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[Pasado] Into an unseen tomorrow | Privado - Versión para impresión

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[Pasado] Into an unseen tomorrow | Privado - Hasegawa Shin - 25-01-2026

Día 13, Invierno. Año 11.

Sus ojos no podían percibir ningún tipo de luz, ni tan siquiera la que se asomaba por el horizonte en un nuevo amanecer. Uno que sus amigos no verían.

Sentía el peso de sus pérdidas en el pecho, consumiéndolo mientras todo lo que alguna vez soñó, o imaginó que era, se perdía progresivamente. El dolor punzaba, palpitante, le quitaba el aire y se llevaba las emociones restantes, dejándolo en una posición poco favorable para seguir siendo quien acostumbraba a ser.

Un tipo brillante, egocéntrico y con las cosas claras. Muchas personas lo tildaban de genio absoluto en el arte de esgrimir una katana, otros, de alguien adinerado con la suerte de haber tenido muchísimos recursos a su disposición. El caso es que nada de eso terminó importando, porque al final, la sangre ajena en sus manos seguía quemando como si fuese un soldado mediocre más, alguien del montón. Y quizás esa mezcla letal le hacía resignarse tanto como para estar a punto de romperse, especialmente al lado de su amigo de toda la vida, Kael.

Ambos reposaban en lo alto de las murallas que delimitaban los terrenos del clan Hasegawa, un predio de hectáreas donde varias familias provenientes del mismo árbol genealógico hacían sus respectivas vidas. Aquel muro ha de medir unos siete metros, en terreno empinado, lo que daba la ilusión de que incluso era todavía más alto. Desde allí se veían los mejores amaneceres, solía acudir con su pareja, fallecida en el incidente pirata que acabó con casi todos, Himari.

Bebía alcohol directamente de la botella, y considerando que nunca se le dio bien, le iba subiendo más rápido de lo que imaginaba. Kael le encontró después de mucho rato, y desde entonces no había dicho una sola palabra. Aquel día, la orden que lo causó todo fue suya, y ese peso lo estaba abrumando.

—Creo que lo dejaré. —soltó, después de varios minutos en silencio. Su tono era frío, desganado y desgarrador, nadie lo había visto así, nunca. —No hay nada para mí aquí, y a estas alturas creo que en ningún lugar. —remató, con la mandíbula produciendo un temblor involuntario hacia el final. Estaba en una camiseta de mangas largas negra, sin más, en medio del frío matutino de Sorbet. Su cuerpo se mantenía helado, sin embargo, algo en su cabeza le hacía ignorar perfectamente esa sensación.

Como si se mereciera padecerlo.


RE: [Pasado] Into an unseen tomorrow | Privado - Kael Omuyaga - 26-01-2026

Apenas unas semanas del terrible incidente, prácticamente con las heridas físicas restauradas y las cicatrices en sus cuerpos que dejarían esa marca permanente, un recuerdo constante del peso de sus decisiones, y de lo que aquella tragedia había supuesto para los jovencísimos marines. Todos aquellos compañeros que habían comenzado junto a ellos, aquellos con los que habían compartido sesiones de entrenamiento, guardias, patrullas y tareas, así como ser miembros de una misma tripulación...
Todos y cada uno de ellos jamás volverían a cruzarse frente a sus ojos...y deberían llevar esa carga para siempre en el interior de sus almas.

Kael, apenas salió de recuperación fue directo a buscar a su amigo de la infancia, aquel que, por suerte o por genética, tal vez por el tipo de heridas recibidas, había salido antes de allí, tan solo unas horas antes, para encontrarlo sentado en lo alto de la muralla, un lugar que apenas era concurrido, donde habían tenido duelos en solitario por ver quién era el más fuerte, y en los que siempre había terminado perdiendo.

Hasta el momento en que llegó, una botella fuerte de alcohol era toda su acompañante, y a juzgar por la cantidad de contenido restante en la misma, parecía llevar allí algo de tiempo, pero tampoco demasiado. Él tan sólo se acercó en silencio, permitiendo que este se diese cuenta de su presencia con absoluta facilidad, sentándose a su lado sin decir una sola palabra, acompañando en sentimiento a su amigos. A pesar de lo que él pueda llegar a pensar, lo conoce mejor de lo que cree, y esa experiencia es más que suficiente como para esperar, sin necesidad de nada más que su compañía, y poco más.

Él no bebería una sola gota. A diferencia del albino, quería sentir ese dolor fluir en su interior, no para soportarlo, sino para acostumbrarse a él tarde o temprano, y aprender a convivir con él lo antes posible. Sólo de esa forma podría honrar la memoria de sus compañeros, quiénes ahora surcan en las mareas de la otra vida, buscando su camino en la eternidad.
Tras varios minutos, él terminaría escuchándolo, viendo como sus primeras palabras, para sorpresa de nadie, terminaban sacándole completamente de quicio.

—¿Dejarlo?—Aquella pregunta mantenía su tono de siempre, pero su compañero le conoce lo suficiente como para notar ese pequeño detalle ínfimo que detona la diferencia entre calma, molestia, alegría o enfado.—Se te ha olvidado el motivo por el que entramos aquí, ¿no es así?

Recobraría la postura, enderezando la espalda mientras observa con la cabeza ladeada en dirección a su compañero.

—Honrar a nuestros compañeros con la bebida es un acto de respeto, un brindis por los que nos abandonaron...—Apoyaría las manos en el suelo detrás de sí, arqueando la espalda con el pecho mirando hacia el cielo.—Pero dejarlo no nos devolverá lo que hemos perdido. Ellos...los que nos hicieron esto...hay que hacérselo pagar. Se lo debemos, por todos aquellos que estuvieron con nosotros.

Está convencido que quién habla es el alcohol junto a su tristeza, y no aquel hombre egocéntrico. Un golpe de realidad no puede ser suficiente para aquel al que no pudo vencer ni una sola vez. No está dispuesto a creerlo.


RE: [Pasado] Into an unseen tomorrow | Privado - Hasegawa Shin - 09-02-2026

Lo escuchó, sí, y casi de inmediato entendió el hastío que sentía su amigo de siempre. Pero no podía procesarlo, en sus hombros existía un peso que parecía consumirlo, llevárselo a algún lugar muy lejano, dentro de profundidades que jamás entenderá bajo ningún término.

Haber perdido a sus compañeros le dolía, pero existía una pérdida que ninguno de sus sentidos podía comprender. A pocos días de cumplir el primer aniversario, de celebrar juntos un amor que se juraron eterno, hasta que ninguno de los dos cuerpos resistiese el paso del tiempo, Himari fue asesinada. Frente a sus ojos, antes de ser forzado a una retirada, abandonando su cadáver en la reorganización que junto a Kael, les salvó la vida y obligó a los piratas a abandonar la masacre.

No pudo despedirse.

De un momento a otro, sus ojos se abrieron con la sorpresa de quien no esperaba morir. De un momento a otro, su luz se había apagado, y no la escuchó decir otra palabra. No gritó, ni clamó por él, sólo se esfumó entre el tsunami de muertes. Las manos aún le temblaban de impotencia al recordarlo, y el concepto de que fue él quien estuvo al mando lo carcomía por dentro.

Ni siquiera las palabras de Omuyaga podían consolarlo, sus ojos se perdían en el horizonte, un amanecer que parcialmente regalaba vistas hermosas, pero que no se sentía como tal. La vista del albino lo reflejaba como un absoluto agujero negro capaz de consumirlo todo.

—La venganza es un juego de tontos. Nada va a traerlos de vuelta, a... traerla. —la última palabra le formó un nudo en la garganta, obligándolo a bajar la mirada y cerrar los ojos con fuerza. Shin no lucía como siempre, y era mucho decir considerando que nunca se le vio romper su temple, ni en las peores situaciones.

—Sólo se puede hacer justicia. Y por eso no me creo capaz de conseguirlo. —el odio afloraba en su corazón. Quería desistir, lanzarse más allá y dejarse llevar al mismo plano, vacío o descanso que compartía su tripulación.

Inexplicablemente se puso de pie de forma abrupta, un impulso, resquicios de desafío latentes en su corazón guiándolo. El fuego negándose a apagarse, lo cual le hacía sentir sus emociones de manera mucho más intensa. —De todas formas, no puedo quedarme aquí. Debo irme, a cualquier otro lugar. —explicó, pues en aquella isla afloraban recuerdos capaces de hacerlo sucumbir.

En cada rincón la veía, sonriéndole. Prometiéndole un amor que sólo sería capaz de vivir en él. Escuchando risas cuya voz se iría difuminando con el paso del tiempo, hasta eventualmente ser un soneto incompleto. Quería negarse a esa idea, pero resultaba imposible. Quería negarse a olvidarla, pero verla cada vez que cerraba los ojos lo estaba matando.

—Los recuerdos no pueden abrazarse. —sus ojos estaban llorosos, contenían el brillo de alguien a punto de rendirse. Incluso en momentos como ese actuaba su propio orgullo, negado a romperse frente a nadie, como si el sufrimiento sólo pudiese escaparse desde la soledad.

Una soledad que incluso repleto de conocidos alrededor, se hacía presente.

Consumiéndolo.

Apagándolo.