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[Aventura T2] - Los Red Fish Pirates atacan a Lorenzzo. - Versión para impresión

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[Aventura T2] - Los Red Fish Pirates atacan a Lorenzzo. - Ryota Miyamoto - 22-01-2026

Puerto de Sorbet Norte – 36 de Primavera
01:00PM – Medio Dia – Fresco



 
Il Bellissimo Ristorante di Lorenzzo era un exquisito establecimiento gastronómico situado en el puerto de la ciudad de Sorbet Norte, dedicado a complacer día tras día a los más diversos paladares de todo el South Blue.

A diario, numerosos comensales, llegados a bordo de cruceros, veleros y galeones, se veían atraídos hacia el restaurante, deseosos de probar los deliciosos platillos cuyo aroma envolvía y perfumaba todo el puerto.
Al cruzar las finas puertas de roble y la elegante vidriería, uno se sentía transportado a un escenario donde reinaban la estética, el confort y las apariencias refinadas. El salón principal, de quince metros de largo por quince de ancho, ofrecía un espacio amplio y armonioso en el que los clientes disfrutaban de su experiencia culinaria.

El lugar estaba adornado con seis mesas de caoba, cada una acompañada por su respectivo juego de cuatro sillas. Estas se distribuían con precisión: tres a la izquierda y tres a la derecha, separadas entre sí por una distancia exacta de tres metros. En los extremos de cada lado se alzaban finas estanterías con vidrieras y diversos adornos, que iban desde trofeos de pesca hasta piezas de caza, combinando a la perfección con las elegantes alfombras que cubrían el suelo y aportaban un aire de lujo y distinción.

Desde el techo, a una altura de diez metros, pendía un imponente candelabro de tres metros por tres, fabricado en un metal brillante, cuya presencia iluminaba el salón y reforzaba la sensación de grandeza y sofisticación del lugar.

No solo el aspecto del lugar lo presentaba como un establecimiento fino y de buenas maneras; la melodiosa música que el empleado de guardia interpretaba al piano envolvía a los clientes en un ambiente de tranquilidad, confort y agrado, completando una experiencia tan placentera como sofisticada.

Más allá de la vista se encontraba la entrada a la cocina, dividida por dos puertas metálicas que intentaban, sin lograrlo del todo, encapsular los finos aromas que emergían de su interior. Bastaba con tomar asiento en una de las mesas para que el apetito despertara de inmediato, avivado por el deseo ansioso de probar aquellos platillos.

Y si el escenario, los aromas, la comida, no fueran suficientes, se encontraba Lorenzzo.

Ohhhh Lorenzzo, un regordete y bajo (1.30M) hombre de rostro apuesto que aparentaba 55 años, vestía fino traje negro e iba de mesa en mesa atendiendo a cada comensal con el mayor servicio que podrían experimentar en sus vidas.

¿Hacía falta vino? Allí estaba Lorenzzo.

¿Se acabó el pan? Allí estaba Lorenzzo.

¿Olvidaste llevar papel al baño? Claro que sí, Lorenzzo resolvía con agrado cada uno de los problemas que sucedieran.

Aquella tarde no fue la excepción. Lorenzo se encontraba brindando el servicio más especial de toda la isla a sus comensales, pues tenía casa llena. Nada se le escapaba, ninguna petición le parecía excesiva; siempre respondía con clase y dedicación. Incluso llegó a ofrecer un masaje para relajar la espalda de uno de los clientes, realizando cada gesto con una perfección impecable.

El ambiente era hermoso, la tarde exquisita, hasta que desde la cocina salió el cheff del restaurante. O al menos eso se podría apreciar por su gran y exagerado gorro llamado toque. “¡Lorenzzo! ¡¿Qué estamos haciendo?! ¡Tenemos que cerrar il ristorante! ¡toda esta gente se encuentra en peligro!” Agitaba los brazos con preocupación en dirección al dueño del lugar.

“Shhhhh, ¡calma! ¡cuida tu juicio, Alessandro!” Regaño con severidad el hasta el momento siempre amable Lorenzzo. Luego pareció entender que su actuación había cambiado y volvió a un gesto más empático. “Ohhh mi scuso, mi scuso,  Signore y sinorinas, per favore disfruten de la comida, vuelto con todos en un momento.” Se disculpa con los presentes y tras una ligera reverencia, camino a Alessandro, lo agarro del brazo y lo llevo de nuevo a la cocina.

Su tema de conversación fue un secreto para los comensales, que, extrañados por lo que acababa de ocurrir, no podrían pensar que se tratara de algo malo.

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La fuerte brisa marina entonces hizo que de un fuerte golpe las puertas se abrieran de golpe, siempre era Lorenzzo quien recibía a los clientes, pero al estar ocupado nadie recibió a los tres individuos que llegaron tras el fuerte viento que alborotó un poco los cabellos de quienes estaban adentro.

Se trataba de tres gyojin, hombres pez nacidos en las profundidades del océano.

El primero era un individuo de piel cobriza clara, contextura fornida y casi dos metros de altura. Vestía una yukata azul y sandalias, llevaba un tridente a la espalda y un extraño casco que parecía formar parte natural de su cabeza.

El segundo, aún más peculiar que el primero, también era un hombre, pero de piel pálida y complexión delgada. De menor estatura, apenas alcanzaba el metro sesenta. Su cabeza y espalda mostraban claros rasgos de una mantarraya. Vestía una chaqueta negra abierta, pantalones a rayas y botas negras, y portaba dos pistolas, una a cada lado de las caderas.

El tercero, de rostro similar al de un pulpo, poseía una piel de intenso tono cobrizo y tentáculos que recorrían parte de su cuerpo. Su complexión era atlética y su estatura similar a la del segundo. Vestía pantalones hasta las rodillas, una bandana en la cabeza, un chaleco rojo y zapatos negros. Varias espadas colgaban distribuidas por todo su cuerpo, listas para ser usadas.



“ÑIÑIÑIÑI ¡Que nadie se mueva! ¡esto es un atraco a nombre de los Red Fish Pirates! ¡Entreguen su dinero y nadie morirá en vano ÑIÑIÑI!”

La voz siniestra y aguda del hombre pez con cara de pulpo espantó a los presentes. Algunos se quedaron estupefactos sin saber cómo responder a la noticia, mientras que una mujer intentó levantarse con afán y corrió hacia el interior, pero el sonido de un disparo opacó su huida.

El arma del gyojin de tes pálida se encontraba desenfundada, le disparó en la espalda sin la más mínima misericordia. “ÑEÑEÑEÑE ¡¿Qué parte de entreguen su dinero y nadie morirá no entendieron?! ¿acaso son estúpidos?” Exclamó el sanguinario gyojin, llenando de pánico a todos, a quienes se les hizo un nudo en la garganta por lo sucedido.

“Chichi, pasa por cada una de las mesas para que te entreguen lo que tienen.” Ordenó con malicia en su mirada.

Contenido Oculto


“¿Quién te hizo Jefe Sanchi? Jump, en fin, ojalá no me llenen de pulgas estos horribles humanos.” Respondió Chichi, el Gyojin pulpo, y sacó de su chaleco una gran bolsa, para a continuación caminar hacia la primera de las mesas. Allí coloco el saco frente a quien se encontraba sentado. “Eh, tú, entrégame todo lo que tienes.” Amenazó con soberbia, mirando a quien fuera que se encontraba en esa mesa.

Se encontraba a escasos centímetros de la persona, esperando que cooperara mientras su hermano Sanchi le apuntaba con sus armas.

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RE: [Aventura T2] - Los Red Fish Pirates atacan a Lorenzzo. - Tezca Norova - 30-01-2026

[personajeinvalido=3040]
 
Los primeros días de llegada a una isla siempre han sido de descanso; regla no escrita en la bitácora Tezcaniana, grabada con la misma importancia que no fiarse de los mapas demasiado limpios o de las sonrisas excesivamente cordiales. El cuerpo lo sabía antes que la mente: tras el vaivén del viaje, cualquier intento de productividad era un insulto directo al cansancio acumulado. Así que me dejé estar, permitiéndome ese lujo con la naturalidad de quien se ha ganado cada minuto de ocio.
 
A esas alturas ni siquiera había logrado ver a Runin o a Ryota, pese a que sabía, por aquella llamada que en efecto, fue la que me trajo a esta isla, que habían llegado a la zona desde antes. ¿Ocupados? Posiblemente. El reino no se vuelve un caos solo y ambos tenían esa molesta costumbre de involucrarse en cosas por lo poco que había logrado ver. Consideré, por un instante breve y casi ridículo, la idea de avisarles de mi llegada formalmente, como si hiciera falta anunciar mi presencia en un lugar que inevitablemente terminaría notándola.
 
Nah.
 
 

Luego les digo.
 
Después de todo, el reino no iba a desaparecer en un par de días… y yo tampoco tenía prisa por empezar a mover las piezas.
 
Por lo que sí tenía prisa era por probar aquella deliciosa comida de Lorenzzo; prioridad absoluta, inapelable, casi diplomática. Tras una conversación sorprendentemente amable con la recepcionista del hotel, lugar que había elegido más por conveniencia que por encanto, aunque no me decepcionó, surgió su recomendación con un entusiasmo casi reverencial: “Il Bellissimo Ristorante di Lorenzzo”, enclavado en el puerto de la ciudad de Sorbet Norte. El nombre era pretencioso, desde luego… lo cual, en gastronomía, suele ser una excelente señal.
 
Quedaba cerca. Demasiado cerca como para ignorarlo. Así que, por supuesto, fui.
 
El restaurante se alzaba con una elegancia calculada, sin caer en el exceso ostentoso que delata a los lugares desesperados por impresionar. Maderas pulidas, manteles impecables y una luz cálida que parecía diseñada para convencerte de que habías tomado la decisión correcta incluso antes de sentarte en forma de un candelabro gigante casi sobre la mesa donde me había sentado. El aroma que flotaba en el ambiente era, sin exagerar, una promesa cumplida: especias bien tratadas, salsas reposadas con paciencia y pan recién horneado reclamando atención.
 
Fue entonces cuando apareció él: un señor regordete y sonrisa amplia, que me recibió con una cordialidad tan genuina que rozaba lo sospechoso. Sin embargo, bastó un apretón de manos firme y una mirada orgullosa hacia su propio local para disipar cualquier duda. Aquel hombre no solo era un anfitrión; era alguien que confiaba plenamente en lo que servía.
 
Y hacía mucho tiempo que no veía a alguien así.
 
Pedí su especialidad, una recomendación del restaurante: Lo mejor para el mejor y por supuesto, una botella de vino exquisita mientras le sonreía con complicidad esperando que entendiera que no me importara el precio mientras fuera sorprendente y la respuesta del hombre me hizo entender que en efecto, me había leído la mente.
 
El ambiente era hermoso, la tarde exquisita, y yo estaba perfectamente dispuesto a disfrutar ambas cosas sin interrupciones… hasta que la cocina decidió traicionar el encanto del momento.
 
Desde el interior emergió el chef, o al menos alguien que parecía serlo, coronado por un gorro exageradamente alto que lo hacía ver más alarmado de lo necesario. Su voz irrumpió como un mal acorde en una melodía bien ejecutada. Agitaba los brazos con desesperación, señalando al dueño como si acabara de descubrir una tragedia irreparable. Yo me limité a observar, sin mover un músculo de más. Las crisis auténticas no suelen anunciarse con tanto teatro.
 
El murmullo contenido del restaurante se tensó apenas, como una cuerda mal afinada. Algunos comensales intercambiaron miradas confusas; otros fingieron indiferencia con torpeza. Yo, en cambio, me recosté un poco más en la silla, evaluando.
 
No parecía algo malo.
Pero definitivamente tampoco era algo trivial.
Y eso, para mí, solo significaba una cosa:
 
Parece que esto atrasará mi servicio…
 
Entonces un cambio en el ambiente, algo que alguien que ha estado en situaciones de riesgo sabe reconocer, aquello que el instinto te dice que te prepares y en este caso: cargaba olor a gyojin y agua salada. Gyojin. Siempre eran putos gyojin. Cargaban problemas, se podía ver desde su entrada o tal vez solo comenzaba a tenerles mala fe.
 
No me moví.
 
Ni cuando las puertas se azotaron contra la pared, ni cuando el viento salado recorrió el salón, ni siquiera cuando el disparo apagó la huida de la mujer. El vino seguía sin llegar, la mesa seguía firme bajo mis dedos y mi paciencia esa sí empezaba a agotarse. Si iban a robar que se apuraran, yo solo quería disfrutar de la comida. Parecían tontos, tal vez podría apresurar la situación.
 
—Qué decepción… —hablé lo suficientemente alto, para ellos, en un intento de provocación, observando al pulpo como si fuera un borracho mal vestido y asqueroso en la fiesta más elegante, bueno, realmente casi lo era. — Il Bellissimo Ristorante, una cocina prometedora, un anfitrión orgulloso… y ustedes entran gritando como si el mundo les debiera atención. No tienen el mínimo decoro ¿me entiendes? ¿Qué se podría esperar de gente… así? — Levanté por fin los ojos hacia Chichi, recorriéndolo sin prisa, de la bandana a los tentáculos, como quien evalúa una mercancía defectuosa.  Mis dedos se separaron de la mesa apenas lo suficiente para que quedara claro por mi actitud que no entregaría nada. —Esta es mi comida. Mi tiempo. Y — incliné ligeramente la cabeza. — mi tarde de descanso. Así que les propongo algo sencillo: recoge tu saco, baja la voz… y salgan por esa puerta mientras todavía puedes fingir que esto fue un malentendido. — No iba a considerar a la persona a la que le habían disparado, a este punto solo quería probar si eran lo suficientemente intuitivos para irse, realmente no quería que el lugar se arruinara, no cuando mi comida ni siquiera estaba en la mesa.
 
La mirada se me endureció, afilada como vidrio pulido.
 
—Porque si das un paso más… ya no será un atraco. Será una lección. — Tomé mi tridente detrás de la silla, acomodándolo a mi lado, todavía sin levantarme.

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RE: [Aventura T2] - Los Red Fish Pirates atacan a Lorenzzo. - Ryota Miyamoto - 11-02-2026

 
El violento atraco que se desarrollaba en Il Bellissimo Ristorante di Lorenzzo, fue detenido por la egocéntrica voz de uno de los comensales. Sus palabras, llamaron la atención de los tres Gyojins, Chichi, Sanchi y Niichi de inmediato.

Los rostros de los tres pasaron de muecas desinteresadas a molestas cuando escucharon las palabras “¿Qué se podría esperar de gente… así?”

De inmediato y sin previo aviso, Sanchi accionó el arma en su brazo izquierdo interrumpiendo las racistas palabras del rubio con un disparo directo a su cabeza. 

“BANG” Fue el sonido que desató la pólvora al hacer contacto con el mecanismo del arma para enviar la bala justo a la sien del mal hablado hombre.

“¡MUERETE MALDITO MONO DE MIERDA!”

Gritó Sanchi en completa cólera debido a los insultos escuchados. Sin embargo, mientras él lo hacía, sus otros dos hermanos se impresionaron por el agujero formado en el rostro del peli rubio. Lejos de brotar sangre, en este lugar, solo se encontraba un agujero marrón como si la bala solo se hubiera hundido en alguna especie de material espeso.

“¡Sanchi! ¡Niichi! ¡ese mono comió los poderes del diablo!” Gritó Chichi el pulpo, soltando la bolsa donde se proponía guardar el dinero de los comensales y al instante, desenfundó sus dos espadas, una en cada mano al mismo tiempo en que saltaba a gran velocidad a la ubicación de Tezca. Solo para terminar su descenso dibujando una hermosa vertical con su katana izquierda de arriba hacia abajo propinando un corte en el rostro del rubio que descendía hasta el pecho y continuaba dividiendo la mesa en dos con el tajo, cayendo sobre el espacio que dejó el mueble.

Mientras esto ocurría, Niichi avanzó seis metros hacia el frente, tomando su tridente con ambas manos preparándose para asistir a su hermano y Sanchi chasqueó la lengua con molestia, cambiando sus balas con soltura para ahora tener en su munición balas que dañaban a esos malditos monstruos. Los tres sabían a la perfección cuál era su papel, se compenetraban perfectamente y ante el aviso del pulpo supieron que no debían irse con rodeos.

El combate había comenzado y era vida o muerte.

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RE: [Aventura T2] - Los Red Fish Pirates atacan a Lorenzzo. - Tezca Norova - 14-02-2026

[personajeinvalido=3040]

Que grosero ¡Ni siquiera me había dejado terminar de hablar! Y en el rostro. Voy a hacer sashimi de mantarraya… y pulpo… y lo que sea que fuera la otra cosa.
 
El BANG se había escuchado en todo el hermoso ristorante, vibrando contra las copas de cristal y haciendo temblar apenas la superficie del vino en las mesas cercanas.
 
Pero no hubo sangre ¿Por qué lo habría?
 
Solo una ligera expresión de sorpresa cruzó mi rostro, breve, casi elegante antes de transformarse en un gesto de fastidio pulido, medido, perfectamente contenido. El eco del insulto llegó a mis oídos con más violencia que el estruendo mismo, y eso sí era imperdonable. —No mono —respondí, limpiando con parsimonia una imaginaria mota de polvo de mi manga. — Los animales son ustedes. No estamos en el mismo saco, ¿me entiendes? — Mi voz no se alzó; no lo necesitaba. Fue pronunciada con la condescendencia paciente de un maestro que explica por tercera vez una lección demasiado simple para su gusto. Incliné apenas la cabeza, lo suficiente para mirarlo desde una altura que no era física, sino moral.
 
El rápido salto del pulpo no pasó desapercibido y al saltar en mi dirección con furia, Convertí mi brazo derecho en una enorme masa de arcilla blanda hecha puño y lo lancé con fuerza contra Chichi, —Ten humildad cuando te presentes ante mi magnificencia. —   chocando contra el pulpo de lleno en el aire. El golpe no solo buscaba impactarlo, sino cubrirlo: la arcilla se desparramó adhiriéndose con firmeza para anular su movilidad y asegurar un agarre efectivo, aproveché el impacto para dirigir su cuerpo contra la mesa. —No me estorbes, sashimi. — Finalmente me levanté, tomando mi lanza, preparándome por si alguno de los otros dos pretendía acercarse o dispararme, aunque ¿Qué mierda podían hacerme? Estaba hecho de arcilla. Pensé en continuar insultándolos o asustarlos aún más hasta que salieran corriendo.
Pero supongo que podría jugar un poco más.
 
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RE: [Aventura T2] - Los Red Fish Pirates atacan a Lorenzzo. - Ryota Miyamoto - 16-02-2026

 
Los gritos de los comensales no se hicieron esperar ante el estruendo de las balas. Como pudieron, los pocos hombres y mujeres se ocultaron bajo sus mesas, aferrándose a la precaria protección que la frágil madera podía ofrecer sobre sus cabezas.

“¡CHICHI!” Gritaron los otros gyojin al unísono cuando la gigantesca mano de arcilla, creada por el hombre de cabellos rubios ante sus ojos, impactó de lleno contra el espadachín, quien no encontró forma de evadir semejante catástrofe.

“¡KUGGG!” La sangre emergió de sus labios tras el sonido gutural del impacto y al instante Chichi cayó cubierto en arcilla sobre la mesa, que al no soportar el peso del cuerpo envuelto en la espesa sustancia se quebró. “Mal…maldito…” Se quejo esforzándose por moverse, mientras el mundo giraba a su alrededor y cada intento de escapar de esa maldita arcilla le significaba un agónico esfuerzo.

“¡Atrás Niichi!” Lejos de detenerse, los movimientos de los otros Gyojins se accionaron, justo después de ver a su hermano tendido y el enemigo tomara su lanza.

Sanchi disparó con experticia una bala con su arma en dirección a Tezca, justo después de que Niichi retrocediera dos metros con un veloz salto.

La bala cortó el aire a gran velocidad, impactando de lleno contra el hombro izquierdo del rubio, desatando en un parpadeo una poderosa explosión e invadiendo un diámetro de cinco metros alrededor del rubio. “¡ÑEÑEÑEÑE Trágate eso maldito mono de mierda!” Bramo victorioso Sanchi sin apartar la vista del fuego que se condensaba y salpicaba a los lugares cercanos invadiendo el terreno.

“AHHHH, KYAAAHHH, NOOOO” sonaron los gritos de los demás comensales ante el fuego que comenzaría a propagarse por el interior del restaurante. Ahora, sus escudos protectores de madera, significarían un peligro aún más grande. Por lo que, desesperados, tratarían de desplazarse como pudieran en dirección a la puerta de la cocina. Quienes no imitaran ese comportamiento, seguramente estarían muertos producto de la explosión previa.

“Mami, mamiiiii” Gritó una pequeña a espalda de Tezka tras la explosión, la niña había sido cubierta por su madre ante la explosión y ahora, la mujer se encontraba mal herida mientras la niña desbordaba lágrimas de preocupación.

“ÑEÑEÑEÑE ¡Música para mis oídos! ¡los haré pagar por todos malditos monos!”

Expreso Snachi con una macabra sonrisa.

Por su parte, Niichi se desplazó en diagonal, buscando la espalda de Tezca. El mayor de los hermanos, un gyojin con cabeza de medusa, avanzó todo lo que pudo para ganar la retaguardia del rubio.

La pelea apenas comenzaba, y sus enemigos ya encontraban la forma de alcanzarlo.

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RE: [Aventura T2] - Los Red Fish Pirates atacan a Lorenzzo. - Tezca Norova - 21-02-2026

[personajeinvalido=3040]
 
El impacto me atravesó con una violencia que no había previsto. No eran balas comunes; lo supe en el instante en que mi cuerpo respondió con un espasmo torpe, casi indigno, y el aire se me escapó de los pulmones en un quejido involuntario.  Había olvidado lo que se sentía.
 
La akuma me había malacostumbrado. Me había hecho arrogante. Pero esta vez la suerte decidió dar un paso al costado y dejarme desnudo ante la sensación más primitiva de todas: el dolor crudo, humano, palpitando en cada latido. Sentí la presión incómoda bajo la carne, el temblor involuntario en los dedos. Como un mundano. Como alguien frágil. No lo era.
 
Solté una maldición entre dientes, más por rabia que por sufrimiento. El dolor vuelve irritable a cualquiera, pero en mí encendió algo más peligroso: claridad. Ya no era una molestia abstracta ni un combate más; ahora había un objetivo definido. Esas no eran simples balas. Eran el verdadero problema. Necesitaba quitármelas de encima, quitarme a esa asquerosa mantarraya de encima.
 
A mi alrededor, el caos rugía. Gritos. Escombros quemándose. El eco sordo de la detonación que había dejado esa maldita bala explosiva, convirtiendo el entorno en una escena de desastre. El olor a humo y pólvora raspaba la garganta. Pero todo eso se volvió un molesto ruido cercano de los comensales, pero, como si el mundo hubiera sido cubierto por agua. Solo podía concentrarme en una cosa.
 
Ganar.
 
Solo quedaba una cosa por hacer.
 
Mi objetivo ya no estaba sobre la mesa, sino a unos metros de mí, respirando entre el humo como si aún tuviera ventaja. Sin dudar, arranqué la arcilla que me conectaba con el pulpo, ignorando la sensación áspera que dejaba en la garganta. No podía permitirme distracciones.
 
Salí en diagonal, recorriendo 6,7 metros en una carrera brusca, forzando al cuerpo a seguir pese al dolor que todavía palpitaba bajo la piel. En el último paso ajusté el agarre de la lanza y giré el torso con decisión.
 
El filo describió un corte horizontal directo al cuello de Sanchi, intentando acabar con este.
Al estar en este lugar, atacando al gyojin comencé a endurecer la arcilla en mí, esperando que se formara una capa sólida que pudiera protegerme.
 
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RE: [Aventura T2] - Los Red Fish Pirates atacan a Lorenzzo. - Ryota Miyamoto - 01-03-2026

 
El daño por fin alcanzó la frágil humanidad de aquel arrogante personaje. No obstante, las leves magulladuras de su cuerpo, si es que podían llamarse así a aquellos enrojecimientos y la suciedad mezclada sobre su piel, no provocaron más que un breve malestar.

Era injusto para quienes se enfrentaban a él. Un ser con tales aptitudes entre los mortales no era más que una cruel broma del destino, una burla destinada a recordarles que existían unos pocos simplemente bendecidos por la fortuna más caprichosa.

El cuerpo del rubio emergió de entre el fuego sin prestar importancia a los gritos, los lamentos o la niña que lloraba a su espalda. El egoísmo personificado tan solo se limitó a pensar en sí mismo, encarando a su oponente más problemático en una rápida carrera que lejos de tomar por sorpresa, le obligó a redirigir el cañón de su pistola para defenderse.

Un rápido ataque del tridente cortó el aire en una fina parábola de izquierda a derecha que amenazó el cuello de Sanchi. Sin embargo, Tezca pudo ver perfectamente cómo el cañón de la pistola, tocó de forma suave contra el acero de su arma desviando la trayectoria para que pasara por encima de la cabeza del pistolero.
La satisfacción del gyojin se reflejó en su rostro ante la notoria sorpresa del supuesto bendecido por los dioses. Mas eso no era suficiente para él y, con un rápido revés de la mano derecha, lanzó una gota de sudor (producto del calor) en dirección al rostro del rubio.

La gota de sudor viajó tan rápido como la bala anterior, impactando contra la nariz de quien se había atrevido a atacarlo. Nuevamente el dolor lo alcanzo, pero en esta ocasión su piel reforzada por los poderes de su fruta del diablo, le permitieron reducir el dolor.

Chasqueando la boca en una señal de molestia, Sanchi buscó alejarse del rubio, desplazándose 4M con un rápido salto a ras del suelo hacia su izquierda. “¡No te creas tanto maldito mono!” Grito enfurecido.

Al mismo tiempo, Nichi aparecía a la espalda del rubio, agarrándolo por sorpresa en un abrazo de oso por debajo de sus axilas. Era solo un intento desesperado por permitirle a su hermano alejarse a salvo. “¡Vamos Sanchi, dispárale! ¡No te preocupes por mí! ¡Lo más importante es recuperarlos a ellos!” Bramo furioso, tratando con todas sus fuerzas de mantener quieto al escogido por la fortuna.

Sin lugar a dudas, aunque se tratara de tres bandidos, los tres mostraban genuino interés y preocupación unos por otros. Algo que contrastaba mucho con los humanos del restaurante, quienes lejos de ayudarse unos a otros, continuaban golpeando la puerta de la cocina para que les abrieran y escapar de las llamas que comenzaban a llenar el lugar.

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RE: [Aventura T2] - Los Red Fish Pirates atacan a Lorenzzo. - Tezca Norova - 02-03-2026

[personajeinvalido=3040]

La situación escalaba con una velocidad irritante, como si el mundo hubiera decidido acelerar solo para probar mi paciencia. Yo, en cambio, solo quería que terminara. No por miedo. No por agotamiento, bueno, tal vez un poco. Sino porque comenzaba a resultar molesto.

Los tres sashimis eran más resistentes y viscosos de lo que había anticipado.  El restaurante crujía a nuestro alrededor; la madera gemía bajo el avance del fuego y las llamas reptaban por las paredes como una bomba de tiempo. 

Y entonces, como si el caos no fuera suficiente, ocurrió algo más.

El gyojin del arma movió apenas el brazo que no usaba para dispararme. No hubo destello. No hubo sonido previo. Solo una alteración mínima en el aire, una distorsión casi imperceptible que mi vista logró capturar en el último segundo. Un proyectil ¿invisible? No, solo era… casi transparente, como agua. Ingenioso.

Por suerte, lo vi.

Mi cuerpo reaccionó antes de que mi mente terminara de procesarlo. Convertí mis piernas en arcilla en el mismo movimiento, moldeándolas para impulsarme hacia un costado con una torsión antinatural. La bala atravesó el espacio que ocupaba un instante antes.

Pero esquivar una amenaza me empujó directo a otra.

Sentí el agarre antes de comprenderlo: brazos gruesos cerrándose sobre mi torso desde la espalda, aprisionándome. El otro gyojin. Su aliento húmedo rozó mi nuca mientras murmuraba palabras cargadas de esperanza hacia su hermano. Sacrifcios. Confianza. Bah. La puta mierda. ¿También tendría que tragarme sus cursilerías —Que bonitos hermanos y que mala suerte, sashimi ¿me entiendes? — La burla salió acompañada de una risa baja, áspera. Flexioné los brazos hacia adelante con violencia, forzando el espacio necesario hasta romper su agarre. Sentí el deslizamiento de su piel húmeda al perder su presa.

Me giré con una sonrisa torcida, clavando la mirada en Sanchi.

—¡Escudo Ridiculizante del Gran Tezca! —

Desde mis pies, la arcilla se derramó hacia el suelo y tomó forma con rapidez grotesca. Escamas. Aletas. Una boca abierta en un gesto casi caricaturesco. Un pez gigantesco emergió del suelo, sólido y compacto, extendiéndose desde la puerta principal hasta la entrada de la cocina, unos 15 metros. Su cuerpo bloqueó el paso con una contundencia innegable, separando a Sanchi de Nichi y Chichi como una muralla viva.

El fuego crepitaba detrás. El humo espesaba el aire. Pero ahora solo estábamos Nichi, Chichi y yo. Al fin me había desecho del pistolero ese.  Me volví hacia el primero sin concederle un segundo de tregua, cargando la lanza con un movimiento preciso, sintiendo el peso familiar asentarse en mis manos. El dolor en mi cuerpo seguía allí, palpitando bajo la piel endurecida, pero ya no importaba. Era ruido. Era combustible. — ¡Itzcoatl, maldito marisco! —Avancé en un paso firme y giré el torso con brutal determinación, dirigiendo la punta de la lanza hacia su sien en una estocada directa, limpia, diseñada no para herir…

Sino para terminarlo.


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RE: [Aventura T2] - Los Red Fish Pirates atacan a Lorenzzo. - Ryota Miyamoto - 03-03-2026

 
El infierno se desató en el interior del restaurante, mientras los piratas se enfrentaban unos a los otros en una caótica batalla. Los movimientos rápidos de Tezca le permitieron evadir el disparo a quema ropa, mas no pudo apartarse del poderoso abrazo del hermano con cabeza de medusa.

La burla a sus palabras solo provoco que Niichi se molestara aún más, quería culpar a alguien de sus desgracias y ese maldito pirata era el mejor prospecto. Si tan solo no hubiera estado allí, todo ya habría terminado, habrían conseguido lo que vinieron a buscar y se habrían marchado sin más.

Lejos de poder retener al todo poderoso elemento natural, las piernas del rubio se convirtieron al instante en una muralla de arcilla sólida que impidió, el apoyo del tirador. “HIJO DE PUTAAAA” gritó el más temperamental de los tres desde el otro lado.

Entonces, Niichi vio roto su agarre por la diferencia de fuerzas. “¡Sanchi no te preocupes! ¡toma lo que puedas y rescátalos! ¡de alguna forma te alcanzaremos!” Trato de buscar el entendimiento del contrario sin apartar la mirada del maldito culpable de la caótica situación.

El crepitar del fuego se hizo más fuerte y el calor al igual que el humo se apoderó del restaurante, impidiéndoles respirar. Entonces el enfrentamiento continuó con un nuevo ataque del Rubio junto a su lanza. “¡Maldito! ¡Te maldigo, bastardo!” Continúo gritando el molesto Gyojin mantarraya sin poder saber, que su hermano medusa había sido golpeado por el filo del acero.

“Glug…” La sangre se derramó de los labios de Niichi pero este no flaqueó, se mantuvo allí, inmóvil sin responder durante tres segundos, mientras observaba completamente enfurecido a su rival. ¿Qué valor tiene lastimar débiles? Ninguno, pero quien había sido herido entendía el peso de sus elecciones.

Niichi tan solo tomó su lanza en mano y apretándola, atacó con todas sus fuerzas perforando el estómago de su oponente. “Sanchi, Chichi…” Aun en medio del fuego, el Gyojin solo pensaba en ayudar a sus hermanos. El pistolero corrió, robando detrás de la pared todo lo que pudo para irse por la ventana con lágrimas en sus ojos y el pulpo tan solo pudo ver cómo su hermano se esforzaba por mantener a raya al rubio.

El fuego se propagó y quienes quedaron del lado de Sanchi, aprovecharon saltar por la misma ventana en que se fue el Gyojin para escapar, notando así, que la salida de la cocina. Se encontraba abierta, los dueños del lugar, escaparon ni bien inició el conflicto, dejando a los comensales a su suerte.

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RE: [Aventura T2] - Los Red Fish Pirates atacan a Lorenzzo. - Tezca Norova - 03-03-2026

[personajeinvalido=3040]
Oh, el fuego.
 
Siempre tan poético cuando no eres tú el que se está asando.
 
¿Qué era más peligroso que tres sashimis con armas, cortando el aire como si fuera mantequilla tibia? Que yo estuviera en el mismo horno que esos malditos filetes con complejo de guerrero ancestral. Porque claro, pelear contra enemigos es un deporte; pelear contra enemigos mientras el escenario decide convertirse en crematorio… eso ya es una mala apuesta
 
Había estado tan concentrado en la pelea, en las ganas de que ya dejaran de fastidiar que olvidé un pequeño detalle: el fuego no discrimina. No le importa si eres protagonista, como yo, antagonista, como ellos, o espectador. Quema. Y punto.
 
Lo sentí primero como un abrazo incómodo en la espalda. Luego como una lengua ardiente lamiéndome el cuello. Después vino el verdadero problema: el aire comenzó a escasear.
 
Intenté inhalar.
 
Nada.
 
Bueno, no nada. Humo. Espeso, áspero, invasivo. Se me metió por la nariz como si quisiera alquilar mis pulmones sin pagar renta. Tosí, una, dos veces, sintiendo cómo el pecho se me apretaba. Cada bocanada era más corta que la anterior. Cada segundo, más caro.
 
Mierda.
 
Tenía que salir de ahí. Por pura y simple supervivencia. No pensaba convertirme en una estatua de arcilla carbonizada.
Entre ese torbellino de pensamientos, mitad táctica, mitad insultos mentales dirigidos al universo algo intentó perforarme el estómago. Sentí el impacto, el impulso seco, la intención clara de atravesarme de lado a lado.
 
Pero se topó con arcilla.
 
Un sonido opaco, sordo. Como si hubieran golpeado una pared húmeda. Mi cuerpo no cedió. No sangró. No se abrió. La punta enemiga quedó atrapada un instante, confundida, antes de retirarse sin premio alguno. Ni siquiera bajé la mirada a comprobar la zona, el resultado era tan obvio como aburrido. Sonreí. Mal momento para hacerlo, quizá. El humo me castigó por la arrogancia. —Encantador intento ¿me entiendes? Pero nunca tuviste la oportunidad, disculpa. —murmuré, aunque mi voz salió rasposa, deformada por el calor.
 
El fuego crepitaba alrededor, devorando madera, tela, oxígeno… y paciencia. El suelo comenzaba a calentarse bajo mis botas. El aire vibraba. El combate ya no era solo contra ellos; era contra el tiempo.
 
De pronto, el escudo se desmoronó. La arcilla se desprendió en bloques pesados que golpearon el suelo como una cortina final, abriéndome el camino que necesitaba. Agradecí, eso sí, que el barro hiciera lo suyo como aislante mientras avanzaba entre brasas y humo. Sin más teatro del necesario, crucé el restaurante y salí por la puerta principal a toda prisa.
 
Karmas


Bélico Defensivo

 
Bélico Ofensivo

 
Resumen

 
Posicionamiento

 
 
Efectos

 
Gasto de energía

 
Inventario