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Cheap alcohol, bad company. [Pasado] - Versión para impresión

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Cheap alcohol, bad company. [Pasado] - Lázaro Esvendim A. Montege - 29-12-2025

Invierno 22, Año 16
[b]Isla Samba, South Blue[/b]
En un bar cualquiera
El calor de Samba no me golpea, me invade. Se cuela por la ropa, se pega a la piel y pretende convencerme de que sudar es algo natural, aceptable, incluso digno. Spoiler para todos: no lo es. Yo lo noté desde el instante en que puse un pie, minúsculo, pero perfectamente calzado en aquella zona cercana al río, donde la madera cruje más que el orgullo de quienes la habitan y el aire huele a caña de azúcar, alcohol barato y decisiones cuestionables de los propios habitante.

El bar estaba ahí, un nombre que coincidia perfectamente con la vista que daba, ni siquiera vale la pena mencionarlo, como si no tuviera vergüenza alguna de existir. Un local amplio para estándares humildes, con vigas visibles, mesas irregulares y una barra que claramente había visto mejores días o al menos mejores clientes. Desde mi perspectiva, todo era enorme las botas embarradas, los taburetes altos, las manos demasiado grandes agarrando jarras aún más grandes. Suspiré con teatralidad antes de avanzar, mi cola purpúrea balanceándose con una elegancia que ninguno de los presentes merecía presenciar.

—Muévanse —dije sin elevar demasiado la voz, aunque tampoco lo necesitaba —Están obstruyendo el paso de alguien claramente más importante que ustedes bola de ineptos. — La primera interacción, como debía ser, vino acompañada de miradas confusas y una risa grave desde algún punto indeterminado del bar. Claramente son todos unos ignorantes. Me subí a la barra con un salto perfectamente calculado, acomodé el dobladillo de mi traje, que de hecho siempre está impecable, por supuesto y me tomé un segundo para revisar mi reloj de bolsillo dorado. Lo abrí, miré la hora con gesto crítico y lo cerré con un clic seco, a tiempo, siempre a tiempo.

El perfume caro que llevaba puesto era una fragancia importada que costaba más que el mobiliario completo del local, este se expandió a mi alrededor como una declaración de guerra sensorial. Noté de inmediato cómo algunos fruncían el ceño, otros inhalaban con curiosidad y por mi estaba bien, que al menos aprendieran lo que es un olor digno de alguien como yo. —Tú —señalé con un dedo al cantinero, un hombre grande, sudoroso, de expresión cansada —Espero que eso que sirves no sea lo mismo que beben estos individuos. Porque no pienso ingerir nada que haya tocado una mano así sin una limpieza previa adecuada. — miré alrededor con desprecio, mientras tanto el hombre me observó largo rato, como si intentara decidir si yo era real o una alucinación provocada por el ron, pero yo le sostuve la mirada sin pestañear, con el mentón en alto, mis ojos de color ámbar juzgándolo con la severidad de un dios menor.

—Un jugo de caña, filtrado, sin alcohol en un vaso limpio y si tienes algo dulce que no parezca haber sido masticado antes, tráelo también. — Mientras esperaba, me senté con cuidado, cruzando las piernas como si la barra fuera un sillón de palacio. A mi alrededor, la música resonaba, si mis oídos no me fallaban eran sonidos de tambores, palmas, pasos de baile improvisados, porque al parecer Samba vivía y respiraba danza incluso en sus rincones más pobres, y aunque jamás lo admitiría en voz alta, había algo interesante en esa forma de canalizar la miseria, no elegante, desde luego, pero interesante.

Un grupo cercano reía, demasiado fuerte. Uno de ellos, un sujeto con los brazos descubiertos y la camisa asquerosamente empapada se inclinó un poco más de la cuenta hacia mí y el olor me golpeó como una bofetada. —Aléjate —espeté de inmediato, tapándome la nariz con dos dedos —Por todos los mares conocidos, ¿no conocen el concepto de higiene básica en esta isla o es una tradición local? —El hombre parpadeó, confundido, quizá ofendido. No me importó. La incomodidad era inmediata e irreversible, la sola idea de sudor ajeno cerca de mí me tensó los hombros. 

—Relájate, cosita —dijo alguien más —Solo es un bar.— Lo miré lentamente, muy lentamente, luego volví a sacar mi reloj, lo abrí, comprobé la hora y suspiré.

—¨Cosita¨ —repetí —Fascinante elección de palabras para dirigirte a alguien que podría comprar este lugar, despedirte y convertirlo en una tienda de alfombras sin notar la diferencia en su economía personal. — El cantinero regresó al fin con el vaso. Lo inspeccioné minuciosamente antes de dar un sorbo y para mi sorpresa era aceptable. No excelente, pero aceptable, entonces bebí con pequeños tragos, dejando que el dulzor me calmara un poco los nervios.


RE: Cheap alcohol, bad company. [Pasado] - Iggy Rock - 02-01-2026

Para ser invierno era un día caluroso, uno de esos que hacían recordar al verano, que pese haber terminado hace unos meses, el cálido clima de esta isla te hacía añorarlo con facilidad. No obstante a pesar de aquel pequeño detalle mis ropas no concordaban con la temperatura. Pues lucía un largo abrigo de pelo de leopardo, que caía hasta casi rozar el suelo, lo llevaba abierto de par en par, luciendo mi desgarbado pero atlético torso con mi ya habitual rayo morado pintado sobre mi piel. El resto del atuendo no se quedaba atrás, pues aquella ostentosa prenda venía acompañada de unos pantalones de cuero rojos, con el diseño de una flecha cruzando por una de las piernas, unos zapatos negros de piel y mi clásica bandana con el mismo estampado que el propio abrigo. 

¿Estaba apunto de morirme por deshidratación debido al calor que estaba pasando? Era probable, pero merecía la pena con tal de que la gente me mirara según pasaba por su lado, pues una estrella del rock tenía que brillar, y el problema de la sed era fácil de solucionar. Pateé la puerta del bar más cercano que había, bastante grande para ser un local situado en uno de los barrios humildes del reino. Fui esquivando a la gente hasta llegar a la barra, y como si fuese natural la salté quedando frente a las botellas de alcohol. Mi vista estaba puesta en estas pero mi oído no pudo evitar conectarse a las conversaciones del resto de clientes y como buen cotilla me quedé escuchando un rato mientras decidía que beber.

Pero entre todas aquellas me quedé con la más faltosa y falta de tacto, pues podría ser yo perfectamente. Agarré una de las botellas más caras de ron y me giré de golpe, para ver cómo el que estaba llamando cerdos a todas las personas era un tontatta, como aquel crupier del Berryelder. Era una raza que me resultaba bastante cómica pues pese a tener aspecto de duendecillo del bosque, podía llegar a contrastar con las duras personalidades de algunos de estos, como era en este caso. 

Cuando se mosqueó por llamarle cosita y mencionó poder comprar este lugar y convertirlo en una tienda de alfombras no pude evitar soltar una leve carcajada, casi inaudible entre el ambiente dentro del local. Pero lo más interesante era… ¿Cuanta pasta podía tener? ¿Y cuanta iba a poder sacarle?

Salté de nuevo desde el interior de la barra hacia fuera, volviendo con el resto de los clientes y sin soltar la botella de licor. ¿Como era que los trabajadores del local no me hubiesen dicho nada al hacer esto? Pues muy sencillo, lo hice con tanta naturalidad, que pareció como si aquella acción de robar una botella fuera algo que estaba permitido hacer sin problema alguno. 

Me desplacé hasta llegar a un taburete, sentándome justo la lado del pequeñín que había llamado mi atención. -Son todos unos cerdos sudorosos que no tienen modales. Cada vez la gente va perdiendo su educación. -Solté tratando de iniciar una conversación, como si yo fuera una persona educada que me bañara todos los días, pero por suerte hoy lo había hecho. -Me llamo Iggy, soy una estrella del rock mundialmente famosa. -Me presenté señalando mi guitarra la cual había estado todo este rato a mi espalda. -Estoy en mi tercera gira por el south blue, y estás de suerte porque estoy buscando patrocinadores y tu amigo mío, podrías promocionar tu negocio de alfombras, alfajores o de lo que sea. -Abrí la botella recién robada y le di un cuantioso sorbo, limpiándome con la manga de mi abrigo tras terminar. -Así que si tienes un negocio podríamos colaborar. -Le propuse finalmente mintiéndole a la cara pues, como era obvio no había gira ni patrocinios pero si le podía sacar los cuartos a un rico ingenuo lo haría sin dudarlo.

Karmas