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Be big boy | Autonarrada T2 | Presente Relativo. - Versión para impresión

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Be big boy | Autonarrada T2 | Presente Relativo. - Heras - 10-12-2025


Las cosas no podían ir mejor desde que me había unido al Dojo Hasshoken y aunque no había tenido mucha oportunidad de aprender muchas técnicas la verdad mi experiencia ha sido un regalo muy grande. Pues ahora que he tenido un intenso entrenamiento tengo que estar muy agradecido de poder defenderme, aunque sea de esta manera tan peculiar. Mis días recientes se condensaba en venir al Dojo y darme la oportunidad de aprender de todos y cada uno de ellos. Soy el estudiante más nuevo y ahora que puedo ir llegando poco a poco a cada uno de ellos veo que me enseñan sin juzgarme. 



El sol aparece de nuevo en la isla Karate y en su cielo un ser alado lo cruza alegre. Bien que es invierno y lo detesto, es demasiado frío, pero tengo que hacerme un lado ese disgusto para poder llegar a su ubicación lo más pronto posible. Aprovechar de llegar y saber que no seré atacado, ellos ya me conocen y me han concedido el permiso de surcar el cielo hasta las cercanías del Dojo. Sin embargo siempre me pidieron entrar por la puerta, el hecho de tener las alas no me obligaba a pasar por alto las reglas del lugar. 


Mi entrada silenciosa, acompañada de reverencias a aquellos alumnos que portan cinturones de distintos colores. No todos portan un karategui tradicional, algunos usan esta indumentaria pero en diferentes colores. Cuando la misma maestra no se limitaba a llevarlo muchas veces ya que llamaría demasiado la atención. Algunos practican rompiendo tablas de madera, otros golpean el saco en parejas. Los más experimentados están cocinando unos bloques de ladrillo ya que cada cierto tiempo sienten que entrenan partiendo estos. 


Los entrenamientos pueden verse de una manera muy sencilla, muy similar a otras academias de formación marcial. Pronto se escucha la diferencia. —HAAAAAAA HYA— Se escuchó el grito, luego de un fuerte golpe contra una columna de diez ladrillos perfectamente apilada. Se quebró en medio todos y cada uno de los refractarios hasta llegar al último que se quebró un poco menos. Todos aplauden, el alumno Dan había dado una excelente demostración del arte del Hasshoken. Cual era la excelente técnica de usar la cabeza y de una manera muy física para liberar un excelente uso del poder. 


Su frente golpeó con tanta fuerza yo que apenas saludaba a todos volteaba a ver como los escombros eran retirados. Lo único malo era que los ladrillos solo se podían usar una única vez. ya luego ni para construir sirven. Lo bueno es que no todos son capaces de hacer tal demostración inspiradora que nos llena el espíritu para el entrenamiento de un arte de combate tan hermoso como este. 


Me acerqué de inmediato a él. —Maestro Dan.— Una pausa sabiendo que a él no le gusta que lo llamen de esa manera ya que implica que ha alcanzado un rango que desea mucho.  —Sabes que no me gusta que me digas maestro ya que aun no soy digno de ese rango en Hasshoken.— Asentí al escuchar el discurso que siempre repite una y otra vez. —Ya tu eres un tipo expertos. No intentes ocultarlo. ¿Por qué no mejor no me dices cual es el secreto para ser tan espectacularmente bueno con el Hasshoken?—


El hombre lo pensó durante unos segundos ya que no tenía una respuesta inmediata. Me dio todo un segundo de tensión en la eterna espera de lo que sería la respuesta menos esperada.  —Aunque no lo parezca, el comer frutas y verduras y no a las mujeres casadas. — Eso me hizo caer hacia atrás cómo lo hace condorito. Yo no me imaginaba una respuesta de ese calibre siendo algo tan serio. 


—¿Qué tienen que ver las mujeres casadas con el entrenamiento?— Yo la verdad quedé confundido. Seguro sería esa la razón por la que no soy tan bueno en las artes marciales y si en las artes amatorias. Más allá de eso me puse de pie y acepté un consejo que sería vital en mi vida de ahora en adelante. Lo acepté con humildad luego de pasar el momento para detenerme y hacer mi correcto entrenamiento del día. 


Horas pasaron, golpeé el saco, practiqué los movimientos de asedio. Practiqué las patadas para acercarme a enemigos de mi estatura o más altos. Patadas fuertes, una tras otra, circulares, me llegó a doler el empeine de cada pie y la espinillera de cada pierna de tanto patear al muñeco de práctica. No pude más. Un dolor tan fuerte como un calambre que me derribó luego de tanto patear. 


Luego de caer al suelo me di cuenta que había entrenado por tantas horas que los demás aprendices del Dojo se habían ido. Me quedé totalmente sorprendido y en ese momento pude sentir como el hambre se apoderaba de mi. Me di cuenta que el sol ya no era el de la mañana si no el del medio día. Tengo que salir de la academia. No pedí permiso, pero respeté las reglas para salir por la puerta principal y luego volar sobre los alrededores. Nadie podría caminar luego de cientos de patadas. 


Pasaría por varios lugares buscando algo para comer, algo con lo que pudiera alimentarme y en eso vería una hermosa frutería. Era un carrito de madera llevado por un anciano que llevaba todo tipo de frutas exóticas. Aterricé suavemente, cerca de él para detener su camino. —Buenas buenas.— Me acerqué y con un gesto amigable para ver que había apetecible que pudiera costear.


—Buenas muchacho dígame para qué soy bueno.— Detuvo su carro para poder señalarme las frutas. Con un abanico ahuyentaba un poco para que no se acercaran moscas de fruta. Había de todos los colores, amarillas, anaranjadas, verdes, naranjas, aguacates, cambures, manzanas, cocos. Fuí seguro mire cada una de ellas y note algunas que son de peculiare y vi una de color purpura que tenía un tallo verde que le sobresalía. Era grande como una sandía pero parecía como si fueran dos bolas unidas. 


—Cuanto por la fruta azul, se ve buena.—


—Ah quieres esta fruta especial, la tengo en una ganga para quien se la quiera llevar. —


—Tiene que estarme tomando el pelo, luego de todo el día entrenando me pone una fruta en oferta, demela.— 


El señor me pareció muy majo una personalidad agradable. No dude en darle las monedas que tengo encima por la fruta y el me la dió con una sonrisa que va de oreja a oreja, como un piano pues solo le quedaban algunas teclas blancas y algunas teclas negras. 


Me quité de su camino y busqué donde pudiera darme una delicia de merienda. Pero mi paladar me dijo que esto fue realmente horrible. Era como comer una fruta con sabor a tamarindo ligado con limón, pero era tan amarga al tragar que era muy difícil de procesar. De textura dura, como una carne se pasó de cocción, por dentro fuccisa con muchas manchas negras que no se si son semillas o parte de la carnosidad. Lo que más se me hizo difícil es que no podía parar de comerla. Necesitaba acabarla conforme más comía, como saborear un caramelo ácido. No quiero dejar de comerla, tiene mucho jugo y con lo cansado que estoy para dejarla pasar. 


Me degusté toda la fruta. Fue horrible, lo detestas cada maldito segundo. No pude dejarla, fue una adicción pero ahora me estaba arrepintiendo. Tuve una sensación de llenura única. Sentí que iba a explotar, sentí que iba a morir de lo lleno que estoy. Me siento inflado cómo un globo. Cerré mis ojos con mucho dolor de estómago. Duele demasiado. 


—Chignado viejo esta fruta que me dió parece que me va a abrir de adentro hacia afuerta.— No tenía ni la más minima idea de lo que estaba por pasarme ya que solo deseaba que el dolor se fuera. Solo puedo imaginarme mucho más grande por el dolor y la sensación de estar mal del estómago. Me tiré al suelo retorciéndose hasta que por un instante sentí que el suelo comenzaba a doler. 


Sin darme cuenta el suelo me arrastraba por la tierra hasta que el dolor punzante se fue. Me agotó, me hizo sudar, me hizo sentir que se me iban a salir la tripas. Entonces es cuando noté que el camino era mucho más estrecho, que las cosas a mi alrededor eran muy pequeñas la gente que caminaba a mi alrededor. Las personas con pequeñas, pero es que ahora eran mucho más pequeñas. 


—¿Pero que carajo?— Incomprensible, indescriptible. Cómo es que las personas ahora son más pequeñas. Las personas me miran cómo si yo fuera una estatua gigantesca. Un ser monumental, un coloso, un titán. Hice el esfuerzo de ponerme de pie aunque todo me dio vueltas. Entonces cuando me puse de rodillas vi el pequeño tamaño de las tiendas y al ponerme de pie el tamaño de mi sombra. Puedo hacerle sombra a un árbol y eso es ya una locura, debo estar midiendo unos seis metros.


—¿Por un diablo, que me está pasando?— Mi tamaño es una cosa imponente, tanto que me aterra a mi mismo. No estoy comprendiendo del todo. La fruta debe ser ese secreto que me habló el maestro Dan. Quise volver al Dojo pero no estaba seguro de si necesitaba volar para ir al Dojo ya que no estoy del todo acostumbrado a las nuevas dimensiones. Corrí, y mis pasos eran gigantescos y me hicieron llegar al Dojo que estaba a unos cuantos. 


Me arrodille y toqué la puerta repetidas veces esperando que me atendieran. El maestro Dan se tomó su tiempo para hacerse presente frente de mi y yo me dí cuenta. —Maestro, maestro, creo que estoy en un problema.— Mi preocupación es tanta como mis nuevas dimensiones. —Muchacho pero ¿qué es lo que te ha pasado?— Abrió la puerta de par en par para que los demás pudieran ver en lo que me he convertido. 


—¿Qué hiciste para crecer tanto en tan poco tiempo?— Ahora es cuando él se fue para atrás como condorito junto con todos los estudiantes. —Yo seguí su consejo maestro, pero, creo que la fruta que me comí tenía algo extraño. Ahora soy demasiado grande. —


—No es a lo que me refería muchacho, pero pasa, aquí veremos cómo podemos ayudarte, pero por esta vez trata de pasar usando tus alas por que para pasar por la puerta de seguro tendras problemas.— Esta vez tuve que usar mis alas y aletear con fuerza para despegarme del suelo, levantó mucho polvo, las tejas, los árboles temblaron y las personas que no estaban preparadas rodaron por el suelo. Un ser tan majestuoso se levantó del suelo dando una imagen gloriosa de un hombre con el cabello color plateado y la piel como la noche. 


Dentro del Dojo me tuve que acostar en el suelo, por alguna extraña razón mover un cuerpo tan grande no era tan agotador, pero se sentía fuera de lo natural, podía percibir la realidad de manera correcta que ahora todos habían tenido un cambio súbito en un enanismo que no esperaba en absoluto. 


No quería perder la calma, pero, ahora mismo, estoy tratando de procesar y aunque todos me hablan solo puedo pensar que querer acostarse en todo el medio de la sala de entrenamientos con la única intención de descansar un pequeño rato ya que todo esto de ser gigantesco me cansaba un poco. 


Las horas pasaron y no dí atención a las diferentes personas que me hablaban diciendo cosas para ayudarme. Solo pude dormir hasta despertarme nuevamente ahora mucho más relajados y videos las caras de todos que están sobre mí sin entender del todo. Había vuelto a mis dimensiones usuales. pero aún estoy muy seguro de todo lo que ocurrió. Claramente cuando me bombardearon de preguntas una tras otra. 


No tuve respuesta para ninguna de ellas y me dejaron en observación durante varias horas diciendo que lo mejor era que me viera una especie de Médico. Me quería rehusar pero no iban a estar tranquilos si alguien fuera un experto de confianza viera si yo estoy bien.

Detalles



RE: Be big boy | Autonarrada T2 | Presente Relativo. - PX-2 - 10-12-2025

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TEMA: CERRADO

STAFF DE NAKAMA NO MI
FRUTA ENTREGADA