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Encuentros en la cuarta Larrymensión [fic, pasado] - Han - 29-11-2025 Un cielo azul sin apenas nubes, el sonido de las olas morir en la orilla, un sol radiante reinando el cielo, el canto de las gaviotas, arena blanca y fina que acariciaba la piel, aquella playa en la Isla Karate era digna de ser un paraíso en la Tierra. Aquello fue lo primero que vi cuando aterricé de cara al nuevo reino, aunque no dejé que eso me diera una mala impresión o arruinara mi día. Estaba en una isla desconocida para mi, una nueva cultura, edificios e historias por escuchar, personas que conocer y, lo más importante para mi, nueva comida que probar. Recordaba algunos dulces que mi padre me traía de sus viajes cuando era pequeño, había uno que probé que recuerdo que pertenecía a esta isla, sin embargo no era capaz de acordarme del nombre del plato. Miré hacia el cielo durante un instante mientras Cao me dejaba solo en aquella playa idílica, mi rostro mostraba frustración por no poder recordar el nombre del postre, aunque no duró demasiado. En apenas unos segundos sonreí, quitándole importancia a mi despiste, porque significaba que tendría que probar todos los postres para encontrar el sabor que me transportara al pasado, además así podría conocer el lugar mientras buscaba saciar mi paladar y mi estómago. Sonreí como un niño con la ilusión de hincharse a azúcar y caminé hacia la ciudad, adentrándome en la playa para encontrar un camino que llevaría hacia algún pueblo. La verdad es que el viaje hasta aquí fue tortuoso y aburrido, Debía durar poco tiempo, pero ni Cao ni yo éramos expertos navegantes, encima salimos de Sobert sin mapa ni brújula, así que lo más seguro es que diéramos alguna vuelta de más hasta llegar a la isla. Es verdad que íbamos sin rumbo, pero habría estado bien saber a donde ir para no morir de hambre en mar abierto. El caso es que tenía hambre, era el momento perfecto para iniciar mi viaje gastronómico. -Veamos que tiene este lugar para ofrecer.- Me froté las manos mientras caminaba y pensaba en la comida. Los edificios eran similares a los de Sobres “Claro, al final son islas cercanas” Pensé mientras las observaba y, cuanto más tiempo las contemplaba, más me daba cuenta de las ligeras diferencias que a simple vista quedaban enmascaradas. Sonreí levemente, reconociendo la belleza única, pero a la vez tan familiar que me evocaba aquel paraje, pues no solo los edificios eran muy similares, las ropas de la gente también. Aunque había algo que siempre es prácticamente igual en cada ciudad, su zona comercial, colocada estratégicamente y decorada de una manera estudiada para atraer a clientes y turistas. Sin pretenderlo, mi subconsciente cayó en cada truco, ir por las calles más anchas, observar los edificios emblemáticos que marcaron una ruta; todo me llevó hasta aquella zona subconscientemente. Al verme a la entrada de esas calles llenas de gente y negocios me rasqué la nuca mientras sonreía reconociendo mi ingenuidad “Dios mío… Si que soy fácil de engañar” Pensé sin tampoco culpabilizarme demasiado por ese hecho. En cualquier caso, era un buen lugar para buscar comida, de hecho, era el mejor sitio que se me podía ocurrir. Me metí las manos en los bolsillos para ver cuánto dinero tenía mientras caminaba con ilusión hacia un puesto de pastelitos variados. -Con un poco de suerte tengo como para comprar uno e ir preparando el paladar.- La fortuna no estaba de mi lado, al ver lo que tenía en los bolsillos saqué una pelusa, un botón y el envoltorio de una chocolatina. Mi cara de alegría pasó a una de preocupación. -Esto retrasará los planes.- Dije para mi mismo y oteé las calles para encontrar un buen sitio en el que ponerme a tocar la flauta por unas monedas. Tuve que deambular un rato sin éxito, lo que sí que encontré fue un puesto que vendía cosas la mar de raras, entre otras animales vivos. Me acerqué a la delantera del local, donde tenía varios animales atados a postes, estos estaban sentados o tumbados. Caminé mirándolos todos hasta que uno me llamó la atención, el único que no estaba amarrado para que no huyese, eso era curioso ¿Sería acaso su propio animal domesticado?. Lo observé detenidamente: Mediría como unos tres metros, con aspecto reptiliano y lo más destacable eran sus poderosas patas traseras, bueno eso y algo mas… . No era su piel azulada ni sus patas delanteras claramente mas pequeñas que las posteriores, tampoco su cola o su fila de espinas de su cabeza hasta la base del cuello; no, lo más característico era su mirada perdida y su lengua saliendo por un lateral mientras sonreía un tanto bobalicón. Me acerqué al vendedor con cierta curiosidad sin poder parar de pensar en los ojos medio bizcos del animal. -Disculpe, buen señor. Ese animal parece algo especial.- Lo señalé hacía atrás con el pulgar. El hombre, regordete y con nariz y bigote prominente alzó la mirada del periódico por encima de sus diminutas gafas redondas. -Parece idiota.- Afirmó tajantemente mientras volvía a la lectura. Algo desconcertado miré hacia el lagarto y vi que me miraba directamente con un aire juguetón. “Si que parece algo lerdo el pobre”. -Vi que no lo tiene atado ¿Es que lo ha amaestrado? .- El señor suspiró profundamente, no quería ser molestado. -No, sencillamente es tan idiota que no se va, no necesito tenerlo atado.- Rio un poco burlón mientras se acercaba a mi para hablar de manera mas íntima. -Lo tengo aquí porque nadie quiere comprarlo, pero realmente es un estorbo más que otra cosa.- Volví a mirarlo de reojo, lo descubrí lamiendo el suelo con gran intriga. Miré fijamente a la bestia y ella clavó su mirada en la mía, o eso creía, era difícil de saber con una vista dan… divergente, me acerqué a él tranquilo y alargué la mano hacia su hocico para que me oliese y se familiarizara conmigo. La miró sin entender nada y comenzó a reír ampliamente, soltó un estruendoso ruido y se abalanzó sobre mí para empezar a comerle a lametones, yo solo podía reír por las cosquillas, mientras intentaba con las manos evitar que todo su peso me aplastara. Por desgracia el animal era muy grande y descoordinado para la tienda, así que, con su cola, comenzó a tirar todo el mobiliario y productos, rompiéndose y armando un escándalo. El tendero dejó la prensa en el mostrador y miró todo el estropicio con una cara de ira contenida, parecía una tetera antes de explotar, rojo como un tomate y las venas de la sien derecha hinchadas a más no poder. -Ya me cansé de ese estúpido bicho. Mira todo lo que ha liado el muy imbécil.- Presto cogió una escoba que tenía al lado de su mano derecha y salió del mostrador de un brinco, dejando caer el periódico al suelo, en ese momento era más importante hincharnos a palos al pobre animal y a mi que donde quedase la prensa escrita. Por supervivencia salí de allí corriendo mientras encorvado me cubría la cabeza con ambos brazos y, tras de mí, ese imponente pero limitado animal salió conmigo, tanta era su prisa por no recibir mas golpes que la criatura me arrolló para salir, haciendo que tropezaremos ambos a un par de metros de la entrada. Ya a salvo ambos nos miramos fijamente sin entender muy bien que había pasado. -Diantres, eso ha sido bastante brusco.- Entonces el lagarto hizo un aspaviento con la cabeza, pareció haber entendido lo que le había dicho. “Hhmm… Quizás no sea tan tonto como parece” Me levanté y me sacudí el polvo de la ropa mientras el bicho me miraba curioso. -Parece que te has quedado sin hogar.- La bestia asintió y miró triste al suelo mientras se levantaba desanimado. Lo vi con cierta pena, y posé una mano en su cuello, acariciándolo despacio. -No te preocupes. Si quieres, puedes venir conmigo en mi viaje.- Le sonreí mientras veía que se animaba al escuchar esa noticia, quizás fuese porque me agarró cariño, o tal vez por la idea de no quedarse solo y sin hogar, su mente era un enturbiado misterio encerrado en capas de enigmas. Comencé a caminar mientras le hacía una seña para que me siguiese. -Vamos, te presentaré a toda la banda, seguro que te caen genial. ehm…- Intenté decir su nombre, pero la verdad es que el tendero antipático no me lo dijo, y no parecía tener ninguna placa identificativa. Me detuve un momento mirándolo, él me miraba a mi con una mirada indescifrable, sobre todo porque no tenía claro si me miraba a mi o a mi derecha, esa bizquez lo complicaba demasiado. -Hhmmm… Creo que te llamaré… Larry, si.- El lagarto ladeó la cabeza, no pareció entender nada, pero no pareció desagradarle. Así comenzó nuestro viaje juntos, el hombre y la bestia, con una acalorada lucha contra un malvado capitalista y una promesa de lealtad. Así fue como Han y Larry comenzaron su viaje juntos, un destino lleno de aventuras, grandes tesoros y maravillas que solo imaginaban los más soñadores de este vasto mundo. Ahora sólo quedaba conocer aquella isla y saber cuál era el siguiente punto al que viajar. |