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¡Ancla al agua! [Privado] [Presente Absoluto] - Versión para impresión

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¡Ancla al agua! [Privado] [Presente Absoluto] - Hyákinthos - 03-12-2025

Día 34 de invierno, año 16

Ruido de olas.

Olor a sal.

El barco meciéndose.

Sin señales de un puerto.

No iba a ponerse a contar la cantidad de días que su rutina ha sido la misma: levantarse a medio día para fijarse que, desde cualquier punto del barco, lo único que se puede ver es una inmensa masa azul que parece interminable, tanto, que ni siquiera recordaba haber escuchado el cantar de las aves marinas que suelen indicar la presencia de puerto…Hasta ahora.

—¿Eh? —El graznido de una gaviota desvió su atención de su libro hacia el ave que reposaba en el borde del puesto de vigía, en donde el médico se había metido para concentrarse en sus estudios y alejarse de las distracciones bulliciosas que pudiera haber en la cubierta del barco. —¿Estamos cerca de alguna isla? —Sin levantarse aún del canasto, dejó a un lado su libro y observó como la gaviota emprendió su vuelo hacia un destino incierto. —Jmmmm…creí que tardaríamos más…

De un salto se levantó y con más agilidad de la que parecía tener, tomó un catalejo con una de sus manos, lo abrió y, acomodándolo frente a uno de sus ojos, bendijo su vista con lo que, por días, cualquier marinero espera anunciar a su tripulación.

—¡TIERRA! —Su grito rasgó el silencio marino por un instante. —¡Tierra a la vista! ¡Prepárense para desembarcar! —Pero… ¿Qué los recibiría cuando desembarcaran?, ¿Qué tipo de tierra tenían al frente?

Era extraño, aun con el catalejo ampliando su visión no lograba visualizar un puerto, tampoco casas o edificios, no había más que una extensión de arena y árboles…muchos árboles, quería creer que su visión lo engañaba o que, simplemente, llegaron al lado más selvático de una isla que, seguramente, tendría un clima tropical…eso no le molestaba, era ideal para descansar ¿No?

—¡Thrym! —Dejó a un lado el instrumento que hasta ahora había usado para observar la isla y se apoyó con sus manos en el borde del puesto de vigía, desde donde no tuvo que gritar para que el gigante pelirrojo lo escuchara. —¿Estudiaste la ruta que debemos seguir en el Grand Line? ¿No? Yo he navegado por estas aguas antes, pero…no puedo recordarlo…fue hace años —. Aunque hubiera sido hace un mes, no podría recordarlo de todos modos. —Después de todo, creo que no te había preguntado eso —. O quizá sí y, como todo lo que no concierne a medicina o botánica, lo habría olvidado en cuestión de horas. — ¿Qué se supone que debemos esperar en esa isla? Si es que lo sabes, claro…

Su mirada no se posó sobre el pelirrojo, si no en el horizonte que se dibujaba frente a él en tonos naranjas, brindándoles a los navegantes el espectáculo visual que la naturaleza otorgaba con gentileza y que sería la envidia de cualquier pintor que intentara copiar un poco de esa magnificencia, pero…por más bello que fuera, la tarde traía consigo la consecuente noche y llegar en medio de la oscuridad a una zona que, a la vista del médico, parecía selvática, no era algo que le hiciera mucha gracia.

Vestimenta



RE: ¡Ancla al agua! [Privado] [Presente Absoluto] - Jensen Valentine - 03-12-2025

Luego de un tiempo en la isla de Whisky Peak, la primera del Grand Line, habían zarpado finalmente rumbo a la siguiente isla. Jensen Valentine se estaba adaptando bastante bien a su nueva tripulación, estar junto a su hermana juramentada MM y su buen amigo Cherry le daba motivación para continuar sus aventuras piratas.
 
Además, siguiendo el consejo del Señor Sánchez, el hombre que había conocido en Whisky Peak, trataba de variar sus atuendos de ropa, motivo por lo que para esta ocasión vestía sin su tradicional capucha roja, sino que con un chaleco sin mangas sobre su camisa blanca. Unas botas color café con patrones blancos. Su tradicional bandana que usaba en su frente ahora iba en el cuello y tenía una chaqueta que le llegaba a los tobillos de color rojo. Todo el outfit se completaba con un sombrero rojo, dandole un aura de explorador.
 
Cuando Cherry grito tierra Jensen dejo de apoyarse en la proa del barco para acercarse al gigante Thrym quien manejaba el timón, en el cielo una gaviota surcaba el firmamento. –Pensé que tardaríamos más en llegar a la siguiente isla, buen trabajo gigantón – dijo dandole una palmadita en la pierna al gigante pelirrojo mientras miraba arriba, al puesto del vigía donde Cherry se encontraba. - ¿Puedes ver si hay algún restaurante cerca del embarcadero? Tengo hambre y me vendría bien comer apenas desembarquemos – dijo el pistolero frotándose las manos, su tic que realizaba cada vez que estaba nervioso o emocionado. También dio tres golpecitos con la punta del pie izquierdo mientras caminaba por el barco acercándose a su hermana juramentada.
 
-La fotosíntesis nos ha traído a otra isla mi querida sirena, me pregunto qué tipo de aventuras viviremos aquí, ojalá el clima no sea frio y haya mucha comida – sentencio mientras danzaba por la embarcación esperando a desembarcar en la isla.


Outfit
[Imagen: O6DkN34.png]



RE: ¡Ancla al agua! [Privado] [Presente Absoluto] - Maria Merlot - 03-12-2025

Narrador / María Merlot

……………………………………………………………………

Mar al Sur.
Mar al Norte.
Mar al Este.
Mar al Oeste.

¡La mejor vista del mundo!

¡EL AGUA!

La dama estaba eufórica, la sonrisa en sus labios solo transmitía felicidad. Su alegría, se desbordaba por cada puro de su cuerpo. Estaba rodeada de su amado elemento, dónde hubiera agua, ella sería simplemente la persona más feliz del mundo. Tanto así que pocas veces bajo a su celda, una celda muy bonita en el nuevo barco que había comprado con Hyakinthos en la Isla de Whisky Peak meses atrás. ¿Lo que había pasado en el foso? Ya ni lo recordaba, aunque claro que siempre tendría en su corazón a sus hermosos compañeros, aunque… siendo honesta, la ultima vista que tuvo de Brownie fue todo menos hermoso… fue peculiar, él se levantó levemente la máscara dejando ver un rostro desfigurado; tal vez por la adrenalina del momento ella no pudo prestarle atención, pero luego, en la calma del silencio revivió aquella escena y solo pudo pensar, mientras admiraba la preciosa pluma azabache ¿Qué le había pasado? ¿Quién o qué le había marcado para siempre de manera tan cruel? ¿O solo fue una bala explosiva que le exploto cerca? Ojalá, fuera lo último… porque ella como esclava y prisionera, sabía que… las torturas significaban el infierno.

Con la brisa chocando con su níveo rostro, su cabello moviéndose al viento. La mujer era un remolino de un lado a otro, posiblemente la única que nunca perdió la energía durante la travesía. Y más aún, cuando en un par de oportunidades salto al mar… siguiendo al navío a un lado, como un delfín embelesado con una embarcación. La primera vez asusto a todos, las veces siguientes solo dieron por hecho que la mestiza necesitaba disfrutar del mar, y que ella podía mantenerse segura y ser rápida en el océano.

La vestimenta de María ese día dejaba al descubierto sus hombros y piernas, la mujer sin importar qué, siempre se veía hermosa; en su cintura llevaba el tanto afilado, sus botas tenían la punta reforzada, y en sus manos los guantes de cuero. Con una gran sonrisa hacia su hermano, una vista hacía el puesto del vigía dónde descansaba Hyakinthos y un guiño al gigante pelirrojo, la mujer se sentó en el borde de la baranda. El agua tan azul la invitaba a saltar de nuevo, a dejarse abrazar por sus raíces, y disfrutar de esos momentos de tranquilidad.

“¡TIERRA!”

La voz del medico alejo sus pensamientos sobre el chapuzón, la hizo saltar dentro del barco hasta acercarse a dónde el gigante maniobraba el barco. El sonido de una gaviota, y la alegría colectiva la contagiaron — ¡SI! — exclamo con júbilo, aunque ella no veía nada, solo confiaba ciegamente en las palabras del hombre de cabellos rosados — ¿Qué esperar en esta isla? Algodón de Azúcar, que este rodeada de agua ya la hace maravillosa (¿la habrá escuchado?). También quiero ir a comer… debemos encontrar un buen sitio dónde sirvan lo que nos gusta y tener una cena de bienvenida a tierra — coincidió con su hermano mientras lo escuchaba con atención — ¡La fotosíntesis nos mantendrá unidos a través del tiempo y el espacio, Hermano!  — le indico dándole un fuerte abrazo de oso para luego ir más cerca del gigante, y escucharlo responderle a Hyakinthos, y mientras él hacía eso ella se agacho y con impulso salto 20 metros, hasta quedar en un brazo del gigante, para luego recorrer el resto del camino y sentarse en su hombro como una hada del agua — Woooow ¡Ha sido increíble, Thrym-sama! Eres el mejor navegante de todos los mares — lo elogio con sinceridad y su habitual sonrisa amable, mientras balanceaba sus piernas en el aire —  Desde aquí me siento como Algodón de Azúcar allá en la cima. ¡Se ve todo! Mira todos esos árboles, parecen los bonsáis gigantes que rodeaban el Dojo de mi Maestro Bacalao… ¿Crees que de aquí los saca mi maestro? — le cuestiono con genuino interés, debería dendenmushear a Sol y Luna y preguntarles también.

Mientras tanto el atardecer se hacía presente, y al parecer una nueva aventura los esperaba… aunque primero deberían recuperar a sus compañeros en el olvido del reverse.

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RE: ¡Ancla al agua! [Privado] [Presente Absoluto] - Thrym - 03-12-2025

El atardecer teñía todo de un dorado cálido que hacía parecer al mar como un enorme espejo líquido. El timón crujía bajo mis manos mientras lo sostenía con los dedos tensos, encorvado para no darle un tirón accidental; incluso agrandado, seguía siendo ridículamente pequeño para mí. A veces sentía que manejaba un juguete gigante. Llevaba mi camisa playera púrpura, esa con flores amarillas que tanto le gustaba a MM, abierta por el pecho para no morir de calor, y mi pantalón corto color crema ya tenía manchas de sal y sudor que contaban por sí solas todo el viaje. De fondo sonó el grito de Hyákinthos desde el puesto de vigía, emocionado como siempre: ¡había visto Little Garden! Las voces del resto empezaron a estallar como si el barco entero despertara, y en medio de ese caos feliz, Jensen me dio una palmada en la pierna que sentí como cuando te pisa un gato, pero más húmedo. Le respondí con un gruñido amistoso sin apartar los ojos del horizonte.

—¿Si sé lo que se viene…?— Repetí para Hyak, elevando la voz sobre el viento. —Pues te seré sincero, doc. He navegado por medio mundo, pero esta parte de la corriente Rakusei casi nunca la toqué.— Moví el timón con un giro suave, sintiendo el peso del barco reaccionar. —Lo único que puedo decirte es lo que veo: esa isla está llena de árboles, y parece mas espesa que mi barba cuando no me la peino. Selva pura… y si hay selva, hay bichos. Y si hay bichos, hay enfermedades. Así que apenas toquemos tierra prepárate para revisarnos a todos como si fuéramos ganado.— Lo dije medio en broma, medio en serio. Ya había lidiado con islas así y no tenía ni un poco de ganas de traerme fiebre de algún mosquito jurásico.

En medio de la conversación sentí unas pequeñas pataditas ascendiendo por mi costado, y antes de siquiera mirar ya sabía quién era. MM trepó como si fuera ardilla hasta acomodarse en mi hombro, sus piernitas colgando y su sonrisa. Giré los ojos hacia ella y le di una pequeña sonrisita agradecida por sus palabras. —Gracias, MM… lo intento — Murmuré por lo bajo, seguía concentrado en maniobrar el navío, aunque la voz salió igual de grande que siempre. Cuando preguntó si los árboles de la isla eran bonsáis como los del dojo, tuve que soltar una carcajada que hizo vibrar la barandilla. —No soy experto en plantas, pero estoy bastante seguro de que esos NO son bonsáis. —

Cada metro que avanzábamos hacia Little Garden hacía que el mar se volviera más caprichoso. Las olas tomaron fuerza, como si la isla rechazara nuestra llegada, y el casco comenzó a vibrar. Lo sentí primero en las piernas… y luego lo vi. Un cambio súbito en la textura del agua, un remolino pequeño, apenas perceptible… y allí, escondido entre el reflejo dorado del atardecer, un arrecife del tamaño de una casa. —¡AGÁRRENSE!— Grité, pegando un volantazo que hizo que el barco se inclinara peligrosamente hacia estribor. La madera gruñó como un animal herido y una lluvia de espuma salpicó la proa. Sentí el rasponazo del arrecife contra la quilla, un sonido chillón que me hizo apretar los dientes. Por poco. POR MUY poco.

El barco recuperó el equilibrio a los tumbos y solté un suspiro que podía haber desplazado una vela. —Ay, por mi barba… eso estuvo demasiado cerca…— Murmuré, golpeando suavemente el timón para felicitarlo por aguantar la maniobra. Miré hacia abajo a MM para asegurarme de que no se hubiera caído, y luego al resto. Todos seguían en pie, algunos blancos como la cera. —Tranquilos— Les dije con una sonrisa confiada que quizá no me creí del todo. —Seguro que solo arañó un poco el mascarón y la quilla. Nada que Jin no pueda arreglar después. Por ahora…— Miré la selva gigantesca y viva que se abría ante nosotros. —…Enfóquense en llegar enteros.—

Little Garden nos esperaba.

Vestimenta


Contenido Oculto



RE: ¡Ancla al agua! [Privado] [Presente Absoluto] - Hyákinthos - 03-12-2025

—¿Restaurante? —Su estómago gruñó con la sola mención de la palabra, así que volvió a tomar el catalejo entre sus manos, lo abrió y lo colocó cerca de uno de sus ojos y el aparato hizo su trabajo: ampliar la vista que tenía de la selvática isla que tenían casi al frente. Miró a la derecha y a la izquierda, aunque no pudiera distinguir una de la otra, y, como sospechó desde la primera vez que dio el anunció, nada de civilización se divisaba en aquella isla. —Ugh…restaurante…restaurante…ni siquiera puedo ver un puerto —murmuró justo antes de bajar el catalejo, rindiéndose en su busca de actividad humana.

Sabía que al llegar a la isla tendrían que buscar un pueblo, una tribu o, al menos, más personas…aunque no pudiera confiar tan fácil en cualquiera, pero, mientras tanto ¿Cómo le daría a los demás la mala noticia de que en la distancia no se veía nada de lo que ellos estaban esperando…No, el problema no era darle la mala noticia a los demás, el problema era que él mismo no quería aceptar que estuvieran a punto de desembarcar en una isla que, al menos desde su lugar, se veía salvaje a todas luces.

—Jmmm…Tal vez ese restaurante tengamos que buscarlo con mucha minuciosidad cuando lleguemos a tierra —dijo elevando su voz para que los que estuvieran abajo también pudieran escucharlo y, de paso, para autoconvencerse de que quizá la “civilización” estuviera escondida entre los árboles.

Fue una suerte que la voz de Thrym pudiera interrumpir cualquier cuestionamiento a lo que el médico acababa de afirmar, pues con la cantidad de decibeles que producía cada vez que hablaba era normal que toda la atención se centrara en él y nada más que él…aunque lo que dijo el pelirrojo solo cuestionó las sospechas que él ya tenía.

Se dejó caer sentado en el pequeño canasto del puesto de vigía, lamentándose por la mala suerte de tener que llegar a un lugar como el que el gigante describía, quería hacerse el ciego, cambiar el paisaje a su favor, creer que su mente le jugaba una mala pasada después de estar horas estudiando bajo el sol, pero no…parecía que no.

—No quiero revisar a nadie…quiero comer y dormir…Agh…—Se quejó, arrastrando las palabras, impregnando su voz con la pereza que sentía en ese momento. —¿Por qué tenemos que desembarcar en una selva tropical? ¿No hay manera de evitarlo? No me molestaría pasar más tiempo en alta mar con tal de no tener que lidiar con quien sabe que tipo de bichos, estoy seguro de que Merlot me apoyaría con la idea de pasar más tiempo rodeados de agua —. Lo único malo es que no podían darse ese lujo, no ahora, no cuando debían buscar provisiones, a fin de cuentas, alimentar a un gigante no era tarea fácil. Suspiró…sabía que saltarse esa isla solo era algo con lo que podía soñar, así que se resignó y volvió a ponerse de pie para apoyarse en el puesto de vigía, observando el horizonte mientras el viento peinaba su cabello.

Quizá fue en el momento en que estuvo sentado en el “carajo” que la peli celeste aprovechó para subir hasta el hombro del gigante, ahora quedando casi a su altura y haciendo la comunicación con ella mucho más fácil, tanto que escuchó con claridad los elogios hacia el navegante y sus cuestionamientos sobre la flora de la próxima isla.

El médico miró hacia el frente, cada vez era más claro el territorio al que arribarían y estaba casi seguro de que esos árboles no eran como los que la sirena describía…no, no estaba “casi” seguro, lo estaba al 100%.

—Yo sí que sé de plantas, Merlot, al menos sé sobre sus usos medicinales y para…bueno…otros tipos de usos —. Venenos, afrodisíacos y tantos más que no valía la pena mencionar, mucho menos frente a los demás tripulantes. —Pero, aunque no supiera de estas, debo decirte que Tomato —Thrym. —…tiene razón, esos no son bonsáis, no por lo que pude ver desde el catalejo…de hecho, me atrevería a decir que los bonsáis de los que hablas son mucho más pequeños que lo que tenemos al frente —. Eso lo hizo tragar saliva y sujetarse con fuerza de la madera de la canasta del vigía.

La ansiedad empezaba a recorrerlo y, antes de que llegaran a la costa, se deslizó por una de las sogas del barco y llegó a cubierta. Conocía el procedimiento para desembarcar y estaba dispuesto a ayudar a preparar el barco antes de llegar a la isla, pero, algo lo detuvo en seco antes de que pudiera tocar nada.

La potente voz de Thrym salió mucho más alta de lo habitual y lo que dijo no era una sugerencia, era una orden que debían seguir si querían permanecer dentro del barco. Agradeció que llevaba sus manos enguantadas, así que no tuvo miedo de sujetarse con fuerza de una cuerda cercana a él, justo a tiempo para evitar que el brusco movimiento de la embarcación pudiera tirarlo hacia otro lado de la cubierta o, peor aún, al mar, que para alguien que estaba acostumbrado a pasar tiempo en el océano, no era difícil de descifrar que estaba picado, casi como si quisiera alejarlos del lugar.

Se mordió con fuerza el labio inferior mientras que con una fuerza aún mayor se sujetaba de las cuerdas. El sonido de la madera del barco chirriando contra algo que parecía rozarlo logró hacer que su corazón se acelerara y que su pulso no volviera a la normalidad incluso cuando el peligro parecía haber pasado. No necesitaba otro naufragio para su lista.

—¿Demasiado cerca? —Sus palpitaciones empezaron a regularse y con ello pudo soltarse de la cuerda a la que se aferró, aprovechando para respirar y, de paso, sacar de su pantalón un frasquito con esencia de menta, el cual abrió para inhalar y tranquilizarse, tal cual como si de una droga se tratara. —Creí que volveríamos a naufragar —. Tan fatalista como siempre, como si no se diera cuenta que la suerte estaba de su lado.

Guardó el frasquito con la menta en cuanto se calmó y, luego, peinó su cabello y acomodó su ropa, como si nada de lo anterior hubiera ocurrido. —No te preocupes, Tomato, estamos tranquilos…al menos yo lo estoy —. Y eso no era una mentira, porque al menos ahora sí podía ver la cercanía de la costa, la arena blanca que, a esa hora, seguro aún estaría tibia por el sol del día.

—Jensen, Merlot ¿Qué hay de ustedes? ¿Todo en orden? No quiero gastar insumos médicos en lesiones que pueden evitarse —. Movió su cabeza en varias direcciones, buscando con la mirada a los otros dos tripulantes antes de moverse hacia el centro del barco, acercándose a los mástiles para empezar a reducir las velas, primero las principales, luego se encargaría del resto, aunque…tal vez los otros podían empezar a ayudar.

—Jmmm…Oigan…Si no les importa —Miró a Jensen primero. —…Prepara los cabos, revísalos para luego desenrrollarlos y, Merlot —. Sea donde sea que estuviera la chica, habló en voz alta para que lo escuchara. —¿Crees que puedas preparar el ancla? Si no, puedo tomar esa tarea mientras te encargas de las velas —. No supo porque empezó a organizar a todos, tal vez era esa tranquilidad de poder llegar seguros a su destino, eso sí, no esperaba que fueran rápidos, solo esperaba que fueran eficientes, a fin y al cabo, no había apuro.  

Little Garden no iba a moverse de donde estaba.

Karmas



RE: ¡Ancla al agua! [Privado] [Presente Absoluto] - Jensen Valentine - 03-12-2025

La alegría de su hermana era contagiosa. Jensen Valentine sonreía en la cubierta mientras su hermana hablaba de la fotosíntesis momentos antes de dar un gran salto y ascender por el brazo del gigante hasta posarse en su hombro como si se tratara de un periquito. –Deberías vestir de verde si vas a hacer de lorito del navegante – dijo con una sonrisa el pelinegro observando como poco a poco se acercaban a la siguiente isla.
 
Las palabras de Cherry le hicieron soltar un suspiro, nada podía hacer si no había restaurante cerca más que buscar uno, aunque tuvieran que adentrarse en la selva donde seguramente habría hipopótamos salvajes. –Si nos adentramos en la selva podemos ver si cazamos algún animal exótico y comestible… o unos cuantos al menos, tomando en cuenta que el gigante come por cinco – dijo mirando al gigante quien rugió que se agarraran de lo que pudieran. Jensen corrió hacia el mástil principal y se agarró de la cuerda mientras sus piernas rodeaban el gran mástil de madera, entonces el barco dio un giro y una ola se estrelló contra este, mojando la cubierta y al pistolero que solo quería poder llegar a salvo a la siguiente isla y comer algo.
 
- ¿Qué demonios sucedió? – le pregunto al gigante cuando el peligro ya hubo pasado. Jensen estaba ahora de mal humor porque su outfit estaba empapado, se quitó el sombrero y lo batió para sacarle todos los restos de agua salada.
 
-Todo en orden Cherry, excepto que quede empapado y justo cuando tengo mi nuevo atuendo, esto te saldrá caro gigante, ya lo veras – dijo levantando un puño en alto y moviéndolo amenazantemente antes de escuchar las órdenes del médico. Jensen rápidamente se movió hacia los cabos, preparándolos para la llegada a la isla. –Hermana mía, ¿necesitas ayuda con el ancla? – pregunto mirando a su hermana juramentada, María Merlot mientras el barco se acercaba cada vez más a la isla, el viaje estaba a punto de terminar.



RE: ¡Ancla al agua! [Privado] [Presente Absoluto] - Maria Merlot - 04-12-2025

Narrador / María Merlot

……………………………………………

Una buena vista…
Una isla por descubrir…
Y el mar debajo de ellos…
¿Podría ser más feliz?

Sentada en el hombro del gigante, balanceaba sus piernas desnudas al viento, después de todo llevaba una falda muy corta que dejaba un gran porcentaje de piel al descubierto. ¿Por qué? Porque así le gustaba, no había motivos ocultos para su forma de vestir, tampoco un patrón exacto… hoy podría ir con los brazos al descubierto, y mañana con el abrigo más abrigador del planeta… o tal vez una capa, tenía recuerdos simpáticos con las capas. Aunque la otra opción, la que daba su hermano, también le parecía fantástica: Podría ser el loro en el hombro del gigante, solo necesitaba una vestimenta muy colorida.

Prestando atención a su alrededor, parece que la opción del restaurante fue descartada por Algodón de Azúcar… si él quería comer a la luz de una fogata ella lo acompañaría. Ella iría a dónde él fuera, y haría cualquier cosa que él quisiera. Luego comentaron sobre los árboles, que no eran los bonsáis que rodeaba el dojo de su Maestro Bacalao.  Entonces ¿Por qué parecían tan grandes aun desde la distancia? Ella solo pudo alzar una fina ceja celeste al no entender muy bien las proporciones que captaba su vista ambarina. La sonrisa del gigante, la tranquilidad de Hyakinthos y la seguridad de tener a Jensen cerca, la hacían ser el triple de extrovertida y parlanchina.

Antes de poder empezar toda una historia sobre la isla y la vegetación que se asomaba… el navegante grito y realizó una maniobra que la hizo irse hacia un lado, pero se agarró con fuerza a la camisa del pelirrojo, evitando caerse de tal altura; aunque estaba segura de que, si llegaba a suceder, Thrym-sama la atraparía antes de siquiera darse cuenta porque lo más grande que el gigante poseía era su noble corazón. Se escucho un crujido de la madera, luego la calma después del evento no deseado. Tal vez, no era tan buen navegante, aunque a ella le daba igual, apreciaba al hombre por otras cualidades. Y la verdad, el movimiento le hizo subir la adrenalina… le resulto divertidísimo.

— ¡Woooooooooooooooooow! — respondió al pelirrojo impulsándose de la camisa para regresar al hombro, esta vez de pie — ¡Qué divertido! — comento riendo mientras buscaba con la mirada a su hermano y al médico, al verlos bien solo pudo continuar — ¡Deberíamos hacerlo otra vez! Esta vez me sujetare de las cuerdas como Rojo y Algodón de Azúcar… ¡Yo también quiero terminar mojada! —  propuso deleite total por como terminaron sus compañeros. Luego tomo el camino inverso de la subida a Thrym, pero esta vez pasando por la gran rueda, es decir bajando por su brazo, saltando al timón y de ahí al suelo.

Una vez en el suelo escucho las ordenes de Algodón de Azúcar, y como Jensen las acataba. Así que ella hizo lo mismo… ¿Anclas? Claro que sí, ella se encargaría que esas anclas fueran lanzadas y llegaran al fondo del mar con seguridad. Así que hizo lo que muchas veces había visto hacer a otros, liberar el ancla con forma de tridente de su amarre. Con un chapuzón el objeto entro al agua llevándose consigo las cadenas — ¡Iré a validar!  Ya vengooooooo — les grito, y con la rapidez que lo dijo también salto al mar, que la engullo casi sin más.

Después de todo, su deseo de volver al mar se cumplió, sentir el agua sobre su piel la llenaba de una manera que nunca nadie ni nada podría igualar. La chica nado con la agilidad de su raza hasta el fondo viendo como el ancla aún seguía siendo arrastrada por el navío, en algún momento ella ganaría, logrando detenerlo y dando por finalizada su travesía, María aprovecho para mirar a su alrededor, mientras su cabello parecía flotar ignorando la gravedad. A lo lejos pudo ver unos arrecifes, hermosos, pero… grandes, más de los que alguna vez pudo observar. No era navegante, ni carpintero o mucho menos erudita, pero estaba casi segura de que esa formación había sido la culpable del cambio brusco de dirección por parte de su navegante.

Cuando el Barco al fin se detuvo, y dándole un último vistazo al ancla y a la parte inferior de aquella creación de madera que llamaban hogar, decidió regresar a la superficie. Si tenía unos rasguños, nada de lo que preocuparse, si se lo preguntaban a ella. Al salir la recibió la suave brisa — ¡Oigan, aquí estoy! Todo está bien allá abajo, como dijo Thrym-sama solo son unos rasguños… — los llamo para que se asomaran por la borda, luego procedió a indicarles lo que observo mientras se acostaba en la superficie (flota) y se dejaba arrastrar por el mar, ella definitivamente no saldría a la brevedad del agua… Tal vez, y solo tal vez, se quedaría en ese arrecife hasta que decidieran partir.



RE: ¡Ancla al agua! [Privado] [Presente Absoluto] - Thrym - 04-12-2025

—¡Perdón, perdón!— Trate de excusarme. —¡Casi nos comemos un arrecife entero! Juro que apareció de la nada. Bueno… no apareció, estaba ahí, fijo… pero ya me entienden.— Negué con la cabeza, aún sintiendo el latido acelerado en las sienes. —El barco lo esquivó por un pelo—

Hyak se veía preocupado, Jensen también… pero MM, en cambio, estaba ahí arriba en mi hombro riéndose como si acabáramos de bajar por un tobogán, no por una corriente que nos quiso partir al medio. Esa mujer era un misterio, pero… verla así me aflojó un poco el pecho. Todavía sentía culpa por haberla obligado a vender a Cara Melo. Que sonriera era un alivio que no dije en voz alta, pero sí pensé muy fuerte.

A un kilómetro de la costa, guié el barco hacia la izquierda, bordeando la línea de playa. Buscaba algún puerto, alguna estaca, un muelle pobre… algo. Pero no había nada. Solo árboles gigantes, raíces gruesas como serpientes, y selva densa hasta perderse en el horizonte. —Isla virgen, entonces…— Murmuré, ajustando el rumbo. Podía intentar anclar lejos y usar un bote… pero con la quilla ya arañada, eso era tentar a la mala suerte. Lo mejor era carenar. Varar el barco a propósito, enderezarlo, y dejar que Jin, y todo el que quisiera ayudar, remendara lo que hiciera falta.

Apreté ambos lados del timón como si fuera un molino de juguete y busqué el ritmo de la marea. —¡Arríen velas poco a poco!—Ordené sin apartar los ojos del agua. —¡Despacito! No quiero que toquemos tierra rápido o nos vamos a meter la proa en las narices.— La madera crujió, se acomodó… sentí cómo la corriente nos empujaba sin fuerza suficiente para romper nada. Justo lo que necesitaba. Cuando la arena apareció bajo nosotros, apenas un susurro de fricción se escuchó desde la base del casco. MM arrojó el ancla justo en el momento oportuno y cuando la cadena se tensó, el barco quedó firme, quieto, seguro.

—Bien… muy bien.— Murmuré dejando ir, por fin, un suspiro enorme. Solté el timón como si se me hubieran entumecido los dedos y bajé a grandes pasos hacia la proa. Jensen ya estaba ahí, ayudando a revisar las sogas. Tomé un manojo de cuerdas enormes y me las eché al hombro como si fueran bufandas. Luego silbé fuerte hacia Hyak y hacia el propio Jensen. —¡Vamos, ustedes dos!— Grité mientras bajaba por el tablón improvisado hacia la arena. —¡A preparar todo para el carenado! Necesitamos un buen árbol firme para sostener al barco en cuanto la marea baje. Y por suerte, en esta isla sobran.—

Mientras avanzaba por la playa con las cuerdas a cuestas observando la costa llena de arboles y únicamente mas arboles, no pude evitar sonreír. La isla era peligrosa, sí… pero habíamos llegado enteros.


RE: ¡Ancla al agua! [Privado] [Presente Absoluto] - PX-2 - 07-12-2025

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TEMA: CERRADO

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