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Adios, mi capitan - Pasado [Priv. MM] - Versión para impresión

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Adios, mi capitan - Pasado [Priv. MM] - Thrym - 15-12-2025

La plaza de Whisky Peak era… pequeña. Demasiado pequeña. Yo estaba sentado en el centro, o al menos lo que antes había sido el centro, con las piernas estiradas rodeando por completo una fuente que ahora parecía un adorno infantil entre mis botas. El agua seguía corriendo, eso sí, aunque cada tanto salpicaba mis tobillos cuando alguien pasaba demasiado rápido y el suelo vibraba un poco. Me apoyé hacia atrás con las manos en el empedrado, respirando hondo, tratando de no llamar más la atención de la necesaria… aunque siendo sincero, eso ya era una causa perdida.

Las miradas no tardaron en llegar. Gente que se detenía a medio paso, otros que fingían mirar puestos cercanos pero me espiaban de reojo, niños que tironeaban de las mangas de sus padres señalándome sin pudor alguno. No los culpo. No todos los días un gigante decide usar una plaza como banco. Aun así, bajé un poco la cabeza y dejé escapar un suspiro largo y pesado.

Estaba esperando a MM. Ella había insistido en encargarse de vender a Cara Melo, el komashika, y yo… bueno, yo había aceptado. No sin dudas, claro. Me crucé de brazos y miré hacia una de las calles que desembocaban en la plaza, frunciendo apenas el ceño bajo la barba. No es que no confiara en ella, pero… sí, en realidad sí desconfiaba un poco. Llevaba poco tiempo con el animal, y ya se le notaba demasiado encariñada.

Mis dedos golpearon con suavidad el empedrado, toc, toc, un ritmo lento que contrastaba con el ir y venir nervioso de la gente a mi alrededor. Pensé en Cara Melo, en esos ojos grandes y en cómo se había acostumbrado a seguirnos como si nos conociera de toda la vida. Vendido en Whisky Peak… no me gustaba la idea, y eso solo hacía que la espera se sintiera más larga.
—No te encariñes.— Murmuré para mí mismo, repitiendo lo que ya le había dicho a ella. —Es solo un animal, no hay anda de especial en eso.— Me costaba aceptar que muy en el fondo, algo de cariño le tome a aquel bicho.

Me incliné hacia adelante, apoyando los antebrazos sobre las rodillas, y la fuente quedó atrapada entre mis piernas como si fuera una presa improvisada. El agua reflejaba el cielo y, por un segundo, me quedé mirándolo, intentando calmar esa sensación incómoda en el pecho. Si MM tardaba mucho más, iba a levantarme. 

Miré otra vez alrededor, buscando entre la multitud alguna señal, sin suerte ni indicios de mi escamosa compañera. —Bueno, yo te di la oportunidad…— Murmuré, algo molesto, mientras apoyaba una mano en el suelo y comenzaba a cargar el peso para ponerme de pie. Tendría q buscar el animal yo mismo.


RE: Adios, mi capitan - Pasado [Priv. MM] - Maria Merlot - 18-12-2025

Narrador / María Merlot



………………………….

¿Cuántos días habían pasado?
No llevaba la cuenta realmente.
Ella vivía un día a la vez.

El clima era favorable, un cielo despejado y el sol brillando. Luego de aquel “evento” no deseado, había aprendido a apreciar más al astro Rey. En la oscuridad se escondían primos suyos con malvadas intenciones aunque preciosas pieles doradas.  Seguramente, cuando las semanas se convirtieran en meses sus recuerdos se dispersarían, no serían relevantes en su vida. Ese día en particular, vestía un atuendo muy cómodo y estilo rústico chic, se trataba de una camisa amarilla con estampados de margaritas que dejaba al descubierto sus níveos hombros y resaltaban sus orbes ámbar, un short de mezclilla y botas altas y marrones que llegaban hasta arriba de sus muslos. Su cabello suelto con dos trenzas delantera realzaban su belleza natural y como plus, un objeto muy especial, un collar con un gran dije en forma de diente de tiburón, obviamente tallado en madera.

— … fue cuando le dije, es twerking, no ballet, no necesitas papas fritas para grafittear a tus enemigos… porque el verde viene de las hojas de los bonsais del Maestro Bacalao. ¡Todo el mundo lo sabe! Daaaah — comentaba con gran entusiasmo y su habitual personalidad risueña a los tres hombres que la escuchaban con atención, y la verdad sea dicha, con corazones en sus ojos. El sexo masculino siempre la había considerado bella pero últimamente, en esos mares paradisíacos, parecía que había evolucionado a ser aun más hermosa.

— …  tenían que saberlo, son tontos — comentó el pelirrojo entre risas mientras todos acompañaban esas melodías llenas de alegría.

— Grrrr Meee grrrrr Meee grrrrr Meee — el relinchar del animal a su lado se dejó sentir, como si él entendiera la historia y su gracia. Ante ello María se giró, extendiendo sus brazos para abrazarlo por el cuello (lo que sus extremimdades le permitieran).

— Si, tu si le sabes a la Fotosíntesis, por eso te quiero tanto, Cara Melo — ignoró a su público para concentrarse en la gran mascota, mascota que pertenecía a Thrym-sama y que ella cuidaba por petición especial del gigante.

Ese día había salido a pasar con el Komashika, le gustaba estar con él, era como un amigo más que la escuchaba, la consolaba pero sobre todo no la juzgaba ni miraba como si estuviera loca y no tuviera remedio. Sus grandes ojos inocentes, solo le daban amor y más amor, y por eso ella lo adoraba. En ese caminar llegaron sin darse cuenta al aserradero, ahí fue donde una hora antes volvió a encontrarse con su amigo Marco, el artesano creador del nuevo barco de los Manos Muertas, una increíble obra de la ingeniería, arquitectura y el arte. A ellos se unieron dos hombres más, el pelirrojo Jhon y el albino Esteban. Así fue como estuvieron hablando de todo y de nada largo durante sesenta minutos.

Luego de ese ameno encuentro, solicito ayudó a uno de los hombres para que la guiara hasta el pueblo, específicamente una fuente, ahí había quedado en verse con Thrym-sama, ¿El motivo? Lo desconocía, tal vez necesitaba que lo ayudará a elegir ropa nueva, el gusto del hombreton era terrible para los ojos, o quizás solo deseaba pasar tiempo de calidad con ella, como un padre e hija, para profundizar sus lazos nakamas; y como había pedido que llevara consigo a Cara Melo, seguro tenía una bonita sorpresa para ambos.

¡María no podía esperar para descubrir la sorpresa!

— Thrym-sama debe tener buenas noticias. Seguro terminamos comiendo un festín, espero tengas mucho espacio en tu estómago Cara Melito — le comentó al Komashika que la seguía como si de un perro se tratase, y de cuando en cuando le daba con su hocico para que le prestara atención, o simplemente la lamia para transmitirle su cariño, un cariño mutuo.

— Señorita María, ahí está la fuente… — señaló el albino quien de pronto abrió los ojos al percatarse del enorme individuo que rodeaba la estructura como si fuera un palito de dientes — Nunca dejarán de impresionarme los gigantes — musito con una nota de admiración… ¿Qué tan extraña era esa especie? Porque ella ya conocía a dos, bueno, uno de ellos solo de vista (Kelvin).

— Gracias Esteban, nos vemos luego. Vamos Cara Melo, Thrym-sama nos espera — se despidió del hombre del aserradero y emprendió su camino en línea recta hacia el gigante que empezaba a levantarse — Thryyyyyyyyyyyyyyyyym-sama — lo llamó con su dulce voz en un tono mas arriba de lo normal, sin llegar a gritar mientras sus pies pasaban de un andar tranquilo a una carrera que concluyó cuando abrazó parte del zapato del pelirrojo, es lo que sus brazos podían abarcar, detrás de ella Cara Melo, también le dio amorcito al gigante frotándose contra este con mucho entusiasmo — ¿Nos extrañaste?— le pregunto alzando la cabeza hacia él con una gran sonrisa en sus labios rosados que mostraron sus perfectos dientes blancos — Nosotros te extrañamos muchísimo. Nos encontramos con Marco, nos contó cómo han estado vendiendo barcos los últimos días… ¡Los artesanos tienen buen mercado en esta isla! ¿Debería adquirir acciones de su empresa?  — le pregunto soltandolo mientras llevaba la diestra a su barbilla analizando si era buena idea invertir en un aserradero, no tenía mucho dinero pero era buena comerciando así que… no parecía mala idea invertir en lo que se percibía como un negocio rentable — ¿Por qué nos has hecho venir? ¿A dónde nos vas a llevar? ¿Sirven comida vegana y son CaraMelosfriends? — empezó a cuestionarse cuando la idea de inversión perdió atención en su cabeza, ahora lo que quería saber era el asunto de estar ahí, en su embrollo mental se seguía imaginando que tenía que ver con comida, todos sabían que al navegante le encantaba comer, y saciarlo era misión casi imposible. A ella por su parte alimentarla también era difícil porque no comía nada que haya podido estar vivo lo que reducía por mucho las opciones de alimentos, y ahora también importaba que dejaran entrar al restaurante a mascotas, no dejaría a Cara Melo afuera, si él no podía entrar a comer con ellos, entonces no comerían en ese sitio, igual, muchos lugares deberían existir… ¿Por qué iban a comer... cierto? Por eso los llamo Thrym… ¿No?

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RE: Adios, mi capitan - Pasado [Priv. MM] - Thrym - 27-12-2025

Me encontraba sentado en la plaza desde hacía ya un buen rato, con la espalda apenas encorvada y las piernas estiradas rodeando casi por completo la fuente de piedra. El agua caía en un murmullo constante que, honestamente, me ayudaba a pensar. La plaza era pequeña, demasiado para alguien de mi tamaño, y yo era muy consciente de las miradas: curiosas, nerviosas, algunas francamente molestas. Ya estaba acostumbrado.

Sabía que MM iba a llegar tarde. Siempre llegaba tarde cuando estaba con Cara Melo. Y no podía culparla. El komashika tenía ese no-sé-qué que hacía que cualquiera se relajara a su lado. Aun así, el nudo en el estómago no se me iba. En unas horas iba a tener que decirle la verdad: que debíamos vender a Cara Melo. Y eso significaba berrinche, reproches, miradas largas y silencios incómodos. Así que, por ahora, decidí ganar tiempo.

Estaba justo considerando levantarme e ir a buscarlos cuando escuché su voz. Alargada, alegre, imposible de confundir. Giré apenas la cabeza, y ahí estaba: MM corriendo hacia mí y abrazando mi zapato como si fuera lo más natural del mundo. Sentí también el roce familiar del komashika frotándose contra mi pierna. No pude evitar soltar una pequeña risa por la nariz.

—Ya se estaban tardando, pero sí… los extrañé— Admití con voz grave, bajando un poco la cabeza para mirarla. —Aunque la plaza estuvo más tranquila sin ustedes haciendo ruido.—

La vi hablar sin respirar, saltando de un tema a otro, mencionando al artesano, inversiones imposibles y comida en la misma frase. Me quedé escuchando, con paciencia, observando cómo el sol le daba de lleno al cabello y cómo Cara Melo no se le separaba ni medio metro. Ahí fue cuando tomé la decisión. Si íbamos a vender al animal, entonces al menos le daremos una ultima tarde de paseos.

—Bueno— Dije finalmente, carraspeando. —Pensé que… podríamos ir a comer algo. Los tres.—

La plaza daba directamente a una calle ancha de tierra compactada, flanqueada por tabernas bajas, locales de madera y algunos puestos improvisados con toldos. No todos los caminos eran aptos para mí; algunos balcones sobresalían demasiado, otros tenían postes frágiles. Pero más hacia el oeste, cerca del borde del pueblo, recordaba haber visto un par de locales abiertos, con mesas afuera, casi sobre la arena.

Me incorporé despacio, cuidando de no golpear la fuente con la rodilla, y extendí la mano abierta frente a MM y Cara Melo, la palma hacia arriba, como una plataforma estable.

—Suban— Les dije. —Así avanzamos más rápido y buscamos un lugar donde podamos comer afuera. No pienso meterme en ningún local cerrado… ya rompí suficientes cosas sin querer.—

Avancé con pasos medidos, cada uno hundiéndose apenas en la tierra, levantando pequeñas nubes de polvo. Desde mi altura podía ver claramente el terreno: calles irregulares, desniveles suaves, barriles apoyados contra las paredes y gente que se apartaba con rapidez al verme pasar. No había peligro inmediato, pero sí obstáculos menores que requerían atención constante.

—MM— Añadí, girando un poco la cabeza para verla sobre mi mano. —Ayúdame a elegir un lugar. Algo tranquilo, con mesas resistentes… y que no tenga problema con animales grandes.—

Cara Melo resopló, como si entendiera, y acomodó mejor sus patas sobre mi palma. Sentí su peso y ajusté la mano para que no resbalara. El sonido de la fuente quedó atrás y fue reemplazado por risas lejanas, música desafinada y el olor a comida que empezaba a mezclarse en el aire: pan, verduras asadas, algo de pescado seco.

Caminé despacio, sin apuro, disfrutando ese momento extraño de calma antes de la tormenta emocional que sabía que venía.


RE: Adios, mi capitan - Pasado [Priv. MM] - Maria Merlot - 27-12-2025

Narrador / María Merlot

……………………………………………………..

El gigante y ella tenían una buena relación.
El gigante y ella tenían el buen corazón en común.
El gigante y ella sabían comunicarse…

Eso le gustaba del grandote, él la escuchaba con paciencia, aunque algunas veces parecía que no podía seguir sus revoluciones, él jamás perdió la paciencia y hasta fue muy paternal. El rojo en su cabeza le hacía rememorar un recuerdo lejano, muy lejano, perdido entre los sedimentos de su pasado. ¿Exactamente qué? No podía discernirlo, pero algo con el color escarlata tenía que ver. Ignorando ese destello de “algo”, esperaba las indicaciones del hombretón, al cual aun tenia abrazado de la porción de zapato que abarcaban sus brazos.

— Entonces seguro estabas muy aburrido sin nosotros — le replico sacándole la lengua de manera juguetona cuando los llamo ruidosos. Lo cierto era que en los pocos días que había estado con Cara Melo lo había adoptado, no como una mascota, sino como un hermano revoltoso con el que podía pasar horas, hasta le había estado enseñando a nadar. Ella jamás había tenido a su cuidado a nada ni a nadie, sentía que debía protegerlo y cuidarlo como la existencia valiosa que era.

Cuando se separo de Thrym-sama el animal hizo lo mismo, posicionándose a su lado, metiendo su gran hocico entre su cabellera celeste, le gustaba hacer eso. Ella solo pudo reír con encanto por el cosquilleo de su nariz y pelaje.  El gigante confirmo su sospechas, los había citado ahí para ir a comer los tres. Ella solo pudo dirigirle una enorme sonrisa — Comer me parece perfecto, busquemos un sitio dónde vendan helado y papas fritas, pero helado natural, solo jugo congelado… y para ti quizás algunas manzanitas muy rojitas — comento viendo al Komashika al tiempo que dejaba al gigante levantarse, siempre resultaba divertido verlo moverse en los pueblos humanos, porque era como una muñeca enorme en la casa de una muñeca pequeña.

Le tendió la mano, y la semi sirena no dudo en subirse. Nunca dudaba si se trataba de algo que solicitaban sus nakamas, además, estar sobre el gigante siempre le daba unas buenas vistas, su lugar favorito, cuando estaban juntos, era allá arriba en su hombro — ¿Ya rompiste cosas? ¿Dónde? ¿Cuándo? ¿A quién? No puedes decir eso sin contarnos a que local no hay que ir nunca mientras estemos aquí; como se atreven a no ser Giganfriends — bromeo, aunque lo ultimo lo dijo con una nota de indignación, su amigo pelirrojo también merecía ir a lugares bonitos sin preocuparse por el tamaño de su trasero — Claro que sí, Capitán Thrym — la chica se levantó, y acatando la petición del navegante coloco sus manos en forma de binoculares sobre sus ojos y empezó a rastrear sitios con las características solicitadas  — Pequeño, pequeño, pequeño, cerrado, cerrado, pequeño pequeño, cerrado, cerrado, feo, pequeño, opaco, cerrado, cerrado…  — iba diciendo, como un radar solo le faltaba hacer Biip Biip Biip.

Como Cara Melo se había sentado en la palma de la mano del gigante, María salto y se sentó en su lomo, como si de un trono se tratara. El Animal solo giro la cabeza y lamió sus piernas mientras ella continuaba buscando con sus binoculares imaginarios — ¡Eureka! — exclamo señalando a lo lejos, ya retirados del pueblo, un restaurante abierto, con un grupo de comensales, suficiente para que el chef le prestará toda la atención al estomago de un gigante — ¿Qué les parece? Podríamos sentarnos ahí afuera y ver el paisaje whiskipeakno… voy a preguntar si con Giganfriends y CaraMelofriends — propuso saltando del lomo del Komashika, luego salto al pantalón del gigante, agarrándose de la tela para deslizarse hasta una altura que le permitirá tirarse al suelo sin hacerse daño. Lo cierto, era que ella podía saltar casi los 25 metros que media el navegante.

Al aterrizar, con una perfecta y gracial postura, se acomodó el largo cabello celeste y camino hasta la entrada, una pierna delante de otra, un vaivén elegante e hipnótico, las pocas mesas ocupadas quedaron en silencio, todos los ojos estaban sobre el hermoso ángel que acababa de bajar de aquel gigante pelirrojo. Un par de suspiros, y un hombre de mediana edad salió a su encuentro, al verla sus mejillas se bañaron de un suave tono carmesí. Intercambiaron varias palabras, y luego el hombre los guio a una zona dónde quito varias sillas y mesas, solo dejando una donde se sentaría la joven, ya que para el tamaño gigante no tenía nada que ofrecerle, pero con amabilidad saco cojines, muchos, de quien sabe dónde, y aunque no abarcaría el trasero de Thrym el gesto se agradeció con el corazón.

— ¡También quiero sentarme en un cojín, FoFoJo! — solicito la chica con una gran sonrisa dejando la silla y tomando uno de los cojines que trajo el llamado FoFoJo — Son muy cómodos, deberíamos comprar algunos para el barco… — soltó sentándose con las piernas cruzadas sobre uno, mientras el Komashika se sentaba detrás de ella como si quisiera actuar como su espaldar, a lo que ella solo lo acaricio con la diestra — … a mi me traes papas fritas con helado natural. No uses nada que hubiera estado vivo, soy vegana, FoFoJo — le solicito al hombre, que con una sonrisa embobada solo asintió a la petición de la encantadora dama — …y trae frutas, un cuenco de frutas para Cara Melo — pidió para la amada mascota, luego miro al gigante esperando su petición, que seguro consistiría en: todo lo que hay en la cocina.

Mientras esperaban una conversación más allá se dejo escuchar, unos oriundos de la isla hablando sobre un banco y los buenos créditos que daba — Thrym-sama… desde que llegamos no hemos tenía tiempo de pasarla juntos, me alegra que ahora podamos compartir un momento entre nakamas. Aunque no hablemos de lo sucedido, quería agradecerte, sin ti no hubiera ido al Dojo del Maestro Bacalao, ir hasta allá no solo me permitió conocer nuevos amigos sino entender mejor mis… capacidades. ¿Sabes? Siento que mi cuerpo me habla, me pide más y más… — la chica se miro las palmas de las manos, antes cuando pensaba en el agua, solo la sentía como parte de su esencia, ahora el agua era más… mucho más, y debía seguir desarrollando esas habilidades — Ojalá pudiese encontrar a otro Maestro que me enseñe… más cosas. Si el primo dorado no hubiera sido malvado nivel proporcional a su belleza, porque era tan radiante como cruel, seguro le hubiera pedido que me ayudara… pero bueno, él quería matarnos a todos… a Brownie, a mi esposo, a mi hermano, al peluche… a mi… a todos... detalles — suspiro como si estuviera hablando del clima, y no del circo de la masacre orquestada por quien sabe mente macabra.

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RE: Adios, mi capitan - Pasado [Priv. MM] - Thrym - 22-02-2026

Debo decir que caminar por Whisky Peak es como tratar de cruzar un cuarto lleno de estantes con cristaleria fina sin tirar ni romper nada. Cada uno de mis pasos levanta una pequeña nube de polvo de esa tierra compactada, y tengo que andar con un ojo en el suelo y otro en los balcones de madera, que me quedan justo a la altura de las rodillas. Es un pueblo curioso, lleno de tabernas bajas y puestos con toldos que parecen pañuelos desde aquí arriba, pero al menos el aire huele a pan recién horneado y a ese aroma a pescado seco que tanto me recuerda a mis días en el mar.

Llevo mi mano derecha extendida frente a mí, manteniéndola tan firme como una cubierta de madera, permitiendo que María y Cara Melo viajen como si estuvieran en un palco de primera clase. Siento el peso escamoso del Komashika y las pequeñas pisadas de MM sobre mi palma, mientras que mis pisadas, bueno.... Debia andar con un ojo en el suelo para no aplastar un barril o algun desafortunado que no haya notado mi presencia.

María no para de hablar. Es como una lluvia de verano: constante, ruidosa y a veces un poco abrumadora, pero de la que no puedes evitar disfrutar mientras te mojas. Me pregunta de todo. A veces la miro de reojo, sorprendido de que no se quede sin aire o sin saliva después de soltar tantas palabras por minuto. Es increíble la energía que tiene esa pequeña, me hace sentir que mis sesenta y cinco años son apenas un suspiro en comparación con su entusiasmo.

La escucho con una paciencia que solo te dan décadas de pescar; a veces me pregunto si sus pulmones son más grandes que los míos, porque no parece necesitar aire para encadenar una frase con otra.

Llegamos finalmente a la zona que MM ha divisado. Es un área abierta, justo lo que necesitaba para dejar de sentirme como un pulpo en una botella. El restaurante tiene una amplia terraza exterior sin techo, situada sobre una extensión de arena fina que se mezcla con el polvo de la calle. Hay mesas de madera pesada y sillas que parecen astillas desde mi perspectiva, pero el espacio es lo suficientemente generoso para que pueda moverme sin derribar la estructura principal, que es una construcción sólida de madera.

Me detengo a unos metros de las mesas exteriores, calculando el espacio para no levantar una nube de arena sobre los clientes. Me inclino lentamente, apoyando una rodilla en el suelo, lo que provoca un golpe seco que hace saltar un par de cubiertos en las mesas cercanas, y extiendo la mano para que María y Cara Melo puedan bajar. Aun asi, MM ya se me habia adelantado, saltando de mi mano y deslizandose por mi pantalon hasta caer al suelo, agil como un gato, para luego entrar al restaurante. Mientras tanto, Cara Melo que no tenia la misma agilidad, si descendio de mi mano y comenzo a olfatear el ambiente. El aire aquí huele a grasa de res, especias fuertes y ese toque ahumado de la leña quemada, lo que hace que mi estómago suelte un rugido que suena más como una fuerte tormenta que como un proceso digestivo.

MM salio de alli luego de unos minutos, acompañada de un hombre de mediana edad, con el rostro curtido y una calma poco habitual para alguien que tiene a un gigante frente a su negocio, sale a recibirnos. Es FoFojo. Trae consigo un montón de cojines grandes, de esos que suelen usar para las zonas de descanso en el suelo, y los va apilando con cuidado sobre la arena en un sector exterior del restaurante mas amplio y apto para mi. Le doy las gracias con un gesto de cabeza, apreciando el detalle; no todos los humanos son tan considerados con la comodidad de alguien de mi tamaño.

Me siento con las piernas cruzadas, en la clásica postura de indio que solíamos adoptar en Elbaf cuando nos reuníamos alrededor de las hogueras. Mis rodillas quedan a la altura de los aleros de las casas contiguas, pero al menos así mi centro de gravedad es bajo y no corro el riesgo de caerme sobre el local si el hambre me da un mareo.

Apoyo los antebrazos sobre mis muslos y miro al hombre, que se mantiene firme con su libreta en la mano. MM ya se ha acomodado a mi lado, y Cara Melo parece estar disfrutando del ambiente. El aroma que sale de la cocina es demasiado tentador para andarse con rodeos. —Dime una cosa, amigo... he oído rumores de que aquí tienen un reto para los que no se llenan con un simple plato de pescado. ¿Qué es eso de que si te lo acabas rápido sale gratis?— Pregunte, arqueando una ceja pelirroja con curiosidad.

El hombre se ajusta el delantal, me mira de arriba abajo y suelta una pequeña sonrisa desafiante. —Señor gigante, aquí tenemos el "Desafío del Rey Gloton de Whisky Peak"— Responde FoFojo con voz clara y profesional. —Consiste en una bandeja de hierro de un metro de diámetro rebosante de estofado de buey, cinco hogazas de pan de leña, una fuente de verduras asadas y un barril de cinco litros de nuestra cerveza más fuerte. La regla es sencilla: si deja la bandeja limpia en menos de treinta minutos, todo es gratis y grabamos su nombre en la valla de la entrada como el mayor glotón de Whisky Peak. Si no... bueno, el precio es tan grande como usted—

Escucho la descripción y noto cómo mis tripas dan un vuelco de pura alegría. Treinta minutos era mucho tiempo para mi. Miro a María, que parece divertida con la situación, y luego vuelvo a mirar al mesero.

—¡Guh-huh-huh! Media hora me parece demasiado tiempo, podrías quedarte sin existencias antes de que el reloj marque el final. No me traigas una de esas bandejas, FoFojo. Tráeme diez.— Sentencie, dándome una palmada en el muslo que levanta un pequeño eco por toda la calle.

Ya con todo ordenado y FoFojo yendose con la orden, podian relajarse mas con MM. Aunque bueno, si es por relajarse con MM seria dificil por que la misma coemnzo a parlotear otra vez sobre los eventos pasados. 

—La verdad es que se siente bien estar así, simplemente sentados en un restaurante, sin tener que analizar cartas maritimas ni navegar barcos.— La miro con calma, dejando que mis manos descansen sobre mis rodillas mientras el vapor de la cocina ya empieza a flotar hacia nosotros con promesas de carne asada y cerveza fría. —No tienes que agradecer nada, María; eres una de los nuestros, y los gigantes no dejamos que nuestros nakamas caminen solos.— Me resulta curioso, y hasta un poco inquietante, cómo habla de ese tal "primo dorado" y de su intento de masacrarnos con la misma naturalidad con la que alguien comenta que el viento hoy sopla de cara. MM tiene un corazón valiente, aunque a veces me pregunto si es consciente de lo cerca que estuvimos de ser historia en ese "circo" que menciona. —Sobre lo de buscar otro maestro, no te preocupes; el mar es el profesor más exigente que existe, y ahora que somos libres, te aseguro que te dará todas las lecciones que tu cuerpo te está pidiendo. Y quédate tranquila, que mientras yo esté cerca, nadie va a tocarles un pelo a ustedes. Son mi nueva familia ahora.—


RE: Adios, mi capitan - Pasado [Priv. MM] - Maria Merlot - 09-03-2026

Narrador / María Merlot

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Señor gigante, aquí tenemos el "Desafío del Rey Gloton de Whisky Peak".

La voz del mesonero atrajo la atención de la hermosa sirena de largas hebras celestes. Ese desafío sonaba a algo que el gigante pelirrojo podría ganar con una mano atada a la espalda, y la otra en la cintura; Si, sin manos, solo su enorme boca engullendo todo a su paso. El pensamiento la hizo sonreír aún más, ella era risueña, alegre y extrovertida por naturaleza. No intervino, solo se removió sobre el cojín, acomodando una de las mangas de su camisa amarrilla floreada, que dejaba ver sus hombros y las preciosas escamas azules, que, al estar expuestas al sol, resplandecían como joyas.

El sol la bañaba, y la calidez de su mirada se dirigió al Komashika que descansaba a su lado. La mascota de Thrym, una que gano mientras iban de una isla a otra en el South Blue, se había convertido (en esas pocas semanas) en alguien muy especial dentro del corazón de la mestiza; quien tenia una predilección por los animales en general, y los peludos en particular. Claro, si tenía que golpear a alguno para salvarse, lo haría sin dudar… con todo el pesar de su corazón.

Cuando el hombrecito que los atendía describió el platillo del desafío, los ojos de María se abrieron poco a poco. Un metro de diámetro, era más de la mitad de su altura. Llevaba tantas cosas, aunque ella solo pensó que podía ayudarlo con las verduras, el buey y todo lo que hubiera estado vivo, corría por cuenta del gigante, ella desde hacía muchos años había tomado la decisión de volverse vegana… luego de que las circunstancia la llevaran a comer algo que no se atrevería a decir en voz alta. 

— ¿Treinta minutos? ¿Diez Minutos?— repitió soltando una risa encantadora, que atrajo la atención del hombre, haciendo que al mirarla se sonrojada inmediatamente, después de todo, estaba delante de una mujer que no solo podía ser etiquetada de Bella, sino de etérea y divina — Tengo una mejor idea… que sean cinco minutos y veinte bandejas de comida.  Si Thrym-sama lo logra, que el desafío cambie el nombre a Reto del Gigante Thrym, Comelón de Whisky Peak. Y coloquen una foto de él en la entrada, que todos sepan quien es el estómago más rápido de esta isla, además de no pagaremos nada, como dijiste antes… — propuso con evidente emoción en su voz, levantando la mirada para encontrar a su nakama — … si él pierde, entonces… yo — guiñándole uno de sus orbes hizo silencio para proceder a levantarse y subirse a una de las sillas para usarla como pódium — ¡Bailare Twerking para todos! — dijo elevando su voz con alegría y encanto, atrayendo la atención de todos, o mejor dicho, de los pocos que aún no habían reparado en el gigante, pero sobre todo en la hermosa muchacha.

De pronto todos aplaudieron, vitorearon, soltaron suspiros y le lanzaron piropos, que María acepto con coquetería, haciendo corazones con sus manos, y señalando a todos los comensales — … están invitados a mirar a mi Nakama ganar — comento guiñando uno de sus ojos a nadie en particular, para proceder a bajarse de la silla y mirar al mesonero — Vamos vamos, que ese reto no se ganara solo — le solicito haciendo que se retirara a cumplir con la comanda.

...eres una de los nuestros, y los gigantes no dejamos que nuestros nakamas caminen solos.

Mientras esperaban, la conversación paso de lo extrovertido a lo más íntimo. Esas palabras calaron en su corazón, nunca había sido parte de algo, no del lado bueno de ese “algo”. La chica, aprovechando que estaba de pie, se acercó al gigante sentado, y tal como hizo cuando se encontraron, intento abrazar una parte de su enorme pierna; en busca del consuelo físico que aquella afirmación le dio a su alma — … ¿incluye a Cara Melo? Él también es nuestra familia… — pregunto, dando un paso atrás, para mirarlo con sus cristalinos ojos ámbar. Antes que de respondiera la chica volvió a su cojín — … Thrym-sama, si alguien se atreve a tocarme un solo cabello, lo acusare ante ti… ¡La sentencia del aplastamiento del Gran Thrym! Lo dejará como un papel — comento entre risas suaves tomando las dos trenzas de la parte delantera de su cabello — … ¿Te digo un secreto? Ganes o pierdas igual bailare twerking — confeso con un brillo travieso, se lo dijo en un susurro. Ahora solo quedaba esperar a que empezaran a llegar las bandejas, medir el tiempo y saber si el gigante era capaz de comerse veinte raciones del desafío en cinco minutos.



RE: Adios, mi capitan - Pasado [Priv. MM] - Thrym - 09-03-2026

Sentado sobre esa montaña de cojines que FoFojo había apilado para mí, tratando de prepararme mentalmente para el reto de diez bandejas en media hora; después de todo, soy un gigante y mi estómago tiene una reputación que mantener. Respiraba relajadamente hasta que MM tuvo que abrir su gran bocotá.

María empezó a hablar. La miré de reojo mientras se reajustaba esa camisa amarilla de flores que dejaba ver sus escamas azules brillando como zafiros bajo el sol. Al principio sonreí, pensando que solo estaba dándome ánimos, Pero luego, esas palabras resonaron en mi cabeza:

Cinco minutos
Veinte bandejas

Abrí los ojos de par en par, mirándola fijamente con una mezcla de horror y absoluta incredulidad. ¿Cinco minutos? ¿Veinte bandejas? Me llevé ambas manos a la cabeza, hundiendo los dedos en mi cabellera pelirroja y apretando con fuerza. ¿Por que mierda permitía que MM hablara por mi? ¿Qué no había aprendido nada en estos meses viviendo con ella?

La plaza estaba llena de gente que ahora nos miraba con una curiosidad morbosa, y el terreno arenoso bajo mis pies parecía vibrar con la emoción de los comensales que ya empezaban a apostar. María estaba completamente loca, y lo peor es que lo decía con esa sonrisa radiante que hacía que todos los hombres a su alrededor se pusieran rojos como tomates.

Pero lo que terminó de hundirme fue escuchar lo del "twerking". No sabía exactamente qué era ese baile, pero por la reacción de la multitud y la picardía en su mirada, supe que no era algo que un gigante honorable quisiera ver asociado a su nombre en una apuesta pública, y menos propuesto por la que se supone que es su amiga y fiel compañera.

Me agarré los largos mechones de mi barba y de mi pelo, desesperado, y bajé la cabeza hasta que mi rostro quedó a escasos centímetros del suelo, justo frente a ella. Mis ojos, usualmente alegres, estaban casi llorosos por la angustia. —¡María, por las barbas de mi padre, estás loca!—  Le susurré con una voz que, a pesar de mis intentos por ser discreto, debió sonar como un trueno sordo para los que estaban cerca. —¿Cinco minutos? ¡ESTAS LOCA! ¡Y deja de prometer bailes raros, que me vas a dar un disgusto antes de probar el primer bocado!—

Tratando de calmar el nudo que se me había formado en la garganta del disgusto de la situación y agarré el barril pequeño, que en mi mano no era mas que un dedal, que me habían traído de cortesía. Justo cuando le daba un trago para intentar relajarme, la escuché preguntar si Cara Melo también era familia. El agua se me fue por mal camino y empecé a toser con fuerza sobre las cabezas de los curiosos sobre las mesas de madera más cercanas. Me golpeé el pecho con el puño, tratando de recuperar el aire, mientras el Komashika me miraba con esos ojos grandes y tranquilos. Apenas me estaba recuperando de ese atragantamiento cuando ella se acercó para confesarme al oído que bailaría igual aunque yo ganara. Volví a toser, esta vez con más desesperación, sintiendo que la situación se me escapaba de las manos completamente.

El entorno se volvió un caos cuando FoFojo apareció liderando una verdadera comitiva de mozos. Eran al menos una docena de hombres cargando las pesadas bandejas de hierro de un metro de diámetro. Las fueron colocando frente a mí, sobre unas mesas reforzadas que habían traído a toda prisa, creando una muralla de comida que desprendía un vapor intenso y delicioso. Había estofado de buey rebosante, montañas de hogazas de pan de leña, fuentes de verduras asadas y barriles de cinco litros de cerveza que ya empezaban a sudar por el frío. El olor era increíble, pero la presión de los cinco minutos pesaba más que todo el hierro de las bandejas.

Miré a mi alrededor una última vez. Los balcones de madera de las tabernas cercanas estaban llenos de gente asomada para ver el espectáculo. Demasiada gente hacia que la presión sobre mis hombros aumentara.

¿De que servía ganar si igualmente MM iba a mancillar mi honor?

El mesero, tras asegurarse de que las veinte raciones estaban dispuestas, levantó una mano y dio la orden de inicio.

—COMIENZA EL TIEMPO—

No tuve tiempo para más quejas ni para más dudas. Lancé un último vistazo de "te odio un poco ahora mismo" a MM y me lancé sobre la primera bandeja. Agarré dos de las hogazas de pan, las partí al medio y las usé como cucharas improvisadas para engullir el estofado de buey a una velocidad que nunca antes había intentado. El sabor era potente, la carne estaba tierna y el caldo tenía ese toque de especias que te quema un poco la lengua, pero no tenía tiempo para saborear. Entre bocado y bocado, agarré el primer barril de cerveza, le arranqué la tapa de un mordisco y lo vacié en mi garganta en tres segundos.

Tenía que ser el estómago más rápido que Whisky Peak haya visto o morir en el intento. Maldita sea, MM.


RE: Adios, mi capitan - Pasado [Priv. MM] - Maria Merlot - 15-03-2026

Narrador / María Merlot



¡María, por las barbas de mi padre, estás loca!


La frase del gigante la hizo reír, tan encantadora como ella misma era. Sabía que él jamás se lo diría de manera despectiva, solo había algo más grande que el pelirrojo y era su corazón — … ¡Te he visto comer mucho más que eso, Thrym-sama! — le replico limpiando las lágrimas de su risa mientras se acomodaba en su mullido cojín — … solo debes hacer lo que siempre haces: comer, comer, comer sin detenerte. ¡Será todo gratis! El mejor negocio hasta ahora en Whisky Peak, si me lo preguntas — comento haciéndole un corazón con las manos, lo hubiera abrazado, pero él era enorme — … no te preocupes, estarás bien, confiamos en ti — le musito al ver su expresión llena de angustia, ella no entendía su reacción, supuso que a veces hasta el mejor cazador tenía… dudas de sus capacidades, pero ella no tenia ninguna, su amigo podría con veinte, treinta, cuarenta y hasta cien de esas bandejas — … No son bailes raros, es danza divertida… pero si te perturba, no lo haré… aunque si pierdes tendré que hacerlo, una promesa es una promesa y yo siempre las cumplo… — se encogió de hombros, ella no engañaba a nadie… intentaba no hacerlo la mayoría de las veces, así que sin importar qué cuando decía que haría… entonces lo hacía.

El gigante estaba actuando extraño, a esa altura era obvio hasta para ella. María inclino la cabeza hacia la derecha y entrecerró los ojos unos milímetros cuando lo vio ahogarse con agua, justo cuando ella le había preguntado si Cara Melo era familia. La tos, proveniente de alguien de su tamaño, fue como el rugir de un volcán en erupción. Antes de ella poder preguntarle si estaba bien o porque no le respondía lo del Komashika, llego el camarero con las veinte bandejas. El espectáculo estaba por comenzar.

María se levantó, con la diestra echo su largo cabello hacia atrás. Se subió a una de las sillas, con su belleza sin igual atrajo las miradas sin abrir la boca — ¡Todos, todos! Acérquense, vean como mi nakama gigante gana este reto multiplicado por cinco. ¡Vamos, vamos Thrym! El honor de Alban Elbaf está en tus manos. ¡Comeeeeeeeeeeeeeeeeeeee! — invito con su sonrisa y alegría a los demás comensales para ver el espectáculo.

COMIENZA EL TIEMPO
La voz del camarero dio inicio al reto culinario del pelirrojo. María se quedo viendo con admiración al hombre. Ella confiaba plenamente en que él lo lograría y sin problemas, engullir... eso sería facilísimo para él. Así que empezó a animar a la multitud, que la seguían hipnotizados y quienes compartían la euforia de la hermosa semi sirena.

— ¡A LA BIM A LA BAM A LA BIM BOM BAM THRYM THRYM RRRA RRRRA RRRA! — no solo era la voz de la mestiza, era el coro de los espectadores, hasta los cascos de Cara Melo golpeando contra el suelo, todos apoyando a la enorme mole de amor.