![]() |
|
Una Esperanza // Capitulo 3 // FIC Pasado - Versión para impresión +- Nakama no Mi - Foro Rol de One Piece (https://nakamanomi.com) +-- Foro: Mundo (https://nakamanomi.com/forumdisplay.php?fid=3) +--- Foro: South Blue (https://nakamanomi.com/forumdisplay.php?fid=7) +---- Foro: Baterilla (https://nakamanomi.com/forumdisplay.php?fid=298) +---- Tema: Una Esperanza // Capitulo 3 // FIC Pasado (/showthread.php?tid=3047) |
Una Esperanza // Capitulo 3 // FIC Pasado - Rackham Uker - 23-01-2026 Año 3 // Invierno // Día ??
Sonidos extraños se escuchaban desde una de las habitaciones más ocultas y alejadas de toda la mansión, como si el desastre se estuviera formando y no pudiera escapar de ahí. Aún a altas horas de la noche alguien ocupaba el gimnasio que poseía el gran hogar en el que le habían permitido habitar, alguien que no deseaba nada más que satisfacer sus ansias de venganza. El frio del ambiente no era opacado por las gruesas paredes del lugar, con cada paso que uno se acercaba a esa habitación se podía escuchar con más claridad lo que sucedía: golpes, una y otra vez, hacia algo o alguien que no soltaba quejas. 4 o 5 golpes, una pequeña pausa de unos segundos, repetir, ese era todo el proceso que se había estado escuchando sin parar por las últimas 5 horas. ¿Quién podía ser aquel que maltrataba su cuerpo de esa manera? Todos sabemos la respuesta, o al menos todos los que ya conozcan la historia del pequeño Uker. Dio el último golpe de la secuencia, separándose unos metros del saco de cuero que usaban para entrenar sus golpes. Sus piernas temblaron levemente, sus brazos cayeron a su costado y el propio peso de estos, junto al cansancio sin igual, hizo que el muchacho de 13 años doblara su espalda. Su respiración no se tornaba normal por muchos segundo que transcurrieran, sus pulmones le pedían aire que cada vez estaba menos dispuesto a dar. No esperó a recomponerse, levantó sus brazos como pudo y formó puños con sus manos, su cuerpo entero tembló en cuanto quiso dar un paso adelante, tropezando y cayendo al suelo. Estaba lleno de sudor, le faltaba oxígeno, se sentía pesado y cada vez que parpadeaba la idea de mantener los ojos cerrados por un poco más de tiempo parecía más y más tentadora. 5 horas de entrenamiento, sin interrupciones de ningún tipo, no eran la mejor opción. Intentó ocupar sus manos para ayudarse a sí mismo a levantarse del suelo, pero una de estas resbaló con el charco de sudor que se formó, obligándolo a ocupar su codo para no terminar con la cara contra el suelo de nuevo. Levantó un poco la vista, sin levantar la cabeza (no podía a este punto), el saco de boxeo seguía ahí, casi impoluto, apenas marcado por el tinte rojo que quedó tras tantos golpes dados a él. Pintura roja, la misma que salía poco a poco de sus nudillos, un rastro de sangre y heridas que no se había preocupado en tratar, pero que comenzaban a dolerle ahora. Ocupó las últimas fuerzas que le quedaban para girar su cuerpo y terminar viendo hacia arriba. La luz del farol que iluminaba la habitación lo cegó por un momento, pero se acostumbró con rapidez y simplemente se quedó ahí. Su mente lo llenó con lo que hace unos días le habían prometido, con su falta de capacidad para cumplir con su parte del trato, con su fracaso. No pasó mucho antes de que volvieran esos recuerdos tan horribles: el incendio, la bebe en sus brazos, la deshidratación, el dolor al sentir el metal al rojo vivo en su piel. Dio un golpe contra el suelo de madera y volvió a intentar reincorporarse, antes de ser interrumpido. - Señor, ¿acaso terminó de lesionarse y planea subir a cenar? -
La llegada del hombre mayor hizo que diera vuelta la cabeza y lo observara. Había bajado las escaleras que llevaban a esa habitación tan en silencio que el pequeño ni lo había notado, o tal vez sus pensamientos lo habían cegado completamente, algo que tomó como otro símbolo de debilidad. - Aún no… aún no termino de… -. Se tambaleo en cuanto volvió a reincorporarse, pero adoptó de nuevo una postura de pelea en cuanto logró mantener el equilibrio, mirando al saco de cuero. - Aún no consigo realizar lo que el maestro me pidió -. Incluso sin haber terminado esa frase, el recién llegado se le plantó enfrente y no le permitió intentar hacer nada. - Señor, el amo Bruce le dijo que lo dejaría realizar algo como eso en cuanto consiga dominar ese movimiento, pero no se refería a que debía morir realizándolo -. El niño se enfadó, sus ojos hirvieron con la sangre que se empezaba a acumular en su rostro e intentó moverse para volver a intentar su maniobra, siendo detenido sin problemas de nuevo por el mayordomo. - Entre más rápido lo consiga más rápido encontraré a esos malditos y les daré su merecido -. - Y si continúa a este paso no habrá nada de usted que pueda realizar eso, o siquiera recordar a su querida familia -
Las palabras golpearon al pequeño, como si una cascada le hubiera caído encima de repente. Recordó sus rostros, los días felices, las comidas deliciosas que preparaba su padre, toda la rabia se convirtió en tristeza y sus ojos comenzaron a soltar lágrimas. - Lo siento por decir algo así -. El hombre se había agachado para poder ver al muchacho a la cara, tomando con suavidad una de sus manos, fijándose en los nudillos lastimados. - ¿Me dejaría tratar sus heridas al menos? -. El pequeño Uker sollozó un par de veces, para luego asentir levemente con la cabeza. ------------------------------------------------------------------
Tras un par de minutos, ambos se encontraban en una habitación. La luz de una lámpara era lo único que acompañaba al dúo, si quitamos de la excusión los quejidos del niño en cuanto algo tocaba sus heridas y le provocaba dolor. - No lo vi sufriendo mucho mientras golpeaba ese saco, ¿Dónde quedó esa valentía? -. Dijo el hombre, con un tono tranquilo y amoroso, pese a que sus palabras pudieran parecer una burla. - No es lo mismo -. La respuesta del muchacho solo fue sonrojarse y desviar la mirada, claramente avergonzado por el obvio dato. Con sus heridas tratas, sus manos vendadas y un vaso de jugo de naranjas entre estas, por fin el muchacho abandonó su terquedad y decidió comer algo. - Dígame, señor, ¿hay algo que le gustaría hacer por su cumpleaños? Se está acercando -. La nueva pregunta volvió a dejar callado al niño, quien a duras penas sostenía el tenedor en su mano izquierda. - No quiero festejar nada, solo quiero entrenar y mejorar -. - El entrenamiento sin descanso apropiado sólo será contraproducente -. Dijo el mayor, intentando hacerlo entrar en razón. - Aún así no quiero festejar nada -. Respondió el pelinegro, desviando el tema para evitar darle la razón. - No me gusta mi cumpleaños -. El hombre lo observó comer por unos momentos, intentando comprender al niño que ahora parecía disfrutar en secreto cada bocado que daba. - ¿Puedo preguntarle algo señor? No debe responder si no desea hacerlo -. Solo recibió una mirada curiosa del ajeno, junto a un leve movimiento de cabeza indicando que podía preguntar. - ¿Qué es lo que le disgusta de su cumpleaños? Habla muy bien de su familia y la gente de su pueblo, así que siempre supuse que no tendría problemas en festejarlo -. Otra pregunta a la que el niño no quería responder. Su mirada se volcó en el plato, sus comisuras de los labios comenzaron a temblar, tuvo que apoyar el cubierto sobre la mesa antes de simplemente soltarlo y que cayera al suelo. - Fue ese día -. No había una gran sorpresa para el mayor, ya podía suponer desde antes el porqué de ese odio hacia una fecha tan importante para tanta gente. - Iban a festejarme mi cumpleaños, pese a lo enfermo que estaban, habían preparado todo y… -. Las pupilas en los ojos del pequeño se achicaron, mientras sus párpados se abrían y sus ojos se mostraban casi como platos. - Ellos llegaron, antes de poder saludar a mi madre todo comenzó a quemarse y yo… Mi papá me encontró entre los pasillos y me dijo que me vaya, que cuide de mi hermana y simplemente escape -. Una de las manos del mayordomo rozó su espalda, un gesto de apoyo que fue suficiente para que el niño no volviera a llorar. - No quiero recordar eso, no quiero volver a festejar, no quiero… cambiarlos -. Sonaba como un adulto, alguien que había sufrido lo peor y no deseaba ver su mundo cambiar, pese a estar obligado a hacerlo. - Bien, señor, no festejaremos entonces -. El hombre lo comprendía, era un niño aún, un niño que había sufrido más de lo que muchas personas se merecen. - Pero déjeme asegurarle algo. Esos recuerdos, esa tragedia, no se irá, usted nunca va a olvidar a aquellos a quien perdió, nunca nadie podrá reemplazarlos -. Palabras duras, dirigidas con firmeza y seguridad directamente al cerebro del muchacho, una realidad que tendría que tener en claro, pero no solo era eso. - Pero, incluso sin olvidar a quienes ama, puede encontrar gente que lo aprecie y lo atesore, a quien usted mismo considere una nueva familia. Gente que lo cuide y lo proteja, gente que usted mismo cuide y proteja, gente nueva que no va a reemplazar esos tan bellos recuerdos que quedarán en su mente, sino que le crearán unos nuevos -. El pequeño dejó caer su cuerpo contra el del hombre, permitiendo que este lo abrace y lo consuele. - No tenemos que ser nosotros, claro que no, pero espero que logre encontrar esas personas que le permitan tener algo de ese amor que tanto busca, señor -. No hubo una respuesta a eso, simplemente el silencio de un niño meditando esas palabras que ahora mismo sonaban tan confusas. - ¿Mañana va a volver a entrenar? -. Una negación con la cabeza, rápidamente, una respuesta que tenía clara. - Quiero jugar -. El hombre mayor sonrió, sintiéndose algo orgulloso del pequeño. - Bueno, estoy seguro que todos estarán felices de que les pida eso -.
Fin del tema
|