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[Pasado][Social] ¡Hola! - Kyozan Tetsuzaki - 29-12-2025 Día 81 de invierno,
año 16
Mirar fijamente el suelo no era algo demasiado común para prácticamente nadie, pese que ahí se encontraba Kyozan. En mitad de ningún lado, observando el suelo de al lado de un arrozal, pensativo. Una mano posada bajo su barbilla y sujetando la mandíbula con índice y pulgar; la otra, simulando el asa de una taza apoyando el puño contra la parte superior de la cintura. Ceja arqueada intentando descifrar lo sucedido, desmoronando el hecho de que las marcas indicaban una reciente pelea. Sí, había abatido a un toro de cuatro metros y lo que se preguntaba ahorra eran dos cosas: una, cómo lo había logrado, y dos, qué podía aprender para la próxima vez. Ignorante de muchas cosas aunque férvido estudiante marcial, repasar las peleas estaba en su rutina y el descubrir cómo utilizar el entorno de mejor forma era casi obligación. Tampoco era muy probable encontrarse con otro bovino igual de tamaño y totalmente desbocado aunque "nunca se sabe". El foco fue tal que incluso escuchando cierta melodía desde lo lejano no se desenvolvió de sus propios pensamientos. Las notas golpeaban sus tímpanos, las cuerdas de un arpa golpeando su concentración. Una curiosidad creciente dentro de sí mismo terminó por desbordar por encima de su hábito y despegó la mirada del arrozal donde inmobilizó al toro. De lado a lado buscó el origen y descubrió a una mujer tocando su instrumento de forma apacible. La silueta denotaba unas hebras tintas que descendían hasta alrededor de los hombros, formando una rosácea cabellera que ondulaba acompañada de la tranquila música. Un rostro cuidadosamente esculpido cubría los ojos bajo los párpados terminados en voluptuosas pestañas. Recostada en una roca cuyo lindar permitía un cómodo apoyo jugaba con un arpa, dedos deslizándose grácilmente a lo largo del juego de cuerdas y una dulce voz acompañando la melodía. Kyozan se acercó desde un punto ciego, detrás de la roca. El pequeño titán se asomó por encima para distinguir a una concentrada artista en mitad de una actuación algo solitaria. No quería interrumpir así que se quedó como un espectador secreto a que terminara. A la mínima que la música dejó de sonar su voz irrumpió como un rayo, partiendo el eérico entorno que se había formado. —¡Hola! —No tardó en rápidamente continuar con otro aluvión de palabras— ¡Tú! ¡Cornuda! ¡Haces ruidos muy bonitos!
Le daba igual asustarla. Realmente, no es que le resultara indiferente, sino que no entendería lo sorpresiva que podía llegar a ser dicha interacción. Jamás había escuchado la música ni los cánticos, pese a que alguna persona en su pasado había intentado crear un ritmo debido al aburrimiento. Mientras lo decía parecía deslumbrarse por las alas que yacían apoyadas contra el duro material, recolocadas para la mayor comodidad de la ajena. Tocó el álula plegada en la curvatura con la punta del índice pues jamás había visto nada así. —¿Y con eso vuelas? Qué guay. No me imagino volando, me daría algo de mal rollo.
Al fin y al cabo estaba sonriendo y para él no era más que una casualidad inocente, como la mayoría desde que "empezó a vivir". Como un niño pequeño miles de preguntas azotaron su mente, empezando por preguntarle el nombre antes de atosigarla a cuestiones. —¿Y tu nombre? Yo soy Kyozan. ¿Y eso que llevas qué es? ¿Y por qué tienes alas? ¿Y los cuernos? ¿Eres Oni? ¿Qué haces aquí? ¿Por qué haces ruidos? ¿Te gusta la isla? ¿Quieres aprender a pelear? ¿Subirás la montaña? ¿Has visto al toro de antes? ¿Algún barco por aquí cerca? ¿Te gusta el chili con carne?
RE: [Pasado][Social] ¡Hola! - Elara Vangrim - 15-01-2026 Elara sintió que el alma se le escapaba del cuerpo, se le escapaba totalmente y con mucha fuerza cuando escuchó esa voz de repente. Se quedó tiesa, muy tiesa y muy quieta, como si fuera una estatua que se va a romper en cualquier momento. ¡Alguien la había visto! Pero lo peor fue el contacto. Cuando sintió que el chico le tocaba el ala, Elara soltó un grito agudo, un grito muy alto y muy de pájaro asustado, y dio un salto hacia adelante que casi la hace terminar de cabeza en el arrozal. Se giró con el corazón en la boca, con el corazón latiendo muy rápido y muy violento, y se encontró con Kyozan. Elara sintió que el aire se le acababa al ver lo cerca que estaba y lo... ¡lo increíblemente musculoso que era! Se quedó mirándolo fijamente, muy fijamente y muy impactada, porque el chico parecía estar hecho de puro acero. Su fetichismo la traicionó en un segundo; ver esos brazos y ese torso tan sólido la dejó completamente hipnotizada y muy, muy avergonzada. — ¡A-ah! ¡N-no hagas eso, nee~! ¡No me toques ahí sin avisar! — exclamó ella mientras se tapaba la cara con las manos, aunque dejaba los ojos bien abiertos entre sus dedos. — Y... y no, no puedo volar. ¡Ya me gustaría a mí! Son solo... bueno, son solo parte de lo que soy, pero aquí abajo no sirven para nada más que para molestar y que la gente me toque sin permiso — admitió con una honestidad que le dolía un poquito en el orgullo. Estaba muy confundida, se sentía muy confundida y muy abrumada por el aluvión de preguntas. Kyozan hablaba tan rápido que Elara sentía que su cabeza iba a explotar. Pero no podía dejar de fijarse en lo imponente que se veía. Era como una montaña de músculos que hablaba y sonreía, y eso la ponía muy nerviosa, muy, muy nerviosa. — ¡N-no soy una Oni! ¡Nee~! Son mis orejas, que son puntiagudas... ¡y esto no son ruidos, es música! — dijo ella intentando recuperar un poco de dignidad, aunque ver a Kyozan tan cerca la hacía sentirse pequeñita. — Me llamo Elara... y... y eres muy... eres muy grande, ¿sabes? Pareces mucho más fuerte que cualquier toro de los que hablas — soltó sin pensar, con una sinceridad que la hizo ponerse roja como un tomate de nuevo. Se quedó ahí sentada, con el arpa abrazada contra su pecho como si fuera un escudo protector contra la energía de ese chico. Sus alas daban pequeños espasmos de puro nerviosismo, golpeando la roca de forma rítmica. Elara pensaba que Kyozan era la persona más extraña y más intensa que había conocido nunca, pero también la más fascinante de mirar. — Y... y sí me gusta el chili, supongo, aunque ahora mismo solo puedo pensar en que eres muy... muy sólido. ¡O sea! ¡Que te ves muy fuerte! ¡Nee~! — balbuceó intentando arreglar el comentario anterior, pero solo logrando verse más desesperada y avergonzada frente a ese pequeño titán que no paraba de mirarla. |