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Del jazz a la samba [T2, P.A.] - Stroud Nanashi - 05-11-2025 Día 71 de otoño,
año 16.
Reino de Samba, Selva Anozama
Cuando Iggy despertó en la cálida terraza, rodeado de árboles y vegetación por doquier, se dio cuenta de que había estado durmiendo la mona a un lado, entre unas sillas amontonadas, prácticamente como una parte más del mobiliario. Era de día, claramente, si bien la frondosidad del follaje impedía determinar con precisión ninguna hora en específico. Era de día, y eso bastaba. El dueño del bar, ataviado con una camisa estampada de flores, iba de aquí para allá limpiando las mesas, barriendo el suelo de tablones de madera y moviendo alguna que otra silla. Un ventilador de aspas chirriaba, girando con visible desgana. La clientela era escasa, y los pocos parroquianos que habían decidido parar allí a tomar algo hacían caso omiso de aquel tipo de aspecto estrafalario, de aspecto sucio y que vestía como una estrella del rock más bien pasada de rosca, discretamente acurrucado junto a la barra. Alguno incluso le pasaba por el lado, procurando no pisarle. De lo que no cabía duda, sin embargo, era de que se encontraba en plena Selva Anozama, el área más pobre de Samba y que, a la vez, ocupaba el centro físico de la isla. Aquel bar, además de un puñado de casas de madera adyacentes, parecían ser las únicas señales de civilización en kilómetros a la redonda, y probablemente lo fuesen. La terraza se encontraba elevada a un metro y medio o dos del nivel del suelo, y, cerca de las escaleritas que daban entrada a la misma, se erguía un pequeño tablón de corcho. En cualquier otro lugar más transitado, su superficie hubiera estado plagada de carteles de recompensa, flyers, anuncios y todo tipo de papeles, pero de aquellas chinchetas únicamente colgaban tres o cuatro papeles, mayormente corroídos ya por el tiempo y la humedad ambiental. El bar, pese a estar prácticamente al aire libre y que no le faltase ventilación, gozaba de un olor penetrante a ron viejo, a madera húmeda y a fruta pasada. Los insectos zumbaban, los pájaros cantaban por todas partes, y en la lejanía, más allá de los árboles, se podía oír el rumor de un río que no debía de pasar muy lejos. Bajo el maltrecho Iggy, las desiguales tablas de madera, algunas de las cuales habían sido reparadas con clavos oxidados, crujían con el cambio de temperaturas. Entre ellas ascendían algunas enredaderas, colándose por las rendijas.
Cartel del tablón
Repentinamente, Iggy oyó cómo unos pasos firmes y pesados ascendían por las escaleras de la terraza, haciendo temblar el suelo y crujir la madera. Un par de tipos, que más bien parecían dos enormes gorilas que debían de superar los tres metros de altura, se plantaron en la entrada, observando en silencio a los presentes y retirándose las gafas de sol. Ambos iban ataviados con ropas de lino viejas, pero adecuadas para el tropical clima de la selva de Samba, y sombreros tipo fedora. El dueño del bar no pareció demasiado alarmado ante su llegada, y, tras una ojeada rápida, continuó sus quehaceres como si nada. Lo mismo hicieron, de hecho, todos los allí presentes, a excepción de uno, un joven de pelo negro que bebía una copita de vino en una esquina. El joven pareció quedarse petrificado por unos instantes, justo antes de lanzar su copa hacia los gorilas y echar a correr. Por un momento, pareció que lo lograría, pareció que conseguiría saltar a la inmesidad de la jungla por la barandilla de la terraza. Sin embargo, los dos enormes hombres fueron más rápidos, y lo agarraron por los tobillos antes de que lograse escapar, lanzándolo contra el suelo de tablones. "¡N-no lo tengo aún!," exclamó el joven, visiblemente aterrado. Aún en el suelo, intentó alejarse de los dos matones, pero su espalda fue a dar contra la barandilla de la terraza, impidiéndole cualquier vía de escape. "¡Aún no lo tengo, pero muy pronto...!" "¡Pues al menos vuelve al trabajo, gandul!," exclamó uno de los gorilas, acercando mucho su cara a la del joven. "¡No tienes ni idea de la presión que tenemos encima, como para andar holgazaneando aquí!" "¡El río está enfermo! ¡Le pasa algo!," afirmó el pelinegro, alzando una mano abierta contra uno de los gorilas, en un ademán pacificador. "¡Las perlas salen malas, sabes!" "¡Otro con esa cantinela!," exclamó el otro gorila, cruzándose de brazos. "Vuestro trabajo es traerlas, ya decidirán los jefes qué hacer con ellas." "¡Pero...!" "¡Pero nada!," exclamó el primer gorila, girándose hacia el joven antes de darse la vuelta y disponerse a salir. "¡Más te vale dar el callo mañana, o vamos a tener un problema! ¡Y el dinero, pronto, o te cobramos el interés, y eso son 7500 más!500" Los dos matones se desvanecieron tal y como habían aparecido, como un terremoto que se detiene tras unos segundos. Volvió la calma. Los parroquianos siguieron a lo suyo, y el joven de pelo negro se levantó, no sin cierta dificultad, apoyándose en la barandilla, antes de dejar unas monedas sobre el mostrador. "Te lo dije, Pran," se limitó a comentar el dueño del bar, sin siquiera mirarlo. El joven asintió con la cabeza y salió del lugar. Iggy se dio cuenta de que, bajo una de las mesas, reposaba una minúscula cajita de madera, que probablemente se le hubiera caído al tal Pran durante la refriega.
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RE: Del jazz a la samba [T2, P.A.] - Iggy Rock - 07-11-2025 Como ya era costumbre no recordaba una mierda de la noche anterior, sentía la humedad de la madera sobre la cual estaba durmiendo calar hasta mis huesos. Me quejé, di un par de vueltas tratando de volver a conciliar el sueño pero ya era tarde, me había despejado. -Joder… -Me quité la bandana de mis ojos debido a que la estaba usando como antifaz y la volví a colocar sobre mi frente. Me reincorporé sentándome pero sin ponerme en pie. Mi outfit era lo que solía llevar en esta isla, unos pantalones de tela fina de color caqui, unas sandalias y una camisa azul con hojas de palmera desabrochada, dejando ver el rayo morado que llevaba tatuado en el pecho. Analicé todo el lugar en el cual me hallaba en unos segundos. ¿Una terracita chill out en medio de la jungla? Bueno si sirven alcohol es normal que haya terminado en un tugurio como este, aunque estuviese en el puto fin del mundo. Tras unos minutos sentado en el suelo decidí moverme. Mi guitarra se hallaba justo al lado de donde me había puesto a dormir apoyada sobre la pared. Me la coloqué en la espalda y me dirigí… ¿A la salida? Que va, me senté en uno de los taburetes de la barra, levanté la mano para llamar al dueño del local y pedir algo pero fui interrumpido de golpe. Un par de armarios empotrados comenzaron a incrementar a un joven pidiéndole explicaciones. Seguramente fueran prestamistas o algo así, pero había una parte que no entendía. ¿Perlas? ¿Rio? Sonaba a pasta y a negocios turbios al mismo tiempo por lo que me quedé pendiente de toda la escena y no me moví de mi sitio hasta que se marcharon. -¡JODER ESO SI QUE HA SIDO UN BUEN ESPECTÁCULO! -Vociferé y comencé a aplaudir desde mi asiento sin medir el volumen de mis decibelios, esperando que alguien más me siguiera pero quedándome solo. -Bueno que más da… -Me levanté de un salto y me dirigí al balcón para ver si podía apreciar algo más del chisme pero fue en vano. Me giré para dirigirme de nuevo al mismo sitio cuando me fijé en que justo debajo de la mesa donde se encontraba bebiendo el muchacho había una caja de madera, miré a ambos lados para ver si alguien me estaba viendo, me agaché y la recogí. La agité para tratar de averiguar su contenido sin tener que abrirla. Silbé muy fuerte, haciendo como si fuese un truco de magia que un águila apareciera de la frondosidad de la selva y se posara sobre mi cabeza. -Travis no sé qué hay aquí, tal vez joyas o tal vez un montón de mierda, pero si es lo primero, te invito al filete de atún más grande que te puedas comer. -Le dije a mi pájaro mientras volvía al mismo sitio donde había estado pendiente de toda la escena anterior. Señalé al dueño del bar esta vez si dispuesto para pedir algo. -¡Oye viejales hazme un favor y ponme una buena jarra de cerveza. -Le hice gestos para que se acercara, y me sirviera el alcohol rápido. Me quedé pensando por un momento en que le había llamado por su nombre al tipo moreno el cual casi es apalizado por esos dos matones hace un momento. -¿Y quién coño era ese puto parguela al que casi dos putos rinocerontes antropomórficos con cara de sarampión casi le parten la cara? También se le ha caído esta caja, que me la podría quedar pero pensándolo mejor tal vez sea importante para él y si quiere recuperarla me tendrá que regalar muchas botellas de ron… Joder que genio eres Iggy… -Ya no sabía si estaba hablando al camarero o pensando en voz alta, pero aun corroído por la curiosidad hice lo último que me quedaba por hacer, abrir esa maldita caja para ver que contenía en su interior.
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RE: Del jazz a la samba [T2, P.A.] - Stroud Nanashi - 07-11-2025
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En efecto, en aquel lugar servían alcohol, y bien barato, además: prácticamente no servían otra cosa, de hecho. New Piano, como era conocido aquel lugar (pese a que, al menos por lo que pudiese ver Iggy, no había piano alguno a la vista) era todo un clásico entre los trabajadores de aquella zona de la selva. Pescadores locales, buzos de perlas, barqueros, capataces, traperos, mercaderes, burócratas sin nada que hacer, piratas venidos a menos... Todo el que pasaba una parte significativa de su día en el espesor de la jungla de Samba tenía un lugar con su nombre en aquella terraza, a la que todo el mundo sabía llegar pese a lo intrincado de su localización; para un extranjero, aquel lugar estaba prácticamente en mitad de la nada. El alcohol no sería de la mayor de las calidades, pero era un lugar inmejorable si uno quería relajarse o charlar con la gente adecuada en Samba, y aquellos eran los días en que uno quería hacer justamente eso. Las célebres perlas Terre, el pequeño tesoro local que se había convertido en una de las principales exportaciones de la zona, habían empezado súbitamente a perder calidad. Si antaño se habían caracterizado por su redondez casi antinatural y su radiante brillo nacarado, desde hacía unos días las perlas se habían vuelto deformes, sin brillo alguno y de colores erráticos. La pérdida de calidad implicaba, naturalmente, un descenso drástico en sus ventas; un descenso drástico en las ventas implicaba, naturalmente, un desplome de los beneficios, y un desplome de los beneficios implicaba... Bueno, ¡está claro qué implicaba! ¡Implicaba malas noticias para la Selva Anozama! El dueño del New Piano, y a la vez el único empleado del lugar, alzó sus pobladas cejas cuando vio que Iggy se sentaba a la barra como si nada, y las alzó aún más cuando vio que se disponía a pedir algo. Sin embargo, cuando entraron los dos matones, a duras penas pareció sorprendido, y continuó con su labor, ordenando una pequeña estantería repleta de jarras y vasos, y quitándoles el polvo metódicamente. Esperaba que Iggy pidiese algo en cuanto se hubiese acabado el pequeño espectáculo que aquellos dos tipos enormes estaban dando, aunque, desde luego, resultaba sorprendente que tuviese ánimos para beber nada después de la nochecita que había pasado. Los gestos de los presentes se torcieron cuando oyeron cómo Iggy comenzaba a aplaudir y a jalear, de la nada, lo recién ocurrido. No era difícil adivinar que lo habían encontrado de mal gusto. Encontronazos como aquellos, habitualmente producidos entre capataces y trabajadores, eran el pan de cada día en cualquier establecimiento localizado en Anozama. Todo el mundo sabía que lo mejor era mantener las narices fuera de situaciones así, hacer como que no habías visto nada y seguir con tu vida, esperando que tardase mucho en llegarte a ti el turno. Un par de parroquianos se levantaron en actitud amenazante cuando oyeron a aquella estrella del rock pasada de vueltas llamar viejales al dueño del New Piano. Este, sin embargo, hizo un ademán pacificador con las manos, restándole importancia, esbozando una sonrisa. "Me sorprende que quieras seguir bebiendo... O, más bien, que puedas," afirmó el hombre, cuyas enormes cejas cubrían sus ojos casi por completo. "Ese era Pran, el más joven de los Ferea. Lleva el Sindicato, así que suele estar metido en problemas. Con lo malas que están saliendo ahoras las perlas..." respondió el camarero con voz ronca y baja, negando con la cabeza y resoplando, tras colocar delante de Iggy un vaso de tubo larguísimo, lleno hasta arriba de espumeante cerveza. Colocando ambas manos sobre la gastada barra, hizo un ademán con la cabeza hacia la cajita que el muchacho había recogido. "Conociendo a Pran, me extrañaría que contuviese nada muy valioso. No tiene un duro a su nombre. Aun así, si no es por una cosa, es por otra: todos parecen estar busc..." afirmó, haciendo un gesto con las manos. Sin embargo, su discurso quedó cortado en el momento en que Pran volvió a subir corriendo a la terraza, aún más sudoroso que antes. Pareció intentar recobrar la compostura antes de dirigirse a los presentes. "¡Esto...! ¡Ejem! Ejem. Esto... ¿Alguno ha visto una cajita por aquí? No sé si se me ha caído al ir a pagar," afirmó de forma poco convincente, caminando por el lugar, levantando alguna que otra silla y mirando bajo las mesas. Pese a intentar ocultarlo, parecía visiblemente nervioso. Sus ojos, entornados, dieron a parar en Iggy, que parecía sujetar algo en su mano. "¡Ey, amigo, hermano del rock! ¿La has visto, por un casual?," inquirió, intentando mantener un tono despreocupado y casual, pero al tiempo que giraba sobre sus talones, caminando con ansiosa rapidez hacia nuestro protagonista. Por mucho que se esforzase en ocultarlo, había una nota de desesperación en su voz. Al mismo tiempo, empezaban a oírse nuevamente, entre los árboles circundantes, pasos de alguien más dirigiéndose hacia la terraza del New Piano.
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RE: Del jazz a la samba [T2, P.A.] - Iggy Rock - 08-11-2025 Sonreí como un idiota al ver la jarra de cerveza llenarse delante de mí. Burbujeante y dorado néctar de cebada. Agarré el vaso y me di el primer sorbo conforme iba hablando sobre Pran. Un sindicalista arruinado que se dedica a extraer perlas del río. “Vaya perdedor.” Fue lo que pensé mientras sacaba una pequeña ganzúa de mi peli y comencé a tratar de forzar la cerradura de la caja que me había encontrado sin pudor alguno. Delante de todos los clientes y el tabernero. -Bueno… ¿Todos parecen estar buscando él qué? -Fue lo último que pude decir antes de escuchar del propio joven del cual estábamos hablando a mi espalda. Si un pequeño salto, asustándome al no esperarle por aquí tan pronto. -Coño, Ostia Puta… ¿Qué te cuentas perdedor? -Le dije dándole un amistoso pero fuerte golpe en el hombro, preguntó si por casualidad había visto la caja, aquella que estaba a punto de agenciarme para mi. Se le veía nervioso, preocupado como si su vida dependiese de encontrarla. -Frena el carro chaval, la caja la tengo yo así que no te preocupes. Dije agarrándola con mi mano izquierda. Solo quería saber que hay dentro y luego te juro por mi padre que te la iba a devolver. -Agarré esta con mi mano derecha, mostrándosela al chico moreno pero guardando cierta distancia para que no la pudiera agarrar por su cuenta. -Pero ya que he hecho el favor de recogértela, los amigos se hacen favores entre ellos, ¿No? -Me levanté del taburete y me puse a su lado pasando mi brazo izquierdo por sus hombros como una cercanía forzada e incómoda. Sabía que si tanto la necesitaba podía sacar tajada del asunto. Miré de reojo a las escaleras de la entrada en cuanto escuché que alguien más se acercaba y sonreí incluso con más picardía que antes. -Pero tampoco te pediré mucho… Si pagas mis copas de todo el día la caja vuelve a ser tuya, si no… Me la quedaré y con lo que haya dentro le compraré algo bonito a Travis. -Al escuchar su nombre mi águila soltó un gorgojeo aún apoyada sobre mi cabeza. -Qué me dices. ¿Hay trato? -Le preguntó extendiéndole mi mano derecha, la izquierda pegada a mi cuerpo aún sosteniendo lo que Pran buscaba, y mis ojos soltado miradas fugaces a la entrada, esperando que en cualquier momento aparecieran problemas.
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Karmas
RE: Del jazz a la samba [T2, P.A.] - Stroud Nanashi - 08-11-2025
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La ganzúa de Iggy entró con facilidad en la cajita, que no ofreció demasiada resistencia ante el intento de forzar la cerradura. En el interior de la misma, un elemental mecanismo dio un pequeño chasquido, y la única bisagra que sostenía la tapa del contenedor se levantó ligeramente. Su interior estaba forrado con lo que parecía martelé liso, de un color verde apagado. A medida que Iggy abrió la pequeña caja, un leve resplandor rosado y pálido salió del mismo, reflejándose sobre las gotículas de agua condensada que emergían del vaso de cerveza. En el interior descansaban una minúscula piedra, un octaedro rosáceo de superficie perfectamente lisa y pulida que emitía una pequeña cantidad de luz, y un papelito doblado bajo la misma. El tabernero pareció hacer el ademán de ir a responderle, pero ya era demasiado tarde, y no hubiera sido de buen gusto decirlo tan descaradamente delante de Pran. Pran mantuvo una radiante y sudorosa sonrisa ante el palmetazo de Iggy, a quien miró con pretendida complicidad. "¡Ah, la tienes tú, amigo! Menos mal, hermano del rock 'n' roll, compañero d... ¿Eh?," dijo, quedando estupefacto cuando Iggy soltó, de pronto, que se la devolvería a cambio de un favor. Soportó, impávido, que Iggy le rodease los hombros con el brazo, manteniendo aún su sonrisa, que más bien parecía haberse congelado. Sus ojos, sin embargo, reflejaban una seriedad apabullante. Una vena en su sien empezó a hincharse cuando empezó a entender de qué palo parecía ir Iggy. "No me jodas, tío," dijo repentinamente, soltándose del brazo de Iggy. Era algo más bajo que Iggy, pero en aquel momento no lo pareció. Bajo la vieja camisa rosa, su físico resultaba más imponente de lo que hubiera podido aparentar antes, sentado tranquilamente con su copita de vino. "¿Quién te crees que eres, llegando aquí y jodiéndonos? ¿Acaso no sabes lo que pasa aquí, el problema que tenemos?," inquirió, alzando una ceja con desprecio ante la mano tendida de Iggy. Aún con un gesto amistoso, hizo un rápido ademán de arrebatar la caja de la mano de Iggy. Sintió que aquel extranjero se estaba quedando con él, o que había venido a aprovecharse de ellos. Apretó los labios en una fina línea, y, por un momento, pareció que estaba a punto de romper a llorar. En el New Piano se había conjurado un silencio sepulcral. Desde las múltiples mesas, desde la barra, desde debajo de sombreros panameños, todos los ojos del establecimiento se habían clavado en Iggy y Pran. Hasta el viejo ventilador de aspas parecía hacer menos ruido, como si se hubiera vuelto tímido de pronto. A diferencia de nuestro protagonista, todos allí conocían a Pran, y sabían que era el típico sindicalista que, pese a las cacicadas de los capataces, no desistía en su lucha por los pescadores de perlas de la selva Anozama. Incluso quienes jamás habían cruzado una palabra con el muchacho habían, en más de una ocasión, visto cómo se llevaba una pelea de los matones de los capataces, o cómo se buscaba problemas por exigir diez berries más por hora para los trabajadores de la isla. Era, sin duda, alguien comprometido. Sin embargo, nadie allí alzó la voz. Nadie saltó en su defensa ante las acciones de Iggy. En su lugar, sin embargo, los pasos que caminaban hacia el New Piano iban sonando más fuerte, y poco a poco, pareció haberse convertido en una marabunta. De la nada, una veintena más de tipos, uno detrás de otro, subieron por las escaleras del New Piano, plantándose en la terraza, frente a Iggy y Pran. Todos eran trabajadores, vestidos en sus atuendos habituales, alguno aún con el pelo empapado de haber estado sumergido en el río, buscando perlas. Aparte de sus caras de pocos amigos, muchos portaban palos, cañas o lo que hubiesen encontrado por ahí. Alguno de los parroquianos presentes en el New Piano bajó el ala de su sombrero, dando un trago, sin querer presenciar lo que estaba a punto de suceder. Nadie se fue. Todos sabían que, por respeto, había que quedarse. Todos intuyeron que Pran estaba vendido. Tal vez hubiese enfadado a los tipos equivocados esta vez, o tal vez su lucha sindical hubiese acabado por meterlos a todos en un problema, pero algo había ocurrido; estas cosas pasaban. Repentinamente, Pran dio la espalda a Iggy para situarse frente a los recién llegados, cruzado de brazos, en una actitud que parecía casi desafiante. Iggy no podía verle la cara, pero era como si aquella desesperación que rezumaba momentos atrás se hubiese desvanecido.
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Contenido Oculto
RE: Del jazz a la samba [T2, P.A.] - Iggy Rock - 10-11-2025 Suspiré cuando vi su reacción tan negativa ante mi oferta, al parecer estaba desesperado pero no tanto como para pagar todo lo que iba a beber el día de hoy… No estaba contento con la situación pero esto aún no terminaba, el escenario volvía a cambiar ahora con la entrada de una veintena de tipos, los cuales no parecían muy fuertes pero era probable que vinieran buscando problemas. Me quedé tras de Pran, apoyado en la barra, aún con la caja abierta en mi mano. Dii un buen trago al vaso de cerveza fría y apenas en susurro le cuchicheé a mi pájaro. -Tráeme un guijarro que encuentres por ahí… -En cuanto lo escuchó el águila salió volando por el balcón dejándome allí solo ante esta situación. Me limpié los labios con una servilleta que había tirada en el mueble principal del bar y la guardé en mi bolsillo. -Oye, ¿estos tipos vienen por ti? Parecen más trabajadores que capataces, me habían comentado antes que llevas el sindicato. -Me apoyé en el hombro del joven moreno de camisa rosa descaradamente, pese a que me hubiese apartado al hacer un gesto parecido a hace unos instantes. -Mirad cabrones de mierda… -Comencé a dirigirme a ellos sin medir mis palabras y un tono bastante amenazante. -Estoy hablando de negocios con este amable señor. -con mi mano derecha que tenía libre comencé a zarandear el hombro de Pran mientras hablaba. -No sé por qué leches habéis venido pero si es a tocar los cojones ya podéis hacer el favor de iros. ¿De acuerdo? -Mi tono era pasivo agresivo, y no para de poner en mi rostro la sonrisa más falsa jamás vista por el ser humano. Mis ojos soltaban miradas fugaces a mi palanca la cual llevaba en el cinturón, no por querer usarla si no para que vieran que iba armado. Una vez terminé con el pequeño show volví a suspirar negando con la cabeza. -Amigo vinícola, no sé qué coño es esta puta piedrecita que tienes en esta caja de mierda. No se ni siquiera si tiene valor o por qué la necesitas con tanta urgencia. -Travis volvió de golpe, acaricié su cara con la mano derecha y luego me guardé esa misma mano en el bolsillo. -¿Pero merece la pena jugarse el cuello por ella? Seguro que tienes mucho más por lo que luchar ahí fuera. -En cuanto solté esto señalé a la salida para que desviara la mirada. Y con esto cerré la caja de golpe y se la entregué. -Lo siento si mis modales no han sido los mejores antes pero era una pequeña broma entre colegas, y es cierto que hay veces que me paso de confianza. -Me llevé mi mano al corazón mostrándole que estaba arrepentido. Volví a relajarme y mi mirada se centró en la marabunta de personas. Esperando o que dijeran que hacían aquí en realidad o si es que venían para causar problemas se fueran, agarré el arma por la empuñadura pero sin sacarla del cinturón, listo para pelear si veía cualquier intención hostil.
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RE: Del jazz a la samba [T2, P.A.] - Stroud Nanashi - 10-11-2025
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El juego de manos de Iggy, burdo pero efectivo, y más propio de un ratero de calle que de lo que uno esperaría de un bravo corsario de los mares, transcurrió en apenas unos segundos, y nadie pareció darse cuenta de la jugada. La servilleta, el águila, todo parecía haberse conjurado a la perfección para ejecutar aquella triquiñuela. La pequeña multitud que allí se había arremolinado escuchó con inusitada calma lo que la estrella del rock tenía que decir, aun sin reaccionar con claridad ante sus palabras; la voz del pelimorado se había alzado en el bar como un estruendo ante el que nadie se atrevió a objetar nada. Las miradas de los recién llegados alternaban entre Iggy y el mismo Pran, que continuaba frente a ellos mientras el primero daba su discuso, como si no tuvieran demasiado claro qué hacer. La sonrisa de Iggy, sin embargo, no engañaba a nadie, y en el New Piano se podía cortar el aire con un cuchillo. De fondo, el viejo ventilador continuaba girando sus aspas con pesadez. Iggy no pudo verlo, pero el gesto del joven Pran Ferea se torció en una mueca de furia cuando escuchó al rockero hablar sobre la piedrecita. ¿Cómo era posible? ¿Cómo un tipo como aquel podía llegar y tomarse aquellas libertades? ¿Por qué parecía que lo habían enviado para fastidiarles a todos la vida? ¿Acaso era incapaz de sentir compasión? ¿Carecía de cualquier mínimo sentido de humanidad? Finalmente, dándole la espalda a la muchedumbre, se giró de vuelta hacia Iggy a tiempo para verlo llevándose la mano al corazón, y luego a la palanca que llevaba encima, en un gesto casi histriónico. Era como si quisiera complicarle las cosas solo por el gusto de complicárselas. ¡Se disculpaba, pero no devolvía la caja de las narices! ¿Qué pasaba con aquel tío? Los segundos siempre pasaban con lentitud en el New Piano, un sitio, de por sí, de naturaleza lenta, tranquila, contrario a la prisa. Sin embargo, en aquel momento, parecieron pasar de manera aún más lenta aún que de costumbre. Cada palabra de Iggy era un desafío al silencio, un silencio denso y casi sólido que llenaba aquella calurosa terraza en la selva Anozama. La mirada de la multitud de pescadores de perlas alternaba entre ambos, como sin tener muy claro qué pasaba allí. Los ojos de Pran permanecían, furiosos, clavados en el estrafalario pirata, que, como un catarro, había llegado allí con un mal viento. "Pues nada, ¡partidle la cara, muchachos!," exortó finalmente el joven de la camisa rosa, haciendo un gesto hacia Iggy, "¡y quitadle el Corazón!". Como si hubiera estado esperando la orden, la muchedumbre se lanzó en tromba contra el pirata, todos portando cañas, palos, bates y armas improvisadas de todo tipo; el que no, se bastaba con sus encallecidos puños o con lo que encontrase. Empezaron a volar vasos y piedras hacia Iggy a medida que el gentío se arremolinaba a su alrededor. Tras la barra, el dueño del New Piano se puso a cubierto, esperando pacientemente a que pasase el bullicio, y rezando en silencio por que el desastre fuese clemente con su humilde establecimiento. Continuó, sosegadamente, a sus quehaceres, limpiando un par de vasos y organizando algunas facturas del local. Los demás parroquianos, por lo demás, empezaron a desvanecerse del lugar, saltando por la barandilla o corriendo escaleras abajo, lo que más rápido resultase; todos, eso sí, se aseguraron de vaciar sus vasos antes de poner pies en polvorosa. A excepción del tabernero, escondido tras la barra, Pran, Iggy y la muchedumbre, el New Piano quedó vacío, su ambiente animado únicamente por el sonido de los golpes y el griterío de los agresores.
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RE: Del jazz a la samba [T2, P.A.] - Iggy Rock - 10-11-2025 Según volaron los primeros vasos y objetos hacia mi, saqué mi palanca y empecé a desviarlos con esta con bastante facilidad. -¿Enserio tío? ¿Tenemos que hacer esto por las malas? -Pregunté, más que al propio Pran fue como una pregunta general, pero no esperaba que nadie la respondiera. Según comenzó la trifulca Travis volvió a huir pues es cierto que ya no pintaba nada allí, me había ayudado a efectuar el cambiazo y con eso bastaba. Debido a que la caja ya no era importante la dejé sobre la barra, bien cerrada. Si lo agitaba sonaría más o menos igual y el peso era parecido, si se confiaba demasiado la gema sería mía. Le di la espalda al jefe de todos ellos mientras me metía de lleno en la trifulca, uno podía haber esperado que les perdonara la vida, pero no. Según llegó el primero le di un fuerte golpe en la cabeza abriéndosela. Su cuerpo cayó de golpe inerte, tiñendo la madera vieja del suelo con el color carmesí de su sangre. El resto no fueron muy diferentes, eran muchos pero se notaba su inexperiencia a la hora de pelear. Golpes gritos y huesos rotos era la banda sonora que sonó en new piano durante unos instantes de desesperación. Según me atacaban con todo yo me iba dirigiendo a la salida con paso firme, desviando cada golpe de caña, palo o puños con mi arma y contratando ferozmente contra ellos. ¿Mi corazón? Ya les gustaría a esos pringaos poder siquiera llegar a tocarme. Conforme llegué a la salida, había dejado tras de mí un reguero de destrucción, aquellas veinte personas yacían en el suelo, unos con mayores heridas que otros pero todos estaban allí, ¿Muertos? Podía ser, no me había contenido con la fuerza de mis golpes por lo que era probable que si quedaba alguno contenido vida se iba a quedar en el hospital durante mucho tiempo. Mis ojos reflejaban locura y mi rostro una diversión indescriptible, podía sentir sangre y puede ser que algún trozo de víscera manchar mi cara. -Joder eso ha sido brutal… -Dije apoyándome en el marco de la puerta, con un gesto de chulería. -No esperaba tener que enfrentarme a ellos yo mismo, pensé que te buscaban a ti. -Agarré uno de los carteles que había en el tablón el cual había podido observar al principio. Concretamente el de la Marina. Aquel que buscaba que la gente se alistase apelando a que no importaba de donde venían. Todo mentiras. Limpié el líquido rojo que me había salpicado en la cara con él, y tras ello lo tiré al suelo y lo pisé sin remordimientos. -¿Ha merecido la pena? -Pregunté señalando a Pran con mi arma la cual aún seguía manchada con la sangre de sus compañeros. -Sacrificar sus vidas para conseguir una puta piedra sin valor. ¿Sabes? Me compadezco de ellos. Dieron su vida por un capullo de mierda, que les prefiere poner en riesgo con tal de lograr sus intereses. -Mi tono sonaba más serio que nunca como si me hubiese dejado de bromas de repente. -Has dicho que parecía que había llegado aquí para joderos, pero en mi opinión ya estabais jodidos de antes. No erais libres, trabajáis para conseguir un ápice de sueldo y manteneros con vida para seguir trabajando, todo para que aquellos que están encima de vosotros si puedan ser libres y vivir su vida al máximo. -Por un momento suspiré, e hice un ademán para dejarle pasar. -No creo que me entiendas, pero ya tienes la pura caja y la puta gema que tanto ansiabas. -Me aparté de la puerta un poco para dejarle pasar si era lo que quería. -Puedes irte, pero piensa si esa piedra valía el precio que has pagado. Sabía que me iba a culpar a mí, sabía que no iba a perdonarme por esto, ni siquiera iba a entender el punto de vista con el que yo lo veía, pero ellos me habían atacado primero, con tal de arrebatarme la puta caja de los cojones. Pese a dejarle pasar seguía alerta, pendiente de cada movimiento de Pran, pues no sabía que decisión iba a tomar. Si irse con lo que había venido a buscar o enfrentarme para vengar a sus compañeros caídos. Aunque si lo hacía no me iba a contener tampoco con él.
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RE: Del jazz a la samba [T2, P.A.] - Stroud Nanashi - 10-11-2025 Los vasos, ceniceros y jarras que habían volado contra Iggy se partieron en mil pedazos, rompiéndose al impactar contra la palanca que este había empleado para desviarlos. Mientras el águila salía rápidamente de la terraza, adentrándose en la densidad selvática de Anozama, manchurrones de sangre iban salpicando el suelo de madera y las mesas de mimbre, en un espectáculo horripilante. Los primeros aún estaban convencidos de que serían capaces de vencerlo y de doblegarlo, ni que fuera por la superioridad numérica de la que gozaban. Sin embargo, a medida que los iba tumbando, el grupo comandado por Pran empezaba a darse cuenta de que la situación no les era, ni mucho menos, favorable. De alguna manera, aquel tipo estrafalario estaba siendo capaz de lidiar con toda la banda con relativa sencillez, ¿cómo era posible? Crujidos, quejidos, llantos, fracturas, dislocaciones... Poco a poco, todos fueron sucumbiendo, uno tras otro, ante Iggy, quien empezaba a inclinar la balanza a su favor. Iggy, jadeante, se apoyó sobre uno de los postes que daban a las escaleritas de la terraza, y que actuaban como indicador de la salida, sangre goteando por su cara y por la primitiva palanca de la que se había servido en aquel exquisito ejercicio de violencia absolutamente desproporcionada. Se había hecho el silencio más absoluto en el New Piano. Hasta los pájaros de la selva parecían haber enmudecido ante el olor de la sangre. Pocas veces se había visto algo como aquello en aquella terraza. Había habido violencia, sí; alguna que otra paliza, más de una amenaza vacía, algún navajazo, alguna pelea a puño limpio, pero, ¿una masacre así? ¿Esos niveles de despiporre anatómico? ¿Ese derramamiento de sangre, ese desprecio absoluto por la vida ajena? No, señor. Eso no se había visto allí. "E-eres un payaso," resondió repentinamente Pran, pese a estar visiblemente acobardado ante lo que acababa de presenciar, "un payaso y un sádico. ¿Cómo te atreves...?," inquirió, aunque le tembló un poco la voz. Se recompuso. "¿Cómo te atreves a ir de justiciero después de hacer esto?," preguntó, haciendo un ademán con la mano hacia todos los cuerpos que se apilaban entre él e Iggy. "No tienes ni idea de quiénes eran, ni de por qué han dado la vida," afirmó, negando con la cabeza, "y no tienes ni idea de por qué trabajamos tampoco. Creo que eres tú el que no entiende nada, payasete," aseguró con desprecio. "Y sí, claro que el Corazón lo merece. ¡Imagínate tener que seguir trabajando por esos sueldos de miseria que tan mal te parecen! ¡Es nuestra puerta a la libertad, imbécil!" Apretando los labios, como pensándose si continuar después de aquella misteriosa afirmación y decir algo más, se detuvo en seco, y agarró la cajita que yacía sobre la barra del New Piano. Se la guardó en el bolsillo del pantalón de lino, furioso, y permaneció en silencio, observando a nuestro sádico protagonista por unos segundos. "Ya volveremos a vernos, Iggy," afirmó, antes de salir, furioso, y bajar por las escaleras de la terraza, desapareciendo entre la vegetación. ¿En qué momento se había presentado el pelimorado? Iggy se quedó solo en el New Piano, con una montaña de cadáveres, palanca en mano. En el exterior del local, todo parecía volver a la vida, y empezaron a oírse murmullos y pasos alrededor del local. Algún capataz local, presumiblemente del mismo tipo que había mandado a sus matones contra Pran, venía de camino al New Piano, y no venía solo. Si Iggy quería salir de allí, tendría que ser cuidadoso. De detrás de la barra volvió a salir el dueño, que suspiró en silencio, contemplando la escena, y encendió un cigarrillo. Sin decir nada, se colocó sus gafas de ver, sacó una hoja de papel y empezó a hacer cuentas de algún tipo. "Lárguese de aquí, antes de que vengan las autoridades," dijo sin despegar la vista del papel, haciendo un gesto con el pulgar hacia el exterior, "o algo peor."
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RE: Del jazz a la samba [T2, P.A.] - Iggy Rock - 10-11-2025 Contemplé impasible como Pran rajaba hacia mi persona, podía insultarme todo lo que quisiera. Puede que para él solo fuera un payaso, pues nuestros puntos de vista eran muy diferentes. -Ya nos veremos por ahí cara lenteja. -Le dije según se retiraba, no le hice caso al detalle de que dijera mi nombre pues había podido de saber de mí por cualquier motivo, era probable que él estuviese aquí a noche y fuera allí cuando escuchaba mi nombre. Fuese lo que fuese daba igual ya, y aunque le haya dicho de volvernos a ver no quería cruzarme con él nunca más. Me acerqué a la barra pisando sin querer algunos de los cuerpos que yacían en el suelo. -Perdón por todo esto… Luego pasaré y te lo compensaré. Ahora tengo un poco de prisa. -Le di el último trago a la cerveza terminando lo que me quedaba del vaso de una sola vez. -Si vuelves a ver a Pran por aquí, dile que una piedra no puede concederte la libertad. Es uno mismo quien decide ser libre o no. -Comencé a correr en dirección al balcón, pues no sería la primera vez que me hacen alguna encerrona a la salida de un bar. -Si uno quiere ser libre debe dejar de mirar al futuro, pues una vez te olvidas de éste puedes centrarte más en el presente. ¡Nos viejales! -Salí despedido por el balcón, aterrizando sobre el follaje seco y tierra de la jungla. Guardé mis manos en mi pantalón y corrí a un sitio alejado donde no pudieran encontrarme a simple vista. Me quedé cerca del cauce del Río, pero a unos minutos de New piano, me senté en una roca y saqué la piedra y el papel del bolsillo de mi camisa, primero observé de nuevo la gema. “¿Esto es a lo que llamaba Corazón?” Pensé justo antes de abrir el papel y ver el croquis, no pude evitar imaginar que aquello era un mapa del tesoro. Mis ojos se abrieron de golpe al plantearme esa posibilidad. Y si no… Al menos sería divertido. Travis no tardó encontrarme, posándose en mi cabeza como solía hacer. -Travis, ¿has visto esto? -Extendí el papel para que lo viera. -No sé qué coño es pero parece ser algún sitio no muy lejos de aquí. Tampoco se si esconde algo de valor pero podemos ir a investigar, ¿Qué te parece? -Le digo guardándome de nuevo el papel y la gema en el bolsillo de donde los había sacado. -Date un voltio por ahí por el aire y si ves algo como estas cuatro rocas puntiagudas guíame hacia ellas. -El águila aleteó fuerte sobre mi cabeza alzándose hacia el cielo, yo me quedé sentado un momento más contemplando el paisaje virgen y salvaje y escuchando el fluir de la corriente del Río. Algo más calmado por lo que acababa de pasar me levanté, me sacudí la ropa y comencé a caminar siguiendo la dirección donde mi pajarraco volaba. Esperando encontrar respuestas a que era aquello que acababa de robar.
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