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[Presente absoluto][Autoaventura T1] Por un beso de la flaca - Eoghan - 09-12-2025 Día 48 de invierno, año 16 La petaca de la que solía abusar había visto mejores días. El líquido que habitaba en el interior repicaba contra las paredes internas en forma de tintineo. Gotas traviesas confirmaban una muerte anunciada: no le quedaba más alcohol. La vida de vagabundo no era fácil ya que no había muchas maneras de hacer dinero fuera de encontrar algún tesoro aleatorio en la orilla del mar o pescar durante horas para, en lugar de comer, vender. Su cuerpo resentía constantemente la abstinencia del néctar que tanto deseaba: el ámbar que era el ron terminó siendo la única vía de escape temporal para una vida desafortunada. Todas las calles de Baterilla ya conocían su nombre. Eoghan Blackwater, un antiguo pirata que desertó su anterior vida como grumete cuando las tornas se giraron contra la tripulación de la que formaba parte. Los marines le vigilaban con ojo avizor, supervisión constante en un inicio. Al determinar que realmente no era una amenaza le dejaron libre con la intención de que se pudriese en los exteriores del pueblo. Sorprendidos quedaron cuando descubrieron que ese pirata era más que autosuficiente, empezando a generar recursos casi de la nada. Pese al asombro de la armada por su resiliencia, el pueblo tenía una imagen totalmente contraria. Los habitantes guardaban un resentimiento enfermizo contra los piratas ya que habían echado a perder demasiados bienes, construcciones y vidas. Pérdidas que terminarían siendo reparadas aún en un futuro, si es que tenían solución. Eoghan era el emblema del mal pirateo, del saqueo, del pillaje, pese a que desde que puso un pie en la isla jamás cometió una ilegalidad. Era la reputación la que estaba dañada. Se le consideraba un amuleto de la desfortuna, un mal augüero que invadió la vida de todos. La calle principal del pequeño pueblo estaba llena de vida. Un sentimiento agridulce se cernía en el ambiente; pues, la nueva normalidad esbozaba sonrisas pese a las pérdidas. Una madre comprándole algunas frutas de más a sus hijos, un anciano que tejía o incluso unos críos corriendo y jugando a la pelota. Situación de ensueño que cubría el asesinato del padre que intentó defender al pueblo de los piratas, una anciana a la que le encantaba tejer que sufrió un infarto debido a un cañonazo cercano y niños que dependían de sus hermanos mayores al tener familia marine que terminaron secuestrados. Los ladrillos de las casas resoplaban antigüedad por los poros, marcas de ruinas donde una vez hubo casas. Un pequeño río contrastaba la polvorosa que levantaban los críos, azules también del cielo alrededor de la mancha marrón que habían edificado los antiguos habitantes de Baterilla. El volcán predominaba en el horizonte de la isla, dubitativo cada día de si sería buena idea liberar todo aquello que estaba acumulando sobre el pueblo que, ignorante, luchaba por sobrevivir en el pie de este. El conjunto perfecto, la pócima secreta para un desastre no anunciado. Sin embargo, la calma rebosaba. Calma es la palabra que se podía transmitir en el lugar, y era entrañable. La paz duró al menos hasta que Eoghan accedió a la frontera que separaba el pueblo del exterior. Con las manos en los bolsillos y cabeza gacha avanzó impasible. Ya había hecho muchas veces lo mismo y por una vez más no habría problema. Usar la presencia que tenía en la isla a su favor siempre era algo permitido, pues no causaría ningún problema más que la intimidación y puede que un pequeño saqueo... Y es que realmente no era un hombre malo, no. Sólo alguien sin dirección. La gente corrió a salvo tras ver la sombría silueta del supuesto pirata. La mayoría lograron entrar en sus casas y/o tiendas, otros, optaron por esconderse detrás o incluso dentro de barriles. Cualquier cosa serviría, pues, estaban aterrorizados del concepto de pirata. El vagabundo se dirigió directamente a la taberna más cercana, abrió las puertas y todo el mundo calló en silencio. El hombre del piano seguía centrado en su música y no se había dado cuenta de nada, aliviando algo de tensión con swing alegre, aunque no lo suficiente. Los pasos crujían la madera bajo sus pies, antigua y maltrecha que también envolvía las paredes y el techo. Humedades en cada rincón que eran conocedoras de mil y una historias, jarras y vasos que sujetaban el peso de mil y un granujas bajo el brebaje de la felicidad. Escondido tras la barra, el camarero. —H-hola, Eoghan... —El mesero dejó todo lo que estaba haciendo para centrarse en el invitado estrella— ¿...L-lo mismo d-de siempre? —Sí. —Sacó su petaca y un par de cantimploras. Las reposó encima la barra donde se sentó.— Y que sea rápido. No quiero llamar la atención de los marines. —A-así s-será, c-caballero. —Con temblor en las manos se apresuró a llenar los recipientes. Del pinchador de barril brotó un río que se hiló grácilmente con las boquillas de los recipientes pese al temor. Como si hicieran gárgaras empezaron a marcar el compás del tiempo, convirtiéndose en ambos un instrumento y un reloj en el silencio.— T-te las d-dejo aquí, ¿d-de acuerdo? Sin mediar alguna otra palabra, Blackwater agarró el alcohol. Sin pagar, sin un sólo céntimo, aunque con el oro líquido. No era alguien peligroso, realmente, pero vivía como si fuera alguien cuando no era más que un Don Nadie. Atardecía. Los tumbos que daba tras salir del local dejaban atrás una ensembla de pasos arrítmicos encima la arena de la playa. Sí, el mundo era su hogar, aunque él vivía encerrado de nuevo en suelo firme. "¿Y qué pasaría si me voy volando?", llegó a pensar más de una vez aunque el miedo siempre le detenía. Había escuchado de su antiguo capitán que los usuarios de Frutas del Diablo como él se ahogarían al caer en el mar y prefería no aventurarse a la incógnita, salvarse la vida. Terminó cayendo contra la arena, arrastrándose hacia atrás a un tronco que había caído. Desenvolvió el tapón de un recipiente para dar otro trago mientras observaba el atardecer. ¿Había tirado su vida a la basura? Él pensaba así. Pero, en fin, ¿qué más tenía que pensar? Un par de besos más a la petaca y se olvidaría de todo... —¡Holap! La voz de una niña sorprendería a Eoghan desde detrás. El hombre miraría hacia arriba para ver a una chica sonriéndole desde atrás del tronco, asustándolo de sobremanera. Se intentaría poner de pie pero entre la resbaladiza arena y la embriagadez que acarreaba se lo impidieron. Melíflua risa de la menor adornaba el crujir de las olas del ocaso. —¡Una niñ-¡Soy pirata! ¡Aparta o te mato! La reacción a la amenaza no fue la esperada y la niña siguió riéndose. De todas las personas, ¿ella era la única que no le temía? ¿A qué se podría deber? ¿Era sencillamente una idiota? Los síntomas del borracho eran obvios aunque parecía claro que Eoghan no iba a hacer daño a nadie, mucho menos a una niña pequeña. —¡Eres como mi padre! ¡Jijii! ¡Qué gracioso! ¡Entonces eres buena persona! El supuesto pirata se quedó de piedra ante la insinuación. Jamás podía imaginarse que una niña tan risueña pudiera llegar a ser tan extrovertida cuando había normalizado el alcoholismo de su progenitor. Solía asustar a la gente, levantar murallas inexpugnables que lo separaban de todos y cada uno. Esta vez el agotamiento y la simpatía por alguien que /quizá/ había sufrido maltrato en casa le ganarían la pelea. Volvió a orientarse mirando hacia el mar, apoyado de nuevo en el árbol caído. —Piérdete, ¿vale? No tienes nada que hacer con un pirata como yo. Sus ojos miraban al firmam- —¡Me caes bien! Pero tengo que irme que ya es muy muy tarde, ¡chao! Se sintió como un soplo de aire fresco. No supo muy bien si estaba alucinando o no pues, en tres años, nadie se le había ocurrido acercársele de esa forma. Una niña le demostró el coraje, la valentía y la voluntad que él ansiaba tanto tener, rompiendo así la máscara que había construido todo este tiempo. De superar las adversidades y aventurarse al mundo, de desempolvar aquél sueño que yacía inerte en el que se prometió a sí mismo llegar a los confines de lo explorado y puede que un poco más allá. Rompió en disimulado lloro, cubriéndose los lagrimales con dedos llenos de arena, apoyando las cantimploras de alcohol a su lado. El Sol escondía los últimos rayos de luz del día bajo el horizonte sumiendo a Baterilla en la penumbra bajo las estrellas, que parecían animar a Blackwater a seguir intentándolo. No quería demostrarle la debilidad que vestía a nadie pese a que nadie estaba ahí para verle. Lo había decidido. La próxima noche robaría un barco y se marcharía de la isla sin dejarse mecer por milagro alguno: iba a construir su propio futuro, piedra por piedra. Era el momento de volver a sus raíces, a redimirse y reforjar el apellido de Blackwater como el del centinela que era su padre, a volverse Eoghan el Vigilante. RE: [Presente absoluto][Autoaventura T1] Por un beso de la flaca - PX-2 - 10-12-2025 ✓ Aventura Autonarrada: Completada RECOMPENSAS: — Puntos Mugiwara: 5 — Reputación: 15 — Berries: 10k - 60% karmas = 4k IMPORTANTE PARA PROXIMAS AVENTURAS: Existe una guia de reputacion que debes de leer Eoghan. la tienes AQUI y te recomiendo su lectura. Como ves, al tener menos de 100 de reputación eres directamente un desconocido.
Al ser tu primera aventura, esta ha sido aprobada, pero tenlo en cuenta para proximas. No puedes infundir temor en nadie, pues no tienes fama ninguna AÚN. Te animo a ganártela, pirata. Conviértete en una leyenda. |