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La llegada de la Justicia [Presente Absoluto] - Stroud Nanashi - 30-11-2025 [Proximidades de Little Garden,
día 30 de invierno,
año 16]
La madera del maltratado Royal Quiver, el mismo Royal Quiver que, milagrosamente, había sobrevivido días atrás al temible paso por los Cabos Gemelos y la entrada al Grand Line, chirriaba. Bajo la tutela de Stroud, el viejo navío había logrado sortear cada obstáculo que la División 84 de la Marina se había enfrentado hasta el momento, haciendo gala de una robustez y una fiabilidad que pocos se hubiesen esperado de una nave de su tamaño. En aquellos instantes, la División 84 al completo, que, milagrosamente había escapado íntegra de su peripecia durante el tránsito hacia el Grand Line, compartía el navío junto con dos asociados temporales, los cazarrecompensas Krysser y Fyodor. Los mares hacen extraños compañeros de viaje, y estar rodeados de piratas de cierta peligrosidad hacía que alianzas como aquella surgiesen de forma natural, en un mundo en que resultaba fundamental saber con quién juntarse. La relación podía probar no solo ser simbiótica, sino enormemente provechosa para ambos lados, que podían beneficiarse de colaborar en aquellas circunstancias. Stroud empezaba a darse cuenta de algo: en las extrañas aguas del Grand Line, nunca se tenían suficientes amigos.
Royal Quiver
La travesía continuaba a través de la corriente Rakusei, la misma que, después de lograr superar los Cabos Gemelos, los había llevado a una breve estancia en Whiskey Peak. Ahora, bajo el abrasador sol de mediodía, las velas del Royal Quiver se inflaban una vez más con el viento, ahora en dirección a la siguiente isla: Little Garden, si los cálculos del joven Marine eran correctos, y si su log pose no se había vuelto completamente loco. Tras el timón del navío, sujetándolo firmemente con ambas manos, con autoridad, se encontraba Stroud Redgrave, sus ojos grises y oscuros firmes en el horizonte bajo la visera blanca de su gorra. De sus hombros colgaba su nuevo abrigo de Marine, adquirido en Whiskey Peak después de su aventura en los Cabos Gemelos, radiante, brilllando bajo el sol y ondeando como una vela más en el barco. Sin soltar el timón, echó un vistazo rápido a su log pose, que colgaba del correaje de cuero que cruzaba su pecho, un complemento adquirido también durante su paso por Whiskey Peak, y que había aprovechado para tener algunos de sus artículos de navegación algo más a mano. La aguja continuaba apuntando en la dirección adecuada, todo en orden. Si no se equivocaba, no tardarían mucho en avistar tierra. En las alturas del palo mayor, el cazarrecompensas Fyodor tendría más facilidad para verla antes que nadie.
Aspecto de Stroud
De cuando en cuando, el timón requería un mínimo movimiento de muñeca que corrigiese el rumbo y compensase por la irregularidad del oleaje, que oscilaba como ninguna corriente que Stroud hubiese visto antes. Sintió las vibraciones en la madera del barco, en el timón y bajo las suelas de sus lustradas botas, brillantes, sencillas y cuidadas como de costumbre. "¡Maniobra de reducción!," exhortó con su monótona voz. "Preparad la vela de mesana para un descenso suave. Mantened rumbo firme, pero vigilad la deriva," ordenó, echando a caminar repentinamente hacia la bodega. No le gustaba nada dejar el timón desatendido, pero se había acostumbrado a hacer rápidas comprobaciones en el rincón de la bodega que él empleaba como improvisada cabina de navegación. Entre los toneles y las provisiones con las que contaba la tripulación, se aproximó a la pequeña mesa de navegación, más bien un tablón que colgaba de un par de cadenas y que podía desplegarse y plegarse a conveniencia, para ahorrar espacio. Examinó sus cartas náuticas, murmurando algunos cálculos rápidos, e hizo una anotación rápida en un margen, meditabundo. A continuación, volvió a correr escaleras arriba, volviendo a colocarse tras el timón. En la lejanía, empezaban a ser visibles nubes estacionarias que auguraban que algún tipo de formación estaba cerca. Ni siquiera tuvo que sacar su catalejo de latón: el viento empezaba a cambiar, con rachas cálidas que no correspondían con lo que habían recorrido hasta ahora, y progresivamente se veían más y más restos de troncos y plantas flotando entre las olas. Las señales eran inconfundibles: se acercaban a la misteriosa Little Garden.
Información
RE: La llegada de la Justicia [Presente Absoluto] - Kibai - 01-12-2025 Los vientos del Grand Line eran tan distintos a los de los Blue... Kibai estaba cómodamente apoyado en el bauprés del Royal Quiver, sujetando uno de los cabos que articulaban el foque mientras masticaba una galleta de limón. La verdad era que en aquellos días de viaje había adquirido un gusto bastante novedoso por la cocina. El hecho de centrarse en una tarea que requería precisión, concentración y paciencia le resultaba de lo más relajante, y tenía que admitir que en su fuero interno, el ver la alegría en los rostros de sus compañeros de División tras una dura jornada de trabajo cuando se sentaban delante de un plato de comida caliente le llenaba de satisfacción. El tiempo había sido bastante afable con la División 84 y sus dos acompañantes temporales que se les habían unido tras los acontecimientos de los Cabos Gemelos. El viento había soplado de manera constante hasta que arribaron a Whiskey Peak, la pequeña ciudad que fungía como capital de la Isla de los Cactus. Kibai había agradecido el poder encontrar un lugar dónde podía dormir por una vez sin el bamboleo del barco, así como comprar suministros frescos, algo de equipo y visitar a un espadero que afilase a Raimei. También había aprovechado para perderse por la ciudad y especialemente sus alrededores. Whiskey Peak no era un isla especialmente frondosa, más bien todo lo contrario, pero al mink le había bastado. Aunque sentía simpatía por todos los miembros de la División, su naturaleza felina le impulsaba a buscar la soledad y la independencia de vez en cuando. Era algo que no podía evitar, y que esperaba que todos sus compañeros comprendiesen, con el tiempo. Kibai le dio un último mordisco a su galleta antes de ponerse de pie sobre el bauprés. En el horizonte, una línea verde se había ido haciendo cada vez más definida. La siguinte isla, Little Garden, por fin estaba practicamente a su alcance. Deseoso de contemplarla mejor, el mink saltó hacia la jarcia más cercana, comenzando a trepar por ella hasta llegar a la verga del trinquete. Desde su nueva posición de altura, Kibai examinó de nuevo el horizonte. Little Garden parecía tener una forma ciruclar extrañamente regular, y dos grandes montañas blanquecinas ocupaban su centro. A buen seguro, aquella isla estaba repleta de vida salvajea juzgar por el aspecto de la misma. "Un lugar perfecto para cazar" pensó Kibai. Con una sonrisa, miró hacia su mano derecha y sacó las garras, frunciendo las cejas en un gesto de concentración. Poco a poco un hormigueo comenzó a acumulárse en la piel, desde la muñeca hasta la punta de cada dedo. La sensación continuó incrementándose hasta que el mink chasqueó los dedos, que dejaron salir un breve pero intenso chispazo de color azul eléctrico. Notando como su sonrisa se hacía aún más amplia, volvió de nuevo la vista al frente. "Y también dónde comprobar hasta dónde he mejorado" Sus pensamientos volvieron, como era habitual en estas situaciones, al capitán Seijuru y su promesa de volver a encontrarse algún día. Una promesa que había estado a punto de irse al garete cuando Kibai había enfrentado a Uosan con ayuda de aquellos civiles. SIn embargo, lo extremo de aquel combate parecía haber obrado milagros en el mink. Se notaba más fuerte, ágil y enérgico, una sensación que le inundaba de confianza, aunque procuraba mantener esta última a raya, pues precisamente había sido el exceso de confianza lo que había llevado a aquel maldito gyojin a su amargo final. No, pensó Kibai mientras se agarraba de una de las jarcias contemplando el horizonte. No iba a permitir que la confianza le cegase, y menos cuando le había quedado claro que le quedaba mucho camino por recorrer. En ese momento, la voz siempre invariable del contramaestre Redgrave le sacó de sus pensamientos. "¡Maniobra de reducción! Preparad la vela de mesana para un descenso suave. Mantened rumbo firme, pero vigilad la deriva." Kibai soltó un suspiro. Tocaba volver a trabajar. Con un ágil salto, agradeciendo el no portar la capa a bordo del Royal para mayor movilidad, el mink se arrojó desde el trinquete hacia una de las jarcias de babor, usándola como punto de apoyo para llegar hasta el palo mayor, desde dónde de un nuevo salto se enganchó en la verga de mesana. Aupándose a pulso sobre la madera ayudándose de las garras delanteras, soltó los nudos que mantenían desplegado el velamen del tercer palo de la goleta, antes de, como tantas otras veces, sujetar los cabos para dejarse caer a cubierta, empleando el peso de la loneta como amortiguador a su caída. Una vez con ambos pies en cubierta, Kibai lanzó cada cabo a su respectiva bita, y comenzó a lascar la vela de mesana, arriándola poco a poco para evitar un frenazo brusco de la nave. "Mesana lascada, contramestre" gritó hacia el puente. Una vez asegurados ambos cabos, vio como su superior se dirigía a la bodega. Sonriendo mientras negaba con la cabeza, Kibai se dirigió hacia el puente, abriendo su zurrón para lanzar una galleta de limón a los compañeros que se encontraban en cubierta. Al llegar al lado de la rueda de madera, el mink se sentó encima de la barandilla, cuidando de que el timón no diese ningún bandazo brusco mientras el contramaestre se encontraba en la bodega, como solía hacer para consultar algo acerca de la ruta. A proa, las formas de Little Garden se iban haciendo cada vez más visibles, y la vegetación de la isal, compuesta en su mayoría por enormes plantas, demasiado enormes si le hubiesen preguntado a Kibai, comenzaba a ser claramente distinguible.
Resumen
RE: La llegada de la Justicia [Presente Absoluto] - Bertram Gaufrid - 01-12-2025 La vida era una ruleta que no dejaba de girar y sorprender a cada uno con peligros repentinos, destinos improvisados y, a veces, compañeros de viaje inesperados. La división 84 de la marina, una de las más recientes formada en el South Blue por un grupo de marines decididos a luchar por lo que es justo y por proteger a la gente inocente, había estado moviéndose en todo momento en las islas del South Blue, deteniéndose justo para seguir el camino hacia su nuevo destino, indicado por los superiores viendo su continuo trabajo y esfuerzo, y aceptado por todos, pues querían demostrar su determinación y compromiso, además, era una oportunidad que era mejor no desperdiciar, quién sabe cuando podrían volver a avanzar hacia las famosas y temibles aguas del Grand Line si perdían ese momento. Con ese fin fue que el contramaestre Gaufrid, antes de partir a por el último miembro en una isla diferente, decidió comprar una pequeña Goleta, el Royal Quiver en el que ahora se hallaban tanto la división como dos cazadores, un mink que el joven arquero solo sabía se llamaba Krysser por cuando llegó tras los eventos en esas especies de jaulas, y Fyodor, el lunarian con el que el marine peleó contra ese gyojin. Tras todo el combate, el joven arquero seguía bastante herido por lo que decidió dejar la torre a los demás y regresó al barco, mayormente para asegurarse que nadie trataba de robarlo aprovechando que ninguno de los marines se encontraba en el mismo. Mientras esperaba pudo comprobar el estado de la embarcación tras el pequeño naufragio, no estaba inutilizable pero igualmente le haría falta una buena reparación, y quizás una mejor ayudaría a que el barco durase más en lo que lograban ahorrar dinero para conseguirse uno mejor. Los primeros en llegar al barco tras irse a la torre fueron Moja y los cazadores, seguidos luego por Stroud y Kibai quienes al parecer se quedaron a hablar o saber más sobre lo sucedido en la torre y sobre los misteriosos sujetos que habían allí, siendo que fue uno de ellos, de aspecto mayor pero con una movilidad asombrosa, quien con sus misteriosos poderes sacó los barcos de la zona encallada y los envió directos a la siguiente isla, la primera isla de este nuevo mar, Whiskey Peaks. Durante un tiempo estuvieron en la isla, asegurándose que todo estuviera en orden, manteniendo el barco lo mejor cuidado posible y reponiendo lo necesario, desde comida hasta equipos, siendo que el joven pelirrojo aprovechó para hacerse con algo de ropa nueva, un par de guantes de arquero nuevos y algunos libros y manuscritos sobre artesanía, herrería y formas de crear tanto armas como municiones, especialmente flechas. Su combate contra el gyojin le hizo ver que su arma se ha quedado corta de cara a los peligros de esas aguas por lo que el joven se encontraba sentado en cubierta, espalda apoyada en la baranda de babor con algunas hojas esparcidas por el suelo, varios cálculos, diseños y anotaciones sobre cómo mejorar su arma y sus flechas, así mismo en algunos puntos anota que quizás le convenga aprender a manejar otro tipo de armas por si las situaciones lo requería como podría ser emplear un revolver o algo similar para zonas donde el arco estuviera comprometido por espacio o por imposibilidad de llevarlo al destacar. Junto a eso había un pequeño proyecto enterrado entre todos los bocetos de arcos simples, flechas y demás, un arco desplegable, que pudiera llevarse como un simple adorno y mediante un sistema se desplegara, pero hacerlo sin que pierda potencia y resistencia sería un auténtico reto que el joven no podía superar, de momento. Stroud se encontraba como siempre al timón, gobernando el barco para que todos llegáramos a salvo a nuestro siguiente destino, pues tras una estancia breve en Whiskey Peaks para prepararse y abastecer las bodegas, partieron de inmediato hacia la siguiente isla en esa corriente, y al parecer se trataba de una isla llamada Little Garden. Guiándose por las herramientas de navegación adecuadas, y los conocimientos de Stroud el Royal Quiver superó todos los inconvenientes que se cruzó hasta la fecha, incluido aguantar la caída por la corriente que llevaba a los cabos gemelos. Bertram estaba centrado en sus cálculos, diseños y planes, por lo que podía parecer no prestar atención a los demás, pero en el momento que escuchó la voz de Stroud y sus indicaciones no dudó en acercarse al timón en lo que Stroud iba a sus comprobaciones momentáneas en la bodega y Kibai, quien se hallaba en lo alto de los mástiles, se encargaba de la vela. El joven arquero se apoyaba al lado del timón cuando llegó Kibai a ayudar a mantener el rumbo y evitar que el barco se desviara. El joven arquero llevó su vista a proa, el rumbo que los llevaba hacia su nuevo destino, uno que empezaba a dibujarse cada vez más claramente en el horizonte, cuanto más cerca estaban más claro era el contorno de la isla y más cálido el clima. Cuando Kibai, quien parecía haber encontrado el gusto por la cocina, ofreció una galleta de limón el contramaestre la aceptó con una sonrisa tranquila y dijo -Cada día mejoras con la comida Kibai. No veas lo que cambia tener comida recién hecha y de buena calidad a alimentarse con productos precocinados y recalentados. Por mi parte empecé a estudiar reparación de armas y eventualmente mejoras de las mismas, así que si necesitas que echen un vistazo a tu espada o la pongan a punto no dudes en consultarme, sir.- Tras eso el joven dio un bocado a la galleta, notando como el sabor a limón despejaba sus papilas gustativas y le daba más energía, esperando llegar a la isla y poder centrarse en entrenar un poco y recolectar algunos materiales que necesitará para sus planes.
resumen
RE: La llegada de la Justicia [Presente Absoluto] - Moja - 01-12-2025 La brisa del mar soplaba con un ritmo lento y espaciado cuando el Royal Quiver se adentró en las corrientes imprevisibles que conducían hacia Little Garden, aquella isla primitiva que los registros describían como un manto detenido en el tiempo. Moja permanecía sentado en silencio sobre la borda, con las piernas cruzadas y la espalda recta, dejando que el vaivén constante del barco empapara su mente con una serenidad que rara vez se permitía. El rugido distante de alguna bestia oculto entre la niebla le recordaba que el mundo era vasto y peligroso, pero también fascinante. Mientras el navío avanzaba hacia su siguiente destino, la mente del mink pantera retrocedió, casi sin quererlo, hacia los días anteriores, aquellos que habían marcado su entrada al Grand Line y habían redefinido su percepción de lo que significaba sobrevivir en aquel mar infame. Recordó el instante en que su cuerpo salió despedido del Royal Quiver, impulsado por una combinación de mala suerte y una explosión turbulenta que lo arrojó a los cielos como si el océano mismo quisiera deshacerse de él. Aquella sensación de ingravidez repentina, con el viento cortándole la piel y las nubes acercándose demasiado rápido, aún aparecía en sus sueños con una mezcla de ansiedad y extraña nostalgia. Había sido un momento que distaba mucho de ser heroico; más bien una prueba abrupta de que el Grand Line no perdonaba ni los descuidos más mínimos. Había caído en el océano como un proyectil mal dirigido, y sin embargo, incluso en medio de aquel caos, había logrado reencontrarse con la embarcación gracias a su propia tenacidad y a la fortuna caprichosa que a veces le concedía un respiro. Su recuerdo avanzó hacia el extraño grupo improvisado que se formó casi inmediatamente después. Piratas, hombres que la ley marcaría como enemigos pero que en aquel instante se convirtieron en aliados y el contramaestre Stroud, una figura que irradiaba autoridad incluso cuando el terreno se quebraba a su alrededor. Moja no solía confiar en desconocidos, pero aquel momento no le dejó más opción que aceptar la presencia de aquellos individuos que compartían un objetivo tan urgente como el suyo: detener a Uoni. Pese a sus diferencias, todos se vieron arrastrados por una misma corriente que los condujo a una jaula de piedra, un recinto pétreo que se levantaba como un coloso indiferente frente a ellos. Aún podía sentir el eco opresivo de las paredes cerrándose en torno a su respiración, generando un ambiente en el que cada paso parecía resonar como un presagio funesto. Uoni había sido un adversario que encarnaba la brutalidad y la desesperación. Su presencia llenaba aquel lugar como un miasma tangible que se adhería a la piel. La batalla contra él no se desarrolló como un combate limpio o elegante; fue una confrontación feroz, cruda, marcada por golpes que vibraban a través de los huesos y decisiones que debían tomarse en fracciones de segundo. Moja, con su agilidad felina y su disciplina, había actuado como una sombra entre los escombros, atacando desde ángulos inesperados, midiendo sus movimientos con una precisión que apenas dejaba espacio para el error. Aún podía recordar cómo Stroud, firme como un pilar, organizaba el ritmo del combate, manteniendo la cohesión entre distintos guerreros que no habían peleado juntos jamás. Y cómo, sorprendentemente, aquellos piratas demostraron ser más que rufianes en busca de botín: fueron compañeros en una lucha donde la supervivencia era lo único que importaba. La caída de Uoni fue tan abrupta como su aparición. Cuando la tensión acumulada se disipó finalmente, el silencio que siguió se sintió casi irreal. Fue entonces cuando la jaula de piedra se deshizo y tuvieron que salir de alli corriendo hacia la torre que aparecio ante el, donde aparecieron los dos comerciantes, o extractores de fruta, surgidos desde lo alto de aquella torre como figuras ansiosas por recuperar algo que no les pertenecía. Traían consigo un aura enigmática, con un conocimiento demasiado específico sobre las frutas del diablo y una intención demasiado evidente de aprovechar el caos para sus propios fines. Nada sucedió entonces que los comprometiera directamente, pero la presencia de aquellos individuos quedó marcada en la memoria del mink como un recordatorio de que el Grand Line no solo estaba lleno de monstruos y corrientes impredecibles, sino también de personas que ocultaban ambiciones retorcidas bajo sonrisas educadas. Tras aquel encuentro, la salida de Whiskey Peak se sintió casi anticlimática. El pueblo festivo, con sus tejados rojos y sus callejones serpenteantes, quedó atrás mientras el Royal Quiver se adentraba una vez más en el mar abierto. Moja, ya oficialmente carpintero de la división gracias a sus nuevas habilidades y al legado del artesano Sapoten, aprovechó los días siguientes para reforzar la estructura del barco, asegurándose de que cada tablón y cada unión estuvieran preparados para las tormentas impredecibles del Grand Line. Incluso en medio de la calma, los cielos cambiaban con una rapidez que desafiaba toda lógica, obligándolo a ajustar velas, reforzar mástiles y a veces incluso reconstruir piezas que apenas habían comenzado su vida útil. Sus manos nunca descansaban del todo; siempre había algo que reparar, ajustar o mejorar. El viaje continuó durante días que se fundían unos con otros, hasta que un olor nuevo comenzó a mezclarse con el aire salado del mar: un olor profundo, terroso, salvaje, como si el mundo estuviera regresando a un estado primordial. Poco después, enormes sombras comenzaron a surgir en el horizonte, figuras gigantescas que se mecían lentamente como colosos adormecidos. La vegetación densa y los acantilados imposibles se hicieron cada vez más visibles. Little Garden estaba allí, aguardando en silencio, como un fragmento de la prehistoria incrustado en la corriente más peligrosa del mundo. Moja se incorporó, dejó que sus ojos se habituaran a la vista de árboles gigantescos y bestias inmensas moviéndose a lo lejos, y comprendió que este nuevo territorio, igual que los anteriores, lo pondría a prueba de formas que aún no podía imaginar. Pero a diferencia de su llegada al Grand Line, ahora contaba con algo más que reflejos y disciplina. Ahora tenía un propósito. Un oficio. Un rol que cumplir. Y mientras el Royal Quiver tocaba lentamente las aguas que rodeaban la isla, Moja sintió que la historia apenas comenzaba a desplegarse ante él.
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RE: La llegada de la Justicia [Presente Absoluto] - Fyodor - 02-12-2025 - ¡Tierra a la vista! - Mi grave voz resonó en el barco de la division 84 proveniendo desdé la driza, la parte final del mástil donde había formado mi “nido de francotirador” con mis cadenas y desde el cuál podía aprovechar mi excelente visión para ser el vigía de aquél navio. Gracias a eso, mientras devoraba un puñado de cucarachas, pude ser el primero en poder apreciar la verde silueta de Little Garden resaltando en el vasto oceano de la corriente Rakusei. Little Garden… El pequeño jardín repleto de monstruosos animales que, en aquél salvaje y amazónico ambiente sin aparente civilización, pese a las leyendas de una extraña tribu de gigantes en lo más profundo de la isla, hacían que alli imperase la ley de la selva, donde el más fuerte se comía al debil y que era una representacion perfecta de lo que era el Grand Line. Parece que hoy tampoco tendremos ninguna batalla naval... No hay ni un sólo barco en varios kilometros a la redonda. – Comenté a Stroud con tono relajado tras colocarme mi mascara y bajar de mi puesto con un silencioso vuelo, aterrizando al lado del rubio marine, capitán de aquella particular división y que gobernaba el barco con mano firme, demostrando una pericia al timon que le permitía surcar las olas de ese peligroso mar sin ponernos en peligro. – Al menos los michis estaran contentos en esta isla. Fyofyofyo. -Comenté en voz alta antes de ponerme a dar un paseo por la impoluta cubierta, tras lanzar un rapido vistazo a Krysser, Kibai y “Moja” , los minks felinos que habían hecho buenas migas entre ellos y que, a mis ojos, encajaban a la perfección en aquella isla. Durante todas las semanas que habíamos pasado juntos desdé lo sucedido en los Cabos Gemelos, Krysser y yo habíamos podido comprobar de primera mano la eficiencia de aquella división marine, viendo como, pese a ser más debiles que nosotros, compensaban esa flaqueza con un excelente trabajo en equipo y una confianza ciega en sus compañeros con la que se habían ganado nuestro respeto. - ¿Convertiremos este pequeño jardin en nuestro coto de caza? -Pregunté a mi compañero y amigo tras situarme a su lado, sabiendo que nos habiamos vuelto mucho más fuertes y capaces de enfrentar los retos que el destino nos tenia preparados en aquella isla. Pienso - Hablo
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RE: La llegada de la Justicia [Presente Absoluto] - Krysser - 02-12-2025 Durante el largo tiempo de travesía, desde la salida de aquel amasijo de rocas en forma de trampa mortal, hasta su breve estancia en aquella isla de cazadores, Krysser se había vuelto una presencia constante en la cubierta del Royal Quiver. No hablaba mucho, pero su figura imponente se había convertido en parte del paisaje del barco tanto como los barriles y las cuerdas que poblaban la zona. La mayoría del tiempo lo pasaba trabajando de forma silenciosa. Ayudaba a mover cajas, tensar cabos o reforzar estructuras cuando la corriente Rakusei sacudía el navío con su habitual violencia. Nunca pedía permiso, pero siempre aparecía cuando hacía falta, y se retiraba cuando el trabajo estaba hecho. Los marines seguramente se habían acostumbrado a aquello, incluso podían estar algo aliviados, ya que el tigre con su inmensa fuerza hacía en segundos lo que ellos tardaban minutos. Cuando no había nada que hacer, solía permanecer en la proa o apoyado contra la barandilla de babor, vigilando el horizonte, perdiéndose en el océano con la mirada. Decía poco, pero observaba mucho. El Grand Line era un mar impredecible, y aunque confiaba en Stroud y su pericia al timón, Krysser sabía que la seguridad nunca era absoluta. Mucho menos para ellos dos. Por fortuna, durante su estancia a bordo y desde un comienzo, Krysser se había interesado en la labor de navegante, aprendiendo rápidamente las vicisitudes del trabajo. Desde el manejo del timón hasta el control de las velas, había aprendido cada área de importancia a bordo de un barco, pues tenían planes en marcha de poseer el suyo propio pronto, y se trataba de uno realmente complejo de manejar. Debía mejorar mucho, y debía hacerlo rápido. En ocasiones, compartía algo de tiempo con Kibai y Moja, los otros dos minks, no en conversaciones profundas, sino en silencios cómodos que solo los de su especie parecían entender. Un asentimiento, un olor familiar, un comentario seco sobre la tensión del viento, aquella era toda la camaradería que necesitaba. Gente que no le juzgaba. Y entonces, una mañana, la voz de Fyodor cayó sobre la cubierta desde lo alto del mástil. - ¡Tierra a la vista! -Krysser levantó la mirada justo a tiempo para ver a su compañero devorar cucarachas como si fuesen caramelos, antes de descender en silencio. No podía negar que el lunarian se había ganado, de un modo extraño, su respeto. Y también su confianza. Al escuchar el nombre de la isla, Little Garden, el tigre no mostró sorpresa. Ya eran conscientes de su destino desde el comienzo al fin y al cabo. Pero el brillo en sus ojos amarillos se intensificó. Una selva repleta de bestias gigantes, un terreno salvaje. Un lugar donde la fuerza tenía sentido. Un entorno honesto. Pelear en aquel lugar sería emocionante, mucho mejor que hacerlo en alta mar, por más que Fyodor lamentara la ausencia de problemas, cosa que para el mink había sido una fortuna increíble. No estaba aún preparado. Pero lo estaría. -Hmph. -Bufó suavemente, casi divertido, cuando Fyodor comentó que "los michis estarían contentos". No le faltaba razón. Cuando el lunarian se acercó a su lado, Krysser no apartó la vista de la imponente silueta que se elevaba en la distancia. La corriente golpeaba el casco del barco con fuerza y el aire traía consigo un olor húmedo, primitivo, lleno de vida. El tigre se incorporó lentamente, estirando hombros y cuello, haciendo sonar huesos y músculos como un depredador despertando de un sueño demasiado largo. -Coto de caza... -Repitió, con una sonrisa ladeada que dejaba ver un colmillo. -Será divertido. Miró a Fyodor de reojo, con aquel gesto silencioso que ambos entendían desde los Cabos Gemelos, que significaba que estaban lsitos para lo que viniera. Y mientras el Royal Quiver avanzaba rumbo al pequeño infierno prehistórico que les esperaba, Krysser ajustó sus armas, repasó sus pertenencias y se preparó mentalmente para lo que vendría. Una nueva aventura. Un nuevo desafío.
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RE: La llegada de la Justicia [Presente Absoluto] - Stroud Nanashi - 02-12-2025 Stroud asintió con la cabeza cuando Fyodor dio la voz. En efecto, la que debía de ser la imponente isla de Little Garden se comenzaba a alzar ante ellos en la lejanía. Una monstruosidad selvática de vegetación absolutamente desproporcionada coronaba la isla; no se apreciaba demasiado desde la distancia, pero, cuanto uno más se acercaba, más evidente se volvía el impensable tamaño de todo cuanto poblaba el lugar. El navegante del Royal Quiver atrapó al vuelo la galletita de limón lanzada por Kibai, sus ojos aún fijos en la isla que se presentaba frente a ellos. Sin perder la concentración, dio un bocado a la misma, asintiendo con aprobación. "¡No está nada mal!," afirmó, al tiempo que corregía ligerísimamente el rumbo del navío y unas migajas caían sobre el suelo barnizado de la cubierta. "Bertram, fija las amarras de proa y ten dos cabos listos para cuando toquemos tierra," dijo, haciendo un ademán con la cabeza hacia el montón de cabos enrollados que descansaban al pie de la bodega. Echó un vistazo a su alrededor, despegando la vista de la misma Little Garden por un momento, contemplando el mar que los rodeaba, al escuchar el comentario de Fyodor. En efecto, ningún otro navío parecía estar cerca. No estaba seguro de que aquella fuese la mejor señal. Tal vez se hubieran apresurado demasiado en salir de Whiskey Peak, o tal vez no lo suficiente, y todos los que habían sobrevivido a los Cabos Gemelos se encontrasen ya en la prehistórica isla. Esbozó una sonrisa, sin embargo, ante el comentario del peculiar Lunarian sobre los michis, una forma de hablar que encontró hilarante. En efecto, parecía el tipo de sitio del que disfrutarían. De cuando en cuando, observaba a los presentes en cubierta, más por curiosidad que realmente por asegurarse de qué estuviesen haciendo. Estaba muy satisfecho con cómo la tripulación, incluyendo aquellos dos improvisados compañeros que se les habían unido para la travesía, y con cómo lograban coordinarse para manejar el barco. "¡Moja, reducimos trapo! Baja la vela mayor a un tercio y mantén tensión en la escota," ordenó. La navegación solía ser fluida, y todos cumplían rápidamente con lo que fuese necesario según el momento, lo cual resultaba absolutamente fundamental cuando uno alcanzaba las aguas del Grand Line. El imponente Krysser era de una eficiencia notable, frecuentemente adelantándose a la orden que Stroud se dispusiese a dar. Pensó que no podría haber pedido mejores compañeros de división. Todos se habían acostumbrado bien al ritmo de la navegación, a correr por el navío de aquí para allá, moviendo cabos, tensando velas o lo que correspondiese, y el Royal Quiver se convertía poco a poco en una máquina bien engrasada. Olisqueó, limpiándose una gota de sudor que resbalaba sobre su frente, por debajo de su gorra. El cambio en el viento se había vuelto ya patente, y el aire rebosaba ahora humedad y un calor pegajoso, casi desagradable. Algunos insectos empezaban a hacerse notar, zumbando en las proximidades del barco. Devolvió la vista a su Log Pose, y luego a la isla, a medida que se continuaban aproximando a la misma, la proa del Royal Quiver cortando las tranquilas y oscuras aguas. "Kibai, soltaremos el ancla secundaria a media profundidad," afirmó, mientras el barco continuaba su trayecto. De cuando en cuando, sus ojos grises se desviaban hacia la corredera, haciendo algunos cálculos mentalmente, a medida que iba haciendo suaves ajustes al timón, acompañando la corriente con suavidad y enderezando el navío. Los minutos pasaron, y el casco perdió impulso lentamente ante la resistencia del agua. No tuvo que pasar demasiado tiempo hasta que el Royal Quiver se detuvo por completo, enfrentado a la playa. La alianza informal de Marines y Cazarrecompensas desembarcaba en Little Garden. Stroud suspiró con alivio.
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RE: La llegada de la Justicia [Presente Absoluto] - Kibai - 03-12-2025 A Kibai se le dibujó una sonrisa al ver como sus compañeros de División saboreaban las galletas que había hecho. No solamente eran nutritivas y duraderas, el abundante zumo de limón a cascara rallada servían de repelente de plagas y añadían sabor. Sin embargo, lo que se venía enfrente era mucho más interesante que sus progresos culinarios. Little Garden aguardaba, y el mink no pensaba llegar tarde a su cita de ningún modo. "Kibai, soltaremos el ancla secundaria a media profundidad" dijo Stroud con su siempre inalterable tono desde su derecha. "Recibido, contramaestre" contestó el mink dándose un impulso para saltar de la barandilla del puente de nuevo a cubierta. Tras palmear unas cuantas veces el lomo del hipopótamo mascota-montura del Contramaestre Berthram, se dirigió hacia la zona de babor, dónde la cadena del ancla secundaria descansaba bien organizada en cículos concéntricos. Rresoplando por el esfuerzo, Kibai levantó el ancla y la arrojó por la borda, con la dificultad añadida de mantener el descenso de la cadena controlado para asegurarla a media profunidad, estabilizando el barco y contribuyendo a que la frenada fuese más suave y controlada. "¡Ancla a media profundidad y estabilizada, señor!" gritó Kibai por encima del hombro, con la cadena del ancla secundaria ya bien tensada y fija. El Royal Quiver dejó de sentir el tenue impulso del mar, quedando inmóvil frente a la costa. El mink se limpió las manos en sus pantalones, retirando el sudor y la leve capa y salitre de la cadena, brillante a pesar del viaje gracias a los cuidados que la tripulación. Sus orejas, comenzaban a captar ya el coro creciente de la selva y su sentido del olfato, ya casi embotado por el eterno aroma de sal marina, parecía resurgir, captando matices y aromas desconocidos hasta ahora para él. El aire era pesado, casi palpable, cargado con el perfume dulzón y corrompido de plantas en descomposición en la selva. Kibai se giró hacia la isla. La vegetación era una pared esmeralda tan densa que apenas se distinguía la línea de arena. El calor húmedo de la isla no le suponía un especial problema; al contrario, su doble naturaleza felina y de mink lo hacía sentir más cómodo en este tipo de climas tropicales y agrestes. La promesa de especies nuevas, ingredientes nunca vistos y territorios inexplorados hacía que el pelaje de su espalda se erizara de emoción. Los demás se preparaban para el desembarco, ajustando armas y mochilas. Kibai no se quedó atrás. Fue directo a la bodega. Aunque llevaba días, entre guardias de cubierta y noches cómodamente acostado sobre el bauprés (aunque con la sabia precaución de un cabo atado a su muñeca) siempre prefería guardar sus pertenencias bajo cubierta. Se colgó su zurrón en travesera, ajustando la cincha para poder moverse cómodamente, y se colgó la capa sobre los hombros, ajustándo los pequeños broches para que no se le cayese, Por último, con una familiaridad reconfortante, aseguró su espada, Raimei, a su costado. Aunque evitaba andar con ella en cubierta a la hora de realizar muchas de sus tareas o mientras estaba en la cocina, el mink se sentía desnudo en cuanto ponía un pie en tierra Subiendo de nuevo a cubierta, Kibai se acercó a la barandilla de babor, observando la playa. La curiosidad culinaria se mezclaba con la adrenalina del cazador. "Oid, no sé vosotros" dijo mirando a sus compañeros de División y a los dos cazarrecompensas que los acompañaban "pero el aroma de este lugar es... espectacular. Y seguro que hay alguna ave gigante que pueda asar en la playa para cenar." Dando un salto ágil, Kibai se enganchó con las manos de la jarcia de estribor, usándola como agarre para ejecutar un movimiento pendular hacia el bauprés, cayendo suavemente sobre el largo espolón que surgía de la proa del Royal Quiver, equilibrandose mejor con sus garras retráctiles, ahora reforzadas por las prendas que había adquirido a bastante buen precio a un curtidor de Whiskey Peak. El mink estudió las sombras entre los árboles, dónde a los pocos metros la densa vegetación teñia todo de color verde oscuro, amarillo y marrón, con sus ojos felinos tratando de penetrar en la jungla. Notando como su institno nuevamente alforaba, Kibai tomo aire para soltar un rugido mirando al cielo. "Definitivamente, me da la sensación de que esta va a ser una isla para recordar..." pensó mientras su sonrisa se ampliaba aún más.
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RE: La llegada de la Justicia [Presente Absoluto] - Moja - 03-12-2025 Las órdenes de Stroud sacaron a Moja de su ensimismamiento como si alguien hubiera tirado de él desde las profundidades de sus propios pensamientos. La voz firme del contramaestre resonó sobre la cubierta, clara y precisa, sin dejar espacio para dudas ni vacilaciones: “¡Moja, reducimos trapo! Baja la vela mayor a un tercio y mantén tensión en la escota.” El mink pantera reaccionó al instante, dejando atrás cualquier reflexión y centrando toda su atención en las maniobras necesarias. Sus manos se movieron con rapidez y destreza felina, acostumbradas ya a los ritmos exigentes del Grand Line. Soltó cabos, ajustó amarres y redujo el paño de la vela, sintiendo cómo el tirón del viento se suavizaba poco a poco mientras el Royal Quiver perdía velocidad. Stroud sabía bien lo que hacía: en Little Garden no existía puerto alguno, así que la única opción era fondear cerca de la costa, en una zona lo bastante tranquila para evitar que la corriente arrastrara el barco. Krysser y Fyodor, quienes llevaban apenas unos días a bordo, se adaptaron sorprendentemente bien a las órdenes del contramaestre. Moja lo notó mientras trabajaban: para ser cazadores de recompensas, se desenvolvían con una soltura más que aceptable en cubierta, siguiendo las indicaciones sin cuestionarlas y demostrando que, aunque no fueran marinos de profesión, sabían escuchar y actuar con precisión. Una vez el barco terminó de frenar su avance y las maniobras de Stroud dieron por finalizado el fondeo, Moja se permitió un breve respiro antes de prepararse para el desembarco. No se trataba de una isla común; Little Garden era conocida por ser un lugar salvaje, donde la naturaleza dominaba sin restricciones, así que cualquier precaución era poca. Fue directo a su equipo y se ajustó los guantes de combate con firmeza, asegurándose de que no cedieran ni un milímetro. Aquellos guantes formaban parte de él casi tanto como su propia piel, y en una isla tan impredecible, la pantera necesitaba sentirse preparada ante cualquier amenaza. Cuando tuvo todo listo, activó el poder de su fruta del diablo. Observó la playa, que se extendía a unos treinta metros de distancia, iluminada tenuemente bajo la luz filtrada por la densa selva al fondo. Moja inspiró profundamente, concentrándose, y desplegó dos flechas paralelas de unos doce metros que se extendieron desde la borda del Royal Quiver. Luego, otras dos flechas idénticas surgieron a continuación, formando entre todas una pasarela firme y elegante, como un puente temporal hacia la orilla. Solo restaban seis metros hasta la arena, distancia que podrían cubrir sin problemas. Moja observó su obra con una mezcla de satisfacción y responsabilidad. Era un paso simple, pero representaba el comienzo de una exploración que, sin duda, no estaría exenta de peligros. -Todo preparado para desembarcar- anunció con voz firme, manteniendo la vista fija en la jungla que los aguardaba. La playa los esperaba en silencio, como si la isla entera contuviera la respiración ante su llegada. Y Moja, listo para cualquier eventualidad, avanzó sin titubear hacia lo desconocido.
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RE: La llegada de la Justicia [Presente Absoluto] - Fyodor - 04-12-2025 El movimiento en cubierta se aceleró tras las claras y concisas indicaciones del navegante de aquél navío que, bajo la luz del sol, desprendía una presencia imponente mientras se acercaba a las verdes costas de Little Garden. -Vuelvo a los cielos. Alguien tiene que vigilar mientras hacéis todo el trabajo fyofyofyo. -Comuniqué a Krysser antes de extender en toda su longitud mis grandes y negras alas, dándome con ellas el impulso suficiente como para regresar de forma ágil y silencioso a mi improvisado nido de cadenas desde el cuál tenía una vista privilegiada de todo lo que nos rodeaba y de todo lo que pasaba en la cubierta del Royal Quiver. Cada uno de nosotros tenía una función específica y la mía, siendo algo torpe en el movimiento de manos y flojo de fuerza pero con un dominio excelente de los cielos y una vista al alcance de pocos, estaba destinado a ser el vigía de aquel navío y advertir a los demás de los peligros que estaban por venir. Mientras observaba la cubierta aprecié a Krysser desenvolverse cada vez mejor en aquél barco y no pude evitar notar un sentimiento de orgullo por la evolución que había visto en él desde que nos encontramos por primera vez en los bosques de la Isla Kárate hasta ese momento, a escasos minutos de desembarcar en la segunda isla de la corriente Rakusei. - ¿Que nos tendrá deparado el destino en el interior de este inmenso bosque? -Pensé mientras el barco se detenía por completo ante las costas de Little Garden tras las maniobras dictadas por Stroud y ejecutadas a la perfección por el trio de minks felinos y el pelirrojo arquero marine, siendo Moja el que más me llamó la atención por la particularidad de sus poderes de akuma no mi. -Yo sólo espero encontrar algún bicho gigante... Quiero ver si tienen la misma textura que los pequeñitos Fyofyofyo. -Contesté al cocinero Kibai tras haber hecho desaparecer las cadenas que formaban mi nido y aterrizar grácilmente de nuevo en cubierta y tras escuchar lo que decía sobre asar un ave gigante en aquella playa. La jungla que teníamos frente a nosotros era inmensa y los desafíos que nos deparaban en su interior seguro que estaban a la altura de aquella inmensidad. Además, por si aquello fuese poco, tendríamos que estar pendientes de todos los piratas con los que habíamos luchado codo con codo en el incidente de los Cabos Gemelos y que, estando todos en la misma corriente, lo más seguro es que no tardarían mucho en llegar a aquella isla... si no es que estaban ya allí. Pienso - Hablo
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