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La Sombra del Cactus (Fic) - Versión para impresión

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La Sombra del Cactus (Fic) - Zhang Guolao - 04-01-2026

Whiskey Peak – Bailar con las estrellas
Día 53 de Otoño, Año 16




Aquella noche no había olor a pólvora, ni ese aroma de la sangre que recorríarria aquella isla olvidada de aquel mar. Zhang estaba sentado en lo alto de uno de esos cactus, con las piernas colgando hacia el vacío y una taza de té en las manos.

Silencio, su pequeño compañero, estaba aferrado a su cuello, tiritando ante el frío de la noche, como si aún no estuviese acostumbrado a la cercanía de la helada nieve. — Hmmm... —resopló con fuerza, dejando que el aire saliera de sus viejos pulmones como una pequeña ventisca.

El viejo burro se puso de pie. Sus rodillas crujieron, protestando por los años, pero el resto de su cuerpo... el resto se disolvió. No era magia; Zhang recordó lo que significaba ser nieve. Su pelaje se volvió escarcha, sus bordes se difuminaron en el aire nocturno y, de repente, la gravedad dejó de ser una ley.

No fue un despegue heroico. Fue lento, torpe, como una nube gorda y pesada que se despega perezosamente de la montaña.

Silencio soltó un chillido ahogado, clavándole las uñas en el pelaje, pero cuando el animal vio que el suelo se alejaba y no caían, el miedo se transformó en una risa aguda. Una risa que rebotó alegremente en las piedras y los cactus que pasaban bajo sus pies. 

Zhang extendió los brazos. Probablemente se veía ridículo: un burro viejo jugando a ser pájaro. Entonces, se escucharon aleteos. Suaves. Aves nocturnas. El mink no supo qué especie eran —su único ojo bueno no daba para tanto— Volaron a su alrededor, rozando la estela de nieve que dejaba su cuerpo, aceptándolos como una extraña anomalía del clima.

— Mira, Silencio... —susurró Zhang—. Ellas no piden permiso para estar aquí. El mono estiró su manita, intentando agarrar una pluma, un ala. No alcanzó nada, solo aire, pero se rio igual.  El anciano giró sobre sí, despacio. La nieve caía de sus hombros, brillante y tranquila.

Cerró el ojo y, por un momento, volvió a ser joven. Antes de la cicatriz. Antes de saber que la medicina a veces no basta. Se sintió ligero, no por la Fruta del Diablo, sino porque, por primera vez en años, se sentía libre...

Estuvieron allí horas. O quizás minutos. El tiempo es raro cuando se flota.— Hmmm... —el cansancio empezó a pesar. Descendieron. Sus pies tocaron la tierra con un golpe seco, devolviéndole el peso de sus años y de sus huesos
Zhang se sentó en la tierra fría, esperando el amanecer.

No había derrotado a ningún villano esa noche. No había curado ninguna enfermedad mortal. No había salvado el mundo.
Solo había volado. Y mientras el sol empezaba a teñir de naranja las piedras de Whiskey Peak, el viejo burro sonrió como un tonto. Porque ser feliz, aunque fuera un rato— Gracias... —le dijo al aire mientras terminaba aquella danza inesperada.