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[Presente Relativo-Creación] El trabajo de un cocinero - Kibai - 28-01-2026 Grand Line|Dia 56 de Privamera, Año 17
Isla de Little Garden | 10:00
El sol de Little Garden despertó suavemente a Kibai a medida que su calor iba templando la madera del bauprés dónde había quedado desfallecido tras sus peripecias de los últimos dos días. Bostezando ruidosamente y estirándose cual largo era, el mink se levantó con cuidado aferrándose a uno de los cabos que unían la madera al foque para equilibrarse. Aunque no pensaba renunciar a su lugar preferido de descanso, una cosa era ser selectivo con dónde dormido y otra estúpido: el bauprés oscilaba continuamente sobre las aguas, lo que para un usuario de Akuma no Mi era como poco arriesgado.
Aún así, Kibai se alegró de haber podido pasar la noche al aire libre, pues eso le daba la oportunidad de sorprender a sus compañeros de División con todo lo que les había preparado. Saltando agilmente a la cubierta, pasó por delante dell hipopótamo del Contramaestre Bertram, que continuaba postrado perezosamente en el centro del barco, rascándole suavemente bajo la barbilla. - Lo siento chico, esta vez no he preparado nada para ti, pero te prometo que la próxima vez te conseguiré algo. Bajando con cuidado las escaleras para no despertar a los compañeros que estuviesen aún durmiendo, Kibai se dirigió hacia las estanterías para recoger los paquetes de hojas y los sacos que había confeccionado el día anterior. Tras cuadrar los conjuntos en parejas de un paquetito y un saco, los dispuso encima de los platos que solían usar para desayunar en la División y bajó todo a la playa, al lado de la hoguera que se había apagado durante la noche. Tras reavivar las llamas con una nueva lluvia de chispas y unos cuantos trozos de madera (la cual gracias al salitre del mar ardía perfectamente con unas vívidas llamas de color verde) Kibai inició su ya habitual recogida de huevos de aves marinas en el acantilado cercano, como siempre dejando al menos dos huevos por nido para evitar la desbandada de los progenitores, y cocos de las palmeras cercanas para acompañarlo. De vuelta en la hoguera, vació el agua de los frutos en los vasos de cada miembro de la División, y dispuso la carne blanca en los platos junto a los huevos cocinados en la misma piedra plana que tan útil le había sido para tostar el maíz y preparar la carne del Anquilosaurio. Cuando sus compañeros comenzaron a bajar por la pasarela en dirección a la hoguera, Kibai le saludó con un alegre gesto, alargándoles un plato a cada uno a medida que se sentaban en rocas, trozos de madera o directamente en la arena. Tras degustar todos juntos el sencillo pero agradable desayuno, Kibai señaló hacia los conjuntos de envoltorios que había dejado al lado de cada plato, levantando en primer lugar uno de los apretados envoltorios de hojas de palmera. - Supongo que os habréis preguntado dónde he estado metido los dos últimos días. Bueno, lo cierto es que estaba buscando la manera de hacer eso. Lo que hay en los envoltorios de hojas es una receta de superviviencia que aprendí hace mucho tiempo. La mezcla que encontraréis dentro es lo suficientemente nutritiva como para manteneros en pie si no tenéis nada más que llevaros a la boca, y si la mantenéis dentro de las hojas, gracias a la grasa en la que están bañadas, debería durar muchos meses sin estropearse. Eso si, a pesar de que he procurado añadirle algunas bayas para mejorar el sabor, os advierto que no es el mejor bocado del mundo. Es un alimento para lo que es, para soldados, no una delicatessen que servirían en la mesa de un vicealmirante. Acto seguido, el mink dejó el paquete a un lado y levantó el saquito de loneta. - Esto por otro lado es más... personal. Moja es posible que lo recuerde. Cuando mi madre sabia que me marchaba con mis compañeros a reecorrer el bosque, y que era posible que no me volviese a ver en todo el día solía mandarme una calabaza hueca con esto. Es una mezcla de granos de un maíz muy raro que encontré en la zona de los volcanes y un poco de coco seco. Vaya por delante que tuve que pegarme con una manada de dinosaurios extremadamente feos empeñados en convertirme en su aperitivo de la tarde, pero ha valido la pena. Podéis coméroslo directamente si no hay otra opción, aunque la sensación es bastante desagradable. Lo deal es que lo vertáis en las cantimploras y las agitéis bien para integrarlo con el agua. Esto no os alimentará para todo el día, pero os dará una buena inyección de energía. Mi recomendación personal es que cuando lo necesitéis os lo toméis en conjunto, ya que combinan bastante bien. Dejando el saco al lado del paquete de hojas, Kibai, terminó su plato y se dejó caer para atrás, cerrando los ojos. - Y a quien vea poniendo mala cara al comerlo, tengo tres nuevos amigos con muy mala leche y saliva venenosa que estarán encantados de conocerle!! |