Nakama no Mi - Foro Rol de One Piece
Campos de Caña [Pasado/Privado] - Versión para impresión

+- Nakama no Mi - Foro Rol de One Piece (https://nakamanomi.com)
+-- Foro: Mundo (https://nakamanomi.com/forumdisplay.php?fid=3)
+--- Foro: South Blue (https://nakamanomi.com/forumdisplay.php?fid=7)
+---- Foro: Reino de Samba (https://nakamanomi.com/forumdisplay.php?fid=314)
+----- Foro: Campo de cañas de azúcar (https://nakamanomi.com/forumdisplay.php?fid=318)
+----- Tema: Campos de Caña [Pasado/Privado] (/showthread.php?tid=2445)



Campos de Caña [Pasado/Privado] - Tensui Marlin - 30-10-2025

South Blue/Reino de Samba
Campos de cañas de azucar
Día 50 de Otoño del año 16
.
.
.
En los pocos días que llevo en Samba, he encontrado algo que se parece a la paz. No es mucha, pero alcanza para respirar sin rabia. El mes pasado me había dejado vacío, y aunque no he hablado con nadie ni tengo intención de hacerlo, el silencio de esta isla me ha servido. He seguido practicando con esta maldita Akuma no Mi. No es difícil, al menos no para alguien que nació nadando. El cuerpo recuerda lo que el alma no olvida, pero sigue siendo un golpe extraño poder deslizarme sobre la tierra, y no en el agua. Es como mirar el mar desde afuera, sabiendo que ya no te pertenece.
 
Hoy he vuelto al campo de cañas de azúcar. No sabría decir si es por el tipo de tierra o por el aire que se respira aquí, pero este lugar parece entender mejor mi forma de moverme. Practicar con la Sui Sui no Mi entre estos surcos húmedos me resulta casi natural. Puedo hundirme en la tierra, nadar bajo ella y emerger con la fuerza de un marlín atravesando las olas, por un instante casi puedo engañarme, casi puedo creer que sigo en el mar.
 
Cada salto me recuerda quién fui antes de la marca en mi espalda. El viento golpea mi rostro igual que lo hacía la corriente, y por un momento todo tiene sentido otra vez. Pero basta con mirar mis manos cubiertas de polvo para recordar que esto no es agua, que lo que atravieso no es mi hogar. La tierra me recibe, sí, pero no me abraza; me tolera como algo ajeno, como un pez que aprendió a respirar donde no debía.
 
Krakatua me observa desde el canal, inquieta. Sé que no entiende por qué nado fuera del mar, por qué me hundo en un suelo que no canta ni respira como las olas. Le sonrío, aunque no me vea desde tan lejos. —Aún no es lo mismo, pequeña —murmuro, con la voz baja, casi una disculpa —Pero algún día volveré a moverme con libertad, aunque sea en otro océano. — Salí de la tierra en un último salto, rompiendo el suelo con un golpe seco. La arcilla se desmoronó a mi alrededor mientras el polvo flotaba unos segundos en el aire, dorado por la luz del atardecer. Me limpié las manos con calma y avancé unos pasos hasta el borde del campo. Las cañas se mecían al ritmo del viento, sus hojas chocando unas contra otras como si cuchichearan entre sí. Me senté sobre una piedra grande, lo suficientemente firme como para sostener el peso de mis pensamientos.
 
El olor dulce de las cañas me resultaba extraño, pero no desagradable. Había algo vivo en ese aroma, algo que me recordaba al mar cuando estaba en calma, antes de las tormentas. Me quedé mirando el horizonte, escuchando el crujir de los tallos y el zumbido de los insectos que parecían no tener prisa por nada. Era curioso cómo un lugar tan quieto podía hacerme sentir en movimiento.
 
Apoyé los codos sobre las rodillas y dejé que el silencio me envolviera. La práctica había sido buena, pero no perfecta, todavía sentía un leve tirón en el pecho cada vez que me hundía demasiado rápido. Tal vez era el cuerpo resistiéndose, o el alma recordando su origen. De cualquier forma, sonreí. Estaba aprendiendo a nadar en tierra, a no necesitar el agua aunque, en el fondo, sabía que ninguna superficie me haría sentir tan libre como el mar.