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[Pasado][Social] Espetos - Versión para impresión

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[Pasado][Social] Espetos - Eoghan - 09-12-2025

Día 48 de invierno, año 16

Amaneció el día con resaca como solía pasarle a Eoghan. Iba a pasar otro día en la playa, tumbado, haciendo castillos de arena a escondidas para pasar el tiempo, tomando el sol y pegándose algún baño que otro. Logró pescar durante toda la mañana unos cuantos peces, entre ellos arenques, alguna dorada junto algunas caballas...

Seguido prepararía un fuego con ramas secas y una piedra que usaría como pedernal. Con las chispas no tardaría en prender el fuego, la columna de humo ascendiendo alto. Prepararía una estructura de madera, esta vez algo humedecida que parecía ser capaz de sostener comida y atravesó los peces de punta a punta con estacas de largo tamaño.

Colocó el pescado sobre el fuego con cuidado y se sentó al lado de la hoguera, palmas sobre la arena mientras se apoyaba hacia atrás. De vez en cuando daba la vuelta a la comida para cocinarla de forma igual por ambos lados, hambriento por la recompensa que todo el día había estado recolectando.

Aprovechando el rato de cocción se levantó y buscó algunas frutas cercanas. Cocos y plátanos. Esperaba encontrar alguna piña, pero se conformaba. Al volver a la hoguera se quedó pasmado: no quedaba nada.

—¿¡Qué diablos!? ¿¡Quién ha sido el maldito!? ¡Mis espetos!

Se le cayeron las frutas al suelo del impacto y empezó a mirar alrededor de la zona, visiblemente indignado. No habría disfrutado casi la comida pero le habría saciado el hambre.


RE: [Pasado][Social] Espetos - Shirel - 09-12-2025

Un día de maravillosísima aventura; uno de esos en los que, tras haber robado el bote el día anterior y haberlo aparcado sin ningún tipo de pudor en la orilla de una playa más fea que una cochinilla, se disponía a dar tumbos con la intención de encontrar, al menos, a la primera persona de su tripulación. Tan difícil no debía de ser, ¿cierto? Ya no se trataba siquiera de dar con el más fuerte o el más temible, sino de encontrar a alguien en quien confiar; y, oye, si además sabía ubicarse en un mapa y diferenciar el Norte sin acabar dando vueltas en alta mar, mejor que mejor, porque si hablaban de él en ese sentido, que se olvidaran: no sabía nada de nada.

Pese al constante barullo y a la cantidad de gente con la que se cruzaba, no había nadie que consiguiera llamarle la atención. Caras demasiado… no sabría explicarlo bien, ¿comunes? Tal vez. Aunque, puestos a pensar, lo que en realidad observaba era otra cosa: el estilo, esa línea difusa que separaba al pirata del matao' de hambre, aunque en el fondo acabarán pareciéndose. Su primera persona debía salir de aquella isla donde había terminado de moldearse como ser humano y, precisamente por eso, le estaba dando tanta importancia. No pretendía reunir a personas calcadas; las iría encontrando en distintos puntos, cada una distinta a la anterior. Quería, por así decirlo, una tripulación variopinta; ahí residía la gracia, en que cada cual tuviera una personalidad clara y algún oficio que sacar a relucir.

Sin embargo, de tanto pensar empezó a entrarle hambre. Un gruñido digno de un león burbujeó en su estómago vacío y hasta sus ojos parecieron exclamar un sonoro "¡joder!". ¿Quién diría que, después de comer tanto, aquellas calorías durarían tan poco en su cuerpo? Miró alrededor con la esperanza de encontrar algo abierto; todo cerrado. La cara se le torció en una negación exagerada, casi infantil, mientras comenzaba a deambular sin rumbo hasta que le llegó un olor inconfundible: pescado cocinándose a fuego lento. Irresistible. Mucho más para alguien como él. Glotón, con la baba asomando sin respeto alguno y teniéndose que limpiársela con la manga de la zurda.

Avanzó con pasos sigilosos hasta confirmar que no había nadie cerca. ¿Quién sería tan tonto como para abandonar un manjar semejante en medio de la nada, con todas sus cosas tiradas al lado? Desde luego, él no. Se acercó ganando velocidad y zampó sin contemplaciones; devoró hasta dejar las espinas tan limpias que casi parecían haber adquirido un brillo perlado. Sólo entonces reparó de verdad en su entorno; varias figuras vencidas por su propio peso, castillos de arena resecos por el paso del tiempo. Permanecía sentado, con las piernas estiradas, el torso ligeramente inclinado hacia atrás formando un ángulo obtuso, los brazos apoyados a modo de sostén.

⸻Joder, chati, menudo manjar. La persona esta tiene que estar tonta, si es que… si ya estoy hecho un pirata. Se vienen cosit...

La frase murió al escuchar el golpe de un par de frutas cayendo y, de inmediato, la voz de un hombre gritando. Vaya; el dueño no parecía tan tonto después de todo. Al menos físicamente hablando.

⸻Pues he sido yo, ¿acaso no me ves aquí tirao' en la playa, chati?

La honestidad le brotaba sola. Alzó la vista entonces, fijándose en el arma ajena. Joder. Menuda bestia.

⸻Me llamo Shirel L. Cariban y, joder, chati, te comento un poco cómo ha pasado esto. Yo estoy buscando tripulantes, ¿vale? Para mi tripulación que de momento soy sólo yo y el Capitán y pues claro, no puedo ir así por la vida; necesito mi navegante, mi tirador, la persona que ponga musicón para alegrarme los días negros... Entonces, pues tío, que iba por aquí y por allá y me ha dado hambre... he olido este manjar desde allá⸻señala con la cabeza hacia la ciudad⸻y pues que por cojones he tenido que comer, chati, pero oye... fíjate como es la vida que tal vez este es el destino y tú tendrías que ser mi primera persona de ser... ¿cómo se dice eso...? Tripulada. Bueno, que no sé si existe pero que si quieres que sea tu capitán. Soy fuerte, eh. Aquí por donde lo ves puedo levantar un par de kilitos y hacer alguna cosa molona⸻usaría, ahora, una espina grande como palillo para sus dientes⸻y soy carpintero, chati.



RE: [Pasado][Social] Espetos - Eoghan - 10-12-2025

Al escanear la anchura de la costa a lo largo de la orilla terminó por cerciorarse de un joven chaval sentado y completamente despreocupado. Se le acercó completamente encolerizado. ¿Quién entraría en su "hogar"? Y aún más, ¿quién podría comerse algo que estaba a la intemperie? El hambre le nublaba la razón y no se iba a conformar sólo con las frutas.

—¡Tú! ¿¡Qué has hecho!? ¡Te lo has zampado todo! —Se postró delante del chico y lo señaló con el dedo de forma acusatoria— ¡Voy a morir de hambre!

La calma de Shirel cavó a través del enfurecido Eoghan. No merecía la pena meterse en problemas, y menos con un tío tan despreocupado y que asegura ser fuerte. Le escuchó empezar a hablar mientras se distanció para volver a recoger la fruta. Sentado en el suelo de espaldas a Shirel trató de abrir el coco tras zamparse el plátano con presteza. La palabrería del contrario hacía mella en la supuesta indiferencia. Cada palabra se amontonaba tras la anterior sin cesar y la insistencia pesaba como nunca. Explicaciones innecesarias y sueños de grandilocuencia taladraban sus oídos mientras mantenía silencio.

Era otra oportunidad, otro milagro como los que aparecían en el momento adecuado, y pese a su reciente fervor por surcar la mar desconfiaba de la posibilidad de tener un mal capitán. No quería volver a sufrir los mismos abusos ni mucho menos ganarse de nuevo la infamia en otro lugar.

—Me parece muy bien que busques a tanta gente. —Levantó algo la cabeza para hacerle llegar un poco mejor lo que decía, brazos cruzados y aún de espaldas— ¿Pero cómo me fío de alguien como tú? Me acabas de robar y ahora dices que me quieres como tripulante en una flota de, ¿un sólo hombre? Venga, va. ¿Acaso tienes barco?

"Los piratas son despreciables." En el caso en el que volviera a la mar tenía claro que debía ser para hacer el bien, aunque fuera de una forma cruda y directa. No había piedra cercana en la orilla contra la que golpear el coco que simbolizaba su autorreclusión, el cascarón que le impedía progresar y el hambre apremiaba: pues el plátano no era lo suficientemente calórico como para sofocar el rugir de tripas de un día.

No parecía tener otra opción. Shirel hablaba en serio sobre lo de empezar una banda de piratas pese a su tono despreocupado. Se giró en el suelo y le rodó el coco hacia el supuesto pirata. "¿Me lo abres?" indicaba su mirada. Sólo había confiado en su padre en toda su vida y no fue ni así en sus últimos momentos; la reclusión de más de mil días en esa maldita isla de Baterilla le había dado demasiado tiempo para reflexionar lo que hacía bien y lo que hacía mal y una de esas cosas era jamás tender la mano.
Su cabeza era un caos que a la mínima explotaría. Sabía que había algo en el ladrón de espetos, algo que le impedía renunciar a la oferta. Puede que fuera el destino, aquello de lo que nunca había podido escapar, o puede que algo más.

—Enséñame el barco y lo pienso. —Continuó— Al menos así saldré de esta maldita isla.

No tenía claro lo que sucedería ni lo que haría después, aunque el porvenir no le asustaba tanto como la idea de podrirse en aquella playa. Se levantó y se acercó al recién conocido con un semblante algo agrio. No tenía nada que perder.


RE: [Pasado][Social] Espetos - Shirel - 10-12-2025

Claro que Shirel era una persona despreocupada; y no solo eso, sino alguien a quien no le interesaba en absoluto lo que los demás pensaran de él, sino lo que era capaz de hacerles sentir. Eran planos distintos, y él lo tenía claro. Se responsabilizaba de aquellos actos que nacían del ejercicio consciente de su libertad y del efecto que estos tenían bajo su propia ética, pero nunca de las proyecciones ajenas añadidas a posteriori. No le importaba caer mal, ser rechazado, empujado o incluso apedreado, siempre que aquello fuera la consecuencia directa de una actitud suya. Comprendía que todo acto conlleva una consecuencia y que nadar sistemáticamente a contracorriente no era, por norma general, un ejercicio especialmente intelectual; salvo, claro está, en situaciones concretas y excepcionales, como la defensa de los derechos o la coherencia con una convicción profunda sobre el mundo.

El contrario, por su parte, era una persona indudablemente peculiar; agresiva, sí, pero también tajante. Distante, aunque más en lo emocional que en lo físico. Una mezcla extraña que, precisamente por eso, resultaba llamativa. Justo lo que Shirel buscaba. Se encoge de hombros y lanza con fuerza al frente la espina que había usado a modo de palillo, viéndola caer al agua a una distancia considerable. Luego se reincorpora, encoge las piernas y las abraza, apoyando la mejilla contra las rodillas. El martillo descansaba a su lado; uno enorme, desproporcionado. Por ahora solo podía cargarlo consigo, pues pesaba demasiado para utilizarlo como arma efectiva, pero... eso cambiaría. Era disciplinado, y el entrenamiento siempre se le había dado bien.


⸻En primer lugar, chati, no te rayes; soy amigo del camarero y seguro que mañana nos dan una buena comida. Soy majete, caigo bien⸻comenta, elevando la mirada mientras piensa en las cuestiones que el otro había puesto sobre la mesa. ¿Fiabilidad? Claro que era fiable. Nunca mentía y tenía un corazón entregado a la mar. Quería ser un pirata; una persona libre en todo lo demás. El conquistador de algo que no puede alcanzarse salvo que seas de los mejores. Quería ser imparable en acción, aunque no en lógica; usaba la razón y poseía una jerarquía de valores bien definida.
Inspira y, antes de responder, resopla.

⸻Vamos por partes, chati, que ahora mismo me acabas de soltar un par de preguntas bastante… filosóficas⸻se frota la mejilla contra la rodilla antes de continuar.
⸻Como ya te he dicho, soy una persona que va de frente. Prefiero llevarme un guantazo que cargar con el cúmulo de mierdas no dichas de alguien, ¿sabes? No sé, chati... las palabras se las lleva el viento, pero si estás a mi lado te aseguro que mis acciones te harán sentir, al menos, lo que significa la lealtad… ¡no, mejor! ¡El compañerismo!⸻infla los mofletes.

El barco era otro tema. ¿Cómo explicarle que tenía un bote de remo en mal estado de un tipo borracho que había tirado a la mar y que probablemente estuviera muerto por ahogamiento? Complicado. Aun así, ahí va.

⸻Tengo un barco; bueno… quien dice barco dice una tabla con forma de bote que está más pa'llá que pa'cá y que en el siguiente viaje se hunde. Pero, oye, que de aquí te saco⸻le mira a los ojos pese a la distancia. Y es, en ese momento, donde se le asoma el coco, y de un solo puñetazo lo parte en dos. Limpio, sin desperdiciar nada.
⸻Se lo robé a un viejo verde que hizo que quemaran viva a toda su familia y… ¡hey! Algo es algo. Hice un bien y también un mal, chati. Equilibrio lo llaman, ¿verdad?

Gira la cabeza, mostrándole la nuca al pelinegro, y extiende uno de los brazos que rodeaban sus rodillas. Estaban en la otra punta de la playa y, a lo lejos, su bote: pequeño, humilde, lamentable. No había mentido. Shirel nunca mentía.
⸻Ahí está, ¿ves? Nosotros dos entramos de puta madre, chati. Ser avariciosos solo nos traerá desgracias… y, viendo los precios de un puto barco, creo que tendremos que ahorrar como hijos de puta si queremos algo decente. Pero está bien. Es lo que hay. Hay que espabilar... ¡Joder! Casi se me olvida… ¿cómo te llamas?



RE: [Pasado][Social] Espetos - Eoghan - 11-12-2025

Silencio era lo único audible junto a las olas del mar y el graznido de gaviotas que volvían al nido tras una larga jornada. Hasta ellas tenían una cena que no pensaban compartir con nadie; pescado, algún roedor pequeño y, ¿una cartera? Sólo Dios sabrá de qué forma logran tantos éxitos, al contrario de Eoghan. Pasmado ante la orilla observó el "crucero" de Shirel, quién parecía orgulloso de lo que había conseguido, como un niño presumiendo un dibujo que a duras penas era un aprobado. No tenía palabras para expresar la broma que le parecía estar gastando. Una mano se dirigió a su propia testa y persiguió la forma del cráneo, con el movimiento tirándose del pelo hacia atrás tratando de rascar las últimas gotas de paciencia.

—¿¡Una tabla!? ¡Un tronco mal cortado, dirás! —Pateó de lado a lado, ahora una mano en su cintura y otra cubriendo su boca de punta a punta del mentón. Parecía estar balbuceando algo bajo la cobertura de su palma.— "Este tío se va a matar. No, ni llegará a la noche." —Se detuvo en seco ojeándole de lado por un momento antes de reanudar la nerviosa marcha.— "Y por algún motivo se ha encebollado conmigo. ¿Apenas puede el bote con el peso de ese martillo?"

Limpió su laringe con una corta tos antes de intentar un nuevo recurso para rechazar la oportunidad, pues la tentativa de desconfianza y desprestigio se quedó en el intento. El agua de coco ya se había diluido en la arena tras la breve inspección del bote, carne blanca y cascarón que habían desaparecido ya no por la misma sino porque un mono travieso había aprovechado la oportunidad para, de nuevo, dejar a Eoghan sin comida. Aquí quien no corre, vuela. Qué mas le daba ya.

—Pues, ¿sabes qué? —Esbozó una sonrisa ladina, a ver cómo se las ingeniaba Shirel para salirse con la suya ahora— Me llamo Eoghan Blackwater, pirata de la tripulación de los Brighty Brigs, ¡terror de los Siete Mares! —Efectivamente, no les conocía nadie excepto un par de habitantes del lugar que aún recordaban su primer y último asalto— ¡Y eso! Vayamos a la taberna y te dejaré claro que me muero de hambre por qué aunque vayas a ser pirata no debes reunir a gente como yo.

Realmente ya no sabía qué intentaba, quería a la vez irse aunque también prefería quedarse. Era una paradoja hecha navegante, un casi algo de persona. Las cartas estaban sobre la mesa, sólo hacía falta que el Destino les diera la vuelta. Y, conociendo a Eoghan, seguro que le iba a jugar una mala pasada, como siempre. Su futuro era aciago mirara por donde mirara y el sentimiento de vacío era neblina que no dejaba entrever nada a través de lo que era la ventana de la posibilidad. Ya estaba acostumbrado. Se preguntaba si en otra vida había torturado a mucha gente y el Karma se lo estaba pagando de vuelta aunque siempre con el tono de sátira que le acompañaba.

A su lado se encontraba la ilusión por antonomasia; parecía que sobre uno lloviera a borbotones y sobre el otro todo luciera como el mismo Sol pese a estar a escasos metros de distancia. No podía imaginarse qué pasado habría tenido "el Shirel este" para terminar como una cabra, aunque pese a todo empezó a notar un poco de calidez fruto de que alguien se dignara a no temerle. Antes de seguir avanzando se detuvo. Pensó que algo debían tener en común.

—A tí te da igual todo, ¿no? —Manos en los bolsillos, cuerpo algo encorvado para cubrirse de ese aguacero imaginario— ¿Por qué insistes tanto en ser un pirata? No trae nada bueno. Te perseguirá todo el mundo y jamás podrás descansar.

Porque, de descanso, Blackwater ya iba sobrado. Y desconfiaba. No por Shirel, sino por sí mismo. Era de la misma forma con todos. Señaló el martillo con la nariz desde lejos, levantando algo la cabeza. La indumentaria del chaval también parecía muy fuera de contexto para ser un pirata... Vamos, al menos uno como los que se llevaban viendo hasta ahora.

—Tienes pinta de esconder muchas cosas...

Quería esperar la reacción adversa para saber qué paso dar en el siguiente movimiento, para decidir de una vez por todas si el chico era de fiar. Quería creer que sí, pero ya era para disipar los "tal vez". ¿Y qué más? Lo que quería es que no le pasara nada al chaval por jugar a los piratillas. Y si para ello lo debía desmoralizar, lo haría, aunque se estuviera animando más y más cada segundo cerca de Shirel.


RE: [Pasado][Social] Espetos - Shirel - 11-12-2025

Eoghan Blackwater. Eoghan Blackwater. ¿Eoghan Blackwater?
Ni puta idea de quién era. Ni de su capitán ni de su tripulación anterior. A Shirel aún le quedaba mucho por aprender y por medir; sin embargo, sabía perfectamente que desconocer un nombre no equivalía a subestimarlo. Bastaría más. En las historias siempre enseñaban que quien subestima termina humillado contra el pavimento y con las manos vacías. Ahora bien, ¿sentir temor? No; eso pertenecía a quienes temen porque no confían en sus propios atributos. Y, aunque ese tipo de mentalidad era suicida, pues debería tener en cuenta los límites, precisamente de ese raciocinio era del que Shirel quería alejarse. Deseaba romper los límites, no someterse a ellos; quería actuar sin impedimentos, incluso si lo movía una justicia instintiva más que restaurativa. Ese era quien aspiraba a ser y, para empezar, debía entrenar, fortalecerse, rodearse de gente que lo apoyara y cruzara el umbral con él. Tenía que ser pirata, no cabía duda. Ese era su mayor deseo: ser un pirata de verdad, hecho a la mar.

El concepto de "reunir a gente como él" era, justamente, el sendero que deseaba seguir. Las apariencias engañan, eso siempre se lo habían repetido, y, por ello, el prejuicio no formaba parte de su lenguaje; concedía siempre un margen de error. Esta disposición, sumada al resto, lo convertía en alguien impredecible según la lógica corriente y, al mismo tiempo, en una persona poco dada a juzgar, algo poco habitual. Pero claro… ¿cómo no iba a ser raro si había sido criado por animales? No podía concebirse como uno más, sino como uno distinto y algo más. Que no es lo mismo.
⸻Pero qué dices, anda, chati, si seguro que eres un matao'⸻se incorpora, coge su gran martillo con el brazo derecho y se lo ajusta a la espalda. El comentario no se refería ni al aspecto ni al carácter del otro, sino a la tendencia ajena de formarse ideas equivocadas sin comprender el motivo real detrás. Shirel no se dejaba llevar: era él quien cargaba a la gente sobre su espalda. Bueno, gente o animal, según el momento.

Cuando por fin emprenden la marcha, aquella caminata se vuelve sorprendentemente fructífera; juntos parecían el sol y la luna, aunque Shirel no era capaz de percibirlo. Su visión no era simple, sino distinta; aun así, razón no le faltaba a quien lo interpretara de esa manera. Él era sonrisa, despreocupación, luz; el otro, perspicacia, siniestralidad. Pero cuando el contrario comienza a cuestionarlo, Shirel se detiene y observa de reojo. ¿Le daba igual todo? Podría parecerlo. O quizá no. Porque, aunque aparentara ser sencillo, toda simpleza posee un reverso oscuro; algo que oculta o algo que cuesta domar.
⸻Bueno… darme igual todo, no, chati, no. Me importa, por ejemplo; comer, estar al día… ¡conocer gente guay! Esas cosas. Pero si dices que no tengo prejuicios es porque… ¡me crié con una cabra! No hay alguien más raro que yo, te lo aseguro⸻sus manos se entrelazan detrás de la nuca, en cruz, mientras camina sin el menor atisbo de pudor. Y no era que nada le importara, sino que procesaba las cosas de otro modo, uno propio.

⸻¿Insisto? ¡Claro que insisto, chati! ¿Cómo no voy a insistir si mi sueño es convertirme en el Rey de los Piratas?⸻y era plenamente consciente del peso que ese título conllevaba, de lo que implicaría y de lo que podría llegar a exigirle.

⸻Lo sé, pero… ¿qué tiene la vida si no hay algo por lo que arriesgar? Podré morir, sí, pero… ¡al menos habré intentado ser una persona libre! ¡La más libre de todas! Por eso lucho: para alcanzarlo… y, ¡compartirlo!

Mientras el otro le señala la ropa, el lugar al que ambos se dirigían aparece ya prácticamente frente a sus narices.

⸻¿Esconder? Bueno… cada quien tiene sus secretos. Pero si te soy honesto, de las pocas cosas de las que me avergüenzo plenamente… ¡me estoy intentando redimir! Ya no soy ese tipo de hombre, desde luego. Y tú, ¿eh? ¿Escondes muchas cosas, chati?



RE: [Pasado][Social] Espetos - Eoghan - 11-12-2025

El paseo hacia el bar se llevó a cabo de forma tranquila, sin ninguna otra interrupción más que la del viento acariciando el césped. De alguna forma que no terminaba de comprender por qué se estaba sintiendo tan seguro cerca del "tío este" pese a que todas las señales de alerta deberían encenderse con todo lo mostrado. Ni el estatus ni las expectativas entraban en juego para él y era refrescante. Se sentía bien poder hablar con alguien pese a que sólo le hubiera hablado mal. Llenó sus pulmones de oxígeno en un resoplido que simbolizaría la descarga de un gran peso: sí, sólo algún loco le miraría y pensaría en "este tío va a ser de mi navegación". La sensación de ser importante, de cumplir un objetivo, una función. De ser un engranaje bien engranado en un mecanismo que serviría para lograr lo que ninguna tuerca o arandela lograría por sí mismo. Shirel no callaba ni bajo el agua y contrastaba con el silencio que tanto experimentó a lo largo de su isolación. Algunos pensarían que la libertad se impondría al liberar un preso, aunque en este caso no había otra jaula ni atadura más que la mente, y a veces un pequeño empujón es lo necesario para impulsar el cambio. La cara de Eoghan ya no mostraba una amargura como tal, sino neutralidad. Quizás y sólo quizás, una leve sonrisa, no sarcástica, totalmente imperceptible para todo aquél que no poseyera una percepción demasiado desarrollada.

El camino sufría de las huellas de ambos, crujiendo paso tras paso. Las marcas del posible capitán hendiéndose un poco más debido al peso del gran metal que acarreaba con tranquilidad. Desde luego que el resto de personas en la villa se mostraban asombradas del dúo; estaba claro que ya parecían dos piratas de la misma banda. De lado a lado Blackwater fijó la vista en algunos curiosos que espiaban desde la seguridad del portal, quienes cerraron las cortinas y puertas con presteza. Lo normal, después de todo. Las palabras que le exclamó Shirel aún seguían presentes dentro suyo: "Si seguro que eres un matao'". Sí, lo era. No hacía nada más que amedrentar a algunas personas del pueblo con una mentira que se caía por su propio peso. Le parecía irónico el hecho de que hubiera estado viviendo todo este tiempo bajo el humo de un suceso traumático para algunos ya que esos tres años nadie se los va a devolver.

Todo esto se perturbó al mencionar que a quien ya consideraba su nuevo compañero había sido criado por una cabra. ¿Una cabra? ¿Una puta cabra? ¿No podía ser otro animal? Habría sido más verosímil criarse con lobos o cualquier tipo de simio. Diablos, ¡incluso con marsupiales! Pese a que por un momento pensó que el chico había tenido algún tipo de déficit nutricional en su etapa de desarrollo descartó el pensamiento rápidamente. Shirel tenía claro lo que quería y, pese a ser un sueño que todo el mundo tacharía de imposible, estaba empujando su propio destino para lograrlo. Lo estaba viendo dar sus primeros pasos, una chispa que pronto ardería a lo ancho de los mares. Era simple, pero a veces la rebeldía nacía de los deseos más primitivos y básicos del ser humano, de anteponer su propia voluntad por encima de lo establecido.

Siguió escuchando el discurso que le estaba ofreciendo. No tenía palabras. Totalmente anonadado en mitad de la caminata hacia la taberna entendió lo que quería decir. Él pensaba igual sólo que el temor le había paralizado en el sitio durante todo este tiempo. "Podré morir, sí, pero… ¡al menos habré intentado ser una persona libre! ¡La más libre de todas!" sobreescribió lo anterior en su mente. ¿Lo que no quería era morir? No lo sabía ahora mismo. Lo que sí tenía claro es que él parecía llevar la razón: vivir y morir siempre será mejor que jamás haber vivido. Escuchó de la misma forma que ya no era un deseo que quisiera él para sí mismo, no. Era algo altruista. ¿Lo habría elegido sabiendo su transfondo? No, no lo creía, no parecía ser un tipo tan astuto. Le daba que pensar.

El remate final llegó con las últimas palabras. Si ya le tenía ganado con lo anterior, un cúlmen de la filosofía que en el fondo ambos compartían, esto le rascaría una empatía que no sabía que alguna vez había tenido dentro suyo. No sabía para nada lo que había pasado con el chico y mucho menos el motivo por el que dijo eso, pero el hecho de buscar la redención le empezó a generar un respeto. Lo miró como quien anda cinco pasos por delante en la vida pese a que estaban caminando uno al lado del otro. Le envidiaba, aunque era una envidia sana. Quería aprender de él de la misma forma en la que aprendía de su padre, aprender a ver la vida de colores en lugar de en blanco y negro. Al fin y al cabo esto no era una película vintage para nadie. Detuvo el avance en seco.

—Shirel. —Apretando los puños logró sonsacar unas palabras, algo rasgadas por la sequedad en su cuello— Cuenta conmigo.

La mirada era seria, dura, distinta a la típica frialdad con la que había hablado hasta ahora. Algo dentro de sí se había encendido, el hervor de Shirel se compartió con él de forma intrínseca, sin poder evitarlo.

—Mi sueño es ir a los confines del mundo, surcar los mares y, finalmente, ser libre. Eso, eso es lo que deseo. Y sé que juntos lo lograremos, compañero.


RE: [Pasado][Social] Espetos - Shirel - 12-12-2025

En los animales, la reacción ante un estímulo es, en mayor o menor medida, fruto de sus instintos. Estos constituyen pautas hereditarias de conducta, presentes en todos los miembros de la especie, mediante las cuales el animal responde siempre de modo semejante ante situaciones análogas. Son innatos y cumplen una función estrictamente adaptativa. En el ser humano, en cambio, ser no programado, ser inacabado, la existencia se articula desde la libertad; se forja a través de un proceso continuo sostenido por actos deliberados. El ser humano no está sometido a la rigidez del comportamiento animal: puede responder de múltiples formas, pues es el ser menos programado de la naturaleza; puede elegir. Ante un estímulo, no actúa de manera inmediata: piensa, reflexiona, sopesa ventajas e inconvenientes y, finalmente, actúa en consecuencia…, y puede errar, en cuyo caso intentará corregirse cuando enfrente de nuevo una situación semejante.

Entonces, según dicho lo redactado, ¿qué es la libertad? La libertad es la facultad de elegir que media entre el estímulo y la respuesta. Ser libre implica emanciparse de la necesidad que gobierna el reino animal. Entonces, ¿están ellos gobernados por ese mismo reino? Sí; su estímulo de jerarquía así lo evidenciaba, y aquello resultaba inconcebible. Si la libertad les fuera otorgada en términos absolutos, sus sueños dejarían de ser suicidas. La realidad, sin embargo, era cruda; pesaba tanto que dolía respirar…Y Shirel se negaba a permanecer de brazos cruzados: quería mirar hacia arriba sin sentir un hacha de guerra suspendida sobre su nuca, quería dejar de vigilar con quién hablaba o discutía… Deseaba desprenderse de todo impedimento propio de una lógica capitalista y normativista que prioriza el beneficio de unos pocos a costa de la felicidad común. Su lucha se dirigía contra eso, aunque no desde un impulso revolucionario. Era una rebelión individualizada del pueblo sufriente; eso encarnaba. E inspirarse en una concepción así era natural, pero debía comprenderse lo siguiente: había que aplastar aun sin querer hacerlo. Todo tiene un precio, un efecto y una consecuencia. Luchar implica sudor, implica sangre, implica grito e implica muerte, aun si la vida es firme y el reconocimiento preferible al olvido. Shirel no poseía un análisis social tan exhaustivo, pero esa era la idea que transmitía; su mensaje se trenzaba bajo dicha comprensión.


Advierte que sus palabras surten un efecto extraño, casi enigmático, tanto que el otro cobra color. Lo que era blanco y negro se vuelve gris; lo gris adquiere un matiz rojizo. ¡Ese era el ímpetu! ¡La fuerza del cambio! ¡El deseo de formar parte de algo incluso sin mapa! Y, al fin y al cabo, de algún punto hay que partir; para que haya fruto debe haber árbol, y para que el árbol crezca es necesaria una semilla. La semilla es la voluntad; el árbol, la guía; la fruta, el resultado. Aún quedaba lejos la fruta, pero quizá… la raíz, el primer brote, el primer paso hacia la mar, no estaban tan distantes. Bastarían un par de días, semanas si la suerte les fallaba, pero mejor comenzar que no pisar nunca un suelo firme y desnudo.


“Cuenta conmigo.”

No había mejor adición que esas dos palabras. Contar implicaba compromiso. Conmigo implicaba con él; con alguien. Con otra persona perdida en este confín del mundo donde la probabilidad de encontrarse era menor que ganar el mayor tesoro imaginable.

A Shirel también le brillan los ojos; se detiene, lo examina de arriba abajo y, sin más, lo abraza con todas sus fuerzas, levantándolo sin dificultad alguna.
⸻¡Joder, chati! ¡Qué bonito te ha quedao', hostias! ¡Parece que estamos en las viñetas del periódico!⸻no sabe leer, pero abre los periódicos para ver números, letras dispersas y rostros de gente que olvida en segundos.
⸻¡Eres casi como un producto de mi imaginación, joder! ¡Serás mi mano derecha porque eres el primero! ¡El del inicio! ¡Espero que no te mueras, chati, o me haré tan grande que destruiré el planeta!⸻exagera, claro.


Lo último le humedece los labios. ¿Compartían el mismo sueño? Ser libres. Aunque uno lo buscaba de manera ambulatoria y él de forma normativa, reconfortaba saber que quien caminaría a su lado, a su lado derecho, comprendía lo que era anhelar ese sentimiento. Después, lo deposita en el suelo, se lleva la nariz hacia atrás y sorbe, para que no advierta lo sentimental que puede llegar a ser por puro descuido.


⸻¡Bueno, pues está decidido! ¡Ahora somos dos! Si es que… soy un puto genio, joder, chati; si es que yo sabía que aquí encontraría a mi primer tripulante, ¡mi intuición nunca falla!⸻y, por ahora, no le había fallado. Vivir en el monte lo había obligado a reaccionar siempre bajo instinto y bajo intuición.


⸻Venga, entra⸻señala la puerta frente a ellos⸻¡que te voy a enseñar cómo yo, Shirel L. Cariban, consigo la mejor puta cena del momento porque soy genial y le caigo bien a la peña de este bareto! Que les ayudé con un lío de ratas y también con el problema de unos tíos que se estaban dando de hostias, etcétera, etcétera, como dirían los catedráticos.