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[T5 - Autonarrada] — Lagartos gordos - Sohem - 30-11-2025 30 de Invierno. Año 16.
Costas de Little Garden, Isla Little Garden, Corriente Rakusei - 17:53 a.m. Las tropas de infantería obedecían las órdenes sin discusión y con una relativa efectividad casi inmediata. Había dividido la compañía en dos, un equipo conmigo y otro en el barco, y este del barco a su vez se había dividido en dos partes también, quedando la mitad a bordo del navío y la mitad en la playa. Un total de cien hombres custodiando la embarcación y otros ciento cincuenta conmigo para explorar la isla, pero realmente más que protección eran voceros: Si cuatro ojos veían mejor que dos, esperaba que trescientos vieran aun mejor que los míos. Y es que por eso estaba en Little Garden, para ver. Algo dentro de mi, desde hacía bastante tiempo, estaba gritando con una fuerza que me era imposible acallar. Tenía un recuerdo recurrente rebotando en mi cerebro como una pelota molesta de un crío en la plaza de un pueblo. Estaba a bordo del Kaiser Panzer, con los primeros miembros de Magna: Viktor, Shoto, Lustig, Carmencita y Chloe y gritaba a los cuatro vientos que quería ver "lagartos gordos". En toda mi aventura durante estos seis años no había sido capaz de ver ni uno sólo de estos animales extraños y casi extintos que se supone que habitan en nuestras islas, en algún lugar... y los rumores en el Nuevo Mundo empujaban a esta isla. Claro que la tropa creía que el viaje era para ir a revisar nuestras filiales en el Grand Line... pero no era algo que me preocupase. Si mi propio nombre no era capaz de protegerlas e invitar a los posibles asaltantes a pensárselo dos veces, tendría algo que hacer yendo a buscarles y partiéndoles la cabeza. Lo que realmente quería era poder ver lagartos grandes y gordos. Esas cosas que dicen que pesan varias toneladas, que tienen la piel recubiertas de escamas enormes y duras, que tienen colores variopintos, pinchos, dientes, garras, colas... esas cosas. Me gustaban. — Señor Burnedead, estamos listos y a sus órdenes — dijo uno de los soldados cuadrándose en saludo marcial militar — Oe oe, relájate un poco — dije apoyando mi mano en mi rodilla para poder levantarme, abandonando mi posición sentada sobre una roca en la playa — Pues bien. Es hora de ir a mover el culo — me erguí y crují mi cuello de lado a lado, cargando a mi arma al hombro y mirando a la compañía de ciento cincuenta hombres y mujeres que se disponían todos delante de mi. Todos perfectamente formados y uniformados. Entonces mi vista pasó a la playa, viendo a los que ahí estaban que se habían permitido quitarse la gorra, la máscara y algunos hasta la capa y la chaqueta del uniforme... parecía que hacía calor. Llevé mi mirada hacia el volcán humeante de la isla y chasqueé la lengua — ¿Hace calor? — pregunté en voz alta a la compañía que tenía delante, quienes parecieron dudar un poco entre si antes de responder. Negué con la cabeza — No importa... — dije con pesar volviendo a mirarles — ¡Quiero que os disperséis por la isla! Os separaréis en cinco grupos de treinta personas cada uno y cubriréis el terreno repartidos en cada punto cardinal y el centro — ordené con rapidez, explicando cómo íbamos a proceder de ahora en adelante — Los treinta del centro irán conmigo, al volcán. Necesito los voluntarios más capaces de aguantar las altas temperaturas y que nadie se haga el interesante queriendo impresionar a otros. Si alguien viene y se desmaya por el calor estará a su suerte, por ir de intensito — expliqué mientras los miraba de arriba a abajo. Uno de ellos tragó saliva — Los otros cuatro grupos al sur, al este, al oeste y al norte. Comunicación Den Den Mushi en cuanto veais al objetivo o cualquier cosa extraña — dije, y una de los presentes alzó la mano y preguntó — Y... ¿cual es el objetivo, señor? — haciendo que una enorme sonrisa se dibujase de golpe en mi rostro, sin que pudieran apreciarla por el yelmo que la cubría — Lagartos gordos — sentencié, divertido. La tropa se miró entre si a tiempo de que uno de los soldados de la playa - este si uniformado, como tenían de orden cada vez que se dirigían a mi - acercaba a Dürr ya ensillado y preparado para que lo montase. Me entregó las riendas y me subí a lomos de mi lagarto flacucho y extraño, quien se resintió un poco por el peso de mi cuerpo y mi prótesis — Mantened el flujo de agua y comida para Lustig, y dejadle tomar el sol si se tumba en cubierta pero por nada del mundo le dejéis bajar del barco, aunque vea peces o pájaros o lo que sea... que luego hay que subirlo y está empezando a ponerse enorme. Dudo que podáis cargar con él — le dije al soldado, quien saludó y se marchó del lugar dejándome a lomos de Dürr y frente a mis ciento cincuenta hombres. Una bocanada de vapor salió de los tubos de mi brazo. — Confío en que estáis preparados para valeros por vosotros mismos en una selva llena de comida. Nos encontraremos en el barco en una semana — y con aquellas palabras, rompieron filas y los grupos se separaron, dejando conmigo únicamente a treinta personas que se creían capaces de aguantar mi ritmo - y mi temperatura - en el camino hacia el volcán. Asentí al verlo y espoleé a Dürr, quien empezó a caminar despacio y fue seguido rápidamente por las personas allí presentes. Sé que podría haber liberado un pulso de Kenbunshoku Haki para hacer esta caza de gato y ratón más rápida, pero sería menos interesante. Quería poder verlos con mis propios ojos, encontrarlos y fascinarme. No sentirlos. Quería que fuera algo real, algo... algo como hubiera tenido que vivir si en el pasado hubiese venido hasta esta parte del mundo. No podría explicarlo con palabras, pero quería vivir una experiencia correspondiente y sorprendente, no hacer una caza de criaturas ya presuponiendo donde estaban. La emoción de explorar y descubrir. Quería la emoción que había sentido al ver por primera vez la ciudad de oro de la isla del cielo. El volcán entró en erupción y sacudió toda la isla por unos segundos. Dürr casi se sale de control si no fuera por el férreo agarre de las riendas, y las tropas parecían intentar mantener el equilibrio — Una hora exacta... otra vez — dijo una de las personas del grupo, haciendo que sonriese de nuevo — Así que una erupción a la hora — dije y chasqueé la lengua de nuevo, espoleando otra vez a Dürr para que avanzase — Entonces tenemos una hora para llegar hasta el volcán y esperar a que entre en erupción una vez más antes de subir — dije con seguridad de mis palabras — ¡¿Subir?! — preguntaron varias voces a coro, haciendo que mirase por encima de mi hombro para dirigir mi vista hacia ellos — Por las tetas de las sirenas ¡claro que subir! ¿O cómo cojones queréis ver toda la isla desde un llano? Ya os dije que teníais que aguantar bien las temperaturas ¡¡wryyy ha ha ha ha!! — añadí riendo, volviendo a mirar al frente y continuando con nuestra travesía, dispuesto a disfrutar de aquello que esta isla maravillosa tuviera que ofrecerme en esta espléndida aventura, cargado de felicidad e ilusión. Una hora por los cojones. El volcán había entrado en erupción tres veces más mientras avanzábamos perdidos por la selva, y ni rastro de ni un solo bicho enorme. Y para colmo parecía que no parábamos de dar vueltas en círculos. ¡Y ya sabía que sólo usando mi Kenbunshoku podría encontrar algo que seguir, pero no quería hacerlo! ¡Me negaba a que todo este tiempo vagando por la jungla fuese para nada! ¡Quería poder tener mi aventura de exploración completa! ¡¡Odiaba las putas plantas enormes y la vegetación gigantesca!!. Los soldados avanzaban de forma estoica y regia sin quejarse, pero notaba en su respiración que estaban agotados, así que ordené parar y descansar, permitiéndoles quitarse la capa, el yelmo y la gorra para refrescarse unos minutos. Eran un total de veinticuatro hombres y seis mujeres, todos de una edad más joven que la mía. Se dispusieron a refrescarse con agua de sus inventarios, bebiéndola y mojándose cuello y muñecas con ella, y comiendo algunas raciones de comida. Yo por el contrario estaba fresco. Era Dürr el que caminaba por mi, y a mi el calor no me afectaba en lo más mínimo - de hecho ni lo sentía - así que desmonté la bestia y le ofrecí mi agua mientras observaba las plantas del doble de mi tamaño que nos rodeaban. ¿Y así cómo coño íbamos a ver nada? Esta maldita jungla se obsesionaba con envolvernos y redirigirnos y darnos la vuelta y volvernos a poner en el principio para después volver a empezar y... y... ¡ya estaba harto!. Otra bocanada de humo salió de mi brazo cyborg y yo chasqueé la lengua con furia, mientras Dürr dejaba de beber, ya satisfecho, y guardaba el petate en la silla de montar — Es una buena montura señor, aunque algo extraña — dijo uno de los presentes, llamando mi atención — No tengo ni idea de donde viene, lo encontré en Foodvalten, pero estaba retenido ahí. Tampoco sé por qué lleva esa estúpida pajarita al cuello, pero por más que he intentado quitársela, se pone a llorar y empieza a montar un espectáculo tremendo... así que desistí — dije, dándole un par de palmadas en el cuello al animal — Pues parece muy fiel y muy contento con usted — dijo otro de ellos. Sus rostros eran tranquilos y confiados. El simple hecho de pensar que estaban ahí para morir por mi en algún momento hacía que sintiese compasión por ellos... Esperaba que pudieran fortalecerse pronto o jubilarse a tiempo — Los animales son más sencillos que las personas — le dije — Sólo quieren una ración de comida, agua limpia, un sitio cómodo para dormir y que se les reconozca el buen trabajo — añadí sacudiendo la mano agitando levemente el cuerpo del animal — No te traicionarán porque otro sea más divertido, más guapo, más fuerte o más rico... los animales no entienden de esas cosas. Sólo te miran, pero te ven de verdad — finalicé soltando a Dürr dejándole descansar — Nosotros tampoco le traicionaremos señor Burnedead — dijo el primero, haciéndome bufar por la nariz con sorna — ¡Claro que lo haréis! En cuanto vuestra vida corra un grave peligro o no haya dinero para asegurar vuestros intereses... Por el amor de una madre ¡sois mercenarios!. Que no se os suba a la cabeza el uniforme bonito ni la jerarquía y disciplina estricta, estáis aquí por dinero y no por lealtad. La única diferencia es que sois mercenarios muy bien pagados — dije, sin maldad en las palabras, como el maestro que razona ante una clase sobre una verdad incómoda — De cualquier forma no me preocupa la traición... aquí hay dos opciones: O morir por mi protección, o morir por mi mano — el pistón del brazo mecánico hizo un movimiento de retracción rápido al terminar esas palabras — Pero seguro que no hace falta llegar a esos puntos, ¿verdad?. Al fin y al cabo tenéis una ración de comida, agua limpia, y un sitio cómodo para dormir — añadí dándome la vuelta para ajustar la silla de Dürr — Vamos a seguir, estáis haciendo un buen trabajo — finalicé. Retomamos la marcha al poco después. No había llamadas por Den Den Mushi ni comunicación por parte de los otros grupos, así que mi ilusión iba rumbo a la desidia más absoluta, cayendo en picado y sin control. Estaba empezando a oscurecer, el volcán había entrado en erupción ya no sabía si dos, tres o cuatro veces, los suministros escaseaban, la moral de la tropa decaía, Dürr hacía un ruido raro al respirar y los mosquitos del tamaño de gatos pequeños estaban atacando el grupo a diestro y siniestro, empezando a poner a todo el mundo nervioso y haciendo que lo que ya era malo fuese aun peor. Estaba resignado a abandonar e intentarlo otro día, aunque seguramente probase yendo en solitario y cargándome la mitad de la isla en el proceso. Quizá si parecía una amenaza llamase la atención de algún animal enorme, o qué se yo. Aun a lomos del estrambótico y ridículo de Dürr, coloqué los brazos en jarras mientras miraba al cielo - o a la pequeña parte que las plantas nos dejaban ver de él - tratando de ver el humo del volcán en el cielo oscuro, pensando en que si freía estas plantas hasta secarlas, seguramente la situación mejoraría para nosotros... pero no. Experiencia exploradora. Y además tenía conmigo a treinta personas y un lagarto retrasado que morirían si me ponía a achicharrar todo... así que era un buen ejercicio de autocontrol, aunque fuera peor que un dolor en las pelotas. — Volvemos al campamento — ordené en seco, bajándome por un momento de la montura — Echo una meada y nos vamos — dije, encaminándome hacia uno de los matorrales mas próximos, desabrochando lo justo el pantalón - con mi única mano real, porque la cyborg podía hacerme un destrozo - y comencé a orinar suspirando con calma. Suponía que no había sido la mejor de las exploraciones, pero me había servido para... ¿para qué? ¿para conocer más a treinta personas de un ejército de....? ¿de cuántas personas constaba ahora mi ejército?. Negué con la cabeza. Realmente echaba de menos la época en la que Shoto cuidaba de Lustig y Viktor y yo conseguíamos las cabezas que nos darían de comer. Todo era más sencillo entonces... pero la vida sigue ciclos y cursos, y el actual era ostentar lo que tanto me había costado obtener, el Imperio Burnedead. Seguro que Shoto estaba feliz haciendo sus movidas científicas raras, y Viktor... Viktor estaría buscando la verdad de si mismo y su pasado, refinando su arte - con la espada o el martillo - y descubriendo lo que realmente era. Estaban bien así. Me habían ayudado a llegar hasta este punto pero no podía seguir exprimiendo sus habilidades en mi favor. Debían volar en solitario para darse cuenta de que aquí tenían un plato de comida, agua fresca, un sitio cómodo para dormir y el reconocimiento de un trabajo bien hecho. Sacudí - dos, nunca tres - y cuando miré para abajo para guardar todo en su lugar, vi frente a mi, un poco a la derecha a un par de metros, una criatura del tamaño de un gato - no mucho más grande - con la cabeza casi triangular con una formación osea extraña, sin cuernos ni pinchos, pero claramente repleto de escamas. Con sus pezuñas redonditas y su cola, así como con su hocico de pico. Nuestras miradas se cruzaron y tras terminar de masticar algo de pasto, se marchó en dirección opuesta a mi. Yo sonreí. — Lagartos gordos — dije, satisfecho y feliz a partes iguales, con la plenitud que obtiene alguien que ha conseguido una ilusión de la infancia.
Resumen
Dinosaurio visto
Inventario
Compañia
RE: [T5 - Autonarrada] — Lagartos gordos - PX-4 - 01-12-2025 ✓ Aventura Autonarrada: Completada RECOMPENSAS: — Berries:20k+12k = 32k (Karmas: Adinerado - Rico - Buena Familia) — Puntos Mugiwara: 10 — Reputación: 25 |