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[Pasado/Social] No first cuts - Versión para impresión

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[Pasado/Social] No first cuts - Alana Sahiba - 20-12-2025

El calor en Little Garden me recordaba demasiado al sufrido antaño en Samba. ¿Podría algún día encontrar un lugar que tuviese un clima más frío, o un punto intermedio? No es que yo tuviese buena tolerancia al frío; más bien lo contrario, pero ya lo extrañaba. El calor es casi como un peso constante sobre la nuca, sobre los párpados, sobre las ideas. Ah, no, no es el calor, es su obvia consecuencia: el sudor. El aire olía a verde podrido, a humedad vieja, a algo vivo que llevaba demasiado tiempo creciendo sin que nadie lo corte. Demasiado. Puaj. Por fortuna para mí era difícil hundirme en el suelo gracias a mi liviano peso, aunque aquí todo es tan grande que me recordaba que aquí nada es pequeño salvo yo. Y aun así, seguía adelante. No debería estar haciéndolo. No sola. No sin saber exactamente qué hay vivo; y en este sitio hay muchos seres peligrosos o, por lo menos, gigantes, genuinamente gigantes.

Mientras avanzaba entre helechos que me doblan en altura y troncos que parecen columnas mal puestas, noto cómo el cuerpo se me adelanta a la cabeza. Ya estaba pensando en cortes antes de ver la piel de los dinosaurios; en su gran resistencia muscular; en cómo demonios algo tan grande puede caer sin que el bosque entero se entere. Me limpié el sudor de la frente con el antebrazo y resoplo. Estaba deseando encontrar los restos de alguno de esos animales—. Vale… —murmuré para mí misma—. Respira. Primero mira. Luego piensas. Luego, si hace falta, metes las manos.

Una rama se partió a mi izquierda. Me quedé quieta al instante, cola tensa, oído y olfato alerta. Nada. Solo el bosque recordándome que aquí no manda nadie. Continúo, más despacio ahora, hasta que el olor cambia. Pero la muerte siempre huele distinto según dónde estés: en el mar es salada y en las ciudades es agria. Y sin embargo… aquí es dulce. Empalagosa. Un dulzor espeso que se pega al paladar como fruta demasiado madura. Arrugué la nariz. Supuse que se debía a la variedad de plantas que había a mi alrededor.

— Genial —susurré para mí misma—. Carne grande.

El claro se abre de golpe, como si alguien hubiera arrancado un trozo del bosque a mordiscos. La vegetación está aplastada en círculos irregulares, los helechos partidos, la tierra removida. Hay marcas de arrastre. De lucha. De algo que no se rindió fácil. Me detengo en el borde, aún protegida por las sombras, y observo. Precaución y miedo. Más miedo que precaución.

Y entonces lo veo.

No entero. No limpio. Pero ahí está.

El dinosaurio yace de costado, enorme incluso desde la distancia, con el cuello torcido en un ángulo que no debería existir. La piel es gruesa, escamosa, de un verde apagado que empieza a perder brillo. El vientre sube y baja una vez más… y luego nada. No, no. ¿Eso ha sido mi imaginación? Me quedé muy quieta, contando mentalmente. Uno. Dos. Tres. Nada—. Bien —dije en voz baja, baja incluso para mí—. Muerto de verdad. Gracias.

Me sentí cruel por agradecer una muerte tan trágica. Aún así por el amor a la ciencia me acerqué con cuidado, bordeando primero, como si fuera una mesa de operaciones improvisada. No toqué aún. Nunca se toca primero. Los insectos ya habían empezado su trabajo; hay un zumbido bajo, constante, y pequeñas cosas negras que entran y salen de una herida abierta en el costado. Me agacho, manteniendo distancia. La herida no es limpia. No es un corte. Es… ¿aplastamiento? Algo había golpeado con fuerza brutal, rompiendo costillas desde fuera hacia dentro. Incliné la cabeza, analizando.

— Esto no ha sido otro de los tuyos —murmuro—. O sois mucho más violentos de lo que parecéis.

Di un paso más. Luego otro. El suelo estaba resbaladizo, cubierto de fluidos oscuros que no reconozco del todo. Me paré en seco—. Ajá… —dije—. Sangre, pero no solo sangre. ¿Toxinas? —concluí con poca seguridad—. O algo que se le parece. Estupendo. Justo lo que necesitaba hoy.

Me enderecé despacio y observé el cuerpo completo. Las patas traseras estaban tensas, como si hubiera intentado incorporarse hasta el último segundo. Las delanteras, recogidas de forma antinatural. El cuello… el cuello me molestaba: demasiado rígido, demasiado forzado—. Te han hecho algo feo —dije, casi con respeto—. Y no ha sido rápido, eh.

El humor negro me asaltó solo en determinadas ocasiones—. Aunque claro… rápido es relativo cuando mides veinte veces más que yo.

Me acerqué un poco más, lo suficiente para ver las escamas de cerca. Son más gruesas en el lomo que en el vientre, que son más finas. Pasé un dedo por el aire, sin tocar, siguiendo una línea imaginaria—. Si tuviera que abrirte —pensé en voz alta—, sería aquí. Pero no todavía.

No porque no pudiera, sino porque no sabría si debo. Respiré hondo. Aquí es donde empieza el problema de siempre: el punto exacto donde la curiosidad y la ética se miran a los ojos como dos viejos enemigos que se conocen demasiado bien, viven peleados pero van de la mano. Entender cómo muere algo así podría salvar vidas, o podría ser solo… morbo científico envuelto en palabras bonitas. Una vuelta más alrededor del dinosaurio, marcando mentalmente puntos de interés, que no eran poco. La detención fue finalmente frente al torso, justo donde la herida es más evidente. La observé con ojos clínicos. No pensé en el tamaño. Pensé en sus muchas capas. En músculos. En órganos.


RE: [Pasado/Social] No first cuts - Hyákinthos - 24-12-2025


Selva.

Nada más húmedo que una selva tropical.

Los árboles se yerguen sobre el suelo con una enormidad que no recuerda haber visto antes, sus copas, tan tupidas como nada que conozca, apenas dejan pasar resquicios de luz solar.

Hay una parte de la selva que es más densa, más oscura, pero, cuando se logra llegar a los puntos en donde los rayos se cuelan a través de las hojas, la vista es simplemente mágica, maravillosa.

Podría quejarse todo el día en la playa sobre como la temperatura parece no tenerles compasión ni siquiera en la noche o por como los insectos más grandes que ha visto en su vida, parecen querer devorarlo con cada picadura que dejan sobre la piel y, sobre todo, podría llorar por culpa de que, en esa tierra sin ley a la que fueron a parar, hubiera criaturas tan enormes que solo Thrym, el gigante pelirrojo de su tripulación parecía poder hacerles frente de manera justa, pero a pesar de sus quejas superficiales sobre el clima o los pinchazos de los insectos, algo más lo llamaba en esa jungla: la curiosidad.

Flora y fauna.

No importa por donde lo viera, las posibilidades de conseguir nuevos antídotos, venenos, drogas, incluso nuevas especies para vender en próximas islas como “mascotas exóticas” o como simple decoración, ya sea de manera disecada o solo sus huesos, abría un mundo de posibilidades que no podía dejar pasar por quejas fútiles sobre pequeños detalles.

Y ya no podía esperar para descubrir todo lo que pudiera haber dentro de ese laboratorio natural, como él decidió llamarlo.

Solo le dijo a María Merlot que se iría un rato a “dar una vuelta, aunque consigo llevó sus botas y guantes de combate, además de una soga gruesa, una navaja y un machete que se molestó en afilar antes de dejar el barco, bien…al menos eso por el lado visible, pues, en una mochila que cargaba en su espalda, llevaba herramientas médicas, un potente veneno, antídotos, pomadas y cualquier otra cosa que pudiera servirle de ayuda en la jungla en caso de meterse en problemas.

Aunque nunca pensó que los problemas llegarían en forma de un primo mayor de los velociraptores: un Deinonychus.

Claro que su primera reacción habría sido correr, pero escapar de un ser que parecía verlo como una presa más y que, evidentemente, llevaría ventaja en velocidad, no estaba entre sus planes.

—Debe ser una broma —. El rugido del animal resonó entre los árboles, aunque ahí, en medio de la abundante vegetación, el ruido moría a los pocos metros y ni el animal ni los gritos de auxilio que el pudiera pensar en proferir serían escuchados por nadie más en la isla, a menos que estuviera bastante cerca.

Tragó saliva y, en un movimiento lento, pausado, pues el animal parecía medirlo desde la distancia, tal como él mismo lo hacía; el médico se sacó su bolsa y de ahí, consiguió el frasco con el veneno que había llegado.

Si esa cosa quería enfrentarlo al menos le pondría las cosas complicadas.

De su cintura se quitó la soga que llevaba y la bañó con el líquido venenoso del frasco, tal como hizo con el filo del machete que llevó consigo solo para apartar la vegetación, no creyó que tendría que usarlo como arma, menos contra un maldito dinosaurio.

—Je, al menos si tengo suerte, podría diseccionarte para estudiarte y venderte por partes —. Murmuró antes de moverse apenas hacia un lado, todo para atascar la soga en la corteza rasposa de un árbol y extenderla hacia el otro lado, como si quisiera hacer una trampa improvisada, aunque eso…eso bastó para que la criatura se lo tomara como un reto.

Agradeció que algunos metros lo separaban del animal, pues eso le dio tiempo suficiente para replegar la cuerda de un lado a otro y, al pobre dinosaurio, con su velocidad impresionante no le dio tiempo de frenar antes de que su cuello chocara directamente contra la cuerda extendida y bañada en veneno…claro…eso lo descolocó, pero no sería suficiente para acabar con una criatura que, aunque pequeña en comparación a otros dinosaurios, era igual de formidable, más aún si se tomaba en cuenta el tamaño de las garras de sus patas.

El pelirosa apenas tuvo tiempo de salir corriendo en diagonal antes de que la confusión del animal pasara e intentara arremeter de nuevo contra él…lo siguiente que supo es que había atravesado el machete que llevó en medio de las garras del animal y su propia cara…aunque, sorprendentemente, el animalito era mucho más liviano de lo que parecía a simple vista.

Se sorprendió cuando lo empujó tan fácil, incluso le dio tiempo para que el machete envenenado hiciera un corte cerca de un costado de la panza del animal.

—Jmmm…pensé que serías más problemático —. No se confiaría, pero haberse quitado de encima a una criatura como esa le dio un subidón de confianza que lo hizo sonreír de lado a lado, como cuando era más joven y se metía en una pelea con alguien a quien sabía que le podía ganar sin mayores problemas…generalmente miembros de su antigua tripulación. —¿Qué pasa? ¿Se te quitó el hambre? —En otro momento se habría avergonzado de hablar con un ser que no pudiera entenderlo, pero ahora la adrenalina se le había subido a la cabeza como para pensar con claridad.

Ni siquiera notó que fue gracias al veneno que el animal estaba confundido y desorientado, tal vez por eso, la siguiente vez que intentó acercársele, el médico no dudó en lanzar una patada al costado en donde estaba esa misma cortada que había hecho antes con el machete, una patada hecha con sus botas de combate…una que resultó tan fuerte que terminó empujando al animal varios metros hacia atrás, a un lugar más claro en el bosque.

Luego del estruendo hubo silencio.

La selva volvía a demostrar que, no importaba quien fuera el ganador o el vencedor, al final ella era más grande, más intimidante.

—Agh…que desagradable —. No lo decía por la patada, ni por la sensación extraña que quedó en su pie luego de haber golpeado al dinosaurio, si no por el escalofrío que recorrió su columna cuando el silencio reinó de nuevo, casi lo sintió como un mal augurio, como si algo más grande pudiera venir después para cobrarle lo que acababa de hacer. —No puedo quedarme aquí.

Siguió el reguero de árboles, el camino que había dejado el dinosaurio después de ser empujado de manera tan repentina y; sin embargo, cuando lo vio de nuevo, el animal aún agonizaba.

Podía haber acabado rápido con su vida, sería lo más sencillo, pero la curiosidad lo picó de nuevo… ¿Cuánto tardaría un morir un animal como ese? Lo miró con ojos brillantes y guardó cualquier arma antes de subirse a la rama de un árbol y acomodarse como si estuviera en el patio de su casa y, luego, sacó un pequeño reloj de su bolsa, lápiz y papel y, desde la comodidad de ese lugar, puso el temporizador para empezar a dibujar la silueta del animal que estaba en el suelo, a fin de cuentas, desde las alturas tenía una mejor vista general del cuerpo…más tarde se encargaría de los detalles que pudiera conseguir al acercarse más.

***

¿Cuánto tiempo pasó desde que empezó su experimento? Bueno, aproximadamente unos 30 minutos hasta que el animal dio su última exhalación a los que el médico le agregaría unos 10 minutos más considerando el tiempo que tomó en enfrentarse al animal y que el veneno le hiciera efecto, de todos modos, no solo eso había tenido en cuenta, si no también el momento en que empezaron a llegar los insectos al cuerpo…de eso pasaron unos 7 minutos desde el momento en que decidió subirse al árbol hasta que llegó el primer bicho que fue notable por su zumbido molesto.

Y ahora…ahora estaba hecho, listo para bajar del árbol y empezar su investigación, pero…

—¿Ah? ¿Qué es…eso? —Sabía que no estaba loco ni tenía una mala vista como para ser engañado, algo diminuto se movió alrededor del dinosaurio, algo que no parecía un insecto, que era mucho más vívido…casi…humano… ¿O es que si estaba enloqueciendo?

De un salto bajó del árbol, claro, no sin antes haber guardado su cuaderno, su lápiz y su reloj de regreso en su mochila, pero ahora, en lugar de concentrarse solo en el dinosaurio se centró también en la pequeña versión de una humana que tenía ahora frente a él y que parecía estar observando la parte más blanda y vulnerable del animal que él había matado.

—Jmmm —. El sonido salió bajo, pero sabía que de todos modos se escucharía hasta el sitio en donde estaba la pequeña. —Yo también lo abriría ahí, es la zona más vulnerable…pero no te recomendaría hacerlo sin buenos guantes y mascarilla…además de un antídoto contra venenos —. Señaló la herida cortante que estaba cerca de las costillas rotas. —Murió envenenado, como puedes ver —. "Lo maté gracias a un veneno" sería más adecuado, pero no era necesario entrar en detalles.

A pesar de sus palabras de advertencia, su voz sonaba despreocupada y algo aburrida, algo que acompañó su gesto desinteresado al sentarse en el suelo em posición de flor de loto para poder quedar más cerca de la humana chiquita.

—¿De dónde saliste de todos modos y por qué quieres abrir a mi presa? —Clavó el machete que usó antes y que todavía tenía rastros de veneno sobre el terreno blando a su lado, aunque no era una amenaza, era simple comodidad, además…no pensaría en matar a alguien de una raza extraña justo al momento de conocerlo…

—Espera...

¿Conocerlo?

Parpadeó un par de veces y se fijó en la mujercita frente a él, incluso achicó los ojos y se mordió el interior de la boca como si eso pudiera ayudarlo a pensar mejor…esa pequeña tenía algo que se le hacía conocido… ¿Había visto antes a otros tontattas? Probablemente, pero a esta en específico…difícil saberlo…su mala memoria volvía a jugarle en contra.

—Oye…tu…te me haces conocida de algún lugar ¿Nos hemos visto antes?

Karma


Deinonychus



RE: [Pasado/Social] No first cuts - Alana Sahiba - 27-12-2025

El olor me había llegado antes que la voz. Un olor reconocible, pero no tenía claro de qué, entremezclado con olores propios de la selva. No era sangre fresca, ni podredumbre completa. Era ese punto intermedio que solo reconoces cuando has abierto suficientes cuerpos como para saber cuándo el tiempo empieza a ser un factor clínico y no solo narrativo. Me incliné un poco más, con las manos en las rodillas, observando la herida del costado, el rastro químico aún perceptible en el aire. Toxinas, en otras palabras: veneno. Bien aplicado. Interesante.

Estaba tan concentrada que, por un momento, olvidé por completo que en esa selva cualquier cosa más grande que yo podía decidir que yo también era parte del menú, cosa que por el momento no era mi prioridad. Así que cuando escuché el “Jmmm”, no pegué un salto, no quería llamar aún más la atención de la bestia que me estuviera acechando. Fruncí el ceño. De acuerdo, tal vez no era una bestia. Según la perspectiva, podía ser algo peor: un ser inteligente, podía hablar. 

— Si haces ese sonido otra vez justo detrás de mí, te clavo el bisturí por reflejo —murmuré, más por costumbre que como amenaza real. Giré despacio. Muy despacio. Primero vi las botas. Luego las piernas. Luego el cuerpo relajado, demasiado cómodo para alguien que acababa de matar algo con garras del tamaño de mi torso. Y finalmente… la cara. Me quedé quieta. No rígida. No tensa. Tan solo quietud. Y respiré aliviada— …ah —dije, pudiendo calmar mi respiración un poco.

Mis ojos bajaron un segundo al machete clavado en el suelo. Al residuo verdoso del filo. A la forma en que se había sentado, como si el cadáver fuese una mesa de disección improvisada. Cuando habló, no interrumpí. No porque fuese educada (que procuraba serlo), sino porque estaba evaluando. Cuando terminó, ladeé la cabeza.
—. Antídoto ya tengo —respondí, señalando con el pulgar a la bandolera. El de cabellera rosada sabía lo que se hacía, ya lo había demostrado antaño con… el gyojin excéntrico—. Mascarilla… bueno, eso es opcional si no eres estúpido con las manos —añadí, antes de agacharme un poco más cerca del dinosaurio, sin tocarlo aún—. Y guantes… —miré mis propias manos, pequeñas, ágiles—. Digamos que improviso bien.

Sonaba despreocupada, tal vez poco profesional. Lo cierto es que estaba más bien acostumbrada a tratar todo tipo de heridas o situaciones, independientemente de los medios que tuviese a mi alcance. Ahí entraban mis palabras pronunciadas: improvisar. Entonces alcé la vista hacia él.

— Y no es tu presa —puntualicé con suma seguridad en mi tono—. Es un espécimen muerto en un ecosistema llamativo, extraño para mí. Eso lo convierte automáticamente en material de estudio compartido.

Pausa. Sonreí. De medio lado. Supuse que hablaba de algo más primitivo: quien primero lo encuentra, se lo queda. La ley de los piratas—. Sin duda el veneno ha hecho un perfecto trabajo. La dosificación del veneno es interesante. Demasiado lenta para ser letal inmediatamente… pero lo suficientemente eficaz como para evitar destrozar órganos internos clave.

Me incorporé del todo, apoyando las manos en la cadera, la cola moviéndose con un leve balanceo distraído. Me giré hasta mi nuevo compañero. ¿Realmente podía utilizar la palabra nuevo? Tal vez viejo sería más adecuado u óptimo.

— Treinta minutos hasta la muerte —añadí—. Diez más de enfrentamiento. Insectos carroñeros entrando en fase temprana —le miré directamente—. Pero todo esto ya lo sabes, ¿o me equivoco? Has cronometrado, ¿verdad? Si no, explícame porqué tienes el honor de llamarle presa y no objeto de estudio.

Cuando preguntó de dónde había salido, resoplé suavemente—. De ahí —dije, señalando vagamente a la espesura, aunque siendo exactos venía de… no sabría especificar hacia donde estaba Green Bit. ¿O tal vez hablaba de Samba? Demasiado ambigua la pregunta para alguien que trabaja al milímetro—. Como todo lo interesante en esta isla. O como todo lo peligroso. A veces es la misma cosa.

Y entonces llegó la pregunta. La importante. Lo observé entrecerrando los ojos, igual que él a mí. No con desconfianza. Con una incomodidad molesta de cuando el cerebro rasca un recuerdo que no termina de salir— …sí —respondí al final, sin saber aún cuándo y dónde—. Nos hemos visto antes.

Di un par de pasos hacia él, sin perder esa distancia prudente que solo los médicos y los depredadores respetan. Ahora era él mi objeto de estudio. No tenía mala memoria pero recordar tanta información con rapidez era complejo, difícil. Siempre lo almacenaba todo, eso complica el poder acceder a ello; como si los recuerdos fuesen unos grandes almacenes. Y entonces se encendió mi bombilla. Recordé a Gwen, Dong, Maki y…

— Cabos Gemelos. Mucho ruido. Demasiada gente. Tú estabas ocupado haciendo sangrar a otro, a Uogo. Yo estaba ocupada evitando que alguien se muriera antes de tiempo.

Dong. Incliné la cabeza, evaluándolo ahora con más calma—. Pero no recuerdo tu nombre. Era la primera vez que nos veíamos, esta es la segunda —dije tras empezar a soltar una retahíla de información acumulada—. Médico. ¿Cierto? Y con una ética que no llegué a comprender en su día pero a la que tampoco me opongo.

Me señalé a mí misma con el pulgar, viendo que no se acordaba de mí, iba a repetir la presentación—. Alana. También médico. Soy más de costuras… pero no soy purista.

Miré de nuevo al dinosaurio. A la herida. Al vientre aún intacto—. Y si no te importa —añadí, ya bajando el tono, casi con entusiasmo profesional—, me gustaría abrirlo antes de que la selva decida reclamarlo. Porque si ese veneno hizo lo que creo que hizo…

Sonreí, esta vez de verdad.

— …esto va a ser fascinante.

Me agaché de nuevo, justo al borde del primer corte, sin tocar aún, tan solo admirando, como si fuese el mayor de los tesoros.

— Tú dirás —murmuré—. ¿Colaboramos… o te vas a poner territorial con un cadáver? —aunque tampoco lo pelearía. Viendo el tamaño de la isla y de lo que en ella habitaba, encontrar más no sería complicado.


RE: [Pasado/Social] No first cuts - Hyákinthos - 14-01-2026

—¡Qué miedo! No digas cosas tan tétricas —Así como su apariencia y su vestimenta, su voz también salió relajada a pesar de sus palabras, como si la leve amenaza improvisada lo trajera sin cuidado, no, más bien, como si todo a su alrededor lo trajera sin cuidado. No es que fuera descuidado, simplemente, no iba a estresarse de más. —No buscaba asustarte ni siquiera estaba siendo sigiloso, solo daba una advertencia por buena fe, así que puedes mantener tu bisturí lejos de mí, tengo suficiente con los insectos que ya quieren dañar mi piel —. Sus labios hicieron un puchero al terminar de hablar, uno que de deshizo con rapidez solo para que en su rostro se reflejara una expresión más seria, analítica, una que buscaba estudiar con cautela a la “pequeña humana” que tenía frente a él mientras que esta hablaba con una seguridad que solo recordaba haber visto en médicos y científicos expertos.

—Improvisación ¿eh? —Alzó una ceja ante esa palabra, una que solo se atrevería a usar alguien habituado a situaciones adversas o raras, no podía culparla por ello, después de todo ¿Qué médico viajero no ha atravesado por dilemas que lo llevan a trabajar con cualquier cosa que tenga a mano? —Bien, supongo que es normal al estar en medio de la nada.

Todo él se relajó más, sus músculos se destensaron y, a pesar de mantener la misma posición en la que se había sentado en un inicio, ahora lucía como alguien que se desestresaba en la sala de su casa, de hecho, sus manos apoyadas en el terreno blando en lugar de estar a sus costados o sobre el machete que lo acompañaba, era muestra suficiente de la confianza que decidió exhibir delante de la “desconocida”, una que duró incluso cuando la más pequeña parecía retarlo con sus palabras.

Notó esa sonrisa de medio lado en ella y él respondió con una igual mientras la miraba ahora con más interés y menos aburrimiento que en un inicio, cediendo poco a poco a una posible conversación o, bien alianza momentánea.

—¿Ah no? ¿Y qué te hace pensar que no es mi presa? —Su sonrisa pareció acentuarse mientras que la explicación a su pregunta llegaba con palabras calculadas, dignas de alguien que sabe muy bien lo que hace y, no solo eso, si no que tiene evidencias suficientes para demostrarlo. Eso solo lo hacía emocionarse más, parecía que, por fin, había encontrado a alguien con quien poder hablar sin tener que dar explicaciones con manzanitas y palitos. Dejó escapar una risa, no de burla, si no de satisfacción, de gusto.

—Lo siento, lo siento, no creas que me burlo —dijo mientras aun había un rastro de diversión en su voz. —, es solo que me pareces bastante interesante, cuando salí de mi barco nunca pensé encontrarme con alguien como tu en medio de este lugar, ya sabes, alguien que pueda entender lo que digo sin mirarme como a un loco —. Se encogió de hombros quitándole peso a sus palabras mientras que esas, poco a poco, empezaban a dejar atrás el tono divertido y volvían al monótono de siempre.

—Sea como sea, tienes razón, lo he cronometrado y tus cálculos no están mal. El pobre tuvo que agonizar un poco antes de dejar de respirar, le habría ido mejor si uno de los suyos le hubiera dado final —. Confesó de manera casual sin tener miedo alguno de responder a las preguntas que le hacía la tontatta. —Y no era mi intención que se convirtiera en mi presa, si le llamo así es porque el destino así lo quiso, supongo —. No es como que fuera un fiel creyente en el destino o en las casualidades, pero no supo como más expresar el hecho de que, literalmente, el animal se le atravesó en el lugar y momento menos indicados. Suspiró, necesitaba ordenar sus ideas para explicar la locura de situación que los llevó a ambos justo a este momento.

—Jmmm…déjame reformular y ser más claro…A ver ¿Por dónde empiezo? —Mordió su labio inferior con fuerza suficiente para dejar una marca roja, al menos esta vez no se hizo sangrar, pero eso solo fue porque su mente trabajó lo suficientemente rápido para encontrar una respuesta y hacerlo abrir la boca. —No le llamo objeto de estudio porque en un inicio no lo era, salí del barco con la intención de estudiar la flora del lugar y, tal vez, si tenía suerte, algo de la fauna, pero la selva me perdió y en algún punto este animal salió de la nada y, así como tú, tuve que improvisar —. Sacó el machete del suelo y se levantó para caminar alrededor del cadáver del animal, volviendo a analizarlo desde arriba.

—Ese veneno fue bien dosificado solo por casualidad, no me des tanto crédito, fue una situación de vida o muerte, tenía que pensar rápido o sería yo el que estaría en lugar del dinosaurio —. Se detuvo cuando dio una vuelta completa y llegó de nuevo frente a la tontatta, claro, tuvo que mirar al suelo todo el rato y detenerse a tiempo para evitar cualquier accidente, pero entonces volvió a agacharse, buscando quedar un poco más a su altura. —Y por eso le llamo presa, porque actúe por instinto y no de manera calculadora, nunca busqué que fuera mi objeto de estudio, solo pasó y ahora…solo aprovecho la circunstancia. Podrías decir que soy un simple oportunista.

Miró entonces a donde la chica le señalaba, a ese lugar de donde decía venir y volvió a sonreír, parecía que la pequeña tenía una lengua afilada, ágil, aunque…no era su culpa cuando el mismo había preguntado antes algo que dejaba demasiado cabos sueltos; sin embargo, esta vez no dijo nada, solo asintió como si en verdad le hubiera dado una respuesta profunda y no algo demasiado obvio, además, no era lo importante, si no lo que venía después, ese estudio silencioso entre ambos, ese reconocimiento implícito que su mente no dejaba salir a flote del todo.

—¿Cabos Gemelos? —Parpadeó un par de veces y volvió a morder su labio, pensativo, intentando encontrar si ese nombre significaba algo o no para él. Se rindió pronto y terminó suspirando, eso no le respondía nada, pero la chica siguió con su retahíla de información que, nuevamente, cayó en saco roto. —¿Uogo? ¿Por qué querría hacerlo sangrar? Para empezar ¿Quién es Uogo? —Tanto por su tono de voz como por su expresión de confusión podía entenderse que no había ninguna broma detrás de sus preguntas, aunque, pronto sacudió su cabeza para no quemar sus neuronas intentando recordar cosas que, tal vez, solo recordaba a gran escala más que por detalles.

—Bueno, no importa, te creo que nos conocemos y sí, soy médico y no se que habré hecho para que cuestiones mi ética, pero…solo diré que me da curiosidad estudiar lo que no entiendo, así que si viste algo raro…tal vez, solo era eso, curiosidad —. Y estaba seguro de que la chica no vio nada que no debía porque, de otro modo, estaba casi seguro de que no estaría hablándole con tanta confianza, no si supiera a que se dedicaba en realidad.

—Alana —. Repitió el nombre con lentitud, intentando memorizar cada sílaba, por más inútil que eso resultara para él. —Pues, formalmente, un gusto conocerte, soy Hyákinthos y…no te preocupes, no tienes que memorizar el nombre, sé que es difícil de pronunciar, así que puedes llamarme Hyak o Cherry, como prefieras, yo no me quejo —. Sería demasiada hipocresía quejarse cuando el no podía recordar bien los nombres ni aunque se esforzara, así que solo sonrió y extendió su mano para chocarla con la de la pequeña, aunque…tarde se dio cuenta de que tal vez ella solo podría sostenerle un dedo.

—Ejem…bueno…sí...el dinosaurio —. Se levantó de nuevo para acercarse a su mochila mientras miraba de reojo como la más pequeña se movía con fascinación cerca de la criatura. Él, en cambio, rebuscó en su bolsa un par de guantes y mascarilla, además de alguno que otro objeto cortante que le serviría para abrir a la criatura, porque no, no pensaba usar el machete sucio de veneno, tierra y plantas para abrir a un ser tan fascinante.

—No tengo intención de ponerme territorial con algo que llegó a mi por casualidad, además, me viene bien no ser el único presente, así tengo a alguien con quien comentar lo que descubra de esta cosa —. Dijo mientras se ajustaba la mascarilla y miraba a la más pequeña. —Jmmm…y yo si usaré mascarilla porque puedo ser estúpido con las manos —. Una mentira en modo de broma, después de todo, no era torpe, pero si bastante precavido.

—Bien, empecemos —. Se movió ahora cerca del cadáver, ahora sí, atreviéndose a dar el primer paso al tocar el cuerpo, no con descuido, si no con cautela, pero con fuerza suficiente para girarlo un poco y dejarlo en una posición en la que pudiera maniobrar mejor sus herramientas, algo que no le costó mucho pues, ahora, parecía que el animal incluso era más liviano que antes…claro, cuando no intentaba matarte todo era más ligero. —Si no te molesta, haré los honores de cortarlo, a fin de cuentas, es mi culpa que haya sufrido esta terrible muerte —. No lo dijo como un lamento, solo como un comentario al azar.

No esperó que la más pequeña le diera una respuesta cuando ya se había acercado para hacer un corte en la parte más blanda del animal: el torso.

Fue un corte limpio, lento, no se apresuró en clavar el utensilio como si fuera un simple carnicero, se tomó el tiempo para tratar la piel como si fuera más bien un cirujano plástico en medio de una operación, pero, de todos modos, más temprano que tarde, la cuchilla se abrió paso hasta llegar a la carne que empezaba a tomar un tono opaco por culpa de la falta de oxígeno y de la nula circulación de la sangre.

—Puedes acercarte cuando quieras…observa lo que es capaz de hacer este veneno —. Giró su cabeza un poco para llamar a su improvisada compañera e invitarla a participar más activamente del recién empezado estudio.



RE: [Pasado/Social] No first cuts - Alana Sahiba - 14-01-2026

— Confiaré en ti tan solo porque me has dado la razón y eso es algo que me gusta. Toma nota de eso, te servirá en el futuro, algo así como "a Alana le gusta que le doren la píldora" —a pesar de eso, no me acerqué de golpe cuando dijo que podía hacerlo. Primero observé cómo se colocaba él midiendo en todo momento sus reacciones, pues no era capaz de ignorar como al inicio había estado tenso, protegiendo su territorio. No le culparía por ello, al fin y al cabo había encontrado a su objeto de estudio o presa (aunque más adelante revelase la realidad de todo lo ocurrido con aquel dinosaurio). Ver que sus músculos se relajaban me tranquilizó más de lo que estaba dispuesta a admitir. No era la seguridad del cazador orgulloso, ni del carnicero acostumbrado a abrir cuerpos sin pensar. Era otra cosa. Precisión. Respeto de oficio, a pesar de que posteriormente dijese que no recordaba nada de los Cabos Gemelos. ¿Todos tenían mala memoria o cómo? Si no recordaba mal, Maki había admitido no acordarse de mí… ¡Joder! Soy enana pero no como para se me omita así en todos los hechos.

Dejé a un lado la rabia de ser tan innecesaria cuando mencionó el veneno, mis dedos se cerraron ligeramente sobre sí mismos, no porque me sorprendiera, sino porque confirmó lo que ya sospechaba—. Eso es ofensivo, aunque me creas en mis palabras —aclaré como quien habla del tiempo, no le di mayor importancia y me incliné un poco hacia delante al ver cómo giraba el cuerpo. El sonido húmedo del desplazamiento me hizo fruncir el ceño. Demasiado fácil. No dije nada todavía, pero mi mirada se clavó en el torso, siguiendo la línea que pronto abriría.

Cuando habló de improvisar, de actuar por instinto, sentí un leve tirón de escepticismo. Instinto, sí. Pero no solo eso. Hay gente que improvisa mal y sobrevive por suerte, mirad a Han. Y hay gente que improvisa bien porque lleva media vida preparándose sin saberlo. Según escuchaba y según había visto, Hyákinthos era del segundo tipo.

El primer corte me hizo contener la respiración. No por asco, no por miedo, sino por atención absoluta. Me acerqué un poco más cuando la piel cedió, inclinando la cabeza para captar mejor la luz. El interior del cuerpo se reveló apagado. Mi estómago se tensó. No era una muerte violenta. Era una rendición forzada. La magia de los venenos. Un mundo aún por explorar para mí.

Cuando comentó que el animal había agonizado, sentí un pinchazo incómodo en el pecho. Se trataba de una mezcla de pena y de reconocimiento. Mis ojos recorrieron la carne, las fibras, el color. Todo hablaba de un proceso silencioso, ordenado. Demasiado limpio para ser accidental. Cuando dijo que ahora solo aprovechaba la circunstancia, levanté la vista hacia él, evaluándolo por primera vez no como médico… sino como variable. No terminaba de confiar del todo en su versión. Había algo que no me cuadraba. ¿Pero el qué?

— Actuar por instinto también es una decisión —pensé—. Aprovecharse siempre lo es. Supervivencia a veces. Curiosidad también. No es solo… crueldad o frivolidad, que es lo que puede verse aquí.

Di un paso más cerca cuando me invitó a observar el efecto del veneno. Me agaché, apoyando una mano en la roca húmeda, ignorando cómo el frío ignoraba que aún llevaba ropa y que se suponía que esta debería ser capaz de ignorar parte de su efecto—. Aquí —dije en voz baja, señalando una zona cercana al corte—. El tejido no se defendió. No hay inflamación. Es como si el cuerpo hubiese recibido la orden de apagarse… y la hubiese obedecido.

Entonces escuché algo que llevaba ignorando un rato (desventajas de encontrar tal magnificencia ante mí). Al principio fue solo una vibración leve bajo mis pies. Tan sutil que pensé que era mi pulso pero no, era el agua cercana que parecía haberse filtrado hasta esa zona desde algún arroyo oculto. Levanté la cabeza de golpe y miré alrededor. La selva seguía igual. Demasiado igual. Los insectos habían callado. Ese silencio repentino me tensó la espalda, intuyendo algo malo—. Hyak… —dije despacio, sin levantar la voz—. ¿Oyes eso?

No era un sonido claro, más bien una presión, incluso una extraña sensación en la piel, como un ligero cambio en el ambiente. Como si algo enorme se moviese lejos, pero lo bastante cerca como para sentirse. El cadáver del dinosaurio emitió entonces un leve crujido interno, casi imperceptible, y una burbuja oscura emergió desde el interior del corte, estallando con un plop húmedo. Palidecí. No era aire. Era espeso. Denso. Y olía distinto. De repente envidié a Cherry. Me incorporé despacio, sin apartarme del cuerpo, pero con todos los sentidos alerta.

— El veneno sigue activo —añadí, esta vez más firme—, incluso después de muerto. Joder. ¿Qué le has dado? Apesta.

Aunque intuí que no se trataría solo de la magia que Cherry hubiese hecho, sino también de la mezcla de los fluidos con el veneno, creando un resultado asqueroso, equiparable a un sinus que recién estallaba y dejaba ver en todo su esplendor una extraña y asquerosa virulencia. La diferencia estaba en que en el sinus buscabas expulsar absolutamente todo el líquido que contuviese, pero en ese bulto recién aparecido quizás lo mejor sería huir, no sea que fuese tóxico también al tacto.

— Creo que sí te aceptaré esa mascarilla y guantes como ofrenda de paz por olvidarte de mi persona, porque que sepas que no me olvido fácilmente de este tipo de faltas de respeto —y aunque la frase pudiese escucharse por sí misma a nivel lenguaje verbal bastante ofendida, el tono y mi expresión facial delataba todo lo contrario: relajación pura.


RE: [Pasado/Social] No first cuts - Hyákinthos - 22-01-2026

—Crueldad y frivolidad —. Las palabras se deslizaron por su lengua casi con deleite, como quien saborea un buen postre, incluso se permitió sonreír, algo notable aún cuando tuviera puesta una mascarilla, pues sus ojos se entrecerraron ligeramente y sus irises brillaron mostrando una evidente complacencia. —La naturaleza es cruel, mi estimada, no hay nada extraño en ello cuando se trata de sobrevivir… ¿Es una decisión? Sí, lo es, pero no elegiría a un animal por sobre mí —. Se encogió de hombros con la indiferencia de alguien acostumbrado a hacer este tipo de trabajos sucios, alguien que no tiene miedo de manchar sus manos con tal de salir airoso.

Sus manos entonces se movieron con cuidado, enguantadas hasta la mitad del antebrazo, tantearon el cuerpo y notaron lo blando del tejido, además, de algo aún más curioso que esa suavidad inusual, pues al menos para eso si que estaba preparado, después de todo, creía conocer bien los efectos que ese veneno en específico tendría sobre un cuerpo, ya sea humano o animal; sin embargo, algo más, un calor extraño, lo hizo sacar la mano y retroceder medio paso y, justo en ese momento, la voz de Alana volvió a escucharse.

—Sí, es la idea de ese veneno —dijo con voz suave mientras miraba de reojo a la más pequeña y volvía a moverse, intentando ignorar esa sensación calurosa y acercándose de nuevo para cortar más piel y carne, haciendo que los tejidos muertos cayeran hacia los lados sin oposición, como si se trataran de trozos de gruesa y apestosa tela. —Es una mezcla que preparé con plantas que puedes encontrar en esta isla si sabes dónde buscar —. Con confianza usó su propia fuerza para mover algo de la piel que caía ahora a los lados del dinosaurio como un par de cortinas. —Digamos que es un batido letal hecho con una plata que daña las células de los músculos y los nervios, otra que funciona como agente inhibidor, para evitar que el animal se recupere y otra que causa un colapso metabólico y como cuerpo entra en una fatiga extrema, eso hace que parezca que, simplemente, se apaga.

Sus ojos repasaron con atención el interior del animal, como si buscara memorizar cada parte de este para poder, luego, hacer un dibujo que le ayudara a entender mejor a la criatura. Curiosa era la manera en la que funcionaba su mente, pues, ese lado olvidadizo y distraído que mostraba en su vida diaria parecía quedar a un lado cuando se trataba de estudios, ya sea de medicina, biología o botánica, incluso, podría dar una charla, horas y días después, sobre lo que vio, sin necesidad de tomar apuntes, pero…de todos modos, estos eran necesarios. Le gustaba tener todo documentado.

Fue durante esos minutos de observación que pudo notar algo que, nuevamente, lo hizo dar medio paso hacia atrás, procurando tomar cierta distancia de seguridad por lo que sabía que podía suceder ahora y, por lo visto, su improvisada compañera también había escuchado lo mismo.

—Sí, lo escucho, fuerte y claro ¿No te parece interesante? —Escuchó la burbuja estallando y, en ese momento, se acercó lo suficiente para ver el proceso, pero no demasiado como para estar al alcance de cualquier mezcla que pudiera salirse de control. El veneno aún hacía efecto y, frente a ellos, tenían una muestra clara del funcionamiento en las células muertas. La sangre parecía “hervir” y de ahí venía ese calor que sintió antes y que lo hizo sacar la mano del interior del cuerpo, justo a tiempo. —¿Qué le di? Lo que te dije antes, pero para ser más específico, es un veneno citotóxico; sin embargo, debo ser sincero, es la primera vez que veo este en específico actuar en un animal tan grande. Es maravilloso —. Se movió hacia atrás para buscar una jeringa, la que encontró en el mismo sitio de dónde sacó su arma punzocortante —. Cuando lo “fabriqué” por primera vez hice pruebas en organismos más pequeños…bueno, pequeño según los parámetros de esta isla —. Es decir, insectos del tamaño de chihuahuas.

En ese instante, la jeringa, con una aguja de un tamaño mayor al que usarías en un ser humano de tamaño promedio, entró en una de las venas del animal y, el médico, aprovechó para extraer de esta una cantidad considerable de sangre que, para ese punto, no solo estaba caliente, sino que tenía una consistencia más espesa y un color más oscuro, casi negruzco.

—Sírvete como quieras de lo que tengo en mi botiquín, está abierto, aunque no creo tener guantes o mascarillas tan pequeñas, de todos modos, dijiste que podías improvisar, así que seguro encuentras algo ahí que puedas adaptar a ti —. Terminó de extraer la sangre y sintió muchas ganas de ajustarse mejor la mascarilla, después de todo, algo le decía que el cuerpo empezaba a emanar gases que no debería estar respirando, pero, lamentablemente, no podía sentir el olor. Su sistema respiratorio resultaba tan defectuoso como su memoria.

—Y, por cierto, disculpa si crees que te he faltado el respeto al olvidarme de ti, pero…nada personal…No suelo recordar los nombres de las personas, ni siquiera sus rostros o voces. No sé cuándo comenzó. Desde que tengo…jmmmm… “memoria”, ha sido igual. Dicen que es amnesia —. No solía detallar demasiado sobre sí mismo, pero en ese momento sintió la necesidad de hacerlo, quizá era porque la chica frente a él compartía profesión, tal vez así podía tener un punto de vista interesante más que una mirada de lástima.

Para ese momento no sabía si su colega se había colocado o no alguna mascarilla improvisada o unos guantes, pero, de todos modos, se acercó a ella para ofrecerle la jeringa ahora llena de sangre de dinosaurio y señaló a su lado, en donde había unos cinco tubos de recolección de sangre, indicándole que podía rellenar el tubo con los fluidos almacenados en el cilindro de la jeringa.

—Tómalo como una ofrenda de buena fe o una disculpa por mi mala memoria. No sé de donde vengas o en donde te estes quedando mientras estas aquí, pero seguro tienes algún lugar menos…selvático, en donde puedas analizar la sangre y lo que le hizo el veneno —. Se apartaría cuando la chica tomara la jeringuilla y buscaría otra para poder repetir el procedimiento, lo que no tardó en hacer, pues con cada segundo que pasaba la sangre se espesaba más y más. Demasiado rápido para su gusto. Una lástima…aunque eso probaba la efectividad del veneno.

—Tus manos están más limpias que las mías ¿Puedes ayudarme con las notas? Prometo compartirlas y no me iré pronto de esta isla, así que podríamos estudiarlas juntos si crees que es necesario —. Hablaba mientras se alejaba de nuevo con un tubo lleno de sangre y la guardaba con cuidado en los de recolección. La llevaría consigo al barco. —Ahora me falta recolectar muestra de piel y de tejido…Llevaría conmigo alguno que otro órgano, pero…no traje nada lo suficientemente grande para conservarlo —. Suspiró con pesadez, como si acabara de darse cuenta de una desgracia y, técnicamente, lo era, pues ir al barco por mejor equipo para almacenar partes de ese dinosaurio, sería una pérdida de tiempo. Cuando volviera lo más seguro era que el cuerpo estuviera demasiado dañado y, tal vez, mordisqueado por otros animales.

—¿También quieres muestras de ello? —Dejó a un lado la muestra de sangre espesa y volvió al cuerpo para sacar de este justo lo que dijo antes: cuero y carne. —Jmmm…aunque creo que tendremos que trabajar rápido en sacar esto. Este cuerpo se deteriorará rápido y el veneno se volverá menos obvio con el paso de las horas, así que la descomposición puede atraer animales indeseados para nosotros…entonces…Jmmm…tal vez sea mejor que me ayudes aquí en lugar de con las notas…esas podemos trabajarlas después —. Quizá no era necesario proponer algo tan obvio, pues estaba más que seguro que la tontatta querría participar de forma más activa en la “investigación”.



RE: [Pasado/Social] No first cuts - Alana Sahiba - 25-01-2026

Crueldad y frivolidad. Las palabras me rozaron como una cuchilla bien afilada: limpias, precisas… y hechas para cortar sin remordimientos. Era preciso en muchos aspectos, no solo en el médico. Levanté la vista hacia él con lentitud, observando cómo incluso tras la mascarilla demostraba el placer intelectual. No era sadismo. Era algo mejor: comodidad. O al menos eso es lo que me pareció entrever en sus expresiones faciales. Sentí un leve cosquilleo en la nuca. No de miedo, sino de reconocimiento. La última vez que sentí eso, acabé siendo traicionada. Aún no tenía motivos reales para desconfiar de él (más bien todo lo contrario), pero mi propia ansiedad me mantenía alerta.

— La naturaleza es cruel —concedí en voz baja—. Pero eso no nos exime de responsabilizarnos de cómo lo somos nosotros. Somos médicos precisamente porque vamos en contra de las normas de la naturaleza —para jugar con nuestra realidad a nuestro antojo y moldearla como queramos.

No aparté los ojos del cuerpo inerte mientras hablaba. El dinosaurio yacía abierto ante nosotros como una lección de anatomía a medio escribir, la carne separándose con una facilidad que me ponía incómoda. No debería ser así. Ni siquiera en un cadáver reciente. La incomodidad residía en que me hallaba al lado del autor. Cuando Hyak retiró la mano de golpe, yo ya estaba inclinándome hacia delante, con el ceño fruncido. Su explicación estaba bien hecha, medida, sabía lo que hacía, o al menos quería experimentar con lo que creía saber. En cualquier circunstancia era admirable—. Terrorífico. Me encanta. Tendré cuidado la próxima vez que me encuentre contigo. Tal vez ni deba tocar tus objetos sin guantes antes —una desconfianza fundamentada pero a la vez un tanto irónica, pues aunque me produjese pinchazos en el pecho, no sentía rechazo hacia él. Era más bien… temor y curiosidad.

Lo sentí entonces. No con la piel, sino más profundo, como si el aire mismo vibrara. Un calor húmedo, antinatural, que no pertenecía a ningún proceso normal de descomposición. Tragué saliva—. Eso… —murmuré— eso no es solo citotoxicidad.

Escuché su explicación con atención. Daño muscular. Inhibidores nerviosos. Colapso metabólico. Todo tenía sentido, demasiado. Asentí despacio mientras mis ojos recorrían el interior del animal, memorizando colores, texturas, la manera en que los tejidos se rendían sin resistencia, intentando encontrar en ese ser todas las palabras que él había admitido encontrar—. Has forzado al cuerpo a consumirse a sí mismo —dije finalmente—. No se apaga. Se quema desde dentro.

Cuando la sangre empezó a burbujear, sentí un escalofrío recorrerme la espalda. No por asco. Por fascinación. El sonido era bajo, húmedo, como una sopa hirviendo muy despacio. Me acerqué un poco más sin darme cuenta, hasta que la jeringa apareció y la aguja se hundió en la vena. El color me heló el estómago. Había algo extraño en ella—. Hyak… —susurré—. Mira la viscosidad. Está cambiando incluso fuera del cuerpo.

Me fijé en cómo el líquido parecía volverse más denso a cada segundo, como si la sangre estuviera olvidando cómo ser sangre y estuviera mutando a algo que aún no sabía describir, mucho menos nombrar. Tal vez una especie de pus.

Cuando me ofreció el botiquín, asentí y me moví hacia él, consciente por primera vez de que mis manos desnudas podían ser peligrosas para mí misma, aún más después de saber todo el mejunje utilizado para matar al dinosaurio. Era peligroso ingerido pero ¿lo sería también al tacto? Improvisé. Siempre improvisaba. Tela, hojas grandes, una venda vieja. No era estéril, pero en esta isla ese concepto era casi un chiste. Tomé la jeringa cuando me la tendió, sujetándola con cuidado, sintiendo el calor atravesar incluso mi protección precaria.

— Gracias —dije—. Y no te preocupes por mi nombre —lo miré de reojo—. He trabajado con gente que olvidaba caras. Además, no creo que eso sea lo peor que puede pasarle a un médico.

Cuando habló de la amnesia, mi expresión se suavizó un poco sin que pudiera evitarlo, no se transformó en pena, sino en curiosidad: la cantidad de cosas que pueden pasar desapercibidas durante la batalla—. La memoria falla —respondí—. El criterio no. Y el tuyo… es inquietantemente bueno. No todo tiene que ser malo.

Empecé a ayudarle. Pasé tubos, señalé zonas aún “útiles”, aparté piel con cuidado. Mis pensamientos iban rápidos, demasiado. Little Garden no era una isla normal. Nada aquí lo era. Y entonces… al llegar a aquella protuberancia, el olor me golpeó incluso a través de la mascarilla improvisada. Metálico. Dulzón. Incorrecto. Sentí un mareo breve, como si el aire quisiera entrar demasiado rápido en mis pulmones.

— Eso no es descomposición normal —dije, con la voz más tensa—. Tu veneno está reaccionando con algo propio del animal… o de la isla incluso. ¿Tal vez reacción a la propia humedad del aire?

Mis ojos se encontraron con los suyos, buscando una segunda opinión. Parecía de verdad maravillado poro aquel nuevo síntoma. Me acerqué de nuevo, más cauta esta vez, observando cómo el cuerpo parecía seguir “activo” en su propia muerte—. Si esto sigue así —añadí—, el cadáver va a volverse inestable. Debemos ser rápidos.

Respiré hondo, sintiendo el pulso en las sienes, una mezcla peligrosa de adrenalina y curiosidad—. Tú corta —concluí—. Yo apunto. Y si esto decide explotar, corro más rápido que tú.

Lo dije medio en broma… pero yo no me reí. Y durante un instante no supe si estaba más pendiente de la jeringa… o de lo natural que le resultaba a Hyak moverse en medio de aquel caos biológico. Aun así, cuando se acercó y me tendió la jeringuilla llena de sangre espesa, no dudé, a pesar de la broma. El cilindro estaba caliente. No “tibia”, caliente de verdad. Mis dedos se tensaron alrededor del cuerpo de la jeringa mientras seguía con la mirada el gesto con el que señalaba los tubos de recolección. Cinco. Pocos. Insuficientes para algo así.

— ¿Una ofrenda de buena fe? —repetí en voz baja, ladeando apenas la cabeza—. Curiosa forma de disculparse. Me gusta.

No había burla en mi tono, solo una observación sincera. Mientras hablaba, deslicé con cuidado la aguja y dejé que la sangre llenara uno de los tubos. Cuando se apartó para repetir el procedimiento, mis ojos siguieron el movimiento de la sangre, ese espesor antinatural que avanzaba segundo a segundo—. No es solo efectivo —murmuré, más para mí que para él—. Es voraz.

Cuando me pidió ayuda con las notas, solté una breve exhalación por la nariz. Casi una risa sin humor—. ¿Mis manos más limpias que las tuyas? —levanté una ceja—. Eso dice más de ti que de mí, doctor.

Aun así, asentí. Me moví a su lado, observando cómo guardaba los tubos con una delicadeza que contrastaba con la violencia del proceso que los había llenado. Me fijé en la forma en que suspiró al mencionar los órganos—. Puedo entenderlo —dije—. Un cuerpo así no se repite. No en cualquier lado. No con este veneno.

Cuando volvió al cadáver para extraer piel y carne, me acerqué también. El olor era más fuerte ahora. Observé cómo el cuero cedía bajo la hoja, cómo la carne parecía separarse casi con demasiada facilidad—. Sí —respondí cuando preguntó si quería muestras—. Cuantas más tengamos, mejor podremos distinguir qué es efecto directo del veneno… y qué es cosa de esta isla maldita.

Me agaché a su lado, esta vez sin dudar. Señalé una zona concreta del costado del animal—. Ahí —dije—. La textura es distinta. Mira cómo las fibras no se retraen —lo miré—. Eso puede darnos una pista sobre el orden en el que el veneno actuó.


RE: [Pasado/Social] No first cuts - Hyákinthos - 27-03-2026

Paciencia.
 
Todo lo escuchó con paciencia.
 
Tener a alguien a su lado para trabajar en asuntos como estos, era refrescante y más aún cuando ese alguien, lejos de sentir lástima por su falta de memoria, parecía más interesada y curiosa que condescendiente.
 
—Lo es, no puedo negarlo, mi criterio es bueno para este tipo de cosas —. Sonrió aliviado mientras seguía, de manera casual y más relajada, tomando muestras de un tejido que estaba descomponiéndose con una rapidez inusual. —Gracias por no hacer preguntas de más. Mi amnesia no es un tema que sea de mi agrado analizar, prefiero enfocarme en otros males…como este veneno.
 
Ahora que la tontatta le ayudaba de una manera más directas y que, de paso, ya se había colocado los implementos necesarios para trabajar, lo que vino fue más rápido, más directo. La efectividad aumentó. Siempre era buena idea tener un ayudante.
 
—Jmmm…podría ser. Es un reactivo relativamente nuevo, aún tengo cosas que estudiar de este, pero considerando que estamos en una isla prehistórica, no me sorprendería que el aire tuviera ciertos componentes que pudieran hacer el veneno más letal de lo normal —. Hablaba mientras su escalpelo pasaba con cuidado por la gruesa piel del animal que, curiosamente, cedía casi sin esfuerzo al filoso corte del metal, aunque el pelirrosa sabía que ese no era el estado natural de la piel del dinosaurio…era el veneno el que provocaba esa debilidad. —Tendré que estudiarlo más a fondo cuando llegue al barco —. Habló en un tono más bajo justo en el momento en que logró sacar un buen trozo de piel que le pasó casi enseguida a la pequeña mujer. Esperaba que ella pudiera colocarlo en el recipiente adecuado, algo que el médico notó, de reojo, que ella hizo.
 
—Y sí, es una ofrenda de buena fe. No conozco otra manera de disculparme…bueno, sí las conozco…pero son palabras vacías, nada más que eso. Cualquiera puede fingir un “Perdóname” —. A pesar de que hablaba, el médico estaba concentrado en su trabajo, esta vez quitando más trozos de piel, aprovechando que el cuerpo aun estaba lo suficientemente estable para trabajar sin mayores preocupaciones, pero debía hacerlo rápido para poder pasarle el resto de los trozos a la chica, aunque, al mismo tiempo, debía tener cuidado de no arruinar las muestras. —Como sea, toma…aquí va la otra parte de la ofrenda de buena fe: piel de dinosaurio.
 
Hizo el mismo procedimiento que antes, le pasó a la pequeña los trozos de piel que había cortado con precisión quirúrgica y, luego, se giró para extraer del cuerpo un par de trozos de carne, específicamente del tórax, en donde los músculos abundaban, pero también se notaban bastante dañados por el veneno. Una muestra perfecta para estudiar los efectos en un animal tan grande… ¿Qué tanto daño podría hacer ese veneno en una persona? El médico sonrió, algún día lo probaría; sin embargo, la sonrisa se le borró casi de inmediato cuando escuchó el comentario de la chica…No es que se hubiera molestado con ella, simplemente, su rostro pasó de la satisfacción a la curiosidad.
 
—Jmmm…Tiene sentido, es una de las zonas más cercanas a la herida que le provoqué con el machete. Tomaré muestras de ahí también, podría explicar muchas cosas —. Y así hizo, después de pasarle a la tontatta, los trozos de carne que había extraído del tórax del dinosaurio, el médico se agachó al lado del animal y, escalpelo en mano, cortó la zona que la chica le había señalado antes…dos trozos de aquella zona. Cumpliría con su palabra, le daría a la chica muestras de aquello ¿Por qué? Bien podría negárselas, pero lo cierto es que no estaba mal compartir un interés tan peculiar con alguien y… ¿quién sabe? Tal vez así podría conseguir una aliada en el futuro.
 
—Bien, creo que eso es todo lo que puedo extraer por ahora —dijo, no de manera casual, si no calculada, después de todo, el cuerpo del dinosaurio empezaba a calentarse, ya no era solo su sangre, sus tejidos también aumentaban de temperatura, como si el mismo ambiente se encargara de hacer que todo el proceso de descomposición se volviera más enrevesado. —Es fascinante lo que sucede, pero…este cuerpo ya no es seguro para analizar de cerca.
 
Se alejó un par de pasos y, con eso, empezó a recoger sus cosas. Limpió el machete, desechó sus guantes y mascarilla, además, vertió un poco de agua en sus manos para lavarlas, aunque no hubieran tocado el cuerpo directamente y, por último, guardó bien todas las muestras y le entregó a la chica las que le correspondían a ella…bueno, al menos las etiquetó, las llevaría mientras en su bolsa, más que nada porque los tubos de sangre eran casi tan grandes como la tontatta.
 
—Fue una investigación interesante ¿No lo crees? —Le sonrió a la chica y le ofreció su mano para que se subiera, al menos así saldrían más rápido de ese claro en medio de la selva, aunque…ahora faltaba algo importante: regresar al barco. —Ejem…Liana ¿Cierto? ¿Recuerdas por dónde viniste? De verdad quiero regresar al barco, pero…eh…creo que me he perdido un poco, ya sabes, por desviarme del camino y eso —. Nunca aceptaría en voz alta que era malo para las direcciones.
 
Además, de su mala memoria, aquello podría haber sido motivo de burla, aunque, por ahora, tuvo la suerte de que “Liana”, lo guiara hasta llegar a la playa, pues, de ahí en adelante, aunque demoró un poco, pudo llegar hasta el Royal Flush sano y salvo, además, con varias cosas que estudiar…al final, su viaje a la selva si que había rendido frutos. Definitivamente, disfrutaría su estadía en Little Garden.