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❝ Esta fruta... ¿estará podrida? ❞ [ FIC ;Pasado. ] +18. - Versión para impresión +- Nakama no Mi - Foro Rol de One Piece (https://nakamanomi.com) +-- Foro: Mundo (https://nakamanomi.com/forumdisplay.php?fid=3) +--- Foro: South Blue (https://nakamanomi.com/forumdisplay.php?fid=7) +---- Foro: Baterilla (https://nakamanomi.com/forumdisplay.php?fid=298) +----- Foro: Faro de Baquella (https://nakamanomi.com/forumdisplay.php?fid=300) +----- Tema: ❝ Esta fruta... ¿estará podrida? ❞ [ FIC ;Pasado. ] +18. (/showthread.php?tid=2719) |
❝ Esta fruta... ¿estará podrida? ❞ [ FIC ;Pasado. ] +18. - Shirel - 10-12-2025 Día 48 de Invierno, Año 16. Por la mañana, a esas horas tempranas en las que la gente aún se aferra a las sábanas como a una última concesión al descanso, sale a dar una vuelta como cualquiera, después de haberse quedado dormido en un lugar tan… llamativo como la copa de un árbol y todo ello tras haber pasado la noche anterior contando chistes, embriagado, a la gente del pueblo. Era un hombre de impulsos, y nadie podía negarlo; tan marcado por ellos que rara vez lograba contenerse o ejercer una paciencia prolongada con la vida misma. Quería cosas. No, se corrige. Quería hacer cosas. Porque durante aquellos años, pese a haber sido feliz en una crianza peculiar proporcionada por una cabra parlanchina, se había sentido de una forma, casi dolorosa, vaciado; no tenía aventuras que contar, nada épico, nada que justificar su existencia más allá de la mera continuidad. Nada que lo colocara, siquiera mínimamente, a la altura de los héroes. Y no hablaba de aquellos con capa, sino de alguien tan elemental como quien ejecuta un acto justo y, sin pretenderlo, altera el rumbo de la vida de otro.
Por eso Shirel ansiaba hacerse a la mar, porque esta le prometía libertad; no sólo cambiaría su propio destino, sino también el de aquellos que decidieran acompañarlo. Además, la figura del pirata siempre le había atraído. ¿Realmente existían personas capaces de quebrar el suelo y alzar una montaña? ¿Seres con la capacidad de disparar desde un dedo, atravesando kilómetros, para abatir a su enemigo mientras ambos barcos se hundían entre cañonazos? Aunque tendía a vincularlo todo con lo bélico, había algo más que destacar. Su anhelo de ser el Rey de los Piratas no nacía del deseo de mandar, sino de una idea muy concreta: si eres Rey del Mar, esa masa de agua concebible y natural que encarna la libertad misma, entonces reinas sobre la libertad. Nadie podría imponerte una voluntad ajena y, por ello, dentro de su fantasía y de sus aspiraciones, lo que deseaba era ser libre. Vivir sin ataduras. Actuar y experimentar. Sin más. Sin leyes abusivas. Porque, aunque pudiera ser caótico, era bueno; quizás de forma torpe, quizás ingenua, pero genuinamente bueno. Cae al suelo con hojas enredadas en el pelo, que se quita antes de iniciar su paseo para desayunar, pagando con lo poco que había ahorrado y llenando un estómago que parecía no conocer fondo; algo que, según decían, venía de familia. De la parte paterna, más concretamente. Siempre habían sido comilones, aunque él lo ignoraba, pues su único pariente era La Cabra. Antes de comer, eso sí, busca agua para limpiarse las legañas y despejarse; quedar, en definitiva, más fresco que una lechuga. Ya aseado, entra en un bar, pide lo suficiente como para saciar su particular almacén estomacal y se marcha, dejando propina y un par de risas gracias a su encanto personal. El de hacer reír. No tenía un plan definido para el día de hoy, pero el faro se alzaba frente él; alto, gigantesco. Solitario. ¿Y si subía hasta lo más alto y contemplaba la ciudad entera? No parecía mala idea. ¡Eso haría! Fantástico. No estaba demasiado lejos, aunque implicaba la caminata del año; nada que no hubiese hecho antes. El trayecto transcurría con tranquilidad hasta que empieza a oír gemidos de dolor, sonidos que no logra ubicar hasta que se acerca. Un anciano intentaba protegerse la cabeza de golpes que, con que uno solo acertara bien, bastarían para matarlo por contusión. Eran dos jóvenes: uno con una gorra desgastada y otro con un palo, que golpeaba al viejo con saña. La presencia de Shirel no tarda en hacerse notar y los jóvenes se ríen antes siquiera de dirigirle la palabra. Él, en cambio, no da crédito; la sangre comienza a hervirle. Aquello… ¿qué cojones se creían? Personas no. Monstruos. Ese sería un término más adecuado. El anciano, con la mirada, le pide que no intervenga; suplica, implora que se vaya, que no es asunto suyo, que de algún modo se merece lo que ocurre. El viento acompaña al intruso de aquel desperfecto, como si la naturaleza misma se hubiese confabulado para amansar una llama recién encendida; dichosa llama que era él. Porque una vez decide pelear, no se detiene hasta que quien recibe sus golpes queda reducido a su peor condición. El de la gorra aparenta ser el líder y, en coherencia con ello, es el primero en dar un paso al frente, observando cómo Shirel aprieta el puño y cómo su rostro se oscurece con la leve inclinación de la cabeza. El viejo tiembla de dolor, pero parece haber conseguido dejar de protegerse la cabeza, aun cuando de ella ya brota sangre. ⸻¡Anda, pero si es un pardillo!⸻mira de reojo a su compañero, señalando con la cabeza a Shirel, quien se había transformado en una bestia que muerde y, además, pega.
⸻Y mira esa cara de imbécil, por favor… ¡esto no es una película! ¡Este tío es un hijo de puta que nos debe pasta!⸻señala a la víctima con el palo. Mintiera o no le era indiferente; la situación estaba clara: eran dos contra uno. Unos cobardes que, para colmo, utilizaban un arma para amedrentar todavía más a un anciano que parecía incapaz de mantenerse en pie sin la ayuda de un andador.
⸻Por favor… chico… déjame, no te metas en problemas⸻musita con voz temblorosa, al borde del llanto y del auxilio, mientras resguarda algo de valor detrás de su espalda.
⸻Que te calles la puta boca, viejo⸻suelta el que sostiene el palo, aprovechando su indefensión para golpearle en el tobillo.
⸻¡Suficiente!⸻grita Shirel, superlativo al alarido de dolor del anciano. Levanta la mirada; ojos carmesíes y más oscuros de lo habitual, mientras se escucha el rechinar de sus dientes filosos. Era un perro labrador dándole al lobo la oportunidad de huir y dejar en paz a la oveja. Una única oportunidad.
⸻Tenéis diez segundos para desaparecer de mi vista y dejar en paz a este hombre⸻la amenaza queda implícita; los mataría como pudiera, con la mayor intención de que ese tipo de situaciones jamás volviera a suceder ni fuera tolerado bajo su mirada. Porque iba en contra de sus valores.
⸻Y si no queremos, ¿qué nos vas a hacer? ¿Vas a pegarnos?⸻pregunta, burlesco, mientras se coloca mejor la gorra⸻Somos dos, imbécil, y tu compañero no parece que te vaya a defender, por lo que te superamos en número. ⸻Señor⸻Shirel se dirige al mayor, con una vena de ira contenida por compasión⸻por favor, cierre los ojos y no los abra hasta que yo se lo mande. Ambos se miran entre sí y comienzan a reírse. El señor, sin embargo, en esa humildad que le caracteriza y sin saber bien quién es aquella persona, le hace caso. Tal vez porque se encuentra en una situación de vulnerabilidad o quizá porque Shirel suena realmente serio y muy distante de lo que su indumentaria y sus rasgos físicos podrían sugerir. La pelea fue dramáticamente rápida, porque, claro, una cosa es meterse con un abuelo y otra muy distinta hacerlo con alguien criado en las montañas, rodeado de animales salvajes y con la maldición o bendición, según quién lo mirase y en qué contexto, de ser una persona que no baja el nivel ni se detiene hasta ver que quien se atrevió a levantarle la mano a él o a cualquier inocente está fuera de combate para el resto de sus días. Por parte del señor, solamente se escucharían gritos, golpes contundentes, el olor férrico de la sangre y el crujir del palo al romperse, así como el quebrarse de ciertos huesos debido al uso combinado de una piedra y las propias extremidades de Shirel. No hubo compasión. No cedió. No cuestionó ni siquiera la idea de retroceder, aun cuando a sus dos contrincantes se les iba la vida por los ojos. Eran jóvenes, sí, pero lo suficientemente maduros como para comprender que lo que estaban haciendo estaba mal y que encontrar placer en el sadismo que confería esa escena era aún peor. ⸻Ya⸻murmura, exhausto, con las manos temblando y la adrenalina saliéndose por los poros. Había sangre incluso en sus mejillas y había sostenido una piedra que abarcaba toda su mano derecha, la cual cayó convenientemente a su lado, dejando claro qué había sucedido y por qué la cabeza de ambos jóvenes se encontraba en un estado deplorable. ⸻Ya puede abrir los ojos⸻añade, mientras se limpia la cara con la chaqueta⸻no soy así de normal, pero no soporto… que se metan con los débiles⸻gira la cabeza y se encuentra al viejo en un estado de shock y de admiración hacia él. El anciano, llamado Arek, no sabía que quien tenía delante era un pirata, pero tampoco le importaría; le había salvado la vida y no podía quedarse de brazos cruzados.
⸻Tú⸻dice, intentando levantarse, aunque no puede; por ello muestra lo que llevaba protegiendo durante todo el trayecto. ⸻Esos jóvenes eran unos ladrones… querían robarme una fruta del diablo que había conseguido en una subasta… pensé… pensé en guardarla y venderla, pero… me has salvado la vida⸻se le empañan los ojos, sin saber cómo agradecer, y por eso le extiende la caja sin el menor titubeo. ⸻¡Téngalo! ¡Es mi forma de compensar el hecho de que me haya salvado la vida, señorito…!⸻se percata entonces de que ni siquiera sabe su nombre y por ello mira, entre lágrimas, al de los dientes, grisáceo. ⸻Shirel L. Cariban⸻responde, observando el tesoro y la implicación que tiene aquel escenario; y, si bien no es una persona que suela aceptar regalos y menos por algo que considera que todo el mundo debería hacer, lo acepta. Agarra el obsequio y mancha el pequeño cofre en sus extremos con sangre ajena. ⸻Shirel L. Cariban… nunca me olvidaré de usted⸻vuelve a intentar levantarse, pero no puede, y es por eso que Shirel se lanza a ayudarlo. ⸻Por favor, no se esfuerce. Lo llevaré a casa. Pero antes, chati, ¿sabe qué tipo de fruta es? ⸻Sí, sí que lo sé… aunque ahora mismo no se me aclara la cabeza; te lo explicaré por el camino mientras me refresco. ⸻Está bien, chati. ⸻¿Qué es "chati"? ⸻Digamos que es una expresión que me pegó mi mamá adoptiva. Tras esa breve confesión, guardó la fruta, pues no era tan grande, así que cabía en su bolsillo, y cargó al señor sobre su espalda. Es en esa caminata, entre arbustos y un camino improvisado, donde Arek empezó a explicarle a Shirel lo poco que recordaba de la fruta y, la verdad, le pareció tan fascinante que, cuanto más escuchaba y cuanto más memoria hacía el otro, más se autoconvencía de consumirla. Claro que lo único malo era el factor de qué ocurriría si caía al agua y, teniendo en cuenta que quería ser pirata, pues era una putada, qué decir; pero la veía útil y vender semejante regalo le resultaba muy poco ético. Asimismo, en esa caminata, Arek comprendió que no todos los piratas eran malos y que la persona que le había salvado la vida era un pirata… bueno, alguien que se encaminaba a convertirse en uno, y en uno de los temibles, ¡muy importante recalcar! Y no temible por ser malo, sino por ser libremente fuerte. Una concepción que difería de la de muchísimos otros aspirantes a su mismo título. Cuando lo dejó en su casa, se cercioró de que un médico fuera a visitarle, uno que le recomendó el propio anciano, quien no tardaría en explicar la situación y en presentar a Shirel como un verdadero héroe. En ese momento, aprovechó para poner la ropa a lavar y darse una ducha, porque tener la cara pegajosa y endurecida por la sangre y otros fluidos no era precisamente lo más deseable. Una vez terminado el baño, regresó a ver al anciano dormido, con una contusión no letal en la cabeza y varios hematomas en el cuerpo y, allí mismo, mientras este echaba la mona y él lo vigilaba en su momento más crítico, se comió la fruta entera, casi a modo de ritual. Sabía a mierda. Pero tan mal que le cortó el rollo. Empieza a toser. ⸻Pero qué cojones, chati⸻susurra, saliendo de la habitación. ⸻Pero cómo puede saber tan mal una mierda que me da poderes. Vamos, no me jodas. ⸻Va, perdidos al río. Pues ya tengo poderes. Espera; ahora lo ha pensado mejor. ⸻¡Que tengo poderes! ¡Vamos, joder, chati, vamos! Shirel ha consumido la fruta Moa Moa no Mi y espera no cagarla… o, como mínimo, no acabar con una indigestión.
RESUMEN.
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