![]() |
|
El día acordado | Pasado | Satsuki - Versión para impresión +- Nakama no Mi - Foro Rol de One Piece (https://nakamanomi.com) +-- Foro: Mundo (https://nakamanomi.com/forumdisplay.php?fid=3) +--- Foro: South Blue (https://nakamanomi.com/forumdisplay.php?fid=7) +---- Foro: Reino de Torino (https://nakamanomi.com/forumdisplay.php?fid=294) +----- Foro: Poblado Nibani (https://nakamanomi.com/forumdisplay.php?fid=295) +----- Tema: El día acordado | Pasado | Satsuki (/showthread.php?tid=3000) |
El día acordado | Pasado | Satsuki - Dharma - 16-01-2026 Pueblo de Nibani
Día 30 de Primavera Año 14 Hace un tiempo atrás, Dharma había dirigido sus pasos a un poblado especial, un lugar donde la tranquilidad y la sorpresa podían congeniar, donde lo pacífico y lo salvaje solían ser casi del día a día. El poblado de Nibani en el Reino de Torino, era famoso por tener bastos conocimientos sobre medicina, cosa que le llamaba la atención al buen espadachín, en una de sus expediciones en solitario y tras haberse alejado de una tripulación con la cual había pasado unos meses, decidió emprender el viaje a este lugar. Sin mucha esperanza, mas que la curiosidad de entender y comprender más sobre el mundo de la medicina y sus diferentes versiones. Así pues este hombre de gran altura y porte amenazante es que andaba entre los caminos empedrados de este lugar que en apariencia, parecía un lugar abandonado por el tiempo, pero el espadachín sabia que podía encontrar conocimientos realmente útiles en este lugar. | Hmm lo mas fastidioso de venir a una Isla nueva es encontrar un buen lugar para comer. | Sentenciaba vociferando con su habitual tono de voz, mientras se encontraba detenido en las afueras del poblado, recargado en una especie de barda que ocultaba un poco más de la mitad de su cuerpo, pues debido a su altura dicha barda no era suficiente para que lo cubriera. Con una mochila a la espalda de color negro, su par de espadas apenas notorias pegadas en una sujeción de cuero que se mantenían visibles pero a la vez un tanto ocultas debido a esto mismo, era normal que una persona anduviera armado en este mundo. | Donde estará esa enana, según sé iba a estar aquí justo este día y creo que llegue temprano jahjah...| Dharma esperaba encontrarse con una vieja amiga, no por que ella fuese vieja, sino por que realmente la conocía de unos años atrás, aunque aquella amistad era más bien el resultado de un conjunto de eventos en los que no tuvo de otra que ayudar a esta señorita, si lo puede decir de alguna forma. No habían perdido el contacto por medio de los Den Den Mushi que el espadachín había obsequiado a su pequeña e infantil "amiga" si bien para el era una conocida y no habían compartido demasiado tiempo juntos, las cosas que habían sobrellevado y las que él tuvo que ayudarle a llevar ese tiempo, fueron bastante serias a la medida de la situación. Pero habían quedado de verse un tiempo después, había pasado un par de años desde la ultima vez que se vieron y a aunque no se veían a menudo por que pues Dharma era un pirata y antes de eso estuvo oculto en las montañas siendo o intentando ser un tipo de monje, buscando su camino ninja y todas esas cosas que pasan por la mente de los grandes guerreros, al final el destino los volvía a reunir, pues el había quedado de visitar esta peculiar isla en este preciso día y mes. Una de las pocas veces que podía cumplir con una fecha exacta, no muy dado a ser puntual, pero a veces se sorprendía hasta el mismo. Al final había desarrollado un tipo de cariño por esta mujer, si bien era más como una prima o una hermana o una amiga, aun no entendía bien que podía significar conocerla y tampoco era algo que realmente le importara, pues este mundo tan caótico podía arrebatar lo que quisiera en un instante, por eso sus apegos estaban demasiado trabajados a no sentir realmente emociones por alguien que no fuera lo suficientemente fuerte para subsistir por si solo, como en el futuro, sabia que algún día tendría una tripulación que si bien tuvieran que compartir la seguridad de si mismos, cada uno debia ser lo suficientemente fuerte para sobrevivir por si solo, pero estos pensamientos aun eran de un Dharma joven, que no toleraba los errores pues ya había visto bastante muerte a causa de ello. Así pues se mantenía atento a sus alrededores esperando vislumbrar aquellos cabellos dorados, que siempre andaban alborotados, como si se tratara de un loro parlanchín, por su parte el oriundo de Wano portaba sus ropas habituales en este tipo de visitas, para evitarse sorpresas y tener la comodidad necesaria, una camiseta negra ceñida al cuerpo y sus pantalones anchos y cómodos de color gris con un calzado de color negro, su cabellera siempre llevando el mismo estilo simple y ligeramente desordenado que sin duda alguna lo hacían parecer alguien relajado y tranquilo, al menos de primera apariencia, aunque claro faltaba notar su altura y su cuerpo tan trabajo y formado que era una oda hacia la estética física del ser humano, pero esos detalles pasaban a segundo termino, para alguien acostumbrado a estar con la muerte y verse a si mismo manchado de sangre una y otra vez. RE: El día acordado | Pasado | Satsuki - Satsuki Kaminari - 17-01-2026 Los días de la semana deberían ser irrelevantes para los niños, al menos para aquellos que no debían preocuparse por dormir con las panzas vacías. Así pues, los huérfanos de ‘‘Providence’’, se las ingeniaban para hacerse con todo tipo de recursos; especialmente cuando forasteros llegaban a su hogar. Satsuki estaba en medio de la plaza con su laúd en la espalda, mientras uno de sus compañeros apostaba con algunos de los extraños. ¿El premio? Una canasta repleta de frutas y una cesta de pan. Eso alimentaría al orfanato durante al menos una semana. Henri lanzó los dados, mientras Satsuki cambiaba el ritmo de sus acordes a una melodía de tensión.
— ¡Siete! —exclamó el jovencito de doce años cuando sus dados, poco honorables, cayeron justo en ese número. Chocó los cinco con la rubia y otros tres niños más pequeños—. Berries para ti, ¡hey! Berries para mí, ¡oh! ¡Berries por montones!
Canturrearon como si acabaran de lograr una hazaña impresionante.
—Bueno, caballeros —Henri hizo una reverencia—. No es nuestra intención ser poco hospitalarios —los niños se acercaron para tomar el botín—, pero aquí se rompió una taza y…
Los dedos resbalaron de las manos del jovencito, cayendo —nuevamente— en el número siete. Los huérfanos palidecieron, buscando auxilio en su ‘‘líder’’, quien se palmeó la frente con un gesto de negación, mascullando un ‘‘idiota’’ entre dientes. Los forasteros bramaron enfadados y Satsuki corrió a colocarse frente a sus compañeros.
—Amigos, amigos —levantó las manos en rendición—. No hay por qué ponernos así —sonrió de forma pícara—. Podemos resolverlo de otra forma. Es un simple malentendido… son niños y no son muy listos —continuó su perorata, dando tiempo a que los más pequeños se escabulleran lentamente entre la gente—. Podemos ofrecerles… —miró en todas direcciones, señalando hacia la frutería—. ¡Melones!
— ¿Tienen ese tipo de mujeres aquí? —el bandido arqueó una ceja con curiosidad.
— ¿Mujeres? —Satsuki parpadeó confundida—. Ah… sí, sí —Henri asintió al rostro de su amiga—. Y sandías… —Satsuki intercambió una mirada con su compañero—, pero… si ven que nos hacemos más pequeños —advirtió—, es porque… ¡estamos corriendo!
Los niños que quedaban se dispersaron entre la multitud con lo que pudieron llevar. Satsuki corrió con todas sus fuerzas, burlándose entre risas cantarinas hasta que se estampó de frente con una roca. Bueno, en realidad no era una roca, pero se sintió como si lo fuera. Se masajeó la nariz y abrió los ojos con sorpresa. No es que el espadachín fuese su amigo, sólo era un ‘‘agente’’ no hostil para ella y su integridad, por lo que podía considerarse una especie de compañero. Además, le había obsequiado una Den Den Mushi que Satsuki guardaba en su escondite secreto, lejos de la ‘‘Señorita Cabús’’, la cruel directora del orfanato.
— ¡Dharma! —saludó—. ¡Estás vivo! —su sonrisa se desvaneció—. ¿O estoy muerta?
Era una probabilidad demasiado alta, considerando que acababa de escapar de una estafa peligrosa y que nunca sabía en qué demonios estaba metido el hombre. Negó rápidamente, su largo cabello rubio se movió con ella como si danzara con vida propia.
— ¿Cuánto tiempo estarás por aquí? —lo jaló hacia un callejón menos transitado—. Por cierto —bajó la voz—. Si alguien pregunta, he estado contigo todo el día —rebuscó entre su ropa y sacó una guarda de plata—. Toma, para una de tus espadas —se la extendió—. ¡No es robada, ue! —se apresuró a aclarar—. Me tomó seis meses de cantar en el ‘‘ratón bizco’’ para pagarla —se colocó su laúd en la espalda—. Es por la comida de la última vez —se encogió de hombros—. Bueno, ¿qué te trae por aquí? Espero que no sean melones y sandías, porque sospecho que se agotarán el día de hoy.
Con quince años, Satsuki sabía que pronto tendría que abandonar el orfanato ‘‘Providence’’. Era demasiado mayor para seguir quedándose ahí y sabía que la Señorita Cabús no podía esperar a echarla, pero dejar a los pequeños era algo que no se podía permitir. Claro que había pensado en escapar con el espadachín, morir por una espada parecía más noble que morir de hambre, al menos en su mente. Sin embargo, estaba muy lejos de poder dejar a los niños del orfanato, aunque las visitas de su ‘‘colega’’ siempre resultaban en algo inesperado. En especial cuando se trataba de salvar su propio trasero de una posible represalia de forasteros enfadados.
RE: El día acordado | Pasado | Satsuki - Dharma - 18-01-2026 Desde que empezó a escuchar varios murmullos y ajetreo sus sentidos comenzaron a agudizarse, empezó a caminar poco a poco hacia la pequeña calle, que se mostraba entre puestos y casas un tanto "humildes" no por que fueran pobres o feas, pero realmente la gente de esta isla no tiene un sentido de la arquitectura, pero son muy listos para la medicina. Dharma podía escuchar los diferentes sonidos que provenían a unos 10 metros de donde estaba, una voz en particular hacia mas énfasis entre su mente y sus ojos que buscaban ligeramente concentrado comprender por donde iba a salir. Y como fue sin esperar tanto de repente una niña de pelo rubio salió corriendo por esa calle hasta golpear con el espadachín, el cual pues dicho suceso no le hacia mella y le parecía de cierta forma graciosa la manera en que se volvía encontrar con la despistada y escandalosa adolescente.
| Satsuki ahora en que... | Dijo sin terminar de hablar, dejándose mover por la fuerza un tanto sorprendente de la rubia, si bien Dharma se presto para que dicho movimiento no fuera tan trabajoso quedaron ocultos en una calle más pequeña entre los comercios forrados de hoja de palma y demás cosas. | Bro... siempre estas tan acelerada... pero gracias |Si bien no mostraba emoción alguna, mas que un rostro ecuánime, como si todo se tratara de un juego de niños algo exagerado, pero para Satsuki podía ser el evitar un buen regaño, agradecía sinceramente el regalo que la chica le hacia, sabiendo que requería un esfuerzo y el comprendía que era su manera de agradecer las cosas, Dharma no solía mencionar lo ocurrido ni el porque ahora tenia a cargo de vez en cuando, el ver por esta peculiar señorita, pero así es como habían sucedido las cosas. | Si estoy muy vivo y tu también niña | Dijo con su voz usual, sin detenimiento a ser escuchado y comenzó a salir de aquel callejón | Si sabias que podría acabar con esta situación que tienes ¿no? y no solo hablo de "acabar" pero ya necesitas comenzar a pensar en el futuro y he de reconocer | Suspiraba tenuemente | Tienes habilidad para escabullirte y no eres mala con ese instrumento | Expresaba mientras se sacudía un poco el polvo que se le había pegado de algunas hojas, quedando su cuerpo a media calle y esperando que saliera ella de ahí mismo. Para luego poder conversar de forma más adecuada, extendiéndole su mano derecha como punto de salida y también para que retomara la confianza de que por lo menos en presencia del pelinegro no tendría que preocuparse de ningún forastero. RE: El día acordado | Pasado | Satsuki - Satsuki Kaminari - 18-01-2026 Escondió su preocupación bajo su usual máscara de picardía, mientras se ocultaba con la silueta de su colega, ser tan pequeña tenía sus ventajas. Aun así, se mantenía alerta de cualquier cosa que pudiese pasar por si se requería correr en el momento menos esperado. Satsuki se cruzó de brazos, apoyándose en una palmera para hablar de forma más cómoda. La algarabía de la estafa todavía corría por sus venas, a la expectativa de que los bandidos se calmaran y se olvidarán de esa pequeña bromita tan insignificante.
—Lo de siempre —respondió encogiéndose de hombros—. Pocos forasteros tienen buen sentido de las ventajas juveniles —sonrió ampliamente—. De nada —respondió tras entregarle la guarda para su espada—. La vida no me permite ir más lento —bromeó—. ¡Anda! ¿Ya me reclutarás? —le dio un pequeño codazo con una risa divertida—. No estoy preparada para llamarte ‘‘Capitán’’ aún.
La propuesta hizo que la máscara se cayera durante unos instantes. Era todo lo que Satsuki había soñado. Lejos de gritos, de golpes y del hambre, pero dejar a los más pequeños en el orfanato Providence era algo que todavía su lógica no podía procesar. Había intentado comunicarse con los niños que habían enviado a otros sitios desde hacía niños y los adultos actuaban como si nunca hubiesen existido. Satsuki aún recordaba el dolor en su mejilla que le supuso la bofetada de la Señorita Cabús la última vez que preguntó por sus amigos.
—Lo sé —admitió con una seriedad que pocas veces se permitía mostrar—, pero sabes que los niños no sobrevivirán si no llevo comida —le recordó con un suspiro—. ¿Pudiste averiguar algo de mis amigos? —la última vez que lo vio le pidió averiguar algo de los huérfanos que habían enviado lejos—. Sé que es una información irrelevante para alguien como tú, pero todos prometieron escribir, o al menos buscar cómo comunicarse —afiló la mirada—. En fin —recompuso su máscara de carisma—. Por ser mi aliado puedo invitarte algo de la frutería —le picó las costillas con una sonrisa—. ¡Así se llama el nuevo burdel del pueblo, ue! ¡Te lo juro! —se sostuvo el estómago entre risas—. Se supone que entre más grandes las frutas más berries te cuestan. Pedí trabajo y me mandaron de paseo —volvió a encogerse de hombros—. Ni que lo hubiese pedido por gusto. Así que, por el momento, seguimos siendo este viejo y yo.
Señaló su laúd con una sonrisa picaresca. Satsuki sabía que era un problema para los adultos, pero realmente no dimensionaba qué tanto. Contar con alguien como Dharma para no morir antes de tiempo era, de alguna manera, un salvavidas en sí mismo. Aun así, tenía el presentimiento de que su presencia era imperativa en su pueblo y, más específicamente, en Providence.
—Siempre que necesites una granuja, sabes que puedes contar conmigo —se señaló con orgullo—. Nadie es mejor que yo para aprovecharse de los descuidos mortales —aseguró—. ¿Cuánto te quedarás está vez?
Porque el tiempo corría y Satsuki aprendía día a día que la vida transcurría sin esperar a que las cosas mejoraran, a que sus amigos estuviesen a salvo y a que el hambre dejara de ser una amenaza constante.
RE: El día acordado | Pasado | Satsuki - Dharma - 22-01-2026 Dharma al notar lo hiperactiva de la niña, decidió prestarle un tanto mas de atención ya que ella no era tan consciente de todo lo que sucedía en su entorno y eso podía ser peligroso, así que podría ser buen momento para mostrarle calma y no hablar tanto, sino que ella misma dejase sacar aquellas dudas y preguntas que podría traer dentro de si misma. Era algo natural, apenas era una adolescente que estaba lidiando con múltiples dilemas unos mas complicados que otros, pero al fin de cuentes su vida no era tranquila y eso era más que obvio. El pelinegro solo le miraba mientras dejaba que ella hablara, sin interrumpirla, esperando a que esta misma, le diera la opción. A veces era lo ideal, permitirle expresarse, algo que este espadachín solía practicar era la escucha, pues entendía que si tenían tanto por decir los demás era por algo y si bien no podría resolverle la vida a todos los que escuchara, algo podría hacer, quizá hasta ese simple hecho, podía lograr más cosas de lo que se podrían esperar.
| Satsuki... debes calmarte, siempre vas pensando todo y nada eso te podría traer algunos problemas a futuro si no lo canalizas de mejor manera, deberías utilizar mas ese laud para inspirarte y así encontrar la calma | Expresaba en su tono habitual, pero con un dejo de amabilidad y preocupación real hacia la chica. | Sobre lo que preguntas... no ha habido tanta información como creerías, pero si que he preguntado y la verdad es que ningún niño ha llegado a saberse algo de información de esta parte de la isla... es extraño... ¿segura que los mandan a otros lados? | Pausaba por uno momento, haciendo una mueca de pensamiento | Quizá solo los mandaron a otra parte de la isla, pero no se si pueda ayudarte con eso, no es que no me interese tu misión pero... hay cosas que pagan más y son cosas que debo cumplir... espero lo entiendas... | Dharma caminaba en dirección hacia una zona donde la calle iniciaba o terminaba, para poder tener un panorama más completo de esa zona, mientras pensaba un poco. | Claro que me interesa que llegues a formar parte de mi tripulación... pero aun eres pequeña y no es bueno que te expongas a cosas demasiado intensas... ya tendrás tus propias aventuras y cuando estes lista seguramente me podrás encontrar. | Si bien las palabras no eran tan motivadoras, pues no era parte de su personalidad, podían interpretarse como unas palabras de esperanza, en un sentido algo básico, la idea del pelinegro era que ella tuviera la motivación, la capacidad y la energía propia de salir adelante por sus propios medios, pero con un poco de apoyo no le caería nada mal, por eso mismo el espadachín había hecho su aparición, pero ese tipo de negocio habría todavía que identificarlo adecuadamente. |