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Una esperanza // Capitulo 2 // FIC // Pasado - Versión para impresión

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Una esperanza // Capitulo 2 // FIC // Pasado - Rackham Uker - 22-12-2025

- Así que estás despierto -

Las palabras del hombre sonaron en la cabeza del más pequeño, el niño que habían rescatado y tratado luego de encontrarlo tan mal herido y abandonado.

El sol golpeaba con fuerza a las pobres almas que decidieran que querían pasar su día a la luz que este brindaba sin esfuerzo. Era un día caluroso, tal vez el más caluroso que el pirata podía recordar. - ¿Quieres… desayunar? -. La duda se apoderó de sus palabras, con justa razón. El niño se escondía detrás del marco de una puerta, temeroso de acercarse. En su brazo izquierdo, un yeso que marcaba el mal estado en el que estaba su brazo, en sus ojos, el puro temor de acercarse a esas personas. - Tranquilo, solo queremos ayudarte -.

Unos pasos del hombre para acercarse al pequeño herido lo hicieron casi esconderse por completo , amenazando con correr si intentaba acercarse aún más. El mayor entonces se detuvo, se agachó hasta que una de sus rodillas tocó el suelo, extendiéndole entonces su mano en un movimiento lento. - Nadie te hará daño -. El niño observó la mano que le ofrecían, luego volvió su mirada al rostro de quien lo había traído ahí. Repitió ese movimiento de sus ojos varias veces, hasta que por fin pudo tener el valor suficiente para también estirar su brazo. Tembloroso y con un claro miedo, aceptó la ayuda, colocando su mano sobre la palma del hombre, dejando que este lo guiara hacia el interior de la cocina. - Alfred podrá preparar lo que quieras -.

El lugar era espacioso, lo suficiente como para que el ruido que generaba el hombre que se encontraba preparando algo, que debía ser el desayuno según la mente del pequeño, no se oyera con claridad desde la mesa en la que se sentaron. - ¿Ya estás mejor? -. La pregunta le llegó de sorpresa, no pudo hacer más que mirar a ese hombre, dudar, no contestar. Su rostro se movió, sin responder, evitando la mirada ajena. Entendiendo el mensaje, el hombre no preguntó más, siendo salvado por la llegada de quien antes se encontraba cocinando. - Señor, estoy seguro de que el pequeño prefiere comer antes de hablar de cosas como esas -. El recién llegado traía consigo varios platos con comida, dejando uno frente a cada silla de la mesa, incluyendo las que ya estaban ocupadas.

El pequeño vio la comida ofrecida, en silencio, igual que desde que apareció escondido tras el marco de esa puerta. Ambos hombres se miraron, parecían haber esperado que la comida le levantara el ánimo, pero el plan no parecía haber surtido efecto. El lastimado levantó el tenedor con su único brazo sano, su mano temblaba mientras pinchaba parte de lo servido, llevándose a la boca un pequeño trozo. Su cara no cambió mientras masticaba, no había una reacción, ni siquiera buscaba otro trozo con desesperación para mostrar que tenía hambre.

- El condimento puede… mejorar -.

Lo dicho sorprendió a ambos hombres, quienes se quedaron observándolo, sorprendidos, pues no esperaban que saliera con algo de ese estilo. El niño llevó otro trozo a su boca, volviendo a masticar pausadamente, como si quisiera saborear a la perfección lo que comía. Justo en ese momento, lágrimas comenzaron a brotar de los ojos del herido, unas pocas gotas rápidamente se transformaron en un mar de llanto que le impidió seguir comiendo. El hombre que le había prometido su ayuda se acercó, dejando que el pequeño lo abrazara y se aferrara a él mientras seguía llorando.

Nadie lo detuvo, nadie lo juzgó. Por primera vez en años, podía llorar sin miedo.

****************

Horas habían pasado, el sol ya no amenazaba con calcinar a quien se posara bajo sus rayos. El pequeño había comenzado a hablar, a explicar e interactuar con los otros dos jóvenes de la mansión, quienes le ganaban en edad por bastante aún así. Habían decidido mostrarle el lugar, el que se había convertido en su hogar, y ahora se hallaban caminando por el gran patio trasero. Los otros dos jóvenes se sorprendieron de lo rápido que las diversas mascotas adoptaron al nuevo pequeño como parte de la familia, jugando a su alrededor e incluso cuidando de que no volviera a lastimarse.

Toda la escena era vista por el hombre de cabellos oscuros, por una de las ventanas de las habitaciones del piso superior. A su lado, quien antes había cocinado el desayuno, su mayordomo, también siendo testigo de algo que parecía imposible cuando vieron al muchacho asomarse por esa puerta. - Alfred, sus heridas… -. No hizo falta terminar la frase, el mayordomo sabía de lo que se trataba. - Diría que el 20% de su piel son cicatrices, tiene algunas quemaduras graves que no fueron tratadas de la mejor manera y, simplemente por opinión profesional, muchos de sus huesos no deben haber sanado de manera correcta -.
La charla no parecía tratar del mismo niño que ahora acariciaba con tanta tranquilidad al pastor alemán que se había encariñado con él. - Y una quemadura circular en su omóplato derecho -. Ninguno de los hombres dejaba de mirar por la ventana, pero claramente sus mentes estaban en otro lugar. - Y dijo que eso fue porque una parte de su casa se le cayó encima en el incendio que mató a su familia. ¿Qué tan cierto crees que sea? -.

La duda parecía obvia para ambos.

- Si tuviera que asumirlo, diría que esa herida en particular no fue generada por eso -. El mayordomo era quien lo había tratado y revisado, quién podría saber sobre ese tipo de cosas. - Una quemadura en forma casi perfectamente circular, justo en una zona reconocible. Si algo se le hubiera caído encima dudo que ahora pudiera mover el brazo derecho -. Parecía obvio que no compraban esa mentira, que la razón de esa cicatriz era otra. - Lo marcaron, como si fuera ganado. ¿Quién le haría eso a un niño? ¿Planeaban venderlo como esclavo? -. Ahora el hombre no podía dejar de apretar su puño con rabia, molesto al pensar que podrían tratar así a cualquiera. - Dudo que sea eso… -. Las palabras del mayordomo atraparon la atención del otro hombre. - No creo que lo hubieran dejado escapar si planeaban venderlo, y lastimar más su cuerpo tal vez le bajaría el valor -. Palabras razonables, intentando calmar el enojo ajeno. - Dijo que escapó junto a su hermana cuando todo sucedió. Cuando lo contó, volvió a romperse y a llorar, así que asumo que, si hay algo real en su historia, es esa parte -.

Era normal dudar de la memoria de un niño de esa edad, sobre todo luego del trauma que debe haber surgido en su mente, pero los hechos se acumulaban dolorosamente. - Dijo que vio a marines, que ellos habían destruido su pueblo -.

- Así es, dijo que vio sus uniformes -. Aclaró el mayordomo.

- Ese marine rubio, el que lo estaba capturando cuando lo encontramos… -. El enojo volvió a la mirada del hombre. Sus ojos grises se afilaron, pensando en ese marine que habían vencido. - ¿Cree que tiene algo que ver con eso, señor? -. No hubo una respuesta inmediata. Ambos se quedaron mirando al patio, observando al más pequeño acariciar y recibir lametazos de un perro en la cara, sonriendo y disfrutando del momento.

- Sea o no quien le hizo todo eso, tendrá respuestas. Busquémoslo -.


Fin del capitulo