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Torre del culto a la sangre. [Pasado |+18| Lelith Hesperax] - Versión para impresión

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Torre del culto a la sangre. [Pasado |+18| Lelith Hesperax] - Heras - 23-11-2025

Año 15 Volcán de Baterilla, Invierno
Un lugar tan tropical, tan hermoso, tan libre de las personas mi exploración en pleno vuelo inició muy temprano, antes de que el sol se pudiera dar cómo un inicio al día. Mi vuelo fue a esta hora debido a que en pleno invierno la isla tiene muchas lluvias y no se puede salir a pescar. Las actividades que me dan para poner pan en la mesa cesadas me complica la vida. Me quiero incorporar, volverme una mejor persona, una mejor versión de mi mismo. 


Creo que en mis avances he conseguido alcanzar una mejora, ya no soy el mismo que solo se preocupaba por huir y comenzar a pensar que poco a poco se acercaba el momento de dar un paso adelante. Mientras veo la isla desde arriba de los árboles más altos puedo notar que el sol poco a poco se hace presente. Viajar me llevaba a las cercanías del volcán, cada vez más próximo. La flora cambia, el suelo volcánico es excelente para cambien y la espesa verdura cambie a algo más rocoso que me permita aterrizar. 


Cargado con un saco con muchas frutas que serían mi fuente de alimento en este paseo me di cuenta que mi viaje no sería tan entretenido. El invierno en el trópico es horrible, porque hay lluvias a cada rato. Instantánea comenzaron a caer muchas gotas y con lo que detesto mojarme el cabello. Gotas que se volvieron una lluvia torrencial sin el más mínimo aviso. Lluvia que me hizo tener que correr entre la loma del volcán sin rumbo, no puedo alzar vuelo si estoy empapado. Lluvía helada que me hizo correr hasta que vi una torre en la que me podía esconder. 

torre


Una torre en el medio de la nada. Debe estar abandonada, es lo más obvio. Será un excelente lugar para esconderme del clima. Cielos, esperaba por lo menos que lloviera hasta mi regreso pero el invierno no tiene la mínima piedad con los viajes. Nomás al llegar pateé la puerta que saltó con todo y bisagras. La lluvia fuerte adentro no se siente, me sacudo del frío y el exceso de agua. 


Pensaba estaría solo pero lo que menos esperaba era ver una mujer encadenada contra la pared. Para mí, un susto, pero qué diablos. Una muchacha de aspecto frágil pero de presencia peligrosa por que está ahí apresada. De complexión delgada y músculos muy marcados. Su piel es clara, casi perlada, y su cabello negro y brillante con reflejos en rojo sangre.   —¿Pero qué cojones?— Quien sabe que cojones le está pasando a ella pero creo que mi presencia le sorprendió tanto como a mi, pero ella parece más una bestia por su reacción.


—Calmate. Yo no soy quien tu crees. -- Encendí una vela que estaba en un candelabro de pared. Me pudría ver y yo la podría ver mejor a ella. Parece una esclava y no solo eso, torturada.— ¿Cómo te ayudo? Solo no te pongas salvaje. ¿Cómo llegaste aquí que te ha pasado?—  Me mantengo calmado, pero esta imagen es un poco perturbadora y mira que el mundo que yo vengo encadenar es lo de menos. Comencé a escuchar con atención su historia mientras busco unas fulanas llaves que ella ha visto.


RE: Torre del culto a la sangre. [Pasado |+18| Lelith Hesperax] - Lelith Hesperax - 28-11-2025

La lluvia del South Blue era tan densa que parecía querer arrancarme la piel. Un clima insoportable para cualquiera... excepto para mí. Ya llevaba un año recorriendo estas maltrechas y pequeñas islas, dejando atrás un rastro de cadáveres, desapariciones y gritos que sólo vivían ya en mi memoria para mi deleite. Pero aquella isla... aquella isla era distinta. Vacía, silenciosa, apagada. Ni siquiera parecía poder ofrecerme diversión... Hasta que vi los restos.

Cuerpos humanos, huesos partidos, símbolos tribales... algo prometedor había ocurrido allí hacía poco. Me moví entre la vegetación húmeda hasta que distinguí a cuatro nativos armados con lanzas. Se movían con cautela, como si supieran que la muerte rondaba... pobrecitos, el peligro les acechaba justo por detrás de ellos.
Los seguí durante un buen tramo, esperando el instante perfecto. Cuando uno se rezagó, salté desde un tronco partido, y la sangre comenzó a derramarse. Eran torpes y sin gracia en la lucha, pero no inútiles, lo suficientemente curtidos como para darme un poco de juego... Ninguno llegó a rozarme, pero me hicieron entrar en calor.

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Uno huyó a toda prisa selva adentro mientras yo remataba a dos de ellos con elegancia. El último quedó... vivo, aunque no por mucho. Tendría que darme prisa si quería que ese río de sangre y lluvia, serpenteante por el tortuoso camino y entre tanta vegetación, no arrastrase también su vida, como ya había pasado con los otros... Jamás podría resistirme a apagar esa mirada que con sorpresa y odio se clavaba en mi... 

Tenía que mantener ese calor, que ya había comenzado a convertirse en excitación. Le clavé las palmas juntas al atravesarlas con una lanza en la corteza de un árbol, y comencé a cortarle los dedos de uno en uno. Su mirada odio profundo pronto se convirtió en una de dolor agónico. Sus brazos ya empapados de lluvia, correaban sangre que empapaba su cara, su cuello, su pecho... Era mío, su dolor, su sufrimiento, su odio, su desesperación... Todo mío. Por desgracia, cuando iba a quedarme sin dedos con los que jugar en ambas manos, ya había dejado de respirar. Esta dichosa y ruidosa lluvia me había robado el precioso instante en que su vida se desvanecía.

Para mayor complicación, el que había escapado regresó con más de una docena de guerreros... Todos gritando el nombre de algún dios del volcán y con caras de no muy buenos amigos... Me rodearon, se abalanzaron, y aunque pude herir a varios, la lluvia y lo resbaladizo del terreno me jugaron en contra. Acabé reducida entre cuerdas y arrastrada como si fuese una ofrenda.

Me encerraron en una torre vieja, húmeda y abandonada, encadenándome a la pared tras golpearme durante todo el camino por media selva. Mientras afuera los truenos hacían temblar las piedras. Según ellos, su 'dios del fuego' me juzgaría en el volcán cuando la lluvia cesase... Patéticos.

Pasó un buen rato, hasta que escuché la puerta cediendo de una patada. Un hombre entró empapado, con alas aún goteando y expresión alerta.

<< ¡¿Qué raza de hombres existían en este mundo con unas alas así?! >>

Se detuvo al verme encadenada, sorprendido, pero no tanto como yo al reconocer la fuerza en su postura. Se acercó despacio y encendió una vela, iluminando mi piel perlada cubierta de cortes recientes y mi cabello húmedo cayendo en hebras negras y rojizas.

- Tranquila... -dijo, como si yo fuese la víctima aquí...- No voy a hacerte daño. ¿Qué te ha pasado?

<< Ah… qué delicia. Qué oportunidad. >>

Su instinto le decía que algo no cuadraba, pero su mirada también revelaba compasión… y eso era algo que podía usar.
Bajé la cabeza, suavizando mi voz, ocultando la sed de sangre que hervía bajo mi piel.

- Fueron ellos... me... me atraparon entre gritos… por favor... no me hagas más daño... ellos me han apaleado hasta aquí, arrastrándome... son unos monstruos... ayúdame...

Casi no pude contener la carcajada que se abría paso por mi garganta al escucharme hablar con supuesta dulzura e inocencia, pero tenía que hacer bien mi papel para luego... conseguir 'entretenimiento y diversión'. Porque si me soltaba, tendría venganza. Arrasaría a toda la puta aldea si hacía falta con tal de enseñarles como de bonita quedaría su isla regada con su sangre. Y si no... siempre podría divertirme jugando aún más con él. De cualquier manera, esto apenas acababa de comenzar...


RE: Torre del culto a la sangre. [Pasado |+18| Lelith Hesperax] - Heras - 01-12-2025

Como puede ser posible que quieran hacerle algo así a alguien. Me vi personificado, al estar atrapado, cautivo y privado de la más mínima libertad. Sus palabras me hacen hervir la sangre bajo la piel sobre todo ante las claras señales de duda en mi. Primero me gustaría saber qué ocurrió mientras daba con el clavo que tenía las llaves de sus grilletes. —¿Pero quiénes fueron? ¿Solo llegaron donde estabas tu y te atacaron? Te quiero ayudar pero necesito que me cuentes un poco más. — Claro que necesito enterarme mejor de lo que ella me está contando de una manera tan vaga. 


las llaves diminutas en mis grandes manos en corto abren uno de los grilletes para ella. Suena el meta y lo golpea para que se aflojen, ya ella debería tener un tiempo aquí adentro entonces. La siguiente canción sonó también y pronto fue libre para usar sus manos, en ellas las marcas de los grilletes. 


Mi saco que había estado en el suelo de mi impresión inicial dejó entrever que son unas frutas que llevaba conmigo, duraznos, banana, frutas de fácil comer. No dudó mucho en ofrecerlas al colocarlas en el suelo cerca de ella. No quería ser excesivamente cauto con ella. Con la misma sacó también. Lastimosamente no cargó conmigo ningún utensilio así que tocaría comerlas con las manos. Tal hice yo al comer una mandaría que procedí a pelar y retirar la concha con mis propias manos. 


Yo fui atento a cómo se movía su rostro, que a pesar de ser una víctima la veía con cierta atención, no con sospecha, pero a saber tú, las mujeres siempre son las más peligrosas. Cuando te has rodeado con esas mujeres  de la noche sabes que ellas son capaces de todo y que se pueden volver animales sedientas de venganza que no se puede detener con absolutamente nada. 


—¿Cómo te llamas Mujer cautiva?— Me ubique en el lado de la habitación opuesto a ella. Saqué uno de los gajitos antes de ponerlo en mi boca y comerlo. No por completo si no solo con sacarle todo el jugo y escupir las semillas antes de continuar y comer el resto de la misma manera. En lo que escuchaba una historia que me hacía cada vez molestar más y más al atreverse esa gente a hacerle algo a alguien así. 


Es algo que está fuera de protocolo. —Ahora ya eres libre, busquemos un lugar donde puedas recuperar tus fuerzas. ¿Tienes familia o algún lugar donde llevarte?— Me ofrecí a escoltarla, igual tendríamos que esperar aquí adentro pues la lluvia salvaje comenzó a tronar cada vez más. Pero lo aún más curioso fue que a pesar de tener una lluvia fuerte se escuchaban como piedras, un ruido extraño que baja, esperemos que no fuera una especie de derrumbe. 


—El clima nos dice que esperemos un Rato así que mientras me cuentas un poco más. — Agregué esperando que me pudiera explicar un poco más.


RE: Torre del culto a la sangre. [Pasado |+18| Lelith Hesperax] - Lelith Hesperax - 01-12-2025

Heras había roto mis cadenas sin hacerse demasiadas preguntas. Ese detalle ya me decía todo lo que necesitaba saber sobre él: era noble, impulsivo… y fácil de moldear.

Me incorporé despacio, frotándome las muñecas como si aún me dolieran. No era cierto, por supuesto, pero las marcas superficiales me ayudarían a seguir interpretando el papel... De cualquier manera, no eran nada comparado con lo que había hecho antes de que me arrastraran hasta aquí. Pero él no tenía por qué saberlo...

- Gracias… -murmuré, dejando que mi voz sonara débil, casi rota-.

Él asintió, incómodo, tratando de no mirarme demasiado. Era adorable, de un modo ingenuo.

- No te preocupes... creo puedo ponerme de pie por mí misma... -respondí, tambaleándome solo para ver si corría a sostenerme-.

Y lo hizo... Me dediqué una pequeña sonrisa interior. La máscara estaba funcionando. Caminamos unos pasos antes de que 'recordara' que había perdido algo muy importante a manos de esos salvajes, de modo que le pudiese pedir ayuda.

- Disculpa pero… antes de escapar de ellos... antes de que me atrapasen... se me cayó un colgante muy importante. Estará ahora todavía tirado por ese lugar... ¿me ayudarías a recuperarlo?

Él frunció el ceño, dudando apenas. Si hubiera sabido la verdad, que no buscaba recuperar un colgante sino fabricar uno con las partes de quienes me capturaron... quizá habría dado media vuelta. Pero no sabía nada. No parecía sospechar nada. Perfecto.


RE: Torre del culto a la sangre. [Pasado |+18| Lelith Hesperax] - Heras - 07-12-2025

La veo que no puede ponerse de pié correctamente y no puedo evitar dudar en ir hacia ella y ayudarla y tomarla del brazo. Su cuerpo delgado, casi que salgo para agarrarla pero solo fue un agarre de menos para complementar su equilibrio. Nada demasiado relevante. —Cuidado con cómo andas. No deberías caminar si no has. Tampoco te has presentado conmigo. — Claro, que me puso un poco nervioso que ignorara y mi cara se frunció un poco generando una notoria desconfianza.

—A ver. Me encantaría ayudarte pero, no se ni como te llamas, pensé que preferirías comer algo antes de siquiera salir de aquí. No nos podremos ir mientras la lluvía statham recia, no quieras rushear nada. Lo mejor sería que fueramos al pueblo y que te recuperes antes.— Con mucho sentido común y contundencia confronté su actitud. No cambiaba mis energías de ayudarla, ni mucho menos mi deseo por ser de utilidad.

Arrojé las semillas hacia afuera y y abrí la puerta enseñando que la lluvia no nos dejaría salir fácilmente. —Sí esperamos que escampe pueda llevarte más rápido que de cualquier manera que fueras a caminar.  — Le miré y me siguió dando mucha tristeza verla pedirme que me acerque. Al mismo tiempo ignorando el hecho de que ella busca llamarlo de una manera que él no le ha dicho.

Por nuestras diferencias de alturas le acerqué a mi y quedó mas abajo que la altura de mi pecho. Se siente helada, imagino que es por el frío y que está con muy pocas ropas. Le acaricié el hombre de manera que pudiera calentar un poco su cuerpo, que de seguro debe estar difícil de mantener el cuerpo por el clima.

—Calma un poco. Te puedo ayudar si me cuentas un poco quien eres. No me iré hasta dejarte en un lugar seguro. Y lo de tu colgante lo resolveremos después o ya veremos. —

Lo curioso es que de la puerta de la oscuridad muy a lo lejos se comenzaron a ver puntos iluminantes. Podrían ser luciérnagas que buscan ocultarse o el brillo natural de algún animal de fango. Aunque era curiosamente alta y muy borrosa para ser vista por cualquiera.


RE: Torre del culto a la sangre. [Pasado |+18| Lelith Hesperax] - Lelith Hesperax - 10-12-2025

Cuando él abrió la puerta y la lluvia rugió como una pared de agujas heladas, me di cuenta de mi error... Había actuado tan concentrada en ocultar mi naturaleza que ignoré todo lo que Angelito había dicho. Su comida, suofrecimiento de ayuda, incluso el hecho de que me había preguntado mi nombre... Y lo vi. Esa pequeña tensión en su ceño, la chispa de duda.
 
<< Demasiado pronto para levantar sospechas, demasiado pronto para arruinar mi oportunidad... >>

Entonces, lo vi detrás de él, en la distancia oscura… unas luces. 

<< Antorchas... La tribu, avanzando hacia la torre... Perfecto. >>

Pero esa información era solo mía. Me acerqué un poco, temblando a propósito, dejando que la luz de la vela resaltara mis moretones y cortes para hablarle...

- A... angelito... -susurré con voz rota, casi infantil- Si... si de verdad quieres ayudarme... Déjame recuperar mi colgante. No puedo... no puedo irme sin él...

Y me abracé los brazos, hundiendo la cabeza como si estuviera al borde del llanto.

- Está... cerca... yo sé dónde cayó cuando me arrastraron. Si... si salgo ahora... puedo encontrarlo antes de que empeore todo. No... no tardaré... por favor... no me mires así...

<< Ni una palabra sobre las luces. Ni una sola advertencia. Que el encuentro sea para ti una sorpresa de mi parte, tan desagradable como para aquellos salvajes... >>

Sin darle tiempo a objetar, di un paso hacia la cortina de lluvia. Ni siquiera volví la cara. Mi voz salió temblorosa, perfecta, estudiada.

- Q-quédate aquí... estarás más seguro... yo solo... necesito mi colgante...

Y antes de que pudiera intentar detenerme, me lancé a la selva. El trueno ocultó mis pasos. La oscuridad me tragó como a una sombra más. Las antorchas quedaban atrás, acercándose a la torre. Yo avanzaba en dirección contraria, deshaciendo su camino... Sigilosa, invisible, rebosante de una euforia sangrienta que hervía bajo mi piel. La aldea, mi verdadera meta. Y esta vez... nadie quedaría vivo para encadenarme otra vez.

[Imagen: la-lluvia-cae-sobre-peque%C3%B1os-arroyo...619272.jpg]


La jungla se fue abriendo poco a poco, cediendo terreno a un claro oscuro donde las primeras cabañas aparecieron silueteadas por la lluvia. Pequeñas estructuras de madera y barro, cada una con una tenue luz temblando en su interior. Fogatas débiles, sombras moviéndose detrás de cortinas hechas con pieles. El corazón de la aldea latía lento... dormido... desprevenido... Ideal. 

Me deslicé entre los arbustos, ligera como una serpiente bajo el aguacero. Mis pies no hacían sonido alguno en el barro empapado. Cada trueno cubría cualquier respiro que pudiera escapar de mí. El olor a humo, humedad y carne humana me guiaba. Y pronto lo vi... Un guardia solitario, encorvado bajo un techito improvisado, intentando proteger su lanza de la lluvia mientras cabeceaba cada poco. Su vigilancia era tan inútil que casi me ofendió...

Me coloqué detrás de él sin que siquiera el viento me delatara. Un relámpago iluminó el cielo y con ese destello le puse fin a su guardia. Mi pierna subió como un latigazo y mi talón chocó contra su espalda alta, justo entre los omóplatos. El golpe le expulsó el aire del pecho y lanzó la lanza al barro mientras él caía de bruces con un gemido ahogado. Antes de que pudiera siquiera entender qué había pasado, ya estaba sobre él. Agarré la lanza del suelo con un giro suave y, sin ceremonias, se la hundí entre las costillas, directa y precisa, destrozando su pulmón derecho al retorcerla y sacarla de forma brutal. El sonido de su gorgoteo ahogado se lo tragó la lluvia y un borbotón oscuro se mezcló con el agua que corría colina abajo.

Nadie miró... nadie oyó... nadie vino.

Me agaché junto a su cuerpo tibio y rebusqué en su cinto. Encontré un cuchillo pequeño, tosco, curvado… perfecto para cortar cuerdas... piel... tendones. Lo deslicé a mi propia cintura con una sonrisa que me calentó el alma. Con la lanza en una mano y el cuchillo en la otra, avancé hacia la cabaña más próxima. Había voces dentro. Voces pequeñas, niños, junto con una mujer que intentaba calmarlos. El sonido atravesaba la madera débil, tembloroso, vulnerable. Mis labios se curvaron solos, en una sonrisa malvada, dulce y deliciosamente sádica.

<< La diversión… por fin comienza. >>

La lluvia amortiguaba cada uno de mis pasos mientras me acercaba a la cabaña. La madera vieja crujía con el viento, pero no lo suficiente como para alertar a nadie. Desde dentro llegaban susurros nerviosos, respiraciones aceleradas… el sonido dulce del miedo antes de que siquiera comprendan que están en peligro. Me apoyé contra la pared, inclinándome para observar por la rendija entre dos tablones.

Una mujer, agotada y tensa, trataba de mantener a una docena de críos en silencio. Un fuego débil les daba calor… y me iluminaba sus cuellos, sus espaldas, sus puntos débiles... Me limpié una gota de sangre que había resbalado por mi muñeca, todavía caliente. Luego, con un movimiento suave, apenas un empujón... abrí la puerta. Chilló como un animal herido. Pero el trueno que cayó justo después la cubrió por completo. 

Las cabezas se alzaron y los ojos de la mujer se abrieron como platos. Por un segundo, un solo y absurdo segundo, creyó que podía hablarme, pedir algo, rogar... la sonrisa que se dibujó en mi cara fue imposible de contener. Cerré la puerta tras de mí con calma, apoyando la espalda en ella para asegurarme de que nadie escapara, y la lanza se inclinó en mi mano con el metal brillando a la luz del fuego.

- Shhh... -susurré con una suavidad casi maternal- Ya habéis hecho suficiente ruido niños...

El pánico se extendió entre los pequeños como un incendio. La mujer se puso de pie de golpe, temblando, colocándose entre mí y ellos en un acto de valentía inútil. Perfecto, ese era el terror que quería saborear... Avancé un paso. Luego otro. La cabaña entera parecía encogerse a mi alrededor mientras mis sombras, alargadas por las llamas, se movían tras de mí como criaturas hambrientas.

- Prometo que… no dolerá tanto si no corréis -mentí con una dulzura goteante-.

Los niños dieron un paso atrás. La mujer levantó una mano, quizás para suplicar… o quizás para intentar defenderlos. Quién sabe... No importaba.


RE: Torre del culto a la sangre. [Pasado |+18| Lelith Hesperax] - Heras - 17-12-2025

Ella me volvió a preocupar, más aún cuando en la cercanía puede verlas. Unas cicatrices que llamaron del todo mi atención. Me puse a disposición para ayudarle a conservar el equilibrio. Eran unas cortadas leves que no dejaban de llamar mi atención. Me quedé casi congelado cuando la escuché, parecía destruida como si hubiera perdido algo invaluable. 


—Oie.— Mi voz es suave, le devuelvo el abrazo con calidez. —Tranquila, seguro seguirá allí afue…— Mi oración sentenciada, incompleta, me dejó con el aliento cortado verla salir sin más palabras que poder usar o qué decir para retenerla que se escapa de mis brazos me hizo acelerar. —Oye, ¡Oye!— Entonces es cuando terminé por caer. No fue una caída física, pero fui tras ella, pensé que la podría alcanzar pero tras la puerta había una oscuridad que me forzaba un poco la vista. No mucho, lo molesto era a la lluvia, la flora que molesta para caminar, para seguirla. 


Dejé mis cosas atrás siguiendo a una mujer de la que no sé ni su nombre. Solo planeaba ser su ayuda ahora que estaba cautiva. Me hace pensar que a lo mejor tomé una mala decisión. Pero cuando yo estuve cautivo alguien quiso ayudarme y yo solo quería devolverle esa oportunidad a esta mujer.  Creí oír sus pasos, seguir sus huellas pero estaba totalmente equivocado. Corrí hasta que me encontré lo que eran una especie emboscada, al darme cuenta ya era tarde, me vi rodeado de unos hombres de piel canela, cabello liso y largo, facciones demasiado marcadas, portaban taparrabos y armas de asta y algunos antorchas que ocultan de la lluvia. 


No puedo entender que significan los ruidos que emiten, parecen chimpancés sorprendidos, gritan, rebuznan, chillan y me apuntan con esas armas y puedo notar sus claras intenciones de empalar. No puedo hablar, si hablo seguro terminaré como un colador para la pasta. Evadir por aquí, por allá, un movimiento suelto evadiendo las picaduras de esas rocas bien afiladas. Verme rodeado por unos cuantos salvajes me hizo entender que yo no la iba a tener nada fácil para escapar de aquí. Mis manos apretadas de inmediato formaron puños. 


Ya entiendo por que ella estaba tan asustada, si estos tipos son unos salvajes, no podría darme el gusto de contenerme así que no di el mínimo lugar a las dudas. Cargué contra ellos inmediatamente. Aprovechando mi altura que era considerablemente más fuerte que ellos fui aplastándolos uno por uno. Con mi manos, golpeandolos atrapando sus cabezas para impactarse entre ellas, patadas que iban directo a los testículos. Sin usar armas, ya que no las ocupo y que no las se usar. 


Unos tras vinieron contra mí, algunos cortándome con las puntas cerca del abdomen, otros en los brazos, desatando cada vez más una furia que se contenía dentro de mi. Dejé de medir y dejé de pensar siendo una bestia que un ser pensante. Los golpes llovían y la sangre manchaba mis manos, los dientes volaban de sus bocas. Algunos recibían rodillazos repetidas veces hasta que su respiración era tan débil que no exhalaban sobre mi piel. Huesos crujieron de los macizos de los puñetazos que sonaban como si su mazo quisiera derribar una pared de concreto armado. 


Cómo un oso sediento grité a la lluvia mientras un trueno opacaba mi rugido. Maldije de todas las formas posibles pues mi apetito por seguir luchando no se vió del todo aplacado. Todo por una mujer, por eso son las más peligrosas. Mi cuerpo me decía en sus músculos que hay dolor y no me quedó otra opción que seguir caminando bajo la lluvia, ahora sin rumbo hasta encontrarme con lo que parecían unas cabañas en el medio de la nada.