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[Pasado | Social | Uker] Kung Fu Rabbit (All this words are wrong) - Versión para impresión

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[Pasado | Social | Uker] Kung Fu Rabbit (All this words are wrong) - Mei Blackclaw - 18-12-2025

Verano, Año 16

Otro día en la Isla del Karate, otro día en que Mei realmente no hacía mucho con su vida. Pájaros cantando, gente trabajando en los arrozales y entrenando en los dojos, y la chica liebre permanecía sentada en la playa, mirando al horizonte. Vestida en nada más que la ropa interior que venía usando de pijama los últimos días, su pelaje despeinado y aplastado en parches irregulares, sus usualmente enormes y expresivos ojos entrecerrados y apagados. Hoy no era un buen día.

Ya hacía unos cuantos meses que su papá había sido arrestado en uno de los muelles de esa misma isla, llevado a prisión o potencialmente a ser ejecutado, Mei dudaba llegar a saber cuál de los dos. Y en lugar de seguir su camino como dicho posible difunto querría, la Mink sólo... Permanecía. Abusando un poco de la hospitalidad de un viejo amigo de dicho padre, la Mink llevaba ya meses en la isla, haciendo poco más que ayudar en la casa o echando una mano a las cosechas de arroz. Tal vez fuese por la devastadora pena de posible perdida, tal vez fuese por un terco sentido de esperanza y una infundada ilusión de que él hombre volviese a ella, o tal vez simplemente era cansancio de que la vida le mostrase la peor mano posible. Fuese lo que fuese, lo único claro era que Mei estaba pasando un mal rato, una fuerte decaída en el mismo pozo depresivo en que había estado aquellos primeros días. Pero no podía seguir así.

- ¡Ugh, vamos Mei, levanta tu estúpido trasero! -Sin delicadeza alguna, la Mink de golpe gritaría, palmaendo sus mejillas con sus enormes y pesadas manos, probablemente con mas fuerza de la necesaria. Dando un aun más fuerte azote con sus puños contra el piso, lanzando arena por los aires -Y llenando su pelaje de esta misma-, la enorme Mink se levantaría de golpe. Su pierna derecha empezaría a azotar el piso, golpeando en un ritmo consistente y acelerado, el resto de ella tieso y apretando los puños- ¡Papá no crío una maldita perdedora que se echa a llorar y morir! ¡Mi pá crío una luchadora! ¡UNA MAQUINA DE TOMAR LA VIDA POR LOS CUERNOS Y DECIRLE QUE ME BESE EL TRASERO! -Declaración poco decorosa, pero al menos una clara mejora de actitud. Su voz tenía una rara mezcla de frustración y auto reproche, con un deje de conviccion real Alzando los puños al cielo y separando un poco las piernas, volvería a gritar- ¡Ooossuu, suficiente lloriqueo! ¡Espíritu de lucha, ooooosuuuuu!

La imagen que seguiría tales gritos sería, bueno, tan bizarra como curiosa. La enorme liebre, aún en ropa interior porque su ropa estaba en dicha casa del amigo de su padre y se negaba a volver a buscarla, haciendo poses de Karate en medio de la playa. No del todo mal hechas, que si conocía la Isla del Karate era porque su padre la había llevado allí a entrenar, pero su definición de las artes marciales era más bien vaga y muy diluida por su estilo de pelea más salvaje. Pero si era impresionante ver a un ser de semejante tamaño realizar la mayor parte de las formas con decente fluidez, un espectáculo que realmente sólo podía ser encontrado en una isla como esa. No había realmente un punto a lo que estaba haciendo, no era entrenamiento real ni le servía para realmente pulir sus propias habilidades, pero era... Liberador.

Y así correría el rumor de una playa, donde una enorme chica liebre practicaba formas de karate... Y tal vez mas de un curioso iría esa misma mañana a ver, porque joder, si que habría mucho para ver.


RE: [Pasado | Social | Uker] Kung Fu Rabbit (All this words are wrong) - Rackham Uker - 27-12-2025

Por fin, por fin podía tener aquello que llevaba deseando por meses. Un deseo que se le escapaba de las manos como si de arena se tratara, un pedido escuchado por los cielos, por fin oído, por fin entregado.

Un maldito día libre.

Desde que llegaron a Karate que lo único que había hecho era trabajar o realizar tareas para la tripulación. No tenía problemas con hacerlas, siempre y cuando los demás también hicieran su parte, pero le era difícil no notar cómo sus esfuerzos no eran pagados por sus compañeros, o por una minoría entre ellos.

Ashveil sería el capitán de la tripulación, pero pocas cosas lo había visto hacer para traer dinero o víveres, Owen no dejaba de ser un joven problemático, tal vez lo enviaban a comprar un poco de ajo y volvía con la marina intentando capturarlo a él y a todos ellos. Jin… que le jodan a Jin, Maria Merlot se la pasaba en su jaula y alimentar a Thrym costaba más caro que cualquier cantidad de peces que pudiera pescar. Entre todos esos problemas, él debía trabajar para conseguir dinero, cocinarles y encargarse de tener los ingredientes necesarios para poder alimentar a una tripulación de esa magnitud.

Problemas que estaba empezando a pensar que no debería estar asumiendo.

Pero no hoy, hoy era su día de descanso. En su trabajo le dieron un par de días libres, dejó de aceptar órdenes de la tripulación y simplemente salió a vivir su soledad. Era verano, pero el ambiente no estaba tan sofocante como otros días, el aire que la playa y su frescura eran suficientes para quitarle el mal humor que tendría si tuviera que soportar lo abrasador del sol en su piel. Tomó aire, lo dejó salir con calma, cerró los ojos y sintió la brisa marina mover su flequillo lentamente, mientras que su cuerpo terminaba por sentarse en la arena, con las piedras cruzadas y la espada recta. Sus manos posicionaron la espada, aún guardada en su vaina, justo sobre sus piernas, para luego mover sus extremidades superiores hasta que sus palmas tocaron sus rodillas.

Meditación, una forma de entrenamiento que su maestro había tratado de enseñarle. Él ya no estaba, tampoco es que hubiera conseguido mucho avance en ese tema en los años que pasó con él, pero sus palabras y enseñanzas aún acompañaban al cocinero. Controlar su respiración, abandonar cualquier pensamiento que pudiera ocupar al completo tu mente, dejar que esta misma vague sin limitaciones entre recuerdos, ideas y todo lo que podría aparecer. La sonrisa de Maki, Akura invitándolo a tomar un trago, un poco de las clases de navegación que Thrym le daba, ese momento cuando escuchó a Hyakintos decir “el norte es a donde estoy mirando” y perdió las esperanzas de que su mente pudiera ser reparada.

No solo fueron recuerdos nuevos o bellos. El fuego, su espalda siendo marcada por el metal ardiente, el cuerpo de su hermana en sus brazos mientras ambos escapaban de su pueblo, una carta con una noticia horrible, el rostro de aquel marine que tanto detestaba, un grito…

Otro grito…

Otro más.

Sus ojos se abrieron lentamente, pues sabía que ese sonido no provenía de su mente. Giró su cabeza hacia la derecha, pudo ver un grupo de personas reunidas, como si observaran algo. No sería difícil volver a su entrenamiento, o tal vez buscar otro lugar donde pudiera tener silencio e intentarlo de nuevo, pero observó al horizonte un momento, cambiando de idea. El sol se encontraba más arriba, debían haber pasado unas dos horas desde que se sentó en esa playa. Cortar un entrenamiento a la mitad no era algo recomendable, pero concluyó en que debía estirar un poco las piernas, y acercarse a ese grupo tan emocionado sería lo que haría.

Siendo sincero por un momento,  el hombre tenía algo de curiosidad, pero no iba a admitirlo.

No tardó mucho en acercarse a esas personas, ninguna notó su presencia ni escuchó sus pasos, parecían un grupo de amigos y amigas, todos observando hacia un punto de la playa en especifico. En cuanto el muchacho siguió la mirada de los demás, se encontró con una persona, lo que suponía que era un mink, de grandes orejas, poca ropa y movimientos… ¿marciales? Estaban en Karate, la isla adecuada para practicar cualquier arte marcial o estilo de combate, pero no creía que la playa sea un buen lugar para algo así…

Y mucho menos andando con tan poca ropa frente a toda la gente.

Sus pasos rodearon al grupo, quienes se sorprendieron y soltaron un par de palabras en cuanto lo notaron acercarse a la mink. La arena marcó sus pasos, mientras se alejaba de ese grupo, pero las palabras provenientes de esas personas no tardaron en volverse hacia él.

- Veo que alguien quiere acompañarla -.

- ¿Van a luchar? Espero poder ver sus movimientos -.

- Dile que todos queremos probar sus curvas -.

El cocinero se detuvo, girando la vista hacia atrás y regalándole una mirada de cansancio al grupo de jóvenes pervertidos. Los vio sonreír y abrir la boca, pero antes de que pudieran preguntar o asumir algo, el sonido de su espada abandonando su vaina llenó el ambiente. Solo había usado su pulgar para empujar un poco la guarda hacia afuera, pero que lo mostrara claramente a los metiches, y que además su rostro no mostrara otra cosa que desprecio, fue suficiente para hacerlo callar, con algunos tragando saliva ante la amenaza.

Uker suspiró, devolviendo la katana a su lugar y girando su rostro de nuevo, ahora observando a la mujer conejo (asumía). - Dime… -. Era difícil decir algo, dada la situación. - ¿Quién eres? ¿Y porque entrenas sin ropa? -. Dudas más que razonables al ver a la ajena.