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[Pasado] Mr. Eclectic| Shin - Social - Runin D. Kitay - 23-12-2025



Año 16, día 50, 6:00pm. Invierno.
Taberna “Doble o Nada”
Isla Karate


El estridente sonido de un vaso al caer contra la superficie de madera se alza sobre el estruendo acostumbrado de la siempre concurrida taberna. Los hombres alejan de sus labios las jarras de hidromiel y cerveza para observar expectantes el espectáculo; las mujeres callan en expresiones de sorpresa que rápidamente se transforman en rumores que corren como la pólvora. El tabernero deja un cuenco de papas fritas en las manos de un cliente antes de salir tras el recibidor.

—¡Hey! ¡Si van a tener peleas de pareja que sea fuera de mi establecimiento! —El regente del local sentencia con aspereza, hace un movimiento de abanico con un trapo que lleva en su diestra. —¡Largo de aquí! Los trapos sucios se lavan en casa. —Esta vez grita en un obvio intento de demostrar poderío y orgullo, infla el pecho y las discusiones masivas estallan.

“¿Ves cómo golpean a una mujer y no haces nada?”

“¿Viste la ropa que lleva? Seguramente estaba coqueteando con otro tipo…”

“Algo tuvo que hacer ella para merecer esa cachetada.”

“¿Muy machito, cabrón? ¿Y si te enfrentas con alguien de tu tamaño?”

“Oye, guapa. Mejor ven conmigo, yo si te trataré bien.”


Las voces se vuelven interminables. El tabernero discute con la clientela, el perpetrador del ataque se endereza levantando sus manos antes de apuntar a Runin como si de una cucaracha malviviente se tratase. La fémina permanece en el suelo con la mirada gacha, el cabello cubre parte de su rostro y de su anatomía. ¿Lo que se escucha es un pequeño sollozo? Intenta levantarse pero las fuerzas escapan de sus extremidades obligándola a permanecer sentada, la siniestra asciende hasta su mejilla, es la zona afectada, ha recibido una fuerte cachetada.

—¡No! ¡Solo me estaba defendiendo! ¡Ella intentó robarme! —El hombre trata de explicarse ante las personas que han dejado sus sillas para ponerse a la altura del hombre. —¡Estoy seguro que trataba de estafarme! ¡Solo véanla! —Apunta de nueva cuenta a la amazona, quien al fin decide mostrar su rostro.



—¿Yo? Lo siento, esa nunca fue mi intención…

Sentencia en un hilo de voz que trata de aclarar, las lágrimas se derraman y los labios se relamen por acto reflejo, el salobre sabor alimenta sus sentidos, la mantienen alerta, en sintonía con la situación. —Conocí hace una hora al señor Urobe, me invitó a una copa y jugábamos a las adivinanzas. Queríamos hacer las cosas más divertidas y apostamos un poco… él perdió y después… mi mejilla duele. —Agacha la mirada de nueva cuenta y un nuevo silencio se expande antes de volver a contraerse hasta explotar.

“¿Entonces no es su mujer? ¡Aprovechado!”

“¡Cabrón de mierda, mal perdedor!”

“¿La de saber perder no te la sabes, marica?”

“¡Bótenlo de aquí!”

“¡Que pegue la comida y la bebida de todos a modo de compensación!”

El hombre de nombre Urobe, mucho mayor a Runin, intenta escudarse mientras ella utiliza la distracción para ponerse en pie. No le gusta actuar como mosca muerta pero el escenario le ha parecido perfecto para aguantar la risa y disfrutar de la atención de tantas personas en un mismo lugar. Eso y que el anciano le haya parecido tan asqueroso y monótono que el menor de los males es que la voz de las personas se expanda y quede como un imbécil para cada habitante chismoso de la isla.

Una señorita amable se adelanta a la morena para ayudarla a ponerse de pie, Runin agradece con delicadeza mientras ve cómo algunos hombres agarran al anciano de las solapas para intentar tirarlo fuera del local. El tabernero primero grita que necesita revisar sus bolsillos para que pague la cuenta de ambos, bien, no tendrá que pagar por el consumo realizado. La señorita se presenta como la esposa del regente del local y le ofrece tiritas de pan caliente a modo de apaciguar reconfortarla.

Runin parece vacilar de vergüenza hasta que al final accede. La dueña corre a la trastienda y al fin se siente un poco más libre cuando la diestra busca una copa que ha dejado a medio beber con antelación. Disfruta del sabor amargo del vino antes de responder preguntas utilizando tonos suaves. Se está cansando de actuar, solo quiere continuar con su bebida, comer algo de pan y salirse con la suya, porque efectivamente ha engañado a ese pobre viejo y le ha robado una bolsita de monedas en su propia cara, eso del hurto a escondidas no es lo suyo.



—Gracias por el pan, cariño.

Responde cuando una canasta de alimento suave es colocada frente a ella. Repentinamente la voz suena un poco más melosa, si, la máscara no durará en caerse, menos después de beber un sorbo más de vino. La dueña le acerca también un vaso de agua con hielos porque cree que está bebiendo alcohol a falta de líquidos, lo que hace Runin es colocar el recipiente contra la mejilla.

Los chismes pronto se dispersarán al igual que las personas, ella logrará huir con su botín y espera que con algo de suerte, sin ninguna mejilla hinchada o peor ¡Con moretones! No, ahí sí buscaría al viejo para romperle la cara y terminar de quedarse hasta con el último centavo de su jubilación. Existen límites para todos, menos para Runin.




RE: [Pasado] Mr. Eclectic| Shin - Social - Hasegawa Shin - 24-12-2025

¿Cuánto tiempo había pasado allí? El contorno del vaso comenzaba a ser borroso, las burbujas subían hasta el límite que permitía la bebida y pronto el sofoco en su interior le hizo imaginarlas como los segundos transitados en su estadía dentro de la taberna, elevándose y explotando en constante sucesión. Los ojos del albino se entrecierran, cae levemente hacia delante y parece a punto de ceder al sueño, había llegado al nivel en que el dueño del local se fijó en su estado, completamente dispuesto a indicarle que se retire del establecimiento tras haber tenido suficiente, con la cruel verdad de que...

...se trataba del segundo vaso con alcohol que consumió en sus quizás, quince minutos de permanencia en el establecimiento.

Hasegawa nunca fue muy tolerante a las bebidas, por eso lo evitaba salvo contadas excepciones, y aquella ocasión la pena acumulada en su pecho lo hizo despecharse en aquel líquido que tan rápido le subía. Era de las pocas cosas con las que otros compañeros marines conseguían molestarlo, aunque sus innumerables talentos y carisma particular revertían muchas situaciones de alta complejidad. Al menos si de defender su honor social se trataba.

De seguir bebiendo del vaso seguramente la somnolencia pasaría a ser un estado profundo de ebriedad, pero así como el resto del local, hubo un evento que rompió con el ciclo natural de las cosas, un show tan desagradable como inesperado, levantando los párpados del marine fuera de servicio para desvelar su mirada cerúlea en todo su esplendor. Un azul profundo que parecía combinar mar y cielo, resaltando el tono níveo de su piel y cabello.

Observa de reojo lo ocurrido, y el instinto protector que gobierna en su corazón se realza al momento de detectar que un hombre adulto acababa de golpear a la bella dama en el suelo, quien aseguraba tan sólo haber iniciado un pequeño juego que terminó con victoria para su beneficio, algo que la contraparte justo delante parecía no aceptar. El ambiente se había caldeado, y pese a que otros intercedieron, el tumulto que persiguió al agresor parecía no tener los pies sobre la tierra como para manejar lo ocurrido, es entonces que, como si el efecto del alcohol hubiese amainado repentinamente, llevándose consigo incluso las penas que lo llevaron a ese estado en primer lugar, se puso de pie.

El sonido llamó la atención de algunos, aunque era la figura imponente y autoritaria que supo portar lo que en verdad atraía varias vistas. Shin vestía con su haori característico, portando una camiseta negra y ajustada justo debajo, además de una sonrisa tan alta en confianza como su propio ego. —¡Aaaaalto! —elevó el brazo, con el dedo apuntando al techo y exclamó su palabra, deteniendo entonces el conflicto en curso.

Su vista se tornó de reojo a la mujer afectada, a quien le dedicó una media sonrisa, expresando la seguridad que alguien de su labor debía transmitir a los necesitados, y fue entonces que caminó entre un muy leve tambaleo al sector del problema. —¡Me encantaría permitir a las masas su dosis de justicia por mano propia! Peeero, para eso existimos nosotros, los marines. —se señala, haciendo una pose extravagante que sólo enfatizaba su estilo tan variante, impulsado por los restos de alcohol que aún hacían efecto en él.

El más adulto entre los presentes y además, presunto culpable, refunfuñó acusaciones contra la morena, y al final el hecho que desencadenó una decisión por parte de Hasegawa fue la ausencia de dinero para pagar su cuenta, pues el hombre parecía completamente vacío del susodicho, detalle que incluso consiguió sorprender al mismo. —Caballero, no me lo haga más difícil. —recto (a penas) se llevó una mano al rostro, negando con la cabeza. —Tendremos que detenerlo provisionalmente, y como no estoy de servicio me acompañará en total calma con mis compañeros de afuera. —lo señaló con ambos dedos índice de sus manos, volteándose entonces al dueño de la taberna. —Espéreme un momento. Yo me haré cargo de lo que no se pagó. —asintió varias veces, luciendo ese buen humor que utilizaba de máscara.

Dicho y hecho, efectuó como prometió, y una vez el adulto estuvo bajo resguardo de sus colegas, se dirigió a la barra, más precisamente cerca de la mujer afectada. No pudo evitar fijarse con más detalle en su vestimenta, los muslos a la vista y su precioso rostro, aspectos ajenos a la intencionalidad de sus palabras cuando por fin estuvo a su par. Instantes previos a dirigirle la palabra, consultó al tabernero cuánto era la cuenta de ambos y lo resolvió, pagándosela, para finalmente girar toda su atención a la morena.

—¿Más tranquila? —se inclinó levemente hacia ella, manteniendo una distancia prudente. Shin suele invadir los espacios personales de todos, pero en un momento así estaba seguro de que crear un ambiente seguro era lo mejor, al menos hasta que pase el mal trago de aquel golpe, que incluso la obligaba a mantener algo fresco en su mejilla con la intención de reducir o anular la inflamación que seguramente terminaría apareciendo.

—Mi nombre es Hasegawa Shin, por cierto. Encantado. —no extendió la mano, supuso por dentro que ya tuvo suficiente de hombres intentando mantener contacto físico con ella, por lo tanto, se alejó muy poco para observar a quien atendía a todos allí, y luego las tiras de pan que estaba consumiendo.

—¿Te gustaría que te invite algo de comer? Antes de que digas nada, no supondría problema alguno. Después de lo que pasó es lo mínimo que mereces. —una sonrisa de soslayo y pronto su encanto natural parecía haberse adueñado del momento. La seguridad, su tono de voz confiado y los leves esplendores de ego enmarcaban su figura, haciendo brillar la curva en sus labios, repleta de amabilidad bajo el constante pensamiento de que su labor no es sólo luchar contra piratas, sino también, enmendar el daño de la sociedad sobre personas inocentes, justo como la mujer que tenía enfrente.

Su intención primordial no era socializar o centrarse en conocerla, a pesar de sus atractivos muslos y la figura tan deslumbrante que portaba. Aún quería recuperarse del alcohol por cualquier imprevisto extra que pudiese surgir, no le agradaba sentirse tan vulnerable ante los conflictos, aunque de ser abordado por la dama en apuros, a lo mejor su charlatanería lo terminaría dominando.

Y por supuesto, el constante deseo de lucirse.


RE: [Pasado] Mr. Eclectic| Shin - Social - Runin D. Kitay - 23-01-2026


La imprevisible actuación se transforma en una función conjunta: un teatro inesperado que cobra vida en el interior de la ya no tan monótona taberna, envolviendo a los presentes: presunto culpable y presunta inocente; la turba; el dueño del establecimiento; y la irrupción de un atractivo personaje que eleva la voz hasta reclamar la atención de los espectadores.

“Marine”, menciona, y la esperanza burbujea en aquellos que se regocijan al comprender que la trama ha dado un giro inesperado. ¡La justicia encarnada! Envuelta en el dulzor de una sonrisa que consigue despertar el interés de cierta morena desalmada. ¿El ligero trastabilleo no es indicio de alcohol en sangre? Los héroes tienden a olvidar que no existe descanso verdadero para aquellos que llevan el deseo de proteger en las venas. ¡Se hará cargo! Incluso piensa pagar el consumo del hombre embaucado y de la falaz mujer. No hace falta que se entere de dichos detalles. Runin bebe de su copa utilizando la mano disponible, mentalmente lanza un brindis hacia el apuesto caballero de blanca armadura.

¿Se retira? No. Ninguno de los dos lo hace. Incluso el desconocido marine siente el impulso de acercarse a ella, dando por finalizado el acto teatral. Paga la cuenta, y algo en Runin se remueve: hace hasta lo imposible para no reírse a carcajadas, incluso bebe un sorbo más de su copa y, mientras tanto, perfila con la mirada la anatomía ajena. Es alto en estándares normativos, de rostro agraciado y lo suficientemente fornido para resultar atractivo sin llegar a incomodar.

Las personas comienzan a dispersarse; la atención se concentra en la vida de cada quién. De todos, menos de ellos. Porque ahora los orbes color chocolate se cruzan con un celeste profundo que le invita a naufragar en ellos. ¿No es osado al acercarse sin contemplación aparente? La justicia tiene más de un matiz, al parecer. Imposible fingir delicadeza cuando la comisura de los labios se eleva y aquella voz resuena en las paredes de su mente. La fémina siente necesidad de entretenerse.



—Mucho más tranquila, ahora que mi héroe está junto a mí.

Parpadea, esforzándose por reflejar curiosidad y ternura, aunque es consciente de que su voz delata una melosidad inevitable: una sugerencia implícita que invita a otros a acercarse más de lo debido. —Runin Kitay. —Saluda con simpleza esperando algún tipo de acercamiento típico mas la mano de él no se extiende y la propia no tiende a buscar sino a ser encontrada.  —Solo dime “Runin”. ¿Puedo llamarte Shin, salvador de blanca armadura?

Las bromas son parte innata del carácter de la amazona, al menos en primera instancia, lejos de la necesidad de mostrar la típica violencia que absorbe todo cuanto esté a su alcance. El vaso con agua es dejado sobre el mesón, de esa manera puede observar mejor a aquel que hace gala de su humanidad. La mejilla derecha ha quedado húmeda, no hace ademán de limpiarla. 

—No me gustaría que me veas como alguien atrevida o aprovechada. —Sonríe con ligereza, parece pensarlo un momento. —¿Te gustaría compartir un cuenco de sopa de champiñones? Dicen que vienen bien con el pan, y que sabe mejor cuando se sirve para dos. —Mueve la pequeña cesta para que quede en medio de ambos, un tributo a su buena voluntad aunque Shin ha pagado todo en un principio.

Inmediatamente su cuerpo se gira un poco, lo suficiente para continuar sintiéndose cómoda, lo necesario para poder verlo en su totalidad. Cruza las piernas una sobre otra porque un golpe en la mejilla y el escándalo provocado no pueden arrebatar ni su seguridad, ni su ego, peor aún el deseo de verse continuamente atractiva. ¿Es su impresión o el albino juega con la misma moneda que ella? Con esa fibra interna de egocentrismo que tratan de diluír tras otras facetas con la finalidad de engañar a los demás.

El rostro se inclina, solo un poco, y ahora es ella quien se acerca, solo un poco, lo suficiente como para intentar decir algo que solo les compete a los dos.



—Por cierto, cariño, ¿Es normal arrestar personas en estado de ebriedad o he malinterpretado algo?

La máscara termina por caerse cuando el deseo de reír un poco se hace presente, aún así no parece realmente culpable, sigue siendo curiosa porque lo es, tampoco lo juzga. El  brillo en la mirada de la amazona inspira a desear pasar un momento ameno luego del torbellino que ella misma ha causado.

—No quiero que aquel hombre después tome alguna represalia contra ti utilizando eso como motivo. —Se excusa y la comisura de los labios se eleva, miente, lo hace bien, lo hace con costumbre y encanto, apesta a sinceridad. Es lo peor. Relame parte de su labio inferior. —Tranquilo, oficial, si me toca testificar, diré que solo estabas en el lugar correcto y en el momento oportuno… para mi. —Una risita brota y el ambiente parece menos tenso que antes. —Gracias, Shin.


RE: [Pasado] Mr. Eclectic| Shin - Social - Hasegawa Shin - 28-01-2026

Los efectos no se dispersan de inmediato, pero eso no significa que Hasegawa esté perdido en tiempo y espacio, u olvidase sus formas ante situaciones fuera de lo común. El primer pensamiento que lo atraviesa es la sensación de haberse equivocado con la chica, pues su mirada iluminada y el tono meloso se alzan casi como una invitación implícita, era raro y le hace entrecerrar los ojos, porque en ocasiones esa podía ser una trampa para personas con poca empatía.

Quizás por mal interpretar las señales al hombre de antes le pasó lo que le pasó, aunque eso hablaba más de lo estúpido del sujeto que de una mujer que decidió ser agradable en todo momento y circunstancia.

Una vez le cuestiona si puede llamarlo simplemente 'Shin' responde por primera vez, había evitado interrumpirla, haciendo la interacción debidamente dinámica. —¿Héroe? Por favor, Runin... sólo evité un posible asesinato y la retirada pacífica del agresor. Sería lo que describes si hubiese tenido los reflejos necesarios para evitar que te golpee, lo siento por ello. —remarcó, antes de contestar directamente la pregunta —Y sí, casi que lo prefiero. Mis compañeros me llaman "Soldado Hasegawa", empieza a ser aburrido escuchar constantemente mi apellido... —se queja al aire, soltando un suspiro largo.

El nombre de la fémina se le hizo de lo más dulce, por ello instantes atrás degustó el pronunciarlo, sin embargo contuvo el instinto seductor que exclamaba a los gritos su deseo de aparecer, sólo lucía pequeños destellos. No era el tipo de hombre que se aprovechaba de una situación desafortunada y vulnerable para abordar de ese modo a nadie, no entraba en su razonamiento de ningún modo.

Sin embargo, lo que sí podía hacer era aceptar la invitación, y en vez de pagar un plato de comida compartir ese pequeño momento con ella, imaginó que algo de contacto social le vendría bien para terminar de pasar el mal trago. Notó, también, su mejilla húmeda, aunque de momento no hizo nada para remediarlo —Claro. ¡Que sean dos cuencos de sopa con champiñones! —con eso último se dirigió al tabernero, alzando al unísono su mano derecha, con los dedos índice y medio levantados, señalando el número mencionado.

Y quizás por ello fue agarrado con la guardia baja, observando de reojo la cercanía que produce Kitay. No le alarma, sólo es sorprendido, otra vez. Mucho más cuando escucha sus palabras, ¿tan evidente fue su estado de ebriedad? El shock inicial lo deja parcialmente enmudecido, instante que aprovecha para sonreír y cerrar los ojos, resignando la razón y recibiendo el consiguiente apoyo que prometió brindarle si las cosas se torcían con un falso testimonio del hombre arrestado.

No pasó por alto que le llamó "cariño", ni iba a dejar el agradecimiento difuminarse entre más palabrerío, por ende, buscó un pañuelo blanco y totalmente pulcro en el interior de sus ropajes, y aprovechando la cercanía, cerrándola incluso más, colocándose casi cara a cara, apoya la tela suave y refinada (con las iniciales de sus dos clanes talladas en un bordeado dorado) en la mejilla húmeda de Runin. El cuidado es absoluto, realizando movimientos lentos y medidos, como una caricia sin contacto directo. No la mira a los ojos hasta el final, cuando considera la tarea terminada, retirando el pañuelo de su piel y manteniendo una sonrisa bastante afable.

—Que sea nuestro secreto, Runin. —y antes de volver a su posición inicial, con la mano que sujetaba la tela blanca extiende el dedo índice y le da un toque pequeño en la nariz, como si fuese un adulto recordándole una lección a una niña traviesa.

—Fue un mal día. Y hoy lo tenía libre del trabajo... —confesó, dejando respirar el breve momento íntimo de antes, donde se respiraba complicidad. —En tu caso, tu mejilla se va a inflamar un poco, pero el frío que aplicaste ha sido suficiente para evitar moratones poco estéticos. Soy médico. —le sacó la punta de la lengua, rememorando durante ese instante la forma en que ella se relamió segundos atrás. De verdad que hacía un esfuerzo inenarrable para mantenerse centrado mientras esperaban la comida.

—Por cierto, 'cariño'. —trajo a colación su forma de hablar, no burlándose, pero sí devolviéndole el pequeño "golpe" a los umbrales de resistencia contra la tentación —Antes dijiste que no querías verte como alguien atrevida o aprovechada. Con lo primero no tengo problema, y lo segundo... por favor, creí que yo te daría esa imagen. Pero me alegra ver que a pesar de todo mantienes el ánimo, conozco a muchas personas que en tu lugar serían un manojo de nervios. —no se le hacía extraño, las personas son distintas y eso es un hecho. Nunca se imaginó un escenario donde estuviese pecando de inocente.