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[Pasado] La mujer del país de las amazonas | Social - Versión para impresión

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[Pasado] La mujer del país de las amazonas | Social - Ryota Miyamoto - 31-10-2025


45 de verano hace 2 años.

El refrescante sonido de las olas chocando contra la costa se extendía a lo largo de una hermosa playa en la isla de Baterilla. El paraíso estaba enmarcado por palmeras, arena blanca y aguas cristalinas. Su ubicación, oculta entre pasajes montañosos, hacía que fueran pocos los habitantes que conocían de su existencia.

Como aquella playa, muchos otros rincones, aún ajenos a la mano del hombre, se alzaban en la naturaleza, ocultos a plena vista y disfrutados solo por unos cuantos afortunados.

Solo unos pocos pescadores de la isla conocían aquella playa, por lo que casi siempre permanecía libre de cualquier rastro humano. Apenas alguna iguana deslizándose sobre la arena o tortugas marinas que llegaban a depositar sus huevos durante la temporada de apareamiento rompían la quietud del lugar. La mayoría de los pescadores solían pasar sus días en el mar, sin mucho tiempo para visitar sitios donde pudieran simplemente dejarse llevar por el ocio.

La mayoría, a excepción de Ryota Miyamoto.

El chico de cabello castaño se encontraba sentado sobre su tabla de surf, mientras el suave oleaje del mar lo mecía plácidamente. El sol acentuaba el tono dorado de su piel y se reflejaba en su hermosa tabla de madera adornada con motivos florales. Con una expresión de profunda calma, cerró los ojos y se dejó envolver por todo lo que la madre naturaleza tenía para ofrecerle.

[Imagen: wIvzqBp.png]

“Bro, qué día tan increíble… y pensar que me querían hacer desperdiciarlo vendiendo pescado…”

Expreso para sí mismo, disfrutando del agua en sus pies, el sol en su cuerpo y la brisa marina golpeando contra su rostro.

No pasó mucho tiempo antes de que Ryota decidiera lanzarse a montar las olas que se formaban con cada vaivén de la marea. Una a una, las surcaba desde su inicio hasta su cresta, disfrutando cada instante. Aquello era su lugar, su momento para disfrutar, relajarse y desconectarse del mundo; un espacio para soñar con el futuro que anhelaba: una vida alejada de las preocupaciones, las obligaciones y las desmedidas responsabilidades.

Sin saberlo, en su intento por escapar de las ajetreadas obligaciones de su vida, jamás imaginó que acabaría cayendo en otras aún mayores: los caprichos del destino. Justo en medio de su despliegue de habilidad, alcanzó a ver a lo lejos una balsa de madera que flotaba a la deriva, golpeando contra los peñascos de la orilla.

“¿Uh?” Lo vio extraño, tanto que su curiosidad se despertó y usó su tabla para volver a acercarse, saliendo del agua y dejándola atrás para investigar. Cuando llegó a estar cerca de la balsa, escuchando los sonidos de la madera golpeando contra algunas rocas de la playa, la vio.

Una hermosa chica de tez canela y cabellos negros yacía inconsciente sobre la balsa. Su figura parecía ser capaz de despertar la envidia de las mismísimas diosas y su belleza despertar los deseos de cualquier hombre. “¡Hey!, ¿¡estas bien!?” preguntó, buscando que reaccionara con su voz mientras se acercaba rápidamente para auxiliarla. Pero justo cuando extendió la mano para intentar despertarla, sus ojos se detuvieron en sus labios, carnosos y perfectamente delineados.

“Wow…” Aprecio por escasos instantes la belleza ajena, antes de lo inevitable.

¿Enamorarse podrán pensar? Claro que no, lo inevitable fue una maldita serpiente de larga envergadura que se lanzo cual resorte sobre el chico de ojos color miel.

[Imagen: mL4PXcm.png]

“¡Ahg! ¡Puto! ¡Sueltame! ¡A la verga! ¡Ahhhhhhhh!”

Las manos de Ryota apenas alcanzaron a reaccionar, aferrándose a la cabeza del animal, que cerraba con fiereza sus fauces en diversos intentos por atraparlo. Antes de que la misma lo consiguiera y cuando comenzó a tratar de enroscarse sobre el cuerpo del joven, este la arrojó algunos metros (es social que el sistema me la $%#%$#) a la distancia.

“¡Lo siento! ¡Voy a agarrar tu cuerpo sin tu consentimiento, pero créeme que es por tu propio bien!” Nadie quería tener que lidiar con la Marina por temas de funas sociales hoy en día, pero esperaba tener misericordia por la situacion, así que rápidamente tomó a la señorita entre sus brazos y echó a correr por la playa, mientras la maldita serpiente lo perseguía como si le debiera dinero… o le hubiera arrebatado algo muy importante.




RE: [Pasado] La mujer del país de las amazonas | Social - Runin D. Kitay - 11-11-2025

Sed

Calor

Hambre

¿Cuántas semanas o días se ha retorcido en el sinuoso sendero marítimo de la aventura? ¿En cuántas ocasiones ha sorteado desconocidos islotes e inusuales muelles? ¿Cuántas han sido las balsas prestadas y perdidas? El dramatismo asalta la mente de la adormilada fémina. El constante vaivén de la pequeña embarcación mece sus deseos más profundos: Un buen baño. ¿Cuándo fue la última vez que tomó uno? Hace… un día.

En realidad no lleva más de unas pocas horas navegando sin rumbo. Ha pedido a una embarcación mercante algo de ayuda y por alguna razón pensó que sus habilidades para la navegación iban más allá de la derecha o la izquierda, de los puntos cardinales o el sol sobre su hombro derecho. “Sigue el norte” dijeron. ¿Hace cuánto que lo había perdido? No hace poco, eso seguro. A pesar de ello la preocupación se mantiene al mínimo, tanto que la espera terminó por convertirse en aburrimiento, el aburrimiento en sueño y el sueño en bronceado.

¿A dónde pensaba ir? No tenía certeza. ¿Cómo llegaría a tierra? El mar oraría por ella. ¿Sentía la solitud y el temor proveniente de la incertidumbre? En lo absoluto. Runin tiende a pensar que su suerte no es tan terrible y que, si está acompañada de Cardan, nada malo puede llegar a suceder. Al menos esta vez no lo ha dejado abandonado en cualquier lugar o le ha dado permiso para explorar a su antojo, olvidándose que tiene alguien a quien proteger.


Runin y Cardan son iguales, en cierta medida.

Una serpiente de casi tres metros tomando el sol junto a su compañera de vida. Ambos han perdido el camino o el interés en obtener un dónde o un cuándo. Los ojos se han cerrado y la balsa ha llegado a un nuevo paraíso. El constante repiqueteo contra la piedra molestan a la serpiente. Está sisea y se envuelve en sí misma esperando que su dueña termine por despertar gracias al mismo imperioso y constante sonido.

Sonido que es acompañado por otro más, uno menos acuñado a la naturaleza y más a la vida mundana.

Una voz.

¡La voz de un maldito hombre!

¡Un hombre que estaba viendo a su Runin!

¿Qué haría un buen depredador como él para impedir tal acto de cobardía? ¿Qué decisión puede tomar una serpiente lily para impedir que su amada amazona fuese observada mientras dormía? ¡No hay más opciones que atacar! Armado de valor y de su pequeño sombrero de copa, Cardan se abalanzó sobre su presa. Si pudiera hablar y no solo sisear, seguramente le diría algo como “Un vergazo es lo que te voy a soltar”. En su lugar solo fue un continuo ssssssss antes de intentar morder al moreno.

¡Las serpientes vuelan!

¡Cardan vuela al ser lanzado por Ryota! Eso no es suficiente para aquellos que protegen lo que más aman y ¡se la ha llevado! ¡El vil humano se ha llevado su más grande tesoro!

Las palabras se agitan al igual que el cuerpo de la fémina o como las “s” que va formando  Cardan al saltar una y otra vez para atrapar al secuestrador. A ojos de cualquiera aquello podría notarse irreal, en especial cuando el entrecejo de la mujer se frunce en molestia. ¿Quién interrumpe su sueño reparador? ¿Quién aprieta su cabello bajo su cuerpo haciendo que algunas raíces duelan? ¿Qué huele dulce en el ambiente? ¿Y por qué siente más calor de lo habitual?

Los ojos al fin se abren mostrando el brillo del chocolate que esconden. Parpadea una, dos, tres veces. ¿Se murió y nunca se dió cuenta? ¿Cómo ha llegado a esa situación? ¿Quién es el apuesto hombre que intenta secuestrarla?

[Imagen: tL6yh7D.png]

—Hey, cariño… ¿Nunca te han dicho que es de mala educación robar mujeres que provienen del mar?

La voz escapa somnolienta aunque audible, ligera y dulzona y perezosa.

Sus brazos ascienden hasta abrazarlo por el cuello, sujetándose a él cual princesa temerosa de caerse. Acerca sus pechos al del ajeno, restregándose mientras intenta ascender hasta el oído de su captor. Ve de reojo a la serpiente que los sigue en un intento de carrera que lo hace ver adorable con su pequeña corbata. —Has hecho que Cardan pierda el estilo, cariño, es imperdonable, fufufufu~ —Ríe muy bajo, sostiene el cabello del castaño echándolo hacia atrás, dejando expuesto el cuello. Runin abre la boca y la coloca contra el cuello del desconocido.

—Tres segundos para explicarte o te arranco la yugular. —Ahora realmente parece una boa, porque no piensa soltar a su presa. Los dientes se aprietan contra la piel bronceada del hombre, está a punto de morder aquel cuello. ¿Quién dice que las cosas no se parecen a su dueño?






RE: [Pasado] La mujer del país de las amazonas | Social - Ryota Miyamoto - 27-11-2025


Las pisadas se marcaban en la arena mientras Ryota continuaba su frenética carrera. Su respiración entrecortada, el pulso acelerado, las piernas moviéndose casi por instinto y la mirada fija al frente le impidieron notar el instante exacto en que aquella hermosa mujer despertaba. Los ojos del color más dulce reaccionaron y la voz femenina rompió el caótico momento que los envolvía.

“¿Uh?” El tiempo pareció detenerse mientras corría. Sus ojos se cruzaron con los ajenos y su voz apenas logró emitir un leve sonido de sorpresa. Era listo, sí, pero no lo suficiente como para responder de inmediato a aquellas palabras tan juguetonas, lanzadas en un instante que él aún no alcanzaba a comprender.

Lo que al principio fue sorpresa se transformó en una cercanía inesperada, y el suave tacto de la morena se apoyó contra su cuerpo. Ryota, entonces, agradeció al dios del mar por haberle permitido estar allí. Pero justo cuando pensó que aquel gesto era algún tipo de agradecimiento por su rescate, una risa suave emergió, derrumbando por completo su suposición.

“¿Cardan?” Preguntó. “¿Qué es tan gracioso?” Volvió a demandar una respuesta a lo que no entendía. ¿Acaso la señorita estaba algo loca? Ambos corrían de una gran serpiente que parecía estar a punto de devorarla cuando la encontró, ¿Qué tenía eso de gracioso?

En medio de tantas preguntas que surgían una tras otra en su cabeza, llegó la amenaza disfrazada de petición. El castaño habría estado encantado de responder de inmediato… de no ser por la reacción involuntaria de su propio cuerpo al sentir en su cuello el suave roce de aquellos labios, acompañado de un dolor agradable cuando la mordida finalmente se hizo presente.

Lo que tenía frente a su vista se volvió de cabeza de un momento a otro, como si el mundo entero hubiera girado sobre sí mismo. Había tropezado con un tronco, fruto del desconcierto, y entonces, ambos quedaron suspendidos en el aire por unas breves milésimas antes de dejarse caer.

Sin pensarlo siquiera, Ryota abrazó el cuerpo de la joven y giró sobre sí mismo en un último intento desesperado por protegerla de la caída, colocándose él primero para recibir el impacto contra la arena.
Un estruendoso sonido por la caída opacó incluso al de las olas, y la pareja terminó en el suelo. Por suerte, el caballero logró su cometido: cayó antes que la señorita y ahora yacía debajo de ella, con la espalda hundida en la arena y un dolor sordo que comenzaba a hacerse notar.

[Imagen: UZmEV9j.png]

Al principio quedó aún más embelesado por el indiscutible atractivo de la morena, pero pronto recordó a la serpiente. Con un impulso brusco se incorporó del suelo y volvió a girar sus cuerpos, esta vez colocándose de espaldas a ella, con los brazos extendidos a cada lado para protegerla. “¡Corre, yo la distraeré!” Alertó a la morena para luego ver al animal.

[Imagen: QOLc3oj.png]

“¡Aléjate Bro! ¡Ella no será tu cena de hoy!”

Gritó, completamente decidido a dejarse morder por la serpiente con tal de mantener a salvo a la chica que protegía… o al menos, esa era su intención. Pero su sorpresa fue enorme cuando la serpiente saltó del suelo en una furiosa embestida y, en lugar de caer sobre él, describió un arco perfecto en el aire para aterrizar sobre la mujer, envolviéndola con el mismo cariño que mostraría un cachorro al reencontrarse con su dueña.

[Imagen: zvrxhAe.png]

“Espera… ¿Esa serpiente se llama Cardan? Ósea que, ¿no te iba a comer?, ¿Quién tiene una serpiente de mascota?”

Su desconcierto era evidente; incluso llegó a sentirse ligeramente estafado al ver que la serpiente no resultaba ser un monstruo maquiavélico, sino que ahora ofrecía pequeños lametones en el rostro de la señorita, como una mascota demasiado emocionada. “¿Por qué no un perro como todos?” Pregunto, dejando caer su trasero sobre la arena observando la pintoresca escena.


RE: [Pasado] La mujer del país de las amazonas | Social - Runin D. Kitay - 13-12-2025


El constante movimiento, cambios de escenarios y situaciones no terminaban de tomar forma cuando el mundo dio un nuevo giro de tuercas. La sensación de mariposas ante la repentina caída fue acompañada por el inconsciente movimiento de su cuerpo al aferrarse con más ahínco al ajeno. ¿Estaban cayendo? Si, lo estaban, seguramente dolería y terminaría haciendo algo más que morder el cuello ajeno. Gracias a la agilidad mostrada por el castaño, su integridad quedó intacta; tuvo que soltar el leve agarre contra la piel ajena, pero fuera de ello no tenía ni una sola mota de arena arruinando el matiz de su tez.

No tiene tiempo de enderezarse correctamente antes de notar, de nueva cuenta, la predisposición de aquel hombre por protegerla. La risa asciende, sin escrúpulos, hasta chocar contra su garganta, casi parece estar destinada a salir aunque ¿No era aquella muestra de ignorancia algo afín a la ternura? Si, en el fondo la idea le causaba aún más gracia de lo que podía imaginar siquiera. Los brazos de la fémina se extendieron de lado a lado, lista para recibir el terrible peso de la amaestrada y hostigante criatura que a veces puede llegar a parecer un perro más que una serpiente.

[Imagen: 1ZqhE5o.png]

—¿Qué hablamos sobre los ratones de campo y las dietas, Cardan?

Pronuncia con cierto pesar molesto al percatarse cómo su cuerpo cede durante una fracción de segundo. La serpiente parece darse cuenta de ello cuando distribuye su peso en el cuerpo de la amazona, claro, no sin antes darle un apretón lo suficiente fuerte como para hacer notar su presencia, pero bastante endeble en comparación a los huesos que podría romper con facilidad abrumadora.

Las palabras del castaño rompen el ensueño del excéntrico dúo dinámico. Cardan se acomoda en los hombros de Runin. Ella se endereza al tiempo que acaricia el rostro de la domada bestia, la bífida lengua escapa lamiendo el rostro de la morena. Al final la risa no puede ser contenida por más tiempo, no con la expresión del ajeno haciendo mella en su sentido de burla. ¿Había malinterpretado las intenciones del hombre? ¿Se habrá asustado al verla en un bote a la deriva siendo custodiada por un reptil de casi tres metros?

[Imagen: DJI0dox.png]

—FUFUFUFU~ ¿Así que estabas preocupado por mi, cariño?

Un gesto de la mano es suficiente para que Cardan descienda por el cuerpo de la mujer hasta aferrarse con delicadeza medida a la pierna de ella. —¡Qué adorable de tu parte! No deberías asustar a las personas que tratan de ser amables conmigo, Cardan. Ve y discúlpate como corresponde. —La comisura de sus labios continúan mostrando jocosidad, aún cuando relame ligeramente estos. La serpiente vacila pero al final se desvincula de su amiga para reptar hacia el nuevo conocido.

—Solo las personas con confianza en sí mismas pueden tener cualquier tipo de criaturas bajo su mando, cariño. ¿Nunca te lo enseñaron? —Un gesto de mano resta importancia al asunto, como si se tratase un paseo por un parque de atracciones concurrido; lo único que hace es divertirse con él, no es como si realmente las cosas se dieran de dicho modo. —Considéralo más un mejor amigo que una mascota. —Porque si dice lo otro en voz alta, Cardan se pondrá lastimero, dramático y desaparecerá un par de días para luego regresar con la cola enrollada en sí mismo. Un asunto de nunca acabar.

—No temas, fufufufu. Solo quiere ser amable contigo. —Y por amabilidad se refiere a recibir un extraño asentimiento de cabeza cercano que casi hace caer el pequeño sombrero, Runin piensa que debe atarlo con más cuidado, pero deberá ser después porque sus piernas la han llevado a caminar junto a la serpiente, frente al castaño, extendiendo su diestra hacia él; parece querer ayudarle aunque la posición de su mano parece más bien lista para que depositen en ella un caballeroso beso o un par de costosas joyas.

[Imagen: CSVgqsy.png]

—¿Cómo te llamas, amable intento de secuestrador?

Cuestiona. El cabello se mueve teatralmente, la pose erguida da la apariencia de ser más alta de lo que realmente es, el sol parece impactar directamente contra sus hombros. La respiración se torna pausada después de reírse tanto, sus piernas parecen firmes aunque, de vez en cuando, dan la impresión de flaquear. Cardan juega intentando poner en orden el sombrero, después de reptar y saltar tanto, casi parece un poco más torpe.


RE: [Pasado] La mujer del país de las amazonas | Social - Ryota Miyamoto - 14-12-2025

Lo que en un principio llegó a alarmarlo ahora lo abochornaba ligeramente. La hermosa sonrisa de la morena era un aliciente frente a la vergonzosa actuación que acababa de realizar al intentar salvarla de su propia mascota.

[Imagen: xrg1m4t.png]

Allí, arrodillado sobre la arena y previamente haber girado del todo para estar frente a la hermosa morena. No pudo hacer más que dejarse contagiar por la risa que ella emitía. Sabía que se veía como un idiota al hacerlo, pero defenderse no era una opción; acababa de malinterpretar por completo las emociones de la serpiente mascota y solo podía tomárselo con humor ante las carismáticas burlas que escuchaba.

Los ojos de color miel descendieron para ver cómo la mascota, llamada Cardan, avanzaba en su dirección con el único fin de emitir la disculpa exigida por su ama. Ryota guardó silencio, observándola con genuina curiosidad. Ambos animales de diferente raza, se miraron el uno al otro como si se analizaran por escasos segundos. Antes rivales, ahora colegas en una tregua compartida.

“Así que un mejor amigo…” Respondió tras las palabras de la morena. Todo indicaba que cardan era bastante amigable, así que lejos de preocuparse por ella ante los consejos de su dueña, simplemente extendió su diestra para acariciarla. Aunque, previo a tocarla, cerro el puño en forma de saludo, esperando que la serpiente lo entendiera, un saludo instintivo y animal que solo ellos podrían entender.  IMAGEN

Ambos parecieron entenderse con ello, todo estaba bien, saldado o al menos así fue por parte del castaño, que no solía guardar resentimientos.


La camarería del momento fue eclipsada por la belleza de la señorita. Unos cuantos pasos la colocaron frente al castaño y su mano se extendió pidiendo una presentación antes de ofrecer su ayuda.

[Imagen: zxs8f0c.png]

“Ryota, Ryota Miyamoto.”

Aceptó la ayuda para ponerse de pie, tomando la ayuda y apoyándose en ella para salir de la arena, dejando en evidencia la diferencia de estaturas. Se sentía mejor así, más cómodo, más natural. “¿Y tú cómo te llamas, hermoso intento de secuestrada?” Sonrió, pues ahora una nueva narrativa envolvía su interacción y era algo de lo que ambos pudieron percatarse con solo verse.

Una expresión serena, la tranquilidad de un amigo reptil ya cómodo y la brisa marina le hicieron olvidar el dolor de la mordida previa, o la respiración agitada de su carrera.

Solo existía atención para el dulce color en los ojos de su contraria.

“Quizás te suene cliché, pero, ¿Qué hace una dama como tú, naufragando en un sitio como este?” Su tono coqueto y la mirada en esos carnosos labios mantenían oculto su verdadera preocupación. “No suelo hacer esto, pero, ¿quieres ir a mi casa? Podría alimentarte y darte algo para que te sientas mejor.” Por alguna razón, sus palabras con sentido, poseían un tono sugerente que podría hacer que le malentendiesen.

[Imagen: 3PYHzwT.png]

“No suelo llevar a ninguna chica a casa, pero podría hacer una excepción, por tu situación.”

Continúo con sus palabras en una mezcla de coqueteo y verdad.

No estaba diciendo nada malo, pero podía prestarse a una malinterpretación por la forma en que la observaba y cómo su cuerpo olvidaba cualquier burbuja de cercanía, motivo a no haberse apartado ni un poco y mucho menos soltar la mano que tan amablemente lo ayudo a levantarse desde que estaba de pie, pues aún la sostenía delicadamente en su mano. 

Aquello era como si su lado playboy hubiera tomado el control, como si hubiese olvidado los cánones normales del coqueteo y sedujera directamente con la sola mirada puesta en ella.

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“¿Vamos ya? Debes estar sedienta...”



RE: [Pasado] La mujer del país de las amazonas | Social - Runin D. Kitay - 16-12-2025

Enternecedora escena es la que protagonizan el humano y la serpiente. El entendimiento yace en la honestidad de la mirada más que en las vanas palabras. Cardan vacila en un asentimiento que culmina en algo más, algo que realmente llena a la criatura, algo que provoca detener el siseo y olvidar cualquier tipo de malentendido. ¿Aquel humano lo entiende? El puño se eleva y por acto reflejo la cola de la criatura se mueve contra la arena hasta elevarse en una extraña posición que lo hace ver ridículo, casi antinatural, ciertamente chistoso, en especial con ese pequeño sombrero que se menea de lado a lado y la corbata que combina con los colores de su anatomía.

El silencioso saludo sella una nueva amistad que hace vibrar cada fibra de la serpiente. Cardan retrocede extasiado ante la perspectiva de una nueva amistad y Runin lo ignora olímpicamente porque lo conoce y si le presta atención en ese estado, parecerá un perro sediento de atención. Eso de competir contra un reptil no  está funcionando, no puede existir dos attention whore en una misma isla.

Las manos se unen, la fémina niega tan ligero que no llega a notarse. Los zapatos de tacón bajo se ensucian, aún más, de arena cuando los presiona para ayudar al ajeno a colocarse de pie. Aquel nombre resuena hasta ser llevado lejos por las leves corrientes de la brisa oceánica, por las olas que llegan hecha espuma a la orilla antes de retraerse y por los cangrejos que se esconden apabullados al tener compañía. Runin se ve obligada a levantar la mirada, está bien, es una diferencia de altura cómoda, puede perdonarlo.

[Imagen: fOu162S.png]

—Runin. Runin Kitay.

Sonríe sin apartar los orbes chocolate de la mirada caoba. Es directo, halagador, centrado. Ofreciendo el interés preciso para ser considerado cautivador, no excesivo. —Sin diminutivos odiosos, solo Runin, cariño. —Esclarece hasta el más sencillo panorama. El calor es evidente a esas alturas del año, aún así, sus manos continúan divagando sin alejarse una de la otra, como si estuvieran esperando al primer valiente que decida perder en una contienda que ni siquiera existe.

El castaño hace gala de un encanto coqueto tan descarado que, por un momento, la fémina siente el inminente deseo de romper en divertidas risas, no a modo de burla, mas si de sorpresa y entretención. Le agrada la audacia que muestra, le gusta la forma en la que sus carnosos labios parecen ser el centro de atención; eso le hace inflar el pecho, provoca que la mirada se vuelva más penetrante y juguetona, que su histrionismo explote y su lengua humedezca la comisura de su boca.

[Imagen: uXS2wg1.png]

—Una dama como yo se aburría y decidió que era hora de explorar nuevos horizontes.

La voz suena almibarada, no miente, aunque tampoco era su plan perderse en la inmensidad del mar hasta ser arrastrada sin piedad a aquel lugar. Al final la risa realmente escapa, muerde su labio inferior en un intento de no ser evidente. Su mano se aprieta contra la de él, sin perder el rastro de elegancia.

—¿Esperas que crea que no le dices eso a todas, Ryota Miyamoto? —Repentinamente su rostro se acerca al ajeno, no hace falta ponerse de puntillas para ello. —¿Qué clase de mujer crees que soy, cariño? —Las palabras ahora suenan como algo íntimo, un susurro audible contra los labios del hombre que ha intentado salvarla de su mejor amigo. Runin toca tres veces la arena, como un llamado que espera ser contestado.

Tres veces más, no sucede nada.

Solo por si acaso, tres veces más.

¿Dónde está el imbécil de Cardan?

[Imagen: 16EqNxL.jpeg]

Un desvío de mirada es suficiente para verlo cerca de ellos. Parece brillar en una alegría tan absurda que ni siquiera se percata de la conversación o de su dueña. ¡Ha quedado embelesado con Ryota! ¿El joven acaso cuenta con alguna habilidad especial? ¿Algún encanto con los animales? ¿Con las mujeres? Las piernas durante un instante vuelven a flaquear pero trata de no hacerlo evidente, porque ella puede sola, no necesita confiar en la ayuda de una serpiente traicionera o en la mirada y sonrisa de un desconocido con amplia gama de ofrecimientos.

—Dime, cariño. ¿Con qué piensas alimentarme? —La mano libre asciende hacia el hombro del castaño, ahora si decide colocarse un momento de puntillas, la cercanía es evidente, por un instante casi ha dado la impresión de rozar sus labios al desviarlos hacia el oído del ajeno. —¿Qué piensas darme de beber? —Suena tan sugerente como es, el calor asciende y cuando está a punto de mover su mano para darle algo parecido a un abrazo, se detiene repentinamente.

Aprieta fuertemente los ojos, su frente golpea contra el hombro de él y su mano ocupada aprieta la del muchacho, sosteniéndose. Bien, el calor no es debido a la cercanía de ambos, sino a la insolación que estaba teniendo por haber perdido el conocimiento en la pequeña balsa. ¿Estaba dormida cuando la encontró? ¡Ojalá fuera eso! Una molestia empieza a crecer en el interior de la mujer, no le gusta tener que pedir ayuda, menos cuando se está divirtiendo, pero el fastidio debe ser dejado de lado para poder sobrevivir, como siempre que tiene que actuar hasta sentirse completamente a gusto.

[Imagen: x6POglR.png]

—Oye, cariño

Vuelve a enderezarse tanto como puede. —Me apetece lo que tengas que ofrecerme… ¿Me cargas hasta tu casa? —Vuelve a emplear el tono de cercanía cuando al fin decide liberar su mano, subiéndola hacia el cuello del ajeno para poder abrazarlo del todo. —Así me convences y me haces ver qué tan única soy como para llevarme contigo, fufufufu. —Se burla aunque su frente arda y la mirada se pierda en los orbes caoba de Ryota.


RE: [Pasado] La mujer del país de las amazonas | Social - Ryota Miyamoto - 17-12-2025


Su nombre resonó varias veces en su imaginario, mientras la conversación se desató entre halagos cómodos y coqueteos suaves.

“¿Diminutivos odiosos?” llegó a pensar sin apartar la mirada del rostro ajeno. “Bien, solo Runi, me gusta.” No era quien para contradecirla; de hecho, frente a su belleza no le interesaba ser nadie. Solo quiso prolongar su encuentro un poco más.

Quizá no fuera el momento más apropiado; era seguro que estaba cansada, incluso ofuscada. Pero no se controla quedar embelesado, mucho menos admirar con asombro aquello que es bello. Mientras ella se lo permitiera, quiso mantener la conversación, tratando de extenderla cuanto pudiera.

Y, al igual que ante un hermoso escenario, la contemplaría solo el tiempo que le permitiese, hasta que el tiempo mismo tomara su papel y el increíble atardecer se extinguiera.

Sonrió divertido ante sus ingeniosas respuestas. “¿Explorar nuevos horizontes? Quizás almas afines.” Alcanzo a pensar con la picardía que lo caracterizaba. Un pequeño atisbo de admiración nació en su interior, pues comenzaba a conocerla y en medio de cada vocablo, encontraba más razones para comenzar a apreciarla, mucho más interesantes que su desbordante encanto.

“Espero que creas que jamás lo dije tan en serio como te lo digo a ti.” Se estaba divirtiendo; pues sus vocablos eran rechazados con ingenio. Era lista, y eso le atraía. Pues en su interior no sentía la necesidad de mentir ni de actuar; de hecho, pese a ser leído como un libro abierto, esa franqueza le agradaba.

De repente, el rostro ajeno se acercó con seguridad; sus ojos y los de ella se reflejaron el uno en el otro mientras los sonidos los envolvían. La pregunta no lo sorprendió, aunque tampoco la esperaba. Solo mantuvo silencio, sabiendo que esa era la única respuesta que podía ofrecer, pues encasillarla habría sido una tontería. Ella no tenía igual, lo decían sus ojos, su forma de ser y su seguridad.

La distancia restante que quedaba entre ambos pronto se terminó de extinguirse. El tacto de la mano se posó sobre su hombro y los labios que tanto le estaban robando la atención rosaron los propios. Una suave caricia de paso para llegar hasta su oído y dejar en él sus provocaciones.

“Esta jugando conmigo.” Lo supo, pero no le molestó. Lejos de esa mezquina emoción, sintió tal diversión que ni las olas del mar se igualaron. De inmediato quiso contestar, pero su respuesta tuvo que esperar ante las notorias molestias de Runin. Lo que en un principio parecía un juego entre ambos, se mostró serio de repente.

“Espera, Runin ¿estas bien?” Quiso decir otra cosa, autoproclamarse el culpable del bochorno que ella poseía. Pero realmente se preocupó, el tacto caliente de la frente en su hombro lo hizo reaccionar. Ella necesitaba descanso, o al menos líquidos, pues quien sabe cuanto tiempo paso a la a deriva sobre aquella canoa.

Ella volvió a retomar la palabra, luchó por erigirse con el porte que la caracterizaba y con un juego de palabras ingenioso le pidió cargarla hasta el lugar que le había prometido. No importó si se sentía mal o bien, actuó como si fuera su deseo y designio que fuese de ese modo. “Qué mujer tan ruda… aun en estas condiciones se debe hacer lo que desea…” Pensó sintiendo el cálido abrazo que lo envolvió.

“Realmente eres única.” Confesó correspondiendo al abrazo para que no fuera a caerse por la debilidad de sus piernas. “No tengo otra cosa que hacer, más que ganarme ese derecho entonces.” Continúo el juego de la morena, permitiéndole aquella victoria con elegancia.

Tras un pequeño esfuerzo por parte de ambos, Ryota consiguió colocar a Runin sobre su espalda. El que ella no pudiera sostenerse de sus hombros no sería un problema; la sujetaba con firmeza por las piernas, inclinando el torso hacia adelante para que la gravedad no la arrastrara hasta el suelo. Quizá fue cuestión de segundos o de minutos, pero en algún momento el estado de la morena la hizo quedarse dormida en la espalda del muchacho, dejando su destino incierto a un joven lanzado que apenas conoció hace unos minutos…


Justo en el momento en que Runin volvió a abrir los ojos, tras haberse quedado dormida en la espalda de Ryota, sintió cómo una suavidad familiar la envolvía. A su alrededor pudo notar que se encontraba sobre una cama; solo ella sabía cuántos días habían pasado desde la última vez que descansó en una. Aquella era cómoda, y su cabeza reposaba sobre almohadas de plumas, o al menos eso le sugirió su delicadeza.

“Oh, despertaste.” Una voz femenina hizo eco en el lugar donde se encontraba. Cuando ella desvió la mirada, observó a una hermosa mujer madura, de cabellos rizados y negros, con una flor delicada adornando su cabello. La mujer se encontraba junto a la cama, arrodillada frente a una pequeña mesa cortando fruta en un cuenco.


“¿Cómo te encuentras?” Pregunto con genuina preocupación. “Espero que el suero para la deshidratación te sirviera, tuve que dártelo de beber mientras dormías y me tomé el atrevimiento de cambiarte la ropa.” Las mejillas de la dama se tornan de un tono rojizo. “Te puse uno de mis vestidos viejos, ya no me quedan tan bien ,asi que espero no te molestes.”

La habitación en la que se encontraba estaba finamente adornada; todo estaba bien confeccionado y trabajado, lo que le daba un aire natural pero sofisticado. A juzgar por la puerta de entrada, que daba a un pasillo, parecía tratarse de una casa más grande. Pero ¿quién carajos era esa mujer?



“¿Ya despertaste Runin?”

Una voz familiar resonó, Ryota acababa de aparecer en la puerta, acompañado por Cardan, que parecía enroscarse en sus hombros pese a lo pesada que pudiera resultar. Junto al de cabellos castaños había un par de niños rodeándolo, ambos similares a él, aunque con rasgos y peinados distintos: uno de siete y otro de cinco años, que saltaban a su alrededor tratando de atrapar la cola de la serpiente.

“¡Vamos, hermano, déjanos jugar con Cardan!” Pedían ambos muy interesados. “Sí, Ryo, déjanos jugar con ella, prometemos que no le haremos daño.”

“Ya les dije que no, el pobre no se separa de mí desde que trató de jugar con ustedes ayer, váyanse a buscar caracolas o algo… a ver si la marrana ya puso.” Respondió el castaño con gesto molesto, empujando a los niños para que se apartaran. Al final terminaron yéndose, no sin antes dedicarle gestos de malestar y burla.

“Ah bro… Papá debería ser más duro con ellos, esos niños van a descarriarse tarde o temprano, ma…” Comento genuinamente preocupado por el futuro de sus hermanos, como si él fuera alguien digno de criticar a otros.

“Ya… igual que como pasó contigo… ayer no fuiste al mercado ¿y hoy tienes el valor moral de actuar así?” Su madre no tardó en reprenderlo, suspirando desde su posición para luego ofrecer el plato con fruta a Runin. “Come mi niña y será mejor que te aparte de este, es un Kāne pāʻani wahine”

“¡Oye!, si no fuera por mí, esta pobre y hermosa mujer habría sido presa de quien sabe qué depravado, soy prácticamente un santo.” Sobreexageró su forma de hablar para sonar más dramático, mientras avanzaba hasta la cama para sentarse a los pies de Runin.

“Seh, claro, el único peligro en esa playa eras tú.” Se burló nuevamente del hijo, para luego reír. “Aunque un punto tienes, al menos Runin pudo descansar tras su viaje. Cuéntanos pequeña, ¿de dónde vienes?”


RE: [Pasado] La mujer del país de las amazonas | Social - Runin D. Kitay - 22-12-2025

¿Es correcto responder a su pregunta? ¿Mostrar debilidad de manera verbal al decirle que, en realidad, no se encuentra del todo bien? No, no puede darse dicho lujo, no cuando una mezcla inconsciente de orgullo, necedad y vivencias se derrama en su interior, expandiéndose como la típica catástrofe proveniente del descuido. Los labios se remojan notando las pequeñas grietas, está deshidratada.

“Realmente eres única”

Una sonrisa tanto burlona como sincera se refleja en su rostro, nadie puede verla aunque quizá el ajeno pueda sentirla sobre la camiseta. Los hombros se encogen con tanta ligereza que parece no haberlo hecho en primer lugar. ¿No pesa demasiado su cuerpo? Si lo hace, es como si de repente estuviera a punto de escurrirse sobre la arena caliente, poco recomendado considerando la fiebre que hierve en su sistema. —Hazlo cariño, porque conmigo siempre se trata de ganar. —El derecho a algo, su tiempo, compañía, su risa, incluso sus malas maneras; pensándolo bien, puede sonar más a un cúmulo de pérdidas. Irrelevancias.

—Incluso cuando pienses que estás por perder, métete en la cabeza que ganarás, fufufu. —La risa escapa débil y permite que el ajeno la sujete de forma conveniente para no terminar en el suelo. Sus brazos pasan por sobre los hombros de Ryota y lo siguiente que entiende es que la inconsciencia la ha visitado.


Recuerda lapsos de incomodidad debido a la sudoración de su cuerpo, momentos en los que su rostro era alzado durante segundos para que tratase de beber líquidos, el dulce siseo que parecía provenir de una nana preocupada más que una aterrorizante serpiente. La sensación de comicidad al dejar de sentir húmedas prendas y el constante toqueteo en su mejilla que dejaba sensaciones frías, suaves y sobre todo breves.

Al principio le es imposible abrir los ojos, sea por la luz que perpetra en la habitación o por el cansancio extremo que siente, pero al final logra mostrar sus adormilados orbes chocolate al mundo. Se remueve como si intentase escapar de los rayos solares aunque no demora en perder el entusiasmo por ello al sentir la comodidad del lugar en el que reposa. ¿Una cama? Menea la cabeza hacia un costado, realmente es una cama de blancas sábanas y suavidad impresionante, fuera de la ventana se ve el cielo celeste, la playa limpia y el mar que se extiende hasta perderse en el horizonte. ¿El paraíso? ¿Tan rápido ha muerto sin siquiera llegar al objetivo de su vida? Quizá Nezha la esté esperando…

No, aún si muere sabe que no podrá ir junto a su hermano, donde sea que exista ese otro mundo. Él derrochaba inocencia y ella despilfarra pecado. Una voz la despierta del ensoñado pensamiento, con algo de temor que le provoca moverse como robot, gira el rostro hasta notar la presencia de una mujer. Por un momento la respiración se detiene y el sudor baja por su rostro.



—¿Rhian…

El nombre de su madre se entrecorta y el peso desaparece por completo, si, prefiere encontrarse con una completa desconocida antes que volver a verse con su progenitora en otro plano de la existencia. La fémina junto a la cama es hermosa, de cabello tenuemente rizado y alegre expresión, huele a flores y a salitre, a frutas y a hogar. Runin no puede evitar centrar su mirada en ella, no pierde el detalle de sus manos cortando fruta, ni de esa sonrisa que le da la bienvenida a la tierra de los mortales.

—Estoy... —La voz ha escapado como un lamento así que aclara su garganta. —Estoy bien, cariño. —Murmura sin saber si levantarse o no, trata de recordar los últimos acontecimientos y el cabello castaño de un joven aparece como un último faro de ¿Esperanza? La amazona levanta un poco la sábana, si, sus vestimentas han desaparecido y un cómodo vestido adorna su cuerpo. No siente vergüenza, es algo natural. Limpia un poco su rostro con las manos y cuando está a punto de intentar hablar una nueva voz hace acto de presencia.

¡Es él! Así que realmente no ha sido un sueño.

Una tenue sonrisa asoma en sus labios. ¿Será esa su casa? Asiente queriendo hablar hasta que ve a su serpiente. ¡Ese traidor está disfrutando demasiado la suerte que tiene! La fémina toma la almohada sobrante de la cama con intención de lanzarla hacia su serpiente pero rápido se da cuenta que aún no ostenta tanta fuerza así que se detiene en el acto, no quiere golpear a la mujer que le ha ayudado.

Un par de niños le roban el aliento y el circuito en su cerebro empieza a moverse, parece despertar del todo. Parpadea y emite un sonido de sorpresa. ¿Ryota no mentía para hacerse el galán? Tiene hermanos. El ambiente se torna tan cándido como ruidoso, sin darse cuenta y con algo de esfuerzo, se ha sentado sobre la cama.

También tiene un padre y por la manera que habla de él, parece ser alguien indulgente y su madre alguien regaña con divertida tranquilidad. Espabila solo lo suficiente como para aceptar el plato de fruta, mira la variedad de comida que contiene el plato y su estómago le recuerda que ha estado existiendo en base a líquidos. ¿Qué es esa palabra rara que ha dicho? No la entiende pero asiente convencida, si ella lo dice, debe ser algo muy bueno o muy malo y por la respuesta de Ryota, es lo segundo.

Runin ríe pero se acalla cuando mastica un poco de melón, es dulce y tan hidratante que la mirada brilla por un instante, no logra ver directamente a Ryota. Come otro pedazo más cuando la mujer se burla del castaño. La pregunta al fin la asalta y casi se atora con la comida o con la presión que ejerce Cardan al abrazarla con su largo cuerpo, la serpiente se ha bajado de los hombros de Ryota para lanzarse sobre su dueña, lamiendo sus mejillas.



—Fufufufu. Si sigues haciendo eso arruinarás tus sensores, estúpido.

Y aunque suena agresiva abraza a la criatura, escondiendo su rostro en las escamas. —Sé tus horribles intenciones, aléjate de mi fruta, aprovechado. —La serpiente parece querer subir al cuello de la fémina pero se detiene para no ejercer tanto peso sobre ella, así que se extiende a su lado, con la cabeza sobre el regazo de ella, cuidadoso de no tocar el plato de comida.

—Qué dócil estás, Cardy… —Susurra acariciando las escamas. —Aunque no deberías enojarte si los niños quieren jugar contigo, ya sabes qué opinamos sobre eso, cariño. —Cardan asiente y se roba un pedazo de banano. —Miserable, fufufufu. —Al fin regresa a ver los dueños de la casa. La expresión muestra tanta tranquilidad como agradecimiento, una parte de ella siente una extraña melancolía. No le gusta eso, lo aborrece.



—Un gusto conocerla, señora.

Calla un momento, no conoce a nadie en ese hogar. —Gracias por cuidar de mi, la verdad si pensé que era un depravado al principio pero creo que me equivoqué… —Observa a Ryota antes de levantar una ceja.

—No, en realidad no creo equivocarme, fufufufu. —Se  burla, la voz se aclara más. —Pero en serio, gracias por cuidarme, darme ropa… cuidar de Cardan, darme comida y una cama para descansar… —Es demasiado difícil e incómodo, se nota cuando levanta el plato y empieza a comer, siendo tapada por sus largas hebras. Con los hombres tiende a ser arrogante pero con las mujeres no tanto, menos cuando le brindan hospitalidad.

—Vengo de Sorbet, me refiero, en el bote, no soy de Sorbet. —Niega, como si intentase aclarar su mente, la cabeza le duele. —Estaba en una embarcación de muy mala pinta, fufufufu, el casco se rompió y usé un bote, me perdí y cuando me di cuenta, estaba en brazos de un galante salvavidas. —Sonríe, retomando un poco más la personalidad que siempre muestra, relamiendo sus labios.


—Que al parecer no miente del todo, tiene una madre hermosa, una cama cómoda y se ha robado el corazón de mi serpiente. —Recomponiéndose observa a la bella mujer de oscuras hebras. —¿Puedo saber cuánto tiempo he dormido, cuánto les debo y también el nombre de la persona que ha estado pendiente de mí hoy o estos días? —Cuestiona, repentinamente estira el índice de su siniestra para tocar la frente del joven. —Y no me refiero a ti, Ryota.




RE: [Pasado] La mujer del país de las amazonas | Social - Ryota Miyamoto - 26-12-2025


La serpiente descendió en el instante en que Ryota se sentó a los pies de Runin sobre la cama.

Madre e hijo observaron en silencio el hermoso reencuentro de ambos amigos, ahora conscientes, demostrando sin palabras el afecto que se tenían. Comprendiendo la importancia del momento, optaron por no intervenir, limitándose a acompañar la escena con una expresión empática y serena, dirigida especialmente a la morena de hermosos ojos color chocolate.

Manteniendo la sonrisa empática en el rostro, la madre de Ryota escuchó tanto los agradecimientos para ella, como las burlas que la morena hacía a su hijo. No pudo evitar soltar una risa suave ante las divertidas conclusiones que Runin expresaba con un tono jovial.

“Vaya, ahora es dos contra uno, ¿eh?” Interrumpió el castaño con aire burlón. No parecía molesto en lo absoluto; por el contrario, una sonrisa franca se mantenía dibujada en sus labios.

“Tienes buen ojo entonces, Runin. Kekeke “ expresó la hermosa mujer de cabello rizado. “Pero no tienes que agradecer por nada…” añadió sin perder su gesto amable. “Hoʻokipa “ pronunció en un idioma desconocido. “Trata como familia a quienes toquen a tu puerta.” Explicó que significaban sus palabras, un dicho casi tan viejo como la misma isla.

“Es un refrán de los autóctonos de la isla.” Añadió Ryota, para luego dejar a la chica de piel bronceada contar su historia.

Una sorpresa se mostró en la expresión de la mayor, cuando Runin detuvo sus palabras. Fue una mezcla de preocupación y agradecimiento difíciles de describir. “El dios del mar debe amarte niña… enviarte a esta isla debe ser un designio de sus caprichos.” Hablo con un tono pensativo.

“Kekeke disculpala, es muy supersticiosa. Las familias de los pescadores creen que el mar es un dios, le rezan todos los días, ¿puedes credjfrdd.” Cerró la boca de inmediato, tragándose sus palabras tras el certero golpe de su madre, quien se levantó mientras él se burlaba y le propinó un seco golpe de karate sobre la cabeza.

“No te burles del dios del mar niño tonto.” Expresó de forma severa y luego relajo el semblante, mientras Ryota se sobaba la cabeza con dos pequeñas lágrimas saliendo de sus ojos. “Mi niña, puedes creer que la suerte te trajo a esa isla. Pero la corriente de sorbet llega al lado opuesto de la isla, donde se encuentra un fuerte oleaje que golpea contras las rocas.” Expuso la mujer. “De alguna forma tu balsa se desvío y la atrapó otra corriente que te hizo rodear la isla hasta allí, eso no es suerte, es destino.” Al final de sus palabras, volvió a su semblante relajado.

“Eres un regalo del mar, no nos debes nada y llámame Lalani o Mamá Lani” Se presentó con agrado, justo después de solventar al mínimo cualquier deuda que pudiera llegar a imaginarse.

“Puedes quedarte el tiempo que quieras, está casa desde hoy también es tuya, tú nos trajeras buena fortuna.” Dio un pequeño saltito de alegría, parecía realmente emocionada por lo que acababa de haber descubierto. “¡Iré a preparar algo delicioso para ti, si el dios del mar ve que te cuidamos bien multiplicará las ganancias!” Dicho eso, salió de la habitación de inmediato con las cáscaras de fruta y el cuchillo en mano, gritando a lo lejos con emoción preguntas sobre el paradero de su marido, pues necesitaba hacer un banquete para el regalo del mar.


“Waos bro… En serio le gusta el dinero Kekeke” 

Comentó Ryota con la expresión relajada que lo caracterizaba en dirección a la puerta una vez la mujer abandonó el cuarto. Luego regresó la mirada a Runin. “Veras, creen que cuando el mar envía un regalo debe ser cuidado para que el mar recompense ese buen trato.” Le explicó el porque de la sorpresiva reacción de su madre.

“Ah y dormiste 2 días seguidos, me preocupaste bastante.” Cerró sus ojos dando un suspiro, para luego abrirlos de nuevo hacia ella. “Pero no te preocupes, cuide de ti como te lo prometí.” Era sincero, tanto que no necesitó esforzarse en mentir, simplemente recostó su espalda sobre la cama, aún a los pies de Runin.


“¿Sabías que cuando duermes haces un ruido muy tierno con la nariz? Keke te veías en paz…” 

Giró la mirada acostado hacia ella, para ponerse de medio lado apuntando su cuerpo a ella. “Quizás si seas un regalo del océano, Pero…” entrecerró sus ojos en un ceño acusador. “Este es mi cuarto, tuve que dormir en el piso dos días, pobre de mi..” Mostró un falso sacrificio, como si realmente le hubiese costado dormir a un costado en el suelo.

“Así que, desde hoy, tendremos que compartir la cama… hazte a un lado.” Con rapidez y una expresión traviesa, se arrastró sobre el colchón hasta colocarse junto a ella. Fue lo suficientemente cuidadoso como para no incomodar ni las frutas ni a Cardan, de modo que ninguno salió afectado, aunque ahora él yacía a su lado.

“Que sepas que cuando duermo doy besos, abrazos y caricias” añadió con una sonrisa ladeada.“Solo lo digo… espero que no te moleste.” Término por sonreírle acariciando ligeramente el brazalete de su brazo. “¿Entonces Sorbet? ¿No tendrás otro novio no? Eso rompería mi corazón.” Rio suavemente.


RE: [Pasado] La mujer del país de las amazonas | Social - Runin D. Kitay - 28-12-2025


“Hoʻokipa”

En su mente repercuten los desconocidos vocablos, la lengua parece desear imitar la pronunciación aunque ninguna palabra es emitida a consciencia. El significado… ¿El mundo puede llegar a funcionar de esa manera? ¿O solo se hace palpable en la ficción de algunas personas alejadas de la más insana realidad? Los labios se aprietan ante la explicación. ¿Una isla completa al servicio del dios del mar? Quizá le hubiera gustado haberse criado en un lugar como aquel, rodeada de personas hospitalarias y creencias a las qué aferrarse.

La primera similitud se hace presente cuando nota las risas idénticas de madre e hijo. Durante una fracción de segundo siente la necesidad de reír ante aquello, como si deseara unir su extravagante risa particular a la de ellos. Pensándolo bien, no recuerda haber compartido rasgos tan distintivos con su progenitora, al menos no fuera del aspecto físico, su padre, por otro lado, tenía la misma risa que ella y Nezha… o ellos tenían la misma risa que él. El pensamiento se transforma en amarga bilis que parece envenenarla hasta que intenta alejar los nefastos pensamientos cuando siente el tacto frío de Cardan contra su mano.

¿Aquello que siente es envidia? No como para observarlos con fastidio, pero sí para sonreír con cierto deseo de pertenencia, aún cuando observa que la mujer golpea a su hijo en la cabeza. Es afortunado. Es lo único que piensa antes de espabilar de nueva cuenta. No desea perder ni un solo enunciado emitido por la bella mujer de oscuras hebras. Una persona realmente supersticiosa aunque Runin no lo dirá en voz alta, no tiene ganas de sentir más dolor del necesario, al menos no en ese estado.

La explicación origina expresiones anonadas que se reflejan en el rostro de la amazona. ¿A quién debería agradecer el haber acabado en la tranquila orilla en ese lado de la isla, y no haber sido arrastrada por terribles corrientes hasta estrellarse contra rocas afiladas y, quizá, morir en el acto? Una parte de sí se figura escéptica, su contraparte le obliga a mirar a través de la ventana hasta observar el tenue oleaje del mar. ¿Un dios? Una vez su padre dijo, en medio de alguna charla consigo mismo, que es mejor creer a no creer. “Una de ellas te lleva a algo sin perder nada, la otra opción tampoco cambiará nada en tu vida.” Odia cada pensamiento acerca de ese hombre pero…

—Gracias ma… —No puede pronunciar la palabra completa aunque quiere hacer, hay algo extraño que se remueve dentro de ella porque es una palabra tan familiar como inusual. —Lalani. —Al menos en un principio cree poder decir su nombre. Es algo frío y poco cercano pero, en ocasiones, Runin es una persona de acercamiento lento.



—¿Yo? ¿Buena fortuna? Nunca me habían dicho algo tan bonito como “regalo del mar” fufufufu

Aunque una suave risa es emitida, por dentro siente un cúmulo de emociones que no logra identificar. ¿Gratitud? ¿Incomodidad mezclada con bochorno? ¿Envidia? ¿Alegría? ¿Paz? La mezcla de sentimientos y sensaciones va tomando forma cuando la mirada de la mujer adulta denota el característico brillo de aquellos bendecidos por la ventura.

No alcanza a despedirse cuando la ve alejarse cual enérgico tornado, haciendo que todo el mundo pulule alrededor de ella, formando ruido, ganando quejas y asentimientos por igual. ¿Una esposa confiando en su esposo? ¿Un marido que escucha a su mujer? ¿La confianza de pedir cosas entre ellos? ¿De tener un hogar, hijos y una hermosa vista al mar? Por un instante Runin cree haber fallecido, como si hubiera entrado a algún tipo de hipnótico mundo tropical donde las risas abundan y la amabilidad se sirve en platos repletos de dulce fruta.

Parpadea con fuerza viendo el plato de comida, a Cardan y después a Ryota. No, ella realmente está viva y la envidia vuelve a su mente como una cizañosa amiga cercana, de esas que existen en tu vida y debes decidir si escuchar o hacer oídos sordos. La fémina sonríe negando con la cabeza, está bien, esta vez no tiene nada qué demostrar. Por alguna razón cuando ve ese tipo de felicidad todo le parece ajeno, visto tras un espejo al que no puede acceder directamente, pero esta vez el vidrio parece desaparecer ante sus ojos, puede tocar a través de la abertura, puede estar cerca y… no sabe si le gusta o le disgusta.

Es demasiado para ella.

No es malo, simplemente es demasiado.

La voz del castaño roba cualquier escena y la curiosidad hace mella en la expresión de la fémina. La explicación llega y la morena separa los labios antes de reír con su excéntrico sonido característico. —¿Así que lo de “fortuna” es literal, cariño? Fufufufu… —La risa se detiene abruptamente al darse cuenta de la realidad. ¡Dos días! Dos días enteros durmiendo… podría haber sido toda la vida, de no ser por Ryota y su familia. Es ahí, cuando lo ve a los pies de la cama, observándola con franqueza y fijeza que Runin logra sonreír de una manera que no suele hacerlo a menudo.



—Gracias, Ryota.

Una expresión que, en apenas un par de segundos, se desvanece sin dejar rastro, sin intención alguna de volver a mostrarse, pues revivir a la muchachita que alguna vez necesitó ayuda no es algo que le agrade recordar. Aún así, la sonrisa no desaparece por completo, porque el recuerdo de Nezha diciéndole lo mismo le infunde un poco más de confianza ante el joven de mirada caoba. ¿Los mismos sonidos tiernos que ha hecho toda la vida? Casi nadie tiende a reparar en ese tipo de detalles; en realidad, nadie lo hace.

—¿Ah sí? Creo que tuve buenos sueños, no me preguntes sobre qué eran porque no me acuerdo, fufufu, solo sé que fueron buenos. —Se siente descansada, absurdamente relajada, como si no hubiera dormido bien en años. Las miradas se enfrentan y Runin arquea una de sus cejas. —Oh, pobrecito. ¿No es eso lo que define el concepto de hospitalidad, cariño? —Parece más seria que antes aunque es evidente que sólo se burla del castaño y su exagerado temple dramático.

—¡Hey! ¿Quieres que llame a tu mamá para que te dé otro golpe? ¿No lo sabes? Estás hablando con un regalo del mar, deberías respetarme. —El mentón se eleva, aprieta el plato con ambas manos y trata que sus labios se mantengan firmes para que la comisura no se eleve.



—Oblígame, cariño.

Eleva una ceja y su expresión se vuelve confiada, aunque su cuerpo es mal llevado por lo que se desliza  un par de centímetros hacia el costado de forma casi inconsciente y apenas perceptible, aprovechando el movimiento del ajeno para que no se percate del propio. Cardan sisea y saca la lengua varias veces, es evidente que él se ha dado cuenta de ello y que lo hace con la clara intención de fastidiar a su dueña. Ya me las pagarás, Cardan.

—Fufufufu. Me agradas, Ryota. En serio eres un descarado. —Confiesa en inevitables risas cuando su atención regresa al plato, esta vez decide comer un poco de kiwi con banano, interesante combinación. Los bromistas vocablos del castaño provocan que levante ambas cejas antes de entrecerrar los ojos en divertidas expresiones. ¿Qué tipo de salvador se ha conseguido? Una vez termina de mascar y tragar, relame los labios con lentitud, suavidad, descaro.

—¿Oh? ¿Lo dices en serio, cariño? —Más estable y despierta se siente lo suficiente libre y serena como para poder modular la voz, haciéndose esta menos dependiente y más socarrona, melosa, diáfana.—Que coincidencia, cariño, cuando duermo acompañada suelo acariciar, morder y lamer. —Cuidadosa con no regar el alimento, se inclina hacia el ajeno.



—Pero no te asustes, solo lo hago con personas guapas, no tienes nada de qué preocuparte, fufufufu.

Se carcajea aunque después de un momento se detiene, el pecho ha dolido un poco y la garganta también. Vuelve a sentarse un poco mejor para usar el tenedor y revolver un poco de melón, cuando atrapa un cuadrito de fruta lo lleva a los labios del castaño. El roce sobre el brazalete con forma de serpiente detiene sus movimientos repentinamente, se siente rígida.

—¿Crees que me detendría por algo tan banal y superfluo como un “novio”? —Sonríe de medio lado, está bien, no han tomado su brazalete, lo que significa que han respetado sus objetos de valor. Aún así, trata de alimentarlo, removiendo un poco sus brazos para que no sea tan notoria la incomodidad acerca de la alhaja. —Ni en Sorbet ni en el fin del mundo, cariño. Dudo tener un novio aquí tampoco. —Retira el tenedor, sonríe de medio lado, coqueta, íntima. —Menos si tendré alguien besándome, abrazándome y acariciándome por las noches.

Ryota no es el único descarado en esa cama. Cardan los observa mientras trata de esconderse en medio de las sábanas, parece mirar algún tipo de telenovela en vivo, demasiado concentrado, aunque no lo suficiente como para no seguir robando fruta. Runin come un poco más antes de pasarle el plato al castaño, pidiendo implícitamente que estirara el brazo para dejar el plato sobre la mesa. —Pasé una temporada en Sorbet, si. —Se estira un poco sin golpearlo.


—No es un lugar muy bonito, he de decir, al menos no es como esta isla o como tu familia. Es… diferente. A veces hay demasiados colores pero todos son demasiado falsos, cada color es… una mentira. Y luego todo es blanco y negro. —Habla demasiado, como si tratase de rememorar algún dato bueno. —Pero en la zona pobre hay una iglesia y la gente es amable. Le dan la mano a los recién llegados, ayudan a quienes naufragan, dan de comer a las nuevas caras y las ancianas son extrañamente divertidas. —Sonríe recordando algunos nombres, cuando quiere darse cuenta se está volviendo a acostar, solo un momento, esta vez lo hace de costado, para ver bien al castaño.

—Tienes la cara de alguien a quien no se le puede romper el corazón, cariño, fufufu. —Honesta delinea con la mirada el rostro del ajeno. —Diría que es al revés. ¿No? Tu madre no puede estar equivocada. ¿Has robado corazones en otras islas o aún no tienes el honor? —Cuestiona, siempre tratando de llevar la conservación a otra parte… está bien, en realidad siente curiosidad por el hombre de sonrisa fácil y desbordante carisma.

—Aunque seguramente el dios del mar te habrá ayudado a ligar más aquí que en cualquier lado. —Vuelve a bromear, notando el colgando en el cuello del ajeno, estira su mano hasta tocarlo. —Tienen un interesante concepto…