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Una esperanza // FIC Pasado - Rackham Uker - 26-11-2025 Un niño perdido, un niño escapando de su destino, del futuro que debía compartir con su familia. Los pasos del pequeño lo llevaron rápidamente a un edificio abandonado. Parecía una fábrica desde afuera, aunque nuestro protagonista no había podido prestar mucha atención. Estaba siendo perseguido, como cada día. Había tenido la tonta idea de salir a robar comida, un paso rápido por el mercado del pueblo e irse sin ser visto por la gente, o por los marines, pero obviamente no había funcionado. Le costó llegar hasta una de las ventanas del edificio, sus pequeños brazos no tenían la fuerza para levantarlo aún, pero de alguna manera había conseguido pasar al otro lado. Su cuerpo se estrelló contra el suelo de manera violenta en cuanto cruzó, cayendo de algunos metros de altura. Le tomó unos segundos recuperarse, entre el dolor de la caída y el poco aire en sus pulmones luego de estar escapando por todo ese rato. Observó a su alrededor, notando lo que antes dejamos claro: se trataba de una fábrica, o al menos de un edificio donde antes había una, que ahora se encontraba en completo desuso. No era mal lugar para pasar las noches, pensó el niño, pero un ruido metálico lo alertó. - Sal de ahí, niño, ya corriste suficiente -
La voz firme y furiosa del marine que lo perseguía resonó a través de la puerta metálica, que se encontraba cerrada sin oportunidad a ser abierta con facilidad, pero los continuos golpes a esta y los varios pasos que podían escucharse venir desde afuera no dejaban mucho espacio a la imaginación. Un gran grupo de esos idiotas esperaban impacientemente a hincarle los dientes, y darle el mismo destino que toda su familia. Sus piernas lo levantaron, con torpeza y dolor, llevándolo tan rápido como podía a recorrer el establecimiento. No había nada, ningún lugar donde ocultarse, tan solo un edificio vacío que ahora se convertiría en su tumba. Su mirada se posó en las vigas y columnas metálicas que se repartían de forma uniforme por el gran espacio, mientras que los gritos, las pisadas, y los golpes a la reja que lo separaba de esas personas se hacían más fuertes con cada segundo. Le rogó a sus brazos y piernas que no le fallaran en esa ocasión, pues se dispuso a subir por una de las columnas trepando como mejor podía. Sus extremidades temblaban con cada movimiento, no solo por el peso, sino también por el miedo, algo completamente natural, pues ya podía ver como los marines asomaban sus manos por debajo del metal y se disponían a alzar el portón a la fuerza. Y así fue, en poco tiempo ya se encontraban ingresando al lugar, levantando el polvo que se había juntado tras tantos años de abandono. - Revisen cada esquina y ventana, no pudo haberse ido lejos -. Sentenció uno de los marines, el que antes había estado gritando desde detrás de la reja metálica. Su cabello rubio completamente peinado hacia atrás hacía juego con su uniforme bien puesto y su mirada seria, un tipo que planeaba cumplir su trabajo, sin más contratiempos. ¿Y Uker? Bueno, nunca había sido especialmente bueno con cosas que requirieran un equilibrio extremo, por lo que se encontraba abrazado a una de las vigas que se encontraban sobre la cabeza de sus perseguidores. No lo habían visto, si podía llegar a la puerta o a alguna ventana rota probablemente podría volver a escapar, pero esos tipos estaban vigilando cada centímetro del edificio. Su cuerpo se movió un poco, provocando que casi se cayera, pero volvió a abrazarse a la viga como si su vida dependiera de ello (en verdad, no estaba muy alejado de la realidad) Aún así, tal vez su destino estaba sellado esa tarde. Una gota de sudor bajó por su rostro, descendiendo lentamente por su mejilla, ante la mirada aterrada del joven, que no podía hacer nada para evitar que terminara separándose, cayendo hacia el suelo, justo frente al marine tan bien arreglado, quien obviamente notó la gota que cayó y dejó marcado el suelo polvoriento a sus pies. Levantó su mirada, encontrándose con el muchacho que había estado buscando, su mano salió de su bolsillo, alzando su pistola al quitarla de su cinturón en ese movimiento, y disparándole al pequeño ni bien lo tuvo en la mira. Fue demasiado rápido, escuchó el sonido atronador del disparo y la bala impactó contra su hombro izquierdo. Solo el hecho de haber recibido un ataque así lo movió lo suficiente para perder el poco equilibrio que tenía sin que ambos brazos se agarraran con fuerza al metal, y terminó cayendo los más de cuatro metros que lo separaban del suelo. La dureza de la piedra volvió a recibirlo, ahora golpeando su lado lastimado y causándole aún más dolor. El grito de dolor del infante seguramente pudo escucharse por todo el pueblo, pues ni siquiera podía dejar de llorar y quejarse por el dolor de su brazo y su hombro. - Bien, así dejarás de correr -. Las palabras frías del marine eran acompañadas con una expresión igual de helada. - Dicen que ya deberías estar muerto, algo sobre una enfermedad letal, así que asumo que podría evitarte el dolor que sientes ahora… -. Hizo un gesto con la mano con la que sostenía el arma, llevándola a su barbilla, como si pensara, solo para encogerse de hombros instantes después. - Pero si te llevo con vida mi recompensa será mejor, o eso asumo -. La mano del hombre se estiró y Uker pudo verla acercarse a él entre lágrimas. Estaba perdido, lo habían capturado, seguramente lo matarían en cuanto alguien entendiera de que se trataba. No había podido cumplir su promesa. - Ey, no pueden pasar, esto es un área controlada por la mari… -. No tardaron en escucharse golpes y caos desde fuera del lugar. Las voces preocupadas y los gritos de los que estaban custodiando el edificio desde fuera hicieron que todos, incluyendo a Uker y su captor, giraran sus rostros hacia la entrada de la fábrica, en donde varias sombras se hicieron presente. - Que alboroto, ¿acaso la marina tiene asuntos importantes en un edificio tan viejo? -. Una voz grave llenó el espacio, mientras que el hombre que la portaba veía el interior del lugar, seguido desde atrás por otras 3 personas. - ¿Qué es lo que quieren en mi pueblo? Han estado causando mucho lío y la gente no puede vivir en paz -. ¿Era un idiota? enfrentarse así a la marina era motivo de encarcelamiento asegurado, aunque el recién llegado parecía saberlo. Era alto, con un cabello negro azabache, y ojos de ese mismo color. Difícil sería decir en ese momento lo que vestía, pues iba tapado de hombros a pies con una capa, tan oscura como su cabello, siendo su piel blanca lo único que contrastaba con la oscuridad que parecía encarnar. - Según los locales, parecían estar buscando a alguien -. Intervino uno de sus acompañantes, un muchacho de cabellos marrones, quien parecía llevar un bastón en una posición relajada sobre sus hombros (no uno de estos que los ancianos usan para caminar, era más bien un arma, sin dudas). - Un niño, dicen algunos -. Terminó por aclarar, mientras su mirada se centró en el hombre rubio, y por consecuente, en el muchacho que aún se encontraba tirado en el suelo, cuya sangre comenzaba a manchar el lugar. - Tendré que pedirles que se marchen, antes de que los capture a ustedes también -. El marine líder se reincorporó, sin parecer muy afectado por la llegada de los revoltosos. - Solo me mandaron a capturar a este niño, así que preferiría que se fueran y no me hicieran trabajar más tiempo del necesario -. Bufó al mencionar esa última palabra, parecía en verdad detestar eso de trabajar. De nuevo, un suceso demasiado rápido para los pocos reflejos del más joven. Un sonido a su espalda lo hizo voltearse, encontrándose a otro hombre de cabellos negros dejando inconsciente a un marine, incorporándose rápidamente para evitar que otro lo atacara al golpearlo antes. El rubio no tardó en apuntar con su arma hacia quien comenzaba a diezmar sus filas, pero un objeto volador se estrelló contra la pistola con fuerza, haciéndola salir volando de su mano y terminando al otro lado de la habitación. Había sido cosa del hombre que lo había retado antes, quien ahora se acercaba a él para comenzar una pelea mano a mano, cosa que el marine no rechazó. La cosa se había puesto demasiado loca, 3 hombres se estaban encargando de reducir a 2 docenas de marines como si fuera pan comido. Debía aprovechar esa oportunidad, el muchacho comenzó a arrastrarse hacia la salida, intentando, y no consiguiendo, levantarse para poder correr, pero su escape se vio frustrado por uno de los marines, quien se puso frente a él y le apuntó con su arma. De igual manera, no tardó en ser agarrado por la espalda por el hombre que había comenzado la pelea, ese joven, también de cabello negro, que había caído sobre uno de los marines y dado inicio a tanto caos. - ¿Estás bien? Te sacaremos de aquí -. Le habló con tranquilidad, una voz tan diferente a la del que, suponía que, era su jefe, que por un momento lo hizo olvidarse de que estaba luchando contra otro marine mientras le sonreía, y simplemente agradeció el gesto. -----------------------------------------------
A más de uno aquí le gustaría que describiera con detalles el combate entero, pero dejaremos a la imaginación como fue que, en tan solo un par de minutos, solo el marine rubio que antes comandaba a todos se encontraba de pie. Su nariz sangraba, tenía un moretón en su mejilla derecha y su traje se había ensuciado tanto del polvo del lugar que parecía nunca haber sido blanco. - Idiotas, enfrentarse así a la Marina, pagarán su arrogancia, pagarán su… -. Alguien más pareció cansarse de sus palabras, pues un golpe certero a su nuca terminó por silenciarlo y dejarlo inconsciente. - Bueno, al menos así no tenemos que escucharlo -. Podemos dar gracias al que parecía ser el más joven del grupo por eso. Sin embargo, ahora la atención de los 3 se centró en alguien más, en el pequeño que se encontraba al otro lado de la habitación. Su brazo estaba roto, le dolía demasiado como para siquiera levantarlo. Su espalda recostada contra la pared de ladrillos era lo único que lo mantenía con la vista fija en quienes ahora se acercaban a él. Su mano sana se levantó, en la cual tenía un trozo de vidrio roto de una de las ventanas, el cual apretó con fuerza mientras apuntaba con este a los hombres. De su palma brotó sangre, por culpa del arma improvisada del pequeño, mientras que quienes lo ayudaron se detuvieron en seco, esperando no alarmarlo más. - Uste.. ustedes… déjenme… vayan… váyanse -. El dolor y las lágrimas no le permitían hablar con propiedad, y era claro que su amenaza no servía de mucho si solo demostraba ser un niño llorón. El hombre que se había presentado en la entrada fue quien se acercó, a paso lento, sin temer al trozo de vidrio pero con cuidado de no causar miedo en el muchacho. - Está bien, todo está bien. Ahora estás a salvo, no te haremos daño, solo queremos… -. Un nuevo movimiento del brazo del más joven lo hizo callarse. El silencio se mantuvo por unos momentos, mientras que el niño seguía temblando, con el pedazo de cristal aún apuntando hacia el hombre que lo salvó. - Estás bien, nadie va a hacerte daño -. Su voz cambió, una más paternal y cálida, no tan grave como la había dejado salir al hablar contra los marines. Sus manos, claramente más grandes que la del pequeño, buscaron el “arma”, lentamente, con paciencia, agarrando el cristal y no temiendo a cortarse con tal de que el muchacho entendiera que no planeaba hacerle daño, hasta que este mismo soltó el objeto y le permitió dejarlo a un lado. - Está bien, deja que te curemos las heridas, prometo que nadie te hará daño -. El llanto silencioso del niño fue acompañado con un movimiento de su cabeza, una afirmación dolorosa, sabiendo que si decía algo no podría parar de llorar hasta que no le quedaran lágrimas en el cuerpo. Con mucho cuidado, el hombre lo levantó del suelo y lo cargó, mientras el muchachito se quedaba dormido en sus brazos, aún con una expresión de dolor y tristeza en el rostro. - Bruce, ¿Qué haremos con él? -. Preguntó uno de los hombres más jóvenes que acompañaban al adulto, con los 3 mirando al niño, de quien desde ahora se harían cargo.
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