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Obsesión [Priv. Tezca] [Pasado] - Versión para impresión

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Obsesión [Priv. Tezca] [Pasado] - Hyákinthos - 19-12-2025

Día 3 de verano, Año 14

Se detuvo en la rampa, frente al calmo mar teñido de tonos naranjas.

El día empezó a morir y con él el bullicio de las personas que, al ver al rey de los cielos ocultarse en el horizonte, preferían el refugio que significaban las paredes cálidas de sus hogares que la brisa fría que calaba los huesos al, sin pedir permiso, colarse bajo la ropa.

En el puerto era más notable, el ir y venir tan continuo durante las horas en las que el sol brillaba sobre sus cabezas, disminuyó a tal punto que apenas se escuchaban pies arrastrándose al compás de redes que, a estas horas, habían sido vaciadas por sus dueños quienes se despedían de otros marineros que, por una noche, dejaban atrás el mar para despejar su mente en tierra; sin embargo, unos pocos osados reían mientras metían sus embarcaciones al agua, saludando al futuro océano nocturno con una sonrisa que declaraba que, pasara lo que pasara, no tenían miedo de saludar a unas cuantas olas necias en medio de la penumbra de la inevitable noche.

Visto desde afuera, la cotidianidad de la escena serviría para inspirar a un pintor o a un fotógrafo que busca capturar la belleza de la vida en la simpleza del día a día.

El mundo parece tan calmo, tan apacible…Tan contrario a su mente.

Sus ojos dorados mirando al horizonte, los que normalmente se perderían en el espectáculo que la coloridas nubes de la tarde pudieran ofrecerle, esta vez no les prestaban atención, pues sus pensamientos se resbalaban hacia un abismo rojo del que, fácilmente, no saldría.

El poco bullicio del muelle o los comentarios al azar de algunos pescadores que notaron su presencia a la orilla de la rampa del puerto, no fueron suficiente para despertarlo de la ensoñación en la que él mismo se había metido, de hecho, ni siquiera el frío viento, del que normalmente se quejaría, parecía importarle, no cuando su cuerpo empezaba a entrar el calor.

Su bolsa, en la que solía llevar insumos médicos, esta vez era ocupada en su mayoría por un par de grandes botellas de el ron más puro y concentrado que pudo encontrar en la licorería más cercana…una licorería barata, absurdamente barata, en la que en otro momento no habría pisado ni aunque le pagaran, pero que hoy…hoy fue su salvación.

Por supuesto, las botellas no estaban en su bolsa de adorno y las dos que aún permanecían cerradas solo eran un repuesto para la que yacía en una de sus manos, temblorosa, frágil, como si su perfecto pulso de cirujano hubiera desaparecido para mostrar ahora a un manojo de nervios que apenas podría sujetar con propiedad un bisturí si se lo propusiera en este instante.

—¿Por qué tuvo que hacerlo? —La pregunta se deslizó de sus labios con el mismo dejo tembloroso que la mano que sostenía la botella de ron y con un tono quebradizo digno de alguien que intenta contener el llanto pero que está llegando a su límite.

Tomó una gran bocanada de aire, pero el aire frío del crepúsculo solo le hizo recordar la fragilidad de la existencia de todos los que lo rodeaban, le hizo recordar la razón por la que la persona a la que tanto se había apegado, a la que tanto quiso, había dejado de respirar cuando, poniendo las cosas sobre una balanza, merecía más estar vivo de lo que él mismo lo merecía.

No pudo evitarlo más y de su garganta escapó un sollozo que mitigó al llevar, casi enseguida, la botella de ron a su boca, bebiendo un gran trago de una sola sentada. Una pésima idea para alguien tan poco resistente al alcohol.

El mareo y esa sensación nauseabunda de querer devolver todo lo bebido no se hicieron esperar, eran síntomas claros de que debía detener su arrebato. En otro momento habría escuchado a su cuerpo, pero ahora no podía, no cuando el calor de la bebida activó esas mismas memorias que estaba intentando borrar con un poco de ron.

Escuchó casi con claridad el momento en el que el cuerpo de su amado cayó al suelo, los músculos chocando con la madera fría, los huesos de la cabeza rompiéndose con el impacto, la sangre resbalando de su cráneo y manchando los hermosos rizos dorados que adornaban su cabeza, regándose hasta formar un charco que alcanzaron sus botas negras, las mismas que ahora llevaba puestas y en las que poco o nada se podían notar los restos rojizos del líquido que en su momento las mancharon.

—¿Por qué tuvo que decir eso? Todo iba tan bien, todo era perfecto… ¿Por qué son tan frágiles? ¿Por qué son tan emocionales? —Un nudo empezó a formarse en su garganta y ningún trago del ron que tomaba le resultaba más amargo que tener que tragarse el dolor de la pérdida de alguien a quien quería tanto…una pérdida que se pudo haber evitado.

Por un segundo dejó a un lado la botella de ron y se fijó en sus manos, la rojez de la tez de sus palmas solo sirvió para recordarle sus guantes blancos manchados de rojo; le hicieron ver, como si aún lo tuviera en frente, las pinzas, cuchillas, sierras y bisturíes cortando la carne de su amor con la facilidad con la que una tijera corta un trozo de papel. Cerró sus puños y, por un instante, percibió el calor de los órganos frescos siendo sostenidos, medidos y pesados, para ser dispuestos en esas frías cajas en las que se conservarían para la venta que él mismo había cuadrado para esa tarde.

¿Por qué tenía que ser la víctima perfecta?

¿Por qué lo eligió a él?

Simple, no debía sentir tanto por nadie y aquel hombre de rizados cabellos del color del oro, se estaba colando demasiado en su mente, en su corazón, un detalle del que se dio cuenta cuando este le dijo que lo amaba.

Soltó una risa amarga en medio del llanto que empezaba a aflorar.

Amor…un error que no puede permitirse, un error que debe eliminar de raíz cuando aparece.

Pero, si sabía que así eran las cosas consigo mismo… ¿Por qué le dolía tanto?

Sin pensarlo dos veces llevó una de sus manos a su pecho a la vez que mordía con fuerza sus labios, haciendo que estos sangraran en el proceso, pero todo con tal de evitar que los sonidos lastimeros que amenazaban con salir de su boca se escucharan en voz alta, aunque eso no quitaba el hecho de que su estado deplorable era más que notable, ahora aun más, ya que la fuerza con la que apretó la tela de su yukata roja hizo que esta se desajustara… ¿Le importó? No, no ahora.

Volvió a respirar hondo y, en consecuencia, aflojó los dedos de su yukata; poco le importó que una de las mangas de su ropa cediera revelando parte de su hombro, de todos modos, ya las luces de la tarde se habían desvanecido y ahora solo quedaba la penumbra de la noche… ¿Quién lo juzgaría? Cualquiera que estuviera por ese sitio a esas horas tal vez estuviera igual de borracho que él, así que, su único juez y verdugo sería él mismo.

Agachó la cabeza, notando por primera vez lo desarreglada que estaba su ropa, prestó especial atención a su pecho y ahí murió su concentración del presente. El pasado, las horas anteriores, volvieron a golpearlo y sintió con facilidad el peso de un corazón ajeno entre sus manos. Un corazón que, a diferencia del resto de órganos, no vendería…uno de los pocos corazones que conservaría.

Por un momento, a pesar de su mal olfato, sintió en sus narices el penetrante olor picoso del formol que usó para tratar de conservar aquel órgano que ahora debía reposar en lo alto de alguna de sus repisas. El único recuerdo que le quedaría de esa persona.

—Idiota —. La palabra simplemente salió de su boca y no sabía si se lo decía a él mismo o al difunto, después de todo, sus sentidos no estaban trabajando bien y la botella de ron que volvió a tomar entre sus manos y que llevó a su boca se encargaría de que así siguieran.

No quería prestarle atención al mundo, a nada, a nadie, quería vivir su “duelo” tranquilo y esperaba que así lo dejaran, a fin de cuentas, visto desde lejos era un desastre…uno que, a pesar de todo, mostraba la belleza que la tristeza solía esconder.

La melancolía le sentaba bien.

Sus ojos se volvieron más brillosos, sus mejillas, producto de la borrachera y del llanto, ardían con un rubor que parecía competir con la tela de su yukata y su rostro, a pesar de la aflicción evidente y de la sangre que resbalaba en un hilillo por su labio producto de la mordida que él mismo se hizo, seguro que, al igual que el atardecer de antes, podría inspirar a un artista o dos.

Pero ahí, en la rampa del puerto, cuando la mayoría había abandonado el lugar, seguro que podría gozar de algo de tranquilidad…daba igual su apariencia, daba igual su estado, dudaba que alguien se le acercaría.

Bueno…eso creyó hasta que los pasos de alguien más en la madera de la rampa lo hicieron girar su cabeza, con evidente molestia, para insultar de mil y un maneras a quien sea que se atreviera a incordiarlo, aunque ninguna palabra logró salir de su boca cuando sus ojos pasaron de la molestia al asombro y del asombro a la fascinación cuando observaron a quien interrumpió su “despecho”, después de todo, ni siquiera todo el alcohol que había bebido lo podía hacer sentir igual que el simple hecho de mirar al hombre a quien tenía ahora en frente.




RE: Obsesión [Priv. Tezca] [Pasado] - Tezca Norova - 27-12-2025

 
En el frío de la noche no había nada mejor como una buena botella de acompañante, no, de verdad: El alcohol proporciona calor y el calor hace que no tengas frio, simple pero efectivo. Pronunciaba esa verdad en la memoria como si realmente cambiara algo de mi situación actual: Apenas parecía que atardecería pronto y como si hubiera tomado gota alguna, mentira, había comprado aquel veneno por mero capricho, pero ni siquiera sentía que podía desenroscarlo para tomar.  Así que supuse que al sentir el frío del océano contra mi piel finalmente cedería ante los deseos de mi necedad.  
 
 
Horas antes, mientras terminaba de comprar un par de recuerdos, me movía no por nostalgia sino por un impulso casi mezquino: coleccionar pruebas, fragmentos, sensaciones que justificaran el viaje y, sobre todo, el precio emocional de haber obtenido información sobre el asesinato de mi tutor en aquella isla tan lejana a mi hogar. No eran simples objetos; eran anclas. Cada baratija, cada papel mal doblado, cada palabra susurrada tenía el peso de una verdad incompleta.
 
“La información viaja con las olas”, pensé. Siempre lo había creído. El mar guarda secretos, pero también los devuelve, erosionados, pulidos, a quien sabe esperar. Y como siempre, yo regresaba a él con ese conocimiento recién adquirido, aún salado, aún crudo. Eso era lo que hacía ahora. Pero antes, inevitablemente, tendría que pasar por el puerto.
 
Estaba iluminado con una luz artificial que intentaba imitar la luna y fracasaba. Faroles colgantes proyectaban sombras alargadas sobre la madera húmeda, y el olor a sal se mezclaba con alcohol barato, pescado viejo y humo. Personas aquí y allá: marineros con pasos torpes, risas rotas por el exceso; comerciantes que cerraban tarde, contando monedas con dedos cansados; figuras apoyadas en barandales, mirando el agua como si esperaran que algo o alguien emergiera de ella.
 
Había tomado una decisión, ir al lugar donde solía sentarme y esperar hasta que mi cuerpo se aburriera para ceder y perder el conocimiento. Bastante fácil, hasta que noté una figura… ¿masculina? En mi sitio. Al parecer para emborracharse y lamentarse ya me habían ganado.
 

Sostuve la botella de Whisky con fuerza mientras daba un par de pasos más cerca del desalineado pero hermoso hombre, entrecerrando ligeramente los ojos, analizando: Su piel era tersa ¿Tal vez era alguien con dinero? Su kimono lucía elegante y sus ojos expresaban que sufría, sus mejillas rojas ¿Le rompieron el corazón? Era difícil de descifrar cuando solo me miraba. —Pareces borracho, no, estás borracho y en ese estado te resfriarás, sobre todo si estás tan escotado ¿me entiendes? — Comenté suavemente, extendiéndole la mano con esperanza que la tomara para ayudarlo a levantarse. No me interesaba ser amable con un extraño, pero si estaba así de triste y se tiraba al mar sería problemático para mí, sobre todo si alguien más nos está viendo. — El verano puede llegar a tener noches traicioneras y el sol se esconderá pronto. — ¿Qué mierda hacía? Yo simplemente quería tomar.

  



RE: Obsesión [Priv. Tezca] [Pasado] - Hyákinthos - 15-01-2026

Un ángel o un demonio.

Tal vez un fantasma o una ilusión.

Quizá todo, quizá nada.

Para no ser alguien muy creyente en las supersticiones y en lo paranormal, en ocasiones estos lo envolvían como una araña a su presa, con lentitud, con elegancia, hasta que no pudiera moverse y fuera el veneno de la parálisis todo lo que ocupara el cuerpo, tal como ahora las ideas sobre el más allá y las casualidades son todo lo que ocupa su mente.

Debía asustarse, retroceder, negar la existencia de alguien con el poder para atraerlo con solo su presencia y unas pocas palabras de consuelo, pero no podía, mejor dicho, no quería hacerlo.

Por una sola vez, quería dejarse atrapar.

Sacudió la cabeza de lado a lado, negando con ello la existencia de quien tenía en frente, aunque, para este, seguramente el gesto pudiera significar una negación a la pregunta que le hacía.

¿Borracho?

¿Lo estaba?

Sí, no había caso en negarlo y, claro que entendía los peligros de tener tanta piel expuesta en las noches frías, todavía quedaba algo de claridad en su mente, la suficiente para saber qué hacía mal, pero no tanta como para detener sus acciones.

—No —. Su voz salió frágil como un fino cristal, temerosa, no por aceptar su ebriedad, si no por la idea de que, si le daba la mano al desconocido que lo tenía paralizado con su sola presencia, este desaparecería, pero, al mismo tiempo, viéndose tentado a comprobar si el roce de sus manos sería tan delicado como la porcelana y tan distinguido como el de un príncipe.

—Es decir, yo… —¿Desde cuando se le trababa la lengua al hablar?, ¿desde cuándo dejaba que su cuerpo gobernara sobre su mente?

No supo cuando ni como su mano se movió por su cuenta y, temblorosa, rozó sus dedos con los ajenos para luego enlazarlos sin la firmeza que en otra ocasión habría mostrado. Ya no era solo su mano, el resto de su cuerpo también decidió actuar por su cuenta, poniéndose de pie, solo para balancearse desequilibrado sobre la rampa del puerto y luchar porque las vueltas que daba el mundo a su alrededor no le afectaran lo suficiente como para caer sobre el rubio que… ¿Era real?

Sus ojos bajaron hasta donde su mano aún sostenía la ajena, apreciando por un instante la suavidad de la piel y el calor que emanaba de esta. Tan vivo, tan real.

El roce de sus dedos no resultó como lo imaginó. No, no es como que se decepcionara, por el contrario, la piel tersa le resultó tan exquisita como el suave rocío de la mañana y, la calidez que desprendía era como la llama de una vela que, en medio de la noche, se negaba a apagarse.

Se sobresaltó y, por inercia, soltó la mano contraria, tal vez creyó que sostenerlo por más tiempo rompería esa ilusión que el alcohol le brindaba. Retrocedió un paso y se apoyó en la barandilla del puerto; sin embargo, sus ojos, acuosos por el llanto y el licor, estudiaron con paciencia las facciones del ángel o demonio que aun yacía frente a él.

¿Por qué la duda?

¿Por qué le afectaba tanto la presencia de este hombre?

Notó entonces las hebras doradas de cabello que competían en belleza con un campo de trigo bañado por la luz del amanecer, el rostro delicado y, aún así, con contornos definidos que mostraban una dureza fusionada con la gracia de un ser que, para él, debió haber salido de un libro de fantasía…Si fuera un escultor, podría decir que habría encontrado a su musa, a alguien para inmortalizar en un trozo de mármol.

Y ¿Sus ojos? Una lástima que no pudiera verlos tras esos anteojos oscuros que llevaba puestos, pero solo podía imaginar que debían ser tan profundos como la inmensidad del océano que tenían frente a ellos y que, ahora, por decisión propia, decidía ignorar.

La presencia del desconocido le hizo dejar atrás, por el momento, la melancolía por los rizos amarillos —que ya no le parecían tan hermosos ni importantes—, que el mismo manchó de sangre solo unas cuantas horas atrás. Lo hizo navegar hacia el lado más recóndito de su mente.

Ese lugar que el comparaba con un pantano de aguas lodosas y espesas por las que avanzar era imposible y, en donde, los árboles altos tapaban cualquier luz que quisiera filtrarse entre sus hojas, pero quienes hoy, para su sorpresa, habían cedido un poco, dejando traspasar un mísero rayo de sol.

¡Claro! No era solo la belleza del hombre frente a él lo que funcionaba como un magneto, era reconocimiento.

No, no un reconocimiento casual, no era como ese que sentía cada vez que alguien lo saludaba y él tenía que hacer un esfuerzo mayúsculo por recordar rostro, nombre, situación y contexto en el que conoció a la persona, esta vez era distinto. Era un reconocimiento lejano, real.

—Luc... —Parpadeó un par de veces antes de que el nombre que empezaba a formarse en su cabeza se esfumara del todo cuando el mundo decidió que era momento de dar vueltas de nuevo, obligándolo a llevar una mano a su cabeza y enlazar sus dedos entre las hebras rosas de su cabello medio despeinado por su propio estado. Se maldijo, maldijo al alcohol y a su mala memoria. ¿Luc…qué? ¿Quién era Luc…algo? ¿A quién tenía en frente? Se mordió el labio con fuerza, en una actitud pensativa que se rompió cuando la piel de su boca dejó escapar un hilillo de sangre.

Sacudió su cabeza de nuevo y respiró hondo, debía calmarse, no podía hacer un espectáculo frente al que se había convertido en su momentáneo objeto de fascinación. Necesitaba claridad. Sí, eso, si quería saber con quién hablaba, necesitaba claridad.

El aire frío entró por su nariz y, aunque su cabeza aún se negaba a cooperar del todo con su cuerpo, algo de lucidez llegó a su maltrecha mente, la suficiente para darse cuenta del desastre que era, de lo despeinado de su cabello y de lo desaliñado de su kimono, el cual no tardó en arreglarse para cubrirse más el pecho y los hombros, intentando recuperar algo de dignidad.

—Sí, tienes ra…zón —. Su lengua volvió a fallarse haciendo que sus mejillas se sonrojaran, ya no por el licor si no por vergüenza, una que decidió ignorar para seguir hablando. —Las noches de verano suelen ser traicioneras, tanto como el alcohol —. Esta vez habló con más claridad, aunque aun había un tono pastoso que no podía ser ignorado con facilidad.

—¿También pensabas entregarte a ese vicio? —¿Por qué hacía conversación de algo más? Podía simplemente preguntarle quién era y por qué lo había ayudado, pero no, se desvió al ver la botella en la mano ajena, algo que lo hizo agacharse para tomar su propia botella de ron que había dejado en el piso de la rampa y que, desde su lugar, casi le rogaba porque de nuevo le prestara atención.

—Si a ti no te molesta, no me importa compartir, no con alguien que ha aparecido para darle un poco de belleza a mi tarde —. Para alguien que acostumbraba, en sobriedad, a hablar con meticulosidad y precisión digna de un cirujano, para evitar decir de más, ahora hablaba demasiado al azar, dejando que su corazón fuera el que gobernara, no…no solo eso, ni siquiera especificó lo que pensaba compartir… ¿Licor?, ¿Puerto?, ¿Compañía?

Bien, quizá no lo especificó porque pensó en todo eso a la vez.

Karma



RE: Obsesión [Priv. Tezca] [Pasado] - Tezca Norova - 06-02-2026

Sí, se veía borracho… o al menos completamente perdido.
 
Sus palabras tardaban en llegar como si algo muy lejos de aquí estuviera ocupando su mente. No lo apuré; le di su tiempo, porque había silencios que no se empujan sin romperlos. Parecía necesitarlo. Sus labios se movieron un par de veces antes de que algún sonido lograra escapar, como si quisiera decir algo importante y no encontrara el camino correcto hasta su lengua. ¿Un nombre? ¿Una indicación? ¿Alguna palabra en un dialecto que no reconocía? No lo sabía. Al final no terminó nada. Quizá solo era el balbuceo de un ebrio más… o quizá no.
 
Me apoyé contra la pared y crucé los brazos, observándolo con más atención ahora, dejando que la curiosidad ganara terreno. Era guapo. Innegablemente. El cabello rosa le caía por los costados del rostro de forma desordenada, suave, casi irreal bajo la luz. Tenía facciones delicadas, de esas que atrapan la mirada sin pedir permiso, el tipo de rostro que te obliga a mirar dos veces aunque no quieras. Y cuando se ruborizó, el color le subió por las mejillas de una forma que… carajo, combinaba demasiado bien, al igual que la sangre en su labio. Sin duda era su paleta de colores.
 
Fruncí un poco el ceño, evaluándolo. No parecía peligroso. Tampoco parecía del todo presente. Había algo en su expresión, una mezcla extraña de confusión y concentración, como si estuviera intentando recordar algo importante mientras el mundo se le escapaba entre los dedos.
 
Incliné la cabeza, estudiándolo desde otro ángulo y saqué el pañuelo de mi saco para extendérselo antes de comenzar a hablar. —Un poco, día de mierda, supongo que tú también ¿me entiendes? —
 
 
Suspiré, bajando la mirada hacia la botella en mi mano justo cuando él hizo lo mismo, como si ese pequeño gesto nos hubiera sincronizado por un instante. El vidrio reflejaba la luz de forma irregular, el líquido dentro moviéndose con pereza cada vez que la inclinaba, y por un segundo pensé que quizá ambos estábamos un poco perdidos ahí.
 
Luego alcé la vista hacia él. Sus ojos brillaban distinto ahora, más despiertos, más presentes, y cuando habló, cuando dejó caer esas palabras suaves, no pude evitar sonreír. Una sonrisa lenta, medida, de esas que no se entregan del todo. —Vaya… —murmuré, girando apenas la botella entre mis dedos. — ¿Eso lo dices porque estás borracho y solo? — Me incliné un poco hacia un lado, observándolo con descaro ahora, dejando que la cercanía hiciera el resto del trabajo. Abrí la botella y di un pequeño sorbo, más por darle algo que hacer a mis manos que por sed, y después volví a mirarlo, ladeando la cabeza.
 
—Ten cuidado —añadí con una media risa. —Si invitas a quien no conoces a pasar el tiempo contigo, alguien podría confundirte con un problema… y yo tengo la mala costumbre de meterme de lleno en ese tipo de situaciones. — Pero aún así no me alejé, mi respuesta era obvia. —Sigueme. — Comencé a caminar, colándome entre la playa y el puerto, para pasar por debajo del puente de madera, señalando un tronco olvidado y un ligeramente oscuro y olvidado espacio. —Es un poco oscuro pero nadie va a molestarte aquí.—



RE: Obsesión [Priv. Tezca] [Pasado] - Hyákinthos - 23-02-2026

—Gra… ¿Gracias? —. Tomó el pañuelo y miró con extrañeza la tela, sin entender porque se lo había dado, claro, él mismo obviaba, casi siempre, el daño que se provocaba con sus propias mordidas y; sin embargo, esta vez, a pesar de estar alcoholizado, entendió el gesto casi en segundos cuando, sin querer, se relamió apenas los labios para quitarse el gusto a licor y, lo que sintió, fue el sabor metálico de la sangre.
 
Se estremeció y en un gesto rápido, que casi pareció un respingo, llevó el pañuelo a su labio ensangrentado. —Lo…lo siento…puedo r…reponer el pañuelo —. Habló entrecortado antes de que fuera el rubio quién le respondiera a una pregunta que él mismo había hecho antes.
 
Lo miró con interés antes que con empatía y, al final, terminó parpadeando un par de veces por culpa de su pregunta… ¿Qué quería decir con si lo entendía? ¿Tan perdido parecía que el otro pensaba que no se estaba explicando con algo tan simple?, aunque…en verdad… ¿Lo entendía?
 
Sí, en un sentido estricto de la palabra, después de todo, hablan el mismo idioma, pero era más que obvio que el rubio no le estaba preguntando si entendía su idioma, si no…esa emoción, esa sensación de tener un día que era mejor olvidar rápido o, al menos, eso es lo que el pelirrosa creyó, aunque, si este le hubiera contado su historia, tal vez solo hubiera podido fingir empatía y, aun así, terminó asintiendo apenas un poco, haciendo que su cabeza se moviera con timidez y sus cabellos se deslizaran por sus hombros, respondiendo sin hablar a la pregunta hecha antes de llevar la botella de ron a sus labios y dar un sorbo más, como si eso terminara por confirmar su muda respuesta.
 
Separó la botella de su boca y, en ese instante, escuchó la voz grave del otro nombre, una nueva pregunta venía consigo y, esta vez, el alcohol en su sangre coopero para poder responder con más que gestos.
 
—No…no…no lo di…digo porque esté borracho y solo —dejó escapar una risita al final de aquella frase —, lo digo porque es cierto. Nadie…en…en este puerto había lo…logrado captar mi atención por su belleza, h…hasta ahora —. Nuevamente, sus palabras se trababan en su boca, pero la vergüenza de hablar se iba desvaneciendo… ¿Qué más daba? De todos modos, si el rubio también terminaba borracho, tal vez no recordaría nada al día siguiente.
 
Vio como el otro, como si tomaran turnos, era quien ahora daba un sorbo a su bebida. Lo observó, tal vez por más tiempo del necesario, aún con esa sensación vaga en su mente de que le recordaba a alguien que se negaba a presentarse con claridad en su mente y, de nuevo, apareció, en la punta de su lengua, aquellas tres letras que formaban ese “Luc…” que debía ser completado con información a la que no podía acceder, pero, entonces el recuerdo claro de alguien más vino a su mente, pero…no podía ser él ¿O sí? Hacía años que no lo veía…desde que lo entregó a la marina.
 
Su mente divagó de nuevo por unos segundos, sus ojos dejaron de observar al rubio frente a él para mirar el oleaje tranquilo del mar y, sus dientes, volvieron a morder la magullada piel de su labio inferior, pero no pudo ahondar más en sus recuerdos cuando escuchó una risa ajena, una que le hizo volver a mirar a su actual interlocutor.
 
No, este hombre, sea quien sea, no podía ser el recuerdo roto que se negaba a aparecer y tampoco podía ser su viejo amigo…porque el primero no sabía si era real y, el segundo, seguro se tiraría al cuello para matarlo si lo encontrara tan vulnerable en un puerto cualquiera, en cambio, este hombre que tenía frente a él lucía tan…relajado…tanto que, inevitablemente, el médico también terminó sonriendo de medio lado al escucharlo hablar.
 
—¿Parezco alguien que causaría problemas? —De algún modo, esas palabras salieron de su boca con más claridad de la esperada, tanto que el mismo se sorprendió, aunque lo disimuló bien gracias a esa sonrisa que se había dibujado en su cara segundos antes. —Aunque si es lo que lo atrae…supongo que puedo empezar a ser más problemático —. Definitivamente, el licor lo hacía decir estupideces de las que, estando sobrio, se arrepentiría…si pudiera recordarlo.
 
Aún con esa sonrisa bobalicona en su rostro, guiándose, simplemente, por aquella invitación de un completo desconocido cuyo nombre desconocía, tomó la maleta que tenía en el piso, sujetó con más fuerza la botella en su mano y siguió al rubio.
 
Al caminar, dio tumbos y, más de una vez, tropezó con sus propios pies o con resquicios de madera sobresaliente del suelo del puerto, hasta que sus pies tocaron la arena irregular y pasó por debajo de un puente, aun tropezaba cada dos por tres y no, quizá no era solo por haber estado bebiendo, si no porque sus ojos no estaban enfocados en el camino, si no en el cabello rubio de aquel hombre que lo guiaba hasta quien sabe dónde. ¿Por qué confiaba en él?
 
Se detuvo cuando, debajo del puente, un viejo pedazo de leña apareció en su rango de visión o, mejor dicho, dentro del poco enfoque que ahora tenía, pues las luces del sol eran cada vez más tímidas y el cielo, ahora teñido de tonos morados, empezaba a darle la bienvenida a la noche.
 
No pensó dos veces antes de sentarse, su cabeza le daba vueltas y su coordinación cada vez era menor, así que se dejó caer sobre el tronco con pesadez, antes de dejar a un lado su mochila, haciendo que las botellas del interior tintinearan al chocar entre ellas.
 
—Es un sitio perfecto —. No mintió, pues al mirar a su alrededor solo podía ver la arena de la playa y alguno que otro bote pequeño amarrado a la costa, sin ningún pescador dentro, pues claro, a esas horas ya debían estar descansando. —Oscuro, tranquilo, silencioso…el lugar perfecto para alguien que quiere pensar en la vida, para un par de amantes o para esconder un crimen fugaz —. Hasta ahora no había pensado en las consecuencias de haberse ido con un completo extraño a un lugar en donde, tal vez, nadie vería si le pasaba algo.
 
—¿Por qué confiaste en mí? No me conoces y yo no te conozco a ti… ¿Cómo sabes que no intentaré hacerte nada ahora que estamos en un lugar donde no pueden vernos? —Por el tono pastoso de su voz, entre los dos, parecía el más inofensivo, de hecho, en la mente del pelirrosa, las cosas eran tal cual así: entre los dos, él tenía las de perder, así que… ¿Por qué no adelantarse a posibles hechos? —¿O eres tú quien piensa aprovecharse de mi ahora que no puedo defenderme? —Llevó de nuevo la botella de ron a su boca y, esta vez, el licor le supo más amargo de lo normal, algo que lo obligó a apartársela de los labios casi enseguida.
 
—Tsk…creo que la verdad, estoy tan borracho que no me importaría lo que pasara ahora, menos después de…
 
De golpe, los recuerdos de la sangre de quien había partido por sus malas decisiones regresaron en una oleada que le trajo tanta amargura como el licor que había estado tomando.
 
—…Jmp… ¿Qué te pasó a ti para querer entregarte al alcohol por hoy? ¿Cuál es tu historia del día? —De repente, sus alarmas de peligro se apagaron, de nuevo era un muchacho curioso que solo quería saber más de quien tenía al frente. —Hablarlo con un extraño que no recordará ni media palabra al día siguiente suena a una buena terapia ¿No lo crees? —Y, de paso, le ayudaría a ese mismo extraño a olvidar el propio caos mental que traía consigo o, quizá, lo amplificaría…porque pasar más tiempo con ese ser que parecía tener que ver algo con su pasado, no podía terminar muy bien.



RE: Obsesión [Priv. Tezca] [Pasado] - Tezca Norova - 09-03-2026

Al guiarlo no pude evitar sostenerlo, acercándome más a el para evitar que se tropezara de verdad, sosteniendo aquella mano con fuerza ¿De verdad estaba tan ebrio que no podía ver su camino? Conocía ese estado más veces de las que me hubiera gustado. Casi podía sentirme como un par de enamorados huyendo para encontrar un lugar donde puedan ser ellos mismos ¿Es que anhelaba estar con alguien tan atractivo como el pelirosa? ¿Es que ya estaba embriagándome? Aún sin conocerme podía darle un punto a favor: Me gustaban los problemas, pero no pensaba rectificarle aquello en voz alta.
 
Al llegar, aparté la arena del tronco que serviría como nuestro improvisado asiento. Una vez limpio, me dejé caer sobre él con calma y llevé la botella a mis labios para dar otro sorbo, mientras escuchaba al hombre divagar a mi lado.
 
—Puedes intentar hacerme lo que quieras —murmuré al fin, con un deje de burla apenas disimulado. —Aunque, siendo honesto, no creo que consigas gran cosa… ¿me entiendes? — Lo tenía bastante claro. El hombre estaba demasiado borracho como para conectar un golpe decente, y mucho menos para representar una amenaza real. Si lo intentaba, probablemente ni siquiera reaccionaría a tiempo para el segundo intento. Y aun así, no pensaba hacerle nada. No tenía ganas de pelear… ni mucho menos de robarle.
 
No lo quería hablar, solo pude fruncir el ceño, tomando un largo trago para tomar valor, tosiendo ligeramente al sentir como se iba por otro lado, casi atragantándome. —Estaba buscando info ¿me entiendes? Encontré algo, no, para nada. Al menos nada que no supiera… maldita isla de mierda. — Sentí mis mejillas arder, cubriendo mi rostro con una de mis manos mirando al suelo, antes de regresar al adonis a mi lado.
 
Le ofrecí mi botella, tal vez le interesaba tomar algo diferente y en el tronco, chocando contra la arena en un burdo intento de “acomodarme” —No es tan incomodo, ven. — Alcé la mano intentando que se acostara conmigo, mirando el cielo que comenzaba a estrellarse desde una de las grietas del puente.


RE: Obsesión [Priv. Tezca] [Pasado] - Hyákinthos - 19-03-2026

Por supuesto, no conseguiría gran cosa, no importa que intentara, después de todo, en una parte de su mente era consciente de su estado desestabilizado, por más que, físicamente, casi que se sintiera invencible…sabía que era una trampa y nada más…así de mal lo dejaban unos cuantos tragos de alcohol…Sentía que podía desmayarse en cualquier momento.

Cerró sus ojos por un momento, dejó la botella a un lado y apoyó sus manos con firmeza en el tronco del árbol, todo mientras escuchaba la voz del rubio respondiendo la pregunta que él mismo había hecho antes. Podía entenderlo bastante bien, no había duda y; sin embargo, escuchaba su voz lejana… ¿Por qué? Sabía bien que el hombre estaba sentado a su lado, su voz debería ser más cercana, no como el de un murmullo arrastrado por el viento…el lado bueno es que había entendido cada una de sus palabras.

—Info…Información —. Sonrió de medio lado y de nuevo sujetó la botella para dar otro trago antes de seguir hablando. —Si no has…tsk…si no has encontrado nada es porque estas buscando mal o tus contactos no…no son tan…buenos… ¿Cu…cuánto tiempo…tienes en esta isla? Y…yo llevo…eh… —Su mano libre sostuvo su cabeza porque al mirar al frente el mundo empezó a girar y eso solo podía significar que estaba empeorando, aún así, no quería dejar a un lado el ron. —…eh…Dos…sí, dos años —. Sin querer soltó la botella que se resbaló de sus dedos cuando hizo el gesto de “2” con el índice y el corazón. El poco licor se quedaba se regó sin compasión, manchó parte del tronco y el resto terminó en la arena, bueno…al menos no había manchado su ropa ni sus sandalias, aún así, chasqueó la lengua.

—Tsk…maldita botella —. Refunfuñó mientras veía como el líquido se absorbía en la arena. Menos mal tenía más ron con él, en la mochila que había dejado al otro lado del tronco, aunque ahora…no creyó estar en la disposición para girarse y buscarlo, menos aún cuando otra propuesta se le presentaba.

Se fijó en como su improvisado compañero de tragos se acomodó en otra posición, más relajado sobre la arena y, por supuesto, escuchó con esa claridad lejana como lo invitaba a su lado… ¿Debía aceptar la propuesta? Bueno, sí… ¿Por qué no? No estaba perdiendo nada y podía ganar mucho.

No se puso de pie, solo se deslizó por el tronco hasta sentarse en la arena y quedar en la misma posición que el rubio, a su lado, cerca, porque del otro lado estaba el charco de arena mojada por el ron que el mismo había regado segundos antes.

—Tienes razón, no es tan incómodo —susurró mientras se acomodaba. La arena estaba tibia, algo húmeda por el agua de mar, pero nada demasiado pegajoso. Esa sección de la playa estaba limpia, sin desperdicios y, lo más importante, el agua cristalina no tocaba sus pies y, ambos, tenían una casi perfecta vista de las estrellas. Las miró por un momento, observando el titilar hasta que, después de un rato, también empezó a pensar que se movían. Tiempo de mirar a otro lado…a su lado.

—Jmp…las es…estrellas son lindas, pero creo que prefiero contemplar y conocer una belleza más cercana, si me lo permite —. Su tono de voz no subió, aunque seguía escuchándose a tropezones por culpa del alcohol que entorpecía su lengua, aun así, eso no evitó que sonriera de medio lado al notar la cercanía de ambos cuerpos, apenas separados por unos pocos centímetros que no sería difícil romper, aunque prefería no hacerlo, más que nada porque le gustaba esperar, alargar los momentos hasta impacientarse. —Podría empezar por contemplar sus ojos, por ejemplo. Los lentes le quedan muy bien, pero seguro ver sus ojos sería todo un espectáculo ¿O ac...acaso me estoy e…equivocando? —A aquella pregunta le acompañó una sonrisa ladina y una mirada que fue desde los lentes a los labios del otro hombre.

—¿O acaso p…prefieres…ha…hablar de esa inf…infor…información que no encontras…te? —Su mano se movió para alcanzar la botella que antes había soltado y, cuando la sintió cubierta de arena, chasqueó la lengua y rodó los ojos…Lo había olvidado, así que tuvo que contentarse con esperar a que su cuerpo se sintiera con las ganas de levantarse para buscar las otras botellas que había traído. —Si me…me dices de que se trata…podría llevarte c…con las per…personas correctas —. En ese momento relamió sus labios, apenas sacando un poco la lengua, sin ninguna doble intención, después de todo, solo quería sentir el sabor el alcohol; sin embargo, el gesto le dio una idea cuando, al final, volvió a fijarse en los labios ajenos…tan brillantes, tan “besables”.

—Jmmm…c…cambiando de t…tema…me p…pregunto si…tus labios tendrán el sa…sabor del whisky… ¿Me dejas probar? —Si le decía que no, siempre podía culpar al alcohol y volver a empezar de cero cuando estuviera sobrio. Sí, eso le parecía una mejor estrategia, porque, aunque tuviera que rogar por un beso, no le importaría si al que le rogaba se veía tan bien como el hombre frente a él.



RE: Obsesión [Priv. Tezca] [Pasado] - Tezca Norova - 07-04-2026

Incluso en la embriaguez había logrado escuchar sus preguntas, pero no, no lo conocía de nada y no podría revelar nada sobre mi a aquel atractivo hombre…Aunque probablemente tampoco lo recordaría. Algo que era más notorio que mi propia embriaguez era la del hombre a mi lado que me seguía el ritmo y consejo acostándose sobre la arena. La botella se había desvanecido, el liquido todavía impregnaba la nariz pues apenas había caído en la arena y todo el ambiente era húmedo.
 
Comenzaba a sentir calor y no sabía si era por culpa del ambiente, de la cercanía del pelirrosa o del alcohol que había decidido posarse sobre mis mejillas en un intento de exponerme. —No te preocupes por eso ¿me entiendes? Tampoco es… como que puedas ayudarme en este estado. — Primero que nada, dudaba en demasía que pudiera ponerse de pie pero desde esta distancia y posición podía darle el privilegio, quitándome los lentes para ponérselos con delicadeza, soltando una risita mientras le acomodaba el cabello.
 
 
—Mirate ¿Quién dijo que el naranja y el rosa no combinan? Te ves hermoso. — Dije mientras lo miraba a los ojos con una sonrisa coqueta, mordiendo mi labio inferior al notar como sus ojos bajaban. Comencé a respirar con cierta profundidad, mi pecho levantándose y bajando mientras continuaba obviando la cercanía que había entre nosotros. 
 
Entonces lo hizo evidente, demasiado evidente, demasiado directo, al punto de rozar lo inesperado. Tardé en responder; mis ojos, sin ningún pudor, descendieron hasta sus labios por un instante antes de volver a él. Finalmente, asentí, levantándome apenas del tronco para poder alcanzar sus labios.
 
Besé al hombre con suavidad, casi con una ligereza estudiada. No era la primera vez que acababa perdiéndome con alguien bajo un puente, en medio de una noche solitaria; sin embargo, el olor a alcohol resultaba demasiado invasivo, lo suficiente como para hacerme pensar que, quizá, tendría que detenernos antes de lo que realmente me gustaría.
 
Aun así, sus labios eran exquisitos. El regusto amargo del alcohol se mezclaba con el contacto de los suyos, lejos de incomodarme, parecía empujarme a seguir. Me separé apenas, casi a regañadientes, ladeando la cabeza mientras el momento se resistía a romperse del todo. —Ni siquiera me dijiste tu nombre ¿me entiendes? —


RE: Obsesión [Priv. Tezca] [Pasado] - Hyákinthos - 17-04-2026

No podía decir en voz alta lo mucho que la cercanía del rubio, el sonido de su voz y ahora ese tono color cielo de sus ojos, tan hipnotizante, estaban logrando que sus defensas, de por sí débiles, cayeran aún más…No es que no quisiera expresar sus emociones, sino que el alcohol en su sangre le había robado la capacidad de formular pensamientos coherentes y, ahora, todo lo que quedaba eran sus instintos respondiendo a acciones tan simples como usar unos lentes ajenos.
 
Si pudiera hacer una comparación, ahora mismo sentía que su piel quemaba con el mínimo roce, pues al sentir los dedos colocando con delicadeza aquellos lentes oscuros y rozando apenas con la piel de su cara, fue similar, para el médico, a lavarse el rostro con agua tibia de esas que se encuentran en aguas termales, incluso sintió sus mejillas arder, el calor subiendo por su nuca y, podía estar seguro, de que la rojez en sus mejillas ya no era solo culpa del ron.
 
Abrió su boca para intentar decir algo, pero su garganta lo traicionó y cualquier palabra que pensara pronunciar quedó atorada en medio de sus cuerdas vocales, de repente sintió su boca seca y no por falta de bebida, si no por una urgencia mayor.
 
Escuchó la voz del rubio de nuevo, decía algo sobre el naranja y el rosa, le gustaría haberle entendido mejor, pero solo asintió dándole la razón a lo que sea que estuviera diciendo, como si fuera un chico obediente…nada más alejado de la realidad.
 
Desde el momento en que los lentes le fueron colocados, dejó de pensar, olvidó por completo ese luto obligado que sentía hacia alguien que, ahora, parecía empezar a desvanecerse de su cabeza ¡Qué idiota! Llorar por alguien que no le llegaba ni a los talones al hombre que tenía ahora a su lado, de hecho, casi suelta una carcajada al darse cuenta de que sus lágrimas no habían valido la pena y que era mejor saber todo sobre el rubio que iluminaba su presente que seguir lamentándose por un pasado que no podía cambiar.
 
Entonces su corazón empezó a acelerarse gracias a las posibilidades que empezó a imaginar, a todos los datos que podría averiguar e, incluso, con la esperanza de que esa sensación de familiaridad que le daba el rubio lo lleva a averiguar algo de ese pasado que había quedado enterrado en lo más profundo de su memoria.
 
Estaba decidido, esta no sería la última vez que vería al rubio…no importa si tenía que forzar los próximos encuentros.
 
 Aunque…podía pensar en eso después ¿no?
 
En medio del tren de pensamientos hubo un espacio para volver a la realidad, justo en el momento en que notó los bellos ojos celestes mirando sus labios descaradamente… ¿Había preguntado de más o…?
 
No le dio tiempo de pensar mucho más cuando la calidez de los labios ajenos lo hizo consciente de la suavidad del beso que estaba recibiendo. Cerró sus párpados y, tal como adolescente encantado, se dejó llevar por el momento. Empezó por subir sus manos para enrredarlas con suavidad en las hebras de cabello rubio, además de acercar más su cuerpo al ajeno para profundizar el beso mientras que disfrutaba de sabor amargo del alcohol que estaba impregnado en los labios que hacían contacto con los suyos.
 
Podría quedarse ahí todo el tiempo que quisiera, podría olvidarse que estaban bajo un puente en uno de los puertos pesqueros de la ciudad, podría olvidarse de que alguien, a pesar de que la noche ya había caído y que solo las luminarias alumbraban las calles, podía verlos, pero…en ese instante, el beso se rompió de manera repentina, aunque, en honor a la verdad, el momento en sí no parecía haber terminado del todo.
 
Tomó aire y, a través de los lentes naranjas, observó con detenimiento el bello rostro frente a él, esta vez si le prestó atención a su pregunta, algo que lo hizo reaccionar al menos por unos segundos, aunque, más que nada, hizo que se dibujara en su rostro una sonrisa socarrona imposible de ocultar.
 
—¿Importa el nombre? —Susurró cerca de los labios, robando ahora un beso fugaz antes de seguir hablando. —Tu tampoco me has dicho el tuyo…seguro ha de ser tan magnífico como tu persona ¿O me estoy equivocando? —Volvió a sonreír de medio lado para acercarse a la boca ajena de nuevo y robar un beso aún más largo, saboreando la humedad de la piel y el sabor del licor, además, sus manos bajaron del cabello a la espalda ajena, eso sí, manteniendo la delicadeza de sus caricias, como si tuviera miedo de romper a quien tenía en frente; sin embargo, como si lo estuviera provocando a propósito, volvió a separarse. —De todos modos, aunque te diga como me llamo…creo que estamos tan borrachos que…lo olvidarías al día siguiente, pero si insistes, soy…
 
Antes de poder terminar su informal presentación, unos pasos apresurados y pesados se escucharon desde arriba del puente, seguidos del refunfuño de alguien que parecía estar molesto por algo, de hecho, si alguno de los dos hubiera mirado hacia arriba, entre las rendijas de las tablas del puente, habrían podido darse cuenta de que el dueño de esos pasos era un muchacho bastante pesado que parecía querer estar en cualquier otro lugar que no fuera ese y, sobre todo, se habrían dado cuenta del peligro inminente que este chico representaba, pues en sus manos llevaba un tanque que, por la dificultad con la que lo cargaba, lucía bastante pesado.
 
No pasó más de un segundo entre los pasos y un sonido mas estruendoso que hizo eco en todo el puerto: el chico se había tropezado y, con él, lo que llevaba aquel tanque en su interior había salido disparado por los aires quedando regado en todo el puente…algo que no habría supuesto problema alguno de no ser porque el chico en verdad cargaba con la pesca de mariscos del día, una que había sido colocada en hielo que se había comenzado a derretir y que se impregnó del olor de todas esas especies marinas que habrían servido para la venta.
 
Claro, el agua e incluso, algunos mariscos pequeños, se colaron entre las rendijas del puente y terminaron empapando a los dos hombres que estaban muy cómodos debajo de este.
 
El pelirrosa reaccionó casi de inmediato. La frialdad del agua y un par de camarones que terminaron en su cabello lo hicieron separarse por inercia del rubio, además de dejarlo sentado en la arena, agitado y asustado, con la cabeza mirando hacia abajo para evitar que a sus ojos cayeran más de esa agua con olor a mar.
 
—¡Puaj! ¿¡Qué…!? ¿Qué mierda? —A pesar de su débil olfato, al acercar una de sus manos a su nariz para comprobar si olía mal o no, pudo sentir con claridad el olor que el agua había dejado en él y, por lo tanto, también en el otro hombre. —Dios…esto…esto era lo que faltaba… ¡Agh! —Se levantó del suelo para limpiarse como podía, mientras que, desde arriba, escucharon a alguien que gritaba un “perdón” o algo por el estilo.
 
El pelirrosa suspiró y, cuando se quitó los camarones de la cabeza, extendió su mano para ayudar al rubio a ponerse de pie.
 
—Dime, por favor, que conoces un hotel o que vives cerca de aquí…yo ni siquiera recuerdo como llegar a mi apartamento —. Fue sincero y más elocuente que las veces anteriores, a fin de cuentas, el chapuzón parecía haberlo despertado de su borrachera. —Y…cierto…preguntaste por mi nombre, soy Hyákinthos, sé que es difícil de pronunciar, así que puedes llamarme Hyak o Cherry, ya sabes…por el color de mi cabello —. Suspiró, agotado y avergonzado. —¿Sabes? Ahora mismo no me molestaría también oler a cerezos en lugar de a…esto…



RE: Obsesión [Priv. Tezca] [Pasado] - Tezca Norova - 02-06-2026

Uno, dos, las palabras del hombre quedaban olvidadas entre los besos y el calor del momento, era verdad, tampoco le había dicho el mío y el toque de sus manos me incitaba a continuar con el beso, no pretendía separarme, no quería separarme, mis manos bajaban por el costado hasta su cintura, acercándolo aún más a mi cuerpo, pero no iba interrumpirle cuando se estaba presentando, y por mala suerte, algo más nos iba a interrumpir,
 
Estaba tan concentrado en el hombre de cabello rosa que no había previsto la tragedia por venir, los pasos en el puente eran comunes al final del día, lo que no era normal es que una gran cantidad de agua apestosa cayera de este, ensuciándonos por completo. No sabía que era peor, la frialdad del agua o los mariscos, el pelirrosa se separó de mi de inmediato y solo pude maldecir por lo bajo a la persona debajo del puente, tenía ganas de clavarle la lanza entre la madera.
 
No me moví, aunque escuché al hombre quejarse quitándome la basura marina del cabello y ropa. —No puede ser… ¿y esta mierda qué? Parece que no tienen ojos ¿Me entiendes? —Mascullé con molestia, de pronto sentí la arena mojada en la ropa incomodarme y me levanté gracias a la ayuda ajena con el ceño fruncido, asqueado. Vaya forma de arruinarme el maldito momento.
 
Escuché sus sobrias palabras, quitándome el saco con la esperanza de sentirme menos asqueroso  y la verdad prefería ni siquiera iba a observar mi cabello, si lo hacía me darían ganas de explotar el puente. —Mi hotel está cerca, puedo prestarte algo de ropa. Vamos antes que se quede más impregnado… de verdad ¿A qué imbécil? — Ni siquiera recogí la botella, que se joda en la arena, comenzando a caminar mientras metía mis manos a mis bolsillos esperando que me siguiera, le hubiera dado la mano, pero la verdad solo quería llegar rápido. —Hyákinthos en un buen hombre, creo que vale la pena decirlo completo ¿me entiendes? Soy Tezca. Tezca Norova, pero no me digas Norova, por favor. —