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[Fic Akuma] Futuro. - Versión para impresión

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[Fic Akuma] Futuro. - Choi Hae-won - 13-01-2026

Día 24 de Primavera, Año 17 [Presente]

Una gran bendición te espera, si giras a tu izquierda.

Pero te lo advierto…

Esta bendición traerá consecuencias malditas consigo, y perderás algo que amas a cambio de tal privilegio.

Esas fueron las palabras de Varia, una de sus amigas de la marina. Ella es una especie de creyente de las visiones y el futuro no conocido, inverosímil y relativo. Recordaba, mientras caminaba durante la noche en medio de la extensa inmensidad de la playa, las palabras dichas por aquella mujer esa mañana. Varia se proclamaba conocedora del futuro, telépata, pitonisa o como sea que se le diga a esa gente; una vidente en toda regla que, por un módico precio, podía llegar a describir al hombre o mujer con quien te irías a casar en el futuro.

Si se piensa de manera objetiva, era algo estúpido y complejo a partes iguales porque, así como un mortal no sabe qué ocurrirá el día de mañana, una gran cantidad de cosas extrañas ocurren en el mundo en el que vive. Entonces, ¿qué cosas podrían ser reales, y qué cosas no lo son ni lo serán?

Mientras observaba a su alrededor, escuchaba la música resonar en la lejanía mientras la mente y el espíritu se relajaban con los sonidos del mar. Podía ver el sol poniéndose, marcando el fin de su gobierno para darle paso a la luna, mientras bebía un poco de jugo de naranja que compró en uno de los puestos ambulantes del lugar. Y se puso a cavilar en pensamientos más allá de lo que ella se permitía.

Pensó en sus padres. Pensó en su hermana desaparecida. Pensó en todos y cada uno de los muchos anhelos perdidos por causa de ellos y en la traición que apuñaló su alma cuando supo lo que ocurrió en verdad con su sangre. Entendió, en aquellos tiempos, que arrojarlos al vacío para obtener justicia por la joven a la que seguía buscando era, en realidad, el verdadero paso a la verdad, ese que le había dado la posibilidad de tener ese camino del que tan orgullosa estaba.

Muchas veces, el mundo le ha vaticinado un sinfín de futuros. Cada paso dado en su vida cambió de manera drástica su porvenir, comenzando por el día en que el odio hacia sus progenitores se volvió real. Fue esa sensación de absoluto irrespeto y asquerosa rabia lo que le devolvió la razón. Tomó entre sus manos un puñado de arena mojada, mientras la dejaba desgranarse entre sus manos con constancia, sin detenerse.

Sus perfectas uñas se estropearon por la sal. Sí. Le daba igual en ese instante. Cuando volvió la mirada al mar, se dio cuenta de que el día se oscureció un poquitito más.

Era extraño cómo es que un atardecer permitía, de alguna manera, traer esos recuerdos a la mesa. Ella tenía una ventaja que también podía convertirse en contratiempo cuando se trataba de relaciones, por lo que perdonar y olvidar nunca era sencillo. Cuando fue consciente de esa verdad, dejó de darle importancia real a las relaciones a su alrededor más allá de las que aún conservaba y creía valiosas en extremo.

Y ahora venía una compañera de trabajo a decirle que tendría una bendición importante, seguido de una maldición que le traería una gran pérdida si tomaba la decisión de aferrarse a lo bendito. Y no podía pensar en qué sería porque ya lo perdió todo. No tenía padres. No tenía hermana. Si llegaba a perder a su mejor amiga, no tendría esperanzas de conservar un recuerdo positivo de su existencia.

¿Entonces por qué estaba allí, buscando el elemento que, según su compañera, le daría esa posibilidad?

¡Para desmentir semejantes tonterías, por supuesto!

Hae-won podía creer en los dioses, también en el futuro y la lectura del mismo, pero se negaba a creer que su compañera tuviera ese poder. Era imposible en toda regla, aunque muchas personas pensaran que Varia tenía esa capacidad. Era estúpido, pero nadie podía obligar a una persona a descreer algo a lo que se aferraban para mantenerse a flote. De a poco empezó a repasar con calma y cuidado todas las instrucciones dadas. Las orillas del mar al oeste de la isla serían su comienzo.

—Hmmmm… ¿Por dónde debería comenzar?

Las primeras indicaciones que tenía anotadas eran las siguientes:

Primero, debes observar el atardecer desde este lugar, y puede que lo contemples. Puedo predecir el futuro de los seres pensantes, pero la naturaleza está fuera de mi alcance.

Patrañas.

Negó con la cabeza al pensar en la solemnidad de esa voz mientras se colocaba en posición. Estaba descalza y la arena parecía no querer regalarle su calidez tan característica, por la humedad del agua de mar. Tenía sus zapatos en mano mientras andaba, porque no pensaba estropearlos. Avanzó una cantidad de pisadas determinada, unos cincuenta pasos tranquilos en dirección hacia adelante, sin variar entre espacios o ritmo. Si tenía que ponerse a pensar, estaba completando una búsqueda del tesoro infructuosa. Bueno, no dejaba de ser divertido en cierto sentido.

Luego de caminar esos benditos pasos, la mirada se dirigía hacia la marea. Cuando desvió la vista hacia la derecha, encontró algo extraño.

—Las piedras de las que me habló… ¿realmente son esas específicas?

Una vez que avances estos pasos, encontrarás una pequeña torre hecha de piedras. Quédate allí unos tres minutos a reloj, y sigue caminando hacia adelante.

—...

Debía ser una estúpida broma. Tenía que serlo.

¿Acaso no estaba siguiendo indicaciones que la llevarían directamente a una trampa? ¡Era inaudito! El cuerpo se congeló en ese lugar, mientras llovían por su mente mil y un maldiciones. Podía ver a varias parejas caminando por las orillas e incluso un par de sus compañeros estaban allí, sin notar la presencia de la dama que parecía cada vez más y más enojada con su compañera de trabajo, y consigo misma por ser una estúpida.

—La puta madre que la parió…

Susurró más para sus adentros que para el resto del mundo mientras colocó un mechón de su cabello tras la oreja izquierda, como siempre hacía. Carraspeó; se acercó a la piedra con interés para no perder la calma o la tranquilidad. Llegaría a ese cartel que seguramente estaría en el sitio, diciéndole que era una completa estúpida por creerle. Tomó la lista y la arrugó con sus manos… hasta que se dio cuenta de que no podía tirarla. No. Necesitaba pruebas de que había sido una estafa para jugarle ella también una broma en el futuro.

Sí. Sí. Pruebas. No tenía nada que ver con que esos simples momentos le recordaban a las búsquedas de tesoros con su hermana mayor.

—Tres minutos… ¿Ya pasaron?

Sí. Por eso mismo tomó un poco de aire, ligeramente salado por la cercanía con el mar, y continuó su camino.

El peso de su cuerpo se aligeraba a medida que sus pasos se volvían más los trotes de una niña pequeña que estaba cazando huevos de pascua, y no una mujer amargada que seguía pistas de una falsa profecía. Transeúntes iban y venían sin prestarle atención; Hae-won aprovechaba para detenerse de vez en cuando y mirar con tranquilidad la belleza del mar. Y siguió caminando.

Si sigues derecho unos sesenta metros, hallarás un pequeño altar sintoísta cerca de las zonas más boscosas de la isla. Ten paciencia; podrás adentrarte en el bosque en la próxima oportunidad, pero pide un deseo antes de irte.

—...

Definitivamente era una broma de mal gusto. Agradecía no estar de servicio en esos momentos, porque sino sería extremadamente extraño. Solo esperaba, desde el fondo de su corazón, que Drave no preguntara qué había estado haciendo todo ese tiempo. Miró el altar en condiciones casi deplorables, pero había varios papelitos atados a él aún, un poco raídos por el tiempo. Y ella no llevaba nada consigo como para dejar algo ahí.

Con ambas manos juntas, cerraba los ojos mientras pensaba en el sinfín de deseos que tenía y anhelaba ver cumplidos antes de que su alma parta a los brazos de los dioses, pero había solo uno —o dos— en la mente, muy arraigado dentro de su ser que no se había marchado con el paso de los años.

—Deseo poder volver a ver a mi hermana —Sonreía al pensar en ella y en sus esperanzas vacías—... ¡Ah! Y que mis padres mueran en prisión.

Dos palmadas confirmaban sus anhelos más profundos. Uno de ellos era extraño, pero… Detalles.

—Supongo que debo continuar —La resignación nacía con cansancio—. Vaya que dormiré esta noche. Mucho.

Tomaba asiento y constataba nuevamente el cielo. Ya empezaban a verse las estrellas y la luna adquiría su protagonismo de a poco. Volvía la atención al horizonte; seguiría caminando. Observaba la arboleda mientras avanzaba, dándose cuenta de que el punto de partida y la parte céntrica quedaban más y más atrás de lo recomendado. contemplaba con cuidado sus alrededores, en completa alerta, mientras continuaba con el avance.

Llegado al nuevo punto, halló la intersección de la que había hablado: dos pequeños caminos creados de manera natural entre la arena. Uno daba al mar; otro daba directamente a la arboleda.

A tu izquierda.

En ese instante se detuvo a mirar. Tanto la derecha como la izquierda parecían opciones viables, y si bien ella había decidido seguir con la cháchara de su amiga, pensaba que tal vez, y solo tal vez, podría cambiar y fastidiar a su compañera para elegir el camino que tendría que transitar. No podía decidirse, así que tomó una moneda para facilitar su trabajo.

Si salía cara, iría por la derecha. Si salía cruz, por la izquierda.

—... Cruz… ¿Esto es en serio?

El hastío nacía con algo de resignación y cansancio. Tal vez ella había llamado a esa posibilidad a través del extraño sentido del karma que parecía querer gobernar su vida. Era eso, o pensar en verdad que la suerte le estaba diciendo que siga los pasos de la dama de las bromas pesadas. Tomó la determinación y cerró los ojos.

Sus pasos se dirigieron hacia la izquierda sin vacilación.

Trató de habituarse a la tranquilidad y la calma del momento, cuidando de no alejarse demasiado de las zonas urbanas, mientras buscaba la pista indicada entre las notas. Fue entonces que las volvió a revisar para darse cuenta de que se había saltado un bendito paso: colocarse los zapatos otra vez. No se los quería poner. Esta vez, seguiría descalza.

Tomó con cautela cada avance. Los contó. Miró con cierto desdén la situación y observó con cuidado sus alrededores en busca de algo que pudiese indicarle que estaba en el camino correcto de los juegos de su compañera. Pero no había nada.

Y entonces paró, en algún rincón entre el bosque y la naciente playa. Se sentó donde las luces empezaron a volver a refulgir por la presencia de las estrellas. Mantuvo la mirada sobre las piedras más cercanas y se sentó en ellas para descansar sus pies. No soltó los zapatos en ningún momento, y la nota que tenía en la otra mano se guardó en el bolsillo de su amplia chaqueta gris.

Cuando pisó la arena, lo hizo con fuerza. No contó con que las plantas de sus pies sentirían la dureza típica de una madera envejecida por los años. Su experiencia tratando con carpintería le hicieron darse cuenta de que esa sensación no era normal. Parpadeó varias veces y, con cuidado, se puso de cuclillas a los pies de la pequeña torre de piedras. Comenzó a escarbar con sus uñas ya arruinadas, amparada por la fuerza de la luna y el clamor de las estrellas. Lo hizo con cuidado para no dañar el contenedor cuadrado de madera que allí estaba.

—Esto es… ¿Un cofre?

Uno pequeño, envejecido por muchos días y que, obviamente, había estado allí durante mucho tiempo. Supuso que el paso de los años lo cubrió de arena y el peso de las circunstancias de la propia isla lo resguardaron. Era eso, o un maldito juego del destino que le hacía creer que esto era algo especial. No podía negar que la curiosidad la invadía con esa extraña codicia, esa que sentía cuando podía intuir que lo más especial estaba por venir.

Le costó abrir el cofre. Le costó bastante. Pero cuando lo hizo y vio su interior…

—¡...!

No creía lo que sus ojos veían. Volvía a cerrar el contenedor de inmediato.

En ese instante, abría los ojos como platos mientras trataba de dilucidar qué carajos pasaba allí. No podía creer lo que había dentro, y aún así, volvería a abrir el cofre para cerciorarse.

—... Esto es…

Una de esas frutas de las que tanto se predicaban en leyendas, historias fantásticas y grandes hazañas. La condena de muchos; la bendición de unos pocos. Parpadeó más de una vez, sintiéndose una estúpida, mientras buscaba las palabras necesarias para hilar sus pensamientos y retomar la compostura. No dudó en hacerse con ella. El cofre era demasiado antiguo y las aberturas del mismo eran tan viejas que ni siquiera dudó que había estado allí por más tiempo del esperado.

Y esa fruta no se pudrió con el paso de los años.

—Esto tiene que ser una broma.

Esta bendición traerá consecuencias malditas consigo, y perderás algo que amas a cambio de tal privilegio.

—...

Si la tomase, su capacidad para disfrutar del mar en toda su plenitud dejaría de existir. Si le daba una sola mordida, podría obtener algo que tal vez cambiaría por completo el curso de su historia. Tanto para bien como para mal.

Parpadeó dos veces. Tres veces. Cuatro veces. Pensó en los pros y los contras de toda esta situación, en la bendición, la maldición y las consecuencias irreversibles.

Y la tomó.

Mientras mordía la fruta, dejando todas las dudas tras su espalda, no vio el pequeño cartel que estaba pegado justo en el lado contrario al que había ido.

¡A que la experiencia fue divertida! ¿Crees que este tipo de acertijos me ayudarán en mi negocio como vidente? ¡No puedo esperar a tus reseñas! ¡Ven, toma tu caramelo!

Te lo has ganado, Hae-won.

En efecto. Todo había sido un estúpido juego.

Disclaimer



RE: [Fic Akuma] Futuro. - PX-4 - 13-01-2026

Protocolo: Moderación
Estado: Activado
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Bip-Bip
Pacifista Activado


FIC ACEPTADO / SE CIERRA TEMA.
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