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Flores y muerte (Pasado - Mr Bones) - Charlotte - 09-01-2026 Definitivamente no estaba acostumbrada a la naturaleza, ni a salir demasiado de mi isla, o a lo que fuese. Sentía cómo el sol del medio día quemaba mi piel pálida, la cual no hacía ningún esfuerzo por crear melanina y defenderme de la radiación solar para variar. Es como si la propia naturaleza me estuviese diciendo que no pertenecía allí e intentaba matarme con todos los medios que tenía: De un lado del ring estaban los mosquitos, distintos insectos voladores, escarabajos, arañas, mantis, etcétera; Del otro lado las diversas plantas venenosas, ramas que entorpecían mi recorrido, espinas y vegetación que dios había puesto solamente para hacer la vida de los conciudadanos más difícil. ¿Es mucho pedir una pradera con mega-fauna más amigable? ¿Por qué todo lo que sobrevive aquí debe verse tan hostil y peligroso? - Monsieur, debo admitir que me es extraño lidiar con semejante variedad de vida. De donde yo vengo apenas hay árboles secos, cadáveres y plantas que se nutren de los deshechos del cementerio. - Le comenté a mi guía en mi tono neutro, fúnebre, característico de mí. Mi acento francés se distinguía demasiado de los locales, no solamente me delataba mi forma de hablar que soy extranjera sino que mi piel… Estos sujetos son nativos y yo estúpidamente pálida, tan pálida que es perjudicial para mí misma. Estaba allí en una misión “humanitaria”. Estudiaba un poco de la fauna, ayudaba a los guardabosques y fungía como médico local en lo que perfeccionaba mi profesión. Había personas que simplemente venían a consulta por mi extraño aspecto, extraño para ellos claro: En lo que a mí respecta me veía perfectamente normal. Salí de la clínica al horario habitual, descansaba mi espalda sobre la pared de un consultorio improvisado. Me relajé comiendo un poco de Ramen instantáneo, ya que no fumaba era lo único que liberaba algo de serotonina en mí y por supuesto, me había traído de afuera muchísima comida instantánea… No estoy lista para comer nada de la isla todavía. RE: Flores y muerte (Pasado - Mr Bones) - Dr.Bones - 09-01-2026 Desde hacía mucho tiempo había escuchado rumores sobre Torino, una isla apartada del South Blue donde convivía una numerosa población primitiva junto a algunas zonas de poblado ligeramente más desarrolladas, concentradas principalmente en el sector este de la isla. Sin embargo, lo que verdaderamente había despertado su interés no eran sus habitantes, sino la información que circulaba sobre la extraordinaria cantidad de plantas curativas y venenosas que crecían en aquel lugar. Se decía que muchas de esas especies poseían propiedades tan singulares y variadas que incluso los tomos medicinales más recientes seguían actualizándose de manera constante. La revista Med-News publicaba con frecuencia artículos donde se documentaban nuevos hallazgos: hiedras, raíces y plantas desconocidas que ampliaban los límites de la medicina contemporánea. Ahora que por fin contaba con el dinero suficiente para comenzar a recorrer los mares por su cuenta, había decidido que Torino sería una parada obligatoria para alguien con su devoción por la medicina. Sin perder tiempo, se dirigió a una de las bibliotecas especializadas en botánica medicinal, ubicada junto a una pequeña clínica del pueblo. Un hombre como él no pasaba desapercibido en un lugar tan pulcro. Su piel morena, el cuello tatuado, el sombrero de copa y el traje adornado con huesos y calaveras, sumados a los anillos y pendientes grabados con símbolos de la cultura vudú, distaban mucho de la imagen tradicional de un médico. Aun así, aquel individuo que parecía salido de un viejo relato de brujos de Nueva Orleans albergaba un amor profundo y genuino por el conocimiento que ese lugar podía ofrecer. Fue entonces cuando se encontró con ella. Su piel era clara, casi de porcelana, y contrastaba de forma marcada con el cabello oscuro que caía en largas y densas ondas por su espalda. Sus ojos, de un intenso tono verdoso, resaltaban aún más sobre aquella palidez inusual, otorgándole una presencia difícil de ignorar. Vestía ropas poco convencionales incluso para una isla tan apartada: telas oscuras ceñidas al cuerpo, adornos verdosos que rompían el predominio del negro en su vestimenta y guantes que ocultaban sus manos. En ese momento se encontraba distraída, disfrutando en silencio de un ramen instantáneo, concentrada en aquel pequeño placer cotidiano al punto de que él dudó durante un instante si debía interrumpirla. —Disculpa que interrumpa —dijo finalmente, con un tono educado—, sobre todo porque parece que estás disfrutando bastante de ese ramen. Pero no hay mucha gente por aquí, y me preguntaba si es cierto que en este lugar hay una biblioteca especializada en documentar las plantas de la zona. Acompañó sus palabras con un leve gesto de disculpa, mientras su mirada analizaba rápidamente el entorno. La clínica no parecía especialmente avanzada, aunque la abundancia y diversidad de plantas que la rodeaban dejaban en claro que allí se poseía un conocimiento medicinal considerable. RE: Flores y muerte (Pasado - Mr Bones) - Charlotte - 09-01-2026 En aquel momento podía sentir dos cosas… Por un lado el sonido de los insectos en una serenata nada agradable de fondo, a la que ya me había acostumbrado por cierto. También los efluvios de mi deliciosa sopa instantánea llegaban a mi delicada nariz, tenía unos quimiorreceptores tan buenos que incluso podía saborearla a la distancia. - Un poco falto de ingredientes, pero es lo suficientemente bueno para ahorrarme comer comida cruda e insectos. - Le comenté a aquel hombre que se acercó hacia mí con un aura tranquila y parsimoniosa. Atiné a elevar mi mirada un poco por encima y observar la figura de aquel hombre: Moreno, alto, de unos intimidantes ojos rojos, extravagantes atavíos y unos tatuajes corporales en principio visibles gracias a su cuello descubierto. No estaba acostumbrada a ver personas así desde donde venía… Él tan lleno de color y yo… Bueno, soy gris, verde y negro en mi paleta de colores básicamente. - No estás interrumpiendo nada importante, Monsieur. - Respondí en un tono exageradamente neutro y sin ademanes. Parecía estar demasiado inerte para estar disfrutando de un Ramen instantáneo. En lo que escuchaba su petición, sutilmente tomaba algunos fideos con mis palillos y los llevaba hacia mi boca. Sorbí intentando hacer el menor ruido posible, me mantuve impasible y educada en todo momento, y tras tragar finalmente le respondí. - Es algo rudimentaria pero sí. - Contesté con mi tono francés, pateando un poco esas R como si fueran Gs. Visualmente inspeccionaba el pote de ramen y con ayuda de mis palillos hacía pequeños barridos entre sobras de carne y fideos, picoteando los últimos remanentes de comida. - Soy la Doctora encargada aquí por ahora, y estoy colaborando con aquella enciclopedia. Este lugar es algo hostil y necesitaban que documentemos algo de la flora local para futuros visitantes. - Elevé el pote apoyando el borde inferior sobre mis labios, bebí lo último de la sopa y tenía todo finalizado. Hice una última inspección visual antes de acercarme a un improvisado bote de basura cercano a nosotros. Me aseguré de que todo quedara debidamente tirado, con este calor y estos insectos no es raro que otros organismos florecieran y prosperaran dentro de estos cúmulos de residuos. - Perdone mi educación, yo soy Charlotte… Solamente Charlotte, de la isla Toroa. Médica de profesión, aunque tengo formación forense principalmente… Es un gusto conocerlo Monsieur… - Di a entender que esperaba que el rellenara ese silencio con su nombre, modales primero. RE: Flores y muerte (Pasado - Mr Bones) - Dr.Bones - 11-01-2026 Bones la observaba con los brazos cruzados y la cabeza levemente ladeada, sosteniendo una sonrisa ladeada cuando escuchó el comentario acerca de los insectos. Aquella reacción no le sorprendía en absoluto, pues era bastante común que muchas personas sintieran una profunda repulsión al descubrir el tamaño que podían alcanzar los insectos en aquella isla, algunos de los cuales fácilmente podían llegar a medir lo mismo que una rata adulta. —Aaah… bueno, espero que haya traído bastantes sopas instantáneas si no quiere terminar comiendo unas buenas cucarachas gigantes a las brasas —comentó con tono burlón, sonriendo mientras hacía aquella broma, claramente entretenido por la forma en que ella parecía disfrutar incluso los pequeños pedazos de fideo que se quedaban adheridos al costado del vaso, como si aquello fuera parte del ritual de la comida. —Aunque también hay buena cocina del lugar que no tiene que ver con insectos —añadió poco después—, aunque debo admitir que algunos sabores… son cosas que se deben adquirir con el tiempo. Dijo aquello sin entrar en demasiados detalles, evitando reconocer abiertamente que gran parte de la gastronomía local no era precisamente agraciada al paladar. No era raro que él mismo terminara pagando un poco más por lugares que utilizaban carne importada de otras islas, simplemente para evitar ciertas “especialidades” demasiado arraigadas a la fauna local. Mientras hablaba, el canto constante de las cigarras se hacía presente en la lejanía, marcando el ritmo de aquella tarde calurosa y densa. Durante unos segundos, Bonez guardó silencio, quedándose a admirar el estilo elegante y estoico de Charlotte. Aquella visión era un claro ejemplo de cómo él no concebía la belleza de la misma manera que lo hacía la mayoría de las personas. No la asociaba con lo vivo, con lo luminoso ni con aquello que exigía ser mirado. Para él, lo hermoso siempre había estado ligado a algo más solemne: una quietud funeraria, una ceremonia contenida, un respeto profundo por aquello que existe a un paso del final. Esa visión se reflejaba claramente en su propia estética vudú y en la cercanía espiritual que compartía con los médicos brujos, quienes mantenían una relación respetuosa y casi reverencial con el fino hilo que separa la vida de la muerte. Y ella encajaba ahí. Encajaba con una naturalidad inquietante, como si perteneciera a ese espacio sin esfuerzo alguno. Su apariencia no se sentía como un adorno ni como una provocación deliberada; era, más bien, una declaración silenciosa. Los tonos oscuros que la envolvían no buscaban ocultarla, sino delimitarla, del mismo modo en que se lleva un luto con dignidad y elegancia. Cada pliegue de su vestimenta evocaba rituales antiguos, procesiones nocturnas en las que la muerte no es temida, sino acompañada con solemnidad. El contraste entre la palidez de su piel, la elegancia del negro de sus prendas y los tonos verdosos que rompían la monocromía le otorgaban un aire marcadamente ritualístico, casi ceremonial. Bones desvió entonces la mirada para observar durante unos segundos la rudimentaria clínica que los rodeaba. A pesar de que su estructura parecía básica y poco refinada, resultaba evidente que los estantes estaban repletos de frascos, preparados y muestras medicinales. Aquello contrastaba fuertemente con la escasez de conocimiento médico que solía verse en las zonas más pobres de Samba, donde la falta de recursos era la norma. Allí, en cambio, aquella abundancia parecía algo casi natural, como si la isla misma favoreciera ese tipo de saberes. —Pues me gustaría ir a la biblioteca, si no es mucha molestia —dijo finalmente, retomando la conversación—. Tengo interés en algunas hiedras que deseo investigar, para estudiar ciertas propiedades que podrían ser útiles contra algunas infecciones. Son conocimientos que podrían ayudar a un conocido al que estimo mucho… y, con algo de suerte, salvarle la vida. Su tono se volvió ligeramente más contenido, más cercano a una petición formal. —Soy consciente de que quizá estaba pidiendo demasiado, considerando que es la encargada del lugar, mademoiselle, pero aun así necesito acceder a esa información y conocer a fondo las propiedades de aquellas plantas.— Dicho esto, asintió suavemente, ofreciéndole una sonrisa calmada cuando ella finalmente se presentó con aquel nombre: Charlotte. Un nombre que, de alguna manera, había esperado escuchar de labios de alguien con ese acento francés tan marcado. Normalmente se presentaba simplemente como “Bones”, pero al encontrarse frente a una colega y profesional de la medicina, optó por algo distinto. Realizó una leve genuflexión respetuosa, retirándose el sombrero y llevándolo hacia su pecho en una breve pero sentida reverencia. —Me llamo Baltazar. Provengo de Centaurea, de una tribu de médicos brujos con profundas tradiciones del vudú y de antiguas tradiciones de cirugías y artes medicas de las áreas misticas. Aunque, en lo profesional… —añadió mientras volvía a colocarse el sombrero de copa adornado con calaveras incrustadas—, suelo presentarme como Dr. Bones. O, al menos, así es como me he dado a conocer. RE: Flores y muerte (Pasado - Mr Bones) - Charlotte - 11-01-2026 - C'est dommage… Esta gente come y vive de lo que puede, no dudo que las cucarachas gigantes a las brasas no sean deliciosas solo… No es mi estilo, Monsieur. - De alguna forma mi cerebro no procesó con exactitud su broma, quizá la barrera del lenguaje o mi poca o nula costumbre de utilizar sarcasmo se hizo presente; Incluso podría destacar mi nula capacidad de mentir, de hacer el mal, de apreciar mi propia integridad física entre otros defectos de mi personalidad. - Espero no acostumbrarme a estos estilos estilos culinarios, no sé qué sería de mi vida sin un dulce y delicioso Macaron…- Solo imaginar el sabor de la galleta del macaron deshacerse en mi boca hacía que salivase un poco por dentro, mi paladar era perfectamente capaz de replicar esa sensación torturándome con el deseo de volver a casa… Lastimosamente no era una buena cocinera, o no lo suficiente para replicar un buen macaron, ni hablemos de un Canelé. ¡Estaba condenada a la miseria! De momento, claro. - Ne vous inquiétez pas, mon ami. - Respondí a su petición con mi clásica voz suave y parsimoniosa, adornada por mi clásico acento francés. - Con gusto ayudaría a un camarada, además la botánica es extremadamente útil para sobrevivir en este lugar. Todo el que quiera investigar con fines altruistas es bienvenido, y si en el proceso podemos ayudar a tu conocido con más gusto lo haré Monsieur~ - Hice una pequeña reverencia hacia él, incliné mi cuerpo hacia adelante y mi ondulado cabello cayó hacia delante vencido por la gravedad. Al reincorporarme fui obligada a acomodarme el cabello de nuevo, recuperando así mi imagen pulcra y bien cuidada que solía cargar… Imagen que por cierto, parecía agradarle al caballero que me acompañaba. - Faites comme chez vous, Monsieur Baltazar. Confíe en Charlotte como su guía… Además, puedes quedarte el tiempo que consideres necesario si funges como médico en este lugar. Muchos habitantes son supersticiosos y muy sensibles al esoterismo, diría que incluso si les das placebo y algo en lo que creer quizá sanen por su cuenta. - Tras aquella información y su presentación le sonreí por primera vez en lo que llevábamos de conversación. Tampoco es que fuese “LA” sonrisa, más bien fue un esbozo sutil, principalmente con la parte izquierda de mi labio, deformando sutilmente mi mejilla en un gesto amistoso de media sonrisa. Mis ojos verdes se posaron en su figura: Me llamó la atención en su momento su aura misteriosa, aquellos atavíos de intenso rojo y… ¿Vudú había dicho? Una costumbre bastante común entre algunas poblaciones que conocía y con las que compartía idioma. Además, mi trabajo en el cementerio me permitió conocer todo tipo de personas, todo tipo de rituales, por lo que podría decirse que aunque el Doctor Bones fuera extravagante su extravagancia no me es alienígena. - Le advierto que la biblioteca no es nada impresionante, pero servirá si lo que necesita es saber y… Perdón por algunas expresiones, de donde vengo habló otro idioma. Hago mi mejor esfuerzo. - Le expliqué en mi típico tono frío y neutro, tono que no acompañaba mis gestos y voluntad amigable. No es que fuese incapaz de expresarme, es que no hablábamos nativamente el mismo idioma y tenía que sobre pensar todo lo que debía decir para no cometer errores por mucho conocimiento que tuviese del español. - Disons que... Esta es la biblioteca, nada impresionante, lo advertí. - Lo terminé guiando en un breve recorrido hasta lo que parecía ser una casa sin más. Por fuera, una fachada común, la puerta abierta para que cualquiera pudiese pasar y no parecía haber nadie vigilando o esperando nuestra llegada: Naturalmente es un edificio modesto, de público dominio donde dentro se podían ver decenas de estanterías llenas de libros y escritos de toda índole. Presumiblemente, todo lo que Dr Bones necesitaría debería estar aquí. - Si encontramos lo que busca, los fines de semana hacemos exploraciones de campo… Podríamos buscar las plantas y sintetizar algunas medicinas. - RE: Flores y muerte (Pasado - Mr Bones) - Dr.Bones - 17-01-2026 Dr. Bonez escuchó cada una de sus palabras con atención medida, sin interrumpirla, permitiendo que aquella mezcla de ironía, nostalgia y refinamiento se asentara en el aire entre ambos. La mención de las cucarachas gigantes le arrancó una leve exhalación por la nariz, casi una risa contenida, más elegante que sonora, mientras acomodaba con calma los guantes que cubrían sus manos. —C’est vrai… la supervivencia tiene un gusto peculiar cuando uno se aleja de la civilización — respondió con voz baja y templada, cargada de una cortesía natural, dejándole claro que, a pesar de no saber de manera muy extendida su idioma. Si entendía lo que decía, después de todo, las viejas bases Vudú si tenían un patrón entrelazado con el linaje francés de Charlotte—. Aunque debo admitir que comparto su opinión, Mademoiselle. Hay placeres que no deberían sacrificarse jamás, incluso en los confines más hostiles del mundo. Un macaron, por ejemplo, es una forma perfectamente válida de resistencia, aunque debo admitir que nunca he probado uno. — dijo acariciandose la barbilla de manera pensativa de como seria el saber de aquel postre que habia visto solo en libros y revistas. Sus ojos se deslizaron brevemente hacia ella cuando habló de su incapacidad para mentir y de su franqueza casi dolorosa. Le resultó… refrescante. No dijo nada al respecto, pero la forma en que ladeó ligeramente la cabeza denotaba un interés genuino, como si aquella confesión silenciosa hubiese sido cuidadosamente archivada en su mente. Ante su ofrecimiento de ayuda, Bonez llevó una mano a su pecho e inclinó apenas el torso en respuesta a la reverencia, un gesto refinado, calculado, que no buscaba imponerse. —Votre gentillesse est très appréciée, Charlotte —dijo con suavidad, pronunciando su nombre con respeto—. La botánica siempre ha sido una aliada silenciosa de la medicina… y también de aquello que se mueve en los márgenes de lo que muchos llaman ciencia. Trabajar con alguien que comprende su valor es, sin duda, un lujo. Mientras ella se recomponía el cabello, Bonez no fue ajeno a la escena, aunque su mirada se mantuvo correcta, observando más la compostura que el detalle. Su sonrisa fue discreta, contenida, nacida más del reconocimiento que de la galantería abierta. —Le prometo de todo corazón que seré un huésped obediente, se lo aseguro —respondió cuando ella le ofreció quedarse—. Y si mi presencia puede aliviar aunque sea la mente de quienes creen más en símbolos que en bisturíes… entonces mi trabajo ya habrá comenzado. A veces, creer es el primer paso para sanar. Avanzó junto a ella hacia la biblioteca, observando el lugar con interés genuino, sin rastro de decepción. Sus dedos recorrieron el lomo de algunos libros, como si los saludara en silencio, reconociendo en aquella modestia un valor que iba más allá de lo estético. —No subestime este sitio —comentó con tono tranquilo— Las bibliotecas más humildes suelen esconder los conocimientos más sinceros. Además, los errores del idioma son insignificantes cuando la intención es clara… y la suya lo es. Cuando mencionó las exploraciones de campo, sus ojos se iluminaron apenas, un destello breve pero revelador. —Explorar, recolectar y sintetizar… suena a una colaboración prometedora —concluyó—. Será un placer trabajar a su lado, Charlotte. Confío en que este lugar y yo mismo estaremos a la altura de sus expectativas… o, al menos, no las traicionaremos. En eso, sus pasos se detuvieron cuando encontró un viejo tomo que parecía contener cierta información que estaba buscando. Era un tomo de color rojizo oscuro, con una tapa de bordes resaltados y detalles dorados, con unas letras de fuente elegante que decían: “Tubérculos y raíces de la zona sur de Torino”. El médico brujo limpió con cuidado el polvo contenido en la tapa de aquel libro, abriéndolo y recorriendo sus páginas con su índice, buscando aquel tubérculo especial que había memorizado en su viaje a aquella isla. En sus ojos rojizos y su rostro algo serio no se podía notar, pero la verdad es que sentía preocupación por poder encontrar pronto la información que estaba buscando. |