Nakama no Mi - Foro Rol de One Piece
Insomnio [Priv. | Pasado] - Versión para impresión

+- Nakama no Mi - Foro Rol de One Piece (https://nakamanomi.com)
+-- Foro: Mundo (https://nakamanomi.com/forumdisplay.php?fid=3)
+--- Foro: South Blue (https://nakamanomi.com/forumdisplay.php?fid=7)
+---- Foro: Reino de Samba (https://nakamanomi.com/forumdisplay.php?fid=314)
+----- Foro: Reino Samba (https://nakamanomi.com/forumdisplay.php?fid=316)
+----- Tema: Insomnio [Priv. | Pasado] (/showthread.php?tid=2583)



Insomnio [Priv. | Pasado] - Bai Mudan - 23-11-2025

Madrugada del 26, Otono. Año 16

—Últimamente he estado pensando —anunció la magnánima mujer de cabello ondulado con voz cansada.
—En un sueño que estoy teniendo una y otra vez —añadió mientras vertía con cuidado una taza de té blanco frente a su acompañante.
—Soñaba que era un perro —continuó—. Uno que corría por una montaña reseca como un cadáver al sol —dijo al tiempo que los vapores del agua se retorcían en el aire como garras que tratan de huir del lugar.
—Hacía un calor insoportable y el suelo quemaba mis patas callosas.

Bai destapó brevemente la vieja tetera de porcelana y el aroma del té llenó el comedor vacío de un perfume tibio y casi hospitalario. Luego, observó su interior para ver si todavía quedaba agua y, tras el rápido vistazo, la volvió a tapar.

—Y esta mañana, cuando desperté… —se detuvo un instante como si su cerebro fatigado no pudiera más. Luego, se sirvió su propia taza y la mano le tembló — sentía las extremidades ardiendo.

Tras ello, Bai se hundió en la única silla grande del lugar; una mole de madera que había vivido mejores décadas y que, al recibirla, soltó un crujido resignado, como el suspiro de un anciano que sabe que no se librará del último esfuerzo del día.

—Eso me hizo pensar en algo, Lan —prosiguió la mujer, bajando la voz—. ¿Soy yo quien ha soñado con un perro… o es el perro soñando que es Bai?

Durante un latido entero, el silencio se dilató junto al tiempo como un hilo que está a punto de romperse.

Después, la propia Bai rió.
Lo hizo con una risa corta y desgastada —de esas que más que ser alegres parecen confirmar que algo dentro de ti ya está demasiado cansado para procesar cualquier evento.

—No me hagas caso, Lan —prosiguió mientras se llevaba una mano al puente de la nariz y con el dedo índice y gordo se lo masajeaba.

Como respuesta, una lágrima furtiva se escapó de su ojo izquierdo por el lagrimal. Y, esta, no llegó a recorrer mucho camino; apenas unos centímetros antes de que Bai la atrapara con la yema del dedo. Después vino un bostezo —largo y roto— que intentó sofocar con el dorso de la mano.

Mientras tanto, la luz entraba por la ventana de madera a regañadientes, filtrándose de forma torcidas y bañando el lugar con una claridad amarillenta, casi de color mantequilla rancia, se esforzaba por abrirse paso en la estancia, como si también ella estuviera agotada.

—Es sólo que... —soltó de repente.

—Le he estado dando vueltas y… Imagina, Lan, que nuestro cerebro no pudiera ver la realidad en absoluto. Que todo lo que creemos que percibimos no sea más que una serie de alucinaciones amaestradas. Un truco de feria, uno constante e interminable. Que en lugar de observar el mundo, lo fabriquemos… y luego lo vayamos corrigiendo sobre la marcha con lo poco que nos permiten sentir los ojos, la piel, los oídos... Predicción. Corrección. Otra predicción. Otra corrección. Y así sin parar. Una maquinaria de espejos que funcionaría sólo porque no puede dejar de hacerlo.

Bai levantó entonces la mirada hacia Lan. Tenía los ojos agrandados de preocupación, pero también llenos de una convicción febril que desvelaba ese brillo húmedo que sólo aparece en quienes llevan demasiadas noches conversando con algo que no está allí.

Y aunque era pronto, demasiado pronto como para que cualesquiera les interrumpiera, las dos medias lunas moradas que había ido adquiriendo durante los últimos días —profundas marcas bajo sus ojos— revelaban que las noches largas, los sueños intrusos y el cansancio que no dependía de horas dormidas —sino de lo que uno encuentra mientras duerme—, estaba empezando a afectarla más de lo que creía.


RE: Insomnio [Priv. | Pasado] - Lan Caihe - 24-01-2026

El humo salía de mi pipa flotando hacia el cielo estrellado, con una mano en la nuca y un pie fuera de la hamaca, me balanceaba meciéndome en la cubierta; mi cuerpo pedía descanso, pero mi mente había estado muy despierta en los últimos días, demasiado.
El pase por reverse mountain, la perdida de Cao, el estado en el que estaban los integrantes de la tripulación, los animos estaban desgastados y la presión había sido inmensa.
Sin embargo, a pesar de compartir la carga, ahora más que nunca me sentía motivada, re encontré mi camino o al menos, vuelto a poner rumbo sobre él.

Me levanté con paso pesado y fui directa a la cocina, al entrar pude ver a Bai sentada, tomando té, olía dulce.
Miré hacia arriba con una sonrisa —Buenas noches querida —sonó dulce y roroneante desde mi pecho. Bai era una mujer demasiado hermosa e imponente.
Me puse la pipa en la boca, lavé mis manos y saqué del refrigerador un pedazo de jamón y otro de queso; con un cuchillo corté ambas piezas en varias rodajas al tiempo en el que la voz de Bai llenaba el la habitación.

La escuché con calma y sin detenerme, preparé dos sandwiches. Los serví en platos floreados que alcancé desde la alacena, de paso, acerqué un cenicero a la mesa frente a mi asiento.
—Gracias —le respondí, poniendo su sandwich frente a ella. Y aceptando la tasa de té.

“¿Un perro?” di un pequeño golpecito suave con la planta del pie en el piso de madera al escuchar su sueño.
La pregunta que siguió acontinuación al tiempo en el que igual que ella me fundía en el cojín me tomó por sorpresa, habriendo los ojos como platos mientras tomaba varios sorbos del té.

La luz de entraba arrastrandose por la ventana hizo que incluso su rostro melancolico la retratara como uno de esos cuadros de historias de dioses y gigantes.
No la interrumpí, sentí que sería descortés, pero en definitiva, me di cuenta de que esto que decía no era solo una idea, era algo que estaba sintiendo y pensando al mismo tiempo.

Por un segundo, cuando soltó aquella bomba, miré al piso, pensativa.
Antes de decír nada, le ofrecí la pipa a la mujer —Paciencia en la forja, amiga mía —la miré con cariño.
—En mi pueblo decíamos que el humo nos ayuda a “ver”
—le hice una seña para que la tomara, aunque  podría negarse, al mismo tiempo en el que pensaba al verla a los ojos:

"Estoy en deuda con todos.", sin ellos no estaría aquí ahora.

—Me alegra que me tengas la confianza para contarme esto que pasa y sientes. —comencé. 
—Tuviste un sueño bastante curioso. Decías que eras un perro corriendo en una montaña esteril bajo el sol, quemándote la patas. ¿No?
Y cuando despertaste, te ardían las extremidades.

Reflexioné un poco, acompañandola.
— ¿Aún te arden? —pregunté. Me puse de pie un momento, me acerqué hasta ella y tendiendole la mano solicité me permitiera verlas, tocarlas, cosa a la que también podría negarse si quería.
—Pero sabes, creo que podría haber una tercera opción… tú podrías ser Bai y el perro al mismo tiempo —le sonreí con sorna, no era una burla, era una afirmación. Aunque, ¿también podría darse el caso de que fuera sonanbula sin que lo supiera?, continué.

—Si fuera una ilusión amaestrada, ¿qué o quién la produciría?


RE: Insomnio [Priv. | Pasado] - Bai Mudan - 01-02-2026

Mantener la mirada se había convertido en un acto doloroso.
No por el peso del contacto visual, para nada, sino por el ardor arenoso de unas córneas que habían permanecido en vigilia mucho más tiempo del que lo que el cuerpo es capaz de soportar.

Parpadeó.

La humedad del ambiente era insuficiente para combatir la sequedad de su cuerpo exhausto. Se llevó la palma de la mano al ojo izquierdo y lo frotó, intentando imponerse a la desagradable sensación que había invadido sus mucosas, evaporando cualquier rastro de humedad y obligándola a parpadear con una frecuencia espasmódica, como si buscara desesperadamente un resquicio de lágrima capaz de aliviar su fatiga.

Aunque, a decir verdad, parecía un niño grande tratando de no dormitear.

Retiro la mano, y el mundo recuperó una nitidez punzante.

—Gracias...—murmuró observando la pipa que Lan le tendía. Y, a continuación, esbozó una sonrisa lánguida, una mueca que apenas movió los músculos de su rostro, mientras su cerebro —ralentizado por un procesamiento de datos ya deficitario— evaluaba si aquel alivio químico era lo que realmente necesitaba.
—Lan — añadió poco antes de que la otra erudita se sumiera en sus propios pensamientos.

Y con ello se decidió por extender su trémula mano, cuyos dedos apenas conservaban la precisión habitual, y aceptó la pipa mientras se obligaba a escuchar la voz de la mujer de fuego.

—Creo que… todavía me arden —admitió, llevándose la boquilla a los labios. Presionó con suavidad la superficie y aspiró con lentitud, buscando que el calor del humo actuara como un bálsamo para cauterizar otra clase de ardor; uno que no se localizaba en sus extremidades, sino en un estrato mucho más profundo.

Tras aquello de sus labios germinó una pequeña exhalación grisácea que se disolvió en el aire como una idea inacabada.

—No es solo el cuerpo, Lan… es todo.

Con la pesadez de quin conoce el dolor, Bai, cerró los ojos en busca de que que las palabras de su compañera se asentaran en su mente antes de continuar.

—¿Crees que realmente se pueda? —preguntó de repente, abriendo los ojos mientras lo hacía y justo antes de dar una segunda calada y devolver la pipa.

En ese momento se hizo el silencio, solo roto por el siseo de la brasa en el exterior.

—A veces pienso que hay un lado mío que no consigo contener —reveló, bajando la mirada hacia la luz mortecina que bailaba sobre la superficie del té —. Y que ese perro que aparece en mis sueños… el que corre por la ladera de una montaña bajo un sol que calcina sus patas, solo y sin un rastro de sombra donde refugiarse… realmente soy yo.

Su mano se movió con torpeza hacia el sándwich, agradeciendo el alimento con un gesto mudo.

—Lo que intento decir es que, quizás, ese animal y yo somos dos ecosistemas coexistiendo de forma violenta dentro de un mismo cuerpo. Y aún no he hallado la fórmula para que convivan sin destruirse.

Inspiró aire lentamente, sintiendo el peso de la confesión en el pecho.

—Siento que esa escisión, esa fractura interna, es el resultado del muro que levanté al separarme de vuestro idioma. De vuestra forma de sentir. Duele, Lan. Duele como sólo la soledad sabe hacerlo.

Tras aquella confesión, sintiéndo  la garganta cerrada, Bai intentó comer algo de lo que Lan había preparado. Y, por un instante, el mordisco se volvió un gesto torpe y casi instintivo, como el de un animal que, aun exhausto y herido, sabe que detenerse del todo no es una opción.