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[FIC-Recolección/Creación][Presente absoluto] Los que persiguen al Sol y la Luna - Versión para impresión

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[FIC-Recolección/Creación][Presente absoluto] Los que persiguen al Sol y la Luna - Sigurd Haakon - 01-11-2025

Día 62 de Otoño, año 16 

Hay una vieja leyenda en mi aldea. Una historia que cuentan las más ancianas de la tribu a aquellos niños curiosos y con espíritu aventurero. Es algo que ha sucedido generación tras generación a lo largo de las eras. Todo muy ceremonial, alrededor de una enorme hoguera tras las últimas nevadas de invierno. Algunos escépticos de la aldea, más jóvenes y de mente abierta, consideran todo un mito ridículo. Una fantasía de abuelos para explicar cuentos a los niños y dejarlos dormidos. Otros más tradicionales, como yo, respetan el legado y creen en un origen místico para la raza más fuerte del mundo. 
La historia habla de cómo el primero de los Buccaneer, nacido del amor más puro entre gigantes y humanos, se encontraba perdido en una guerra que sacudía al mundo. Y como este, el más perfecto de los linajes de la tierra, se unió a la lucha por el mero placer de pelear. Su fervor y voluntad eran tan grandes, que los dioses del Sol y la Luna lo recompensaron con su favor y gracia. Y este Buccaneer, agradecido, forjó con orgullo dos armas mellizas con este regalo. Sin embargo, los dioses, antes de valorar la hazaña, se enfrascaron en una lucha por ver quién tenía un arma mejor. Así pues, le regalaron al Buccaner el don de la fragua y la forja, para que construyera armas cada vez más grandiosas y divinas. Es por eso que, a día de hoy, todo Bucanero que se lance al mar desde el norte, ha de portar un arma digna de su grandeza o forjada por si mismo.
Yo ya cumplo uno de esos requisitos. Del cuerpo sin vida de mi padre arranqué el hacha Yggdrasil, un arma legendaria que quien la porta, es digno de liderar a los piratas vikingos de la tribu Buccaneer. No obstante, aquí me encuentro, en la otra punta del mundo, pero en un lugar que me recuerda a mi hogar. No creo que sea casualidad, ni por asomo. Es momento de forjar mi destino, y con ello, armas dignas de viajar a mi lado. Y en honor a esa leyenda, aquí estoy, en las cumbres nevadas de la isla de Drum, las Drum Rockies.

En la ladera de las montañas, hay una vegetación densa. No se asemeja a la flora tropical de Little Garden, pero si que, para ser una isla invernal la cantidad de vida que hay es de admirar. Los árboles son grandes y vigorosos. Cerezos preciosos de tronco robusto y blanquecino. Las copas de los mismos son bellezas de otro mundo. Hermosas flores rosadas, llenas de color y pasión, que se desprenden por el aire y dejan volar sus pétalos de un lugar a otro, causando la ilusión de estar atravesando nubes de algodón de azúcar.
Coloco una mano sobre uno de los troncos. Un árbol al azar, no por nada destacable. Lo empujo levemente con la mano. Apenas lo muevo ni aplicando algo de fuerza. Pese a su belleza, son árboles fuertes, de un bosque donde la vida es hostil y solo sobreviven los que se adaptan mejor. Sin duda, esta es la madera que estoy buscando para crear armas dignas de enfrentar lo que sea. Sin pensarlo mucho más, busco el tronco más grueso y antiguo del lugar. El árbol con la mejor condición. Cuando doy con él, es un bicho que ni siquiera yo junto a Ubbe podría abrazar o arrancar de cuajo. Un coloso del bosque que formará parte de la aventura pirata más épica de la historia. 
Me coloco frente a él, con los pies en paralelo con los hombros. Flexiono ligeramente las rodillas para tener una postura más cómoda y ergonómica a la hora de rotar la cadera y asestar los golpes. Agarro a Yggdrasil por la parte más alejada del mango, para que así tenga mayor rango de movimiento, rotación y gane toda la fuerza de impacto posible. La retiro hacia atrás, hacia mi espalda. Como si un bateador profesional estuviera a punto de hacer un verdadero Home Run. Y una vez tengo el arma cargada, disparo. El hacha silva con violencia y corta el viento. El filo del arma se clava contra la sólida madera y desgarra el tronco, provocando un estruendoso estallido sonoro que alerta a toda vida a kilómetros a la redonda. 
Un golpe no es suficiente. Ni por asomo. Vuelvo a cargar hacia atrás y esta vez, para no repetir y ayudarme a futuros impactos, decido no poner el filo en pura horizontal, sino con una ligera inclinación de unos diez o doce grados. Descargo el segundo golpe, que resuena tanto como el primero. Al atacar el tronco desde un ángulo distinto, el arma se clava con más facilidad y hace saltar pequeñas astillas en todas las direcciones. Un tercer golpe con la misma inclinación pero desde un perfil inferior, empiezan a dibujar una cuña en la base del árbol que deja un rastro significativo de flaqueza. Es momento de cambiar de lado. 
Tres golpes secos más, pero está vez desde el lado opuesto a los originales. Al perforar desde dos direcciones, se presenta una base inestable central y mucho espacio entre las partes exteriores. Dejando a Yggdrasil en el suelo, me coloco en uno de estos perfiles débiles del tronco y empiezo a empujar con todas mis fuerzas. El crujido empieza y el tronco comienza a tambalearse. Toda posibe alimaña que viviera en él, ya se ha cargado hace rato. Un tirón más y... Cede. El árbol se desploma y cae sin más remedio.
Vuelvo a recoger a Yggdrasil. Esta vez la sostengo desde la parte más alta del mango, a una sola mano. De esta forma puedo contral la hoja con mayor maestría. Es momento de tallar. Con delicadeza empiezo a cortar la corteza del tronco, como si de desollar a un animal se tratara. Con una de las caras expuesta, clavo un filo y empiezo a dibujar láminas gruesas y rectangulares para facilitar más tarde el transporte y su uso. Con esto, tengo madera de sobra para todo lo que necesito.

Con la madera lista, es momento de obtener lo más importante, el metal. Hierro y roca de las Drum Rockie's. Acero invernal de primera categoría de la cantera más fría de la Gran Line. Sin querer ser presuntuoso, creo que no voy a encontrar mejor material que en un lugar como este. 
Abandono el bosque para adentrarme más en el monte. Subo la cordillera del pico más alto. Me lleva horas avanzar y aguantar este frió con la madera y el hacha a cuestas, pero es un mal necesario para construir armas perfectas. La fortuna me sonríe y pronto encuentro una gruta natural profunda, una cueva oscura que me promete resguardarme del frío y funcionar. Como refugio. He resistido las temperaturas bien gracias a la ropa que le robe a Alastor Cawl en Bighorn, pero no me vendría nada más una fuente de calor extra. Con un pedazo de la madera recolectada y chocando dos estalactitas de la cueva, genero una chispa y me montó una hoguera de puta madre.
Con algo más de calor y luz, me doy cuenta de donde estoy exactamente. Las paredes de la cueva no son de roca sólida y opaca, sino que ante la danza del fuego, se dejan ver destellos brillantes que aparecen y desaparecen con el pasar de la luz. Estamos hablando de que no es roca sin más, sino que estas paredes están repletas de materiales preciados e interesantes. Una gruta de minerales únicos de la isla. Las malas lenguas hablan de gemas preciosas y el metal más resistente del mundo, uno que los herreros vulgares son incapaces de manipular. Incluso siendo lo más ególatra del mundo, soy consciente de que tratar con cosas así excede ampliamente mis capacidades, pero el interior de estos montes son menas de acero y metal de una calidad excelente.
Con la mano derecha completamente tensa y con los dedos extendidos y pegados como una lanza, impacto la roca sólida perforando la pared. Con medio brazo incrustado en la piedra, arrastro el brazo de forma lateral, arqueando el codo como si fuera una palada. Arrastro con ello un montón de material. Desde pura escoria a fragmentos de metal que, al fundirse y darle forma, serán la cabeza de armas capaces de hacer temblar el mundo.

Si algo le da un toque profesional a las armas, es su acabado. Un acabado cómodo y resultón hace que tus armas pasen de ser útiles a ser reconocibles. Y no, no hablo de simples gemas de colección, o remaches brillantes para que la gente inexperta se crea que está blandiendo un arma ostentosa. Hablo de un acabado en sus materiales y funcionalidades más básicas. ¿Y que hay más importante que un mango? La madera ha de ser de una calidad excelente. Tan resistente como flexible. Pero no todo reside en la madera. El complemento que eleva la herramienta a arma es el cuero que envuelve la misma y acaricia tu mano para que el sostener un instrumento así, sea casi divino. 
Lo mejor para estos casos es piel viva. Piel de calidad y fresca. Es cierto que la materia prima luego necesita mucho tratamiento de manos expertas, pero es mejor eso que culaquier material sintético y artificial que después no valga nada y se vaya cayendo a pedazos. Tiempo y dedicación a cambio de algo que dura para toda la vida. En un lugar como este, en mitad del monte, es sencillo hacerse con piel. Tan solo hay que encontrar al animal adecuado y darle matarile. Vamos a ello.
Con un par de pisotones, apago la hoguera improvisada que me daba luz y calor. Dejo los materiales ya recolectados en un pequeño rincón, alejados del peligro. Y una vez más, me dispongo a patearme la montaña helada. Bajo un poco la altitud para centrarme en una cordillera a los pies de la montaña, en el faldón de la misma. Aquí, la temperatura es más agradable, y se ha formado un pequeño lago natural que no llega a congelar del todo. Me dejo guiar por el cantar de pájaros autóctonos escondidos entre la vegetación rosada, entendiendo que la vida pequeña da paso a sus cazadores. 
Mi teoría no falla. A los pies del agua, en la orilla del lago, un ciervo de tamaño considerable bebe tranquilamente. Lo observo sin ocultarme, pero desde la otra orilla opuesta. Habrán 200 metros de distancia o más. Por un segundo, este me devuelve la mirada. Se percata de mi presencia y me observa fijamente. Es un animal de buen tamaño, con una cornamenta ramificada y con las puntas afiladas. Lo más destacable, si morro púrpura. Yo le hago una peineta desde lejos. Seguro que por culpa de mapaches así se arruina alguna serie.
Despacio, recojo una roca de tamaño considerable con una mano. Pero no una al azar, sino una plana, con canto rodado y laterales completamente lisos y sin poros. Cuando doy con el guijarro perfecto, lo sujeto con el dedo índice y el pulgar. Flexiono ligeramente las rodillas y bajo mi centro de gravedad para mejorar la inercia del lanzamiento. Y cargando el brazo hacia atrás para pillar fuerza... ¡ZAS! La piedra sale despedida como un proyectil en rotación. Esta alcanza una gran distancia, pero empieza a caer en mitad del vuelo. Y en vez de hundirse, rebota en el agua una y otra vez, desafiando la física hasta que impacta contra el morro del animal, rompiendo su nariz y perforando su cráneo. Yo empiezo a celebrar como un animal tremendo disparo. Buccaner lanza roca, Buccaner feliz.
Bordeo el lago para llegar al bicho muerto. Parece no haber sufrido y que su final no ha sido agónico. Lástima. Doy un ligero golpe de muñeca con Yggdrasil para rebanar el cuello y separarlo del resto del cuerpo. Con una patada potente mando la cabeza a volar a metros de distancia. Ahora sí, agarrando el arma por la zona más alta posible, sigo el mismo proceso que con el árbol y retiro la piel del animal, separándola del músculo. Cuando tengo la suficiente, arranco una pierna y vuelvo a la cueva mientras me como un tentempié.

En un asentamiento entre cordilleras, tan pequeño que no puede llamarse ni pueblo ni aldea, llego cargado como una mula. En el hombro derecho, sostenidos por mi brazo en jarra, la pila de madera de cerezo tallada en columnas rectangulares. Hacen equilibrios sobre mi bíceps y las intento reconducir y sostener con mi cuello y con mi cara. Sobre mi cadera, envuelta como si fuera una toalla o un taparrabos rústico, cuelga la piel del ciervo muerto. Esta va delatando mi posición y mis andares dejando un rastro de sangre de lo fresca que está. En la mano izquierda sostengo una gran bolsa de tela resistente que contiene todo el metal y acero para forjar las armas. También hay alguna que otra gema preciosa para adornar y darle unos motivos que representen mi tierra.
-Gran anciano, ya estoy aquí - le digo al líder de la tribu, mientras descargo todos los materiales en su fragua.
-Claro, joven coloso. Mi forja está abierta a todo artesano que sepa darle cariño.- responde el viejo, sabio y hospitalario.
-Mil gracias. Mi gratitud está contigo. Te debo un favor gordo.- agradezco de forma amable. Hay que saber respetar a los mayores y agradecer los gestos. -Manos a la obra, no hay tiempo que perder.-

Primero el metal. Saco de la bolsa todos los hierros y aceros que me son de utilidad y los separo de las gemas. Lo meto todo a fundir en unos hornos especializados en derretir acero. De la fundición, separo la escoria de los metales puros y el material valioso y los derramo en dos moldes que ya tenia preparados para darles la forma deseada. Mientras se enfría el metal de las Drum Rockie's, me hago con las gemas. Estas las paso por una pulidora hasta sacar un brillo único. 
Paso a la madera, fundamental para este arma. Tomo unas medidas aproximadas de la longitud que puedo manejar correctamente en el campo de batalla. Versatilidad, fuerza y velocidad en un mismo impacto. Y eso ha de soportarlo. Con una sierra de marquetería, obtengo el tamaño deseado y luego con la lija, le doy forma redondeada. Un cilindro de madera, robusto pero flexible, sencillo de manejar en manos de guerrero.
Por último, el cuero. A la piel se le retira todo el pelaje y sangre, dejando una lámina con la que trabajar. Después de varios procesos y tratados, con fuegos, cortadoras y pulidoras, queda una tira única, con ese característico aroma y color a cuero de altísima calidad.
Con todas las piezas, tan solo queda ensamblar y remachar todo. Así, creando un par de martillos gemelos perfectos y dignos de guerra. Los adornos dorados le dan un tono resultón. Y luego está el acabado con las gemas y el cuero con color, cada uno representando a los dioses. Pero no hay que confundirse. Estos martillos no son en honor al dios del Sol y la Luna. Yo no voy a ceder ante esa leyenda, no. Mis martillos los devorarán, los perseguirán y con ellos, los derrotaré el día que los alcance. Con estos martillos venceré a Musashi, la Valkyrja. Y cuando se bañen en su sangre y se empapen de lo divino, tendrán muy claro sus siguientes víctimas.
Continuará...
Sköll y Hati


Datos de interés



RE: [FIC-Recolección/Creación][Presente absoluto] Los que persiguen al Sol y la Luna - PX-4 - 05-11-2025

Protocolo: Moderación
Estado: Activado
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Bip-Bip
Pacifista Activado


RECOLECCIÓN Y CREACIÓN FINALIZADA, LOS NUEVOS ITEMS SERAN AÑADIDOS A TU FICHA DE PERSONAJE.