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[Presente Relativo] Sin Vasos Vacíos | Social | Hiiragi - Asherah Bel-Nadin - 24-12-2025

》Día 77 de Invierno, Año 16


Llegué al Centro de Danza cuando el día todavía estaba tibio, como si el sol no se hubiera decidido del todo a irse y prefiriera quedarse mirando. Entré descalza, con la planta del pie cargada de arena y calle caliente, ese polvo fino que se mete en la piel y después no se va. El piso de madera respondió con un crujido conocido, casi íntimo. Este lugar me reconoce antes de que yo diga quién soy.

El Centro es grande, pero no intimida. El gran salón y principal es ancho, abierto, imperfecto. Maderas marcadas por años de pasos, telas colgando a los costados —ex cortinas, ahora frontera blanda— y ventanas abiertas sin pedir permiso, dejando que el aire circule como quiere. Acá el calor no se pelea: se baila.

Dejé el bolsito en el rincón de siempre, ese que nadie ocupa porque, sin decirlo, quedó entendido. Me até el cabello con los dedos, sin espejo ni ceremonia. No vine a verme linda, vine a moverme. Saludé a algunos con una inclinación de cabeza, a otros con una sonrisa ladeada, de esas que no interrumpen nada. Aquí se funciona mejor cuando nadie siente que tiene que cortar su propio ritmo.

Antes de que arranque la música, ayudé un poco. Barrí el borde del salón, corrí bancos hacia la pared, acomodé botellas de agua y fruta sobre la gran mesa de madera que siempre está ahí, como un corazón quieto esperando latidos. Alrededor flotaban voces mezcladas: risas, comentarios sueltos, historias que se repiten porque siempre hay alguien nuevo escuchando.

AMBIENTACIÓN

La primera trompeta entró baja, casi tímida. Una nota larga, arrastrada, y después otra que se le montó encima. El cuerpo respondió solo. Aflojé los hombros, dejé que el peso caiga, que las rodillas se doblen apenas. El movimiento nació en la cadera, lento, circular, como si estuviera siguiendo una línea invisible que la melodía iba marcando en el aire.

Bailar acá no es marcar una coreografía cerrada. Es proponer. Es decir “por acá podría ser” y ver qué pasa. Avancé un paso, retrocedí dos, giré suave y dejé que el pie arrastre apenas sobre la madera. El roce hizo ruido. Me gusta ese sonido: es prueba de presencia.

Los metales fueron creciendo de a poco. Una segunda trompeta, un bronce más grave sosteniendo el fondo, una voz que se coló entre las notas sin pedir permiso. Mi espalda se arqueó apenas, haciendo bramar las alas que pronto se plegaron para no incomodar, un poco por exhibición, no lo he de negar. El pecho se elevó, los brazos se soltaron, describiendo curvas amplias, generosas. El sudor empezó a aparecer en la nuca, bajando lento por la espalda. No lo sequé. Acá el brillo no se esconde.

Vi caras nuevas en el borde del salón. Siempre las hay. Gente con el cuerpo rígido, con ganas contenidas. Me acerqué lo justo para que se sientan vistos, no tanto como para incomodarlos. Cambié el ritmo, marqué algo simple, repetible, siguiendo el fraseo de la trompeta. Una invitación sin empujar.

Giré rápido, bajé el centro de gravedad, sacudí las caderas en un pulso corto y juguetón. Escuché alguna risa, sentí miradas que se quedaban un segundo de más. No las esquivé ni las busqué: seguí bailando. El cuerpo trabajando es un cuerpo sincero.

Alguien se animó a entrar. Pasos torpes, entusiasmo auténtico. Exageré un movimiento para que pudiera copiarlo si quería. Erró el tiempo, se rió, siguió igual. Perfecto. La música no castiga.

Me moví usando todo el ancho del salón. Los pies marcaban el pulso, el torso iba por otro lado, respondiendo a los quiebres de la melodía, creando esa tensión rica que hace que el baile respire. Los brazos subían y bajaban como olas. No bailaba para alguien en particular, pero tampoco me sentía sola.

El ambiente se fue espesando. Más cuerpos, más calor, más respiraciones mezcladas. El piso vibraba con cada entrada de los metales. Sentí una mirada sostenida en algún punto y la dejé estar. A veces sostener la propia danza también es una forma de diálogo.

Hubo quienes hicieron saltos cortos, giros breves, desplazamientos diagonales, dejándose llevar por los cortes filosos de la trompeta. Se veían livianos, como elásticos, casi descalabrados. Reí cuando casi chocamos con alguien y nos esquivamos en el último segundo, como si lo hubiéramos ensayado. Esas sincronías hacen que el lugar se sienta vivo.

Escuché bromas, elogios, desafíos lanzados al aire. Alguien dijo que quería aprender “eso que hiciste recién” y yo respondí con un gesto vago, como diciendo que no tiene nombre, que se aprende estando.

El calor apretaba, pero nadie parecía querer irse. Alguien abrió más una ventana, otro alcanzó vasos. El Centro se regula solo, como un cuerpo grande que sabe cuidarse.

Después de un rato largo —el tiempo acá no se mide igual— aflojé. Dejé que los movimientos se vuelvan chicos, casi reflejos, y me escurrí hacia un costado sin romper el flujo. Me senté en uno de los bancos junto a la gran mesa de madera, todavía con el pulso marcado en las piernas.

Tomé una botella y bebí despacio, dejando que el agua fría haga su trabajo. El cabello húmedo se me pegaba a la piel, la respiración se acomodaba de a poco.

La mesa estaba viva: fruta a medio cortar, vasos que iban y venían, manos apoyándose un segundo de más, risas sin contexto fijo. Desde ahí se ve todo sin invadir: la pista encendida, las caras nuevas dudando en el borde, los cuerpos ya sueltos. Yo me quedé ahí, escuchando, observando, con el cuerpo todavía caliente y abierto.

Vestimenta



RE: [Presente Absoluto] Sin Vasos Vacíos | Social | Hiiragi - Hiiragi Kaminari - 25-12-2025

Ya habían pasado un buen par de años desde la primera vez que había arribado a aquella isla por primera vez, pero siendo uno de los primeros lugares donde consiguió disfrutar de su libertad Hiiragi no podía evitar volver a visitar lugares de la isla, especialmente aquellos que tenían sus propios encantos como era el centro de danza y por eso mismo en aquella tarde donde estaba a su disposición aprovechó a visitaba el lugar donde más se había divertido de forma segura y general en aquel lugar, con una sonrisa en su rostro la joven de orejas de conejo se dispuso a entrar en aquel lugar.

Con un paso tranquilo y sonriente la jovencita de ojos rojos, pelaje de color blanquecino y esbelta figura entró caminando con la ligereza de quien visita una vez más la casa de un familiar, la desgastada madera apenas e hizo ruido alguno, como bienviviendo a la ligera jovencita que pisaba aquel ligar una vez más. La brisa de viento entre caluroso y refrescante por su andar no dejaba de acariciarla a ella y a quienes estuvieran dentro del ya viejo edificio constantemente abierto de par en par.

Parecía ser que el salo de baile tradicional estaba tan activo como las veces que lo había visitado en el pasado, con un ambiente jovial y agradable para la chica conejo que sonreía mientras entraba pasando por el lugar dando pequeñas zancadillas al ritmo de lo que sonaba de fondo mientras llegaba a un lugar donde arrojar un rato sus posesiones para que no le molestasen ni obstruyesen en aquella recreativa velada que deseaba tener.

Para esta ocasión Hiiragi estaba vestida de una forma que la hiciera sentir suficientemente cómoda para que el disfrute se hiciera largo y las miradas supieran que había sin andarse con demasiados chequeos, la chica conejo de más de un metro setenta estaba vestida con lo que parecía ser un bikini de un rojizo oscuro adornado con un par de mechones de tela colgando a los costados en un tono más rosado que ayudaba a combinar entre la relativamente pálida piel, el blanco pelaje y los ojos que como dos rubíes decoraban el rostro de aquella chica Humink que allí se encontraba una vez más, no había venido tantas veces pero ya tenía una idea de la forma general para manejarse en aquel lugar así que sabía que nadie se escandalizaría demasiado por su atuendo, sus orejas o la cola de conejo que resaltaba en su retaguardia.

Entonces la vio allí bailando por a una hermosa mujer de alas negras que por primera vez encontraba en aquel lugar, Hiiragi no pudo evitar simplemente admirarla y disfrutar de su ritmo al bailar como un espectador más antes de ver que se tomaba un descanso que la conejita aprovecho para acercarse sonriendo -Muy buenas tardes encantadora señorita y musa del baile que he podido atestiguar. - dijo sonriendo mientras intentaba imitar un poco a aquellos jóvenes galanes que algunas veces la intentaba halagar más para de ambas que realmente por intentar algo más - Mi nombre es Hiiragi y estaría encantada de conocerte y tener la oportunidad de conocernos, quizás charlar y bailar una vez que puedas descansar si es que te parece bien. -

Off: Perdón el post corto, se me complico y estoy respondiendo a ultimo momento, sorry


RE: [Presente Absoluto] Sin Vasos Vacíos | Social | Hiiragi - Asherah Bel-Nadin - 03-01-2026

Levanté la vista cuando la escuché acercarse.
No de golpe, no como quien se siente interrumpida, sino con esa calma tibia que queda cuando el cuerpo todavía vibra, pero ya no pide moverse. El pulso seguía ahí, marcando desde adentro, como una música que no terminó de apagarse.

La vi antes de que terminara de hablar.
Blanca, no pálida: blanca de verdad. Un blanco vivo, casi luminoso, que el salón no se tragaba sino que parecía devolver amplificado. El pelaje suave atrapaba la luz como espuma contra la madera gastada, y las orejas largas se movían con vida propia, incluso cuando ella estaba quieta. No eran un adorno: eran gesto, escucha, intención. Los ojos rojos, grandes, abiertos, no tenían nada de amenaza y sí bastante de curiosidad honesta. De esas miradas que no miden, que entran primero y preguntan después.

Alta, esbelta, pero con un peso bien plantado en el cuerpo. Se notaba incluso detenida, como si cada paso previo hubiera dejado memoria en el piso. La sonrisa le nacía fácil, sin cálculo, y eso se percibe enseguida, casi como un cambio de temperatura en el aire.

— Buenas tardes — le respondí, con la voz todavía tibia por el baile, un poco más grave de lo habitual — Gracias… y lo de musa te lo acepto solo porque hoy estoy de buen humor.

Fue medio en broma y medio en serio. Acá los títulos duran lo que dura una canción.

Me corrí apenas sobre el banco, lo justo para dejar claro que el espacio estaba disponible, y señalé el lugar a mi lado con un gesto simple, abierto, sin ceremonia.

— Sentate, si querés. El banco es largo y el agua está fría — agregué, levantando un poco la botella como prueba irrefutable.

Le di tiempo. No porque dudara de que se sentara, sino porque me gusta respetar ese segundo donde alguien decide quedarse.

Mientras tanto, me permití mirarla un poco más de lo estrictamente necesario. No con descaro, sino con esa atención tranquila que se gana alguien que entra bien, sin romper el clima. El contraste entre su figura y el entorno le sentaba perfecto: la piel clara, el rojo profundo del bikini, la cola visible sin vergüenza, sin disculpa. Como si el cuerpo no fuera algo que esconder, sino simplemente algo que está. Acá eso no resta. Acá suma.

— Asherah — me presenté al fin — Y no te hagas drama, llegaste en el momento justo. Después de bailar siempre viene la parte linda: sentarse, mirar, hablar pavadas importantes. Es todo un tema.

Apoyé los codos sobre la mesa un segundo, estirando la espalda con un suspiro breve. Las alas se acomodaron solas, plegándose sin desaparecer del todo, todavía calientes. El sudor ya no corría, pero seguía ahí, marcando que el cuerpo había estado en movimiento hace nada. Me gustaba esa franja exacta: ni agotada ni quieta, justo en el medio, donde todo todavía puede pasar.

— ¿Es la primera vez que venís hoy o sos de volver seguido? — pregunté sin apuro — Hay caras que el lugar se guarda fácil… y otras que reaparecen cuando menos lo esperás, como si nunca se hubieran ido del todo.

Alrededor nuestro, la vida seguía sin pedir permiso. Alguien se reía fuerte cerca de la ventana abierta, otro grupo discutía qué música poner después, con argumentos exagerados y cero consenso. Un par de cuerpos seguían marcando pasos sueltos, desobedientes, como si la pista fuera un estado mental más que un lugar. Las trompetas sonaban de fondo, ahora más suaves, cansadas y contentas, como músicos apoyados en una pared tomando aire.

Tomé otro trago de agua y dejé la botella sobre la mesa, cerca de la fruta cortada y los vasos desparejos.

— Si te parece charlar un rato, yo feliz — continué — Y si después pinta volver a la pista… tampoco soy de decir que no. Acá nadie apura nada, viste. El cuerpo entra cuando quiere.

Le dediqué una sonrisa ladeada, sincera. No prometía nada concreto, pero tampoco cerraba puertas. Era una invitación a quedarse en ese intermedio cómodo donde todavía no hace falta decidir.

— Además — añadí, bajando apenas la voz, como si compartiéramos una confidencia mínima — bailar con alguien que entra con ganas suele ser mucho más divertido que hacerlo sola. Se arma otra cosa.

Me acomodé un poco mejor en el banco, dejando claro que no pensaba irme a ningún lado por ahora. Las piernas todavía marcaban el pulso de la música, aunque quietas. Volví a mirarla con atención tranquila, sin urgencia, esperando su respuesta mientras el Centro seguía respirando alrededor nuestro, cómplice como siempre, sosteniendo ese momento exacto donde todo puede empezar sin que nada tenga que terminar.


RE: [Presente Absoluto] Sin Vasos Vacíos | Social | Hiiragi - Hiiragi Kaminari - 03-01-2026

La música no tenía la necesidad de cesar en aquel lugar, pero no molestaba ni incomodaba, Hiiragi podía literalmente dirigir una o ambas de sus peludas y flexibles orejas para enfocar su atención en aquella hermosa mujer de ojos verdes y alas negras que había atrapado su atención como ninguno otro de los presentes hasta el momento pareciera que pudiera tan siquiera desear alcanzar. De cerca se veía incluso más imponente y llamativa, como una pira a la cual solo cuando te acercas eres capaz de notar su calor, un calor que invitaba a la pequeña coneja a acercarse con una honesta sonrisa que difícilmente podía remover de entre sus labios en aquellos momentos.

Incluso sentada era una estatua divina que al escucharla hablar, cada palabra y aliento que soltaba se convertía en una musa inspiradora que estuvo a punto de tomar a la Humink y convertirla en un títere halagador que solo sus dadivas podría enunciar, pero el filo de su mente daba la voluntad para resistir aquella tentación y seguir comportándose como ella misma-Si solo lo acepta por estar de buen humor, supongo que será por hartazgo de que todos en cada sala que pisa le recuerden cuan inspiradora puede ser.- dijo un poco bromeando para intentar relajarse mientras sentía los latidos del corazón de conejo en su interior empezando a relajarse tras dejar de bailar mientras Hiiragi se sentaba felizmente al lado de la dama de cabellos platinados.

Ya junto a la emplumada la diferencia de alturas se volvía más abismal pero también más fácil de acortar en cierta forma -Estoy encantada de conocerla señorita Asherah, pavadas y cosas importantes son cosas de las cuales siempre da gusto hablar, unas por el gusto y otras por saberlas.- comentó sonriendo mirando de lado el perfil de su interlocutora una vez más -Vine algunas veces hace un par de años y hace poco regresé a la isla, así también quería pasar por aquí unas cuantas veces antes de marchar, es un lugar muy divertido al cual siempre está bueno volver.- se explicó con la calma de cualquier chusmerio intrascendente pero agradable de compartir.

-Yo aprecio la buena charla y tampoco apuro a nadie, pero quiero que sepas que voy a pedirte bailar al menos una pieza juntas porque no hacerlo sería pecado en mi religion.- dijo bromeando mientras una de las orejas se alzaba y bajaba un poco al ritmo de las cansadas trompetas mientras la oreja izquierda permanecía totalmente atenta y enfocada como admirando aquellos labios de donde saldrían las respuestas a los comentarios -Me gusta como piensas porque vine a bailar y dejar a mi corazón bombear como si solo se viviera una vez porque cada día es una vida y cada vida una fiesta o si lo permitimos un carnaval cuando muchos buenos dais se conectan...- por un momento no pudo evitar emocionarse y hablar sin parar, la oji rubí se avergonzó un poco e hizo un ligero gesto de disculpa con la cabeza.

Acercó la mano a la mesa y tomo una fruta extraña del tamaño de una frutilla con extraños patrones en ella -Me disculpo y advierto que una vez que empiezo yo le doy a la sin hueso sin para y puedo hablar por más tiempo del que aguanto respirar.- Y había dicho respirar en lugar de aguantar la respiración porque respirar en silencio le era más difícil que evitar ahogarse.

Con un gesto tranquilo se llevó la extraña frutilla a la boca y tras masticarla, en cualquier otra ocasión hubiera escupido, maldecido, tal vez incluso arrojado a la mesa para golpear al maldito infeliz que había puesto aquella fruta del diablo en uno de los platos porque el demonio en persona tenía que haber apestado la cosecha de donde saliera aquella fruta, no había otra forma de explicar el sabor infernal. Y sin embargo usando el 100% de su fuerza de voluntad en conjunto con todo el espíritu de batalla que podía reunir para no quedar mal ante tan encantadora dama, Hiiragi bajo la cabeza un momento y luego se bebió cuatro vasos de agua seguidos uno detrás de otro para limpiar su paladar intentando disimular -¿Qué sed que le da a uno en estos momentos verdad? Pero mejor así, porque cuando agarre la pista voy a sudar más de la mitad de lo bebido jajaja- dejo salir una risa incomoda mientras se acomodaba de nuevo mejor en el largo banco que compartía con la señorita Asherah.

-Pero bueno ¿Quién dice que no se puede bailar y platicar? Cuado empiece la siguiente pieza creo que será el mejor momento si a usted le parece bien.- Agregó para asegurarse de un tiempo no muy largo antes de disfrutar de la oportunidad de bailar con aquella mujer de quien tan poco conocía hasta el momento y que tampoco sabía de la coneja más que lo poco compartido -El nombre completo es Hiiragi Kamikiri, la profesión es comerciante que por ahora no he creado ninguna gran empres pero siempre que he atendido algún establecimiento nos ha ido bien al dueño y a mí.

Le diría de dónde vengo pero he surcado mares y perdido el punto de salida, así que ahora podría decirse que solo soy una mujer libre de toda atadura ¿Algo que me quiera preguntar para que nos conozcamos mejor?-
agregó la coneja envalentonada ante la idea de escuchar una vez más la voz de aquella musa que seguramente la inspiraría a bailar como nunca jamás.


RE: [Presente Relativo] Sin Vasos Vacíos | Social | Hiiragi - Asherah Bel-Nadin - 13-01-2026

Sonreí cuando empezó a hablar. No fue un gesto pensado; simplemente apareció, acomodándose solo en la cara cuando alguien entra bien en la conversación. Incliné apenas la cabeza mientras la escuchaba, sin apurar nada, dejando que sus palabras se asienten antes de buscar respuesta. Sus orejas se movían con una naturalidad hipnótica: una atenta, firme; la otra más suelta, juguetona. No me causaron risa, me generaron una ternura tranquila. Hay cuerpos que escuchan enteros, no solo desde el silencio.

— Si me lo repiten tanto, será porque no saben qué otra cosa decir — respondí, siguiendo el hilo de su broma — Igual prefiero que acá me hablen como persona. Las ideas no se cansan. Yo sí.

Me acomodé un poco más en el banco cuando terminó de sentarse. La madera crujió bajo el peso compartido, un sonido familiar que no me molestaba. Desde ahí, la diferencia de alturas dejaba de ser una distancia, como si el mundo se hubiera nivelado a propósito para la charla.

— Las pavadas importantes es casi todo lo que está bien en este mundo — agregué — Lo serio de verdad suele necesitar menos explicación y más presencia.

Asentí con calma cuando habló de volver a la isla, de ese ir y venir que no termina de cortarse nunca del todo. Ese pulso lo conocía bien: llegar, irse, volver con otra forma.

— Este lugar guarda a la gente — dije, señalando el salón sin dramatismo — Aunque te vayas, algo tuyo se queda. Y cuando volvés… lo encontrás esperándote. Es todo un tema.

Su comentario sobre pedirme bailar me sacó una risa breve. Bajé la mirada apenas, más por disfrute que por timidez, comenzaba a caerme simpática la coneja.

— Hhh-heh-hhh... No voy a meterme con religiones — contesté — pero no pienso cometer ningún sacrilegio hoy. Una pieza, al menos, está más que bien.

Alrededor nuestro, el Centro seguía vivo. Alguien chocó contra la mesa y pidió disculpas con una reverencia exagerada. Cerca de la ventana, dos personas discutían pasos con pasión innecesaria. La música bajaba y subía como una respiración larga. Todo seguía pasando, sin pedirnos permiso.

La dejé hablar sin interrumpirla cuando se embaló. Me apoyé apenas hacia atrás, cómoda, acompañando su ritmo. Ese entusiasmo no lo iba a interrumpir, ya que se notaba que estaba siendo leal a su personalidad. Cuando se disculpó, negué despacio con la cabeza.

— No hace falta — le dije — Acá hablar también es una forma de bailar. La lengua a veces se acelera, a veces se enrieda… pero siempre dice algo.

La observé tomar la fruta, masticar con decisión y después resistir con una dignidad admirable. Esta vez sí me reí, abiertamente, cuando vació varios vasos de agua seguidos. Me recordó a mi misma cuando la vieja esa, que no volví a ver... me dio esa endemoniada fruta con los mismos patrones ¿habrá metido mano acá también?

— Esa fruta es una trampa — admití — Nadie sabe por qué sigue apareciendo, ni cómo o quién la consigue, pero ya es parte del ritual. Sobreviviste: eso cuenta.

Deslicé mi botella un poco más cerca de ella. No iba a revelarle que capaz esa cochinada de la naturaleza le otorgaría poderes, se enteraría tarde o temprano.

Cuando propuso bailar y charlar al mismo tiempo, ladeé la cabeza, evaluando la idea con interés real.

— Me gusta — dije con una media sonrisa — Hablar mientras el cuerpo se mueve cambia lo que una dice. Se vuelve más sincero y sin filtros.

Entonces dijo su nombre completo y habló de su oficio. Giré un poco el torso hacia ella, atenta.

— Comerciante… mirá qué coincidencia — comenté con genuina sorpresa — Yo también. Aunque en otro terreno. Trabajo con joyas.

Lo dije sin solemnidad, dejándolo ahí como al pasar, accesible.

— Piezas a pedido, trabajos chicos y otros más grandes — continué — Me interesa ese momento en que el metal deja de ser material y pasa a ser elección: no sólo para lucir bonito o acaudalado, sino también para contar una historia de sí mismo sin hablar.

La música empezó a cambiar de nuevo. Algunas personas se levantaron, otras se acercaron a la pista con anticipación. El ambiente se tensó con esa expectativa linda que anuncia un nuevo movimiento.

— Tengo además un proyecto propio dando vueltas — añadí, bajando apenas la voz — todavía está verde, pero apunta a crear algo donde el intercambio no sea solo comercial. Si te da curiosidad, después lo charlamos.

Le sostuve la mirada un segundo, cómplice.

— Después de un buen meneo de esqueleto — sumé, con humor — Las ideas suelen acomodarse mejor cuando el cuerpo ya habló.

Cuando me devolvió la pregunta, esta vez sí respondí sin rodeos. Me tomé apenas un segundo, más para ordenar que para esquivar.

— Sí — dije — Me gustaría saber qué te trajo de vuelta ahora. No al Centro… a la isla. Qué estás buscando, o qué dejaste de buscar. A veces eso dice más que saber el punto de partida.

Apoyé las manos sobre las rodillas y me incliné un poco hacia adelante. No me levanté todavía, pero el gesto ya marcaba intención.

— Y también quiero saber cuánto aguantás en la pista — añadí, con un guiño — Porque yo no corro carreras… pero tampoco bailo corto.

Volví a mirarla con atención abierta, sin apuro, mientras la música se acomodaba para arrancar otra vez.


Cita:OFF: Te dejo a ti la elección del próximo tema... sorpréndeme (?)



RE: [Presente Relativo] Sin Vasos Vacíos | Social | Hiiragi - Hiiragi Kaminari - 19-01-2026

Hiiragi mantuvo una sonrisa constante mientras escuchaba, asentía o respondía a los comentarios de la Lunariana -Puedo entender porque es lo primero que les viene a la mente con tan hermosa dama ocupando sus mentes al momento de verte. Pero si prefieres hablar como persona, gustosamente te trataré como la encantadora mujer mortal que eres.- continuo antes de levantarse para ir a la pista de baile una vez más -Gracias por concederme esta pieza dulce doncella.- agregó mientras dejaba salir empezaba a bailar con la alegría desbordante que la nueva canción estaba impulsando para todos los presentes.


El Centro de Danza vibraba bajo el asalto de los metales, con las trompetas lanzando notas altas que parecían rebotar en las vigas de madera vieja, mientras la percusión marcaba un pulso tan frenético como el de un corazón en plena huida. Hiiragi se dejó arrastrar por la marea de sonido, sintiendo cómo la madera desgastada bajo sus pies descalzos le devolvía el calor de tantos otros cuerpos en movimiento.

Su estilo de baile aunque seguía reglas de academia ocasionalmente dejaba escapar improvisaciones no planeadas entre aquellos pasos; era una explosión de instinto, una coreografía que priorizaba el rebote, la agilidad y una alegría casi eléctrica. La joven Humink se movía con una fluidez de un rayo rebotando por doquier, con pequeños saltos rítmicos que la hacían parecer más liviana de lo que su metro setenta sugería.

Al girar, su cola de conejo blanca realizaba círculos rápidos bajo la luz que abundaba en aquellas horas, y sus largas orejas se mecían de un lado a otro, actuando como contrapesos naturales que la ayudaban a mantener el equilibrio en los quiebros más arriesgados de la melodía. El sudor comenzaba a brillar en la piel de su abdomen y en la transición de su pelaje blanco, que nacía justo en sus hombros para detenerse en sus medio de sus antebrazos, dejando sus manos libres para gesticular al ritmo de la música.

-¡Es imposible quedarse quieta cuando los tambores hablan con tanta claridad, Asherah!.- gritó la peliblanca sobre el estruendo de los bronces, lanzando una mirada cargada de brillo rubí a su compañera de baile. Hiiragi dio un paso lateral rápido, casi un deslizamiento, y luego giró sobre su propio eje con una velocidad que hizo que los mechones rosados de su bikini rojizo ondularan en el aire. -Mi cuerpo tiene mente propia, y parece que hoy ha decidido que quiere celebrar cada fiesta que se ha perdido en los últimos años- agregó con una risa que se mezclaba con el siseo de las maracas.

Mientras se desplazaban por el ancho salón, esquivando con reflejos agudos a otros bailarines que se dejaban llevar por el "carnaval" improvisado, Hiiragi no pudo evitar que su mente comercial y su ambición de libertad se filtraran en la charla, tal como ella misma había advertido que sucedería. Se acercó un poco más a Asherah, coordinando sus pasos con los de la mujer de alas negras, creando una danza de contrastes entre el blanco nieve y el plumaje oscuro.

-Te contaba antes lo de ser comerciante, pero mi plan va mucho más allá de vender unas cuantas frutas o telas en un muelle.- comentó la coneja mientras realizaba un movimiento de hombros vibrante que hacía relucir el vello blanco de su torso. -Mi meta es tejer una red, tener contactos y ojos en cada isla que bese este mar. Como mínimo, planeo haber visitado y establecido rutas en todo el South Blue antes de que me salgan canas en las orejas, je.- sentenció con una seguridad casi burlona ante lo épico de aquella tarea, sin que el esfuerzo físico afectara lo más mínimo su capacidad para "darle a la sin hueso".

Sin embargo dedicó un momento de silencio a meditar sobre lo que había comentado su compañera de baile sobre la fruta que constantemente aparecía y como ella había sido afortunada, Hiiragi supuso que era alguna clase de broma local como mezclar un bollo picante entre medio de un montón de dulces o algo por el estilo y simplemente agradeció internamente que hubiera concluido con solo un mal sabor de boca y para ese momento un ligero malestar estomacal que no le impedía disfrutar del baile y la alegría que se sentía.

Para Hiiragi, el baile y los negocios eran parecidos en cierto sentido, la capacidad de leer el ritmo del otro y reaccionar antes de que la oportunidad se escapara. -Imagina lo que sería tener un socio en cada puerto, alguien que te espere con información o con una pieza de joyería lista para ser tasada. Ese es el tipo de libertad que busco, una donde el mundo entero sea mi mercado personal y no haya frontera que no pueda cruzar con una sonrisa y un buen contrato debajo del brazo.- agregó, dando un salto corto hacia atrás para invitar a Asherah a realizar un movimiento más complejo.

La humedad del ambiente y el calor de los cuerpos no hacían más que alimentar su energía. Cada vez que Hiiragi saltaba, sentía el viento generado por su propio movimiento refrescando el pelaje de sus piernas desde las rodillas hacia abajo, dándole la fuerza necesaria para seguir el compás de las trompetas que ahora subían de tono para el clímax de la canción. -¡Así que no te extrañe si algún día me ves apareciendo en tu joyería con noticias de alguna isla remota! Porque una vez que empiece a navegar el South Blue, no habrá rincón que se libre de las visitas de esta comerciante...- concluyó con una carcajada, dejándose llevar por un giro final que la dejó con la respiración acelerada y una satisfacción absoluta grabada en el rostro.


RE: [Presente Relativo] Sin Vasos Vacíos | Social | Hiiragi - Asherah Bel-Nadin - 23-01-2026

Cuando Hiiragi se levantó y fue hacia la pista, no la seguí de inmediato. Me quedé medio segundo más sentada, lo justo para tomar aire y dejar que la música termine de prenderme fuego por dentro. Esa canción entra por el cuerpo, te sacude y te dice “dale, movete”. Y yo soy de hacerle caso a esas voces.

Me incorporé con calma, estirando primero la espalda, los hombros, dejando que las alas se acomodaran solas detrás mío. El banco quedó ahí, esperándonos para después. La botella de agua también. Todo en orden. Crucé el espacio hasta la pista sintiendo cómo el piso vibraba bajo los pies, cargado de energía compartida. El Centro estaba en uno de esos momentos donde ya nadie mira raro a nadie: todos bailan, todos existen, todos están bien.

La encontré fácil. Hiiragi brillaba sin esfuerzo, metida de lleno en la música. Su cuerpo no discutía con el ritmo, lo celebraba. Saltaba, giraba, se desplazaba con una alegría contagiosa, y sus orejas marcaban acentos que ni las trompetas se atrevían a exagerar. Me acerqué sonriendo, sin invadirle el espacio de golpe, dejando que mi presencia se sume como una capa más al movimiento general.

Arranqué suave, primero con caderas y hombros, dejándome llevar por el pulso de los tambores. Los pasos se volvieron más amplios, más redondos, y pronto el cuerpo entero estaba metido en la fiesta. Las alas acompañaban el vaivén, abriéndose apenas en los giros, cerrándose cuando bajaba el centro de gravedad. El sudor volvió rápido, pero era de ese que se disfruta, el que confirma que estás viva y presente.

La miré mientras bailábamos cerca, compartiendo espacio sin necesidad de tocarnos todavía. Cuando gritó algo sobre los tambores, me reí fuerte y asentí con la cabeza, marcando un contratiempo con el pie.

— ¡Eso es porque el cuerpo sabe cosas antes que la cabeza! — le respondí, levantando la voz apenas lo necesario — ¡Y hoy parece que sabe exactamente qué hacer!

Me dejé llevar un poco más, sumando giros cortos, bajadas de cadera, pasos que nacen más del instinto que de cualquier técnica. No estaba bailando para lucirme; estaba bailando para compartir. Cada vez que cruzábamos miradas, el ritmo se ajustaba solo, como si el aire entre las dos también tuviera memoria.

Cuando empezó a hablar de sus planes, de rutas, de islas, de contactos, no dejé de moverme. Al contrario: escuchaba mientras el cuerpo seguía marcando. Eso me permitía entenderla mejor. Sus palabras tenían ambición, sí, pero no pesaban. Eran livianas, móviles, hechas para circular.

— Suena grande lo que querés — le dije mientras giraba y volvía a enfrentarla — No imposible. Grande de verdad.

Marqué un paso más bajo, firme, dejando que el peso caiga bien en el suelo.

— Una red así necesita gente que sepa leer a los demás — continué — Y vos eso lo tenés. Se nota en cómo te movés entre cuerpos sin chocar, cómo entrás y salís del ritmo. Eso no se aprende en un mapa. Es todo un tema.

Me acerqué un poco más, sincronizando mis pasos con los suyos. Blanco y negro mezclándose en movimiento, sin competir. El calor era intenso, pero lejos de cansarme, me afilaba los sentidos. La música estaba en su punto más alto, las trompetas desatadas, la percusión marcando un pulso que parecía no querer terminar nunca.

— Y si algún día caés en mi joyería con historias de islas raras — agregué, con una sonrisa ladeada — más te vale traerlas bien contadas. Las piezas más lindas siempre salen de relatos que valen la pena.

Le seguí el salto que propuso, adaptando el movimiento a mi propio eje. No era una carrera, pero tampoco un paseo. El cuerpo respondió sin quejarse, agradecido por el desafío. Al caer, sentí el impacto firme del suelo, estable, y me reí otra vez.

La canción empezó a encarar su tramo final, ese desborde alegre que deja a todos un poco sin aire. Bajé apenas la intensidad, más por estrategia que por cansancio, dejando que el movimiento se vuelva más ondulante. El sudor corría por la espalda, las alas pesaban un poco más, pero no era una molestia. Era parte del trato.

Cuando la música finalmente empezó a cerrar, me incliné hacia ella lo suficiente para que me escuche sin tener que gritar.

— Después de esto, vamos a necesitar agua — dije — Y capaz sentarnos un rato… porque ahora sí quiero seguir con esa charla.

Le guiñé un ojo, todavía en movimiento, mientras el Centro explotaba en risas, aplausos y cuerpos que se resistían a quedarse quietos incluso cuando la canción ya estaba terminando.


RE: [Presente Relativo] Sin Vasos Vacíos | Social | Hiiragi - Hiiragi Kaminari - 27-01-2026

En cada paso que la propia Hiiragi daba era inevitable prestar atención también a los movimientos que su entonces compañera de danza realizaba; la presencia de Asherah era energética, relajante y ardiente al mismo tiempo. Para la Humink, la mujer alada no solo gozaba del ritmo, sino que parecía fundirse con él para luego surcar entre la música cual ave surca los vientos de las alturas y cual mariposa se posa en las flores que solo tiemblan un poco con la interacción. Hiiragi observaba con sus ojos rubíes cómo las alas negras de su compañera cortaban el aire viciado del salón, creando un contraste hipnótico con su propio pelaje blanco, el cual brillaba bajo el esfuerzo de aquel enérgico baile.

Cada movimiento que la chica conejo realizaba era también enérgico y alegre, nacido de ese estilo tan propio que priorizaba el instinto sobre la técnica académica, pero con su compañera de baile era también cada paso centrado y atento. Disfrutaba de las sonrisas cómplices, de los gestos fluidos y de las palabras ocasionales que lograban cruzar el espacio entre ambas a pesar del ruido. Hiiragi se sentía vibrar, notando cómo el aire fresco generado por sus propios giros enfriaba momentáneamente la piel de su abdomen, dándole la energía necesaria para no perder el paso ante aquella musa de cabellos platinados.

A medida que la música iba encarando el final, una pequeña pizca de tristeza se dejaba caer para matizar el sabor de aquella alegre y encantadora velada. Una parte de Hiiragi, esa que valoraba la libertad por encima de todas las cosas, quería seguir bailando con la mujer alada indefinidamente; sin embargo, entendía que la melodía acababa en algún momento y que la belleza de la danza residía precisamente en su fugacidad.

Como su compañera de baile decía, era un buen momento para buscar un poco de agua y descansar, no por la fatiga física, pues la adrenalina de la coneja era un pozo sin fondo, sino por la oportunidad de seguir platicando con tranquilidad y permitir que las palabras tomaran el relevo del movimiento.

La joven de peludas orejas de animal seguía a la hermosa Lunaria hacia el largo banco de madera, dejando que su cola de conejo realizara un pequeño movimiento de satisfacción mientras recuperaba el aliento. -Con mucho gusto te traeré las lo joyas exóticas que encuentre y las mejores historias que viva una vez que logre mi objetivo jaja.-  comentó Hiiragi con una risa vibrante, respondiendo con entusiasmo a aquella propuesta mencionada en el baile mientras se preparaba para sumergirse de nuevo en la charla, ansiosa por descubrir qué otros secretos guardaba aquella isla y la fascinante mujer que ahora compartía su descanso.

-¿Me permitirías preguntarte algo no relacionado? Yo responderé por igual y a todo cuanto me preguntes pero la curiosidad me puede ¿Cómo es que no te acompaña un caballero o dama para disfrutar también de tu baile en este lugar? En mi caso es sencillo, valoro demasiado mi libertad y aún no ha aparecido ni el candidato ni la candidata que lograra convencerme de formar más que un contrato mercantil, ni de un amorío fugaz he podido disfrutar.- Agrego quejándose y suspirando ante la última parte de su propia respuesta.