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Fic | Fragmento de memoria 3.0 - Dharma - 10-11-2025 Hace varios años atrás, tuvo una serie de aventuras en este lugar, incluso podría decir que llego a tener una pequeña tripulación, cuando aun era joven, cuando aun portaba un apellido. La gran y multifacética Isla de Sorbet lugar del conocido Reino Sorbet, donde las diferentes "clases sociales" se pueden apreciar pero no en armonía y tampoco en conjunto, sino a lo largo y ancho de sus terrenos. Sin duda alguna Dharma era una persona que podía pasar no tan desapercibido, pero si notarse como alguien de "educación" no parecería un pirata común y a su vez tampoco parecía un millonario, pero si quizá un excéntrico personaje caminando por ahí. Para esta ocasión tendría el cometido de conseguir "suministros" entre los que estaban alimentos en su mayoría cosas que tuvieran proteína y no podían olvidarse de las frutas y algunas verduras. Quizá nadie de la tripulación tenía gran expertis en el ámbito culinario, pero jamás morirían de hambre, asar una carne o un pescado no era gran ciencia y tan solo condimentarlo con algo de sal ya era suficiente para poder consumirlo con cierto gusto. Pero por ahora debían comenzar con esa "misión" mientras que el otro par se iban por suministros más triviales que tampoco eran del disgusto del Zar espadachín.
| Espero esa enana se vista de forma decente, no quiero levantar sospechas en este estúpido reino...| No lo pensaba, lo decía en un tono alto platicando consigo mismo, era algo usual en Dharma, algunos transeúntes voltearon extrañados, pero no pudieron escuchar lo que sucedía. El pelinegro había salido del barco a temprana hora para su habitual rutina de entrenamiento y ejercicio aprovechando que tenía la oportunidad de estar solo un par de horas, para luego reunirse con Evie, la hora referida era el medio día y se podía corroborar con un gran reloj que se alzaba en el centro de esta bella ciudad, con diseños arquitectónicos, pero aun mostrando que era un "reino" pues sus estructuras eran usualmente uniformes y sus diseños no destacaban unos de otros en gran manera, pero si podían verse diferentes detalles en los distintos hogares de la gente de grandes riquezas y estatus alto en este lugar. Dharma por su parte vestía sus ropas negras, pero en esta ocasión no llevaba su capa y su banda que cubría su rostro había sido retirada, por lo tanto su cabellera caía sutilmente por enfrente de su rostro, por lo cual constantemente se la tenía que estar acomodando por detrás de sus orejas formando un fleco suelto que iba de derecha a izquierda. Sus ropajes eran totalmente negros, literalmente un traje, pero de una forma diferente a lo habitual esta vez el oriundo de Wano portaba un pantalón de un vestir más elocuente y una camisa negra abotonada por completo finiquitando con una corbata de color negro carbón y sobre esto portaba un saco del mismo tono y finalmente una gabardina de color gris oscuro que llegaba hasta sus rodillas, su calzado era negro bien lustrado y un diseño que dejaba ver una silueta "juvenil" por parte del espadachín que por ahora no portaba ningún arma, era bien sabido que los Zar eran personas de poder económico, pero que no disponían de tantos millones como tal ya que se alejaron de su familia, pero los bienes personales como ropas y demás iban con ellos en su viaje. Parecía un tipo de delincuente más elegante que un pirata, si alguien se lo preguntaba, era una de sus facetas, así que el pelinegro podía actuar acorde a las situaciones. Pero llegaba unos minutos antes y permanecía fuera de la entrada del reino, el cual era custodiado por guardias que evitaban que gente con apariencia "pobre" entrara y desagradaran a la vista de este lugar, si bien el reino estaba escalonado desde la zona más pobre a la zona más rica, tampoco permitían que cualquier persona de apariencia dudosa pudiera entrar a este lugar. Así que ahí siguió esperando no tenía muchos minutos, seguramente Evie debía estar cerca o quizá estaba por ahí y aun no lograba ver a una pequeña humana de cabellos rubios y ojos azules, no sería muy difícil de localizar, pero la gente entraba y salía; tanto mercaderes como ciudadanos que viajaban del puerto hacia este reino. Aunque algunos se le quedaban mirando por su altura, Dharma destacaba por su propia naturaleza taciturna y una frialdad palpable, por lo que nadie se le acercaba mucho. Evie ~ La ventaja de haber vivido encerrada durante tanto tiempo era la cantidad de cosas que sabía hacer por sí misma. En esta ocasión utilizó unas telas viejas que encontró en unos baúles para confeccionarse un cómodo vestido, pues estaba cansada de rotarse la ropa de sus compañeros. No se pondría caprichosa, así que utilizaría lo que tenía a la mano para no seguir usando ropa de hombre día con día. Su capitán le dijo que en esta isla había que ser muy cuidadosos con las apariencias y no levantar ninguna sospecha, especialmente ahora que necesitaban suministros para su nuevo barco. No era una cocinera, pero al menos podría preparar algo lo suficientemente decente como para no morir de inanición. El único problema radicaba en que su compañero de compras era nada más y nada menos que el Gundyr gruñón. Ninguno de los dos estaba lo suficientemente complacido con dicha decisión, aunque tampoco se atrevieron a rebatirle a su capitán. Claro que eso no quitaba el hecho de que sería un día de lo más extraño en la vida de los nuevos tripulantes. Acomodó su cabello rubio y alisó su nuevo vestido antes de bajar del barco, dirigiéndose al punto de encuentro. Los largos mechones de pelo caían hasta sus tobillos y unas pequeñas trenzas enmarcaban su rostro, reposando sobre sus hombros alegremente, dándole una apariencia adorable. Por lo general su rostro de muñeca le servía para no levantar sospechas, pero, en esta ocasión, con el señor del averno dudaba que el sigilo pudiera ser parte de sus personas. No fue muy difícil encontrar a Dharma, resaltaba de entre todos aún sin su capa y la banda sobre su frente. Avanzó grácilmente hacia él y con una sonrisa giró sobre sus talones para presumirle su creación. | ¿Verdad que es bonito? |preguntó con felicidad|. Lo hice yo misma con algunas cosas que encontré en el barco |lo escudriñó con atención|. Me gustas más con tu capa y tu aura de las profundidades, pero te queda bien este atuendo | soltó una risita|. ¿Listo?| Por lo general su contacto se resumía en ella hablar y molestarlo, mientras él hacía un esfuerzo por no rebanarle el pescuezo con cada pulla que le lanzaba. Al menos en esta ocasión no llevaba sus armas consigo, lo que le presagiaba una pequeña seguridad para seguir picándolo. Ezio Zar, Zar como era llamado este chico por la tripulacion que tenia en ese antiguo y juvenil entonces, apodo otorgado por aquellos que generaban contacto con él, era bastante frio en su manera de actuar y a la hora de pelear demostraba cierta pasión por este acto, lo cual lo relacionaban con alguien un tanto “extraño”, por obvias razones, pues se había hecho de un poco de fama en el lugar donde paso sus últimos años entrenando y bien…ahora se encontraba con bastante calma en un reino algo peculiar en un sentido aburrido, el Zar andaba merodeando con su mirada sin hallar gran cosa, por su mente solo pasaba el encontrar algo que lo llevara a localizar u obtener información de piratas reconocidos, o por lo menos algunos piratas desdeñables y así obtener mayor fama y con eso mayor poder, eso es lo que pensaba el pelinegro nacido en los mares del norte, que como bien cuentan algunas historia, se hacían los piratas más fuertes o eso le contaba su madre, cosa que le hacía sonreír al recordarla, pero si de algo está seguro es que en esos mares, había nacido él, ahora no solo se hablara de piratas, desde ahora hablaran de aquel ser que se convertiría en la existencia más poderosa, desde la sombras o desde el escenario más grande y famoso, para luego convertirse en una leyenda o un cuento de terror. | Entremos enana. | No había escuchado todo lo que la pequeña voz y la pequeña personificación de duende que le estaba hablando, hasta que decidió mirar hacia abajo, con una mirada un tanto juzgona, miro por unos largos instantes de pies a cabeza a la que era su compañera. Por lo menos había decidido ponerse un vestido y no los trapos viejos con los que había abordado, tampoco es que fuera su culpa | Te bañaste... jahjahjah| Con una risilla casi insonora y una sonrisa ligera en su rostro que era ocultada por la sombras que acompañaban a su ser, a causa de su cabello y su propia altura, pero ese pequeño chiste no era tan chistoso, sino algo real. Evie parecía un muñeca de esas que venden en las mejores jugueterías, su piel blanca y sus ojos grandes y azules le daban ese tinte irreal a su belleza aunque algo infantil aun. Mirar sus ojos por esos segundos le traía un recuerdo extraño, pero decidió ignorarlo de momento, seguramente se acordó de algún familiar, puesto que un tiempo tuvo una tía que poseía el mismo tono de azul y hace mucho tiempo atrás una pequeña prima, que poco recuerda de ella. No tenía ganas de hacerle mucha platica a la pequeña e irritante peliblanca que hoy le acompañaba, aunque Dharma solía disimular muy bien sus estados de ánimo, esta vez no tenía puesta su capa que de vez en cuando le servía para ocultar las muecas de su boca, lo cual le parecía de cierta forma un juego divertido entre él y todos los mortales. Sin mucho más que decir el Zar de cabellera negra y gran altura, comenzaba a caminar, acomodándose una vez el fleco de su cabello hacia la izquierda, dándole entender a Evie que debían ingresar al reino, no hubo ningún problema, los guardias en las torres y algunos en la entrada realmente no los veían con rareza, parecían buenos civiles, aparentaban bien eso. Por ahora solo tenían que caminar por las calles del Reino de Sorbet; era agradable a la vista, mientras un camino de pequeñas escalinatas se iba vislumbrando, lo cual con un paso elegante y sobrio el Zar comenzaba a subir, mirando de reojo que su compañera no hiciera nada extraño. RE: Fic | Fragmento de memoria 3.0 - Dharma - 12-11-2025 Por lo general el señor del averno tendía a colmarle la paciencia en cuestión de segundos, pero en esta ocasión trató de no darle tanta importancia a la falta de interés mostrado en su bonito vestido. Simplemente infló las mejillas, llevándose las manos a la cintura en una postura de reproche. Ese hombre sacaba lo peor de su persona en cuestión de segundos y todavía no entendía cómo.
| No soy enana | respondió con indignación.| Tú tienes una estatura poco normal.| Su cometido fue cumplido cuando el muchacho la observó con atención, a lo que la rubia atinó a sonreír victoriosa de que por fin se dignase a admirar su adorable creación. No cualquiera era capaz de fabricar ropa con tan poco material y ella solita lo había conseguido. Por supuesto, el momento se esfumó tan rápido como llegó tras el comentario recibido por el pelinegro a tono de… ¿broma? | ¡Yo siempre me baño! | La replica se vio interrumpida por la risita de su camarada y no pudo evitar abrir los ojos con sorpresa. Una sonrisa se esbozó en su rostro y lo observó con emoción. ¿Eso que había escuchado fue una risita? ¿El señor de las profundidades podía bromear? Aprender algo nuevo sobre él le trajo un extraño sentimiento reconfortante, ya que era con el que menos se relacionaba de los tres. Se apresuró a seguirlo para entrar en el reino, tratando de sus mejillas no se ruborizasen de más al observar lo hermosa que era la ciudad. Tenían que pasar desapercibidos y mezclarse con los civiles de la mejor manera. Fue hasta que avanzaron por las calles que Evie se permitió escudriñar nuevamente a su compañero. Era muy extraño verlo sin la banda en su cabeza y la capa que cubría parte de su rostro, y, por alguna razón, su apariencia le traía una extraña sensación de familiaridad. | Sé que teníamos que vernos lo más normal posible, pero por que siempre traes cara de malo | comenzó con indecisión. | ¿Es importante para ti? | No tenía idea de por qué preguntaba algo como eso, pero tenía una extraña sensación en su fuente de la sabiduría. El cabello negro y largo, los ojos oscuros, aquellas facciones finas parecían provenir de un extraño sueño lejano, pero no sabía explicarlo a ciencia cierta. | ¿A dónde vamos primero? | Preguntó luego de un rato de deambular sin un rumbo fijo. El silencio no sería algo que reinaría mientras ella estuviese cerca. Un hermoso reino, así era considerado Sorbet, entre otros, realmente era muy vistoso y muy ordenado, los hogares grandes y las calles amplias, algunas escalinatas que dejaban ir a otros sitios de este bello lugar. Dharma había entrado y con su inusual acompañante pues normalmente solo venia en compañía de su espada , ahora tenía que seguir con una mortal, alguien muy diferente a él y muy diferente a todo con lo que había convivido a lo largo de su vida, sus únicos momentos junto a personas amigables y amables habían sido en su infancia y un corto periodo de su adolescencia, donde tenía a sus primos y primas con los que a veces jugaba y también entrenaba o estudiaba. Pero por ahora era así y entre una pequeña broma Evie respondía al de ojos afilados, el cual si bien no disfrutaba del todo este tipo de situaciones, tampoco se dejaría incomodar por algo que el destino le había entregado, por alguna razón tenía que estar ahí y ahora, así que trataría de encontrarle un sentido y uno de ellos era quizá hacer que esa escuálida mujer pudiera sentirse mejor, pues entendía que tuvo una vida complicada sin entrar en más detalles. |Hmm...Respecto a mi cara eso es algo que no te incumbe.| Dijo con un tono frio como siempre, pero luego daba un suspiro corto. | Hay cosas personales también, pero puedo decir que lo que uso algunas cosas son regalos de gente de mi ciudad natal, cuando yo también era pequeño, se suponía que la usaría cuando fuese un gran pirata...| Explico bastante Dharma algo que no solía pasar, pero tenía en cuenta que aquella mujer era su compañera y no estaba del todo mal contarle un poco de él, así se fomentaba la confianza entre nakamas, no había de otra y al final también necesitaba de ella para su viaje, entendía la importancia de tener alguien con sus conocimientos, por lo tanto el pelinegro de largos cabellos trataría de ser un tanto más condescendiente. Lo que contó no fue tanto pero si daba entender que su camino iba a hacer otro y que esa persona quizá no estaba, murió, estaba en su hogar etc. Las dudas aunque las preguntara, Dharma aún no sabía si tendría las ganas de responder a ese tipo de preguntas. Mejor idearía otra cosa para desviar el tema. | Iremos de compras... por lo que sé no tienes un abrigo o ropa para días de frio o días de calor o días normales, no puedes andar vestida como juguete de aparador. |Detuvo su andar para voltear a verla, él iba del lado izquierdo y ella de su lado derecho al espadachín le agradaba más el lado izquierdo casi siempre. Sus palabras habían sido más amables como casi nunca. | Así que compraremos ropa para ti, seguro mi amigo lo agradecerá jahjah... Aunque no entiendo ese gusto por las que parecen niñas, que edad tienes ¿15?. | Entre un tramo de amabilidad llego a uno de burla y luego a uno de más burla con sarcasmo, Dharma no le gustaba que la gente se pusiera sensible o emocional con él, le parecía bastante aburrido lidiar con las personas en estados de ánimo demasiado ruidosos, más que nada porque consideraba que todo era una trivialidad. Pero preguntaba algo al final, realmente no sabía la edad de la Blackmore y aparentaba ser un tanto pequeña, pero por lo menos tendría unos 17-18, aunque bueno los gustos por sus amigos y considerando el tipo de sujeto que es era raro que tuviera una amiga un tanto más decente que el samurái bebedor. Dharma se mantuvo atento, mirando desde las alturas, la sombra le hacía un efecto extraño y tenebroso, mientras una sonrisa suave se dibujaba en su rostro. Ya estaban a unos cuantos metros de la tienda, unos 10 quizá y se podía ver un lugar bastante interesante que vendía ropa "La boutique de la luna" un lugar que se veía bastante amplio con un par de puertas cristal y la construcción se veía de color rosa pastel con el nombre de dicho lugar en color blanco, con un tipo de letra bastante "Cute" se veía como una tienda de ropa bastante elegante. No querían ir a un lugar que tampoco tuviera solo vestidos de hace 100 años ni tampoco pura ropa moderna, parecía un lugar adecuado, al menos a la vista. Dharma sabía algo sobre telas y ropas, ya que su familia en algunos rubros solían comerciar con telas muy finas. Por un segundo pensó que había conseguido molestar a su compañero cuando le preguntó sobre la banda en la cabeza. La respuesta del muchacho fue fría en un inicio, pero después de un suspiro se dignó a contarle la historia detrás de su banda. Por un momento infló las mejillas en el instante en que volvió a burlarse de su estatura, aunque el dejo de nostalgia en sus palabras terminó por apaciguar su oprobio. Jamás habría imaginado que el espadachín gruñón pudiese ser alguien sentimental. | Debe ser lindo tener personas que te quieran y confíen en ti… | Pocas veces se permitía soltar palabras tan tristes, pero, en realidad, envidiaba las relaciones fraternales que había comenzado a ver en los demás. Su único lazo era un amigo y no podía catalogarlo como un hermano, ni siquiera como un primo; de hecho, le conflictuaba el caos que el capitán ocasionaba en su persona y por eso rara vez se dignaba a reparar en ellos. Sin embargo, le habría gustado tener una familia que al menos se preocupara por pagar sus deudas y no abandonar a su hija en las garras de una mujer como el ama. Avanzaron durante un rato más, notando que la tensión que siempre había entre ambos comenzaba a disiparse, aunque aún había cientos de interrogantes que se arremolinaban en su fuente de la sabiduría. El hilo de sus pensamientos se vio interrumpido cuando el señor del averno advirtió que irían de compras, pues con suerte tenía las ropas de sus compañeros y el vestido que se acababa de fabricar. No iba a negar que le emocionaba el poder tener un guardarropa nuevo, sólo había un pequeño problema: ella no contaba con dinero. Sí, es verdad que en el barco encontraron algunos sacos con un pequeño botín, pero no se atrevería a disponer de un berrie sin antes consultarlo con su capitán. Además, ese dinero debía gastarse en suministros, ya que sólo los dioses sabrían cuándo volverían a tener más y, por ahora, lo mejor era administrarse adecuadamente hasta planear su siguiente movimiento. Estuvo a punto de replicar cuando el señor del averno se detuvo para mirarla, haciéndole un comentario que la tomó por sorpresa. Era difícil pillarla con la guardia baja, pero este chico lo había conseguido y ahora sus mejillas estaban tan rojas como una manzana. No es que le importara si la ropa escogida hacía feliz a su capitán, ¿verdad? Al final a él le gustaban las chicas como Fuuka con grandes atributos, cuerpos despampanantes y facciones femeninas, y eso sin duda no tenía por qué ser de su incumbencia. |Tengo 18 |replicó con las mejillas infladas.| Además, ahora que estoy afuera puedo recibir toda clase de vitaminas y comer mucho mejor, así que no tardaré en terminar de desarrollarme y entonces no podrás volver a molestarme.| En el momento en que sus ojos se posaron en el aparador de la tienda más cercana no se reflejó más que ilusión en ellos. Con alegría se apresuró al local y fijó sus orbes azules en los modelos de exhibición que había en la tienda. Todos eran tan bonitos y coloridos. Sólo en sus sueños pudo imaginar llegar a ver algo tan maravilloso y estaban ahí, justo frente a ella, aunque aún persistía el mismo problema. Este fragmento de memoria por parte de Dharma, le lleva recuerdos de cuando comenzó su viaje como pirata, tenia una tripulación sencilla, pero en la cual compartían algunas cosas, por azares del destino tuvieron que separarse, ya que los propósitos del oriundo de Wano eran un tanto más serios y caóticos que solo andar viviendo aventuras alegres, tenia que encontrar aliados fuertes y poderosos o simplemente seguir la senda en solitario, sin que nadie más le pudiera estorbar, para llevar a cabo su cometido, ordenar el mundo, como su actual nombre lo indica, el Dharma, una ley universal. |