![]() |
|
FIC : +18 / Pasado ︵ ⃰ ᅠCogito, ergo sum. - Versión para impresión +- Nakama no Mi - Foro Rol de One Piece (https://nakamanomi.com) +-- Foro: Mundo (https://nakamanomi.com/forumdisplay.php?fid=3) +--- Foro: South Blue (https://nakamanomi.com/forumdisplay.php?fid=7) +---- Foro: Reino de Briss (https://nakamanomi.com/forumdisplay.php?fid=278) +----- Foro: Foso de Briss (https://nakamanomi.com/forumdisplay.php?fid=280) +----- Tema: FIC : +18 / Pasado ︵ ⃰ ᅠCogito, ergo sum. (/showthread.php?tid=2805) |
FIC : +18 / Pasado ︵ ⃰ ᅠCogito, ergo sum. - Zalik Blutrichter - 24-12-2025 Día 77 de Invierno, Año 16.
Entes, cosas; seres; seres pensantes. Los entes o las cosas son y, sin embargo, su ser permanece velado a sí mismo y a toda mirada que no sea la del pensar humano. Sólo hay un ámbito donde el ser no se limita a ser, sino que se muestra y comparece formalmente como tal; ese ámbito es el del hombre, el del pensar, el del espíritu o la conciencia, como diríamos. A través del método fenomenológico se ha recuperado la verdad de la intencionalidad de la actividad y del ser humano, verdad que sitúa al hombre de manera singular entre los entes en medio de los cuales estamos; es el único capaz de aprehender su propio ser y el de los demás. Con todo, se ha dado cabida a posturas que expulsan el pensar del dominio de los conceptos y de la actividad intelectiva, de aquello que denominan pensar lógico, para ubicarlo en el ser mismo del hombre.
¿Qué es, entonces, ese pensar previo al pensar lógico, aparentemente identificado con el propio ser del hombre, que frente al ser de los entes se manifiesta como presencia o patencia en la acogida del pensar? Podría parecer que ese pensar, identificado con el ser del hombre o con el ser aquí, no es más que una intuición empírica despojada de permanencia o sustancia y que, en términos filosóficos, no supera la intuición sensitiva; allí sujeto y objeto, pensar y ser, aún no develan su oposición real porque no han revelado su verdadero ser, accesible sólo a la mirada del espíritu o, más concretamente, de la inteligencia, tan a menudo menospreciada en el existencialismo. Sea cual sea el alcance efectivo de esta concepción en el pensamiento humano, el punto decisivo permanece oscuro y ambiguo, quizá de manera deliberada. Porque, entonces, ¿es el pensar, o la acogida de la presencia de lo presente, algo distinto de esa presencia misma? Es decir, ¿el ser del ente acogido es realmente distinto de la acogida en la que el ser revela su presencia? ¿Pensar nos confiere existencia y, por ello, el pensar que pretende aniquilar lo existente asume nuestra inexistencia pese a que pensemos?
Padre. Madre. Piratas. Existencia. Dejar de pensar.
Noche. Una hora impía que se nutre del sueño ajeno y para la cual el insomnio resulta una afrenta. La luna se alza con una belleza casi irreal; apenas hay luces que no provengan de las rendijas de innumerables casas. Una brisa fría, propia de la hora, circula cuando el sol ya no ejerce dominio sobre la tierra y concede a quien la cruza la sensación de un aire nuevo, poco respirado, limpio y concreto para suscitar una limpieza interior. La brisa roza los rostros de muchos jóvenes, aunque parece concentrarse en uno que se mimetiza con los colores nocturnos, como si hubiera en el aire un recelo que obligara al propio suceso a concluir en los brazos de un hombre que apenas alza la mirada y fija su atención en el centro de todo origen sonoro. Avanza solo, con las manos en los bolsillos y una sonrisa tibia; en su contención, las cejas se elevan lo justo para conferir una calma absoluta.
A paso lento, capturando miradas de mujeres y de algún hombre prevenido por el rechazo social hacia su sexualidad, entra en un pequeño local donde se ejerce la prostitución bajo la premisa de que las mujeres sólo bailan y se dejan tocar si así lo desean. Muchos rostros se vuelven hacia la nueva presencia, un intruso entre borrachos y personas poco delicadas. Desentona sin ser reconocido; y, en su contradicción, resulta lógico, pues una belleza cercana a la de un ángel caído no tiene por qué ser popular. Avanza sin pronunciar palabra; no era habitual verlo en tales entornos. Era pulcro y exigente con una ley rígida, fundada en caricias que tocaban la materia gris del ser vivo, con independencia de su cuantía. Caricias que eran palabras, con plena verdad.
Dos mujeres se acercan; una muestra alivio tras una sucesión de hombres, cada cual más desagradable que el anterior. Se aferran a su cuerpo y piden clemencia. Zalik sonríe y asume un papel que, conforme a sus preferencias, no cumpliría de manera normativa. Las rodea con los brazos, ciñendo cinturas, y se acomoda con ellas en un sofá de esquina desde el que observar sin delatar su posición. La conversación fluye; él espera a alguien. Espera con ánimo, con la esperanza de hallar a una persona concreta cuya presencia en antros de tal calaña le había sido revelada. La espera se prolonga; entretanto, y gracias a palabras suaves y a un rostro infrecuente, recibe el favor de una bebida gratuita y la compañía de las dos mujeres, que alternan anécdotas irrelevantes con relatos traumáticos, detallados con rostros y nombres. Zalik escucha más allá de la escucha activa y piensa en la posibilidad de acabar con los implicados en la piratería. Sin oferta no hay demanda; sin criminalidad, estas mujeres no tendrían que exponerse como carne tras tela transparente. Un cáncer que se expande; una cura que no llega. Pero está él; él puede ser el acontecimiento, la prevención primaria.
⸻Disculpadme, feich⸻se acomoda ante su pequeño público, sostenido por una confianza efímera. Su mirada sigue los pasos de a quien observa y delimita su figura. Ahí; justo ahí. Su manzana. Su desapego hacia figuras ajenas resulta evidente, de modo que debe encaminar el cierre. Debe hacerlo. La mente humana opera en sumas y restas cuando razona de manera directa; la fragmentación surge en ambientes propicios al pensamiento crítico o, en su contrariedad, cuando un trauma desvía el aprendizaje motriz y emocional ante la posibilidad de repetición.
⸻No es mi intención haceros repetir una historia de tan mal gusto; temo, sin embargo, no haber escuchado bien el último acontecimiento. ¿Podríais concederme el placer de oír vuestra voz una vez más, aun en este contexto?⸻se inclina hacia la mujer, con unos ojos azabache que escrutan su interior. Sonríe; y acierta.
⸻Qué bien huele… menudos ojos⸻susurra la más joven, con una envidia leve hacia la mayor por el protagonismo que Zalik le concede. Es la más próxima al objetivo y, sin apartar la vista, escucha hasta que decide que lo oído basta para concluir que su presencia no es ventajosa, sino de interés común.
⸻Comprendo⸻interrumpe; abre los ojos en una “o” apenas perceptible y emite un sonido de sorpresa, todo en unísono que garantiza la corrección del gesto⸻se me había olvidado… debo irme. Espero volver a coincidir con vosotras; vuestra compañía ha sido la más agradable que he tenido en años.
Las mujeres no se molestan pese a la pena del momento. Lo favorable es que se sienten aliviadas; el desahogo ha mitigado el estrés que su oficio, si cabe llamarlo así a algo intrínsecamente nocivo, les impone. Se disuelven hacia la izquierda; Zalik, entre la multitud y con la mirada baja, aprovecha para adherir una nota, ya preparada en su bolsillo, al hombro de un tirano, de un pirata; sí, de ese pirata, de su presa. Como era previsible, la inteligencia brilla por su ausencia; al leerla, y con la ingenuidad de un niño, concluye que una letra tan cuidada sólo puede pertenecer a una mujer bella. Obedece sin demora las dos instrucciones para un encuentro íntimo. La primera exige acudir solo, por tratarse de su primera vez con un hombre de tales características, lo que le ha despertado curiosidad. La adulación siempre surte efecto en quienes se creen líderes o destacan. La segunda indica esperar en el baño de hombres, en el cubículo quinto. El pirata no vacila; ello confirma la convicción de Zalik de que no sólo son ávidos, sino desesperados hasta el punto de no advertir un peligro tan evidente. Le gustaría que hubiera algo más abstracto y complejo; teme, sin embargo, que la mente criminal no supere el estadio más básico, empeñada en levantar un castillo de poder e intimidación que se derrumba ante la intervención comunitaria, ante la prevención del crecimiento.
Avanza y delimita las instrucciones; al entrar, algo ha cambiado. Una voz femenina de timbre bajo abre paso; y “frente” a ella, un hombre enmascarado. No hay nadie más. En el entusiasmo, el ajeno se baja los pantalones; el tintineo del cinturón acompaña el gesto. El cambio, de no portar máscara a llevarla, apenas inquieta; el ambiente está saturado de alcohol y mujeres que acaparan la atención. El baño está vacío; al fondo, una ventana da al exterior, la más próxima al quinto habitáculo. ¿Casualidad? No; premeditación. Conciencia forense. Conocer el entorno antes de ejecutar; conocer la debilidad del enemigo antes de erradicar, antes de dejar de pensarlo, antes de reducir su existencia.
⸻Oh, ¿qué escucho por ahí? ¿Eres tú… mi hermoso pirata?
⸻Joder, qué voz más bonita. Sí, sí… soy yo. Dijiste que estuviera aquí. ¿Me la vas a mamar ya o qué? Tengo unas ganas de follarme una buena boca.
⸻Mi dulce capitán, no sabes lo cachonda que estoy ahora mismo⸻avanza de puntillas para no hacer ruido. Una navaja, obtenida en el intercambio previo con varias prostitutas, sirve de instrumento. El paso es ligero, aunque no oculta la impaciencia de Zalik al imaginar al pirata sin vida.
⸻¿Estás aquí? Me apostaría diez berries a que no⸻golpetea la puerta con suavidad, como nudillos frágiles; la voz, atontada, traiciona el olvido del lugar pactado. Muñeca rasca y chicle es movido a la mejilla zurda con la lengua.
⸻Sí, como tú especificaste; y no sabes lo que te espera. Mira⸻de una patada abre la puerta y contempla lo inesperado. Entre el pantalón bajado y la intención de dominar a una mujer sufriente, hay un hombre con una navaja y una máscara.
⸻¿¡Qué cojones!?⸻la sorpresa se disipa en palabras al aire; enseguida, dos puñaladas al cuello, una a cada lado. La voz se extingue; el ahogo llega con los propios fluidos. Zalik rompe la ventana y escapa, amparado por la hora, la escasa luz y los rostros anónimos. Guarda el arma para arrojarla al pozo más cercano. Conciencia forense.
No hubo palabra; no hubo nacimiento de culpa ni de arrepentimiento. El cadáver sería hallado por otro hombre que entró a mear y encontró la escena.
Las palabras son para quienes piensan; piensan para los demás. Un culto perdido en la elegancia de la normalización de un mundo partido entre una libertad de la mar lamentable en lo moral y una justicia incapaz de acertar a dos metros de su diana.
Zalik no explica por qué erradica piratas.
Porque los piratas no deberían existir; no deberían ser pensados.
Ellos deben explicar al mundo que su existencia es consecuencia de la avaricia disfrazada de libertad condicional.
Los piratas deben palabras a Zalik.
Zalik tan sólo es la goma que borra del borrador de la existencia aquello que no debió salir de los límites de la inexistencia. Del no pensar.
Los piratas no piensan.
|