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Entre cactus y cañones [pasado] - Versión para impresión

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Entre cactus y cañones [pasado] - Han - 25-12-2025

En la espalda el fuego del sol, azotando con sus rayos sin piedad alguna, en la frente la sal del sudor, casi tan caliente como la temperatura del ambiente, inclemente; en el suelo el brillo dorado de la arena, adornado de cuando en cuando con un matorral seco o un cactus guerrero que luchaba por sobrevivir. A la lejanía se veía una realidad deformada, como si el propio aire se derritiese, como si las montañas temblasen, de fondo los cañones y gargantas de una sílice rojiza que entonaban un fuerte naranja al reflejar la luz diurna. 

Las calles del pueblo estaban vacías, en esas horas de máximo calor nadie quería estar fuera ante las inclemencias del tiempo extremo. Solo se escuchaban los vientos danzantes y juguetones corretear por los estrechos pasillos, el crujido robusto de la madera de los edificios, resistiendo la ardiente atmósfera, el ruido de la gente que se cuidaba de estar lo más frescos posible en aquellos edificios. Algún bar hacía un ruido algo mas alto, pero tampoco algo que enturbiase la calma del ambiente, algún arbusto salía rodando a través de la plaza, movido por la brisa; y lo único que rompía el silencio con un zumbido constante de fondo que llegaba a convertirse en ruido blanco eran las cigarras, insectos cantores ante el calor, un ruido que podía a llegar a ser ensordecedor en algunos momentos. 

La isla tenía una topografía curiosa, algo que jamás había visto la verdad, todo allí era nuevo para mi. Hacía un par de semanas que Zhang había logrado sacarnos de aquel atolladero en la que nos vimos envueltos, luchando sin saber porqué y viendo a nuestra tripulación afectada. No solo Dong había salido gravemente herido, perdimos a aquel que comenzó este camino, Cao ... , esperamos en los Cabos Gemelos todo lo que pudimos, pero no supimos de él, ni una simple pista. Quizás murió ahogado en el mar, pero... ¿Y si él fue capturado como los demás? Quién sabe, tal vez esta preso en algún lugar por alguien. Demasiadas incógnitas, demasiadas preguntas sin respuesta; hoy por hoy mis compañeros lo daban por muerto, aunque Kay tardó en entenderlo un poco mas que los demás, podía entenderle, me pasó cuando mis padres dejaron este mundo.

-Camarero, un vaso de limonada.- Dije al apoyarme sobre la barra con un brazo mientras hacía una seña con el otro para llamar la atención del tabernero del saloon. Allí me encontraba, en un edificio de madera, con dos puertas semi giratorias y la barra en la pared puesta a la entrada, al fondo a la derecha se veían unas escaleras que subían a una segunda planta, aquel bar también alquilaba habitaciones; al fondo a la izquierda un pequeño escenario con bombillas fundidas, encima de este había una pianola mas vieja que yo mismo y un señor tocando. El espacio diáfano del local había mesas de madera, rodeadas de sillas del mismo material; borrachos sentados y jugando a las cartas o contándose historietas aldeanas, se escuchaban risas y el ruido de las copas chocar contra las mesas contra otras jarras. 

Mi vestuario era el habitual, kimono negro con bordados rojos, unos pantaloncillos hasta las rodillas, descalzo como siempre, pues hacía tiempo que no sentía quemarme la piel, así que el tacto ardiente de la arena no sería nada para mi. Lo único que cambiaba era un sombrero de estilo cowboy en mi cabeza, de color negro y una pluma morada a uno de los lados, un pequeño recuerdo que adquirí en un concurso de tragos, pobres ingenuos los parroquianos de aquel bar, si supiesen que el alcohol no me afecta nadie querría jugar contra mi. 

Aquella tarde no era una de diversión, no. Me encontraba meditabundo mirando la limonada, pensando en donde podía encontrarse Cao, quizás negando una realidad inamovible, si, pero nada podía negarme que estuviese en alguna parte. 


RE: Entre cactus y cañones [pasado] - Lan Caihe - 04-02-2026


Estuve al menos una hora sentada en mi hamaca, mirando los dedos de mis pies, pensando. Tenía las manos con los dedos entrelazados;no había nada que pudiera hacer con respecto a Cao o Dong. En lugar de derramar lágrimas, mi mirada se centró en la puerta. “La tristeza no resuelve nada” así que salí.

Cuando subí las escaleras hasta la cubierta, vi cómo el viento arrastraba en una esquina algo que parecía ser tela; al acercarme, dando algunos pasos firmes y arrodillarme para tomarla, vi que era piel, concretamente de serpiente. Coatl había mudado. Al desviar la mirada, pude ver como se deslizaba sobre la arena con una rapidez y precisión mortal. Las serpientes son exitosas depredadoras en el desierto y atrapar la comida es un verdadero reto en un entorno hostil.
“En eso nos parecemos.”, di un golpecito con mi pie izquierdo en el suelo al pensar eso y la comisura de mis labios se ensanchó en una sonrisa.
—¡HUHUHYYAAAHYYAAA! —la carcajada salió desde mi estómago. Corrí hacia la baranda —. ¡DATE UN BUEN FESTÍN, HERMANA! —la despedí con la mano mientras saltaba desde la cubierta hacia la arena y caía con un pie delante de otro y una voltereta, como si pisara el aire antes que el suelo.

“Al menos mi hermana puede comer y andar tranquila”, pensé mientras me paraba de cara hacia donde se había ido. Estaba descalza, no llevaba la piel de lobo a mi espalda y había modificado mi traje para esta isla: llevaba medias que se cernían a mis tobillos. Dejaba ver la piel de mis muslos, y tenía puesto además un short de lycra lo suficientemente grande como para cubrir mis glúteos y poco más, además del crop que siempre usaba.

Me estiré hacia el sol, sintiendo su calor intenso sobre la piel, aunque para mí era como un día templado; estaba rico. Compuse una sonrisa plácida mientras levantaba las manos hacia el cielo y me desperezaba cual gato, tratando de despejar mi mente.
En mis pies descalzos, sin embargo, había otra historia. La arena hirviendo se sentía cálida al tacto; no quemaba. Enterré mis pies en la arena y jugué un poco con ella mientras veía el desierto: el calor deformaba todo lo que tocaba a través de la luz, y el sonido de las chicharras daba una impresión de eterno verano que ciertamente me era familiar y agradable, como en donde trabajaba papá. Mi mirada se enterneció.

Respiré profundo; el aire estaba caliente. —Paciencia en la forja—. Llevé mi mano hacia la pipa que descansaba bien sostenida entre mis dos pechos. Me puse la pipa en la boca con una sonrisa y extraje del cuenco en mi cintura las bien cortadas hierbas de marihuana. Prendí el cuenco metálico con los dedos y di una calada; no había ni una nube en el cielo. Exhalé. “Mh…” aquella calada había sido exquisita .

El sudor pronto me recorrió la piel, a pesar de que no lo sentía cuando puse un pie en el poblado. Todo estaba un poco silencioso, aunque aún se podía ver gente, pero nadie fuera de la sombra. Además, solo en un lugar parecía haber bullicio: una taberna que hacía de hostal también.
Iban entrando al establecimiento personas que parecían ser artistas, pues llevaban tambores e instrumentos de cuerdas interesantes. Eran tres hombres y una mujer hermosa de cabellos rubios.
Los observé del otro lado de la calle y crucé la calle instantáneamente, mientras me asomaba a la ventana abierta del local.

En cuanto asomé la cabeza, mi vista fue a parar directo hacia la barra: kimono negro, cabello largo, espalda ancha, listón rojo, mis ojos se abrieron y mi sonrisa volvíó a ocupar la extención de mi rostro.
—¡HAN! —simplemente lo llamé desde afuera, saludándolo con la mano en alto, alegre de verlo, mientras corría hacia la entrada, desplazando la puerta semi giratoria hacia adentro y dejando pasar a una mesera en shorts, camisa y delantal. Lo miré desde la entrada.
Volví a avanzar hacia él. —Buenas tardes, veo que tú también saliste—. Al llegar frente a él no fui directa a  mi asiento, me coloqué frente a él y me incliné sacándome la pipa de la boca, usando la mano que tenía libre para tratar de apoyarme en su hombro derecho y estar tan cerca como para intentar darle un beso en la mejilla.

—¡Buenas tardes! —me giré entonces hacia la barra—. Una cerveza por favor —pedí amablemente, con una sonrisa en la comisura de los labios.
En cuanto me vio, el mozo detrás de la barra abrió los ojos en grande y cualquiera que lo viera pudo notar que el hombre se sintió intimidado.
—¡E-enseguida, señora!
—Gracias querido.
A dos sillas a nuestra izquierda había un pasillo donde hablaban los cuatro músicos que habían entrado al lugar antes con un hombre que parecía ser el dueño del local.
—Por favor, déjenos tocar una canción y, si el público nos abuchea, nos bajamos y no tendrá que pagarnos nada —dijo. En la mirada y las palabras de la mujer había mucha determinación.
El hombre resopló.
—Si me hacen perder clientes, se las verán conmigo —dijo, severo.
—¡No se preocupe, jefe! No lo defraudaremos —dijeron dos de ellos, celebrando desde que el hombre les dio la aprobación. Los tres subieron a la tarima y comenzaron a prepararse.

—Me alegra que seas tú a quien encuentres el día de hoy ¿sabés?, ¿cómo estás? —pregunté; todo lo sucedido nos había tomado desprevenidos, y que ahora faltara un miembro y otro estuviera muy mal herido podía sentirse en la piel de la mayoría, si no es que de todos. El llanto era silencioso, desesperado, y la preocupación latente.
Respiré una vez antes de dedicarle una mirada a Han y colocar mi pipa en mi mano izquierda mientras me sentaba a un lado de Han y cruzaba las piernas frente a la barra.
“Hoy me siento un poco torpe”, pensé.


RE: Entre cactus y cañones [pasado] - Han - 04-02-2026

Absorto en mis pensamientos di un trago a mi bebida, sin embargo, mi embelesamiento no duraría mucho mas tiempo, pues una voz familiar me llamaba desde la entrada del local. "¿Lan?" Me pregunté a mi mismo mientras me erguía en mi sitio y me giraba hacia el foco de ese sonido que siempre me alegraba. Era ella sin duda, fuerte y ágil como siempre, ver como esquivaba camareras y beodos era poesía en movimiento. 

Para cuando quise darme cuenta ella estaba frente a mi, apoyando cálidamente una mano en mi hombro y agachándose hacia mi para estar muy cerca el uno de lo otro, casi podría agraciar mi mejilla con sus labios. Sin duda alguna, lo primero que podía verse eran sus dos inmensos atributos, ovalados y perfectos, pero yo me centré en su rostro, en particular en sus labios sonrientes, tan cerca de mi rostro. "¿Por qué me pongo nervioso? ¿Acaso quiero ese beso?" Pensé mientras me ruborizaba como una colegiala y empezaba a notar un gran calor en mi interior, y aquello era raro, porque ya hacía tiempo que el calor o el frío no eran mas que anecdóticos para mi. -Ho-hola Lan, cuan grata sorpresa del destino.- Dije mientras desviaba la mirada a cualquier lado para evitar el nerviosismo, el problema es que estaba tan cerca que no tenía muchas opciones, eran sus labios o sus pechos y, por no quedar de pervertido decidía mirarle la sonrisa, aunque eso me pusiese mas nervioso que observar sus senos. Ella decía alegrarse también por el encuentro, no lo dudaba, de un tiempo a esa parte habíamos formado fuertes lazos y, aunque ella no lo supiese, yo comenzaba a desentrañar mis sentimientos hacia ella. No era ya sorpresa para mi, pues ya había compartido mis ganas de tener una cita con Lan con otra persona de la tripulación, por suerte ella no entendía mi idioma, así que mi secreto estaba a salvo con su ignorancia. 

Por fortuna o desgracia, la mujer desvió su habitación hacia el tabernero, pidiendo una cerveza que se le concedería con cierto miedo. No era de extrañar, nuestros rostros, o por lo menos el de Lan, ya eran conocidos por algunos en este mundo, nuestras cabezas tenían un precio y eso levantaba miradas indiscretas. No es algo que nos importase a la pelirroja y a mi, teníamos muy claro que no empezaríamos un enfrentamiento, pero tampoco íbamos a dejarnos atacar así como así, así que podíamos permitirnos momentos de asueto aunque fuera en público. Suspiré cuando ella preguntó como estaba, la verdad es que no sabía qué responder. -Pues no sabría decirte querida Lan. Ahora que estas aquí me siento animado y jovial, pero lo cierto es que antes le estaba dando vueltas a las cosa, a todo lo que nos ha pasado a la Mano Vacía.-  Miré hacia mi vado, notoriamente mas pequeño que la jarra que le servían a la mujer, y comencé a pasar la yema de mi índice por su borde circular.-Me preocupa el estado de Dong y la desaparición de Cao. No estamos en nuestro mejor momento.-  Ya decidido di un trago a mi limonada, no terminando el contenido que se guardaba en el recipiente mientras ella se sentaba. Intenté mirarle, pero los nervios y la pesadumbre de mis pensamientos no me dejó levantar la vista de la barra. 

De fondo podía escuchar el afine de una cuerda, llamando también mi atención, mirando hacia el escenario y descubriendo que unos musico itinerantes habían entrado al local dispuestos a tocar su música. -Mira, al menos nos dan entretenimiento.- Dije forzando una sonrisa leve, intentando animarme a mi mismo. 


RE: Entre cactus y cañones [pasado] - PX-4 - 14-02-2026

Protocolo: Moderación
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