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[Presente Absoluto]El club del Puño [Charlotte & Daigo] [T2] - Versión para impresión

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[Presente Absoluto]El club del Puño [Charlotte & Daigo] [T2] - Maki D. Zen'in - 11-01-2026

La posada de La luna nueva es un perfecto resort para las familias, uno con poco movimiento y mucha alegría, aunque viajan de un lugar a otro Batella una ciudad llena de misterios y presencia de Marines por doquier hombres valientes y determinados a hacer de estos mares un poco más seguros. Uno de estos misterios era un pequeño rumor que comenzaba a nacer de manos del Capitán Brandon Reveco, un capitán ya medio veterano que distinguía poco en la ciudad y en su propio cuarten. No era hábil, pero su experiencia si que era clave al momento del combate, sobre todo en los blues donde los piratas no eran tan fuertes, no era un gran estratega tampoco, lo que, si tenia dinero y al ser encargado de una buena suma para gastos menores en el cuartel le daba ciertas libertades, pero si su dinero se perdía. Su cabeza podría rodar fácilmente.
 
El capitán usaba a su esposa, que tenia un bar, el “Danubio Celeste”. Un lugar donde los marines solían reunirse en las tardes una ves terminados sus turnos de patrulla o cuando llegaban después de meses de navegación. Como era un bar esencialmente marine, las prostitutas estaban prohibidas, las apuestas y los trucos también, por ello era sumamente fácil obtener información en dicho lugar pues la mayoría de marines que frecuentaban el lugar eran siempre debiluchos e inocentes al igual que los piratas.
 
Las cosas transcurrían con normalidad. Casi era hora de cerrar, ¿La hora? Las once con cuarenta y cinco minutos. La hora del lobo como le llamaban en el bar. Aquellos que entraban a esa hora en el bar eran muchos con rostros duros, con heridas y vendajes… algunos llevaban parches, moretones y uno que otro con dedos quebrados y dientes menos… solo quienes tenían una aguda vista podrían identificar a aquellos que tenían estas características, pero otros entre ellos olían a sangre, esos eran los mas belicosos y huraños a tal punto que solo faltaba consultarles algo para terminar iniciando una pelea en el instante. A esos se les llamaban lobos de sangre y pocos o nadie se atrevía a acercarse a ellos pero son aquellos que tienen mas información de lo que pasa en la ciudad.
 
Detrás de la barra se encontraba Rossie, una chica Mink de ojos achinados muy susceptible a hablar mucho de cualquier tema, sobre todo de aquella información referente al comercio en la ciudad, si no preparaba tragos, se la pasaba limpiando la barra, en el frente se sentaban principalmente asalariados y personas que simplemente deseaban conversar un rato con cada persona random que se sentase a su lado, un par de ellos podrían soltar de mas la lengua y hablar cosas sin sentido. Pero así eran todas las ciudades. Mucho trabajo y un par de copas te pueden volver blandísimo ante la seducción… sin embargo cada persona de este bar tiene información diferente y seguro disocia un poco y esto mismo hace que el rastreo de cualquier información sea un poco complicado.
 
La taberna esta cargada de una luz tenue agradable y esta pronta a cerrar por lo que los últimos que lleguen deben pedir rápidamente sus tragos, la noche acaba para los ebrios, pero parece comenzar recién para aquellos que necesitan probarse como reclutas para la nueva era de marines. Los señores del orden de los mares atestados de piratas amantes del caos. Sin embargo se dice entre estos soldados novatos que varios revolucionarios andan pululando por la ciudad para encontrar vulnerabilidades en los cuarteles.
 
Play me!



RE: [Presente Absoluto]El club del Puño [Charlotte & Daigo] [T2] - Charlotte - 13-01-2026

Para variar, estaba finalmente en una misión revolucionaria presumiblemente junto a mi fiel camarada Daigo Stein... Que por cierto. ¿Dónde andaba él? Bueno, prosigamos:

Estaba vestida como era habitual, más semejante a una pirata que a lo que se supone que los revolucionarios éramos. Tenía mi sombrero de capitana, mi polémico Corset que dejaba mis piernas al descubierto y mis típicas botas bucaneras que sobrepasaban por encima de mi rodilla en su altura. Gracias al enorme tacón de las mismas pasaba de mis nada destacables 165cm con los pies en el suelo a poco más de un metro setenta.

Mi cabello se arremolinaba en su descenso por todo mi rostro, llegando hacia el escote de mi pecho. Mi piel pálida, blanquecina, resaltaba mi figura entre colores oscuros de mi prendas creando un bonito y muy marcado contraste de luz y oscuridad.

Gracias a mi adjudicada belleza y capacidad seductiva de la que no era consciente, había llamado un poco la atención de los presentes. Presumiblemente más de un ojo curioso se dirigió a distintas partes de mi cuerpo, acción a la que no le daba demasiada importancia.

Me concentraría en buscar pistas, pero primero debía pasar como una miembro más de este no tan afamado bar. Lastimosamente no soy ni era ni posiblemente nunca llegue a ser una buena bebedora. - Madame. ¿Podría pedir un vaso de leche y algo dulce para acompañar? - Llamé su atención con un gesto de mi mano y mi apagado tono de voz, mi acento francés me permitió destacar entre los demás aunque no de la forma en la que me gustaría. Se notaba a leguas que no pertenecía a ese bar, que ni siquiera hablábamos el mismo dialecto. Mi aura fría y fúnebre es perfectamente distinguible de otras, sobre todo entre ellas otras diez almas allí presentes además de Madame Rossie.

- Je pensé que debe dar algo de gracia escuchar a una extranjera pedir un vaso de leche en un bar. C'est étonnant. No soy muy tolerante al alcohol, más no quiero que me impida disfrutar de este bar tan bonito. - Estaba siendo honesta, brutalmente honesta con mis pensamientos. Quería hablar primera para que nadie me preguntase algo comprometedor y tener que evitar preguntas incómodas. De paso, si algún postre me gustaba estaríamos hablando de matar dos pájaros de un tiro. ¡Comer y trabajar! C’est magnifique.

Utilicé mi olfato para sacar información del lugar: Había sido bendecida con una capacidad superior para detectar químicos a través de mi nariz. Era capaz de distinguir la humedad de la madera, los distintos tipos de alcoholes y sustancias a varios metros de mí… El hierro de la sangre, por supuesto y también paneaba en un intento de identificar la ubicación de mi compañero o procedería yo misma de todas maneras.

Aún así, hice un pequeño gesto entrecerrando mis ojos. El bar a estas horas estaba bastante sucio, con parte de su mobiliario impregnado con aroma a cebada, tequilas, vino merlot y otros más baratos. Sentí que mi nariz estaba un poco saturada y que debía acostumbrarme a esta sensación consecuencia a que en el mar todos son de beber… Excepto Mademoiselle Charlotte evidentemente.

- Me pregunto si debería tomar alcohol… Quizá eso me sirva para desinhibirme y conseguir lo que necesito… Ni siquiera me siento en confianza para encarar a esos hombres. - Me dije a mí misma, en un tono bajo. Me senté en la barra como cualquier persona lo haría al esperar su pedido. Me sentía algo temerosa, pero eso no parecía importarle a los demás. ¿Por qué? Bueno… Mi afamado trasero estaba llamando demasiado la atención: Al tener mis muslos sobre el taburete no había nada que lo ocultase de las miradas ajenas. Además, este se veía enaltecido por mi postura erguida y elegante al sentarme, mi cruce de piernas y el porte con el cual hablaba. Sería cuestión de tiempo que alguien intentase algo más, cosa que debería aprovechar.

Off



RE: [Presente Absoluto]El club del Puño [Charlotte & Daigo] [T2] - Daigo Stein - 13-01-2026

Por primera vez desde que había abandonado Centaurea, Daigo tenía una misión clara que debía completar. No se trataba de proteger a los suyos, ni de vigilar desde las alturas, ni de interponerse entre la selva y quienes no sabían cómo sobrevivir en ella. Esta vez el encargo era distinto, buscar información y eso, para alguien como él, siempre era más molesto que romper huesos. El objetivo era un bar con fama de frecuentarse por marines en una de las islas cercanas. Un lugar donde las lenguas se soltaban con el alcohol y las miradas se volvían descuidadas justo el tipo de sitio que Daigo detestaba. No le gustaba mezclarse, no le gustaba el ruido, y mucho menos fingir ser algo que no era, pero la información era necesaria, y la Revolución no se sostenía solo con fuerza bruta.
 
Al menos no tendría que hacerlo solo. Según el informante, tendría una compañera asignada para la misión, la corsaria, ese era el apodo que él mismo le había puesto, casi por inercia, porque a sus ojos tenía más de pirata que de revolucionaria. Su forma de moverse, de hablar, incluso la manera en la que miraba el mundo todo en ella gritaba libertad sin pedir permiso. A Daigo le causaba cierta gracia, aunque jamás lo admitiría en voz alta. No obstante, debía reconocer algo, que ella fuera su compañera no le molestaba en absoluto, sabía defenderse, sabía leer ambientes hostiles y, sobre todo, no parecía intimidarse por su tamaño, su voz o su perpetua expresión de mal humor, eso ya la colocaba por encima de muchos.
 
Daigo colocó el escudo a su espalda con un movimiento lento y calculado, asegurándolo antes de dejar caer la capa por encima. La tela oscura cubrió casi por completo el metal, ocultándolo a simple vista; no era prudente anunciar su presencia más de lo necesario, y menos en un bar con olor a sal, alcohol barato y marines con la guardia baja. Aun así, su figura seguía siendo imposible de ignorar. El solo hecho de que el mink cruzara la entrada bastó para que varias conversaciones bajaran de volumen o se apagaran del todo, era claro que este mink no pertenecía a este sitio.
 
El ambiente era denso, risas forzadas, vasos chocando, miradas largas que se apartaban con rapidez. Daigo avanzó entre las mesas sin prisa, como si el lugar le perteneciera, su presencia imponiéndose sin necesidad de palabras, entonces la vio, en la barra, apoyada con naturalidad, estaba Charlotte, incluso allí, rodeada de marines y ruido, parecía fuera de lugar o tal vez era el resto del mundo el que no encajaba con ella, Daigo ladeó levemente la cabeza, había más cosas en común entre ambos de las que él admitiría, una honestidad casi incómoda, una incapacidad absoluta para fingir y, para desgracia de cualquiera que compartiera mesa con ellos, una pésima relación con el alcohol.

Se acercó por detrás sin anunciarse y cuando estuvo lo suficientemente cerca, apoyó una de sus enormes manos sobre el hombro de la chica, no fue un gesto brusco, pero sí firme, posesivo, como el de un depredador marcando presencia en su territorio y entonces habló. —Corsaria. — Su voz gruesa, baja y cargada de intención cortó el ruido del bar como una hoja afilada entre la maleza, no necesitó alzar el tono, no lo hacía nunca. —Llegaste primero, Tssk. — Tomó asiento a su lado con un leve crujido del banco de madera bajo su peso, girando luego la mirada hacia la mink que atendía la barra. Sus ojos amarillos se clavaron en ella por un instante más de lo necesario, no como amenaza directa, sino como advertencia silenciosa, no estaba allí para juegos, aunque tampoco estaba en busca de ningún problema.
 
—Sírvame lo mismo que a ella, por favor. — Dijo las palabras con una cortesía áspera, casi contradictoria con su presencia. Luego volvió la vista al frente, apoyando un antebrazo sobre la barra, Daigo no bebía por gusto, y menos aún en un lugar así, pero la misión exigía mezclarse y aunque el alcohol nunca había sido su aliado, tampoco sería hoy el motivo para dar marcha atrás.

Off



RE: [Presente Absoluto]El club del Puño [Charlotte & Daigo] [T2] - Maki D. Zen'in - 15-01-2026

La noche continuaba y Rossie vio atentamente como entraba primero una muchacha, obviamente seductora, y con atributos mas grandes que las ganas de beber una gaseosa después de cruzar el Arabasta comiendo solo pescado ahumado. Inmediatamente llamo la atención de los asalariados que estaban a su lado, unos babosos, otros galantes y los mas borrachos fueron los únicos que no se dieron cuenta.
 
En las mesas había algunos con pequeños moretones, magullones y un par con raspones, ocultos entre las sombras del alcohol y de las historias tan falsas y extraordinarias que solo se necesitaba que la repitieran una vez mas para detectar las incongruencias evidentes en ellas. Al fondo en mesas apenas visibles, medio ocultas estaban aquellos que tenían pinta de pocos amigos. —Heye enseguida… señora… que hace una pirata en un bar esencialmente Marine… jejeje sale un vaso de leche fresca… que le parece un trozo de pastel de ayer. Le prometo esta riquísimo — Rossie limpio un vaso rápidamente y sin mayor dilación se dispuso a buscar detrás de si misma un trozo de pastel de durazno y manjar con un revestimiento de crema muy vistoso.
 
Cuando se encontraba a punto de poner eso en la mesa, vio entrar por la puerta un mink igual que ella. uno felino, sombrío y algo serio para su gusto, se sentó al lado de la recién llegada Pidió lo mismo… —Vaya… seguir se me acaba la leche hoy— Menciono mientras con una sonrisa amplia servía el segundo vaso y se apoyaba en la barra. -Buen…as… no..shes. lidnruas… jejejj por qe son te tomas algo más juerte cn me, hje?- Medio balbuceó un hombre con ojos achinados y rostro plano, su rostro enrojecido y la corbata desatada cayendo sobre su chaqueta arrugada, acerco un vaso a la muchacha y se disponía a coquetear cuando sintió una mano como un gorila sobre su hombro La mirada del hombre provoco que el asalariado se pusiera pálido como un papel
 
-Hola querido, no te había visto por estos lares… wof wof… eres nuevo? En la isla?- Pregunto la barman mientras miraba como un par de tipos se acercaban a la muchacha de grandes atributos. —Ey hermosa… Randal… Weast es mi nombre, me preguntaba si deseaba comer algo con nosotros, somos… 3. Quizás pueda conocer al capitán… vamos, será divertido.— Menciono apuntando a una silla donde estaba sentado un hombre, algo mayor, junto a otro más. Uno de vista alegre y amena. Realmente parecían buena gente. El nombre de este hombre era Mika, Mika Thorson, un nuevo recluta, deseoso de ponerse a prueba.
 
Mika Thorson

 
El capitán era alto, grande y portaba un pecho grande, uno que sin duda parecía que podría partir a cualquiera por la mitad, era difícil de dominar y fácil de provocar. Violento pero estricto con los reclutas. La hora diez minutos para media noche y miraba su reloj con algo de impaciencia. Seguro esperaba algo y su impaciencia era evidente en su rostro. -Dime cariño te gusta jugar a las cartas?... conozco a unos muchachos que se divierten mucho con sangre nueva…- Comento la mink mientras le acercaba una especie de bollo con crema al peludo que entro de ultimo en el bar.

Capitan Brandon Reveco


Play me!



RE: [Presente Absoluto]El club del Puño [Charlotte & Daigo] [T2] - PX-4 - 12-02-2026

Protocolo: Moderación
Estado: Activado
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Bip-Bip
Pacifista Activado


TEMA CERRADO