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Lucky Strike [Priv. Lana & Lazarus ] - Dr.Bones - 06-01-2026 Ah… Samba.
No era un lugar que sorprendiera, la verdad. La ciudad se mostraba humilde, casi resignada a su propia precariedad: calles mal iluminadas y construcciones levantadas con maderas cansadas que pavimentaban los caminos, dejando oír el rechinar de algunas tablas deformadas por la humedad, crujientes como huesos secos roídos por carroñeros. Extrañamente, aquella esencia decadente de la ciudad le despertaba un sentimiento de nostalgia, muy similar al de su ciudad natal, donde la flora de la selva parecía tragarse lentamente las construcciones precarias, como si la naturaleza intentara reclamarlas como suyas. Confieso que la nostalgia me golpeó. No una tristeza amarga, no… sino de esas que invitan a brindar por lo que ya no existe. Me recordó a los manglares profundos de mi tierra, a los rincones donde mi gente curaba con aquello que el mundo civilizado llamaría superstición… y que, aun así, nos mantenía con vida. Mi estancia aquí debía ser breve. Muy breve. Pero los barcos, al igual que las personas, tienen el mal gusto de romperse en el peor momento. Y mis finanzas —qué sorpresa— decidieron evaporarse entre tragos, favores mal pagados y algún que otro lujo innecesario. (¿Quién hubiera dicho que beber licor y comprar baratijas brillantes sería una combinación tan cruel para el bolsillo?) No obstante, en las zonas más alejadas del río podía observarse la otra cara de los habitantes de aquella isla: pueblos más pulcros y elegantes, edificados con piedra alisada y de un aspecto mucho más limpio que el de sus vecinos ribereños. Fue allí donde nació el interés de Bones por aquellos sectores más refinados de la isla, pues en una de esas zonas se alzaba un elegante casino llamado “Golden Luck”, el cual había descubierto hacía apenas unos días mientras recorría el lugar. Sabía bien que las cuentas estaban escasas, pero el médico brujo no podía evitar sentirse atraído por las casas de apuestas. Era como una polilla hipnotizada por un foco brillante en medio de la oscuridad; simplemente no podía resistirse a probar su suerte cuando la ludopatía ebullía en sus venas, palpitando con cada paso que daba hacia una mesa de juego. Así fue como, en la noche siguiente, se dirigió al casino “Golden Luck” vestido con sus mejores prendas: un frac elegante adornado con cráneos y huesos que atraía las miradas curiosas de quienes se cruzaban con él. El médico brujo llegó con una sonrisa extrovertida y una actitud avasalladora, dispuesto a encontrar al menos un destello de fortuna en aquel lugar, después de varios días en los que la mala suerte parecía empeñada en seguirle los pasos.
Imagen interior del "Golden Luck"
El Golden Luck se erguía como una anomalía en medio de la isla, un santuario de luces cálidas y promesas rotas, cuidadosamente diseñado para hacer olvidar al visitante dónde estaba… y quién era. Desde el exterior, su fachada de piedra pulida y ventanales amplios reflejaba la iluminación nocturna como un faro artificial, atrayendo a todo aquel con monedas de sobra o esperanza suficiente para perderlas. Bones no pudo evitar apreciar la ironía: un templo dedicado al azar, levantado con la misma solemnidad que una catedral. Al cruzar sus puertas, el aire cambió de inmediato. El olor a madera encerada, perfumes caros y metal pulido desplazó al de la humedad y la selva. El murmullo constante de conversaciones bajas, fichas chocando entre sí y risas medidas se entrelazaba con una música suave, lo suficientemente elegante como para no distraer, pero lo bastante presente como para envolverlo todo en una ilusión de control. Aquel lugar no gritaba vicio; lo susurraba con refinamiento. Bones avanzó con paso seguro, observando con atención quirúrgica cada rincón del salón. Las mesas estaban dispuestas con una precisión casi ritual, iluminadas de tal forma que los rostros quedaban parcialmente cubiertos por sombras calculadas. Vio comerciantes bien vestidos, marineros con manos ásperas intentando parecer caballeros, y rostros tensos que delataban a quienes ya habían apostado más de lo que podían permitirse perder. Todos compartían la misma mirada: una mezcla peligrosa de deseo, ansiedad y fe ciega en la fortuna. Le resultaba fascinante. No muy distinto a una sala de operaciones improvisada, pensó. Personas entrando enteras, saliendo rotas… o no saliendo en absoluto. Cambiaban carne por monedas, esperanza por probabilidades. El azar como bisturí, y el casino como médico indiferente. Las luces doradas resaltaban los detalles de su vestimenta mientras caminaba entre las mesas, y Bones notó cómo algunas miradas se posaban en él con curiosidad, otras con incomodidad. No era difícil entender por qué. Su presencia contrastaba incluso allí, entre plumas, joyas y trajes caros. No obstante, lejos de incomodarlo, aquello le arrancó una sonrisa sutil: la incomodidad ajena siempre había sido una herramienta útil. Se detuvo un momento, dejando que el ambiente lo envolviera por completo. Aquel lugar respiraba riesgo, y él se sentía en casa. El Golden Luck no era solo un casino; era un punto de encuentro entre la avaricia y la desesperación, un espacio donde la suerte decidía quién vivía una noche más soñando… y quién aprendía, demasiado tarde, el verdadero precio de tentar al destino. Y Bones, por supuesto, estaba más que dispuesto a pagar… o a cobrar.
Datos Offrol
RE: Lucky Strike [Priv. Lana & Lazarus ] - Lana - 02-02-2026 Caminaba por una calle de Salsita, acompañada de los faroles, del crujir de la madera, del aroma a putrefacción, oh bueno, algo parecido y con una botella de vidrio en la mano, con la mitad del liquido. La otra mitad me lo tomé en todo el camino. Todavía no encontraba las botellas de agua que esconden en la iglesia y solo me queda por tomar alcohol para hidratarme después de estar presente con este calor. Al menos el alcohol ayudaba a pasar el rato más tranquila, sin ningún pensamiento, sin preocupaciones. Las calles de Salsita no sé qué tan seguras son, pero me acomodaba que la mayoría de las calles siguen teniendo la misma apariencia que las otras calles, donde había locura y sin embargo, por más que esté bien con el ruido y los pasatiempos, he visto que la mayoría se mueven con papeles verdes. Me detuve cuando pasé frente a un adulto, alto y corpulento, de cabello corto, moreno, que estaba parado, apoyado en una muralla de madera de una casa y en su mano sostenía una cuestión de metal el cual se lo llevaba a la boca, inhalaba y luego botaba una gran cantidad de humo con lentitud. —Miau. Mierda. ¿Sabes dónde puedo encontrar mucho dinero?— Le pregunté sin necesidad de saludarlo, lo observé, tenía unos músculos grandes, sus manos también lo era, sus uñas cuidadas y mientras miraba más abajo noté que llevaba consigo unas botas de vaquero. El tipo toció y comenzó a hablar con una voz tan ronca que pareciera que se levantó recién y acaba de tener un buen polvo —Más allá. Pasando el río encontrarás tu plata. Mucha plata. Pero te tomará tiempo, no podrás llegar caminando— dijo sin sacarse la pipa de la boca, solo volvió a soplar y otra vez, botó el bocado de humo que había dado. El tipo estaba muy tranquilo, pero su información era valiosa, así que la tomé. De repente mi mirada se fue hacia la izquierda y noté que cerca de nosotros, en la esquina de la casa, se encontraba atado a un farol un caballo blanco con manchas castañas y cabello castaño, este ya llevaba encima una montura y para mi fue como una bendición encontrar un animal en medio de tanta fealdad. Caminé hacia él. El caballo no es tan grande, podría decirse que se trataba de un caballo humilde, pero era bastante perfecto para no tener que hacer el largo viaje que el tipo me había advertido. Le hice cariño a su carita y tenía unos ojos muy adorables, tan negros y profundos que casi me hacian cagar de miedo. Tan pronto que el caballo agarró confianza conmigo, me acerqué a la silla, allí tenía colgada un sombrero de vaquero, el cual me lo coloqué y ya preparada me subí sobre el caballito. —Muack— lancé un beso y este comenzó a andar solo por la calle. Pero por alguna razón el señor comenzó a gritarnos —¡Hey! ¡Es mi caballo!— pero el caballo no se detuvo, de hecho se puso a correr hasta alejarnos y no saber más de él. Dejé que el caballo me llevara por el camino largo hasta que se escuchó el río, el caballo corrió para tomar agua, no se si era una rica agua despues de todo lo que había visto de las bebidas y cochinadas que se pueden encontrar en Salsita, pero más allá del río, tenía una apariencia diferente. Al atravesar el rio y avanzar, nos encontramos con algo muy diferente, y es que nunca había visto esto en Salsita, tanto brillo y limpieza. Una cosa más llamó nuestra atención, un extraño lugar donde se escuchaba ruido y las personas se veían muy felices. En la entrada quise entrar con mi caballo, pero nos detuvo dos personas con trajes negros —Sin animales— Dijo uno. Así que agarré mi caballo, llevándolo hacia otro lado del edificio brillante, y en un callejón, donde no habían muchas personas, fue que vi una ventana algo pequeña, pero cabía un caballo, entonces como pude, con un puñetazo rompí el vidrio. Me quité la camisa y limpié la ventana quitando los vidrios para que el animal entrara sin hacerse ningún daño. Los dos entramos y donde entramos era un baño, el baño del edificio, pero estabamos contentos porque al menos podíamos pasear como queríamos. Por mi parte comencé a caminar por donde escuchaba a la gente hablar y reir, mientras que el caballo se quedó allí, no le insistí y seguí hasta un salón, vaya que lindo, tan brillante, las personas vestidas tan elegantes, de muchas edades, pero no entendía que era lo que les causaba tanta risa o asombro. Caminé hasta una mesa donde tiraban cartas con números, símbolos y colores dibujados en ellos. Me quedé allí, parada, con mi camisa, mi sombrero de vaquero, observando qué era eso. RE: Lucky Strike [Priv. Lana & Lazarus ] - Sentomaru - 10-02-2026 TEMA INVALIDADO Y CERRADO
Como pueden leer en los Detalles de la isla, en Samba no existe casino alguno.
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