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El cocinero conoce el fuego, pero no en esta cantidad // Presente Relativo - Versión para impresión

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El cocinero conoce el fuego, pero no en esta cantidad // Presente Relativo - Rackham Uker - 13-01-2026

Un movimiento que corta la respiración de quien lo ve, el aire siendo cortado, la vibración del metal avanzando sin problema sobre el espacio vacío, apuntando a un solo lugar, un solo objetivo. El movimiento finaliza, el objetivo se aleja, ileso, la respiración del espadachín se hace visible, pesada y agotada, queriendo recuperar el aire faltante en su cuerpo. El hombre solo puede intentar recomponerse, mientras que su mente no para de azotarlo con sus errores y equivocaciones. Le tomó unos minutos, incluso tuvo que buscar un lugar con sombra para no ser molestado por los rayos del sol. Ya no era mediodía, la fuerza del astro y el calor comenzaban a descender, pero eso no significaba que fuera piadoso.

En cuanto se encontró mejor, caminó hacia un árbol, uno marcado con una X en su tronco, hecha a base de dos rápidos cortes con su espada. Removió unas cuantas hojas gigantes y plantas que se encontraban sobre sus raíces, dejando al descubierto un saco repleto de cosas, así como la vaina de la katana que el pelinegro llevaba en su mano. Guardó el arma, calzó esta en su cinturón, siempre al lado derecho de su cuerpo, tomó también el saco, en esos momentos casi que medía lo mismo que su torso (y debía pesar muchos más) y avanzó para salir de la jungla.

No se había metido tanto en la espesura de la vegetación, con solo caminar un par de minutos ya estaba de nuevo pisando la arena de la playa, pudiendo ver frente a él el gran navío que antes le era ocultado por los árboles y plantas. El Last Whisper se encontraba aún en su lugar, apenas meciéndose por el movimiento de las olas, como si esperara su llegada. Mientras avanzaba hacia su nave, el navegante pudo notar los daños que el último viaje le había causado, nadie lo había reparado, aunque esa era una tarea de Maki él tampoco había puesto de su preocupación para recordarle que lo hiciera. - Lo siento, te estoy haciendo esperar -. Tocó la madera con preocupación, sintiendo lastima por la embarcación que debía transportar a una tripulación tan novata.

Él no había podido cumplir como capitán, y era el Last Whisper quien pagaba las consecuencias.

Al subirse al barco, se encargó de lavar las frutas dentro del saco, buscando dejarlas como nuevas y listas para comer. Al terminar, dejó varias en un recipiente y tomó al menos una decena para volver a introducirlas al saco, volviendo por donde vino. La arena era perfecta para que el ruido de su aterrizaje no se oyera, pues había saltado desde la cubierta del barco hasta la playa. Avanzó hasta la misma roca que utilizaba para entrenar su mente, para meditar, sentándose en esta y tomando una fruta y un cuchillo del saco que traía con él.

Miró un momento ambos objetos, cada uno en una de sus manos, para luego intercambiarlos entre sí. El cuchillo en su mano derecha, la fruta en su mano izquierda, una disposición contraria a lo que sus sentidos le decían. Intentó cortar la fruta como lo hacía siempre, trozos en forma de luna, los cuales salían chuecos y a veces no se desprendían del todo de la fruta completa. Sentía el cubierto en su mano de manera tosca, no sabía agarrarlo y le costaba ser preciso.

Luego de unos minutos, ya tenía en su mano media fruta, con cortes para nada finos o propios de un cocinero. La desesperación pudo haberlo atrapado, como cada vez que volvía a intentar entrenar eso de mejorar su movilidad de la mano no dominante, pero algo más llamó su atención. Su nariz recibió un olor, uno nuevo, fuera del dulzor de la fruta o del viento salado del mar, era un olor pesado, agrio, perforante, uno que conocía bien.

Fuego, algo se quemaba.

El olor se hacía cada vez más intenso, no sabía si porque el fuego consumía algo cada vez más o por si alguien o algo avanzaba en su dirección. ¿Sohem? Había estado en ese lugar el día que ellos arribaron y los marines y cazarrecompensas intentaron capturarlos, su fruta emitía calor, pero dudaba de si fuera capaz de encender llamas en algo, así como tampoco había sentido ese olor viniendo de él en cuanto estuvo cerca suyo. En cuanto el olor se adueñó de su mente, su cuerpo se levantó, tildando ambas cosas en sus manos sobre el saco en la arena, moviendo sus manos hasta alcanzar su katana, de la cual no separó sus dedos.

Podía sentir algo acercarse, ya fuera un animal o una persona, tenía una presencia suficiente para ser notado por alguien como él.


RE: El cocinero conoce el fuego, pero no en esta cantidad // Presente Relativo - Lan Caihe - 04-03-2026


No había ni siquiera un roedor en esta isla que no fuera más grande que yo y aún así; no me sentía pequeña. Hasta ahora había podido pasear por Little Garden sin demasiadas preocupaciones, admiraba su belleza, misticismo y nivel de peligro. Ya me había adentrado lo suficiente como para que los animales que me topara en el camino fueran territoriales, pero era algo que también disfrutaba.
Aunque no era por ello que estaba allí y de hecho, esperaba que pronto pudiéramos zarpar hacia la siguiente isla.
Tenía la pipa entre los labios, mis pies descalzos eran amortiguador a cada paso por el musgo verde que pisaba al avanzar, me cambié la pipa de lado en la comisura de los labios.

Entré a un claro en la jungla que tenía varias rocas bajo la luz del sol como si este los estuviera calentando, decidí que podía sentarme a comer uno de los duraznos gigantes que había encontrado Mahou para descansar un poco, y tras apartar la pipa de mi boca le di un mordisco, un hilo de delicioso néctar bajó por mi mentón hasta caer sobre mi pecho. Yo estaba absorta, poniéndome de pie, mirando a todos lados con ojos curiosos como de niña pequeña. Pero sobre todo, me puse de pie porque sentía las rocas frágiles.

Eran huevos…

Cuando me fijé bien, vi que eran en realidad está ucturas calcareas grisáceas con algunas rayas de una tonalidad azulada.
Mi pecho subió y bajó, miré a mis alrededores mientras le daba otra mordida al durazno.
Cuando volví a mirar hacia atrás, me detuve a media mordida, mi respiración se esfumó en un segundo y mis ojos se abrieron cómo platos. No lo escuché. Era la madre.
De sus fosas nasales salió vapor de agua, me miró con aquellos ojos amarillentos de pupila rasgada, y yo lo vi a él, ambos nos quedamos inmóviles.

El terror se me metió por los poros, y se convirtió en una sonrisa; no hubo momento para pensar, se abalanzó sobre mí con un rugido que levantó varias parvadas de pequeñas aves de casi metro y medio. Al T-Rex y a mi nos separaban diez metros, pero los acortó en dos segundos. La adrenalina se apoderó de mi y sin dejar de sonreír, me planté frente a ella.
—¡Paciencia en la forja, querida! —tiré el durazno y me puse en posición defensiva de inmediato, mis manos se encendieron así como mi corazón, aquel era un reto a duelo desde mi perspectiva, desde la de ella: yo amenazaba la vida de sus bebés.

El impacto llegó fuerte, me dio un golpe con la parte anterior de su hocico, pero un rugido se le escapó de entre las fauces con dolor, mis brazos y piernas eran de magma y ciertamente había salido ilesia de aquel intercambio.
Olía a carne quemada cocinándose, incluso un pedazo de la piel superior a sus fauces cayó al piso, carbonizado.

Traté de conservar el equilibro mientras estaba en el aire, me había mandado cinco metros hacia atrás derrapando con mis pies convertidos en magma, dejando un rastreo de vegetación quemada frente a mi que incendiaba todo a su paso, no perdí mucho tiempo, eché a correr mientras aquella cosa aún gritaba. Pero ahora era personal.
Corrí hacia la playa, seguí mis instintos y mi oído.

“Mar… mar, donde está el mar”, mientras corría en medio de la jungla ya sin la akuma activada, trataba de pisar con la punta de los pies, casi danzando ágil entre troncos, piedras y arboles, saltando y corriendo con elegancia y premura, pero aquella cosa era casi tan rápida como yo…
Sus pasos estaban muy cerca y ahora corría a toda velocidad.
Me pisaba los talones. Corriendo salté sobre el tronco gigante de un árbol tirado, agarre una de la lianas y me columpie, pero detrás de mi, se escuchó un mordisco, podía sentir su aliento húmedo y pútrido empapar toda mi espalda, casi me rozaba la piel aquella dentadura afilada. Pero falló el bocado.
Una carcajada histerica salió de entre mis fauces, dando un pequeño saltito para que la mordida de aquella madre furiosa no fuera mi final. —HUHUHYAHUHYAHUHYAHUHYAHYAHYAHYAHYAA —estallé, la adrenalina se acumulaba en mi nuca, apretaba más fuerte que nunca la pipa entre mis dientes.

Me solté de la liana y me dejé caer en el piso, corriendo entré la vegetación por mi vida nuevamente, el cuerpo del T-rex, de no ser por sus patas, ahora corría casi horizontal.
Su zancada era enorme, pero justo cuando volví a saltar nuevamente para abarcar terreno, pise el límite de la playa y al hacerlo cambie de dirección a la izquierda.

A lo lejos se podía ver un barco anclado, había unos diez metros entre nosotros.
—¡Cuidado! —Estaba corriendo a todo lo que daban mis piernas —¡QUITATE! —
No estaba en mi elemento, aquella cosa casi me alcanzaba, pero ahora había una persona más en escena.
Por mi mente pasó un recuerdo de la cara de aquella persona, estaba a 5 metros de él.
Paré en seco y me di la vuelta, el dinosaurio estaba a tres zancadas de mi.
Mi derrape levantó la arena, ahora haría que viniera directamente a por mi.

—¡HUHUHYHUYAHUHYAHUHYAHYAAA! —mis brazos y piernas humearon, se pusieron rojizas y finalmente destellearon en un fuego intenso, dando paso a la lava. Flexioné las rodillas, demis pies encendidos comenzó  a brotar lava que derretía y hacia añicos, convirtiéndola en cristal derretido; el humo de color blanco que salía de la combustion flotaba hacia el cielo amenazando con incendiarlo también, doblando la luz y distorsionando las figuras que se vieron a través de aquella cortina de calor, parecía el infierno en pleno medio día.
El T-Rex rugió abriendo sus fauces, lista para darme el bocado, exhalando su aliento sobre mi.


RE: El cocinero conoce el fuego, pero no en esta cantidad // Presente Relativo - Rackham Uker - 10-03-2026

Grande fue su sorpresa en cuanto vio emerger entre la vegetación a una mujer un poco lejos de él. Su pelo rojo volando a su alrededor y su rostro le recordaron algo, pero no tuvo tiempo de racionalizar el que antes de ver como una bestia también surgía desde las plantas, persiguiendo a la mujer que ahora le advertía del peligro.

Poco debería importarle si está en problemas, pero ambos se acercaban al barco, y si ella o el animal habían sido los causantes del olor de antes eso podría significar que…

Antes de que la mujer se acercara más a él, el cocinero saltó en su dirección, pasando sobre ella sin problemas y moviendo sus brazos en el aire para aterrizar sobre el animal. - Será mejor que te quedes… -. Su cuerpo aterrizó sobre el dinosaurio, justo sobre su cabeza, tambaleó un poco hasta recobrar algo de equilibrio y levantar su puño hacia arriba. - ¡Quieto! -. Dijo finalizando su frase anterior, a la vez que su puño descendía con velocidad sobre la criatura y le propinaba un golpe potente.

La fuerza del pirata no era nada envidiable bajo sus propias palabras, pero en ese momento pudo verse que no era así. El impacto provocó que la cabeza del animal descendiese contra la arena, siguiendo a esta su cuerpo en un efecto cadena que dejó a la bestia arrastrándose por el suelo, perdiendo toda su velocidad en el camino. El animal soltó unos quejidos, al mismo tiempo que Uker se reincorporaba y observaba a la pelirroja desde la cima de la “presa”. - Oye, ¿estás…? -.

Fue ahí que la vio mejor, que reconoció a quien tenía enfrente. El periódico no había hablado de su poder, pero ver ese magma brotando de ella lo hizo comprender ese apodo que se le había dado en papel. - La Forjadora, Lan Cahie -. La observó un momento más, como si quisiera analizarla, pero estaba pensando y recordando. Según lo escrito en el diario, ella era peligrosa y formaba parte de la banda de los Mano Vacía, grupo en el que también habían catalogado a Zhang. Los medios de comunicación no suelen ser confiables, incluso pusieron a los Sakanas como héroes que enfrentaron a los malévolos piratas y murieron en el intento, cuando ese no había sido el caso, pero cuando se trataba de los piratas y sus tripulaciones solían ser bastante perceptivos, muy seguramente para que cualquiera pueda identificarlos. - ¿Acaso tú…? -.

La criatura sobre la que estaba parado se movió, como si se hubiera cansado de ser usada simplemente como una alfombra. El animal se reincorporó y provocó que Uker perdiera el equilibrio, rodando por el costado de su cabeza hasta caer de nuevo en la arena, dando una vuelta para amortiguar un poco la caída. En cuanto giró la cabeza, ya tenía la mirada del monstruo puesta en él, seguramente muy enojado por lo que el muchacho le hizo. - ¿Una tregua? -. El cocinero se encogió de hombros y se rio, hablándole a esa cosa como si pudiera entenderle, lo que claramente no pasó y simplemente soltó un rugido en su dirección. - Bien, entiendo -.

El animal abrió su boca, dispuesto a pegarle un bocado, pero el hombre apoyó sus manos detrás de su cabeza y propulsó su cuerpo hacia atrás, logrando dar una voltereta con la cual pateó la mandíbula del dinosaurio en cuanto se le acercó, ocupando el movimiento también para reincorporarse y terminar parado. - ¿Te persigue por algo? -. Fue lo que dijo a la mujer en cuanto sus pies se acomodaron sobre el suelo, devolviendo su vista a la bestia en cuanto volvió a gruñir. Un par de pasos hacia adelante fueron suficientes para adquirir velocidad, la cual usó para propulsarse y deslizarse por debajo del cuerpo del animal, comenzando a correr n la dirección por la que antes había venido, siendo seguido por el monstruo. - ¡Si lo necesitas de alimento, no te recomiendo que uses esa lava! -. Gritó para que la otra pirata pudiera oírlo incluso si se alejaban de ella. - ¡Vas a quemar la carne y no tendrá buen sabor! -.

Ahora, siguiente problema. ¿Cómo haría para deshacerse del dinosaurio que lo perseguía?