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Decisión irreversible. [Pasado - Gwen] - Owen Yang - 21-01-2026 02:30 am.
Mar Abierto - Cerca de Little Garden
Barco Jagd Hund
Castillo de Proa
![]() ![]() -Necesitaba que me ayudes con una cosa, Gwenchi.-
El llamado Calm Belt, una corriente que parecía recorrer de manera horizontal los límites del Grand Line, parecía ser un terreno completamente terrible y peligroso. Por alguna razón que Owen desconocía en los días que ya llevaban viajando, aquellas gigantescas criaturas marinas, aunque algunas curiosas por la aparición del navío, no parecían ni alertarse ni mostrarse amenazantes ante un navío que cruzaba a una velocidad por encima de la media náutica, ¿Es que el barco de Sohem Burnedead era especial? Por la noche, parecía que las enormes bestias de diferentes tamaños y colores decidían calmarse o dormir, como si la verdadera actividad hubiese dejado de estar sobre la superficie y la verdadera fiesta se gestase en los fondos oceánicos. Owen llevaba varios días, qué días, semanas debatiéndose qué hacer...y no existiría nadie para ponerle en eje mejor que la mujer que lo había orientado a volverse una persona medianamente decente como puede considerarse ahora. Era de madrugada, tarde, todavía de noche. Desconocido de cualquier actividad que pudiese estar realizando el propio enmascarado o, siquiera sus trabajadores, Owen le había pedido a la mujer que más quería en el mundo que le acompañase hasta la parte frontal del barco, tomándola de la mano para poder guiarla. Una vez muy cerca de la proa, mantuvo su vista observando el oleaje que se formaba producto de la fractura del agua sobre la madera del navío metálico y robusto que era el propio Jagd Hund -¿Te acuerdas el día que nos encontramos con Sohem por primera vez? ¿Cuánto tiempo ha pasado? ¿Semanas?- era una pregunta retórica ya que, honestamente sabía la respuesta -Justo antes de toparme con él, en Little Garden, me encontré con algo aferrado a un árbol. Era como un fruto extraño, parecido pero diferente a todos los que brotaban.- mantenía una especie de misticismo, como si estuviese realizando una explicación detallada debido a la carencia de vista de la mujercita del velo blanco. Levantó la mirada, con la luna que les golpeaba desde su lateral derecho, sintiendo el subir y bajar de su cuerpo producto de las olas y el propio mar, para llevar su mano mala (La derecha) hacia el bolsillo de su característica chaquetita roja de cuello grande. Volteó rápido hacia la muchacha, mirándola detenidamente, un poco en silencio, un poco en duda. Extendió su palma para mostrar qué tenía delante, dejándolo justo en el medio de ambos. ![]() -Fíjate. Ponle la mano encima.-
Evidente, sensible y detallada. La esfera compartía varias de las características de exactamente la misma que se había encontrado con Gwen. Ella, en cambio de él, era algo idolatrado por ignorantes que pensaban que era "mucho más que una simple fruta". El día de su ingesta sus poderes brotaron, explotaron de manera violenta, pero ella pudo no solamente controlarlos, sino, resistirlos, mitigarlos, incluso cuando aún permanece un poco de oscuridad en el pecho del propio Owen debido a las quemaduras por frío provocadas de aquel día, demorando mucho en terminar de sanar. Aquello tenía que ser, sí o sí, una de las llamadas "Akuma no Mi" o "Frutas del Diablo", nombre que parecía ser como anillo al dedo ante el "famoso diablo" en el barco que se encontraban. Ella, al simple tacto, podría sentir todo: El pronunciado relieve de las espirales, pinchos puntiagudos aunque gorditos, como si solo presionando muy fuerte la piel pudiesen lastimar. Era cálida, extrañamente cálida, como si tuviese calor propio e, incluso, estando en primavera y sintiendo la brisa marítima que refrescaba tanto el ambiente al punto de hacer tiritar a los poco abrigados, fuese placentero tenerla en la mano, como quien pone las manos en una fogata en el medio de un bosque húmedo -El día que fuimos a aquel templo en Isla del Karate, ¿Recuerdas?- buscaba que la mujer de su vida, a punta de recuerdos, pudiese comenzar a atar cabos para entender las intenciones de su ayuda -Ese fue el día que te comiste una muy parecida. Esta es roja, tiene pinchitos y está caliente. La tuya parecía congelada, tenía forma de manzana gigante, pero ambos tenían esto.- estiró su mano buena (La izquierda) para tomarle la muñeca y comenzar a marcarle las similitudes -El tallo este.- se acercó al extremo superior, del lugar donde quebró la rama que le había hecho crecer -Y todas estas espirales.- y ahora, dibujándolas con su dedo, mostraba, otra vez, que las probabilidades de que compartiesen más que simplemente estética dejase de ser solo coincidencia. ![]() -Sohem dijo que echarle la culpa a la fruta del diablo que tengas es de ser un perdedor. Quiero dejar de perder el tiempo buscando la mejor fruta del mundo, y aprender a usar esta.-
No sabía qué hacía, no sabía qué podría pasar, ni siquiera sabía si Gwen iba a verlo como algo positivo, pero algo era seguro en su cabeza y no cesaba de repetirlo: -Si no me diferencio de los demás,- seguía sosteniéndola delante de ambos, pero sus orbes celestes, algo acomplejados e inseguros, miraban hacia un lado -seguiré siendo un perdedor, ¿Crees que está bien?- parecía un niño que buscaba aprobación, mirando sobre unos párpados cerrados -¿Me seguirás queriendo si mi superpoder es volverme un moco gigante?- su pregunta era medio broma medio en serio -¿Estaré...bien? ¿Tú estás bien desde que te comiste la tuya?- las preguntas venían, una detrás de otra, mientras el destino los llevaba a un lugar...que, literalmente, no sabían ni cuál sería. RE: Decisión irreversible. [Pasado - Gwen] - Gwendolyn - 21-01-2026 ¿Una cosa? Qué puede necesitar de ella, no dijo nada, simplemente se volteó al sitio en dónde proviene la voz que la ha llamado. Lo siguió sin saber qué le espera, supuso que una noticia y esperó que sea buena, aun así de ser lo contrario ¿Qué podrá hacer? Apretó ligeramente la mano que los mantuvo juntos, no por una sensación de vértigo o el movimiento del barco, sino más bien para asegurarse que está ahí, que no volverá a irse otra vez.
—No sé cuánto ha pasado, ocurrieron muchas cosas — pasó una de sus manos por su brazo, no por el frío que ya no puede sentir, sino por un recuerdo distinto que no quiso admitir. — Uhm — es un sonido de que está pensando lo que le dice, reflexionando, porque para ella todo lo desconocido es extraño, aquello que no puede tocar y que solo conoce por los demás. Tardó unos segundos en encontrarse con la fruta, lo primero que la tocó fueron las punta de los dedos de su mano libre, para luego dejarse ayudar por Owen para sentir la forma y detalles — Así que tenías todo el tiempo una fruta, me parece curioso que no te la comieras antes — por lo impulsivo que a veces es, sintió curiosidad del por qué se ha detenido, qué es más importante que cumplir su deseo de volverse especial. Una risa suave salió de sus labios, porque la inseguridad que desborda en ese momento no le pareció típica — Ya eres especial, Owen — esa es la verdad, es distinto a la mayoría, solo que él no puede verlo ¿No es curioso que ella si pueda discernir de ese detalle tan importante y él no? — Para mi lo eres — seguro para todos aquello que lo han conocido. No insistió más, simplemente ensanchó el gesto amable. —Estarás bien, Owen. Porque ella está bien, nada ha ocurrido más allá de poder enfriarse. Aun así ¿Será el lugar ideal para el cambio? Quizás de ser más temerosa lo habría detenido, pero la emoción de saber simplemente la empujó — Claro que te voy a querer incluso así. Deberías comerla, no vaya a ser que se eche a perder, sigue siendo una fruta ¿No? — su mano movió la de Owen que sostiene la fruta, levantándola — Aprovecha que hay alguien que sabe más que nosotros para que te guíe también… a su manera. Porque no es lo esperado en un maestro, pero sí debe tener el conocimiento, ese del que ellos carecen. —Sohem no es amable, pero es un hombre capaz ¿No? No sé qué serán todas esas cosas de las que hablaba la gente ese día, pero suena a que es importante — soltó al muchacho pelirrojo, dio unos pasos atrás, esperando que coma la fruta — Ten cuidado de no hacer mucho lío en el barco, no queremos que nos tiren por la borda ¿No? Que ya ninguno podrá nadar. — es una broma cierta, una situación con la que tendrán que lidiar de ahora en adelante, que no le molestó, porque jamás la han dejado entrar al mar. Seguramente porque temen de que la marea se la lleve y no la regrese más. —¿Qué tal es Sohem? No me has hablado mucho de él, ya sabes… en cómo se ve — porque no se ha acercado para conocer, algo la aleja constantemente y tiene nombre ¡Está incluso frente a ella! — ¿Será que me escondes algo, Owen? Sé que lo haces, así voy a suponer que es por mi bien. RE: Decisión irreversible. [Pasado - Gwen] - Owen Yang - 22-01-2026 — Ya eres especial, Owen. Para mi lo eres —
![]() -Si soy alguien especial es gracias a la fuerza que tú me das, Gwen.-
Su respuesta fue casi automática, mientras el navío oscilaba debido al movimiento de unas corrientes que, pese a que resultasen ser calmas como lo indicaba su nombre, no dejaban de ser erráticas, más con la enorme velocidad del navío. Owen se observó los nudillos momentáneamente de la mano derecha, la cual sostenía la fruta como si se tratase de una pelota. No es que no supiese la respuesta, pero ella, símbolo de una esperanza que tenía por su vida y por el mundo en general, era el último clavo en el ataúd de la sentencia que sería el ingerir una de esas frutas. Un recuerdo voló a su mente mientras escuchaba el "estarás bien, Owen", uno que resultó relativamente reciente, algo lejano debido a todo el tiempo transcurrido desde el incidente: Cita:Usó el hombro de Mercedes como un trampolín, dando un fuertísimo salto para aproximarse hacia la siguiente plataforma mientras el viento, agitándole y sacudiéndole sus cabellos y sus ropas mientras el simple contacto del mismo le quemaba. ¡PLASH!, cayó directamente al agua que, empapándole, le obligó a nadar los pocos metros de diferencia que yacían entre ambos, pero las hormonas lo tenían completamente enloquecido -¡MERCEDES! ¡TE VEO MÁS ADELANTE! ¡CORRE, SÁLVATE!- la exclamación del pelirrojo estaba cargadísima de energía y efusividad, desgarrándose la garganta solamente de gritarlo hacia atrás mientras no detenía su marcha ni un solo ápice de segundo -¡GWEN, SIGUE MI VOZ!- ahora, gritó hacia adelante con mucha fuerza, buscando que el excelente oído que la chica le tenía, finalmente, pudiera encontrarles nuevamente en semejante caos y desastre. Aquel instante donde, incluso con su cuerpo completamente destruido y maltrecho, tuvo la oportunidad de poder saltar al océano y, así, rescatar a la chica de sus sueños del inminente derrumbamiento que se le venía encima. Su ceño se frunció automáticamente, pero ella, ayudándole, subió la fruta justo más arriba de su rostro, como si se tratase del fruto prohibido ofrecido a quien está a punto de pecar, ingiriéndolo -No pienso arrepentirme de esto, y te prometo- estiró su mano izquierda, la buena, para acariciarle el rostro hacia el mentón un poco con el pulgar, sobándola, un gesto que repetía siempre -que aprenderé a usarla para ser tu escudo hasta que llegues a cambiar este mundo.- y...apretando su rostro muy fuerte, como quien realiza un movimiento de caída libre, uno que provoca un nudo en el estómago y una enorme sensación de vértigo, aprovechó lo próxima que estaba la misma hacia su rostro para, empujando hacia su rostro... ¡CRIUSGHF!
Un sonido jugoso, sonoro, líquido, salió directamente de un mordisco enorme que había hecho. La sensación fue extrañísima -¡NGH!- era tan, pero tan desagradable que era inexplicable. Su rostro se apretujó enormemente mientras que Gwen, explicando que podría ser ayudado probablemente por el propio Sohem, sufría en sus propias papilas gustativas aquello. Era una mezcla de cosas indescriptibles: La fruta picaba, mucho, provocando un chisporroteo muy desagradable en la lengua y tenía un sabor tan repulsivo que no podía compararse a ninguna comida en mal estado de la propia Isla Tamanegi, donde se apañaba con lo primero que se encontraba o, incluso, comida caducada. Sus mofletes se inflaron casi por el reflujo, su boca se llenó de calor, el sabor era metálico, pero oleoso. Como si los jugos de la propia fruta no fueran completamente acuosos, sino, espesos, chorreantes. Un escalofrío recorrió en todo el cuerpo y cuello de un Owen doliente por la ingesta que se llenó de vigor y de valor, provocando un fuerte subidón de adrenalina cuando vio que solo le había dado un solo mordisco...y quedaban, todavía siete-octavas partes de la fruta todavía. Con su rostro retorcido, tragó casi el trozo sin terminar de masticarlo y prosiguió -¡VENGA!- ¡CRISH! ¡CRIASH! ¡CRIUHF!, no paraba de escucharse el crujir de su cáscara blanda con esos colmillos ligeramente extensos que el muchacho tenía por naturaleza, viendo como se llevaba la mano izquierda hacia la boca para evitar vomitar. Sus ojos, saltones, escapaban un par de lágrimas...hasta que, con el fervor de la situación, vio su palma derecha: solo quedaba el tallo, ese extenso y amarronado -¡TODO!- ...y prosiguió, también, mordisqueándolo y comiéndoselo salvajemente. Ella prosiguió hablando sobre el propio enmascarado y sobre que "no es exactamente amable, pero sí era capaz, muy", y eso era un afirmación que resultaba ser tan precisa como afirmativa, aunque Owen pensase un poco más allá gracias a tener uno de los sentidos que Gwen, desgraciadamente, carecía.
![]() -¿Pasa...pasa algo...? ¿Tiene...tiene que pasar algo?-
Pero el pelirrojo, honestamente, no estaba prestando atención; En él había una mezcla de jadeos, ansiedad, sudor y nerviosismo que le provocaron verse ambas palmas extendidas temblorosas. Escuchaba a la chica de la que estaba enamoradísimo a medias, porque estaba mucho más pendiente de las sensaciones que podía experimentar en ese instante, tal y como ella comenzó a emitir un frío extremo desde todo su cuerpo aquel día que consumió la suya propia. Nada ocurría.
Nada, a excepción de un sabor tremendamente desagradable como vestigios del consumo de aquella frutita, nada estaba pasando en realidad. Incluso cuando ella decidió dar unos pasos hacia atrás y aclarar que ya sería incapaz de poder nadar, le resultó inevitable no desviar su mirada hacia el propio océano -Ya...no hay marcha atrás.- jadeaba un poco por los nervios y el temblor. La adrenalina, casi habiéndose apoderado de él, comenzó a mermar hasta quedarse mucho más tranquilo y respirar en profundidad, pudiendo escuchar a la mujercita de la que estaba completamente loco preguntar sobre "cómo era Sohem", pero...lo siguiente, fue lo que lo sacó de ese letargo nervioso en el que estaba. —¿Será que me escondes algo, Owen?—
![]() -¡¿E-esconderte?! ¿Sobre Sohem?- Owen era un excelente mentiroso, profesional podríamos decir...pero Gwen, por activa y por pasiva, le había enseñado lo dolorosas que podrían ser estas. Todas las veces que tuvo que mentirle se había terminado o arrepintiendo o sintiendo fuertemente culpable y, si bien esta vez no estaba mintiendo, sí estaba..."omitiendo", el cual le hacía sentir de la misma manera -Pues...es complicado explicarlo.- su mirada, con esos orbes celeste brillante, se ladearon, mientras aún yacían uno delante del otro. Su cuerpo giró noventa grados, tratando de observar aquella luna completa que, fulgorosa, generaba un brillo entre celeste y azul claro en todos los alrededores y del propio navío -Es un tipo muy poderoso, extremadamente poderoso.- aquello sonaba...seco, escueto, carente de información. Frunció su ceño, inevitablemente invadido por los recuerdos de sonidos que había buscado olvidar con el pasar de las semanas -Sohem es...bastante com- un reflujo -¡!- unas ganas de vomitar insanas aparecieron -¡GMP!- instintivamente, sus manos viajaron hacia su boca. Comenzó a escupir sin parar, tanto, que empezó a reducir su cuerpo al encorvarse. La tos se volvió pronunciada, combinada con unas ganas inmensas de vomitar que aparecieron automáticamente, agarrándose de la barandilla de madera del navío y expulsar todo aquello que yacía adentro de sí mismo. Parte del líquido vomitado cayó sobre el navío, otro poco por la boca del propio Owen y una buenísima parte directamente hacia el propio mar. Su tono era amarillento, algo amarronado, espeso, aceitoso y oscuro al principio, tanto, que pintó buena parte del mentón del propio Owen que, ahora, empezaba a escupir sin parar. ![]() -Gwen...no...no sé qué está pasando...yo...- El líquido era tan espeso que no parecía saliva, parecía aceite. Luego de esa etapa oscura, pasando a amarilla, ahora, pasó a hacer completa y totalmente transparente. No había olor, no había sabor, no había nada, ¿Qué era eso que no paraba de escapar de su cuerpo a borbotones? Su cuerpo sudaba sin control, producto de la adrenalina y los niveles de cortisol quebrados producto de la tensión de la acción involuntaria de su cuerpo, como si estuviese realizando una purga descontrolada de algo gestante en su interior -A-aléjate. Gwen...aléjate.- trastabilló, dándole la espalda, yendo directamente hacia la proa para aferrarse de ella, sintiendo que sus piernas le fallaban pero sus hormonas, explotadas, le estuviesen manteniendo todavía con sentido -No...me toques.- estiró su brazo izquierdo hacia atrás, buscando que tome distancia. ¿Acaso...no era una fruta del diablo, y era veneno?
¿El camino de Owen había terminado, sin siquiera empezar? RE: Decisión irreversible. [Pasado - Gwen] - Gwendolyn - 23-01-2026 Esperó la respuesta del hombre que posee cada trozo que los carga de un sitio a otro. Quiso saber más allá de la fuerza, pero la respuesta no llegó, algo lo ha detenido…
Un sonido particular, porque ese sí lo ha oído, incluso ella misma lo ha producido. Es el cuerpo diciendo que algo no debe estar en su interior, se preocupó por Owen, aun así no hubo recuerdo de que su caso fuese el mismo. No hubo vómito, sino una sensación curiosa — ¿Estás bien? — fue lo primero que respondió, moviendo sus manos con suavidad, avanzando adelante, aun así no lo encontró. Más rápido, simplemente dio pasos a la nada, sin saber en dónde está ninguno de los dos — Si te sientes mal, podemos pedir ayuda, debe haber una enfermería o algo así — su voz sonó preocupada, incluso se tinturó de angustia, porque en el medio del mar, encontrar un doctor no es fácil. Lo han dejado atrás, en una isla que seguro recordarán, por lo tanto ¿Qué deberían hacer ahora? —No me iré a ningún lado ¿Estás loco? — no hubo enojo, aun así se encontró con algo nuevo. Es una rebeldía extraña, porque siempre ha sido amable y obediente, esperando que los demás le digan qué hacer. Aceptar lo que dicen aquellos que ven lo que ella no, pero ésta vez no — Solo espérame ahí. Hizo un ademán de avanzar al ruido, a las palabras que salen de Owen. Un paso en un suelo que se mece con el mar, un segundo que aumenta en movimiento y un tercero que simplemente la tiró al piso. Porque es difícil andar cuando el mundo no tiene un abajo claro ¡O que las olas no le dicen qué debe esperar! El golpe sacó un quejido de su parte, mientras el rostro se encontró con la madera con tanta fuerza que la piel se enrojeció, incluso pudo sentir como un líquido sale por su nariz, no es mucho, pero ahí la obligó a tomarse la zona. Es un espectáculo lamentable, que quizás alguien vea y se pregunte qué ha pasado. Alguien que pide que se aleje, otra persona en el suelo con un golpe en el rostro. Cualquiera pensaría en una pelea de amantes, una escena en la que sobra el alcohol, pero el único licor es la incertidumbre. —No te asustes, estarás bien, Owen —
Porque de todos los que ha conocido, nadie ha muerto por comer la fruta. De la lista de gente que es especial ¡Nadie ha comentado algo así! Una vez más, Owen es distinto y aunque se habría reído en otra situación, en ese instante, simplemente se movió arrastrando las piernas, para asegurarse de llegar. No importa que la piel se raspe o lastime, que sea una escena lamentablemente, simplemente avanzó, hasta que finalmente su mano se encontró con el cuerpo de Owen, con la tela que seguro se ha manchado y que se siente inusualmente húmeda. —¿Te duele algo? — incluso si tiene que hacer presión y resistirse, no le importó, empujó para llegar. Buscó estar cerca de él, sin importar si ha vomitado o si lo vuelve a hacer. Aun así la situación se siente extraña, porque es un sonido que no viene acompañado del resto de sentidos ¿Dónde está ese aroma característico? Algo está mal. Y es obvio qué es el culpable. —Te acostumbrarás, no te preocupes — sintió el sudor recorrer el cuerpo, no viene del calor, es el temor y los nervios, tanto como para calentar incluso el rostro ¡Eso no debería estar ahí! Pero los sentimientos pudieron más que el instinto. Lo abrazó, paseando su mano desde la espalda hasta el cabello, sin importar el sudor del cuerpo. Fue como aquella vez que en Karate ¡Qué recuerdos! Lo reconfortó como si fuese un niño al que proteger, incluso si él es infinitamente más fuerte. Pero en ese momento no fue su salvador. —Vas a lograrlo, todo estará bien, te sentirás mejor en nada ¡Claro! — inició una canción, un tarareo suave que no se escuchó muy lejos, pero que esperó calme un poco el malestar de quien la acompaña. —Porque si algo malo te ocurre, me tiraré por la borda al mar. Aquí se acaba nuestro viaje si no vienes conmigo y tengo que seguir sola. Juntos.
Para bien… O para mal. RE: Decisión irreversible. [Pasado - Gwen] - Owen Yang - 25-01-2026 La sensación era inexplicable, ¿Cómo uno es capaz de vomitar sin tener ninguna sensación específica de malestar? Su cuerpo expulsaba una sustancia que ya había dejado de ser oscura y aceitosa como el petróleo. Esta, progresivamente tornándose amarillenta, ahora sí se volvió transparente como la saliva y, mucho más curioso que todas las cosas, carecía total y completamente de olor. Incluso, el propio vómito (Por muy desagradable que sea describirlo) posee el aroma biliar y de jugos gástricos, ese metálico, casi químico, no existía. Ni siquiera la propia saliva que, cuando es escupida, posee un aroma que es desagradable y amargo, ¿Qué era esto? Era un líquido transparente y completamente inoloro, con un sabor un poquito dulce y metálico a la vez, casi sanguíneo. Debido al sin parar del acto reflejo vomitivo, un punzante y tensional dolor de cabeza apareció en un Owen que no cesaba de escupir aquello, mientras su cuerpo empezaba a sudar sin ningún tipo de control, empapando toda su ropa mucho más que lo hacía las suaves olas rompiendo contra la proa del barco. — Solo espérame ahí.
![]() -¡N-no! ¡Espera! ¡Déjame...unos minutos que...-
La expresión de Owen era completamente desgastada, con unas ojeras que se habían marcado tanto y una expresión casi moribunda debido al enorme desgaste que provocaba el sinparar de líquido que era expulsado de manera forzosa de su cuerpo. El lagrimeo, también, era insesante, debido al accionar de ese acto reflejo desesperado, pero el amor que él sentía por Gwen le obligó a voltearse y mirarla que, con un poco de desesperación, parecía querer buscar ayuda y pronto antes de que el estado del pelirrojo pudiese ponerse peor. Pese a que el Calm Belt es un mar sin ningún tipo de corriente, eso no la vuelve ajena en lo absoluto a las turbulencias; Inolvidable que, justo en el fondo marino, existen criaturas de dimensiones colosales que, a veces por curiosidad o por accidente, rozaban el navío desde abajo o desde los propios costados. Casi sin querer queriendo y con la mala fortuna de aquello, un pequeño vuelco fue provocado por el barco que, meciéndose, provocase un trastabillar en la muchachita cayese de frente contra un suelo que, debido a su falta de visión, fue evidentemente incapaz de poder evitar -¡GWE-COF-COF-COF!- quiso ir hacia ella a modo total de socorro y hasta pronunciar su nombre en voz alta. Imposible. Aquel líquido transparente que brotaba de su boca detuvo sus palabras para que, con cada tos, expulsase un poco en direcciones completamente aleatorias. Sus ropas, pegadas a su cuerpo por la inmensa cantidad de sudor que estaba empezando a expulsar, empezaron a marearle producto de estar siendo incapaz de regular su propia temperatura corporal, mareándose y sofocándose -Gwen...voy...- como si fuese un muerto en vida, daba un paso a la vez, arrastrándose. Sentía como si, en lugar de estar con aquel frescor propio del océano, estuviese siendo víctima de aquella habilidad que el propio enmascarado blanco había hecho tiempo atrás. El mareo empezó a afectarle, mucho, provocando que viese siluetas de la mujer de su vida por triple y hasta por cuádruple, mientras que el goteo de su sudor empezaba a invadir bajo sus pies, cayendo pesadamente al igual que el jadeo le invadía. Ella, lastimada, con su nariz sangrante, fue capaz de poder estar justo delante de él. Sintiendo su contacto, hubo una pequeña sensación de paz que comenzó a invadirle, pero...empezó a sentir una sed tan atroz, tan feroz, que el "no te asustes" ya estaba empezando a pasar completamente a un segundo plano. Su ansiedad ya no existía, sino, una sensación inminente de colapso que su cuerpo pidió a gritos de repente -¿D-doler...?- ¡THUMB!, se cayó hacia atrás, mecido otra vez de manera indiscriminada por el barco, sentándose en la madera del propio navío sin soltarle ni un segundo la mano a la muchacha -...algo...tiene...- ella tal vez no podía notarlo, pero sus ojos iban hacia arriba y hacia ella, como quien hace un esfuerzo inconmensurable por no quedarse dormido. Se caía hacia atrás, pero con su cuerpo buscaba enderezarse -...tiene que...dolerme algo?- quería ver ese antifaz blanco que tanto la caracterizaba, pero costaba un horror poder enfocar la vista con esos destellos blancos y negros que brotaban de su visión. Sintió ese abrazo que solo puede venir de ella. Gwen, desde aquel día que comió su propia fruta, tenía un calor extraño, uno que parecía tan bien regulado que ni en instancias cálidas o frías parecía cambiar. Él, tan empapado en sudor que hasta su cabello estaba destellante, aquel rojo chillón teñido y forzado. La canción que ella empezó a tararearle...le trajo recuerdos, unos que le despertaban de ese letargo atroz, aquella vez que se quedaron en la casa de Isla del Karate y se durmió frente a la que consideró la persona más valiosa jamás conocida por él. —Porque si algo malo te ocurre, me tiraré por la borda al mar. Aquí se acaba nuestro viaje si no vienes conmigo y tengo que seguir sola.
![]() -Claro...que no.-
Sus palabras, esas tan sentidas, tan profundas, tan determinantes, cambiaron su aspecto por absoluto completo. Owen prometió una cosa: Iba a ser tan inmensamente fuerte que sería el escudo que protegería a la futura mujer más poderosa de todos los tiempos. Aquella que tiene la fuerza emocional para cambiar los corazones de la gente pero que carece de la fuerza física, técnica o "tangible" para poder hacer realidad esos cambios. En este mundo existe gente como Sohem Burnedead o mucho peor, y la existencia del enmascarado probaba, incluso aún más, su punto, y si no eran capaces de poder hacerle frente a alguien como él, que tan inconmensurable era su fuerza, ¿Qué serían capaces de cambiar? -COF-COF...tan solo...- tosía, un escalofrío le atacó, su cuerpo pedía colapso pero su voluntad no se apagaba ni un solo ápice, peor aún, Gwen sabía siempre qué botones tocar para hacer que la llama del pelirrojo sea siempre la más incandescente -...necesito...que se calme...- el transpirar era tan potente que, en pleno abrazo, el cuerpo de la muchachita se impregnaba de manera incontrolable debido al completo de su ropa mojada, haciendo que esa vestimenta tan holgada, inflada y que le daba un aspecto tan angelical se pegase a su cuerpo, entallando la figura tan extremadamente escultural que siempre tuvo su mujer soñada -...solo...no me sueltes.- le dijo en un ruego, buscando separarse un poco desde el abrazo. La tuvo justo delante de su rostro, pegándole su frente con ella, una que estaba tan húmeda que el toque de ambas genero un chasquido minúsculo, con un destello de sudor liberado -Necesito...aguantar...hasta que seas más...más fuerte que él.- sí, sus palabras se cortaban porque jadeaba sin parar. Ella conocía todas las facetas del muchacho, y cuando...bueno, tenían sus momentos de intimidad, debido al sofoco, solía entre-cortar las palabras. Se mantuvo en silencio unos segundos. Unos que fueron largos, pesados y que generaban más incertidumbre aún. Lo más extraño que pudo sentir Gwen, automáticamente, fue que el tono de voz se Owen cambió -Gwen.- susurrando, evitando la enorme proximidad a la proa que provocaba que el chasquido del Calm Belt dividiéndose al son del navío opacara aún más sus palabras. Estaban tan cerca, el uno del otro, que ahora sí sentía la oportunidad de hablar, teniendo sus labios ocultos de cualquier tripulante de los trabajadores del enmascarado observando la escena que posiblemente podría haberles llamado la atención -Sohem...es...muy peligroso...e irracional...- sabía que la muchacha tenía un oído excepcional, uno que probablemente entrenó durante tantísimo tiempo con su carencia de visión -...aquel día...en la playa...- jadeaba sin control, con los ojos cerrados. Aquello le permitía mantenerse concentrado y evitar que los destellos de colores que le invitaban al desmayo, el sudor atroz o la sed impresionante pudiesen apoderarse de sus palabras -...él...mató a...dos...cazadores...- el recuerdo, aún, era inolvidable -...solo...porque...le dio la gana...- porque ante ojos del muchacho, simple y llanamente, no hubo una violencia implícita que le llevara a cometer tales actos, aquellos que eran la barrera moral máxima del chico de ojos celestes -...uno por...querer hacerse el listo...el otro por quedarse petrificado...con su presencia...- el espectáculo fue atroz, casi sádico -...a uno...le agujereó el pecho...al otro...hizo que veamos...como le volaba la cabeza...con su maza de...pinchos...- cayó hacia adelante, no pudo aguantarlo más. El peso muerto del chico, se derrumbó sobre su mujer favorita. ![]() -Por eso...yo no...no quería...no...no...-
Su boca pesada al igual que sus párpados. El cerebro estaba a punto de desconectar aquello que lo mantenía unido con su consciencia.
RE: Decisión irreversible. [Pasado - Gwen] - Gwendolyn - 25-01-2026 No es sudor, no tiene ese aroma ni consistencia, pero empapa la piel. Es una situación extraña, más no lo dejó ir, incluso si le hubiese dicho que es veneno, se quedó ahí, apretándolo más a ella. — No lo haré — incluso si le hubiese pedido lo contrario, su elección fue otra. Es permanecer ahí, no en un abrazo, sino más bien parece aferrándose a algo, se siente desesperado, tanto como para incluso apretar la ropa de quien la acompaña, como si se lo fuesen a arrebatar.
—¿Ser más fuerte que quién? Quién es el primero en la lista y por qué tiene que pasarlo. Separó sus labios para preguntar, quiso un nombre que reconocer ¡Cuánto más tiene que escalar para estar ahí arriba! Aun así no lo dijo, esperó que la respuesta llegue a su momento. El susurro le sorprendió, pero no hubo sobresalto, simplemente un silencio, como si cualquier palabra fuese a arruinar el momento. Esta advertencia que vuelve a aparecer, una que ya no pudo ignorar, porque la noticia llega, tarde pero ahí está, aquello que no pudo ver. No se sintió mal en su ignorancia, simplemente bajó el rostro, recordando el momento y los sonidos que en su momento no pudo reconocer ¡Esos que fingió no escuchar! El peso de Owen le sorprendió, pero pudo mantenerlo usando su fuerza. A pesar de que los brazos le temblaron no lo soltó, simplemente se quejó en silencio, hasta que finalmente lo pudo acomodar mejor. —¿Te asusta? No dijo su nombre, pero seguro sabe a quién se refiere. No dudó en intentar acomodarlo en su torso, pasando su mano por el cabello hasta la espalda — No entiendo del todo lo que está haciendo, aun así… tuvo su oportunidad de librarse de nosotros y no lo hizo — habló despacio, esperando que con la lentitud pueda captar lo que le está diciendo — Debe haber una razón. Quizás es el capricho de un hombre que ha enloquecido o un regalo del destino. No le importó la razón, sino más bien la posición en la que están. — Estaremos bien — volvió a repetir, porque lo ha dicho tantas veces que más pareciera que está llamando a la situación, pidiendo porque así sea en el futuro — Si algo ocurre, yo tomaré tu lugar. Después de todo la que quería esto fui yo, no tú — no es una oración que calme la inquietud, quizás hasta la empeoró, aun así el pensamiento aparece, siempre está ahí, latente cuando están junto al hombre de la máscara que no puede ver. —Seguro por eso has dormido mal estos días ¿No? Debiste decírmelo antes. Se preguntó aún si la escucha, le habló y acompañó como si se encontrase despierto, mientras los brazos se acalambran y el tiempo pasa. No hubo ayuda, simplemente lo dejó caer y se quedó junto a él, con una mano sobre el pecho del muchacho, cerciorándose que la respiración siga. ¿Debería pedir un médico? ¿Debería pedirle a Dios que todo lo puede? Luego de mucho pensar, rezó. Es silencioso pero largo, una oración que se extiende más de lo que Dios necesita para escucharla, aun así lo hizo, sintiendo la paz de la fe acompañarla. El sonido de alguien acomodándose no la sorprendió — Tardaste en despertar ¿Cómo te sientes, Owen? ¿Sientes algo distinto? ¿Estás listo para continuar? RE: Decisión irreversible. [Pasado - Gwen] - Owen Yang - 29-01-2026 Owen quería responderle ante su comentario inicial, aquel de que "si habría querido, ya podría haberse librado de nosotros, debe haber una razón", pero en la mente del pelirrojo solo podía surcar una única cosa: ¿Ya? ¿Eso es todo? No podía modular correctamente, no podía concentrarse, aquel líquido algo espeso e inoloro que brotaba de sí, un aparente sudor muy diferente al común y que hasta escapaba de su propia boca. En su mente viajaba una pregunta que hacía que no se terminasen de cerrar sus ojos por completo, ¿Que no los haya matado era motivo suficiente para ver cómo había matado sin demasiada pleitesía ni misericordia? Sus ojos pesaban tanto, tantísimo, que todo lo que deseaba era simple y llanamente cerrarlos y sucumbir a los brazos de su amada, incluso, luego de haber expulsado todo aquello que se había guardado hasta el día de hoy, como si lo oscuro que escupió no hubiese sido lo único que su cuerpo contenía. No sabía exactamente cuánto tiempo había pasado hasta que sintió el "black-out", exactamente igual a cuando uno es anestesiado en medicina o desmayado del sueño. Ese momento donde el cuerpo sucumbe y no avisa. Cuando quiso percatarse, una sensación de agotamiento muscular y física se escapaba del cuerpo tiritante de un Owen que, repentinamente, comenzaba a sentir bastante frío en todo su cuerpo. — Tardaste en despertar ¿Cómo te sientes, Owen? ¿Sientes algo distinto? —
![]() -¿Qué...pasó? ¿Me morí y al final si eras un ángel?-
De su boca colmilluda escapaba un tenue hilo de baba, uno que ya no parecía espeso como el que había caído horas atrás. ¿Horas? Sí, mínimo dos, habían pasado desde que su cuerpo había sucumbido y el amor de su vida había estado cuidando de su cuerpo inerte y desmayado. Cuando quiso percatarse y "comenzar a agarrar señal", su cuerpo empezó a ubicarlo en tiempo y espacio otra vez: Estaban en el barco del sujeto que prometía cambiarles la vida y otorgarles el poder físico y mental para poder lograr cambiar un mundo que, a todas luces, resultaba ser muy cruel. El fresco del mar impactando a toda velocidad sobre ellos en un océano que parecía no tener corriente propia, aunque aún podía notarse que era de noche debido a la oscuridad. La luz de la Luna que hasta hace poco golpeaba contra sus rostros con intensidad, ahora, quedaba en sus vestigios, empezando a adornar la totalidad del azul con un inicial anaranjado y amarillento que indicaba que, próximamente, iba a amanecer -Ufg...no sé...yo...¡¡¡!!!- y, queriendo contestar ante las preguntas de si sentía algo diferente, un gigantesco escalofrío invadió su cuerpo, uno de esos que resulta terriblemente dolorosos y obligan a querer aferrarse a cualquier fuente de calor para poder mitigarlo. El cuerpo de Gwen siempre pero siempre se encontraba templado, ni frío, ni caliente, pero era lo único a lo que podía agarrarse en su desespero. Debido a todo lo que había estado sudando y la fuerte deshidratación que había sufrido producto de las vomitadas y el líquido expulsado de su cuerpo, evidentemente, su piel no entendía para nada cuál era la temperatura que debería sentir externamente -¡GWEN, VEN, VEN, VEN!- comenzó a abrazarla de manera desesperante -¡FU-FU-FU-FU!- soplaba una y otra vez de forma corta y desesperada, con sus ojos abiertos como platos. Ella parecía un árbol y él un mono loco, queriendo mitigar la crudísima sensación de frío que le había invadido de golpe -Ven, por favor, ayúdame. Ayúdame, ven. En serio.- cuando ese malestar escalofriante pega tan de sorpresa, el estrés que sufre el cuerpo y la urgencia que provoca la mente es, cuanto menos, incómoda. Mientras la abrazaba y hasta incluso frotaba su pecho contra los de su amada, atrapaba parte de esas ropas tan abombadas para buscar abrigarse, sin éxito. Apretaba sus dientes, los cuales tintineaban por el malestar del descontrol de su temperatura corporal -Ayúdame, tengo mucho frío.- no podía evitarlo; Él siempre quería ser el caballero de blanca armadura, quien le protegiera y le guardase, pero esta vez estaba tan indefenso y débil como un cachorro mojado. Recordando, que a partir de ahora, las decisiones estaban tomadas sin posibilidad de marcha atrás.
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