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[Presente Absoluto] Hacia nuevas aventuras - Versión para impresión

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[Presente Absoluto] Hacia nuevas aventuras - Sohem - 22-11-2025

14 de Invierno, Año 16
07:31
A bordo del Jagd Hund; Puerto de Foodvalten; Foodvalten


El Jagd Hund, una de las nuevas joyas que había mandado construir con la reciente fortuna amasada, recién reforzado con su casco de Kairoseki, emitía una energía desagradable, pero que me instaba a estar alerta. Con su color negro absoluto parecía absorber la luz del amanecer. Sobre su cubierta, los pasos de doscientas cincuenta botas marcaban un ritmo constante mientras mi tripulación personal ultimaba los preparativos. Todos vestían idénticos: uniforme verde militar bien planchado, media capa corta negra que caía justo por encima del codo, máscara negra que ocultaba sus rasgos y una gorra verde con emblema dorado. En formación parecían un mismo individuo multiplicado, una fuerza disciplinada y silenciosa, imponente como una muralla. Eran una especie de segmento de mi mismo, una copia lo suficientemente diferente como para relacionarlo pero no confundirnos. Yo era la matriz y ellos el resultado.

Mi estúpido y querido Lustig merodeaba entre las cajas de suministros con su risa entrecortada, inquieto por el movimiento general, y seguramente buscando ratones en este nuevo barco. Era increíble como, aunque le ofreciese la mejor de las comidas siguiera prefiriendo basura... Había subido a bordo antes que yo, que desde el puerto observaba el navío. Había llegado a lomos de la nueva montura que había encontrado en la propia Foodvalten, un Erimaki Runner, de la isla de Arabasta, al que había bautizado como Durr, por su delgadez. Era un animal raro y extraño, que mantenía su largo cuello en alerta constante, con el collarín plegado contra los hombros hasta que algo le llamara la atención - que entonces se desplegaría con estrépito, como un abanico intimidante - pero era lo suficientemente robusto como para poder cargar conmigo y desplazarse a buena velocidad. Era una criatura hecha para recorrer desiertos a velocidades de vértigo, y aun así se veía cómoda en esta isla y cargando con mi peso, así que supuse que era una buena idea llevármelo y aprender un poco de él. En la cubierta, a la sombra del mástil principal, no podría ejercitarse mucho, pero en tierra firme le daría rienda suelta.

— Oe oe — dije espoleando a la criatura, la cual reaccionó y comenzó a subir la rampa hacia el navío

A bordo de Jagd Hund avancé entre mis hombres. Mi brazo nuevo se movía sin temblor, como si fuera mi propio brazo orgánico, completamente adaptado a mi, con cada gesto más natural que el anterior. El esfuerzo de acostumbrarlo había dado resultado: podía sentirlo como propio, y la fuerza que desplegaba con él ya no me exigía pensamiento, solo intención. Vestía con mi uniforme de siempre, la capa de plumas de tono púrpura oscuro ondeando tras de mi como un presagio. Mi yelmo blanco, como siempre ocultaba mi expresión, pero el aura que me rodeaba era más nítida que nunca: destino, ambición, dominio.
Sobre mi muñeca reposaban dos instrumentos indispensables: el log pose del Nuevo Mundo - con sus agujas inquietas, tratando de fijarse - y el den den mushi negro dormitando. A mi espalda, colgado con peso contundente, mi mejor compañero y a quien anteriormente el mundo conoció como Ein Hauch, ahora llamado Hellhound: el kanabo cuyo nombre real se le había revelado en un sueño. Desde entonces, cada vez que lo empuñaba, el arma parecía responder con un pulso que no existía antes. Era como si una simbiosis hubiese despertado en nosotros.

En el muelle, Tomás esperaba recibir órdenes finales, supervisando el relevo de la guardia en la isla. Lo observé desde la cubierta y chasqueé la lengua, frenando las riendas de la montura. — Obedece a Shoto y aumenta nuestros ingresos. Las tropas os protegerán en mi ausencia... y si no, llamad a Viktor. Llegará más rápido que yo — dije, volviendo a poner mi vista en la cubierta del barco. Tomás respondió con un breve asentimiento. Llevabamos poco tiempo trabajando juntos, pero él sabía que mientras yo revisase mis nuevas bases del Grand Line, la reputación del distrito de las finanzas debía mantenerse férrea y creciente.

En la borda, los hombres aguardaban la orden de subir anclas.

— Compañía — dije, iniciando uno de mis discursos — Hoy zarpamos a unas aguas inhóspitas y hostiles. Hoy nos adentraremos en el Calm Belt y durante los próximos días pondremos a prueba si el Kairoseki que tanto dinero me ha costado, sirve para hacer que las bestias del mar nos ignoren — proclamé, y mi brazo escupió una pequeña bocanada de vapor que se dispersó enseguida en el aire — Les tocará remar, les tocará sudar y al llegar es muy posible que les toque derramar su sangre. ¡Y lo harán con placer y gloria! Porque ustedes, señoras y señores, son la fuerza de defensa del Banco Mundial de la Moneda. Ustedes son los soldados del Goldreich. ¡¡USTEDES SON MAGNA!! — añadí, gritando en última instancia y levantando el brazo cyborg por encima de mi cabeza, recibiendo el grito al unísono de mis camaradas — ¡¡Zarpamos!! — grité con fuerza desmontando de Dürr para pasarle las riendas a uno de los soldados cerca de mi, para que lo guareciera en la bodega.

Las cuerdas se tensaron, el ancla emergió con crujidos pesados, y el Jagd Hund comenzó a separarse del muelle con una suavidad preciosa. Las tropas se dedicaron a mantener los aparejos y preparar todo en cubierta en lo que yo llegaba al timón. La isla quedaba atrás, confiada a manos capaces y con la protección suficiente como para no tener que preocuparme.
El viaje hacia el Calm Belt no sería sencillo, pero este barco estaba construido para atravesar lo imposible.





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