cosa! ¡No es necesario que os aprendáis las calles de memoria! ¡Aunque tienen nombres muy bonitos! —mantenía el tono de voz elevado para que el gigante pudiera atenderle.
Al mismo tiempo que no le quitaba ojo a aquel cangrejo de color carmesí. No se lo iba a decir de buenas a primeras. Tampoco quería hacer sentir mal al que probablemente se convertiría en un amigo. Pero, se podía decir que estaba salivando... Algo que le hizo sentirse un tanto extraño. Al final no era un cangrejo como tal, de hecho era bastante más grande que cualquier tipo de cangrejo, pero lucía tan parecido que no podía evitar pensar en las patas cocidas de sus primos lejanos.
RE: [Social][Pasado] Nuevos compañeros en la isla - Juan Sebastian - 28-10-2025 El clima de la isla era agradable, Juan estaba preocupado por la posibilidad de que fuese una isla gélida, en el East Blue era algo raro, pero realmente no sabía mucho de los mares y se esperaba cualquier cosa. A primera vista parecía un lugar tranquilo, el puerto era similar al de su isla natal, aunque la actividad de los marines era una diferencia que le alegraba bastante. El hombre llamativo de los barriles les recibió, era un torbellino de energía y parecía que en cualquier momento se caería de los barriles, pero allí seguía. Tras rechazar la ayuda del gigante, se presentó, Akira Raito era su nombre, por su forma de hablar era evidente que era un superior, seguramente el teniente o uno de los sargentos de la base. El hombre enorme le causó una gran impresión, a pesar de parecer una montaña impasible y fría, era alguien capaz de preocuparse por los demás, le prestaba atención a los pequeños detalles, era algo que decía mucho para alguien de su tamaño. Akira les preguntó por sus motivos para convertirse en marine, la respuesta para él era evidente y, cuando llegó su turno, respondió, con voz firme al mismo tiempo que efectuaba un saludo militar —¡Me uní a la Marina para ser un héroe, señor!— Podría haber añadido detalles al respecto, como su fanatismo por el héroe de los cómics o el odio a los piratas que se lo arrebataron todo, pero no vio necesario añadir nada más, sus motivos eran casi infantiles, pero verdaderos y certeros como una flecha. Tenía ganas de escuchar los motivos del grandullón que iba algo después de él, seguro que eran motivos de peso. Pero antes de dejar seguir al resto con sus respuestas, le preguntó al que parecía que sería su nuevo jefe —¡Si me permite, señor! ¿Por qué se unió usted a la Marina, señor?— Claramente era alguien que sobresalía del resto solo por su actitud y por el aura que emanaba, estaba muy interesado en sus motivos. La siguiente cuestión, una vez todos expresaron sus convicciones, era el orden para conocer la Isla, Juan tenía claro que quería ir a cada rincón, conocer a cada vecino, la justicia debe ser cercana y la gente tiene derecho de conocer a quienes podrían ser sus futuros héroes. Así que sin mucha insistencia dijo —¡Me gustaría ver el faro, señor!— La ubicación del faro, que pudo ver desde el barco mientras llegaban a la isla, le recordaba al taller de sus padres, apartado ligeramente del pueblo y cerca de las escarpadas rocas, estaba seguro de que sería un lugar en el que pasaría bastante tiempo. Obviamente, no podía esperar a llegar al cuartel general para empezar a entrenar, pero ya había llegado a la isla y no tenía prisa, alguien no se convierte en héroe de la noche a la mañana, así que se lo tomaría con calma. RE: [Social][Pasado] Nuevos compañeros en la isla - Develio Torum - 28-10-2025 El mundo a nivel del suelo era un remolino de energía y ruido. El joven marino que los recibía, Raito, se secó unas lágrimas de risa y de repente se irguió como si un almirante hubiera entrado en la habitación. Develio lo observó desde su altura, registrando el cambio. El chico sabía cuándo ponerse serio. Una cualidad útil. Escuchó el discurso de bienvenida. Nombres de lugares de la isla, ofrecidos como si fueran un premio. Para Dev, eran solo eso, nombres. El único lugar que le interesaba no se mencionaba, pero sabía que estaría allí, en alguna parte, esperando con sus camillas vacías y el olor a antiséptico. La enfermería. Ese era el verdadero corazón de cualquier base. Develio permaneció inmóvil, un faro de silencio en medio de los murmullos excitados de los otros reclutas. El guía, Raito, tuvo que inclinar toda la cabeza hacia atrás para mirarlo, una postura que le pasaría factura en el cuello si lo hacía a menudo. La voz del chico resonó con un volumen innecesario: "¡Grandullón! ¡¿Me escuchas bien desde ahí arriba?!". El sonido era perfectamente claro. Dev se tomó un segundo, no para calcular, sino para asegurarse de que su propia voz no sonara como un trueno y asustara a los demás. — Te oigo bien— su voz fue un barítono profundo, que pareció hacer vibrar la madera del muelle bajo sus pies, alzó un pulgar para hacerle ver que todo estaba bien— No hace falta gritar, amigo, Tortortortor —Soltó una risotada muy peculiar. Luego vino la pregunta que parecía inevitable en cualquier grupo de nuevos reclutas: los motivos. Develio guardó silencio, observando. Era la forma que tenía el chico de tomarles la medida, de ver de qué estaban hechos. Escuchó la respuesta del Gyojin, Juan Sebastián, sobre querer ser un héroe. Una respuesta honesta, casi infantil en su pureza. Noble. Pero el heroísmo era un concepto que a menudo se rompía contra la dura realidad de los huesos rotos y la sangre derramada. Inevitablemente, el silencio expectante del grupo se posó sobre él. Todos miraban hacia arriba, esperando una historia grandiosa que encajara con su tamaño. La suya, sin embargo, no era una historia de gloria. Era mucho más simple. Más fea. Se tomó un momento, sus ojos barriendo los rostros de sus nuevos compañeros, antes de hablar. Sus palabras no fueron altas, pero tuvieron el peso de la piedra.-Los piratas son una enfermedad, he visto cómo actúan, como infectan aquello que es inocente y bueno para el mundo, como nos lo arrebatan todo, más de uno seguro que ha sido víctima suya... Extrajo del interior de su bolsa que tenía atada en la cintura una pipa, se la colocó en la boca, después con parsimonia comenzó a llenarla con tabaco seco con un olor dulzón similar al mango. Hizo una pausa, sus ojos fijos en el horizonte, como si viera un recuerdo desagradable. — Alguien tiene que administrar la cura. La Marina... es la cura. Yo solo estoy aquí para ayudar a aplicarla. —Dijo seriamente mientras mientras encendía la pipa con una cerilla que apagó de un soplido. No había rastro de emoción en su tono, solo la cruda certeza de alguien que ha visto los síntomas y conoce el diagnóstico. Su declaración quedó flotando, simple y pesada. Finalmente, Raito les dio a elegir el destino: la isla o el cuartel. La curiosidad pareció ganar entre los reclutas más jóvenes. Juan Sebastián expresó su deseo de ver el faro, un impulso que Develio comprendió pero no compartía. La curiosidad era buena, pero el deber venía primero. Cuando le llegó el turno de opinar, no levantó una mano que podría haber dado sombra a tres hombres. Simplemente habló, su voz una vez más cortando el parloteo con una lógica simple y directa. — Quiero ir al cuartel — afirmó, sin rodeos. Su mirada se encontró con la del enérgico Raito. — Necesito saber dónde está la enfermería. Conocer las herramientas con las que voy a trabajar. —Dijo expulsando un poco de humo por la nariz, echaba tanto como una chimenea. Hizo un gesto con la cabeza hacia el pueblo y la vegetación circundante. — El trabajo primero. Las visitas, después. —Dijo mientras sonreía de soslayo al guia y al cangrejo. No era una orden ni una sugerencia táctica. Era su forma de entender el mundo. Las herramientas y el taller siempre iban antes que la admiración del paisaje. Ahora observaba, con si sonrisa ladeada con la pipa en la mano si sus compañeros eran de los que se afanaban por divertirse antes que trabajar. RE: [Social][Pasado] Nuevos compañeros en la isla - Akira Raito - 29-10-2025 Akira, aún de brazos cruzados, escuchó la afirmación del señor cangrejo—. ¡Eso es! ¡Un héroe! ¡Yo vine a lo mismo! ¡Ayudar gente viendo mundo! ¡¿No es cómo cumplir un sueño?! —gritó entusiasmado mientras levantaba un brazo y señalaba a aquel gyojin con exoesqueleto directamente a la cara. Aunque por fuera se mostrara tan exuberante en su forma de ser tan extrovertida, por dentro estaba, si se podía decir, sonrojado. Le estaban llamando "señor", y no por ser un anciano, sino porque lo habían confundido con una figura de autoridad. Se giró y les dio la espalda a los soldados, tomó de nuevo aire, y se dio de nuevo la vuelta.
Pronto elevó la vista de nuevo hacia su amigo del tamaño de un titán—. Wow, grandullón... Todos aquí, me atrevo a decir, que podemos empatizar contigo. Ninguno queremos que la lacra de la sociedad haga reinar el caos —le respondió con ternura mientras se acercaba para abrazarle media espinilla izquierda. —Bueno compañeros, a raíz de lo que dice nuestro amigo... Perdona, ¿cómo decías que te llamabas? —dejó de gritar a petición de Develio, si le escuchaba bien y no era necesario, prefería no quedarse afónico. A fin de cuentas, Akira era una persona a la que le gustaba demasiado hablar, como para perder ese don. —He decidido que lo mejor será que vayamos primero al cuartel. Estoy viendo que todos cargáis con vuestro equipaje, y creo que lo mejor es que os instaléis tranquilamente, que veamos las instalaciones antes de la hora de comer, y que después hagamos una visita turística exprés a la isla. Al fin de cuentas, primero tendréis que saber dónde está el baño. Tchakikikikiyah —se rio de nuevo. Acto seguido se colocó al lado del cangrejo y animó al resto de sus compañeros a iniciar la marcha en dirección al cuartel, que no se encontraba muy lejos del pueblo de Baquella. Estaba entre el muelle, el puerto y el faro. Un lugar clave para poder tener controlada la isla. No era un cuartel grande, era más bien pequeño, pero tenía todo lo necesario—. Oye, gran crustáceo, luego iremos al faro, no te preocupes. Además, queda cerca del cuartel. ¿Cuál es tu nombre? —al final al chico le iba a dar tortícolis. Cada vez el mundo era más grande. Aunque la mayoría de las poblaciones estuvieran adaptadas a gente de su altura, los altos estaban empezando a adueñarse del planeta. Akira se puso una mochila al hombro y cogió una maleta cualquiera de alguno de los reclutas, y sin darse cuenta ya estaba hurgando en los bolsillos de la mochila. Encontró una piruleta de fresa y se la metió en la boca sin preguntar. Tampoco miró hacia atrás por si le molestaba al dueño—. Y bueno, que os apetecería comer en llegar. A mi personalmente me encantan los nigiris, si os gusta ese tipo de comida estáis de suerte. Esta isla prácticamente vive de la pesca... Lo siento compañero... —dijo mirando a su amigo el de pinza roja—. En cuanto a ti, no te preocupes, hay comida de sobra para diez como tú. Tan pronto como lleguemos te enseño dónde está la enfermería, el quirófano, el laboratorio farmacéutico y todo —se recolocó la mochila. —Y no me confundáis chicos, que alguno de vosotros me ha hablado de usted... También soy un recluta que acaba de entrar al cuerpo. Tchakikikikiyah. RE: [Social][Pasado] Nuevos compañeros en la isla - Juan Sebastian - 29-10-2025 Las respuestas de sus nuevos compañeros eran perfectas —El gigante tiene razón, los piratas sin dudas son una enfermedad que hay que erradicar. Y se ve que no soy el único que quiere ser un héroe, como esperaba— Pensó. Sin dudas era como un sueño, por fin sentía que estaba rodeado de gente con sus mismos objetivos e ideales. Decidieron poner rumbo al cuartel, el gran hombre tenía razón, lo primero es lo primero, además —el equipaje...— Ni siquiera había tenido tiempo de pensar en eso, estaba completamente abstraído pensando en sus nuevos compañeros, y la vida que le esperaba. Akira le resultó un tipo muy agradable estaba seguro de que alguien con esa buena energía haría más llevadera su estancia y Develio era claramente una persona buena y centrada, alguien en quien podría confiar cuando sea el momento. Una vez se pusieron en marcha, Juan se quedó absorto con los paisajes de la isla, el pueblo de Baquella, a pesar de ser pequeño, tenía un encanto que se podía apreciar desde la distancia, el volcán, que se podía observar en la lejanía, era imponente y la vegetación tropical era completamente nueva para él, el mundo era un lugar increíble y ahora podría verlo todo mientras llevaba a cabo su deber. Akira le reconfortó asegurándole que más tarde irían al faro y Juan respondió —Por supuesto, tampoco puedo esperar para ver el cuartel, todo a su debido tiempo. Mi nombre es Juan Sebastián, un placer conocerte— Después de eso cogió una caracola del suelo, la limpió por encima y la uso de pompero como de costumbre. Se río ruidosamente al ver como su nuevo compañero cogía una piruleta del bolso de uno de los otros reclutas y se la metía en la boca. Cuando le preguntó por la comida mientras se metía la piruleta en la boca Juan no pudo evitar babear, con el lío del desembarco no había podido desayunar. —No tengo problemas con comer pescados jajajajajaja, de hecho me encantan las sardinas y los moluscos... Lo único que puede ser algo violento es comer cangrejo, prefiero evitarlo—. Que Akira no fuese un oficial le sorprendió y le llevó a preguntar —¿Cuánto tiempo llevas preparándote para entrar en la Marina Akira? Das la sensación de ser muy experimentado.— Esto llevó a Juan a pensar en sus objetivos, sabía que quería ser un héroe de la Marina, pero, ¿Cómo de lejos podría llegar, podría ser un héroe si se estanca como recluta para siempre? Sabía que había plazas limitadas para los puestos más altos e incluso algunos reclutas ya daban la sensación de estar preparados para ser oficiales como Akira o el observador y responsable Develio. Ahora sabía que tendría que esforzarse al máximo para no quedarse atrás, aunque le dolía la pinza de solo pensar en madrugar. RE: [Social][Pasado] Nuevos compañeros en la isla - Develio Torum - 30-10-2025 El entusiasta torbellino que era Akira Raito le ofreció un abrazo en la espinilla, un gesto que Develio recibió con la impasible quietud de una secuoya milenaria. No devolvió el abrazo, pero tampoco lo rechazó. Con uno de sus dedos hizo TAP TAP en la espalda de Akira. Era simplemente... una nueva variable en la ecuación de sus compañeros. Registró el concepto de "ternura" que Raito mencionó. Era una palabra extraña, pero pareció complacer al semigigante. Cuando Raito le preguntó de nuevo su nombre, Develio retiró lentamente la pipa de su boca, una pieza colosal tallada en madera de Elbaf. La sostuvo con un agarre que haría parecer pequeño un tronco, y el humo aromático y espeso con olor a mango ahumado siguió emanando de la cazoleta. — Develio — respondió, su voz el retumbar profundo de rocas removiéndose. — Dev, para abreviar. Es más fácil, además de bonito. — La lógica de su argumento se suavizó con la sonrisa ladeada que ya tenía esbozada desde antes, la comisura de sus labios curvándose alrededor del lugar que solía ocupar su pipa. La decisión de ir primero al cuartel, un eco de su propia sugerencia, fue recibida con un asentimiento casi imperceptible de su parte. Era el curso de acción correcto. Mientras Akira reunía al grupo con una energía que desafiaba las leyes de la termodinámica, Develio se reincorporó a la marcha, manteniéndose como siempre un paso por detrás del grupo principal, un satélite masivo orbitando alrededor de dos soles ruidosos y brillantes. El viaje hacia el cuartel fue una sinfonía de personalidades contrapuestas. La exuberancia de Akira, robando una piruleta con el encanto de un pillo callejero. El idealismo de Juan Sebastián, transformando una simple caracola en un juguete para hacer burbujas. Develio los observaba a través del velo constante de su humo. No los juzgaba, los apreciaba. Eran mecanismos diferentes para lidiar con el mismo estrés. Ellos tenían sus mecanismos. Su propio mecanismo, la pipa, estaba firmemente sujeto entre sus dientes, la talla de la pipa mostraba una escena increíble de lo que parecía un gigante con pelo, un lobo gigante, una serpiente que se tragaba a sí misma desde la cola, esa pipa era lo único que había mantenido de su propio padre. Cada calada era un ancla, un recordatorio de un lugar mucho más duro y frío. El aroma afrutado que llenaba el aire tropical era su propia burbuja de familiaridad, una porción transportable de su lejana tierra natal. Akira, el guía improvisado, no olvidó su promesa. Su mirada se encontró con la del gigante a través de la neblina aromática. El ofrecimiento de mostrarle la enfermería, el quirófano... era una señal de que lo había escuchado. De que lo entendía, Akira era un buen tipo, solo con mirarlo a Dev se le dibujaba una sonrisa en su seria faz. Develio le sostuvo la mirada por un momento y luego exhaló un anillo de humo casi perfecto. — Buen plan Akira, lo secundo. — dijo, aprobando tanto la visita turística posterior como, y más importante, la priorización de las instalaciones médicas. — Ver el quirófano primero. La comida puede esperar. La sepsis no. Por cierto no os lo dije, soy médico — La afirmación tenía un peso que solo un médico de campo entendería. Observó la revelación de Raito de que él también era un recluta. Esto ya lo sabía Dev, por ello lo había mencionado al hablar con Akira la primera vez, aunque el liderazgo innato seguía siendo un rasgo curioso y digno de estudio, algo con lo que se nace. Caminaba en silencio junto a ellos, una torre de calma pensativa, la ceniza de su pipa creciendo lentamente. La pregunta sobre el pescado, sin embargo, provocó una respuesta verbal. La idea de que el depredador no dañara la cadena alimentaria, sino que formara parte de ella. — Comeré pescado — su voz retumbó suavemente. Su sonrisa ladeada regresó por un instante fugaz. — La naturaleza es... eficiente. El mar da mucho, y el mar también toma. Somos parte de ese ciclo, pero el marisco hay que quitarlo del menú por deferencia a Juan.— Asintió solemne y le dio una palmada muy suave en el caparazón a Juan Sebastián, un gesto que probablemente sonó como un trueno y casi lo desestabilizó. Era un intento torpe de camaradería, su propia versión de un abrazo o una broma. — Pero tú — añadió, señalando a Akira con la boquilla de su pipa una vez retirada de su boca— Seguramente te hayas hinchado a gambones, podrían haber sido primos de Juan. No tienes excusa eres un amigo muy desalmado. ¡Tortortortortor!. —Soltó de nuevo esa risa extraña y gutural, un sonido que parecía hacer temblar sus propios cimientos, antes de dar otra larga y satisfactoria calada a su pipa ornamentada, envolviéndose una vez más en su nube personal de humo con olor a mango y a un lugar lejano. La caminata hacia el deber se había convertido, inesperadamente, en el primer paso de un extraño y ruidoso viaje entre tres almas muy distintas. RE: [Social][Pasado] Nuevos compañeros en la isla - Akira Raito - 01-11-2025 Continuaban con su marcha por aquel camino de baldosas anaranjadas, no llegaron a atravesar del todo el pueblo, ni a profundizar entre sus gentes, calles o comercios, pero aquel camino entre palmeras les permitía apreciarlo en tamaño y distribución. Pronto pudieron vislumbrar el pequeño cuartel. Con el faro que tantas ganas tenía su compañero de visitar a lo lejos. Se giró y lo vio como estaba haciendo pompas con una caracola.
—Oye que curioso, ¿podéis controlar el agua o tenías jabón en el bolsillo? ¿Cómo las haces? —preguntó curioso al ver a Juan Sebastián jugando con aquella pequeña caracola que había cogido del suelo. Sin duda alguna, estaba rodeado de personalidades muy curiosas. Este nuevo grupo prometía. Con suerte Akira conseguía que cayeran en gracia a sus superiores y que les enviaran por fin en un buque en dirección a cualquier otro lugar. No podía quejarse de Baterilla, le encantaba, pero ya que era marine, quería poder hacer algo por mejorar el mundo. Pronto escuchó de nuevo aquel retumbar que procedía de la garganta del gigante—. Así que médico... Me lo pude llegar a imaginar por tu inquietud de querer ubicar la enfermería. ¡Estamos rodeados de eruditos! No hay gran cosa, pero seguro que te encanta ver los instrumentos médicos que tenemos. Yo soy navegante, por cierto. Aun estoy aprendiendo a leer las mareas, pero si necesitáis cualquier cosa, no dudéis en preguntarme —quiso aportar a la conversación haciéndoles conocedores de su pequeña profesión aun en desarrollo. Un médico y un navegante eran puntos fuertes dentro de una tripulación. Si todos sabían defenderse, únicamente les faltaría un carpintero para arreglar el barco por si algo se estropeaba. O incluso alguien que pudiera instalarle al barco potentes cañones. Todavía les quedaban un par de minutos hasta llegar al portón principal. —Oye... ¿Todo el marisco? Si él dice que lo único que le resulta violento es el cangrejo, ¿verdad Juan? ¿O las gambas también son tus primas? Tchakikikikiyah —Akira sentía que había conseguido integrarse bien con aquellos dos, a pesar de sus diferencias. Por un lado, el gyojin era un cangrejo relajado y muy amigable, y por otro, el médico, a pesar de la serenidad que transmitía, se trataba de un gran observador, una cualidad que da gusto que tengan los que te rodean. Aunque el hecho de que fumara a Akira no le hacía especial gracia... Aunque puestos a opinar, agradecía que el humo que salía de aquella pipa fuera a mango. Se volvió a reír. Regresó a la pregunta que le acababan de hacer—. ¿Ex... Experimentado? —pensó mientras arqueó una ceja, para a continuación rascarse la mejilla, notando la textura de aquel cuero napa en su piel—. Pues llevo... Si tengo veintisiete años... Y acabe de estudiar con veintidós... Y luego estuve haciendo trabajitos sueltos... Y un poquito ayudando a los marineros capitaneando goletas... Y luego me puse a entrenar un poquito... Si vamos sumando... —empezó a hacer cuentas susurrando en voz alta, acordándose de la propuesta de su familia de que se uniera a la Marina. Un lugar donde sus estudios iban a serle de gran utilidad, y mezclado con sus ganas de entrenar, dignas de un artista marcial, le darían puntos a favor en situaciones de conflicto. Segundos después, respondió enérgicamente—. ¡Cuatro meses! —con la mano el alto y los dedos levantados—. Pero experimentado... Para nada... Es que soy algo intenso cuando se trata de transmitir seguridad y valentía. No solo nos representamos a nosotros mismo. Si actuamos bajo la bandera de la Marina, representamos a la Marina. Y a mi personalmente me gusta sacar sonrisas y transmitir energía positiva. Aunque no siempre es fácil... Pero experimentado, nada de nada, tchakikikikiyah... Igual imito al teniente sin darme cuenta. Tchakikikikiyah. Y sin apenas darse cuenta, habían llegado a las puertas del cuartel, donde uno de los sargentos les estaba esperando—. Bueno muchachos, os explico por encima antes de que me quiten la vitis romana. Un comandante, un teniente, cinco sargentos y treinta soldados rasos. Y ahora os sumamos a vosotros a nuestras filas. |