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[Fic][Pasado] El primer día en libertad - Hiiragi Kaminari - 23-12-2025 -Día 20 de la primavera correspondiente al año 14- En la mañana el cielo seguía algo encapotado, pero por entre las nubes de tormenta era posible apreciar los rayos de luz solar que se filtraban tímidamente para acariciar la costa de la isla Samba mientras los animales y habitantes de la encantadora isla despertaban para comenzar con sus días, fueran estos días laborales intensos y exigentes, de negocios y tranquilidad o llenos de lujos y hedonismo, dependiendo del estrato social donde despertasen aquel día el incierto número de personas que llamaban aquel lugar hogar o que habían acabado allí de forma temporaria. Entre quienes eran despertados por la luz del sol en aquella mañana cuyas nubes se disipaban apresuradamente, cual niños traviesos que se retiraban tras haber conseguido lo que pretendían lograr, bajo ese cielo cada vez más claro una chica con orejas de conejos sentía la conciencia regresar a su cuerpo mientras el calor del sol acariciaba su piel con generosidad, apartando el frio de la extenuante noche empapada que había pasado aquella criatura tan pequeña en la escala infinita de las cosas. Finalmente Hiiragi abrió sus ojos, se encontraba tirada en el suelo, prácticamente desnuda sobre la arena de la playa junto a un pequeño bote de remos volteado de donde vagamente recordaba haberse arrastrado antes de perder la conciencia, inmediatamente rodó en la arena y se levantó para enfrentarse lo que hubiera a su alrededor, temiendo por las posibilidades casi se tropieza consigo misma y la arena, pues temía que hubiera represalias a su intento de huida de aquella embarcación que tanto tiempo la tuvo aprisionada y sin embargo no había peligro inminente allí, no había gente malvada esperando para volver a arrastrarla al navío, no había gente apuntándole con ninguna clase de arma ni había nadie peligroso en las cercanías. A una distancia desde donde todo parecía pequeño, se podían ver las casas y plantaciones de caña de azúcar de la gente que vivía en el área más marginal de aquella isla que para Hirragi resultaba por ahora desconocida. Le tomó un momento asimilar la situación en que se encontraba a la Humink de cabello y pelaje blanquecinos, pero finalmente entendió que no estaba en peligro inminente, los meses y años en estado de alerta le pasaron factura inmediatamente pues sus rodillas se rindieron inmediatamente haciéndola caer con apenas tiempo de poner sus manos para amortiguar el golpe contra el casco del bote de remo que tenía a su lado, apoyada contra la pequeña embarcación los ojos rojos de Hiiragi se llenaron de lágrimas mientras ella se dejaba llevar por el remolino incesante de emociones que la estaban bombardeando, por primera vez en años era libre, por primera vez en quien sabe cuánto tiempo tenía autonomía sobre sí misma, autonomía real, no las migajas que lograba conseguir en aquella prisión que recorría las mareas que había sido su “hogar” durante dios vaya a saber cuanto tiempo. La madera del bote era golpeada por las gotas de agua salada que caían sobre él, por primera vez el líquido que tocaba la madera de aquella pequeña embarcación volteada no era el salitre del mar ni la angustia de personas lamentándose o sufriendo heridas, eran lágrimas de felicidad, lágrimas de libertad que Hiiragi derramaba mientras sonreía llena de una euforia que si su cuerpo lo hubiera permitido la hubiera tenido saltando por toda la playa de forma descontrolada. Los segundos se convirtieron en minutos y los minutos en casi una hora de simplemente dejar salir sus emociones reprimidas antes de que Hiiragi pudiera empezar a realizar cualquier labor que requiriese fuerza física, mental o de voluntad. Finalmente tras lograr relajarse y recuperar el control tanto de su cuerpo como de su mente la chica conejo se levantó del suelo y se apartó del casco del bote para mirar de nuevo a su alrededor, ya todas las nubes se habían disipado dando pie a un soleado día de comienzos de la primavera de aquella isla, aunque Hiiragi no tenía todavía la información exacta para intuir fechas o estación en el lugar estaba segura de que eran alrededor de las nueve de la mañana en aquellos momentos. -Bueno, para empezar tengo que revisar que tengo a mi disposición- Dijo en voz alta con una sonrisa tranquila por poder expresar sus propios pensamientos en voz alta en lugar de tener que contenerse o limitarse a lamer las botas de otras personas para que no le pasara nada. La jovencita con un poco de esfuerzo dio vuelta el bote de reos para revelar que había logrado traer consigo en su huida de aquellos malvivientes. -Para ser mis recursos iniciales, supongo que es mejor que nada…- Comentó mientras empezaba a organizar las cosas que habían caído en la arena -Veamos dos grandes telas de harpillera, mi ropa interior, un rifle raro, lo que parecen ser tres juegos de munición para el arma… ¡Que suerte!- No pudo evitar exclamar al ver cierto objeto de entre los que había obtenido -Una Brújula- comento mientras probaba el pequeño objeto, tratándolo con delicadeza entre sus dedos y sonriendo pues era capaz de apreciar fácilmente el valor que un objeto como ese tenía tanto en altamar como para orientarse en un lugar desconocido como era aquella isla. Tras apartar con cuidado la brújula Hiiragi siguió con el recuento de su “botín” -Botas… bueno parecen ser más un arma que ropa así que deben ser punteras- Se corrigió despreocupadamente antes de compararlas con el tamaño de sus pies y comenzar a probarse el calzado antes de quitárselo - Voy a tener que ajustarlas a mi medida, pero me servirán, excelente.- Agrego antes de dejarlas a un lado de forma despreocupada y seguir su revisión -Una bolsa de patatas sin patatas, dos cuerdas, un cobertor y una almohada que …- al revisar la almohada la joven de ojos rojos pudo ver por uno de los lados car un fajo de billetes detrás de otro, todos de baja denominación pero tras contarlos finalmente la Hiiragi pudo celebrar la obtención de una suma de dinero que superaba las veinte mil berries, no contaba para nada con un golpe de suerte como aquel, pero aquello mejoraba mucho la situación de la mujer conejo, sin importar donde se encontrase, el dinero siempre sería suficiente motivo para que la tratasen un poco mejor. Luego de recolectar todo de buena forma la joven miró su propio cuerpo y al percatarse de que se había desnudado para contabilizar su ropa interior como parte de los recursos a su disposición, dio gracias por la libertad, envolvió el rifle en las telas para que no se viera que era, metió todo excepto su ropa interior dentro de la bola de patatas, le hizo un par de agujeros para pasarle soga y usarla como una mochila improvisada antes de arrastrar el bote de remos al agua y empezar a dirigirse por agua a la zona poblada de la isla. A medida que iba acercándose notó que además del mar, había un gran rio en la isla, especialmente en la zona poblada a donde la coneja se estaba dirigiendo a ritmo tranquilo mientras bordeaba la orilla de la costa, el tiempo transcurría de forma lenta pero reparadora para la joven que hasta ese día siempre había tenido que correr detrás de los deseos y expectativas de otros. Una vez que estuvo suficientemente cerca de la zona poblada de la isla y se acercaba cada vez más al rio, empezó a ver los colores de la ropa que la gente llevaba y ella misma decidió ponerse su ropa interior para luego envolverse en una de las telas de harpillera que tenía, envolviendo su cuerpo para evitar causar cualquier escandalo o revuelo al interactuar por primera vez con los locales. Finalmente Hiiragi llegó suficientemente cerca para ver las caras de la gente trabajando en los campos de caña de arroz cercanos al rio, aunque dudó por un momento, con miedo a que fueran malas personas, la coneja sonrió para saluda a aquellos que estaban suficientemente cerca para saludarla mientras buscaba un lugar donde dejar el bote de remos de forma segura. Hiiragi tras arrastrar suficiente dentro de tierra el bote de remos para que una subida del rio no se lo llevase, se encamino al primer cumulo de casas que encontró para hablar con los lugareños. El primer individuo al que se dirigió era un hombre de alrededor de cincuenta años que estaba sentado frente a una casa con una pequeña mesa de trabajo con un mortero en la que estaba moliendo fibras de caña de azúcar, tal vez para fabricar alguna pasta o quizás papel en el futuro ya que tenía a su lado un barril vacío a su izquierda y uno lleno de fibras secas a su derecha -Hola, muy buenos días señor- dijo la jovencita itnetentando sonar los más amable posible mientras sonreía de forma encantadora para aquel hombre que hace ya horas había comenzado su día laboral, pero mantenía el buen humor de quien se ha levantado hace pocas horas -Buenos días señorita, es raro tener a una cara bonita visitándonos en esta zona de la isla ¿Qué necesita?- contesto con voz rasposa pero amigable el hombre mayor mientras las orejas de la peliblanca se acomodaban un poco a los lados del rostro de la misma. Haciendo uso de su encantadora expresión la coneja sonrió y se acercó un poco más al hombre -He llegado hoy a la isla y vengo habiendo perdido un poco la noción del tiempo, tampoco estoy segura donde he terminado tras mi pequeño viaje en bote- aquel hombre la miro de forma extrañada ante su afirmación, pero ya había vivido suficiente para no sorprenderse tan fácilmente, especialmente cuando una señorita tan agradable se acercaba con tan buenos modales -Sobre el lugar, estamos en el Reino Samba, específicamente en la zona más cercana al rio, por fecha estamos al veinte de primavera, tengo en casa un diario de hace un par de semanas si quieres enterarte de las últimas novedades… - el hombre la miró un momento antes de continuar -…Pero todo tiene un precio, en lo que yo voy a buscarlo te pediré que sigas moliendo la caña en mi lugar ¿Estás de acuerdo? - con una amplia sonrisa en su rostro la humink asintió para ocupar el lugar del hombre una vez que este se levantase. Moler fibra de caña de azúcar no era una actividad particularmente excitante Hiiragi, pero se encontraba feliz de verse recompensada por su labor y no podía evitar sonreír mientras seguía con la tarea repetitiva. Mientras los minutos cada vez más extensos pasaban la ojiruby dedicó sus manos a la tarea manual mientras que su mente se enfocaba en la labor mental de procesar la información que había obtenido, ya sabía dónde estaba, la fecha actual y con eso podía calcular muchas cosas, su edad era de veinte años al momento, habían pasado ya aproximadamente cinco años desde que la habían capturado como huérfana y la habían convertido en parte de la utilería de aquel maldito barco que si ella podía evitarlo, nunca volvería a ver. La mente de la jovencita seguía pensando, procesando, intentando recordar la ubicación en relación a las otras islas, no tenía clara la lista completa de islas con las que el Reino Samba tenía rutas comerciales, pero por lo menos debería de tener una ruta comercial con el Reino Sorbet si no fallaba la memoria de Hiiragi, así que no estaría estancada en la isla eternamente a menos de que le gustase mucho el estilo de vida de la gente local en samba. -Por lo que vi hasta ahora al menos la gente es agradable - dijo para sí misma mientras seguía moliendo la fibra de caña de azúcar. Tras un largo rato de espera, finalmente el hombre regresó, fresco como si hubiera tomado agua hace tan solo un momento, sonriente y relajado por el trabajo no realizado y con una pequeña pila de periódicos viejos en bajo un brazo y un vaso de agua que ofreció a Hiiragi en la otra -Perdón por la demora jovencita, es que me entretuve un poco viendo los titulares de estos viejos periódicos y luego me dio sed, para cuando recordé porqué estaba con los periódicos en la mano ya había pasado todo este tiempo, no era mi intención tenerte trabajando tanto solo por prestarte para leer un poco de diario, así que al menos decidí traerte un poco de agua.- explicó amablemente el hombre mientras Hiiragi se levantaba del asiento, agradecía el gesto y le dejaba libre el lugar al hombre para que pudiera sentarse, independientemente de que fuera a seguir moliendo la fibra o no. -No se preocupe señor, de todas formas estaba bastante entretenida, nunca tuve que realizar este trabajo específico antes.- comentó alegremente antes de recibir los periódicos del hombre -Y buena fuerza tienes en esos brazos si ya has avanzado tanto jojo- agregó el aldeano antes de sentarse para seguir trabajando mientras que a un lado, apoyándose en la pared de la casa Hiiragi comenzaba a leer los periódicos para informarse de todo lo que se había perdido mientras era prisionera de aquella malvada tripulación a la que deseaba olvidar y que con suerte se habrían hundido al fondo del mar si la desgracia la aquejaba seguirían libres provocando sufrimiento donde el oleaje los llevase. Para cuando el sol llegó a su cenit, la joven coneja pudo ponerse al día con los grandes acontecimientos del mundo y quedarse platicando con el hombre que tan amablemente la recibió. Para cuando llegó la hora de comer finalmente Hiiragi agradeció por última vez al hombre que molía la caña fibra de caña de azúcar antes de buscar un lugar donde comer y empezar a planear su propia vida y futuro. |