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Chillax [Pasado|Priv.|Mano vacía] - Versión para impresión

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Chillax [Pasado|Priv.|Mano vacía] - Bai Mudan - 04-01-2026

Día 61 de Invierno del año 16
Había un hueco en la tierra.
Un círculo irregular por el que la arenilla del suelo se escurría hacia el interior y era tragada por una boca oscura donde la luz apenas alcanzaba a tocar el fondo. ¿Cuánto hacía de ancho? Bai no lo había calculado. A ojo, unos cuatro metros. Lo suficiente como para entrar sin demasiados problemas.

Aún así, no iba a arriegar a los demás. Necesitaba comprobarlo. Se arrodilló y lanzó la piedra que llevaba en la mano.
¡Plom!
Rebotó una vez. Luego otra. Una tercera y, al final, silencio.
¡Plom!
Un golpe más, seco y cavernoso.

Había al menos dos niveles. Eso era buena señal.

Bai lanzó la cuerda. Estaba bien sujeta a un megalítico árbol de tronco ancho. No la probó. Aunque tampoco le preocupó demasiado que aguantara.

—Voy yo primero.

Tras aquello pasó las piernas al interior de la boca y dejó que la cuerda se deslizara entre sus manos. Se giró, mirando a sus compañeros y se apoyó en el borde antes de dejarse engullir. Apoyó los pies en unos salientes, tensó la cuerda y se tiró hacia atrád en un torpe intento de caminar por la pared.
Tal cual lo hizo sintió la gravedad la con más fuerza de la esperada.
Entonces, sus pies, buscando un nuevo apoyo en la pared rocosa, resbalaron, la cuerda le quemó las palmas y el cuerpo perdió el eje y cayó.

Seis metros. Eso fue lo que Bai recorrió en la penumbra.

La espalda golpeó primero. Luego la cabeza. Después los brazos. Rodó hacia la izquierda por la inercia, encogida en posición fetal y volvió a caer. Esta vez, solo un par de metros más.

—Ugh.

Bai se encogió aún más como si aquello pudiera alivianarla y se quedó durante unos segundos ahí tirada.

—Dios...

Se incorporó despacio, apoyándose en el codo derecho aprisionaba con su mano las costillas, notando un zumbido persistente en la cabeza. Dolía. Lo justo como para hacerle olvidar todo sus problemas.

Intentó ponerse de pie sin mirar y se golpeó contra el techo.
¡Plam!
No había espacio para erguirse. A lo sumo, aquella cavidad tendría tres metros de altura.

—¡Joder! —se quejó antes de cerrar los ojos, respirar profundo y calmarse.

Entonces, agachada, regresó hacia la entrada y alzó la vista. Levantó el pulgar para indicar que estaba bien y les hizo un gesto para que bajaran la lámpara.

—¡Un momento! —alcanzó a decir al atraparla, antes de volver a internarse en la caverna.

Todavía no quería que bajaran.

Encendió la lámpara con cuidado y, de repente, la luz devolvió el espacio a la existencia.

Frente a ella se reveló el dibujó la roca húmeda a su alrededor: una lengua de piedra que terminaba en un agua tan clara que era inevitable ver el fondo. Parecia un espejo azul bajo tierra. Miró hacia la izquierda, después a la derecha y observó cómo las paredes rocosas se arqueaban sobre el agua, estriadas e irregulares, como si algo gigante hubiese modelado ese hueco con manos paciencia.

Bai se acercó al agua que parecía estar en calma. Podía verse todo las piedras sumergidas, las pequeñas grietas que burbujeaban y, sobre todo, la carencia de peces. 

Entonces, dejó la lámpara a un lado y se tendió en el suelo, extendiendo la mano hacia el agua. Estaba tibia.  Metió la mano. Luego el antebrazo. Y finalmente el brazo entero.

Sus dedos rozaron la roca bajo el agua. En aquella zona debía haber como máximo un metro de profundidad.

Sacó el brazo, recogió la lámpara y volvió a la entrada para hacerles un gesto invitándoles a bajar.

Cenote



RE: Chillax [Pasado|Priv.|Mano vacía] - Alana Sahiba - 04-01-2026

El hoyo era… inquietante. Demasiado ancho. Demasiado oscuro. La arena deslizándose hacia dentro no ayudaba en absoluto. e incliné un poco hacia delante, ladeando la cabeza, atenta al sonido. Uno. Dos. Tres golpes. Y después… ese último plom hueco que hizo eco desde muy abajo, aunque tal vez no tanto.

— …oh —murmuré para mí misma.

No sabía qué había dicho Bai, pero eso sí lo entendí (o eso creía yo): profundidad. Más de la que parecía tal vez. Cuando lanzó la cuerda, di un paso instintivo hacia delante, como si mi cuerpo quisiera anticiparse a algo que aún no había pasado. La cuerda quedó bien sujeta al árbol, y Bai dijo algo más. Sonaba decidido. Corto. Definitivo. No hizo falta traducción (una vez más, según creía yo).

La vi desaparecer por el borde del agujero, moviéndose con más torpeza de la que esperaba. Fue entonces cuando pensé que tal vez no la estaba entendiendo tanto como creía. Me acerqué aún más cuando su cuerpo se balanceó de forma extraña, cuando la cuerda chirrió, cuando de pronto… La caída. El sonido seco del golpe al llegar al fondo me heló la sangre.

—¡Bai! —exclamé, sin pensar, acercándome al borde del agujero con el corazón en la garganta. Hubo silencio. Demasiado largo. Luego un quejido.

Solté el aire que no sabía que estaba conteniendo y me llevé una mano al pecho, respirando hondo mientras me obligaba a no asomarme más de la cuenta. No servía de nada caer detrás. De repente un sonido nuevo me hizo callar. Cuando alzó el pulgar, sentí un alivio inmediato… aunque no completo. Nada de aquello me parecía del todo buena idea. Bai atrapó la lámpara y volvió a decir algo, algo que esta vez no me molesté en intentar entender. Así que en lugar de asumir, me giré hacia el resto de la tripulación, alzando una ceja.

— ¿Alguno sabe qué ha dicho Bai? —me aventuré a preguntar, señalando a la propia Bai, o en este caso al agujero—. O que bajemos. O que no bajemos. O que ha encontrado algo terrible. No sé.

Me encogí de hombros, con una media sonrisa tensa y la cola igualmente encogida—. Sea lo que sea, no parece aburrido. ¿Bajamos?

Esperé unos segundos a que alguno dijera algo, atenta al hueco oscuro, con la sensación incómoda de que aquello no era solo una cueva… sino una boca abierta esperando a que todos decidiéramos entrar. Me quedé quieta, con los brazos cruzados, intentando observar algo más allá de la penumbra. Exclamó algo. No parecía en peligro pero la incertidumbre me ahogaba. Pero la piedra no había tardado demasiado en caer. Si los demás no eran capaces de saltar junto a Bai para no dejarla sola, iría yo. Parecía ser que, independientemente de lo que dijesen los demás, yo tenía ya mi decisión tomada.

El hecho de que tan solo bajara Bai me tenía angustiada. Cuando ella cayó, al inicio todo fue silencio en mi cabeza. Cuando ella empezó a exclamar palabras sueltas (o eso parecía), también llegué a pensar que Bai estaba rezando o maldiciendo o narrando una tragedia ancestral de su pueblo. No, eso último requería de muchas más sílabas que las que ella había pronunciado, bastantes más, y por muy diferente que fuese su idioma al nuestro, lo que no iba a ser, es que ella contase toda una tragedia. El caso es que no sabía qué decía. No entendía una sola palabra.

— ¡Chicos! Sea como sea, yo bajo. No pienso dejarla sola en la oscuridad.

Por mucho que llevase una lámpara. Eso la hacía un objetivo más fácil en medio de seres que pudieran estar acostumbrados a la penumbra. No esperé a que ninguno de los demás me parase, incluso tal vez alguno ya se habría adelantado a mis pasos. ¿Quién sabe?

Me agarré a aquella kilométrica cuerda para saltar por el agujero, deslizarme y caer. Por fortuna yo no tuve el problema con chocarme con las paredes, veía espacio de sobra para todos. Ni siquiera me planteé que Bai pudiera tenerlo.

— ¡Todo bien aquí abajo, chicos! —grité a lo alto, en dirección al hueco; después miré al frente, buscando la luz de la lámpara que había encendido Bai—. ¡Bai! ¡Estoy aquí abajo! ¡Voy contigo!

Aunque a un paso bastante más lento. Allí cualquier insecto que pudiera haber, era casi como del tamaño de un pájaro para mí, y a nadie le resulta agradable que un pájaro se choque con él. Pero pronto esos miedos dejaron de importar cuando llegué al gran habitáculo que había encontrado Bai. Había más luz. Un agua tan azul que parecía el mismísimo cielo despejado, acompañado de una hermosa estructura de piedras que lo rodeaban. Mis ojos brillaron fascinados por la imagen que encontré frente a mí. Mi cola se erizó de la emoción.

— ¡Wow! ¿Y si nos quedamos a vivir aquí? —exclamé mientras me acercaba a la orilla del gran manantial que se habría paso frente a nosotras—. ¡O por el momento pararnos a recuperar fuerzas! Estoy segura de que el resto secundará la propuesta.


RE: Chillax [Pasado|Priv.|Mano vacía] - Zhang Guolao - 06-01-2026

El viento soplaba con delicadeza, y las largas orejas de Zhang captaban el susurro de las hojas gigantescas.

—Hmmm... —soltó un aire helado hacia el cielo, dejando que un sonido seco, provocado por el tic de su pierna, resonara por todo Little Garden; aquella cueva oscura le devolvía sus palabras distorsionadas, como si la tierra masticara el eco.

Zhang Guolao permanecía quieto, como una estatua helada y desgastada por los años y el mar, observando con respeto la boca de oscuridad que había aparecido frente a todos ellos... Era algo inquietante, extraño, y al ser parte de esta isla prehistórica, podría albergar toda clase de situaciones inesperadas.

Más allá de esas posibilidades, Zhang no veía gran cosa; la oscuridad era impecable ante su único ojo bueno. Por esto, el burro intentó agudizar sus orejas, moviéndolas de lado a lado como radares, tratando de encontrar cualquier ruido que le diera información sobre ese lugar... Pero aparte del eco de la piedra de Bai, no parecía haber nada en su interior.

El sonido de la roca indicó que había un fondo, y eso tranquilizó un poco a Zhang. Sin embargo, perdido en sus pensamientos, no logró prever el momento en que Bai se lanzó a las tinieblas sin meditarlo tanto como el burro. Fue un golpe seco, un "PUM", lo que hizo que Zhang entendiera lo que acababa de suceder. 

—¡Señorita Bai! —gritó como pudo, aunque su voz salió suave como un copo de nieve.

A pesar de que no fue mucho tiempo, aquellos segundos de silencio se extendieron eternamente en la mente de Zhang, quien respiró aliviado al observar un destello de luz bajo sus pies y escuchar la voz de la chica.

—Creo que ha dicho: "¡Un pimiento!" —respondió a su pequeña compañera Alana, quien parecía preocupada. Era tan tierna... Zhang sonrió levemente bajo su barba mientras continuaba hablando—. Aunque con hambre, todo suena a comida —murmuró el viejo, llevándose las manos a la panza vacía.

La siguiente en bajar fue Alana, quien a pesar de su tamaño, se desenvolvía muy velozmente en un entorno tan gigantesco… Pues sí, no parecía nada aburrido.

—El expreso con destino a lo desconocido está listo. —El cuerpo de Zhang se deshizo en una gran nube de nieve, y de pronto comenzó a flotar sobre aquel pozo oscuro—. Si alguna gusta, puedo servir de transporte para descender al abismo.

Al tocar el fondo, Zhang se tomó unos segundos para apreciar el paisaje; dio el primer paso hacia la negrura y sus pezuñas resonaron con eco en el cenote.

El viejo burro se adentró en el túnel, cuidando dónde pisaba para no acabar en el agua estancada y helada. Se alegraba de no llevar a Silencio encima, pues esos lugares cerrados le alteraban las pulgas. Zhang observó a sus compañeros, se rascó una oreja y les dijo:

—Bueno, ya que estamos en el jardín de los gigantes... mantengan los ojos abiertos. Si ven una lagartija del tamaño de un barco para acompañar ese "pimiento" que mencionó la señorita Bai, avísenme; mi estómago no entiende de aventuras con hambre.- Murmuro el burro, mientras sentía como el agua sobre sus pezuñas le arrebataba la fuerza de inmediato.  Dio un golpe que salpico un poco de agua a su alrededor, su tic habitual, y tras ello, el silencio se apodero unos segundos de aquel cenote, que ante el ojo del burro, parecía una hermosa mancha.  


RE: Chillax [Pasado|Priv.|Mano vacía] - Bai Mudan - 12-01-2026

El lugar olía a humedad.

Las paredes de piedras rezumaban una cristalina condensación, desprovista de cualquier mácula del moho; el aire tampoco hedía a agua estanca. Al contrario, era un olor limpio y mineral, como a cueva o entrañas de la tierra.

Tampoco había rastro del salitre. Parecía como si el mar supiera de aquel dominio.

Bai alzó su mano hacia el techo y pasó las yemas de sus dedos sobre la roca. Al hacerlo, y por un instante, la piedra le regaló una extraña sensación. Como si se resistiera a devolverle cualquier rastro de calidez. Y al instante, lo notó. Era porosa, pero estaba excesivamente pulida. Excesivamente fría.

A continuación, bajó la mirada para, de nuevo, contemplar el agua.

Aquello debían ser aguas de lluvia. Una buena noticia, considerando que la mayoría de sus compañeros se hundían en el mar.

Pero, ¿cómo explicarles?

Al intentar apartar la mano de las rocas, un latido sordo y punzante recorrió su espalda. Era el recuerdo del golpe que todavía resonaba en ella. Contuvo la respiración, contrayendo el rostro hasta que el espasmo cedió como si aquello pudiera salvarla del dolor... Y, al  inhalar de nuevo, un aliento frío con sabor a cal y tierra profunda le inundó los pulmones.

—¡Alana! —saludó Bai para luego hacerse a un lado.

En otro momento de su existencia, ella también habría sucumbido a ese asombro. Incluso se habría tomado el tiempo de registrar en algún lugar ese descubrimiento; ahora, apagada como estaba, solo buscaba apartarse para que otros se maravillaran por ella.

Tras ella, el rítmico percutir de pezuñas precedió una pequeña nube helada; la piel de Bai se erizó ante el descenso de la temperatura: la presencia de Zhang la había envuelto como en un abrazo de escarcha. Volteó, observó al viejo mink y le dedicó una sonrisa, un acto reflejo de bienvenida en medio de la penumbra.

—El agua... —anunció a ambos, señalando la masa líquida con una mano todavía empapada—. —Está bien —añadió cerrando el puño y alzando el pulgar en un signo rudimentario de victoria.

Y entonces, tal y como había demostrado en muchas otras ocasiones, hizo gala de ese desprecio por el pudor que nacía de su pragmatismo más puro y decidió que la mejor prueba era la acción. Entonces, sin mediación alguna, comenzó a quitarse de sus pantalones —una maniobra laboriosa dada su escala titánica— y se internó en la orilla, permitiendo que el agua dulce bautizara sus piernas sin alcanzar el límite de su ropa íntima.


RE: Chillax [Pasado|Priv.|Mano vacía] - Mahou Chikao - 12-01-2026

Azotó su cola de lado a lado tratando de contener su emoción al ver un enorme hueco en el suelo, tan profundo que no se alcanza a ver el fondo. Llevó sus manos a ambos lados del rostro e hizo lo que más tenía ganas de hacer en ese momento. - ¡UKIKI! - y oyó su voz en eco - Ukiki... ukiki... - algo que le provocó una risa tonta a su manera, mientras Bai tomaba la iniciativa para descender por sí misma en el agujero.

Así fue como ella desapareció de la vista cuando se adentró en la cueva. Mahou no se dio cuenta de que algo iba mal con sus movimientos antes de que lo hiciera, y lo único que se llegó a oír fue un golpe seco, probablemente contra el fondo del hueco. La mona solo pudo apretar los dientes en una mueca de dolor, imaginándose lo que debió haber sido la caída, y la respuesta que recibieron tras exclamar por ella fue tranquilizadora, ya que dio a entender que Bai logró llegar a alguna parte del hueco, y que estaba... estaba y ya, el problema fue que Mahou tampoco pudo entender lo que dijo.

- ¡Yo creo que sí tenemos que bajar-uki! ¿Quién sabe qué clase de animales habitan en un agujero como ese-uki? Apuesto a que existen gusanos gigantes-uki. - de la emoción juntó sus puños cerca del rostro y dio leves saltos en su lugar. A la hora de bajar, la idea de subir a la espalda del burro sonó divertida, pero más divertida le parecía bajar tan rápido como pudiera para descubrir lo que el subterráneo tenía para ofrecer. Así que enredó su cola alrededor de la cuerda, y con ella comenzó a descender. 

Al llegar al fondo, Mahou olisqueó la cueva sintiendo la tierra y su humedad, cuando Bai confirma que el agua estaba en buen estado, ella se acercó - ¿Habrá peces aquí abajo-uki?- y sin pensárselo demasiado, metió la punta de su cola sirviéndose a sí misma como carnada y caña de pescar al mismo tiempo.


RE: Chillax [Pasado|Priv.|Mano vacía] - Lan Caihe - 17-01-2026

La aventura con todos era sin duda de las mejores cosas que había obtenido a cambio de viajar con ellos; la camaradería era sincera, todos colaborábamos a pesar de las cosas que habían pasado, a quienes habíamos perdido incluso desde el primer día. Sin embargo, llegamos  a Little Garden. Juntos, vivos, y con nuestros sueños por delante, eso era más que suficiente por ahora..

Me asomé a tratar de ver el fondo del agujero en la penumbra, pero fue imposible más allá de lo que alguien normal a esa hora del día vería. —¡Bueno!, grita si te ves en aprietos —le dije a Bai antes de que comenzara a bajar.
—No hay de qué preocuparse, Alana, Bai es muy fuerte —comenté a la tontatta intentando que se relajara un poco mientras Bai entraba; sin embargo, me quedé en el borde del hueco, tratando de ver o escuchar algo, muy pendiente de cómo bajaba; pronto se escuchó un golpe y un quejido, y luego otro golpe más fuerte. Escuché la preocupación de Alana nuevamente y apreté la pipa fuerte entre mis labios sin poder evitarlo, pero las palabras llegaron a la superficie fuerte y claras: —¡Está bien!, dice que bajemos —anuncié con una sonrisa mientras veía a Alana como la primera en bajar.

Solté el humo que había sostenido en los pulmones y al instante sentí una oleada de escalofríos que relajó mi cuerpo dentro de lo permisible.
—Adelántense, voy a conseguir algunas cosas antes de bajar —les mencioné, mirando a Kayseira y a Zhang que invitaba a alguien más a descender con él, y la emoción de Mahou, dispuesta a encontrar animales grandes. —Bajen, bajen, ahora los alcanzo, paciencia en la forja —le dije también a Han para que aprovechara mientras yo también hacía mi parte en la tripulación.

Caminé unos pasos al sendero por donde habíamos llegado, tomé un machete de la bolsa que cargabamos fuera del barco y comencé a cortar algunas ramas y arbustos, que al fin y al cabo era un trabajo que había hecho para sobrevivir muchas veces en mi vida.
—Con esto servirá… —dije, viendo frente a mí la pila de madera para quemar, sostenida por algunos lazos potentes de raíces enormes. Cuando todos estaban abajo, decidí lanzarlos por el túnel para bajar después con la cuerda de un movimiento y cargar la madera hasta llegar al cenote.

—Es bellísimo —susurré mientras veía la espalda de todos, y cómo Bai se metía al agua sin dudarlo dos veces. Una sonrisa me surcó el rostro, pero sabía que no podía despreocuparme todavía; debíamos comer pronto o, al menos, encontrar algo para Zhang, que moría de hambre.

Pelé algunas ramas, las rompí a la mitad y, con algunas piedras que encontré alrededor del cenote, tan claro como el cielo proyectando una hermosa luz, hice una fogata.
Procedí a quitarme de encima la piel de lobo roja, dejándola como si fuera una toalla junto con mi pipa y mi tubo de especias mágicas.
De un chasquido, generé un poco de magma de mi palma; comencé a tocar los palos y estos, en menos de un segundo, prendieron. —¡Y se hizo la luz! —grité hacia todos.


RE: Chillax [Pasado|Priv.|Mano vacía] - Alana Sahiba - 17-01-2026

El descenso me dejó una sensación rara en el estómago. No miedo exactamente, sino una mezcla incómoda entre curiosidad y la certeza de que, una vez abajo, ya no habría un “afuera” inmediato. Aquello era hermoso, lo suficiente como para no querer abandonarlo tan pronto. Así fue como la cueva nos tragó con facilidad, como si llevara tiempo esperando compañía. Comprensible. Aquella belleza pedía a gritos ser vista y compartida. Lo primero que noté fue el aire, un grato cambio, más fresco.

Frío, limpio… demasiado limpio. Me llenó los pulmones con un sabor a piedra mojada y algo más antiguo, como si respirara directamente desde la tierra. Si en la superficie había dinosaurios, ¿en las profundidades podría encontrar fósiles? ¿Se venderían bien? ¿Podría obtener curiosos venenos o líquidos en general a través de sus restos? Se me erizó la piel sin que pudiera evitarlo. No era desagradable, más bien todo lo contrario: acogedor.

Avancé unos pasos con cuidado, observando cómo la luz revelaba las paredes. La roca brillaba húmeda, pulida de una forma que no parecía natural. Pasé una mano por ella, solo un instante, y la retiré enseguida: estaba fría. No fría como el agua de un río, ni siquiera como la de aquella cueva. Y entonces vi a Bai moverse delante. No entendí nada de lo que dijo, ni una palabra, pero no hizo falta. Señaló el agua, alzó el pulgar. Un gesto universal. Me relajé un poco… aunque no del todo. Bai no parecía emocionada. Más bien… apagada. Como si aquel lugar no le sorprendiera tanto como debería. Y eso me inquietó más que la cueva. ¿Tal vez debía estar alerta?

Cuando se metió en el agua sin dudar, ladeé la cabeza. No gritó, no se tensó. Eso era buena señal, supuse. O tal vez incluso era una señal de que confiaba demasiado en su propio criterio.

Mahou, en cambio, era justo lo contrario. Su energía rebotaba contra las paredes como si la cueva fuera un juguete nuevo. Sus sonidos se multiplicaban en ecos que me hicieron sonreír pese a todo. Por un momento, ese entusiasmo infantil consiguió romper la tensión que se me había instalado en los hombros. Hasta que metió la cola en el agua.

— … —me quedé observando en silencio, con el ceño fruncido y mi cola encogida—. Valiente… o inconsciente.

No dije nada en alto, no hacía ella. No porque no quisiera, sino porque no habría servido de mucho.

Lan empezó a moverse con calma. Cuando lanzó la madera, di un pequeño respingo al oír los golpes sordos contra la piedra. Cada sonido parecía amplificarse en aquel espacio cerrado, como si la cueva escuchara con atención. Y entonces, el fuego. La luz cambió todo. Las sombras retrocedieron, revelando reflejos azules en el agua y vetas brillantes en la roca. Era todavía más precioso, de una belleza incómoda, como esas cosas que sabes que no son seguras, pero no puedes dejar de mirar. Me acerqué un poco más al borde del cenote, sin tocar el agua. La superficie estaba quieta. Demasiado quieta. Ni un insecto, ni un pez, ni una ondulación espontánea. Eso me hizo sospechar.

— No me gusta… —pensé—. El agua viva siempre se mueve y esto no parece moverse…

Miré a los demás. A Bai dentro del agua. A Mahou jugando. A Lan preparando el fuego. A Zhang, cuya presencia hacía descender la temperatura. Todo parecía… bien. Y, aun así, tuve la sensación clara de que aquel lugar no era solo un refugio. Era un umbral. Y todavía no habíamos hecho nada para merecer que nos dejara pasar sin pedir algo a cambio. Debía relajarme, o eso pensaba, todos los demás disfrutaban y yo no dejaría de hacerlo.

Horas antes, Han y yo habíamos estado persiguiendo dinosaurios por Little Garden como si fuera lo más normal del mundo. Aún me parecía surrealista pensarlo. Dinosaurios. No gallinas gigantes, no reptiles raros: dinosaurios de verdad. La caza había sido… caótica, ruidosa, agotadora y, contra todo pronóstico, bastante divertida.

Ahora, parte de aquel botín descansaba en nuestras provisiones, cortado en piezas grandes, con ese color rojizo oscuro que prometía una cena contundente. Me acerqué a una de ellas, apoyando las manos en las rodillas y ladeando la cabeza, analizando la carne con ojo clínico.

— Bueno… podríamos probar los dinosaurios que Han y yo cazamos —murmuré para mí misma—. Definitivamente no sabrá a pollo pero creo que acompañará a la situación. Después de un relajante baño, vendrá bien un gran festín.


RE: Chillax [Pasado|Priv.|Mano vacía] - PX-4 - 14-02-2026

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